Adriana Noriega ha estado enamorada en secreto de un hombre durante ocho años y casada con él durante tres. Sin embargo, este hombre, su esposo solo de nombre, evita su presencia constante a causa de la cicatriz que tiene en la cara. Pero, después de un arduo proceso de curación y tratamientos estéticos, Adriana logra borrar las huellas físicas de su pasado y recupera la belleza de su rostro. Pese a esta transformación y la esperanza de un nuevo comienzo, el hombre le propone divorciarse. Ante el documento de divorcio que tiene delante, Adriana solo sonríe y firma los papeles. Después del divorcio, se seca las lágrimas y empieza a trabajar por su cuenta, mientras espera la llegada de su hijo. Y entonces ella descubre que este hombre, al que le resultaba difícil incluso mirar a los ojos antes, comienza a aparecer con frecuencia a su alrededor. Él no solo la apoya, sino que también interfiere en sus posibles relaciones. Adriana, incapaz de aguantar más, le grita enfurecida: "Vete". Pero él se arrodilla frente a ella, besa el dorso de su mano, y con una mirada llena de cariño pronuncia: "Cariño, vamos a casarnos". Adriana, sin palabras al principio, termina por decir: "Si los exesposos vuelven a casarse, eso es una reconciliación."

Capítulo 1"Señora, aquí está el acuerdo de divorcio, por favor revíselo y si todo está bien, puede firmarlo."Adriana Noriega miró el documento que le pusieron delante y sintió un zumbido en su cabeza, sin poder escuchar nada más durante unos segundos.Al ver que permanecía en silencio César, agitó su mano frente a sus ojos. "¿Señora?"Adriana volvió en sí y, con una expresión aturdida, preguntó: "¿Rodrigo Suárez quiere divorciarse de mí?"Llevaba una mascarilla que solo dejaba ver sus ojos brillantes, llenos de confusión y tristeza, por lo que César, sintiéndose un poco culpable, bajó la mirada."Sí, el Sr. Suárez dijo que ahora que su abuela ha fallecido, no hay necesidad de continuar con este matrimonio, por eso quiere... divorciarse."El corazón de Adriana se contrajo de dolor, pero junto a eso, sintió una especie de alivio, como si una espada colgando sobre su cabeza finalmente hubiera caído.Tres años atrás, para traer buena suerte a Romina Suárez, insistieron en que la señorita Noriega, con su rostro desfigurado, se casara con su nieto, Rodrigo, convirtiéndose en su esposa. Pero en esos tres años, solo había visto a Rodrigo un par de veces; una fue el día de su boda, y la otra fue hace un mes cuando Romina falleció, ya que durante ese tiempo, él nunca había ido a casa, dejando claro que no la consideraba su esposa, por lo que ya había anticipado que, después de la muerte de su abuela, se divorciarían.Al ver que Adriana permanecía en silencio durante unos minutos y de repente tomaba la pluma para firmar con decisión, César rápidamente le recordó: "Señora, usted todavía no ha revisado las cláusulas del acuerdo...""No es necesario." Adriana lo interrumpió, cerró la pluma y empujó el acuerdo de divorcio.No le importaba cuánto dinero le daría Rodrigo. Cuando la familia Suárez la buscó para traer buena suerte a uno de sus familiares enfermos, le habían dado una gran compensación, suficiente para vivir cómodamente el resto de su vida. Además, no se casó con Rodrigo por dinero, había estado enamorada de él desde la secundaria, lo que sumaba ocho años. Tres años atrás, aceptó casarse con él solo para cumplir su sueño."Por favor, avísale que me mudaré en estos días, él puede volver a casa."Al tener a una mujer que no amaba en casa y haberse mantenido alejado de su hogar durante tres años, realmente debió haber sido difícil para él.Adriana esbozó una sonrisa irónica, conteniendo las lágrimas en sus ojos mientras subía las escaleras y al llegar a la ventana, llamó a su amiga."Ceci, me divorcié."La voz de Cecilia Lández sonó sorprendida: "¿Cómo que te divorciaste? ¿Rodrigo te lo pidió?""Sí.""¡Qué descarado! ¡Tres años sin volver a casa y ahora tiene el valor de pedir el divorcio!"Al escuchar la indignación de su amiga, Adriana apretó los labios: "No importa, cuando nos casamos él me dijo que solo lo hacía para traerle buena suerte a Romina, que nunca me amaría."Mientras hablaba, sus dedos se aferraron al borde de la ventana, aunque se decía a sí misma que debía dejarlo ir, todavía se sentía triste al recordar esas cosas."Ah, eres tan ingenua." Cecilia suspiró.Como la mejor amiga de Adriana, sabía mejor que nadie cuánto amaba a Rodrigo y recordando todo lo que había hecho por él durante esos años, Cecilia sentía que no valía la pena."En estos tres años te esforzaste y soportaste tanto para quitarte las cicatrices del rostro, solo para que Rodrigo te mirara una vez, pero ahora que lo lograste, las cosas resultaron así.""Está bien, después de todo, mi rostro es mío, recuperar mi apariencia también es bueno para mí.""Eso es cierto, ¡piensa de esa manera! Ya estás divorciada, ahora enfócate en ti misma y vive bien, ¡que ese hombre se vaya a donde no moleste!"Adriana se rio con el comentario de Cecilia, relajando la tensión por un momento. No obstante, al levantar la vista, vio en la pared la única foto de boda, en la