Cuando era niña, Aurora fue adoptada del orfanato por la familia Narváez, esperando encontrar amor y felicidad. Sin embargo, pronto descubrió que su vida se asemejaba más a la de una Cenicienta, constantemente menospreciada por su madre adoptiva y opacada por su hermana, quien se vanagloriaba de ser la favorita por su lazo sanguíneo. Ya adulta, Aurora logró convertirse en médica, pero sus padres adoptivos de repente le exigieron casarse con un empresario viejo y desagradable. Aurora siempre supo que su aparente familia la traicionaría, pero nunca imaginó una crueldad tan grande. No obstante, ella no pensaba dejarse doblegar; veía esto como una oportunidad para liberarse de ellos. Justo entonces, surge un inesperado giro del destino: sus verdaderos padres se enteraron de que Aurora estaba viva y adulta, y querían traerla de vuelta a casa. A pesar de los rumores que describían su hogar biológico como una familia pobre en una región montañosa, con cinco hermanos campesinos, Aurora aun así decidió reunirse con su propia sangre. No obstante, lo que no esperaba era que todos esos rumores eran totalmente falsos. En realidad, su familia biológica no era nada pobre; al contrario, sus hermanos no solo eran increíblemente atractivos, sino también exitosos. De la noche a la mañana, Aurora pasó de ser la Cenicienta a una joven heredera. Este nuevo mundo parecía un sueño para Aurora, pero no era el momento de sorprenderse: un camino hacia el poder se desplegaba ante ella, y estaba decidida a recorrerlo paso a paso. Era hora de hacer que aquellos que la humillaron pagaran por sus acciones.

Capítulo 1En junio, el sol derramaba su luz con una intensidad que abrazaba la tierra, llenando cada rincón con su cálido resplandor.Aurora Lobos salió del hospital después de su turno, sintiendo una ligereza que le alegraba el día.Pero justo al entrar por la puerta de la mansión de la familia Narváez, un maletín de veinticuatro pulgadas se le vino encima.El cierre se abrió y la ropa se desparramó por el suelo.El mayordomo, con su uniforme impecable, estaba en la entrada, mirándola con desdén.—Ya que no sabes aprovechar las oportunidades, también deberías irte de aquí. —dijo con desprecio—. La señora te manda decir que si eres una campesina con una vida miserable, vuelvas a tu pueblo.Aurora sintió una risa amarga en su interior.Ella ya sabía que la iban a echar, pero no esperaba que la familia Narváez ni siquiera se molestara en decírselo antes de tirarle sus cosas.Todo porque no quiso casarse con el viejo de la familia Reyes.Ese tipo rondaba los cuarenta y ya había tenido tres esposas que fallecieron.¡Claramente era un mal augurio!No iba a arriesgar su vida por eso.Aurora sentía una frialdad por dentro mientras recogía sus pertenencias desparramadas.Había vivido catorce años con la familia Narváez, y todo lo que tenía cabía en una sola maleta.Catorce años atrás, la familia Narváez perdió a su hija. Elvira Carvajal, sin poder tener más hijos, fue al orfanato y adoptó a Aurora.Al principio, Aurora tuvo esperanzas en ese nuevo hogar, pero un mes después de ser adoptada, la verdadera hija de los Narváez, Mónica, fue encontrada.Elvira quería echar a Aurora, pero temía el qué dirán, así que la mantuvo en casa a regañadientes.A diferencia de la consentida Mónica, Elvira solo veía a Aurora como una herramienta para mostrar buena imagen.Además de los constantes maltratos, la mantenían sin comer bien para que no ganara peso.Al llegar a la mayoría de edad, la familia Narváez ni siquiera se molestaba en disimular, solo querían casarla para entrar a un círculo de verdadero lujo.Cuando Aurora se negó rotundamente, la familia decidió enviarla de regreso con sus padres biológicos.Fue entonces cuando Aurora descubrió que sus verdaderos padres vivían en una zona montañosa y que tenía cinco hermanos que trabajaban la tierra.Aurora ansiaba experimentar el verdadero calor de una familia, pero al final, ni siquiera le dieron una despedida digna.Ahora que había empacado sus cosas, frunció el ceño.Revisó y revisó, pero no pudo encontrar su broche más preciado.No estaba en la maleta, así que debía estar en la casa de los Narváez.Intentó entrar a buscarlo, pero el mayordomo la detuvo.—No seas necia, ¡vete ya! Deja de aferrarte a nosotros.Aurora le lanzó una mirada fría.Había pasado tanto tiempo en esa casa, haciendo tareas sin descanso bajo sus órdenes.Ahora, ¿quién creía este tipo que era ella?—O te haces a un lado ahora, o llamo a la policía. Y cuando todo se sepa, ya veremos cómo te grita Elvira.La familia Narváez valoraba demasiado su reputación como para arriesgarse a ser el chisme del barrio.El mayordomo se intimidó y cedió.Aurora pasó junto a él, abrió la puerta de la mansión y se encontró con Eduardo Narváez y su familia recibiendo a un invitado en la sala.Eduardo llevaba un traje elegante, Elvira lucía un vestido azul marino de alta costura, y su rostro bien cuidado solo mostraba algunas arrugas en las comisuras de los ojos.Mónica, por su parte, vestía un conjunto exclusivo y sonreía dulcemente.Frente a ellos, un hombre de mediana edad, amable y refinado, Isaías Olivera, el patriarca de la familia Olivera.Si la familia Narváez era de las menos acaudaladas, los Olivera eran un verdadero titán financiero.Recordaba que Elvira le había jactado sobre un compromiso con los Olivera.Y, efectivamente, Mónica había comenzado a salir con Liam Olivera, el hijo menor, y con el respaldo de Elvira, el noviazgo había avanzado rápidamente.Parece que hoy era el día de conocer a los padres.Ver a los Narváez tan elegantes y formales le causó gracia a Aurora.Qué irónico que una familia tan preocupada por las apariencias le propusiera casarse con un viejo sin escrúpulos.Sin decir una palabra, Aurora subió las escaleras.La familia Narváez se quedó helada, maldiciendo al mayordomo por no haberla detenido antes.Sin embargo, al ver que Aurora no decía nada, Eduardo se sintió humillado.