Capítulo 1En una habitación oscura de un hotel, las sombras de un hombre y una mujer se entrelazaban con una intimidad palpable.Yolanda Jaramillo era llevada por la pasión del hombre, respondiendo inconscientemente a su fervor. Sus dedos se aferraban con fuerza a su espalda, mientras un susurro suave escapaba de sus labios.—Me duele...El murmullo felino de Yolanda hizo que el corazón de Raúl Tames latiera con fuerza, sintiendo un escalofrío recorrer su columna. Se detuvo un momento, inclinándose para besar suavemente las lágrimas en el borde de sus ojos.Afuera, la lluvia caía con furia, las gotas resbalando por la ventana hasta el suelo, formando charcos. Yolanda no sabía cómo describir lo que sentía en ese instante; en sus veintitantos años, nunca había experimentado algo tan arrollador.Pasaron tres horas antes de que todo terminara, y para entonces, la tormenta había cesado.Luchando contra el cansancio, Yolanda tomó su celular y escribió rápidamente tres mensajes para la misma persona.[Recuerda comprar eso.][Ya estoy en la cama.][Ven rápido.]Estaba tan concentrada que no notó cómo Raúl, a su lado, desviaba la mirada de la pantalla iluminada de su teléfono.El hombre levantó una ceja, con sus ojos oscuros llenos de una chispa divertida. —¿Qué pasa? ¿No fue suficiente?Yolanda se quedó helada, tensando automáticamente las piernas.¿No fue suficiente?Imposible.Se sentía tan satisfecha que casi podía morir de felicidad.Con sus dedos pálidos aferrando las sábanas, Yolanda miró al hombre que yacía a su lado.La tenue luz del abajur iluminaba su rostro, y su belleza era tan perfecta que parecía esculpida por un artista divino.Al observar sus labios moverse, la mente de Yolanda se llenó con el recuerdo de cómo él la había besado apasionadamente.Su rostro aún conservaba el rubor de la reciente actividad, y al recordar, sentía que su cuerpo entero se incendiaba, sus mejillas ardiendo hasta las orejas.En ese momento, el sonido del teléfono rompió el silencio.Al ver quién llamaba, Yolanda dudó un instante, pero finalmente llevó el celular a su oído.Del otro lado, la voz apremiante de su prometido, Emanuel Ibarra, resonó a través del auricular: —Yoli, acabo de llegar a casa. ¿Dónde estás?—Estoy en un hotel —respondió Yolanda.Emanuel se quedó perplejo. —¿En un hotel? Dijiste que ya estabas en la cama. Yoli, ¿qué significa esto?¿Qué significa?Yolanda recordó la escena que había presenciado unas horas antes en el estacionamiento.Esa noche debía ser la de su compromiso con Emanuel.Sin embargo, después del banquete, lo había encontrado enredado con otra mujer dentro de un carro.La confianza que tenía en él se desmoronó por completo. Entonces, regresó a la fiesta y se bebió una botella entera de vino tinto.Impulsada por el alcohol, había tomado a un hombre al azar y lo había llevado al hotel.Pero una vez dentro de la habitación, la duda la invadió.Emanuel había sido capaz de traicionarla sin reparos durante su fiesta de compromiso, pero Yolanda no podía hacer lo mismo.Sin embargo, el hombre frente a ella no le dio tiempo para arrepentirse. Al entrar, la acorraló en el vestíbulo, sus manos firmes sujetando su cintura, llenándola de besos que la dejaron sin aliento.No tuvo oportunidad de rechazarlo.La mente de Yolanda se quedó en blanco. Se vio reflejada en el espejo, sus movimientos sensuales, susurros de pasión... todo fluyó con naturalidad.Al terminar, una extraña sensación de justicia se apoderó de ella, y de ahí surgieron los tres mensajes para Emanuel.En la línea, Emanuel seguía insultándola, y Yolanda, finalmente, volvió en sí.Mantuvo su voz serena y distante. —Lo siento, parece que envié los mensajes equivocados.Emanuel se quedó perplejo. —¿Qué? ¿A quién le enviaste esos mensajes? ¡Yolanda, ¿con quién estás? ¿Te atreves a traicionarme? ¡Te ordeno que no lo hagas, ¿entendiste?!Ignorando las injurias de Emanuel, Yolanda colgó con un firme golpe.Sin saber que...Raúl, que había escuchado todo en la pequeña habitación, soltó una risa baja. Sus ojos profundos se posaron en Yolanda, sus pupilas brillando con un destello que ella no pudo descifrar.Yolanda se sintió incómoda, como si hubiera estado bajo la mirada de Raúl todo el tiempo.Bajó la mirada, preparándose para escabullirse en silencio.Pero entonces...La voz clara y magnética de Raúl resonó a sus espaldas. —¿Te vas sin siquiera despedirte?—¿Cuñada? ¿Yo?Yolanda sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras su rostro se tornaba pálido como la nieve. El hombre que no había dejado de acosarla desde que cruzó la puerta, resultaba ser el tío menor de su prometido Emanuel.