que estaba sola, así que su corazón volvió a estremecerse. Se quitó la mascarilla y observó en el espejo ese rostro increíblemente hermoso, con una tristeza reflejada en sus ojos oscuros.Después de tantos años de matrimonio, Rodrigo ni siquiera sabía cómo era realmente.En esos tres años había sido una Sra. Suárez solo de nombre, por lo que había sido el blanco de las burlas en su círculo social, pero todo iba a terminar, consideraba eso una especie de nuevo comienzo."Adri, no te pongas triste, salgamos a dar una vuelta, ¡yo te invito a comer algo rico!" Dijo Cecilia."Vale, me arreglo y salimos."La vida tenía que seguir adelante, así que se preparó y salió de casa. Condujo hasta la Avenida del Oro y se reunió con Cecilia en un centro comercial de lujo. Adriana medía 1.71, la proporción de su cuerpo era perfecta, lo que le daba un cuerpo esbelto y proporcionado. Si no fuera porque momento, la piel de su rostro no podía estar expuesta al aire por mucho tiempo y llevaba una mascarilla, el porcentaje de miradas que atraería sería del cien por ciento.Subieron las escaleras mecánicas al segundo piso, donde se encontraba la sección de bolsos para mujer. Cecilia le dijo que para celebrar su divorcio le regalaría un bolso, pero Adriana se negó, tras lo cual su amiga insistió y la arrastró hasta allí."Adri, vamos a ver allá, la dependienta dijo que llegaron muchos modelos nuevos, mira si te gusta alguno." Emocionada, Cecilia señaló hacia el mostrador de Chanel.Adriana asintió y se dirigió hacia el elegante mostrador, pero en el siguiente instante, se detuvo al ver al hombre que estaba allí; medía más de un metro ochenta, vestido con una camisa negra y pantalones de vestir, de perfil frente a Adriana. Tenía una mano en el bolsillo, con la mirada ligeramente baja, mostrando una actitud despreocupada; sin embargo, incluso con ese aire de indiferencia, se veía tan bien que podría encajar perfectamente en cualquier película.Adriana estaba confundida. El hombre frente a ella era su esposo, Rodrigo, un hombre que gestionaba varias empresas y siempre estaba ocupado, ¿qué hacía en un centro comercial a plena luz del día?En ese momento, una hermosa mujer de cabello oscuro y ondulado se acercó, luego tomó del brazo del hombre, señalando un bolso rojo en el estante con un tono meloso: "Rodrigo, quiero ese, ¿no crees que combina con mi vestido de hoy?"Rodrigo echó un vistazo y le dijo a la dependienta: "Envuélvalo, por favor."Fue como si un fuerte ruido retumbara en la cabeza de Adriana, dejándola aturdida. Miró fijamente el perfil de la mujer del vestido rojo, sin darse cuenta de que sus uñas largas se clavaban en la palma de su mano."¿Quién es esa mujer?" Preguntó Cecilia con los ojos muy abiertos. "¿Será que Rodrigo tiene una...?"Cecilia no dijo la palabra "amante", pero Adriana lo entendió perfectamente. Aunque era pleno verano, ella sintió que el frío le calaba hasta los huesos, como si hubiera caído en agua helada. ¿Así que Rodrigo no solo se divorció de ella porque ya no tenía utilidad para la familia Suárez, sino también porque ya tenía a otra mujer?"Jeje..." La mujer del vestido rojo se rio y dijo: "Ni siquiera preguntas por el precio."Rodrigo era una persona reservada, con una elegancia y nobleza innatas, pero siempre frío con todos. No obstante, dejó que la mujer lo abrazara y dijo: "No importa cuánto cueste, lo importante es que a ti te guste."Adriana retrocedió un par de pasos, cubriéndose el pecho que le dolía, deseando desaparecer en ese mismo instante. De repente, vio el movimiento de su amiga y se alarmó: "¡Ceci! ¿Qué vas a hacer?"Cecilia se interpuso entre Rodrigo y la mujer del vestido rojo, se inclinó sobre el mostrador y dijo con una sonrisa: "Iris, quiero ese bolso rojo. Te lo dije por WhatsApp ayer, ¡envuélvemelo!"Sacó una tarjeta negra y la dejó con un golpe sobre el mostrador, girándose hacia la mujer del vestido rojo con una sonrisa en los labios, pero sin ningún rastro de alegría en los ojos.Al ver la escena, Adriana sintió que le dolía la cabeza. Con el corazón en la mano, se acercó sin mirar a Rodrigo, y sujetando suavemente el brazo de Cecilia, le dijo en voz baja: "Ceci, vámonos."Rodrigo, quien originalmente miraba a Cecilia con disgusto, vio una figura familiar acercarse y su expresión cambió. Frunció sus bonitas cejas y miró fijamente a los ojos brillantes de Adriana, mientras le preguntaba. "¿Qué haces aquí?"Aunque no se veían con frecuencia, la reconoció de inmediato como su esposa legal, Adriana.Ella se dio la vuelta, esforzándose por controlar el temblor en su voz: "Vinimos a dar un paseo, lamento si hemos interrumpido."Esas palabras enfurecieron a Cecilia, quien estaba a punto de explotar, pero la mujer de vestido rojo, después de echar un vistazo a Adriana, extendió su mano con gran seguridad."Eres la Srta. Noriega, ¿verdad? Te vi en el funeral de Romina, me llamo Fabiana Martínez."