—La familia Narváez te ha criado por años, ¿y así es como agradeces? —rugió—. ¿Dónde quedaron tus modales?Isaías arqueó una ceja.—¿Y esta señorita es...?Elvira, temerosa de que Isaías se interesara por Aurora, puso una mano en el pecho, fingiendo estar dolida.—Ella es nuestra hija adoptiva, que no ha sabido valorar lo que tiene.—Aquí la mantenemos bien, y nos paga tratándonos como enemigos.—Lleva dos semanas sin dormir en casa, sin siquiera avisar. Estamos tan preocupados...Elvira hizo una pausa y tomó la mano de Mónica, sonriendo:—No como Moni, que se queda en casa todos los días con nosotros, arreglando flores, preparando café, cocinando. ¡Es una experta en todo!—Ay, siempre dicen que de tal palo, tal astilla, que el que nace para maceta no pasa del corredor, y que de casta le viene al galgo. Nunca pensé que los hijos adoptivos pudieran ser diferentes, pero ahora...Con una falsa tristeza, Elvira se secó las lágrimas, fingiendo ser una madre herida.En realidad, estaba comparando a las dos, rebajando a Aurora hasta el suelo, mostrando claramente su favoritismo.Aurora no iba a dejar que la difamaran sin más, así que soltó una sonrisa sarcástica y miró a Elvira directamente.—¿Que no quiero volver a casa? Me insultas y golpeas si no cocino una comida. Y quien anda de fiesta todas las noches no soy yo.Elvira se sintió un poco culpable, su mirada se desvió, temiendo que Aurora armara un escándalo frente a Isaías y echara a perder la impresión que tenía de su preciosa hija. Ni diez Auroras podrían compensarlo si eso sucediera.Al ver que su madre estaba incómoda, Mónica se le llenaron los ojos de lágrimas.—Mamá, no te enojes con mi hermana. Hermana, mamá lo ha pasado muy mal, y todo es culpa mía. No debí haber vuelto y robado el amor de mamá por ti. Si estás molesta, deberías culparme a mí.Al ver a su hija llorar, Elvira la abrazó con ternura.—Moni querida, esto no es tu culpa. Eres la hija buena de mamá...Aurora observaba fríamente el espectáculo de madre e hija, sintiendo que era casi cómico.Esta obra se había repetido durante catorce años, y ya estaba cansada de verla.Claro, claro, ellas no tenían la culpa. La culpable era ella.Su error fue haber sido elegida por la familia Narváez y cargar con el resentimiento durante tantos años.Por suerte, durante todo este tiempo, Aurora había trabajado y estudiado para devolver cada peso que la familia Narváez había gastado en ella.Ya no le debía nada a la familia Narváez.Elvira y Mónica demostraban su cercanía maternal, mientras Isaías permanecía en silencio, creando una atmósfera incómoda.Mónica limpió sus lágrimas y cambió el tema:—Hermana, sé que no estás contenta, pero el amor no se puede forzar. Si Liam no te quiere, no puedo hacer nada...—Si él te hubiera querido, yo los habría bendecido.Mientras hablaba, Mónica dejó que se viera su anillo de compromiso.Aunque no era tan brillante ni inteligente como Aurora, eso no importaba.Lo que importaba era que sabía cómo agradar a los hombres, y eso era suficiente.Aurora ya no podía soportarlo más, estaba harta de la estupidez.—Si te gusta Liam, agárrate bien de él. A mí no me interesa un tipo que no vale la pena, aunque me lo regalen.En ese momento, ya no importaba si Liam estaba presente, Aurora no iba a contenerse.Después de decir eso, ignoró las miradas de todos y se dispuso a irse.Pero al darse la vuelta, vio que el broche estaba prendido en el pecho de Mónica.A la luz del sol, los pequeños diamantes del broche brillaban con colores deslumbrantes.En comparación con las innumerables piezas de Swarovski de Mónica, ese broche no era gran cosa.Pero a Mónica siempre le había encantado robarle cosas a Aurora.Desde pequeñas, y ahora no podía resistirse a hacerlo una vez más.Aurora soltó una risa irónica y finalmente habló:—Parece que la familia Narváez sí sabe enseñar, pero tu hija tiene las manos largas. Cuando me echaron, faltaba un broche. ¿Qué significa esto?Con esas palabras, todos miraron al pecho de Mónica.Mónica sintió que algo no iba bien. Había entrado a la habitación de Aurora a hacer destrozos, pero al ver lo bonito que era el broche, no pudo resistirse a llevárselo.Normalmente, sus padres la apoyarían, y Aurora no podría hacerle nada.Pero hoy, el jefe de la familia Olivera estaba presente.Esa maldita, quería arruinar su compromiso.Al ver que Isaías también la miraba, Mónica se le llenaron los ojos de lágrimas, comenzando su actuación.