Capítulo 1—Manolo Fajardo volvió.Berta Montes estaba conectada al suero, apenas desbloqueó el celular y ya le llegó un mensaje de su mejor amiga.Se quedó en silencio unos segundos.Habían pasado un mes en plena guerra fría, casi no cruzaron palabra ella y Manolo.Ni siquiera se había enterado de que él ya estaba de regreso.Enseguida, apareció otra notificación en la pantalla:—Esta vez no vino solo, se trajo a una chavita.Debajo, una foto.La chica de la imagen tenía cierto parecido con Berta. No era coincidencia.Paloma Montes.Su media hermana, la hija menor que mandaron a criar al pueblo.Su amiga no dejaba de escribir:—La familia Montes va a hacerles una fiesta de bienvenida, Berta, ¿te animas a ir a armar un escándalo?Berta nunca se quedaba atrás. Si Manolo se atrevía a hacerle una, ella podía regresarle el doble.Eso de poner en su sitio a la familia Montes no era algo imposible para ella.Berta miró la aguja en su mano.Llevaba tres días con fiebre, el dorso de la mano hinchado y enrojecido por el suero.¿Y todavía le quedaban ganas de ir a pelear?—No voy.Respondió el mensaje y cerró los ojos para dormir un rato....Cerca de las diez de la noche, Berta tomó un carro de regreso a Villas del Parque. Llevaba días sintiéndose mal, el cuerpo le pesaba tanto que volvió a quedarse dormida apenas llegó.Pero el sueño fue inquieto. A mitad de la noche, escuchó la puerta y supo que Manolo había vuelto.—¿Te desperté?Manolo entró arremangado, con el saco en la mano, impecable como siempre. La luz tenue del cuarto hacía que su piel clara resaltara aún más, dándole ese aire distante que lo acompañaba cada vez que estaba cerca de ella. La miraba desde arriba, indiferente, como si nada lo tocara.Pero su voz era esa de siempre, grave, casi hipnotizante.—No.Berta contestó con la voz ronca, todavía medio dormida, y explicó con pereza:—Tomé medicina, por eso dormí mal.—¿Estás enferma?Frunció el ceño, mirándola sin mucho interés.Berta soltó una sonrisita.Había estado mal varios días. Cuando al principio se sintió débil, hasta le mandó mensaje avisándole; pero claro, él actuaba como si se enterara en ese momento.Sirvió dos vasos de agua, le pasó uno y preguntó sin mucho ánimo:—¿Cómo te va con lo de Esmeralda Costera? Javier me dijo que estaba complicado, tú…La garganta le ardía y, en el fondo, tampoco quería platicar demasiado.Pero después de casi dos meses sin verse, alguien tenía que ceder un poco.No alcanzó a terminar la frase porque Manolo la interrumpió de golpe:—Divorciémonos.Berta se quedó congelada, sintió que el vaso se le resbalaba entre los dedos.La garganta se le cerró aún más.Manolo no agregó nada, solo dijo sin emoción:—Pide lo que quieras, no pienso dejarte sin nada.A Berta le tembló el corazón por un instante, pero pronto se recompuso.—Si lo haces solo por lo de hace dos meses, por ir a buscar a Paloma, podemos hablarlo.—No es eso.La miró fijo, siempre con ese tono impasible:—Berta, este matrimonio nunca fue por amor. No tiene sentido seguir fingiendo.El compromiso entre la familia Fajardo y la familia Montes nunca fue algo que Manolo deseara.Nunca quiso casarse con la señorita Berta.Al final, una noche inesperada lo obligó a hacerse responsable.Berta bajó la mirada y respondió despacio:—Está bien. Solo quiero la casa de Jardines de Altamira, y después del divorcio, no voy a renunciar a mi trabajo.Esa casa era lo único que su mamá le había dejado, aunque con el tiempo acabó en manos de los Fajardo y terminó como parte de su dote.En cuanto a su carrera…Llevaba cuatro años trabajando en el Grupo Fajardo.No iba a dejar que el divorcio borrara todo lo que había logrado.Manolo no discutió, solo la observó:—De acuerdo. ¿Algo más?—Nada más.Berta negó con la cabeza.—Si te incomoda, me puedo mudar mañana mismo.Manolo pareció sorprendido por su actitud, habló seco:—Berta, ¿estás segura de esto? Después del divorcio, no quiero que sigamos en contacto.—No te preocupes —contestó ella con una sonrisa fingida.Manolo iba a decir algo más, pero el celular sonó. Contestó enseguida.No pasó mucho y terminó la llamada. Se giró hacia Berta:—Tengo que salir. El abogado te contactará para lo del divorcio.Salió sin mirar atrás.Berta se quedó sola, y a los pocos minutos, el celular vibró otra vez.[En tendencia: Manolo Fajardo y Paloma Montes juntos esta noche.]Dicen que el destino es caprichoso, y el de Berta no fue la excepción.Desde el principio, su mamá no toleraba ni una pizca de traición. Cuando se enteró de la existencia de Paloma, obligó a su papá a mandarla lejos, a un pueblo perdido.Menos de dos años después de la muerte de su mamá, su papá volvió a casarse. Así, Berta, la “señorita Berta”, se convirtió en el hazmerreír de todos, y Paloma regresó de aquel pueblo.Las vueltas de la vida son así: nadie se habría imaginado que Paloma terminaría siendo el amor imposible de la juventud de Manolo....Cuando por fin despertó, ya era mediodía del día siguiente.La gripe se le había aliviado bastante, y el abogado le entregó los papeles del divorcio junto con una última revisión de la repartición de bienes.Manolo no la había dejado en la calle.Además de la casa, le quedaban varios inmuebles dispersos.