¿Fabiana?El rostro de Adriana se puso pálido al instante. Había estado enamorada de Rodrigo durante ocho años, y había escuchado innumerables veces el nombre Fabiana, el primer amor de Rodrigo, ese nombre se había grabado en su mente como una pesadilla.Aunque se sentía terriblemente mal por dentro, no lo dejó ver en absoluto, y extendió la mano para estrechar la de Fabiana.Esos tres años, Adriana había intentado de todo con Rodrigo; se esforzó por aprender a cocinar y todos los días llevaba comida al trabajo, con la esperanza de que pudiera disfrutar de una comida caliente después de terminar su jornada. Sin embargo, él nunca probó bocado, ni siquiera se dignó a salir a verla. Con el dinero que ganó con mucho esfuerzo escribiendo, compró ropa para él, una prenda tras otra. Pero César le insinuó que su jefe nunca las había usado, y que estaban acumulando polvo en un rincón. Esas cosas dejaron a Adriana muy desanimada; pensó que Rodrigo la encontraba fea, y por eso actuaba así.Antes de casarse, Rodrigo había visto sus fotos. En su rostro sencillo había dos cicatrices horribles que incluso a ella le resultaban repulsivas, así que podía entender completamente la reacción de Rodrigo, por eso decidió volverse más atractiva antes de volver a buscar a su esposo.Rodrigo era excepcional en todos los sentidos, y pensaba que solo una mujer a su nivel podía estar a su lado, ella podía comprender eso, pero nunca imaginó que sus esfuerzos de tres años serían en vano, porque él ya tenía a alguien más."Srta. Noriega, ¿también vino de compras?" Preguntó Fabiana con una sonrisa, mientras retiraba la mano.Adriana estaba a punto de hablar cuando Cecilia intervino: "No es la Srta. Noriega. Ella aún es la Sra. Suárez, te pido respeto."Adriana había firmado el acuerdo de divorcio esa mañana, no obstante, se necesitaba un mes de periodo de reflexión para que fuera efectivo. Así que Cecilia tenía razón, y el rostro de Fabiana se tornó incómodo.Rodrigo le lanzó una mirada indiferente a Adriana y dijo: "Ven aquí."Adriana no sabía qué quería Rodrigo y estaba algo nerviosa mientras lo seguía al pasillo.Rodrigo la miró con frialdad y dijo, "Controla a tu amiga."Adriana apretó los puños; ese comentario fue bastante descortés hacia Cecilia, pero era cierto que ella había estado provocando a esa mujer. ¿Rodrigo estaba molesto porque su amante había sido molestada?Con los puños apretados, dijo: "Lo sé, Cecilia solo malentendió la situación, pero no tenía otras intenciones, así que no te preocupes."Después de eso, Adriana mantuvo una postura serena al marcharse, agradecida de llevar una máscara que ocultaba su rostro pálido.En el estacionamiento, Cecilia exclamó con furia: "¡Esos dos son insoportables! ¡Debería darles una patada!"Adriana sonrió, le dio una palmada en el hombro y le dijo que no se enfadara, aunque sus ojos se oscurecieron."La verdad es que Rodrigo no ha hecho nada malo," dijo con tristeza. "Simplemente no me ama."Cecilia entendía eso. Si Rodrigo simplemente no amaba ni tenía contacto con Adriana, ella podría irse feliz con millones. Sin embargo, ocurrió algo más."¿Todavía no piensas contarle lo que pasó hace un mes?" Preguntó Cecilia, haciendo palidecer a Adriana.Todos pensaban que Adriana y Rodrigo solo se habían visto dos veces, pero no era cierto; en realidad, habían sido tres.Un mes atrás, él había sido drogado y confundido, fue a la mansión de la familia Suárez, donde Adriana estaba cuidando a Romina. Ese día tuvieron relaciones íntimas. A la mañana siguiente, Adriana se fue temprano para atender unos asuntos laborales. Pensó en contarle a Rodrigo lo que había sucedido, pero Romina cayó gravemente enferma y falleció dos días después, sumiendo a la familia Suárez en el caos. Después del funeral, Rodrigo se fue al extranjero por más de un mes y cuando finalmente regresó, lo que Adriana recibió fue un acuerdo de divorcio."¿Y qué ganaría contándoselo? Solo agregaría un número más al acuerdo de divorcio." Dijo Adriana con una sonrisa amarga.Cecilia suspiró y abrazó a su amiga."Está bien, mantén el dinero para ti, de ahora en adelante te cuidaré. Por cierto, ¿tú has...?"Cecilia recordó que después de aquel incidente, Romina falleció rápidamente y toda la familia Suárez se convirtió en un caos. No sabía si Adriana había tomado la medicina correspondiente, pero en ese momento sonó el teléfono de Adriana, así que Cecilia cerró la boca, pensando en mencionárselo más tarde, pero al final se le olvidó hablar de eso.Capítulo 2"Señora, aquí está el acuerdo de divorcio, por favor revíselo y si todo está bien, puede firmarlo."Adriana Noriega miró el documento que le pusieron delante y sintió un zumbido en su cabeza, sin poder escuchar nada más durante unos segundos.Al ver que permanecía en silencio César, agitó su mano frente a sus ojos. "¿Señora?"Adriana volvió en sí y, con una expresión aturdida, preguntó: "¿Rodrigo Suárez quiere divorciarse de mí?"Llevaba una mascarilla que solo dejaba ver sus ojos brillantes, llenos de confusión y tristeza, por lo que César, sintiéndose un poco culpable, bajó la mirada."Sí, el Sr. Suárez dijo que ahora que su abuela ha fallecido, no hay necesidad de continuar con este matrimonio, por eso quiere... divorciarse."El corazón de Adriana se contrajo de dolor, pero junto a eso, sintió una especie de alivio, como si una espada colgando sobre su cabeza