—Hermana, sé que nunca te he gustado, pero de verdad te considero mi hermana. Entre hermanas, ¿por qué ser tan mezquina?Elvira no tardó en salir en defensa de su hija: —Es solo un broche, ¡no es para tanto! ¡Tan de pueblo que eres, siempre con tus pequeños caprichos!Hizo una pausa y, al ver que Aurora no cedía, sacó un sobre de su bolso y se lo lanzó a Aurora.—Ya que a Moni le gusta, te lo compro por cincuenta mil.Elvira hablaba con una lengua afilada, y sus ojos de mirada triangular reflejaban puro desprecio.Se decía que los verdaderos padres de Aurora vivían en una zona rural, trabajando la tierra, y que además tenía cinco hermanos solteros.Una familia así, en una pobreza absoluta, ¡hasta cinco mil pesos serían suficientes para comprarles la vida!Cuando intentaron contactarlos para el reencuentro, ni siquiera se dignaron a aparecer, solo hicieron una llamada.La señal era tan mala que apenas se entendía lo que decían, lo más probable es que estuvieran en una zona montañosa con mala recepción. Al final, solo lograron acordar una fecha.Con eso bastaba.¡No podían esperar ni un minuto más para echar a Aurora!Aurora miraba fijamente el sobre que le habían metido a la fuerza en las manos, sin decir una palabra durante un buen rato.Al ver que su madre la apoyaba, Mónica sonrió con suficiencia y comenzó a soltar su veneno.—Hermana, toma este dinero sin remordimientos; de todos modos, ya has gastado tanto de la familia Narváez que esto no hace la diferencia.—Escuché que la situación en la casa de tus padres biológicos es difícil. Si por casualidad quieren venderte para conseguir una dote, al menos tendrás estos cincuenta mil pesos para defenderte.Mientras hablaba, parecía ya visualizar a Aurora siendo vendida por su propia familia.En ese momento, todos en la sala, incluyendo al mayordomo y a los sirvientes que se habían asomado, miraban a Aurora con desdén.Querían verla quebrarse, aceptar esos cincuenta mil pesos con gratitud, y largarse para siempre.Aurora recorrió a todos con una mirada helada, sintiendo que su corazón se apagaba definitivamente.Catorce años de tratar de agradar, de ser maltratada y de soportar humillaciones, y todo lo que obtenía era un frío sobre con cincuenta mil pesos dentro.Si antes se consolaba pensando que al menos le daban algo de dinero, ahora, ya no le importaba.Aurora tomó el sobre, lo rompió frente a los Narváez y lanzó los billetes al aire con un gesto decidido.Los billetes cayeron como lluvia, cubriendo el suelo de la sala.Debajo de esa cascada de dinero, la expresión de Aurora era fría y decidida.—Ya he devuelto todo lo que gasté de la familia Narváez. De ahora en adelante, no tengo nada que ver con ustedes.—No necesito estos cincuenta mil pesos. Quédense con su broche.Dicho esto, pisó los billetes nuevos, sin un atisbo de arrepentimiento, y se dio la vuelta para irse.Los Narváez quedaron paralizados, sintiendo la bofetada y la vergüenza mucho después de que ella se fue.—¡Maldita sea! ¡Una cualquiera sin ningún valor! ¡No sabe lo que es bueno para ella! —Eduardo escupió con furia al suelo.Elvira lo tocó suavemente en el codo, recordándole que había invitados importantes, y que cuidara su forma de hablar.Para aliviar la tensión, Eduardo ordenó que prepararan un té de pu-erh de calidad excepcional.Mónica tomó la tetera y sirvió el té a Isaías, mientras hablaba con voz dulce.—Hermana no entiende, no puede comprender los sentimientos de nuestros padres. Señor Olivera, por favor no se preocupe.—Pero mis padres me enseñaron a ser agradecida, y después de casarme, cuidaré de los mayores.Los padres Narváez rápidamente apoyaron a su hija: —Sí, nuestra Moni es la más obediente y adecuada para el joven señor Olivera.Isaías, que ya había visto suficiente, se levantó de inmediato.—Ya basta, el compromiso queda cancelado.Pensó que la familia Narváez solo carecía de recursos, pero no se imaginaba que fueran tan vulgares y superficiales.La familia Olivera no se alía con tontos.Con sus esperanzas destrozadas, los Narváez quedaron petrificados.Mónica, incrédula, exclamó: —¡Señor Olivera, Liam y yo nos amamos de verdad! ¡Por favor, no nos separe!Isaías levantó la vista y se rio fríamente: —En los matrimonios de familias importantes, lo menos relevante es el amor.Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, sin dignarse a darles una última mirada.La familia Narváez no se atrevió a detenerlo. Eduardo miró con incredulidad cómo Isaías se marchaba.Mónica, como si le hubieran quitado toda la fuerza, se dejó caer en el sofá, mordiéndose los labios de frustración.—¡Todo es culpa de esa maldita Aurora!Su sueño de ser parte de una familia poderosa, de convertirse en la señora Olivera, se había desvanecido.Capítulo 2En junio, el sol derramaba su luz con una intensidad que abrazaba la tierra, llenando cada rincón con su cálido resplandor.Aurora Lobos salió del hospital después de su turno, sintiendo una ligereza que le alegraba el día.Pero justo al entrar por la puerta de la mansión de la familia Narváez, un maletín de veinticuatro pulgadas se le vino encima.El cierre se abrió y la ropa se desparramó por el suelo.El mayordomo, con su uniforme impecable, estaba en la entrada, mirándola con desdén.