En la reluciente y dinámica ciudad de San Joaquín, donde el poder y la riqueza dominan el paisaje, Ramiro Ríos era conocido como el esposo devoto por excelencia, un hombre que parecía amar a su esposa Dafne Cuevas de una manera intensa y sincera. Durante mucho tiempo, Dafne también lo creyó así, viviendo en la ilusión de un amor perfecto. Sin embargo, su mundo dio un vuelco cuando descubrió que Ramiro la engañaba, y lo peor, que su amante no era otra que su propia hermana. Este descubrimiento cayó como un balde de agua fría, apagando de golpe el amor ardiente que sentía por su esposo. Herida y decidida a no ser una víctima más, Dafne planeó una venganza cuya magnitud dejaría a todos atónitos. Tras asegurarse de apoderarse de una considerable parte de la fortuna de Ramiro, contactó a un amigo leal para ejecutar un plan de fingir su propia muerte, dejando atrás un rastro de dolor y sorpresa. Pero justo antes de desaparecer, un acontecimiento inesperado hizo que Dafne dudara de su implacable plan. En la sombra de su complicado mundo, un respaldo inesperado y largamente fiel comenzó a emerger, alguien cuya devoción había pasado desapercibida durante años. Este apoyo silencioso había observado a Dafne a distancia, ocultando sentimientos profundos y sinceros que, de ser revelados, podrían alterar para siempre el rumbo de su vida. Dafne se encuentra en una encrucijada, enfrentada a una decisión que podría cambiar su destino. ¿Mantenerse firme en su plan de huida, dejando atrás todo lo que alguna vez conoció, o considerar la promesa de una nueva oportunidad, cuyo alcance y profundidad aún desconocía? En este juego de traiciones, secretos y pasiones desbordadas, la incertidumbre y la posibilidad de un futuro distinto le obligan a enfrentarse a sus verdaderos deseos, introduciendo un elemento de suspense que deja al lector ansioso de saber cómo se desenlazará esta intrincada historia.

Capítulo 1[Hermana, estoy embarazada. El papá del bebé es Ramiro.][Sí, tú llevas tres años casada con la familia Ríos y ni un hijo le has dado a Ramiro. Pero yo, con solo unas cuantas noches, ya logré quedar embarazada.][Dafne Cuevas, de verdad que no sirves para nada.]Justo cuando Dafne terminó de leer los mensajes de Aylén Cuevas, miró la prueba de embarazo sobre la mesa. Dos líneas rojas, claras como el día.Dafne acarició su vientre con delicadeza. En sus labios asomaba una sonrisa suave, pero en sus ojos se podía ver una sombra de desdén.Hace tres años, Dafne se casó con Ramiro Ríos.En San Joaquín, todos decían que Ramiro adoraba a su esposa, que no soportaba verla llorar ni una sola vez.Decían que Dafne tenía la suerte de los bendecidos, que sólo por el buen destino de sus antepasados había logrado casarse con un hombre tan bueno.Pero nadie sabía la verdad.Nadie recordaba que Ramiro había sido el hijo ilegítimo ignorado por la familia Ríos.Cuando todos lo menospreciaban, cuando parecía atrapado en un infierno, Dafne fue quien le tendió la mano y lo sacó de la oscuridad.Ella lo acompañó a sobrevivir en una familia donde el cariño era escaso y lo único que importaba era el dinero. Luchó a su lado para que él se convirtiera en el líder absoluto del Grupo Ríos, el hombre más poderoso de San Joaquín.Cuando todo por fin terminó, Dafne aceptó la propuesta de matrimonio de Ramiro.