—Señorita Berta, si está de acuerdo con todo, por favor firme aquí.Berta asintió, sin titubeos, y estampó su firma de inmediato.El asunto de la boda todavía tendría que esperar un par de días.Manolo andaba tan ocupado que ni siquiera se dejaba ver. Berta solo pudo pedirle al abogado:—Si Manolo tiene un espacio, dígale que por favor apure lo de la boda. Entre más rápido, mejor para todos.En cuanto terminó con el divorcio, Berta se mudó de la casa donde habían vivido como esposos.El día de la mudanza, Gabriela se enteró de la separación y la invitó a una merienda.—¿Sabías lo de Paloma, verdad? Cuando tu mamá la sacó de la casa, la mandaron al pueblo y allá se la pasó estudiando hasta que logró entrar a la universidad. Fue cuando Manolo fue a dar una conferencia a la Universidad de La Perla del Pacífico que la volvió a ver.Gabriela torció la boca y soltó una risa sarcástica.—Dicen que Paloma admira mucho a Manolo. La chava es aplicada, echa ganas… Tu papá está más que feliz queriendo juntarlos. Pero a mí me queda la duda: ¿cómo alguien tan luchón no se da cuenta que meterse en una relación ajena está mal?Gabriela siempre defendía a los suyos y detestaba a quienes sabiendo todo, aun así se metían con alguien comprometido.Y peor todavía si se trataba de una hija fuera del matrimonio, como Paloma. Eso sí que le repateaba.A Berta, en cambio, todo eso le resbalaba.—Eso ya quedó atrás. Ya nos separamos. Ni siquiera se puede decir que se metió en mi relación —sonrió, aunque en el fondo tenía un revoltijo de sentimientos—. Además, entre Manolo y yo no había amor.Bajó la mirada, recordando la primera vez que vio a Manolo.Fue en el primer año después de la muerte de su mamá. Después de arruinarle el contrato a Julián Montes, arrastró a Gabriela para celebrar.En la fiesta, se aferró a un tipo guapo y no lo soltó en toda la noche.Ambos habían tomado de más y, entre la neblina del alcohol, terminaron juntos.Solo después supo que ese tipo era Manolo, su prometido.Dicen que él nunca había querido casarse con ella.Pero, al despertar, Manolo la miró con esos ojos profundos y le dijo, con voz neutral:—Berta, yo me hago responsable. ¿Y tú?Le propuso casarse.Berta lo miró directo a los ojos.Fue una de las pocas veces que se dejó llevar por la emoción.Respondió despacio:—Está bien.La verdad, Manolo no tenía nada de malo.No la amaba, pero tampoco era un mujeriego. Siempre se mostró tranquilo, atento y amable.Incluso en la cama se entendían.Todo siguió así, hasta que, dos meses atrás, Manolo se reencontró con Paloma en la Universidad de La Perla del Pacífico.Gabriela miró a Berta, sintiéndose impotente. Berta no decía nada, pero ella sabía.Con ese carácter, si Berta no hubiera sentido algo, no habría aguantado tanto tiempo.—Berta, ¿por qué no regresas a Inversiones La Montaña? No tienes por qué seguir aguantando en el Grupo Fajardo. Solo de pensar en esos dos, me da náusea.Berta nunca había sido de dejarse pisotear. Cuando su mamá, Fernanda, murió, tomó la herencia y fundó Inversiones La Montaña para enfrentarse a la familia Montes.Solo que en los últimos dos años, dejó la empresa en manos de Rubén, el mejor amigo de su mamá, y hacia afuera todos creían que la empresa era de él.—Una cosa es el matrimonio y otra la chamba —contestó Berta, sin alterarse—. No voy a dejarlo todo solo por un fracaso sentimental.Así pensaba Berta.Manolo también se lo había prometido.Pero al día siguiente, al volver a la oficina, se enteró de que ya no estaba en el área de Paloma. Ahora le tocaba ser la señorita Berta… del departamento de proyectos.Berta pidió una semana de incapacidad y, en cuanto se recuperó, regresó a la empresa.Fue entonces que se enteró de la noticia del cambio de puesto.Un compañero se le acercó con ese tono de chisme que nunca falta:—Señorita Berta, ¿usted todavía no sabe? Llegó una secretaria nueva a la empresa, también se apellida Montes. Pero la muchachita es otra cosa, ¿eh?Berta se quedó unos segundos en shock.¿Manolo de verdad había traído a Paloma para que trabajara a su lado?No había pasado ni media hora cuando Manolo la mandó llamar a la oficina del director....Adentro, Manolo la miró con ese aire distante que usaba cuando se trataba de trabajo:—Ya que decidiste quedarte en la empresa, el puesto de secretaria personal no es para ti. El gerente del departamento de proyectos se fue a la sucursal, así que justo hay una vacante.Berta entendió en el acto.Manolo siempre sabía separar las cosas.Jamás permitiría que ella, su exsecretaria, le causara a Paloma algún tipo de incomodidad.En el fondo, no era que valorara tanto sus capacidades, sino que no quería provocar ningún malentendido con Paloma.