—¿Tú... tú eres Raúl?Raúl la observó detenidamente durante lo que pareció una eternidad, su mirada se volvió intensa y enigmática.—¿No me reconoces?Sí, lo reconocía. Pero era como si lo conociera y no al mismo tiempo.Raúl siempre había sido una especie de fantasma en la familia Tames, viviendo en el extranjero y nunca apareciendo en las reuniones familiares. Yolanda solo sabía de él por su nombre...Sin embargo, si Raúl sabía quién era ella, ¿por qué había actuado de esa manera?Yolanda apretó los puños con fuerza, sus nudillos se pusieron blancos. Quería preguntar, pero la vergüenza le impedía articular palabra.Después de un momento de silencio, dijo:—Lo de esta noche, lo olvidaré.Raúl, recostado con indolencia en el cabecero de la cama, encendió un cigarro con una pausa deliberada. Tras darle una calada, la miró de reojo y dejó caer una bomba en forma de palabras:—¿Así que te parece bien dejarlo así después de haberme llevado a la cama?Yolanda, atónita, solo pudo responder con un silencio perplejo.Raúl, con un gesto casual, bajó un poco la sábana, mostrando las marcas de dientes en su pecho.—Aunque, bueno, no es gran cosa que me hayas llevado a la cama, pero siendo un hombre, ¿no crees que podría salir perdiendo si se llega a saber?Yolanda, sin salir de su asombro, finalmente preguntó:—¿Entonces qué es lo que quieres?Raúl, con una sonrisa que era difícil de descifrar, respondió:—¿No te has quedado satisfecha?Yolanda lo miró con incredulidad.—¿Otra vez?Antes de que pudiera procesar sus palabras, Raúl ya había sujetado su cintura con firmeza, llevándola de nuevo a la cama.En ese momento, Yolanda sintió como si todo su ser hubiera sido despojado de fuerzas, quedando completamente a merced de Raúl.En medio de ese torbellino de emociones, mordió el cuello de Raúl, buscando anclarse a algo tangible.Aquella noche, Yolanda fue devorada, absorbida y atrapada en un abismo del que parecía imposible salir. Solo un pensamiento cruzaba su mente: Raúl era demasiado intenso......Después de terminar, Raúl se adentró al baño.La imagen de su figura esbelta se reflejaba en el cristal transparente, y el sonido del agua resonaba en el ambiente, haciendo que el rostro de Yolanda se sonrojara sin razón aparente.Sin atreverse a esperar más, se levantó con piernas temblorosas y se marchó rápidamente.Lo que Yolanda no sabía era que, justo cuando abrió la puerta, Raúl salió del baño envuelto en una toalla.Observando su apresurada huida, Raúl sonrió con un aire de misterio.¿Cómo había comenzado todo esto?Horas antes, mientras se llevaba un cigarro a la boca, una mujer empapada en alcohol lo había interceptado justo en la puerta del baño de hombres.Con una botella de vino vacía en la mano, la mujer alzó sus ojos vidriosos hacia él y dijo la primera cosa que le vino a la mente:—Tus labios... parecen muy tentadores para besar.Raúl sonrió y, dejando un encendedor en su mano, alzó ligeramente el mentón.—¿Quieres probarlos?El alcohol había nublado la mente de Yolanda, dejándola aturdida por unos segundos. Mientras trataba de entender el significado de lo que él había dicho, el encendedor ya estaba en su palma.El metal aún guardaba el calor del contacto de Raúl, y en ese instante, sus miradas se encontraron de nuevo.—¿Sabes encenderlo? —preguntó él.Como si estuviera en un trance, Yolanda intentó varias veces, pero solo logró sacar algunas chispas.Estaban tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.De repente, él sujetó su muñeca, levantando su brazo sobre su cabeza.—No hace falta encenderlo.Ante su confusión, Raúl acarició suavemente su espalda desnuda.—Ya está encendido.Justo en ese momento, Raúl estaba sumido en sus pensamientos cuando su amigo Fabián Báez entró al cuarto.Al ver el estado de la habitación, Fabián hizo un gesto de asombro. —¡Vaya, Raúl! Cuatro horas y once minutos, ¡eso es impresionante!Raúl le lanzó una mirada de soslayo. —Solo fue lo de siempre, guardando energías.Fabián le devolvió la mirada con una sonrisa burlona. —No te hagas, ¿ya te estás comiendo la fruta prohibida? ¿Acaso el sabor es diferente?Raúl se acomodó en el sofá, sacó un cigarro de la cajetilla y, al escuchar esas palabras, su tono se volvió cortante. —¿La fruta prohibida? ¿De qué hablas?Con una sonrisa pícara, Fabián agregó: —Esa que acaba de salir de tu cuarto, ¿no es la prometida de tu sobrino Emanuel?Raúl jugueteó con el encendedor y, con un chasquido, una llama iluminó su rostro. La luz del fuego resaltó su expresión de misterio y peligro. Con el cigarro entre los labios, miró a Fabián con calma. —¿Emanuel tiene prometida? No me había enterado.