finalmente hubiera caído.Tres años atrás, para traer buena suerte a Romina Suárez, insistieron en que la señorita Noriega, con su rostro desfigurado, se casara con su nieto, Rodrigo, convirtiéndose en su esposa. Pero en esos tres años, solo había visto a Rodrigo un par de veces; una fue el día de su boda, y la otra fue hace un mes cuando Romina falleció, ya que durante ese tiempo, él nunca había ido a casa, dejando claro que no la consideraba su esposa, por lo que ya había anticipado que, después de la muerte de su abuela, se divorciarían.Al ver que Adriana permanecía en silencio durante unos minutos y de repente tomaba la pluma para firmar con decisión, César rápidamente le recordó: "Señora, usted todavía no ha revisado las cláusulas del acuerdo...""No es necesario." Adriana lo interrumpió, cerró la pluma y empujó el acuerdo de divorcio.No le importaba cuánto dinero le daría Rodrigo. Cuando la familia Suárez la buscó para traer buena suerte a uno de sus familiares enfermos, le habían dado una gran compensación, suficiente para vivir cómodamente el resto de su vida. Además, no se casó con Rodrigo por dinero, había estado enamorada de él desde la secundaria, lo que sumaba ocho años. Tres años atrás, aceptó casarse con él solo para cumplir su sueño."Por favor, avísale que me mudaré en estos días, él puede volver a casa."Al tener a una mujer que no amaba en casa y haberse mantenido alejado de su hogar durante tres años, realmente debió haber sido difícil para él.Adriana esbozó una sonrisa irónica, conteniendo las lágrimas en sus ojos mientras subía las escaleras y al llegar a la ventana, llamó a su amiga."Ceci, me divorcié."La voz de Cecilia Lández sonó sorprendida: "¿Cómo que te divorciaste? ¿Rodrigo te lo pidió?""Sí.""¡Qué descarado! ¡Tres años sin volver a casa y ahora tiene el valor de pedir el divorcio!"Al escuchar la indignación de su amiga, Adriana apretó los labios: "No importa, cuando nos casamos él me dijo que solo lo hacía para traerle buena suerte a Romina, que nunca me amaría."Mientras hablaba, sus dedos se aferraron al borde de la ventana, aunque se decía a sí misma que debía dejarlo ir, todavía se sentía triste al recordar esas cosas."Ah, eres tan ingenua." Cecilia suspiró.Como la mejor amiga de Adriana, sabía mejor que nadie cuánto amaba a Rodrigo y recordando todo lo que había hecho por él durante esos años, Cecilia sentía que no valía la pena."En estos tres años te esforzaste y soportaste tanto para quitarte las cicatrices del rostro, solo para que Rodrigo te mirara una vez, pero ahora que lo lograste, las cosas resultaron así.""Está bien, después de todo, mi rostro es mío, recuperar mi apariencia también es bueno para mí.""Eso es cierto, ¡piensa de esa manera! Ya estás divorciada, ahora enfócate en ti misma y vive bien, ¡que ese hombre se vaya a donde no moleste!"Adriana se rio con el comentario de Cecilia, relajando la tensión por un momento. No obstante, al levantar la vista, vio en la pared la única foto de boda, en la que estaba sola, así que su corazón volvió a estremecerse. Se quitó la mascarilla y observó en el espejo ese rostro increíblemente hermoso, con una tristeza reflejada en sus ojos oscuros.Después de tantos años de matrimonio, Rodrigo ni siquiera sabía cómo era realmente.En esos tres años había sido una Sra. Suárez solo de nombre, por lo que había sido el blanco de las burlas en su círculo social, pero todo iba a terminar, consideraba eso una especie de nuevo comienzo."Adri, no te pongas triste, salgamos a dar una vuelta, ¡yo te invito a comer algo rico!" Dijo Cecilia."Vale, me arreglo y salimos."La vida tenía que seguir adelante, así que se preparó y salió de casa. Condujo hasta la Avenida del Oro y se reunió con Cecilia en un centro comercial de lujo. Adriana medía 1.71, la proporción de su cuerpo era perfecta, lo que le daba un cuerpo esbelto y proporcionado. Si no fuera porque momento, la piel de su rostro no podía estar expuesta al aire por mucho tiempo y llevaba una mascarilla, el porcentaje de miradas que atraería sería del cien por ciento.Subieron las escaleras mecánicas al segundo piso, donde se encontraba la sección de bolsos para mujer. Cecilia le dijo que para celebrar su divorcio le regalaría un bolso, pero Adriana se negó, tras lo cual su amiga insistió y la arrastró hasta allí."Adri, vamos a ver allá, la dependienta dijo que llegaron muchos modelos nuevos, mira si te gusta alguno." Emocionada, Cecilia señaló hacia el mostrador de Chanel.Adriana asintió y se dirigió hacia el elegante mostrador, pero en el siguiente instante, se detuvo al ver al hombre que estaba allí; medía más de un metro ochenta, vestido con una camisa negra y pantalones de vestir, de perfil frente a Adriana. Tenía una mano en el bolsillo, con la mirada ligeramente baja, mostrando una actitud despreocupada; sin embargo, incluso con ese aire de indiferencia, se veía tan bien que podría encajar perfectamente en cualquier película.Adriana estaba confundida. El hombre frente a ella era su esposo, Rodrigo, un hombre que gestionaba varias empresas y siempre estaba ocupado, ¿qué hacía en un centro comercial a plena luz del día?En ese momento, una hermosa mujer de cabello oscuro y ondulado se acercó, luego tomó del brazo del hombre, señalando un bolso rojo en el estante con un tono meloso: "Rodrigo, quiero ese, ¿no crees que combina con mi vestido de hoy?"Rodrigo echó un vistazo y le dijo a la dependienta: "Envuélvalo, por favor."Fue como si un fuerte ruido retumbara en la cabeza de Adriana, dejándola aturdida. Miró fijamente el perfil de la mujer del vestido rojo, sin darse cuenta de que sus uñas largas se clavaban en la palma de su mano."