—Está bien —aceptó Berta sin mostrar emoción.Manolo frunció el ceño y la detuvo cuando ya estaba por salir:—Paloma acaba de graduarse, todavía le falta experiencia. Ayúdala y oriéntala.Berta no se negó.De cualquier manera, el traspaso de tareas en la empresa requería tiempo, y esa era una responsabilidad que debía asumir....Cuando bajaba por las escaleras, se cruzó con Paloma.La muchacha, tan nueva en el trabajo, había caído en la típica broma y terminó cargando más de diez vasos de café para “consentir” a los veteranos de la oficina.Iba y venía apurada, con una gota de sudor en la frente y una expresión entre nerviosa y dócil.Al verla, Paloma se detuvo, confundida por un momento.—He... —se corrigió enseguida—. Señorita Berta...Berta la miró de arriba abajo y le soltó una advertencia con el ceño arrugado:—Tú estás aquí para ser la secretaria de Manolo, no para hacer mandados ni cargar café para todos. Deja esas bebidas de una vez y ven conmigo.Paloma se puso pálida al instante.Pero obedeció, dejó los cafés sobre una mesa y la siguió sin rechistar.Los demás en la oficina, al ver la escena, se calmaron de inmediato.Berta no tenía intención de ponerle la vida imposible a la chiquilla. Aunque volvieran a mandar a Paloma al pueblo, su mamá ya no reviviría.Además, antes de morir, su madre ya ni tenía fuerzas para pelearse con la familia Montes.—Aquí tienes los archivos recientes, estos son los pendientes de Manolo y su agenda para los próximos días.Berta le explicó mientras organizaba unos papeles:—En horario de trabajo, trata de no usar accesorios molestos, salvo que sea para algún evento social. En el trabajo de secretaria, lo más importante es estar lista para cualquier cosa y reaccionar rápido.Paloma parpadeó, sonrojada:—¿Ni esto puedo usar, señorita Berta? Este collar me lo regaló Manolo. Me gusta mucho, ¿no puedo traerlo puesto?La mirada de Berta se posó en el collar de Paloma y se quedó callada un momento.Ese collar le había gustado desde hacía tiempo.En una ocasión, Manolo le preguntó sin mucho interés:—¿A las muchachas les gustan ese tipo de collares?Así que era para Paloma.—Haz lo que quieras.Berta bajó la mirada, escondiendo lo que sentía, y su voz sonó lejana:—Solo que no te distraiga del trabajo.Paloma le sonrió, dulce, y no insistió.Berta le mostró a Paloma lo básico del trabajo. Cuando terminaron, Paloma la llamó antes de que se fuera.—¿Hermana, no te caigo bien? ¿Es por Manolo?Berta la miró de reojo.Paloma sostuvo la mirada y sonrió con ternura:—El amor es complicado, no siempre hay buenos y malos. Cuando mis papás estaban juntos también era así. Hermana, pase lo que pase, yo sí quiero ser tu amiga...—Paloma...Berta la interrumpió, levantando la mirada y con tono seco:—Los sentimientos siempre tienen límites, si no, tú nunca habrías terminado en el pueblo. Haz bien tu trabajo y no creas que los demás somos ingenuos.Capítulo 2—Manolo Fajardo volvió.Berta Montes estaba conectada al suero, apenas desbloqueó el celular y ya le llegó un mensaje de su mejor amiga.Se quedó en silencio unos segundos.Habían pasado un mes en plena guerra fría, casi no cruzaron palabra ella y Manolo.Ni siquiera se había enterado de que él ya estaba de regreso.Enseguida, apareció otra notificación en la pantalla:—Esta vez no vino solo, se trajo a una chavita.Debajo, una foto.La chica de la imagen tenía cierto parecido con Berta. No era coincidencia.Paloma Montes.Su media hermana, la hija menor que mandaron a criar al pueblo.Su amiga no dejaba de escribir:—La familia Montes va a hacerles una fiesta de bienvenida, Berta, ¿te animas a ir a armar un escándalo?Berta nunca se quedaba atrás. Si Manolo se atrevía a hacerle una, ella podía regresarle el doble.Eso de poner en su sitio a la familia Montes no era algo imposible para ella.Berta miró la aguja en su mano.Llevaba tres días con fiebre, el dorso de la mano hinchado y enrojecido por el suero.¿Y todavía le quedaban ganas de ir a pelear?—No voy.Respondió el mensaje y cerró los ojos para dormir un rato....Cerca de las diez de la noche, Berta tomó un carro de regreso a Villas del Parque. Llevaba días sintiéndose mal, el cuerpo le pesaba tanto que volvió a quedarse dormida apenas llegó.Pero el sueño fue inquieto. A mitad de la noche, escuchó la puerta y supo que Manolo había vuelto.—¿Te desperté?Manolo entró arremangado, con el saco en la mano, impecable como siempre. La luz tenue del cuarto hacía que su piel clara resaltara aún más, dándole ese aire distante que lo acompañaba cada vez que estaba cerca de ella. La miraba desde arriba, indiferente, como si nada lo tocara.Pero su voz era esa de siempre, grave, casi hipnotizante.