—¿Será que me equivoqué de persona? —Fabián se rascó la cabeza y, tras observar a Raúl con atención, comprendió algo. —Ah, Raúl, eres todo un enigma.Raúl entrecerró los ojos, exhaló una bocanada de humo que difuminó su expresión......Por otro lado, Yolanda llegó a casa y se desplomó en la cama para dormir.Al despertar, ya era de día. Instintivamente, miró su celular y encontró un mensaje desconocido: [¿Por qué huyes tan rápido, temes que te devore?]Yolanda se quedó sin palabras. No hacía falta adivinar de quién era el mensaje. Las imágenes de la noche anterior regresaron a su mente, haciendo que su rostro se pusiera rojo de inmediato.Jamás imaginó que Raúl conseguiría su número tan rápido y, encima, le enviaría un mensaje tan sugerente.Sin responder, borró el mensaje junto con el número.La noche anterior había sido un accidente; si no fuera por el alcohol, jamás habría tenido contacto con el tío de Emanuel.Ese hombre era demasiado enigmático, y cuanto más misterioso, más peligroso.Además, no era alguien con quien ella pudiera involucrarse.Hace diez años, la familia Jaramillo quebró, su padre desapareció y su madre, tras llevarse los últimos veinte mil pesos de la familia, la dejó sola a los quince años para irse al extranjero.Yolanda, aún menor de edad, habría terminado en un orfanato si no fuera porque la familia de un amigo de su padre la adoptó.Su padre adoptivo, Bernardo Sandoval, tenía un hijo único y su esposa, Tina Sandoval, siempre había deseado tener una hija. Desde que adoptaron a Yolanda, la trataron como si fuera su propia hija.Sin embargo, en los últimos seis meses, la empresa de Bernardo enfrentó problemas financieros.Justo cuando Emanuel apareció como un salvador, ofreciendo un préstamo de tres millones, con la condición de que Yolanda se comprometiera con él.Emanuel estaba enamorado de Yolanda y la había cortejado públicamente durante un año, hasta el punto de que todos lo sabían.Para el resto del mundo, su compromiso era una historia romántica, pero nadie esperaba que la misma noche de la fiesta de compromiso, Emanuel se fuera con otra mujer.El enredo de su situación le quitaba el sueño a Yolanda, así que decidió no pensar más en ello. Después de arreglarse, se dirigió a su trabajo en el hospital.Yolanda era psicoterapeuta y tenía una cita a las nueve de la mañana. Con tiempo de sobra, aprovechó para pasar por el área de ginecología.La sala estaba abarrotada, con una larga fila de pacientes esperando. Al notar una oficina vacía, Yolanda tocó la puerta y entró.—Dr. Velásquez, tengo un malestar en el vientre, solo vengo por un poco de medicación.La placa en la puerta indicaba que el dueño del consultorio se apellidaba Velásquez, pero al entrar, se encontró con un rostro masculino.El hombre vestía una bata blanca, y al encontrarse sus miradas, Yolanda sintió que su respiración se detenía.Bajo sus cejas prominentes, los ojos del hombre eran profundos, y al verla, sus ojos se iluminaron con sorpresa.¿Era Raúl? ¿Qué hacía allí?Las imágenes de la noche anterior inundaron su mente, y su corazón dio un vuelco.¿Cómo podía ser posible una coincidencia así...?Capítulo 2En una habitación oscura de un hotel, las sombras de un hombre y una mujer se entrelazaban con una intimidad palpable.Yolanda Jaramillo era llevada por la pasión del hombre, respondiendo inconscientemente a su fervor. Sus dedos se aferraban con fuerza a su espalda, mientras un susurro suave escapaba de sus labios.—Me duele...El murmullo felino de Yolanda hizo que el corazón de Raúl Tames latiera con fuerza, sintiendo un escalofrío recorrer su columna. Se detuvo un momento, inclinándose para besar suavemente las lágrimas en el borde de sus ojos.Afuera, la lluvia caía con furia, las gotas resbalando por la ventana hasta el suelo, formando charcos. Yolanda no sabía cómo describir lo que sentía en ese instante; en sus veintitantos años, nunca había experimentado algo tan arrollador.Pasaron tres horas antes de que todo terminara, y para entonces, la tormenta había cesado.Luchando contra el cansancio, Yolanda tomó su celular y escribió rápidamente tres mensajes para la misma persona.[Recuerda comprar eso.][Ya estoy en la cama.][Ven rápido.]Estaba tan concentrada que no notó cómo Raúl, a su lado, desviaba la mirada de la pantalla iluminada de su teléfono.El hombre levantó una ceja, con sus ojos oscuros llenos de una chispa divertida. —¿Qué pasa? ¿No fue suficiente?Yolanda se quedó helada, tensando automáticamente las piernas.