¿Quién es esa mujer?" Preguntó Cecilia con los ojos muy abiertos. "¿Será que Rodrigo tiene una...?"Cecilia no dijo la palabra "amante", pero Adriana lo entendió perfectamente. Aunque era pleno verano, ella sintió que el frío le calaba hasta los huesos, como si hubiera caído en agua helada. ¿Así que Rodrigo no solo se divorció de ella porque ya no tenía utilidad para la familia Suárez, sino también porque ya tenía a otra mujer?"Jeje..." La mujer del vestido rojo se rio y dijo: "Ni siquiera preguntas por el precio."Rodrigo era una persona reservada, con una elegancia y nobleza innatas, pero siempre frío con todos. No obstante, dejó que la mujer lo abrazara y dijo: "No importa cuánto cueste, lo importante es que a ti te guste."Adriana retrocedió un par de pasos, cubriéndose el pecho que le dolía, deseando desaparecer en ese mismo instante. De repente, vio el movimiento de su amiga y se alarmó: "¡Ceci! ¿Qué vas a hacer?"Cecilia se interpuso entre Rodrigo y la mujer del vestido rojo, se inclinó sobre el mostrador y dijo con una sonrisa: "Iris, quiero ese bolso rojo. Te lo dije por WhatsApp ayer, ¡envuélvemelo!"Sacó una tarjeta negra y la dejó con un golpe sobre el mostrador, girándose hacia la mujer del vestido rojo con una sonrisa en los labios, pero sin ningún rastro de alegría en los ojos.Al ver la escena, Adriana sintió que le dolía la cabeza. Con el corazón en la mano, se acercó sin mirar a Rodrigo, y sujetando suavemente el brazo de Cecilia, le dijo en voz baja: "Ceci, vámonos."Rodrigo, quien originalmente miraba a Cecilia con disgusto, vio una figura familiar acercarse y su expresión cambió. Frunció sus bonitas cejas y miró fijamente a los ojos brillantes de Adriana, mientras le preguntaba. "¿Qué haces aquí?"Aunque no se veían con frecuencia, la reconoció de inmediato como su esposa legal, Adriana.Ella se dio la vuelta, esforzándose por controlar el temblor en su voz: "Vinimos a dar un paseo, lamento si hemos interrumpido."Esas palabras enfurecieron a Cecilia, quien estaba a punto de explotar, pero la mujer de vestido rojo, después de echar un vistazo a Adriana, extendió su mano con gran seguridad."Eres la Srta. Noriega, ¿verdad? Te vi en el funeral de Romina, me llamo Fabiana Martínez."¿Fabiana?El rostro de Adriana se puso pálido al instante. Había estado enamorada de Rodrigo durante ocho años, y había escuchado innumerables veces el nombre Fabiana, el primer amor de Rodrigo, ese nombre se había grabado en su mente como una pesadilla.Aunque se sentía terriblemente mal por dentro, no lo dejó ver en absoluto, y extendió la mano para estrechar la de Fabiana.Esos tres años, Adriana había intentado de todo con Rodrigo; se esforzó por aprender a cocinar y todos los días llevaba comida al trabajo, con la esperanza de que pudiera disfrutar de una comida caliente después de terminar su jornada. Sin embargo, él nunca probó bocado, ni siquiera se dignó a salir a verla. Con el dinero que ganó con mucho esfuerzo escribiendo, compró ropa para él, una prenda tras otra. Pero César le insinuó que su jefe nunca las había usado, y que estaban acumulando polvo en un rincón. Esas cosas dejaron a Adriana muy desanimada; pensó que Rodrigo la encontraba fea, y por eso actuaba así.Antes de casarse, Rodrigo había visto sus fotos. En su rostro sencillo había dos cicatrices horribles que incluso a ella le resultaban repulsivas, así que podía entender completamente la reacción de Rodrigo, por eso decidió volverse más atractiva antes de volver a buscar a su esposo.Rodrigo era excepcional en todos los sentidos, y pensaba que solo una mujer a su nivel podía estar a su lado, ella podía comprender eso, pero nunca imaginó que sus esfuerzos de tres años serían en vano, porque él ya tenía a alguien más."Srta. Noriega, ¿también vino de compras?" Preguntó Fabiana con una sonrisa, mientras retiraba la mano.Adriana estaba a punto de hablar cuando Cecilia intervino: "No es la Srta. Noriega. Ella aún es la Sra. Suárez, te pido respeto."Adriana había firmado el acuerdo de divorcio esa mañana, no obstante, se necesitaba un mes de periodo de reflexión para que fuera efectivo. Así que Cecilia tenía razón, y el rostro de Fabiana se tornó incómodo.Rodrigo le lanzó una mirada indiferente a Adriana y dijo: "Ven aquí."Adriana no sabía qué quería Rodrigo y estaba algo nerviosa mientras lo seguía al pasillo.Rodrigo la miró con frialdad y dijo, "Controla a tu amiga."Adriana apretó los puños; ese comentario fue bastante descortés hacia Cecilia, pero era cierto que ella había estado provocando a esa mujer. ¿Rodrigo estaba molesto porque su amante había sido molestada?Con los puños apretados, dijo: "Lo sé, Cecilia solo malentendió la situación, pero no tenía otras intenciones, así que no te preocupes."Después de eso, Adriana mantuvo una postura serena al marcharse, agradecida de llevar una máscara que ocultaba su rostro pálido.En el estacionamiento, Cecilia exclamó con furia: "¡Esos dos son insoportables! ¡Debería darles una patada!"Adriana sonrió, le dio una palmada en el hombro y le dijo que no se enfadara, aunque sus ojos se oscurecieron."La verdad es que Rodrigo no ha hecho nada malo," dijo con tristeza. "Simplemente no me ama."Cecilia entendía eso. Si Rodrigo simplemente no amaba ni tenía contacto con Adriana, ella podría irse feliz con millones. Sin embargo, ocurrió algo más."