Él le organizó una boda espectacular, y durante el matrimonio la colmó de atenciones, tanto que cualquiera envidiaría su vida como señora Ríos.Dafne pensó que podría vivir tranquila y feliz para siempre.Pero, ¿en qué momento empezó a cambiar Ramiro?Tal vez fue hace tres meses.Aquella noche, el cielo estaba tan oscuro como el carbón.Dafne había ido al club privado donde Ramiro solía reunirse. Quería sorprenderlo.Apenas llegó a la entrada, escuchó a los amigos de Ramiro bromeando con él, con risitas de complicidad.—Oye, Ramiro, ¿de verdad piensas quedarte con tu esposa toda la vida? ¿No te dan ganas de probar algo nuevo de vez en cuando?—Un hombre exitoso como tú, ¿cómo no va a tener un par de aventuras? ¿A poco no tienes ganas de una canaria en la oficina o algo así?...Al terminar las bromas, la sonrisa de Ramiro se desvaneció un poco.Se recostó en el sillón, mirando a todos con una expresión dura y una mirada que cortaba el aire.—¿Se atreven a hablar así de mi esposa? ¿Tan aburridos están?El ambiente se heló de inmediato.En San Joaquín todos sabían que Dafne era el talón de Aquiles de Ramiro.Los amigos que hace un segundo se reían, en ese instante palidecieron; si hubieran podido, habrían caído de rodillas a pedir perdón.Pero de pronto, Ramiro cambió de tono.—Pero bueno... ¿A qué sabrá lo nuevo? Tal vez debería probar.—La verdad, quedarse con una sola persona sí puede llegar a cansar. Ustedes saben cómo es Dafne, siempre igual, nunca se atreve a nada diferente... Cualquiera se aburre.—Y ahora que manejo el Grupo Ríos, si la única mujer a mi lado es ella, la gente va a pensar que soy un tonto.La atmósfera se relajó de nuevo.Los amigos de Ramiro, entusiasmados, no dejaban de animarlo a que probara otras mujeres, diciéndole que la vida era corta y que no valía la pena desperdiciarla siendo fiel.Ramiro parecía disfrutarlo.Aun así, añadió con voz seca:—Pero que Dafne no se entere, ¿eh? Si alguien le dice algo, se las va a ver conmigo.Él solo quería sacarse el antojo. Era cuestión de deseo, nada más.Eso no significaba que ya no amara a Dafne.Dafne siempre iba a ser la mujer más importante para él, su único amor verdadero en la vida.Él la amaba tanto.Y Dafne, según él, debía entenderlo.—Al final, soy hombre, no un santo....Dafne, parada frente a la puerta, escuchó y vio todo sin decir una palabra. No hizo escándalo ni se puso a llorar.Solo caminó de regreso a casa, con el viento golpeándole la cara. Esa noche, le dio fiebre.Ramiro se puso como loco, no se despegó de ella ni un solo minuto durante tres días, cuidándola sin descansar.Cuando Dafne despertó, no mencionó nada.Siguió tratándolo con cariño, como si nada hubiera pasado.Ramiro, sintiéndose culpable, pasó una semana entera en casa, atendiendo a Dafne por su cuenta.Al séptimo día, Ramiro recibió una llamada.Del otro lado, se escuchaba una voz femenina, dulce y seductora.Después de colgar el teléfono, Ramiro se excusó diciendo que tenía un asunto urgente en la empresa, dejó a Dafne y se fue sin mirar atrás.Dafne permaneció serena.Ese mismo día, contactó a su mejor amiga:—Dentro de seis meses, ayúdame a fingir un accidente de carro, ¿sí? Quiero irme de la vida de Ramiro.—Pero antes de eso, voy a quitarle todo a Ramiro. Es lo que se merece.Al escuchar toda la historia, su amiga dudó un momento antes de preguntar:—¿Ya lo pensaste bien? Ramiro puede que solo esté confundido, ¿y si...?