¿No fue suficiente?Imposible.Se sentía tan satisfecha que casi podía morir de felicidad.Con sus dedos pálidos aferrando las sábanas, Yolanda miró al hombre que yacía a su lado.La tenue luz del abajur iluminaba su rostro, y su belleza era tan perfecta que parecía esculpida por un artista divino.Al observar sus labios moverse, la mente de Yolanda se llenó con el recuerdo de cómo él la había besado apasionadamente.Su rostro aún conservaba el rubor de la reciente actividad, y al recordar, sentía que su cuerpo entero se incendiaba, sus mejillas ardiendo hasta las orejas.En ese momento, el sonido del teléfono rompió el silencio.Al ver quién llamaba, Yolanda dudó un instante, pero finalmente llevó el celular a su oído.Del otro lado, la voz apremiante de su prometido, Emanuel Ibarra, resonó a través del auricular: —Yoli, acabo de llegar a casa. ¿Dónde estás?—Estoy en un hotel —respondió Yolanda.Emanuel se quedó perplejo. —¿En un hotel? Dijiste que ya estabas en la cama. Yoli, ¿qué significa esto?¿Qué significa?Yolanda recordó la escena que había presenciado unas horas antes en el estacionamiento.Esa noche debía ser la de su compromiso con Emanuel.Sin embargo, después del banquete, lo había encontrado enredado con otra mujer dentro de un carro.La confianza que tenía en él se desmoronó por completo. Entonces, regresó a la fiesta y se bebió una botella entera de vino tinto.Impulsada por el alcohol, había tomado a un hombre al azar y lo había llevado al hotel.Pero una vez dentro de la habitación, la duda la invadió.Emanuel había sido capaz de traicionarla sin reparos durante su fiesta de compromiso, pero Yolanda no podía hacer lo mismo.Sin embargo, el hombre frente a ella no le dio tiempo para arrepentirse. Al entrar, la acorraló en el vestíbulo, sus manos firmes sujetando su cintura, llenándola de besos que la dejaron sin aliento.No tuvo oportunidad de rechazarlo.La mente de Yolanda se quedó en blanco. Se vio reflejada en el espejo, sus movimientos sensuales, susurros de pasión... todo fluyó con naturalidad.Al terminar, una extraña sensación de justicia se apoderó de ella, y de ahí surgieron los tres mensajes para Emanuel.En la línea, Emanuel seguía insultándola, y Yolanda, finalmente, volvió en sí.Mantuvo su voz serena y distante. —Lo siento, parece que envié los mensajes equivocados.Emanuel se quedó perplejo. —¿Qué? ¿A quién le enviaste esos mensajes? ¡Yolanda, ¿con quién estás? ¿Te atreves a traicionarme? ¡Te ordeno que no lo hagas, ¿entendiste?!Ignorando las injurias de Emanuel, Yolanda colgó con un firme golpe.Sin saber que...Raúl, que había escuchado todo en la pequeña habitación, soltó una risa baja. Sus ojos profundos se posaron en Yolanda, sus pupilas brillando con un destello que ella no pudo descifrar.Yolanda se sintió incómoda, como si hubiera estado bajo la mirada de Raúl todo el tiempo.Bajó la mirada, preparándose para escabullirse en silencio.Pero entonces...La voz clara y magnética de Raúl resonó a sus espaldas. —¿Te vas sin siquiera despedirte?—¿Cuñada? ¿Yo?Yolanda sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras su rostro se tornaba pálido como la nieve. El hombre que no había dejado de acosarla desde que cruzó la puerta, resultaba ser el tío menor de su prometido Emanuel.—¿Tú... tú eres Raúl?Raúl la observó detenidamente durante lo que pareció una eternidad, su mirada se volvió intensa y enigmática.—¿No me reconoces?Sí, lo reconocía. Pero era como si lo conociera y no al mismo tiempo.Raúl siempre había sido una especie de fantasma en la familia Tames, viviendo en el extranjero y nunca apareciendo en las reuniones familiares. Yolanda solo sabía de él por su nombre...Sin embargo, si Raúl sabía quién era ella, ¿por qué había actuado de esa manera?Yolanda apretó los puños con fuerza, sus nudillos se pusieron blancos. Quería preguntar, pero la vergüenza le impedía articular palabra.Después de un momento de silencio, dijo:—Lo de esta noche, lo olvidaré.Raúl, recostado con indolencia en el cabecero de la cama, encendió un cigarro con una pausa deliberada. Tras darle una calada, la miró de reojo y dejó caer una bomba en forma de palabras:—¿Así que te parece bien dejarlo así después de haberme llevado a la cama?Yolanda, atónita, solo pudo responder con un silencio perplejo.Raúl, con un gesto casual, bajó un poco la sábana, mostrando las marcas de dientes en su pecho.—Aunque, bueno, no es gran cosa que me hayas llevado a la cama, pero siendo un hombre, ¿no crees que podría salir perdiendo si se llega a saber?Yolanda, sin salir de su asombro, finalmente preguntó:—¿Entonces qué es lo que quieres?Raúl, con una sonrisa que era difícil de descifrar, respondió:—¿No te has quedado satisfecha?Yolanda lo miró con incredulidad.