—No.Berta contestó con la voz ronca, todavía medio dormida, y explicó con pereza:—Tomé medicina, por eso dormí mal.—¿Estás enferma?Frunció el ceño, mirándola sin mucho interés.Berta soltó una sonrisita.Había estado mal varios días. Cuando al principio se sintió débil, hasta le mandó mensaje avisándole; pero claro, él actuaba como si se enterara en ese momento.Sirvió dos vasos de agua, le pasó uno y preguntó sin mucho ánimo:—¿Cómo te va con lo de Esmeralda Costera? Javier me dijo que estaba complicado, tú…La garganta le ardía y, en el fondo, tampoco quería platicar demasiado.Pero después de casi dos meses sin verse, alguien tenía que ceder un poco.No alcanzó a terminar la frase porque Manolo la interrumpió de golpe:—Divorciémonos.Berta se quedó congelada, sintió que el vaso se le resbalaba entre los dedos.La garganta se le cerró aún más.Manolo no agregó nada, solo dijo sin emoción:—Pide lo que quieras, no pienso dejarte sin nada.A Berta le tembló el corazón por un instante, pero pronto se recompuso.—Si lo haces solo por lo de hace dos meses, por ir a buscar a Paloma, podemos hablarlo.—No es eso.La miró fijo, siempre con ese tono impasible:—Berta, este matrimonio nunca fue por amor. No tiene sentido seguir fingiendo.El compromiso entre la familia Fajardo y la familia Montes nunca fue algo que Manolo deseara.Nunca quiso casarse con la señorita Berta.Al final, una noche inesperada lo obligó a hacerse responsable.Berta bajó la mirada y respondió despacio:—Está bien. Solo quiero la casa de Jardines de Altamira, y después del divorcio, no voy a renunciar a mi trabajo.Esa casa era lo único que su mamá le había dejado, aunque con el tiempo acabó en manos de los Fajardo y terminó como parte de su dote.En cuanto a su carrera…Llevaba cuatro años trabajando en el Grupo Fajardo.No iba a dejar que el divorcio borrara todo lo que había logrado.Manolo no discutió, solo la observó:—De acuerdo. ¿Algo más?—Nada más.Berta negó con la cabeza.—Si te incomoda, me puedo mudar mañana mismo.Manolo pareció sorprendido por su actitud, habló seco:—Berta, ¿estás segura de esto? Después del divorcio, no quiero que sigamos en contacto.—No te preocupes —contestó ella con una sonrisa fingida.Manolo iba a decir algo más, pero el celular sonó. Contestó enseguida.No pasó mucho y terminó la llamada. Se giró hacia Berta:—Tengo que salir. El abogado te contactará para lo del divorcio.Salió sin mirar atrás.Berta se quedó sola, y a los pocos minutos, el celular vibró otra vez.[En tendencia: Manolo Fajardo y Paloma Montes juntos esta noche.]Dicen que el destino es caprichoso, y el de Berta no fue la excepción.Desde el principio, su mamá no toleraba ni una pizca de traición. Cuando se enteró de la existencia de Paloma, obligó a su papá a mandarla lejos, a un pueblo perdido.Menos de dos años después de la muerte de su mamá, su papá volvió a casarse. Así, Berta, la “señorita Berta”, se convirtió en el hazmerreír de todos, y Paloma regresó de aquel pueblo.Las vueltas de la vida son así: nadie se habría imaginado que Paloma terminaría siendo el amor imposible de la juventud de Manolo....Cuando por fin despertó, ya era mediodía del día siguiente.La gripe se le había aliviado bastante, y el abogado le entregó los papeles del divorcio junto con una última revisión de la repartición de bienes.Manolo no la había dejado en la calle.Además de la casa, le quedaban varios inmuebles dispersos.—Señorita Berta, si está de acuerdo con todo, por favor firme aquí.Berta asintió, sin titubeos, y estampó su firma de inmediato.El asunto de la boda todavía tendría que esperar un par de días.Manolo andaba tan ocupado que ni siquiera se dejaba ver. Berta solo pudo pedirle al abogado:—Si Manolo tiene un espacio, dígale que por favor apure lo de la boda. Entre más rápido, mejor para todos.En cuanto terminó con el divorcio, Berta se mudó de la casa donde habían vivido como esposos.El día de la mudanza, Gabriela se enteró de la separación y la invitó a una merienda.—¿Sabías lo de Paloma, verdad? Cuando tu mamá la sacó de la casa, la mandaron al pueblo y allá se la pasó estudiando hasta que logró entrar a la universidad. Fue cuando Manolo fue a dar una conferencia a la Universidad de La Perla del Pacífico que la volvió a ver.Gabriela torció la boca y soltó una risa sarcástica.—Dicen que Paloma admira mucho a Manolo. La chava es aplicada, echa ganas… Tu papá está más que feliz queriendo juntarlos. Pero a mí me queda la duda: ¿cómo alguien tan luchón no se da cuenta que meterse en una relación ajena está mal?Gabriela siempre defendía a los suyos y detestaba a quienes sabiendo todo, aun así se metían con alguien comprometido.Y peor todavía si se trataba de una hija fuera del matrimonio, como Paloma. Eso sí que le repateaba.A Berta, en cambio, todo eso le resbalaba.