¿Todavía no piensas contarle lo que pasó hace un mes?" Preguntó Cecilia, haciendo palidecer a Adriana.Todos pensaban que Adriana y Rodrigo solo se habían visto dos veces, pero no era cierto; en realidad, habían sido tres.Un mes atrás, él había sido drogado y confundido, fue a la mansión de la familia Suárez, donde Adriana estaba cuidando a Romina. Ese día tuvieron relaciones íntimas. A la mañana siguiente, Adriana se fue temprano para atender unos asuntos laborales. Pensó en contarle a Rodrigo lo que había sucedido, pero Romina cayó gravemente enferma y falleció dos días después, sumiendo a la familia Suárez en el caos. Después del funeral, Rodrigo se fue al extranjero por más de un mes y cuando finalmente regresó, lo que Adriana recibió fue un acuerdo de divorcio."¿Y qué ganaría contándoselo? Solo agregaría un número más al acuerdo de divorcio." Dijo Adriana con una sonrisa amarga.Cecilia suspiró y abrazó a su amiga."Está bien, mantén el dinero para ti, de ahora en adelante te cuidaré. Por cierto, ¿tú has...?"Cecilia recordó que después de aquel incidente, Romina falleció rápidamente y toda la familia Suárez se convirtió en un caos. No sabía si Adriana había tomado la medicina correspondiente, pero en ese momento sonó el teléfono de Adriana, así que Cecilia cerró la boca, pensando en mencionárselo más tarde, pero al final se le olvidó hablar de eso.Capítulo 3"Señora, aquí está el acuerdo de divorcio, por favor revíselo y si todo está bien, puede firmarlo."Adriana Noriega miró el documento que le pusieron delante y sintió un zumbido en su cabeza, sin poder escuchar nada más durante unos segundos.Al ver que permanecía en silencio César, agitó su mano frente a sus ojos. "¿Señora?"Adriana volvió en sí y, con una expresión aturdida, preguntó: "¿Rodrigo Suárez quiere divorciarse de mí?"Llevaba una mascarilla que solo dejaba ver sus ojos brillantes, llenos de confusión y tristeza, por lo que César, sintiéndose un poco culpable, bajó la mirada."Sí, el Sr. Suárez dijo que ahora que su abuela ha fallecido, no hay necesidad de continuar con este matrimonio, por eso quiere... divorciarse."El corazón de Adriana se contrajo de dolor, pero junto a eso, sintió una especie de alivio, como si una espada colgando sobre su cabeza finalmente hubiera caído.Tres años atrás, para traer buena suerte a Romina Suárez, insistieron en que la señorita Noriega, con su rostro desfigurado, se casara con su nieto, Rodrigo, convirtiéndose en su esposa. Pero en esos tres años, solo había visto a Rodrigo un par de veces; una fue el día de su boda, y la otra fue hace un mes cuando Romina falleció, ya que durante ese tiempo, él nunca había ido a casa, dejando claro que no la consideraba su esposa, por lo que ya había anticipado que, después de la muerte de su abuela, se divorciarían.Al ver que Adriana permanecía en silencio durante unos minutos y de repente tomaba la pluma para firmar con decisión, César rápidamente le recordó: "Señora, usted todavía no ha revisado las cláusulas del acuerdo...""No es necesario." Adriana lo interrumpió, cerró la pluma y empujó el acuerdo de divorcio.No le importaba cuánto dinero le daría Rodrigo. Cuando la familia Suárez la buscó para traer buena suerte a uno de sus familiares enfermos, le habían dado una gran compensación, suficiente para vivir cómodamente el resto de su vida. Además, no se casó con Rodrigo por dinero, había estado enamorada de él desde la secundaria, lo que sumaba ocho años. Tres años atrás, aceptó casarse con él solo para cumplir su sueño."Por favor, avísale que me mudaré en estos días, él puede volver a casa."Al tener a una mujer que no amaba en casa y haberse mantenido alejado de su hogar durante tres años, realmente debió haber sido difícil para él.Adriana esbozó una sonrisa irónica, conteniendo las lágrimas en sus ojos mientras subía las escaleras y al llegar a la ventana, llamó a su amiga."Ceci, me divorcié."La voz de Cecilia Lández sonó sorprendida: "¿Cómo que te divorciaste? ¿Rodrigo te lo pidió?""Sí.""