—¿Otra vez?Antes de que pudiera procesar sus palabras, Raúl ya había sujetado su cintura con firmeza, llevándola de nuevo a la cama.En ese momento, Yolanda sintió como si todo su ser hubiera sido despojado de fuerzas, quedando completamente a merced de Raúl.En medio de ese torbellino de emociones, mordió el cuello de Raúl, buscando anclarse a algo tangible.Aquella noche, Yolanda fue devorada, absorbida y atrapada en un abismo del que parecía imposible salir. Solo un pensamiento cruzaba su mente: Raúl era demasiado intenso......Después de terminar, Raúl se adentró al baño.La imagen de su figura esbelta se reflejaba en el cristal transparente, y el sonido del agua resonaba en el ambiente, haciendo que el rostro de Yolanda se sonrojara sin razón aparente.Sin atreverse a esperar más, se levantó con piernas temblorosas y se marchó rápidamente.Lo que Yolanda no sabía era que, justo cuando abrió la puerta, Raúl salió del baño envuelto en una toalla.Observando su apresurada huida, Raúl sonrió con un aire de misterio.¿Cómo había comenzado todo esto?Horas antes, mientras se llevaba un cigarro a la boca, una mujer empapada en alcohol lo había interceptado justo en la puerta del baño de hombres.Con una botella de vino vacía en la mano, la mujer alzó sus ojos vidriosos hacia él y dijo la primera cosa que le vino a la mente:—Tus labios... parecen muy tentadores para besar.Raúl sonrió y, dejando un encendedor en su mano, alzó ligeramente el mentón.—¿Quieres probarlos?El alcohol había nublado la mente de Yolanda, dejándola aturdida por unos segundos. Mientras trataba de entender el significado de lo que él había dicho, el encendedor ya estaba en su palma.El metal aún guardaba el calor del contacto de Raúl, y en ese instante, sus miradas se encontraron de nuevo.—¿Sabes encenderlo? —preguntó él.Como si estuviera en un trance, Yolanda intentó varias veces, pero solo logró sacar algunas chispas.Estaban tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.De repente, él sujetó su muñeca, levantando su brazo sobre su cabeza.—No hace falta encenderlo.Ante su confusión, Raúl acarició suavemente su espalda desnuda.—Ya está encendido.Justo en ese momento, Raúl estaba sumido en sus pensamientos cuando su amigo Fabián Báez entró al cuarto.Al ver el estado de la habitación, Fabián hizo un gesto de asombro. —¡Vaya, Raúl! Cuatro horas y once minutos, ¡eso es impresionante!Raúl le lanzó una mirada de soslayo. —Solo fue lo de siempre, guardando energías.Fabián le devolvió la mirada con una sonrisa burlona. —No te hagas, ¿ya te estás comiendo la fruta prohibida? ¿Acaso el sabor es diferente?Raúl se acomodó en el sofá, sacó un cigarro de la cajetilla y, al escuchar esas palabras, su tono se volvió cortante. —¿La fruta prohibida? ¿De qué hablas?Con una sonrisa pícara, Fabián agregó: —Esa que acaba de salir de tu cuarto, ¿no es la prometida de tu sobrino Emanuel?Raúl jugueteó con el encendedor y, con un chasquido, una llama iluminó su rostro. La luz del fuego resaltó su expresión de misterio y peligro. Con el cigarro entre los labios, miró a Fabián con calma. —¿Emanuel tiene prometida? No me había enterado.—¿Será que me equivoqué de persona? —Fabián se rascó la cabeza y, tras observar a Raúl con atención, comprendió algo. —Ah, Raúl, eres todo un enigma.Raúl entrecerró los ojos, exhaló una bocanada de humo que difuminó su expresión......Por otro lado, Yolanda llegó a casa y se desplomó en la cama para dormir.Al despertar, ya era de día. Instintivamente, miró su celular y encontró un mensaje desconocido: [¿Por qué huyes tan rápido, temes que te devore?]Yolanda se quedó sin palabras. No hacía falta adivinar de quién era el mensaje. Las imágenes de la noche anterior regresaron a su mente, haciendo que su rostro se pusiera rojo de inmediato.Jamás imaginó que Raúl conseguiría su número tan rápido y, encima, le enviaría un mensaje tan sugerente.Sin responder, borró el mensaje junto con el número.La noche anterior había sido un accidente; si no fuera por el alcohol, jamás habría tenido contacto con el tío de Emanuel.Ese hombre era demasiado enigmático, y cuanto más misterioso, más peligroso.Además, no era alguien con quien ella pudiera involucrarse.Hace diez años, la familia Jaramillo quebró, su padre desapareció y su madre, tras llevarse los últimos veinte mil pesos de la familia, la dejó sola a los quince años para irse al extranjero.Yolanda, aún menor de edad, habría terminado en un orfanato si no fuera porque la familia de un amigo de su padre la adoptó.Su padre adoptivo, Bernardo Sandoval, tenía un hijo único y su esposa, Tina Sandoval, siempre había deseado tener una hija. Desde que adoptaron a Yolanda, la trataron como si fuera su propia hija.Sin embargo, en