—No hay ningún “y si”.Esa respuesta ligera, casi indiferente, fue suficiente para sellar el destino entre ella y Ramiro.Ella había comenzado esa relación.Pero por la traición de Ramiro, sería ella quien pondría el punto final.Principio y final, todo en sus manos....Desde el día en que Dafne decidió dejar a Ramiro, ya habían pasado tres meses.En esos tres meses, Dafne se dedicó a poner en orden todo lo relacionado con Ramiro.Casi mil fotos, cartas de amor que sumaban miles de palabras y un montón de regalos, todos de un valor incalculable.Guardó cada cosa en una caja fuerte, planeando dárselas a Ramiro como una “sorpresa” el día que se fuera.Conforme iba terminando de empacar todo, su corazón se sentía más tranquilo.Pero cuando empezó a tener náuseas constantes y se dio cuenta de que llevaba tres meses sin su periodo, algo en su interior cambió.En ese momento.Apenas vio las dos rayitas en la prueba de embarazo, llegó un mensaje de la “flor silvestre” que Ramiro había recogido...Esa “flor silvestre” no era otra que su propia hermana, ¡Aylén!Ella le había contado a Ramiro más de una vez que Aylén no solo la había traicionado antes, sino que era la causante de sus traumas de la infancia...De pronto, Dafne sintió un dolor agudo en el pecho y todo se le puso negro.Después, su estómago se revolvió por completo.De un salto, fue al lavabo y se quedó ahí, con arcadas, mucho rato.—¡Tinlin!—El celular, dejado a un lado, empezó a sonar.Con los ojos enrojecidos, Dafne vio el nombre de quien llamaba: “Ramiro”.La sensación de malestar en su estómago aumentó.No respondió de inmediato. Primero abrió la llave del agua y, con el sonido del chorro de fondo, se lavó la cara. Solo después de recobrar un poco la calma, contestó la llamada cuando Ramiro volvió a marcar.Apenas contestó, la voz al otro lado era solo nerviosismo:—Dafne, ¿por qué no contestabas? ¿Te sientes mal, te pasa algo...?—No me pasa nada.Dafne aspiró por la nariz, tiró la prueba de embarazo al bote de basura y salió del baño.Al escuchar esa voz nasal, Ramiro se alteró aún más.—¿Estuviste llorando? ¿Quién te hizo enojar? Dímelo, yo me encargo, ¿sí? Soy tu esposo, siempre te voy a defender.Desde que se volvió el jefe de la familia Ríos, Ramiro mantenía una imagen amable ante la gente.Pero si alguien se atrevía a molestar a Dafne, era capaz de cualquier cosa para defenderla.Su lado más oscuro salía a relucir en esos momentos.Dafne lo sabía bien, y al pensar en las veces que Ramiro había actuado sin piedad para protegerla, una mueca se dibujó en sus labios, pero sus ojos no acompañaron esa sonrisa.No pudo evitar preguntarse: ¿y si Ramiro supiera que quienes la lastiman son él y Aylén, qué haría entonces?Con ese pensamiento, Dafne respondió con lentitud:—Sí, alguien me hizo enojar.Ese “alguien” eras tú, Ramiro.La voz de Ramiro sonó con enfado:—¿Quién se atrevió?La sonrisa de Dafne se volvió aún más sarcástica, y sus ojos se llenaron de lágrimas.Estaba a punto de hablar cuando el celular vibró con una nueva notificación.[Señorita, ya le conté a tu esposo que estás embarazada. ¿Adivina qué decidió? ¿Pasar su aniversario contigo o estar conmigo... y el futuro heredero de la familia Ríos?]Las lágrimas en los ojos de Dafne no dejaron de acumularse.—Ramiro, la persona que me hizo daño... fuiste tú.En Grupo Ríos.Ramiro dejó escapar una chispa de fastidio en la mirada, aunque la ocultó tan rápido como apareció.