¡Qué descarado! ¡Tres años sin volver a casa y ahora tiene el valor de pedir el divorcio!"Al escuchar la indignación de su amiga, Adriana apretó los labios: "No importa, cuando nos casamos él me dijo que solo lo hacía para traerle buena suerte a Romina, que nunca me amaría."Mientras hablaba, sus dedos se aferraron al borde de la ventana, aunque se decía a sí misma que debía dejarlo ir, todavía se sentía triste al recordar esas cosas."Ah, eres tan ingenua." Cecilia suspiró.Como la mejor amiga de Adriana, sabía mejor que nadie cuánto amaba a Rodrigo y recordando todo lo que había hecho por él durante esos años, Cecilia sentía que no valía la pena."En estos tres años te esforzaste y soportaste tanto para quitarte las cicatrices del rostro, solo para que Rodrigo te mirara una vez, pero ahora que lo lograste, las cosas resultaron así.""Está bien, después de todo, mi rostro es mío, recuperar mi apariencia también es bueno para mí.""Eso es cierto, ¡piensa de esa manera! Ya estás divorciada, ahora enfócate en ti misma y vive bien, ¡que ese hombre se vaya a donde no moleste!"Adriana se rio con el comentario de Cecilia, relajando la tensión por un momento. No obstante, al levantar la vista, vio en la pared la única foto de boda, en la que estaba sola, así que su corazón volvió a estremecerse. Se quitó la mascarilla y observó en el espejo ese rostro increíblemente hermoso, con una tristeza reflejada en sus ojos oscuros.Después de tantos años de matrimonio, Rodrigo ni siquiera sabía cómo era realmente.En esos tres años había sido una Sra. Suárez solo de nombre, por lo que había sido el blanco de las burlas en su círculo social, pero todo iba a terminar, consideraba eso una especie de nuevo comienzo."Adri, no te pongas triste, salgamos a dar una vuelta, ¡yo te invito a comer algo rico!" Dijo Cecilia."Vale, me arreglo y salimos."La vida tenía que seguir adelante, así que se preparó y salió de casa. Condujo hasta la Avenida del Oro y se reunió con Cecilia en un centro comercial de lujo. Adriana medía 1.71, la proporción de su cuerpo era perfecta, lo que le daba un cuerpo esbelto y proporcionado. Si no fuera porque momento, la piel de su rostro no podía estar expuesta al aire por mucho tiempo y llevaba una mascarilla, el porcentaje de miradas que atraería sería del cien por ciento.Subieron las escaleras mecánicas al segundo piso, donde se encontraba la sección de bolsos para mujer. Cecilia le dijo que para celebrar su divorcio le regalaría un bolso, pero Adriana se negó, tras lo cual su amiga insistió y la arrastró hasta allí."Adri, vamos a ver allá, la dependienta dijo que llegaron muchos modelos nuevos, mira si te gusta alguno." Emocionada, Cecilia señaló hacia el mostrador de Chanel.Adriana asintió y se dirigió hacia el elegante mostrador, pero en el siguiente instante, se detuvo al ver al hombre que estaba allí; medía más de un metro ochenta, vestido con una camisa negra y pantalones de vestir, de perfil frente a Adriana. Tenía una mano en el bolsillo, con la mirada ligeramente baja, mostrando una actitud despreocupada; sin embargo, incluso con ese aire de indiferencia, se veía tan bien que podría encajar perfectamente en cualquier película.Adriana estaba confundida. El hombre frente a ella era su esposo, Rodrigo, un hombre que gestionaba varias empresas y siempre estaba ocupado, ¿qué hacía en un centro comercial a plena luz del día?En ese momento, una hermosa mujer de cabello oscuro y ondulado se acercó, luego tomó del brazo del hombre, señalando un bolso rojo en el estante con un tono meloso: "Rodrigo, quiero ese, ¿no crees que combina con mi vestido de hoy?"Rodrigo echó un vistazo y le dijo a la dependienta: "Envuélvalo, por favor."Fue como si un fuerte ruido retumbara en la cabeza de Adriana, dejándola aturdida. Miró fijamente el perfil de la mujer del vestido rojo, sin darse cuenta de que sus uñas largas se clavaban en la palma de su mano."¿Quién es esa mujer?" Preguntó Cecilia con los ojos muy abiertos. "¿Será que Rodrigo tiene una...?"Cecilia no dijo la palabra "amante", pero Adriana lo entendió perfectamente. Aunque era pleno verano, ella sintió que el frío le calaba hasta los huesos, como si hubiera caído en agua helada. ¿Así que Rodrigo no solo se divorció de ella porque ya no tenía utilidad para la familia Suárez, sino también porque ya tenía a otra mujer?"Jeje..." La mujer del vestido rojo se rio y dijo: "Ni siquiera preguntas por el precio."Rodrigo era una persona reservada, con una elegancia y nobleza innatas, pero siempre frío con todos. No obstante, dejó que la mujer lo abrazara y dijo: "No importa cuánto cueste, lo importante es que a ti te guste."Adriana retrocedió un par de pasos, cubriéndose el pecho que le dolía, deseando desaparecer en ese mismo instante. De repente, vio el movimiento de su amiga y se alarmó: "¡Ceci! ¿Qué vas a hacer?"Cecilia se interpuso entre Rodrigo y la mujer del vestido rojo, se inclinó sobre el mostrador y dijo con una sonrisa: "Iris, quiero ese bolso rojo. Te lo dije por WhatsApp ayer, ¡envuélvemelo!"Sacó una tarjeta negra y la dejó con un golpe sobre el mostrador, girándose hacia la mujer del vestido rojo con una sonrisa en los labios, pero sin ningún rastro de alegría en los ojos.Al ver la escena, Adriana sintió que le dolía la cabeza. Con el corazón en la mano, se acercó sin mirar a Rodrigo, y sujetando suavemente el brazo de Cecilia, le dijo en voz baja: "Ceci, vámonos."Rodrigo, quien originalmente miraba a Cecilia con disgusto, vio una figura familiar acercarse y su expresión cambió. Frunció sus bonitas cejas y miró fijamente a los ojos brillantes de Adriana, mientras le preguntaba. "¿Qué haces aquí?"Aunque no se veían con frecuencia, la reconoció de inmediato como su esposa legal, Adriana.Ella se dio la vuelta, esforzándose por controlar el temblor en su voz: "Vinimos a dar un paseo, lamento si hemos interrumpido."Esas palabras enfurecieron a Cecilia, quien estaba a punto de explotar, pero la mujer de vestido rojo, después de echar un vistazo a Adriana, extendió su mano con gran seguridad."Eres la Srta. Noriega, ¿verdad? Te vi en el funeral de Romina, me llamo Fabiana Martínez."