—Eso ya quedó atrás. Ya nos separamos. Ni siquiera se puede decir que se metió en mi relación —sonrió, aunque en el fondo tenía un revoltijo de sentimientos—. Además, entre Manolo y yo no había amor.Bajó la mirada, recordando la primera vez que vio a Manolo.Fue en el primer año después de la muerte de su mamá. Después de arruinarle el contrato a Julián Montes, arrastró a Gabriela para celebrar.En la fiesta, se aferró a un tipo guapo y no lo soltó en toda la noche.Ambos habían tomado de más y, entre la neblina del alcohol, terminaron juntos.Solo después supo que ese tipo era Manolo, su prometido.Dicen que él nunca había querido casarse con ella.Pero, al despertar, Manolo la miró con esos ojos profundos y le dijo, con voz neutral:—Berta, yo me hago responsable. ¿Y tú?Le propuso casarse.Berta lo miró directo a los ojos.Fue una de las pocas veces que se dejó llevar por la emoción.Respondió despacio:—Está bien.La verdad, Manolo no tenía nada de malo.No la amaba, pero tampoco era un mujeriego. Siempre se mostró tranquilo, atento y amable.Incluso en la cama se entendían.Todo siguió así, hasta que, dos meses atrás, Manolo se reencontró con Paloma en la Universidad de La Perla del Pacífico.Gabriela miró a Berta, sintiéndose impotente. Berta no decía nada, pero ella sabía.Con ese carácter, si Berta no hubiera sentido algo, no habría aguantado tanto tiempo.—Berta, ¿por qué no regresas a Inversiones La Montaña? No tienes por qué seguir aguantando en el Grupo Fajardo. Solo de pensar en esos dos, me da náusea.Berta nunca había sido de dejarse pisotear. Cuando su mamá, Fernanda, murió, tomó la herencia y fundó Inversiones La Montaña para enfrentarse a la familia Montes.Solo que en los últimos dos años, dejó la empresa en manos de Rubén, el mejor amigo de su mamá, y hacia afuera todos creían que la empresa era de él.—Una cosa es el matrimonio y otra la chamba —contestó Berta, sin alterarse—. No voy a dejarlo todo solo por un fracaso sentimental.Así pensaba Berta.Manolo también se lo había prometido.Pero al día siguiente, al volver a la oficina, se enteró de que ya no estaba en el área de Paloma. Ahora le tocaba ser la señorita Berta… del departamento de proyectos.Berta pidió una semana de incapacidad y, en cuanto se recuperó, regresó a la empresa.Fue entonces que se enteró de la noticia del cambio de puesto.Un compañero se le acercó con ese tono de chisme que nunca falta:—Señorita Berta, ¿usted todavía no sabe? Llegó una secretaria nueva a la empresa, también se apellida Montes. Pero la muchachita es otra cosa, ¿eh?Berta se quedó unos segundos en shock.¿Manolo de verdad había traído a Paloma para que trabajara a su lado?No había pasado ni media hora cuando Manolo la mandó llamar a la oficina del director....Adentro, Manolo la miró con ese aire distante que usaba cuando se trataba de trabajo:—Ya que decidiste quedarte en la empresa, el puesto de secretaria personal no es para ti. El gerente del departamento de proyectos se fue a la sucursal, así que justo hay una vacante.Berta entendió en el acto.Manolo siempre sabía separar las cosas.Jamás permitiría que ella, su exsecretaria, le causara a Paloma algún tipo de incomodidad.En el fondo, no era que valorara tanto sus capacidades, sino que no quería provocar ningún malentendido con Paloma.—Está bien —aceptó Berta sin mostrar emoción.Manolo frunció el ceño y la detuvo cuando ya estaba por salir:—Paloma acaba de graduarse, todavía le falta experiencia. Ayúdala y oriéntala.Berta no se negó.De cualquier manera, el traspaso de tareas en la empresa requería tiempo, y esa era una responsabilidad que debía asumir....Cuando bajaba por las escaleras, se cruzó con Paloma.La muchacha, tan nueva en el trabajo, había caído en la típica broma y terminó cargando más de diez vasos de café para “consentir” a los veteranos de la oficina.Iba y venía apurada, con una gota de sudor en la frente y una expresión entre nerviosa y dócil.Al verla, Paloma se detuvo, confundida por un momento.—He... —se corrigió enseguida—. Señorita Berta...Berta la miró de arriba abajo y le soltó una advertencia con el ceño arrugado:—Tú estás aquí para ser la secretaria de Manolo, no para hacer mandados ni cargar café para todos. Deja esas bebidas de una vez y ven conmigo.Paloma se puso pálida al instante.Pero obedeció, dejó los cafés sobre una mesa y la siguió sin rechistar.Los demás en la oficina, al ver la escena, se calmaron de inmediato.Berta no tenía intención de ponerle la vida imposible a la chiquilla. Aunque volvieran a mandar a Paloma al pueblo, su mamá ya no reviviría.Además, antes de morir, su madre ya ni tenía fuerzas para pelearse con la familia Montes.