—Ya que no sabes aprovechar las oportunidades, también deberías irte de aquí. —dijo con desprecio—. La señora te manda decir que si eres una campesina con una vida miserable, vuelvas a tu pueblo.Aurora sintió una risa amarga en su interior.Ella ya sabía que la iban a echar, pero no esperaba que la familia Narváez ni siquiera se molestara en decírselo antes de tirarle sus cosas.Todo porque no quiso casarse con el viejo de la familia Reyes.Ese tipo rondaba los cuarenta y ya había tenido tres esposas que fallecieron.¡Claramente era un mal augurio!No iba a arriesgar su vida por eso.Aurora sentía una frialdad por dentro mientras recogía sus pertenencias desparramadas.Había vivido catorce años con la familia Narváez, y todo lo que tenía cabía en una sola maleta.Catorce años atrás, la familia Narváez perdió a su hija. Elvira Carvajal, sin poder tener más hijos, fue al orfanato y adoptó a Aurora.Al principio, Aurora tuvo esperanzas en ese nuevo hogar, pero un mes después de ser adoptada, la verdadera hija de los Narváez, Mónica, fue encontrada.Elvira quería echar a Aurora, pero temía el qué dirán, así que la mantuvo en casa a regañadientes.A diferencia de la consentida Mónica, Elvira solo veía a Aurora como una herramienta para mostrar buena imagen.Además de los constantes maltratos, la mantenían sin comer bien para que no ganara peso.Al llegar a la mayoría de edad, la familia Narváez ni siquiera se molestaba en disimular, solo querían casarla para entrar a un círculo de verdadero lujo.Cuando Aurora se negó rotundamente, la familia decidió enviarla de regreso con sus padres biológicos.Fue entonces cuando Aurora descubrió que sus verdaderos padres vivían en una zona montañosa y que tenía cinco hermanos que trabajaban la tierra.Aurora ansiaba experimentar el verdadero calor de una familia, pero al final, ni siquiera le dieron una despedida digna.Ahora que había empacado sus cosas, frunció el ceño.Revisó y revisó, pero no pudo encontrar su broche más preciado.No estaba en la maleta, así que debía estar en la casa de los Narváez.Intentó entrar a buscarlo, pero el mayordomo la detuvo.—No seas necia, ¡vete ya! Deja de aferrarte a nosotros.Aurora le lanzó una mirada fría.Había pasado tanto tiempo en esa casa, haciendo tareas sin descanso bajo sus órdenes.Ahora, ¿quién creía este tipo que era ella?—O te haces a un lado ahora, o llamo a la policía. Y cuando todo se sepa, ya veremos cómo te grita Elvira.La familia Narváez valoraba demasiado su reputación como para arriesgarse a ser el chisme del barrio.El mayordomo se intimidó y cedió.Aurora pasó junto a él, abrió la puerta de la mansión y se encontró con Eduardo Narváez y su familia recibiendo a un invitado en la sala.Eduardo llevaba un traje elegante, Elvira lucía un vestido azul marino de alta costura, y su rostro bien cuidado solo mostraba algunas arrugas en las comisuras de los ojos.Mónica, por su parte, vestía un conjunto exclusivo y sonreía dulcemente.Frente a ellos, un hombre de mediana edad, amable y refinado, Isaías Olivera, el patriarca de la familia Olivera.Si la familia Narváez era de las menos acaudaladas, los Olivera eran un verdadero titán financiero.Recordaba que Elvira le había jactado sobre un compromiso con los Olivera.Y, efectivamente, Mónica había comenzado a salir con Liam Olivera, el hijo menor, y con el respaldo de Elvira, el noviazgo había avanzado rápidamente.Parece que hoy era el día de conocer a los padres.Ver a los Narváez tan elegantes y formales le causó gracia a Aurora.Qué irónico que una familia tan preocupada por las apariencias le propusiera casarse con un viejo sin escrúpulos.Sin decir una palabra, Aurora subió las escaleras.La familia Narváez se quedó helada, maldiciendo al mayordomo por no haberla detenido antes.Sin embargo, al ver que Aurora no decía nada, Eduardo se sintió humillado.—La familia Narváez te ha criado por años, ¿y así es como agradeces? —rugió—. ¿Dónde quedaron tus modales?Isaías arqueó una ceja.—¿Y esta señorita es...?Elvira, temerosa de que Isaías se interesara por Aurora, puso una mano en el pecho, fingiendo estar dolida.—Ella es nuestra hija adoptiva, que no ha sabido valorar lo que tiene.—Aquí la mantenemos bien, y nos paga tratándonos como enemigos.—Lleva dos semanas sin dormir en casa, sin siquiera avisar. Estamos tan preocupados...Elvira hizo una pausa y tomó la mano de Mónica, sonriendo:—No como Moni, que se queda en casa todos los días con nosotros, arreglando flores, preparando café, cocinando. ¡Es una experta en todo!—Ay, siempre dicen que de tal palo, tal astilla, que el que nace para maceta no pasa del corredor, y que de casta le viene al galgo. Nunca pensé que los hijos adoptivos pudieran ser diferentes, pero ahora...Con una falsa tristeza, Elvira se secó las lágrimas, fingiendo ser una madre herida.En realidad, estaba comparando a las dos, rebajando a Aurora hasta el suelo, mostrando claramente su favoritismo.Aurora no iba a dejar que la difamaran sin más, así que soltó una sonrisa sarcástica y miró a Elvira directamente.—¿Que no quiero volver a casa? Me insultas y golpeas si no cocino una comida. Y quien anda de fiesta todas las noches no soy yo.Elvira se sintió un poco culpable, su mirada se desvió, temiendo que Aurora armara un escándalo frente a Isaías y echara a perder la impresión que tenía de su preciosa hija. Ni diez Auroras podrían compensarlo si eso sucediera.Al ver que su madre estaba incómoda, Mónica se le llenaron los ojos de lágrimas.