los últimos seis meses, la empresa de Bernardo enfrentó problemas financieros.Justo cuando Emanuel apareció como un salvador, ofreciendo un préstamo de tres millones, con la condición de que Yolanda se comprometiera con él.Emanuel estaba enamorado de Yolanda y la había cortejado públicamente durante un año, hasta el punto de que todos lo sabían.Para el resto del mundo, su compromiso era una historia romántica, pero nadie esperaba que la misma noche de la fiesta de compromiso, Emanuel se fuera con otra mujer.El enredo de su situación le quitaba el sueño a Yolanda, así que decidió no pensar más en ello. Después de arreglarse, se dirigió a su trabajo en el hospital.Yolanda era psicoterapeuta y tenía una cita a las nueve de la mañana. Con tiempo de sobra, aprovechó para pasar por el área de ginecología.La sala estaba abarrotada, con una larga fila de pacientes esperando. Al notar una oficina vacía, Yolanda tocó la puerta y entró.—Dr. Velásquez, tengo un malestar en el vientre, solo vengo por un poco de medicación.La placa en la puerta indicaba que el dueño del consultorio se apellidaba Velásquez, pero al entrar, se encontró con un rostro masculino.El hombre vestía una bata blanca, y al encontrarse sus miradas, Yolanda sintió que su respiración se detenía.Bajo sus cejas prominentes, los ojos del hombre eran profundos, y al verla, sus ojos se iluminaron con sorpresa.¿Era Raúl? ¿Qué hacía allí?Las imágenes de la noche anterior inundaron su mente, y su corazón dio un vuelco.¿Cómo podía ser posible una coincidencia así...?Capítulo 3En una habitación oscura de un hotel, las sombras de un hombre y una mujer se entrelazaban con una intimidad palpable.Yolanda Jaramillo era llevada por la pasión del hombre, respondiendo inconscientemente a su fervor. Sus dedos se aferraban con fuerza a su espalda, mientras un susurro suave escapaba de sus labios.—Me duele...El murmullo felino de Yolanda hizo que el corazón de Raúl Tames latiera con fuerza, sintiendo un escalofrío recorrer su columna. Se detuvo un momento, inclinándose para besar suavemente las lágrimas en el borde de sus ojos.Afuera, la lluvia caía con furia, las gotas resbalando por la ventana hasta el suelo, formando charcos. Yolanda no sabía cómo describir lo que sentía en ese instante; en sus veintitantos años, nunca había experimentado algo tan arrollador.Pasaron tres horas antes de que todo terminara, y para entonces, la tormenta había cesado.Luchando contra el cansancio, Yolanda tomó su celular y escribió rápidamente tres mensajes para la misma persona.[Recuerda comprar eso.][Ya estoy en la cama.][Ven rápido.]Estaba tan concentrada que no notó cómo Raúl, a su lado, desviaba la mirada de la pantalla iluminada de su teléfono.El hombre levantó una ceja, con sus ojos oscuros llenos de una chispa divertida. —¿Qué pasa? ¿No fue suficiente?Yolanda se quedó helada, tensando automáticamente las piernas.¿No fue suficiente?Imposible.Se sentía tan satisfecha que casi podía morir de felicidad.Con sus dedos pálidos aferrando las sábanas, Yolanda miró al hombre que yacía a su lado.La tenue luz del abajur iluminaba su rostro, y su belleza era tan perfecta que parecía esculpida por un artista divino.Al observar sus labios moverse, la mente de Yolanda se llenó con el recuerdo de cómo él la había besado apasionadamente.Su rostro aún conservaba el rubor de la reciente actividad, y al recordar, sentía que su cuerpo entero se incendiaba, sus mejillas ardiendo hasta las orejas.En ese momento, el sonido del teléfono rompió el silencio.Al ver quién llamaba, Yolanda dudó un instante, pero finalmente llevó el celular a su oído.Del otro lado, la voz apremiante de su prometido, Emanuel Ibarra, resonó a través del auricular: —Yoli, acabo de llegar a casa. ¿Dónde estás?—Estoy en un hotel —respondió Yolanda.Emanuel se quedó perplejo. —¿En un hotel? Dijiste que ya estabas en la cama. Yoli, ¿qué significa esto?¿Qué significa?Yolanda recordó la escena que había presenciado unas horas antes en el estacionamiento.Esa noche debía ser la de su compromiso con Emanuel.Sin embargo, después del banquete, lo había encontrado enredado con otra mujer dentro de un carro.La confianza que tenía en él se desmoronó por completo. Entonces, regresó a la fiesta y se bebió una botella entera de vino tinto.Impulsada por el alcohol, había tomado a un hombre al azar y lo había llevado al hotel.Pero una vez dentro de la habitación, la duda la invadió.Emanuel había sido capaz de traicionarla sin reparos durante su fiesta de compromiso, pero Yolanda no podía hacer lo mismo.Sin embargo, el hombre frente a ella no le dio tiempo para arrepentirse. Al