—Aquí tienes los archivos recientes, estos son los pendientes de Manolo y su agenda para los próximos días.Berta le explicó mientras organizaba unos papeles:—En horario de trabajo, trata de no usar accesorios molestos, salvo que sea para algún evento social. En el trabajo de secretaria, lo más importante es estar lista para cualquier cosa y reaccionar rápido.Paloma parpadeó, sonrojada:—¿Ni esto puedo usar, señorita Berta? Este collar me lo regaló Manolo. Me gusta mucho, ¿no puedo traerlo puesto?La mirada de Berta se posó en el collar de Paloma y se quedó callada un momento.Ese collar le había gustado desde hacía tiempo.En una ocasión, Manolo le preguntó sin mucho interés:—¿A las muchachas les gustan ese tipo de collares?Así que era para Paloma.—Haz lo que quieras.Berta bajó la mirada, escondiendo lo que sentía, y su voz sonó lejana:—Solo que no te distraiga del trabajo.Paloma le sonrió, dulce, y no insistió.Berta le mostró a Paloma lo básico del trabajo. Cuando terminaron, Paloma la llamó antes de que se fuera.—¿Hermana, no te caigo bien? ¿Es por Manolo?Berta la miró de reojo.Paloma sostuvo la mirada y sonrió con ternura:—El amor es complicado, no siempre hay buenos y malos. Cuando mis papás estaban juntos también era así. Hermana, pase lo que pase, yo sí quiero ser tu amiga...—Paloma...Berta la interrumpió, levantando la mirada y con tono seco:—Los sentimientos siempre tienen límites, si no, tú nunca habrías terminado en el pueblo. Haz bien tu trabajo y no creas que los demás somos ingenuos.Capítulo 3—Manolo Fajardo volvió.Berta Montes estaba conectada al suero, apenas desbloqueó el celular y ya le llegó un mensaje de su mejor amiga.Se quedó en silencio unos segundos.Habían pasado un mes en plena guerra fría, casi no cruzaron palabra ella y Manolo.Ni siquiera se había enterado de que él ya estaba de regreso.Enseguida, apareció otra notificación en la pantalla:—Esta vez no vino solo, se trajo a una chavita.Debajo, una foto.La chica de la imagen tenía cierto parecido con Berta. No era coincidencia.Paloma Montes.Su media hermana, la hija menor que mandaron a criar al pueblo.Su amiga no dejaba de escribir:—La familia Montes va a hacerles una fiesta de bienvenida, Berta, ¿te animas a ir a armar un escándalo?Berta nunca se quedaba atrás. Si Manolo se atrevía a hacerle una, ella podía regresarle el doble.Eso de poner en su sitio a la familia Montes no era algo imposible para ella.Berta miró la aguja en su mano.Llevaba tres días con fiebre, el dorso de la mano hinchado y enrojecido por el suero.¿Y todavía le quedaban ganas de ir a pelear?—No voy.Respondió el mensaje y cerró los ojos para dormir un rato....Cerca de las diez de la noche, Berta tomó un carro de regreso a Villas del Parque. Llevaba días sintiéndose mal, el cuerpo le pesaba tanto que volvió a quedarse dormida apenas llegó.Pero el sueño fue inquieto. A mitad de la noche, escuchó la puerta y supo que Manolo había vuelto.—¿Te desperté?Manolo entró arremangado, con el saco en la mano, impecable como siempre. La luz tenue del cuarto hacía que su piel clara resaltara aún más, dándole ese aire distante que lo acompañaba cada vez que estaba cerca de ella. La miraba desde arriba, indiferente, como si nada lo tocara.Pero su voz era esa de siempre, grave, casi hipnotizante.—No.Berta contestó con la voz ronca, todavía medio dormida, y explicó con pereza:—Tomé medicina, por eso dormí mal.—¿Estás enferma?Frunció el ceño, mirándola sin mucho interés.Berta soltó una sonrisita.Había estado mal varios días. Cuando al principio se sintió débil, hasta le mandó mensaje avisándole; pero claro, él actuaba como si se enterara en ese momento.Sirvió dos vasos de agua, le pasó uno y preguntó sin mucho ánimo:—¿Cómo te va con lo de Esmeralda Costera? Javier me dijo que estaba complicado, tú…La garganta le ardía y, en el fondo, tampoco quería platicar demasiado.Pero después de casi dos meses sin verse, alguien tenía que ceder un poco.No alcanzó a terminar la frase porque Manolo la interrumpió de golpe:—Divorciémonos.Berta se quedó congelada, sintió que el vaso se le resbalaba entre los dedos.La garganta se le cerró aún más.Manolo no agregó nada, solo dijo sin emoción:—Pide lo que quieras, no pienso dejarte sin nada.A Berta le tembló el corazón por un instante, pero pronto se recompuso.—Si lo haces solo por lo de hace dos meses, por ir a buscar a Paloma, podemos hablarlo.