—Mamá, no te enojes con mi hermana. Hermana, mamá lo ha pasado muy mal, y todo es culpa mía. No debí haber vuelto y robado el amor de mamá por ti. Si estás molesta, deberías culparme a mí.Al ver a su hija llorar, Elvira la abrazó con ternura.—Moni querida, esto no es tu culpa. Eres la hija buena de mamá...Aurora observaba fríamente el espectáculo de madre e hija, sintiendo que era casi cómico.Esta obra se había repetido durante catorce años, y ya estaba cansada de verla.Claro, claro, ellas no tenían la culpa. La culpable era ella.Su error fue haber sido elegida por la familia Narváez y cargar con el resentimiento durante tantos años.Por suerte, durante todo este tiempo, Aurora había trabajado y estudiado para devolver cada peso que la familia Narváez había gastado en ella.Ya no le debía nada a la familia Narváez.Elvira y Mónica demostraban su cercanía maternal, mientras Isaías permanecía en silencio, creando una atmósfera incómoda.Mónica limpió sus lágrimas y cambió el tema:—Hermana, sé que no estás contenta, pero el amor no se puede forzar. Si Liam no te quiere, no puedo hacer nada...—Si él te hubiera querido, yo los habría bendecido.Mientras hablaba, Mónica dejó que se viera su anillo de compromiso.Aunque no era tan brillante ni inteligente como Aurora, eso no importaba.Lo que importaba era que sabía cómo agradar a los hombres, y eso era suficiente.Aurora ya no podía soportarlo más, estaba harta de la estupidez.—Si te gusta Liam, agárrate bien de él. A mí no me interesa un tipo que no vale la pena, aunque me lo regalen.En ese momento, ya no importaba si Liam estaba presente, Aurora no iba a contenerse.Después de decir eso, ignoró las miradas de todos y se dispuso a irse.Pero al darse la vuelta, vio que el broche estaba prendido en el pecho de Mónica.A la luz del sol, los pequeños diamantes del broche brillaban con colores deslumbrantes.En comparación con las innumerables piezas de Swarovski de Mónica, ese broche no era gran cosa.Pero a Mónica siempre le había encantado robarle cosas a Aurora.Desde pequeñas, y ahora no podía resistirse a hacerlo una vez más.Aurora soltó una risa irónica y finalmente habló:—Parece que la familia Narváez sí sabe enseñar, pero tu hija tiene las manos largas. Cuando me echaron, faltaba un broche. ¿Qué significa esto?Con esas palabras, todos miraron al pecho de Mónica.Mónica sintió que algo no iba bien. Había entrado a la habitación de Aurora a hacer destrozos, pero al ver lo bonito que era el broche, no pudo resistirse a llevárselo.Normalmente, sus padres la apoyarían, y Aurora no podría hacerle nada.Pero hoy, el jefe de la familia Olivera estaba presente.Esa maldita, quería arruinar su compromiso.Al ver que Isaías también la miraba, Mónica se le llenaron los ojos de lágrimas, comenzando su actuación.—Hermana, sé que nunca te he gustado, pero de verdad te considero mi hermana. Entre hermanas, ¿por qué ser tan mezquina?Elvira no tardó en salir en defensa de su hija: —Es solo un broche, ¡no es para tanto! ¡Tan de pueblo que eres, siempre con tus pequeños caprichos!Hizo una pausa y, al ver que Aurora no cedía, sacó un sobre de su bolso y se lo lanzó a Aurora.—Ya que a Moni le gusta, te lo compro por cincuenta mil.Elvira hablaba con una lengua afilada, y sus ojos de mirada triangular reflejaban puro desprecio.Se decía que los verdaderos padres de Aurora vivían en una zona rural, trabajando la tierra, y que además tenía cinco hermanos solteros.Una familia así, en una pobreza absoluta, ¡hasta cinco mil pesos serían suficientes para comprarles la vida!Cuando intentaron contactarlos para el reencuentro, ni siquiera se dignaron a aparecer, solo hicieron una llamada.La señal era tan mala que apenas se entendía lo que decían, lo más probable es que estuvieran en una zona montañosa con mala recepción. Al final, solo lograron acordar una fecha.Con eso bastaba.¡No podían esperar ni un minuto más para echar a Aurora!Aurora miraba fijamente el sobre que le habían metido a la fuerza en las manos, sin decir una palabra durante un buen rato.Al ver que su madre la apoyaba, Mónica sonrió con suficiencia y comenzó a soltar su veneno.—Hermana, toma este dinero sin remordimientos; de todos modos, ya has gastado tanto de la familia Narváez que esto no hace la diferencia.—Escuché que la situación en la casa de tus padres biológicos es difícil. Si por casualidad quieren venderte para conseguir una dote, al menos tendrás estos cincuenta mil pesos para defenderte.Mientras hablaba, parecía ya visualizar a Aurora siendo vendida por su propia familia.En ese momento, todos en la sala, incluyendo al mayordomo y a los sirvientes que se habían asomado, miraban a Aurora con desdén.Querían verla quebrarse, aceptar esos cincuenta mil pesos con gratitud, y largarse para siempre.Aurora recorrió a todos con una mirada helada, sintiendo que su corazón se apagaba definitivamente.Catorce años de tratar de agradar, de ser maltratada y de soportar humillaciones, y todo lo que obtenía era un frío sobre con cincuenta mil pesos dentro.Si antes se consolaba pensando que al menos le daban algo de dinero, ahora, ya no le importaba.Aurora tomó el sobre, lo rompió frente a los Narváez y lanzó los billetes al aire con un gesto decidido.Los billetes cayeron como lluvia, cubriendo el suelo de la sala.Debajo de esa cascada de dinero, la expresión de Aurora era fría y decidida.