entrar, la acorraló en el vestíbulo, sus manos firmes sujetando su cintura, llenándola de besos que la dejaron sin aliento.No tuvo oportunidad de rechazarlo.La mente de Yolanda se quedó en blanco. Se vio reflejada en el espejo, sus movimientos sensuales, susurros de pasión... todo fluyó con naturalidad.Al terminar, una extraña sensación de justicia se apoderó de ella, y de ahí surgieron los tres mensajes para Emanuel.En la línea, Emanuel seguía insultándola, y Yolanda, finalmente, volvió en sí.Mantuvo su voz serena y distante. —Lo siento, parece que envié los mensajes equivocados.Emanuel se quedó perplejo. —¿Qué? ¿A quién le enviaste esos mensajes? ¡Yolanda, ¿con quién estás? ¿Te atreves a traicionarme? ¡Te ordeno que no lo hagas, ¿entendiste?!Ignorando las injurias de Emanuel, Yolanda colgó con un firme golpe.Sin saber que...Raúl, que había escuchado todo en la pequeña habitación, soltó una risa baja. Sus ojos profundos se posaron en Yolanda, sus pupilas brillando con un destello que ella no pudo descifrar.Yolanda se sintió incómoda, como si hubiera estado bajo la mirada de Raúl todo el tiempo.Bajó la mirada, preparándose para escabullirse en silencio.Pero entonces...La voz clara y magnética de Raúl resonó a sus espaldas. —¿Te vas sin siquiera despedirte?—¿Cuñada? ¿Yo?Yolanda sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras su rostro se tornaba pálido como la nieve. El hombre que no había dejado de acosarla desde que cruzó la puerta, resultaba ser el tío menor de su prometido Emanuel.—¿Tú... tú eres Raúl?Raúl la observó detenidamente durante lo que pareció una eternidad, su mirada se volvió intensa y enigmática.—¿No me reconoces?Sí, lo reconocía. Pero era como si lo conociera y no al mismo tiempo.Raúl siempre había sido una especie de fantasma en la familia Tames, viviendo en el extranjero y nunca apareciendo en las reuniones familiares. Yolanda solo sabía de él por su nombre...Sin embargo, si Raúl sabía quién era ella, ¿por qué había actuado de esa manera?Yolanda apretó los puños con fuerza, sus nudillos se pusieron blancos. Quería preguntar, pero la vergüenza le impedía articular palabra.Después de un momento de silencio, dijo:—Lo de esta noche, lo olvidaré.Raúl, recostado con indolencia en el cabecero de la cama, encendió un cigarro con una pausa deliberada. Tras darle una calada, la miró de reojo y dejó caer una bomba en forma de palabras:—¿Así que te parece bien dejarlo así después de haberme llevado a la cama?Yolanda, atónita, solo pudo responder con un silencio perplejo.Raúl, con un gesto casual, bajó un poco la sábana, mostrando las marcas de dientes en su pecho.—Aunque, bueno, no es gran cosa que me hayas llevado a la cama, pero siendo un hombre, ¿no crees que podría salir perdiendo si se llega a saber?Yolanda, sin salir de su asombro, finalmente preguntó:—¿Entonces qué es lo que quieres?Raúl, con una sonrisa que era difícil de descifrar, respondió:—¿No te has quedado satisfecha?Yolanda lo miró con incredulidad.—¿Otra vez?Antes de que pudiera procesar sus palabras, Raúl ya había sujetado su cintura con firmeza, llevándola de nuevo a la cama.En ese momento, Yolanda sintió como si todo su ser hubiera sido despojado de fuerzas, quedando completamente a merced de Raúl.En medio de ese torbellino de emociones, mordió el cuello de Raúl, buscando anclarse a algo tangible.Aquella noche, Yolanda fue devorada, absorbida y atrapada en un abismo del que parecía imposible salir. Solo un pensamiento cruzaba su mente: Raúl era demasiado intenso......Después de terminar, Raúl se adentró al baño.La imagen de su figura esbelta se reflejaba en el cristal transparente, y el sonido del agua resonaba en el ambiente, haciendo que el rostro de Yolanda se sonrojara sin razón aparente.Sin atreverse a esperar más, se levantó con piernas temblorosas y se marchó rápidamente.Lo que Yolanda no sabía era que, justo cuando abrió la puerta, Raúl salió del baño envuelto en una toalla.Observando su apresurada huida, Raúl sonrió con un aire de misterio.¿Cómo había comenzado todo esto?Horas antes, mientras se llevaba un cigarro a la boca, una mujer empapada en alcohol lo había interceptado justo en la puerta del baño de hombres.Con una botella de vino vacía en la mano, la mujer alzó sus ojos vidriosos hacia él y dijo la primera cosa que le vino a la mente:—Tus labios... parecen muy tentadores para besar.Raúl sonrió y, dejando un encendedor en su mano, alzó ligeramente el mentón.—¿Quieres probarlos?El alcohol había nublado la mente de Yolanda, dejándola aturdida por unos segundos. Mientras trataba de entender el significado de lo que él había dicho, el encendedor ya estaba en su palma.El metal aún guardaba el calor del contacto de Raúl, y en ese instante, sus miradas se encontraron de nuevo.