—No es eso.La miró fijo, siempre con ese tono impasible:—Berta, este matrimonio nunca fue por amor. No tiene sentido seguir fingiendo.El compromiso entre la familia Fajardo y la familia Montes nunca fue algo que Manolo deseara.Nunca quiso casarse con la señorita Berta.Al final, una noche inesperada lo obligó a hacerse responsable.Berta bajó la mirada y respondió despacio:—Está bien. Solo quiero la casa de Jardines de Altamira, y después del divorcio, no voy a renunciar a mi trabajo.Esa casa era lo único que su mamá le había dejado, aunque con el tiempo acabó en manos de los Fajardo y terminó como parte de su dote.En cuanto a su carrera…Llevaba cuatro años trabajando en el Grupo Fajardo.No iba a dejar que el divorcio borrara todo lo que había logrado.Manolo no discutió, solo la observó:—De acuerdo. ¿Algo más?—Nada más.Berta negó con la cabeza.—Si te incomoda, me puedo mudar mañana mismo.Manolo pareció sorprendido por su actitud, habló seco:—Berta, ¿estás segura de esto? Después del divorcio, no quiero que sigamos en contacto.—No te preocupes —contestó ella con una sonrisa fingida.Manolo iba a decir algo más, pero el celular sonó. Contestó enseguida.No pasó mucho y terminó la llamada. Se giró hacia Berta:—Tengo que salir. El abogado te contactará para lo del divorcio.Salió sin mirar atrás.Berta se quedó sola, y a los pocos minutos, el celular vibró otra vez.[En tendencia: Manolo Fajardo y Paloma Montes juntos esta noche.]Dicen que el destino es caprichoso, y el de Berta no fue la excepción.Desde el principio, su mamá no toleraba ni una pizca de traición. Cuando se enteró de la existencia de Paloma, obligó a su papá a mandarla lejos, a un pueblo perdido.Menos de dos años después de la muerte de su mamá, su papá volvió a casarse. Así, Berta, la “señorita Berta”, se convirtió en el hazmerreír de todos, y Paloma regresó de aquel pueblo.Las vueltas de la vida son así: nadie se habría imaginado que Paloma terminaría siendo el amor imposible de la juventud de Manolo....Cuando por fin despertó, ya era mediodía del día siguiente.La gripe se le había aliviado bastante, y el abogado le entregó los papeles del divorcio junto con una última revisión de la repartición de bienes.Manolo no la había dejado en la calle.Además de la casa, le quedaban varios inmuebles dispersos.—Señorita Berta, si está de acuerdo con todo, por favor firme aquí.Berta asintió, sin titubeos, y estampó su firma de inmediato.El asunto de la boda todavía tendría que esperar un par de días.Manolo andaba tan ocupado que ni siquiera se dejaba ver. Berta solo pudo pedirle al abogado:—Si Manolo tiene un espacio, dígale que por favor apure lo de la boda. Entre más rápido, mejor para todos.En cuanto terminó con el divorcio, Berta se mudó de la casa donde habían vivido como esposos.El día de la mudanza, Gabriela se enteró de la separación y la invitó a una merienda.—¿Sabías lo de Paloma, verdad? Cuando tu mamá la sacó de la casa, la mandaron al pueblo y allá se la pasó estudiando hasta que logró entrar a la universidad. Fue cuando Manolo fue a dar una conferencia a la Universidad de La Perla del Pacífico que la volvió a ver.Gabriela torció la boca y soltó una risa sarcástica.—Dicen que Paloma admira mucho a Manolo. La chava es aplicada, echa ganas… Tu papá está más que feliz queriendo juntarlos. Pero a mí me queda la duda: ¿cómo alguien tan luchón no se da cuenta que meterse en una relación ajena está mal?Gabriela siempre defendía a los suyos y detestaba a quienes sabiendo todo, aun así se metían con alguien comprometido.Y peor todavía si se trataba de una hija fuera del matrimonio, como Paloma. Eso sí que le repateaba.A Berta, en cambio, todo eso le resbalaba.—Eso ya quedó atrás. Ya nos separamos. Ni siquiera se puede decir que se metió en mi relación —sonrió, aunque en el fondo tenía un revoltijo de sentimientos—. Además, entre Manolo y yo no había amor.Bajó la mirada, recordando la primera vez que vio a Manolo.Fue en el primer año después de la muerte de su mamá. Después de arruinarle el contrato a Julián Montes, arrastró a Gabriela para celebrar.En la fiesta, se aferró a un tipo guapo y no lo soltó en toda la noche.Ambos habían tomado de más y, entre la neblina del alcohol, terminaron juntos.Solo después supo que ese tipo era Manolo, su prometido.Dicen que él nunca había querido casarse con ella.Pero, al despertar, Manolo la miró con esos ojos profundos y le dijo, con voz neutral:—Berta, yo me hago responsable. ¿Y tú?Le propuso casarse.Berta lo miró directo a los ojos.Fue una de las pocas veces que se dejó llevar por la emoción.Respondió despacio:—Está bien.La verdad, Manolo no tenía nada de malo.No la amaba, pero tampoco era un mujeriego. Siempre se mostró tranquilo, atento y amable.Incluso en la cama se entendían.Todo siguió así, hasta que, dos meses atrás, Manolo se reencontró con Paloma en la Universidad de La Perla del Pacífico.Gabriela miró a Berta, sintiéndose impotente. Berta no decía nada, pero ella sabía.Con ese carácter, si Berta no hubiera sentido algo, no habría aguantado tanto tiempo.