—Cariño, sé que últimamente he estado muy ocupado en la empresa y no te he dedicado tiempo. Fue mi error, hoy voy a regresar temprano, ¿sí? No te enojes conmigo, ¿de acuerdo?Su voz sonaba entre suplicante y cautelosa, midiendo el terreno.Del otro lado, el silencio se alargó. Ramiro sintió cómo se le apretaba el pecho.Arrugó la frente, a punto de hablar, cuando la voz de Dafne, cansada, volvió a escucharse.—¿A qué hora vas a llegar?Ramiro soltó el aire como si le quitaran un peso de encima.Alzó la mirada al reloj en la pared y dudó un momento.—A las seis.—Está bien.Dafne respondió sin rodeos, sin agregar una sola palabra más, y colgó de inmediato.Al escuchar el tono de llamada cortarse, Ramiro sintió una mezcla de alivio y resignación. Esbozó una sonrisa forzada.Su Dafne seguía siendo igual de apegada a él que siempre.Ramiro se apuró a ponerse al día con el trabajo pendiente.Últimamente, Aylén se la pasaba inventando pretextos para verlo y él, metido en el juego, terminó dejando de lado a Dafne y provocando que ella se sintiera mal. Eso sí que no tenía justificación.Por más que las aventuras le ayudaran a desahogar el estrés, la única que ocupaba un sitio especial en su corazón era Dafne, esa flor delicada que solo florecía con el cariño que él le daba.Mientras pensaba en eso, el celular empezó a sonar de nuevo.Al ver que era Aylén, frunció el ceño aún más.Respondió con tono seco, casi como si se tratara de un negocio.—¿Qué necesitas?La voz de Aylén, coqueta y envolvente, llegó del otro lado.—Ramiro, te extraño. Además, hoy me compré una pijama de encaje nueva...Al oír eso, Ramiro tragó saliva y su respiración se volvió más pesada.Pero recordó que acababa de prometerle a Dafne que volvería temprano. Apretó los dientes y logró contenerse.—Esta noche regreso a la villa de los Ríos —cortó de tajo Ramiro.Aylén no se inmutó y cambió el tono enseguida.—¿Otra vez vas a quedarte con tu esposa? ¿No podrías quedarte conmigo un rato? Yo también te quiero, igual que ella, cuñado...Al escuchar que lo llamaba “cuñado”, el semblante de Ramiro se endureció y su voz se volvió grave.—Aylén, mide tus palabras.—Ya te dije antes, lo nuestro es solo para saciar el deseo. Te voy a dar dinero, pero no te hagas ilusiones.—Solo tengo espacio para Dafne en mi vida.Los ojos de Ramiro se volvieron gélidos.—¿Algo más? Si no, aquí dejamos la llamada.Había consentido demasiado a Aylén.Tanto, que ya ni siquiera reconocía su lugar.Era momento de ponerle un alto, de hacerle ver la realidad y recordarle lo que le tocaba hacer.Ramiro no se detuvo a pensar si Aylén tenía sentimientos heridos; ya estaba por colgar cuando escuchó un par de sollozos.—Ramiro, entre nosotros ha habido tanta pasión... ¡Hasta siete veces en una noche! Dicen que con el tiempo nace el amor... ¿Nunca has sentido nada por mí? ¿Aunque sea un poquito?Ramiro se quedó inmóvil, sin colgar de inmediato.Pasaron varios segundos.Entonces, pronunciando cada palabra como una sentencia, dijo:—Solo amo a Dafne....Del otro lado, Aylén soltó una risita amarga. Por un instante, Ramiro sintió lástima y estuvo a punto de consolarla, pero Aylén cambió de tema sin aviso.—Ramiro, tengo algo que mostrarte.El nombre “Ramiro” era de Dafne. Nadie más tenía derecho a llamarlo así.A Ramiro le invadió un rechazo instantáneo, dispuesto a regañarla.Pero al ver el mensaje que Aylén le mandó, se quedó helado.Tardó varios segundos en reaccionar.—Tú...Cuando por fin habló, la voz le temblaba.