¿Fabiana?El rostro de Adriana se puso pálido al instante. Había estado enamorada de Rodrigo durante ocho años, y había escuchado innumerables veces el nombre Fabiana, el primer amor de Rodrigo, ese nombre se había grabado en su mente como una pesadilla.Aunque se sentía terriblemente mal por dentro, no lo dejó ver en absoluto, y extendió la mano para estrechar la de Fabiana.Esos tres años, Adriana había intentado de todo con Rodrigo; se esforzó por aprender a cocinar y todos los días llevaba comida al trabajo, con la esperanza de que pudiera disfrutar de una comida caliente después de terminar su jornada. Sin embargo, él nunca probó bocado, ni siquiera se dignó a salir a verla. Con el dinero que ganó con mucho esfuerzo escribiendo, compró ropa para él, una prenda tras otra. Pero César le insinuó que su jefe nunca las había usado, y que estaban acumulando polvo en un rincón. Esas cosas dejaron a Adriana muy desanimada; pensó que Rodrigo la encontraba fea, y por eso actuaba así.Antes de casarse, Rodrigo había visto sus fotos. En su rostro sencillo había dos cicatrices horribles que incluso a ella le resultaban repulsivas, así que podía entender completamente la reacción de Rodrigo, por eso decidió volverse más atractiva antes de volver a buscar a su esposo.Rodrigo era excepcional en todos los sentidos, y pensaba que solo una mujer a su nivel podía estar a su lado, ella podía comprender eso, pero nunca imaginó que sus esfuerzos de tres años serían en vano, porque él ya tenía a alguien más."Srta. Noriega, ¿también vino de compras?" Preguntó Fabiana con una sonrisa, mientras retiraba la mano.Adriana estaba a punto de hablar cuando Cecilia intervino: "No es la Srta. Noriega. Ella aún es la Sra. Suárez, te pido respeto."Adriana había firmado el acuerdo de divorcio esa mañana, no obstante, se necesitaba un mes de periodo de reflexión para que fuera efectivo. Así que Cecilia tenía razón, y el rostro de Fabiana se tornó incómodo.Rodrigo le lanzó una mirada indiferente a Adriana y dijo: "Ven aquí."Adriana no sabía qué quería Rodrigo y estaba algo nerviosa mientras lo seguía al pasillo.Rodrigo la miró con frialdad y dijo, "Controla a tu amiga."Adriana apretó los puños; ese comentario fue bastante descortés hacia Cecilia, pero era cierto que ella había estado provocando a esa mujer. ¿Rodrigo estaba molesto porque su amante había sido molestada?Con los puños apretados, dijo: "Lo sé, Cecilia solo malentendió la situación, pero no tenía otras intenciones, así que no te preocupes."Después de eso, Adriana mantuvo una postura serena al marcharse, agradecida de llevar una máscara que ocultaba su rostro pálido.En el estacionamiento, Cecilia exclamó con furia: "¡Esos dos son insoportables! ¡Debería darles una patada!"Adriana sonrió, le dio una palmada en el hombro y le dijo que no se enfadara, aunque sus ojos se oscurecieron."La verdad es que Rodrigo no ha hecho nada malo," dijo con tristeza. "Simplemente no me ama."Cecilia entendía eso. Si Rodrigo simplemente no amaba ni tenía contacto con Adriana, ella podría irse feliz con millones. Sin embargo, ocurrió algo más."¿Todavía no piensas contarle lo que pasó hace un mes?" Preguntó Cecilia, haciendo palidecer a Adriana.Todos pensaban que Adriana y Rodrigo solo se habían visto dos veces, pero no era cierto; en realidad, habían sido tres.Un mes atrás, él había sido drogado y confundido, fue a la mansión de la familia Suárez, donde Adriana estaba cuidando a Romina. Ese día tuvieron relaciones íntimas. A la mañana siguiente, Adriana se fue temprano para atender unos asuntos laborales. Pensó en contarle a Rodrigo lo que había sucedido, pero Romina cayó gravemente enferma y falleció dos días después, sumiendo a la familia Suárez en el caos. Después del funeral, Rodrigo se fue al extranjero por más de un mes y cuando finalmente regresó, lo que Adriana recibió fue un acuerdo de divorcio."¿Y qué ganaría contándoselo? Solo agregaría un número más al acuerdo de divorcio." Dijo Adriana con una sonrisa amarga.Cecilia suspiró y abrazó a su amiga."Está bien, mantén el dinero para ti, de ahora en adelante te cuidaré. Por cierto, ¿tú has...?"Cecilia recordó que después de aquel incidente, Romina falleció rápidamente y toda la familia Suárez se convirtió en un caos. No sabía si Adriana había tomado la medicina correspondiente, pero en ese momento sonó el teléfono de Adriana, así que Cecilia cerró la boca, pensando en mencionárselo más tarde, pero al final se le olvidó hablar de eso.

Sigue leyendo