—Ya he devuelto todo lo que gasté de la familia Narváez. De ahora en adelante, no tengo nada que ver con ustedes.—No necesito estos cincuenta mil pesos. Quédense con su broche.Dicho esto, pisó los billetes nuevos, sin un atisbo de arrepentimiento, y se dio la vuelta para irse.Los Narváez quedaron paralizados, sintiendo la bofetada y la vergüenza mucho después de que ella se fue.—¡Maldita sea! ¡Una cualquiera sin ningún valor! ¡No sabe lo que es bueno para ella! —Eduardo escupió con furia al suelo.Elvira lo tocó suavemente en el codo, recordándole que había invitados importantes, y que cuidara su forma de hablar.Para aliviar la tensión, Eduardo ordenó que prepararan un té de pu-erh de calidad excepcional.Mónica tomó la tetera y sirvió el té a Isaías, mientras hablaba con voz dulce.—Hermana no entiende, no puede comprender los sentimientos de nuestros padres. Señor Olivera, por favor no se preocupe.—Pero mis padres me enseñaron a ser agradecida, y después de casarme, cuidaré de los mayores.Los padres Narváez rápidamente apoyaron a su hija: —Sí, nuestra Moni es la más obediente y adecuada para el joven señor Olivera.Isaías, que ya había visto suficiente, se levantó de inmediato.—Ya basta, el compromiso queda cancelado.Pensó que la familia Narváez solo carecía de recursos, pero no se imaginaba que fueran tan vulgares y superficiales.La familia Olivera no se alía con tontos.Con sus esperanzas destrozadas, los Narváez quedaron petrificados.Mónica, incrédula, exclamó: —¡Señor Olivera, Liam y yo nos amamos de verdad! ¡Por favor, no nos separe!Isaías levantó la vista y se rio fríamente: —En los matrimonios de familias importantes, lo menos relevante es el amor.Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, sin dignarse a darles una última mirada.La familia Narváez no se atrevió a detenerlo. Eduardo miró con incredulidad cómo Isaías se marchaba.Mónica, como si le hubieran quitado toda la fuerza, se dejó caer en el sofá, mordiéndose los labios de frustración.—¡Todo es culpa de esa maldita Aurora!Su sueño de ser parte de una familia poderosa, de convertirse en la señora Olivera, se había desvanecido.Capítulo 3En junio, el sol derramaba su luz con una intensidad que abrazaba la tierra, llenando cada rincón con su cálido resplandor.Aurora Lobos salió del hospital después de su turno, sintiendo una ligereza que le alegraba el día.Pero justo al entrar por la puerta de la mansión de la familia Narváez, un maletín de veinticuatro pulgadas se le vino encima.El cierre se abrió y la ropa se desparramó por el suelo.El mayordomo, con su uniforme impecable, estaba en la entrada, mirándola con desdén.—Ya que no sabes aprovechar las oportunidades, también deberías irte de aquí. —dijo con desprecio—. La señora te manda decir que si eres una campesina con una vida miserable, vuelvas a tu pueblo.Aurora sintió una risa amarga en su interior.Ella ya sabía que la iban a echar, pero no esperaba que la familia Narváez ni siquiera se molestara en decírselo antes de tirarle sus cosas.Todo porque no quiso casarse con el viejo de la familia Reyes.Ese tipo rondaba los cuarenta y ya había tenido tres esposas que fallecieron.¡Claramente era un mal augurio!No iba a arriesgar su vida por eso.Aurora sentía una frialdad por dentro mientras recogía sus pertenencias desparramadas.Había vivido catorce años con la familia Narváez, y todo lo que tenía cabía en una sola maleta.Catorce años atrás, la familia Narváez perdió a su hija. Elvira Carvajal, sin poder tener más hijos, fue al orfanato y adoptó a Aurora.Al principio, Aurora tuvo esperanzas en ese nuevo hogar, pero un mes después de ser adoptada, la verdadera hija de los Narváez, Mónica, fue encontrada.Elvira quería echar a Aurora, pero temía el qué dirán, así que la mantuvo en casa a regañadientes.A diferencia de la consentida Mónica, Elvira solo veía a Aurora como una herramienta para mostrar buena imagen.Además de los constantes maltratos, la mantenían sin comer bien para que no ganara peso.Al llegar a la mayoría de edad, la familia Narváez ni siquiera se molestaba en disimular, solo querían casarla para entrar a un círculo de verdadero lujo.Cuando Aurora se negó rotundamente, la familia decidió enviarla de regreso con sus padres biológicos.Fue entonces cuando Aurora descubrió que sus verdaderos padres vivían en una zona montañosa y que tenía cinco hermanos que trabajaban la tierra.Aurora ansiaba experimentar el verdadero calor de una familia, pero al final, ni siquiera le dieron una despedida digna.Ahora que había empacado sus cosas, frunció el ceño.Revisó y revisó, pero no pudo encontrar su broche más preciado.No estaba en la maleta, así que debía estar en la casa de los Narváez.Intentó entrar a buscarlo, pero el mayordomo la detuvo.—No seas necia, ¡vete ya! Deja de aferrarte a nosotros.Aurora le lanzó una mirada fría.Había pasado tanto tiempo en esa casa, haciendo tareas sin descanso bajo sus órdenes.Ahora, ¿quién creía este tipo que era ella?