—¿Sabes encenderlo? —preguntó él.Como si estuviera en un trance, Yolanda intentó varias veces, pero solo logró sacar algunas chispas.Estaban tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.De repente, él sujetó su muñeca, levantando su brazo sobre su cabeza.—No hace falta encenderlo.Ante su confusión, Raúl acarició suavemente su espalda desnuda.—Ya está encendido.Justo en ese momento, Raúl estaba sumido en sus pensamientos cuando su amigo Fabián Báez entró al cuarto.Al ver el estado de la habitación, Fabián hizo un gesto de asombro. —¡Vaya, Raúl! Cuatro horas y once minutos, ¡eso es impresionante!Raúl le lanzó una mirada de soslayo. —Solo fue lo de siempre, guardando energías.Fabián le devolvió la mirada con una sonrisa burlona. —No te hagas, ¿ya te estás comiendo la fruta prohibida? ¿Acaso el sabor es diferente?Raúl se acomodó en el sofá, sacó un cigarro de la cajetilla y, al escuchar esas palabras, su tono se volvió cortante. —¿La fruta prohibida? ¿De qué hablas?Con una sonrisa pícara, Fabián agregó: —Esa que acaba de salir de tu cuarto, ¿no es la prometida de tu sobrino Emanuel?Raúl jugueteó con el encendedor y, con un chasquido, una llama iluminó su rostro. La luz del fuego resaltó su expresión de misterio y peligro. Con el cigarro entre los labios, miró a Fabián con calma. —¿Emanuel tiene prometida? No me había enterado.—¿Será que me equivoqué de persona? —Fabián se rascó la cabeza y, tras observar a Raúl con atención, comprendió algo. —Ah, Raúl, eres todo un enigma.Raúl entrecerró los ojos, exhaló una bocanada de humo que difuminó su expresión......Por otro lado, Yolanda llegó a casa y se desplomó en la cama para dormir.Al despertar, ya era de día. Instintivamente, miró su celular y encontró un mensaje desconocido: [¿Por qué huyes tan rápido, temes que te devore?]Yolanda se quedó sin palabras. No hacía falta adivinar de quién era el mensaje. Las imágenes de la noche anterior regresaron a su mente, haciendo que su rostro se pusiera rojo de inmediato.Jamás imaginó que Raúl conseguiría su número tan rápido y, encima, le enviaría un mensaje tan sugerente.Sin responder, borró el mensaje junto con el número.La noche anterior había sido un accidente; si no fuera por el alcohol, jamás habría tenido contacto con el tío de Emanuel.Ese hombre era demasiado enigmático, y cuanto más misterioso, más peligroso.Además, no era alguien con quien ella pudiera involucrarse.Hace diez años, la familia Jaramillo quebró, su padre desapareció y su madre, tras llevarse los últimos veinte mil pesos de la familia, la dejó sola a los quince años para irse al extranjero.Yolanda, aún menor de edad, habría terminado en un orfanato si no fuera porque la familia de un amigo de su padre la adoptó.Su padre adoptivo, Bernardo Sandoval, tenía un hijo único y su esposa, Tina Sandoval, siempre había deseado tener una hija. Desde que adoptaron a Yolanda, la trataron como si fuera su propia hija.Sin embargo, en los últimos seis meses, la empresa de Bernardo enfrentó problemas financieros.Justo cuando Emanuel apareció como un salvador, ofreciendo un préstamo de tres millones, con la condición de que Yolanda se comprometiera con él.Emanuel estaba enamorado de Yolanda y la había cortejado públicamente durante un año, hasta el punto de que todos lo sabían.Para el resto del mundo, su compromiso era una historia romántica, pero nadie esperaba que la misma noche de la fiesta de compromiso, Emanuel se fuera con otra mujer.El enredo de su situación le quitaba el sueño a Yolanda, así que decidió no pensar más en ello. Después de arreglarse, se dirigió a su trabajo en el hospital.Yolanda era psicoterapeuta y tenía una cita a las nueve de la mañana. Con tiempo de sobra, aprovechó para pasar por el área de ginecología.La sala estaba abarrotada, con una larga fila de pacientes esperando. Al notar una oficina vacía, Yolanda tocó la puerta y entró.—Dr. Velásquez, tengo un malestar en el vientre, solo vengo por un poco de medicación.La placa en la puerta indicaba que el dueño del consultorio se apellidaba Velásquez, pero al entrar, se encontró con un rostro masculino.El hombre vestía una bata blanca, y al encontrarse sus miradas, Yolanda sintió que su respiración se detenía.Bajo sus cejas prominentes, los ojos del hombre eran profundos, y al verla, sus ojos se iluminaron con sorpresa.¿Era Raúl? ¿Qué hacía allí?Las imágenes de la noche anterior inundaron su mente, y su corazón dio un vuelco.¿Cómo podía ser posible una coincidencia así...?