—Berta, ¿por qué no regresas a Inversiones La Montaña? No tienes por qué seguir aguantando en el Grupo Fajardo. Solo de pensar en esos dos, me da náusea.Berta nunca había sido de dejarse pisotear. Cuando su mamá, Fernanda, murió, tomó la herencia y fundó Inversiones La Montaña para enfrentarse a la familia Montes.Solo que en los últimos dos años, dejó la empresa en manos de Rubén, el mejor amigo de su mamá, y hacia afuera todos creían que la empresa era de él.—Una cosa es el matrimonio y otra la chamba —contestó Berta, sin alterarse—. No voy a dejarlo todo solo por un fracaso sentimental.Así pensaba Berta.Manolo también se lo había prometido.Pero al día siguiente, al volver a la oficina, se enteró de que ya no estaba en el área de Paloma. Ahora le tocaba ser la señorita Berta… del departamento de proyectos.Berta pidió una semana de incapacidad y, en cuanto se recuperó, regresó a la empresa.Fue entonces que se enteró de la noticia del cambio de puesto.Un compañero se le acercó con ese tono de chisme que nunca falta:—Señorita Berta, ¿usted todavía no sabe? Llegó una secretaria nueva a la empresa, también se apellida Montes. Pero la muchachita es otra cosa, ¿eh?Berta se quedó unos segundos en shock.¿Manolo de verdad había traído a Paloma para que trabajara a su lado?No había pasado ni media hora cuando Manolo la mandó llamar a la oficina del director....Adentro, Manolo la miró con ese aire distante que usaba cuando se trataba de trabajo:—Ya que decidiste quedarte en la empresa, el puesto de secretaria personal no es para ti. El gerente del departamento de proyectos se fue a la sucursal, así que justo hay una vacante.Berta entendió en el acto.Manolo siempre sabía separar las cosas.Jamás permitiría que ella, su exsecretaria, le causara a Paloma algún tipo de incomodidad.En el fondo, no era que valorara tanto sus capacidades, sino que no quería provocar ningún malentendido con Paloma.—Está bien —aceptó Berta sin mostrar emoción.Manolo frunció el ceño y la detuvo cuando ya estaba por salir:—Paloma acaba de graduarse, todavía le falta experiencia. Ayúdala y oriéntala.Berta no se negó.De cualquier manera, el traspaso de tareas en la empresa requería tiempo, y esa era una responsabilidad que debía asumir....Cuando bajaba por las escaleras, se cruzó con Paloma.La muchacha, tan nueva en el trabajo, había caído en la típica broma y terminó cargando más de diez vasos de café para “consentir” a los veteranos de la oficina.Iba y venía apurada, con una gota de sudor en la frente y una expresión entre nerviosa y dócil.Al verla, Paloma se detuvo, confundida por un momento.—He... —se corrigió enseguida—. Señorita Berta...Berta la miró de arriba abajo y le soltó una advertencia con el ceño arrugado:—Tú estás aquí para ser la secretaria de Manolo, no para hacer mandados ni cargar café para todos. Deja esas bebidas de una vez y ven conmigo.Paloma se puso pálida al instante.Pero obedeció, dejó los cafés sobre una mesa y la siguió sin rechistar.Los demás en la oficina, al ver la escena, se calmaron de inmediato.Berta no tenía intención de ponerle la vida imposible a la chiquilla. Aunque volvieran a mandar a Paloma al pueblo, su mamá ya no reviviría.Además, antes de morir, su madre ya ni tenía fuerzas para pelearse con la familia Montes.—Aquí tienes los archivos recientes, estos son los pendientes de Manolo y su agenda para los próximos días.Berta le explicó mientras organizaba unos papeles:—En horario de trabajo, trata de no usar accesorios molestos, salvo que sea para algún evento social. En el trabajo de secretaria, lo más importante es estar lista para cualquier cosa y reaccionar rápido.Paloma parpadeó, sonrojada:—¿Ni esto puedo usar, señorita Berta? Este collar me lo regaló Manolo. Me gusta mucho, ¿no puedo traerlo puesto?La mirada de Berta se posó en el collar de Paloma y se quedó callada un momento.Ese collar le había gustado desde hacía tiempo.En una ocasión, Manolo le preguntó sin mucho interés:—¿A las muchachas les gustan ese tipo de collares?Así que era para Paloma.—Haz lo que quieras.Berta bajó la mirada, escondiendo lo que sentía, y su voz sonó lejana:—Solo que no te distraiga del trabajo.Paloma le sonrió, dulce, y no insistió.Berta le mostró a Paloma lo básico del trabajo. Cuando terminaron, Paloma la llamó antes de que se fuera.—¿Hermana, no te caigo bien? ¿Es por Manolo?Berta la miró de reojo.Paloma sostuvo la mirada y sonrió con ternura:—El amor es complicado, no siempre hay buenos y malos. Cuando mis papás estaban juntos también era así. Hermana, pase lo que pase, yo sí quiero ser tu amiga...—Paloma...Berta la interrumpió, levantando la mirada y con tono seco:—Los sentimientos siempre tienen límites, si no, tú nunca habrías terminado en el pueblo. Haz bien tu trabajo y no creas que los demás somos ingenuos.