—O te haces a un lado ahora, o llamo a la policía. Y cuando todo se sepa, ya veremos cómo te grita Elvira.La familia Narváez valoraba demasiado su reputación como para arriesgarse a ser el chisme del barrio.El mayordomo se intimidó y cedió.Aurora pasó junto a él, abrió la puerta de la mansión y se encontró con Eduardo Narváez y su familia recibiendo a un invitado en la sala.Eduardo llevaba un traje elegante, Elvira lucía un vestido azul marino de alta costura, y su rostro bien cuidado solo mostraba algunas arrugas en las comisuras de los ojos.Mónica, por su parte, vestía un conjunto exclusivo y sonreía dulcemente.Frente a ellos, un hombre de mediana edad, amable y refinado, Isaías Olivera, el patriarca de la familia Olivera.Si la familia Narváez era de las menos acaudaladas, los Olivera eran un verdadero titán financiero.Recordaba que Elvira le había jactado sobre un compromiso con los Olivera.Y, efectivamente, Mónica había comenzado a salir con Liam Olivera, el hijo menor, y con el respaldo de Elvira, el noviazgo había avanzado rápidamente.Parece que hoy era el día de conocer a los padres.Ver a los Narváez tan elegantes y formales le causó gracia a Aurora.Qué irónico que una familia tan preocupada por las apariencias le propusiera casarse con un viejo sin escrúpulos.Sin decir una palabra, Aurora subió las escaleras.La familia Narváez se quedó helada, maldiciendo al mayordomo por no haberla detenido antes.Sin embargo, al ver que Aurora no decía nada, Eduardo se sintió humillado.—La familia Narváez te ha criado por años, ¿y así es como agradeces? —rugió—. ¿Dónde quedaron tus modales?Isaías arqueó una ceja.—¿Y esta señorita es...?Elvira, temerosa de que Isaías se interesara por Aurora, puso una mano en el pecho, fingiendo estar dolida.—Ella es nuestra hija adoptiva, que no ha sabido valorar lo que tiene.—Aquí la mantenemos bien, y nos paga tratándonos como enemigos.—Lleva dos semanas sin dormir en casa, sin siquiera avisar. Estamos tan preocupados...Elvira hizo una pausa y tomó la mano de Mónica, sonriendo:—No como Moni, que se queda en casa todos los días con nosotros, arreglando flores, preparando café, cocinando. ¡Es una experta en todo!—Ay, siempre dicen que de tal palo, tal astilla, que el que nace para maceta no pasa del corredor, y que de casta le viene al galgo. Nunca pensé que los hijos adoptivos pudieran ser diferentes, pero ahora...Con una falsa tristeza, Elvira se secó las lágrimas, fingiendo ser una madre herida.En realidad, estaba comparando a las dos, rebajando a Aurora hasta el suelo, mostrando claramente su favoritismo.Aurora no iba a dejar que la difamaran sin más, así que soltó una sonrisa sarcástica y miró a Elvira directamente.—¿Que no quiero volver a casa? Me insultas y golpeas si no cocino una comida. Y quien anda de fiesta todas las noches no soy yo.Elvira se sintió un poco culpable, su mirada se desvió, temiendo que Aurora armara un escándalo frente a Isaías y echara a perder la impresión que tenía de su preciosa hija. Ni diez Auroras podrían compensarlo si eso sucediera.Al ver que su madre estaba incómoda, Mónica se le llenaron los ojos de lágrimas.—Mamá, no te enojes con mi hermana. Hermana, mamá lo ha pasado muy mal, y todo es culpa mía. No debí haber vuelto y robado el amor de mamá por ti. Si estás molesta, deberías culparme a mí.Al ver a su hija llorar, Elvira la abrazó con ternura.—Moni querida, esto no es tu culpa. Eres la hija buena de mamá...Aurora observaba fríamente el espectáculo de madre e hija, sintiendo que era casi cómico.Esta obra se había repetido durante catorce años, y ya estaba cansada de verla.Claro, claro, ellas no tenían la culpa. La culpable era ella.Su error fue haber sido elegida por la familia Narváez y cargar con el resentimiento durante tantos años.Por suerte, durante todo este tiempo, Aurora había trabajado y estudiado para devolver cada peso que la familia Narváez había gastado en ella.Ya no le debía nada a la familia Narváez.Elvira y Mónica demostraban su cercanía maternal, mientras Isaías permanecía en silencio, creando una atmósfera incómoda.Mónica limpió sus lágrimas y cambió el tema:—Hermana, sé que no estás contenta, pero el amor no se puede forzar. Si Liam no te quiere, no puedo hacer nada...—Si él te hubiera querido, yo los habría bendecido.Mientras hablaba, Mónica dejó que se viera su anillo de compromiso.Aunque no era tan brillante ni inteligente como Aurora, eso no importaba.Lo que importaba era que sabía cómo agradar a los hombres, y eso era suficiente.Aurora ya no podía soportarlo más, estaba harta de la estupidez.—Si te gusta Liam, agárrate bien de él. A mí no me interesa un tipo que no vale la pena, aunque me lo regalen.En ese momento, ya no importaba si Liam estaba presente, Aurora no iba a contenerse.Después de decir eso, ignoró las miradas de todos y se dispuso a irse.Pero al darse la vuelta, vio que el broche estaba prendido en el pecho de Mónica.A la luz del sol, los pequeños diamantes del broche brillaban con colores deslumbrantes.En comparación con las innumerables piezas de Swarovski de Mónica, ese broche no era gran cosa.Pero a Mónica siempre le había encantado robarle cosas a Aurora.Desde pequeñas, y ahora no podía resistirse a hacerlo una vez más.Aurora soltó una risa irónica y finalmente habló:—Parece que la familia Narváez sí sabe enseñar, pero tu hija tiene las manos largas. Cuando me echaron, faltaba un broche. ¿Qué significa esto?Con esas palabras, todos miraron al pecho de Mónica.Mónica sintió que algo no iba bien. Había entrado a la habitación de Aurora a hacer destrozos, pero al ver lo bonito que era el broche, no pudo resistirse a llevárselo.Normalmente, sus padres la apoyarían, y Aurora no podría hacerle nada.Pero hoy, el jefe de la familia Olivera estaba presente.Esa maldita, quería arruinar su compromiso.Al ver que Isaías también la miraba, Mónica se le llenaron los ojos de lágrimas, comenzando su actuación.—Hermana, sé que nunca te he gustado, pero de verdad te considero mi hermana. Entre hermanas, ¿por qué ser tan mezquina?Elvira no tardó en salir en defensa de su hija: —Es solo un broche, ¡no es para tanto! ¡Tan de pueblo que eres, siempre con tus pequeños caprichos!Hizo una pausa y, al ver que Aurora no cedía, sacó un sobre de su bolso y se lo lanzó a Aurora.—Ya que a Moni le gusta, te lo compro por cincuenta mil.Elvira hablaba con una lengua afilada, y sus ojos de mirada triangular reflejaban puro desprecio.Se decía que los verdaderos padres de Aurora vivían en una zona rural, trabajando la tierra, y que además tenía cinco hermanos solteros.Una familia así, en una pobreza absoluta, ¡hasta cinco mil pesos serían suficientes para comprarles la vida!Cuando intentaron contactarlos para el reencuentro, ni siquiera se dignaron a aparecer, solo hicieron una llamada.La señal era tan mala que apenas se entendía lo que decían, lo más probable es que estuvieran en una zona montañosa con mala recepción. Al final, solo lograron acordar una fecha.Con eso bastaba.¡No podían esperar ni un minuto más para echar a Aurora!Aurora miraba fijamente el sobre que le habían metido a la fuerza en las manos, sin decir una palabra durante un buen rato.Al ver que su madre la apoyaba, Mónica sonrió con suficiencia y comenzó a soltar su veneno.—Hermana, toma este dinero sin remordimientos; de todos modos, ya has gastado tanto de la familia Narváez que esto no hace la diferencia.—Escuché que la situación en la casa de tus padres biológicos es difícil. Si por casualidad quieren venderte para conseguir una dote, al menos tendrás estos cincuenta mil pesos para defenderte.Mientras hablaba, parecía ya visualizar a Aurora siendo vendida por su propia familia.En ese momento, todos en la sala, incluyendo al mayordomo y a los sirvientes que se habían asomado, miraban a Aurora con desdén.Querían verla quebrarse, aceptar esos cincuenta mil pesos con gratitud, y largarse para siempre.Aurora recorrió a todos con una mirada helada, sintiendo que su corazón se apagaba definitivamente.Catorce años de tratar de agradar, de ser maltratada y de soportar humillaciones, y todo lo que obtenía era un frío sobre con cincuenta mil pesos dentro.Si antes se consolaba pensando que al menos le daban algo de dinero, ahora, ya no le importaba.Aurora tomó el sobre, lo rompió frente a los Narváez y lanzó los billetes al aire con un gesto decidido.Los billetes cayeron como lluvia, cubriendo el suelo de la sala.Debajo de esa cascada de dinero, la expresión de Aurora era fría y decidida.—Ya he devuelto todo lo que gasté de la familia Narváez. De ahora en adelante, no tengo nada que ver con ustedes.—No necesito estos cincuenta mil pesos. Quédense con su broche.Dicho esto, pisó los billetes nuevos, sin un atisbo de arrepentimiento, y se dio la vuelta para irse.Los Narváez quedaron paralizados, sintiendo la bofetada y la vergüenza mucho después de que ella se fue.—¡Maldita sea! ¡Una cualquiera sin ningún valor! ¡No sabe lo que es bueno para ella! —Eduardo escupió con furia al suelo.Elvira lo tocó suavemente en el codo, recordándole que había invitados importantes, y que cuidara su forma de hablar.Para aliviar la tensión, Eduardo ordenó que prepararan un té de pu-erh de calidad excepcional.Mónica tomó la tetera y sirvió el té a Isaías, mientras hablaba con voz dulce.—Hermana no entiende, no puede comprender los sentimientos de nuestros padres. Señor Olivera, por favor no se preocupe.—Pero mis padres me enseñaron a ser agradecida, y después de casarme, cuidaré de los mayores.Los padres Narváez rápidamente apoyaron a su hija: —Sí, nuestra Moni es la más obediente y adecuada para el joven señor Olivera.Isaías, que ya había visto suficiente, se levantó de inmediato.—Ya basta, el compromiso queda cancelado.Pensó que la familia Narváez solo carecía de recursos, pero no se imaginaba que fueran tan vulgares y superficiales.La familia Olivera no se alía con tontos.Con sus esperanzas destrozadas, los Narváez quedaron petrificados.Mónica, incrédula, exclamó: —¡Señor Olivera, Liam y yo nos amamos de verdad! ¡Por favor, no nos separe!Isaías levantó la vista y se rio fríamente: —En los matrimonios de familias importantes, lo menos relevante es el amor.Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, sin dignarse a darles una última mirada.La familia Narváez no se atrevió a detenerlo. Eduardo miró con incredulidad cómo Isaías se marchaba.Mónica, como si le hubieran quitado toda la fuerza, se dejó caer en el sofá, mordiéndose los labios de frustración.—¡Todo es culpa de esa maldita Aurora!Su sueño de ser parte de una familia poderosa, de convertirse en la señora Olivera, se había desvanecido.

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