—¿Aylén, estás embarazada?...Villa de los Ríos.En años anteriores, en cada aniversario de bodas, Dafne y Ramiro le daban el día libre a todo el personal de la villa. Además, acostumbraban darles regalos en efectivo como agradecimiento.Capítulo 2[Hermana, estoy embarazada. El papá del bebé es Ramiro.][Sí, tú llevas tres años casada con la familia Ríos y ni un hijo le has dado a Ramiro. Pero yo, con solo unas cuantas noches, ya logré quedar embarazada.][Dafne Cuevas, de verdad que no sirves para nada.]Justo cuando Dafne terminó de leer los mensajes de Aylén Cuevas, miró la prueba de embarazo sobre la mesa. Dos líneas rojas, claras como el día.Dafne acarició su vientre con delicadeza. En sus labios asomaba una sonrisa suave, pero en sus ojos se podía ver una sombra de desdén.Hace tres años, Dafne se casó con Ramiro Ríos.En San Joaquín, todos decían que Ramiro adoraba a su esposa, que no soportaba verla llorar ni una sola vez.Decían que Dafne tenía la suerte de los bendecidos, que sólo por el buen destino de sus antepasados había logrado casarse con un hombre tan bueno.Pero nadie sabía la verdad.Nadie recordaba que Ramiro había sido el hijo ilegítimo ignorado por la familia Ríos.Cuando todos lo menospreciaban, cuando parecía atrapado en un infierno, Dafne fue quien le tendió la mano y lo sacó de la oscuridad.Ella lo acompañó a sobrevivir en una familia donde el cariño era escaso y lo único que importaba era el dinero. Luchó a su lado para que él se convirtiera en el líder absoluto del Grupo Ríos, el hombre más poderoso de San Joaquín.Cuando todo por fin terminó, Dafne aceptó la propuesta de matrimonio de Ramiro.Él le organizó una boda espectacular, y durante el matrimonio la colmó de atenciones, tanto que cualquiera envidiaría su vida como señora Ríos.Dafne pensó que podría vivir tranquila y feliz para siempre.Pero, ¿en qué momento empezó a cambiar Ramiro?Tal vez fue hace tres meses.Aquella noche, el cielo estaba tan oscuro como el carbón.Dafne había ido al club privado donde Ramiro solía reunirse. Quería sorprenderlo.Apenas llegó a la entrada, escuchó a los amigos de Ramiro bromeando con él, con risitas de complicidad.—Oye, Ramiro, ¿de verdad piensas quedarte con tu esposa toda la vida? ¿No te dan ganas de probar algo nuevo de vez en cuando?—Un hombre exitoso como tú, ¿cómo no va a tener un par de aventuras? ¿A poco no tienes ganas de una canaria en la oficina o algo así?...Al terminar las bromas, la sonrisa de Ramiro se desvaneció un poco.Se recostó en el sillón, mirando a todos con una expresión dura y una mirada que cortaba el aire.—¿Se atreven a hablar así de mi esposa? ¿Tan aburridos están?El ambiente se heló de inmediato.En San Joaquín todos sabían que Dafne era el talón de Aquiles de Ramiro.Los amigos que hace un segundo se reían, en ese instante palidecieron; si hubieran podido, habrían caído de rodillas a pedir perdón.Pero de pronto, Ramiro cambió de tono.—Pero bueno... ¿A qué sabrá lo nuevo? Tal vez debería probar.—La verdad, quedarse con una sola persona sí puede llegar a cansar. Ustedes saben cómo es Dafne, siempre igual, nunca se atreve a nada diferente... Cualquiera se aburre.—Y ahora que manejo el Grupo Ríos, si la única mujer a mi lado es ella, la gente va a pensar que soy un tonto.La atmósfera se relajó de nuevo.Los amigos de Ramiro, entusiasmados, no dejaban de animarlo a que probara otras mujeres, diciéndole que la vida era corta y que no valía la pena desperdiciarla siendo fiel.Ramiro parecía disfrutarlo.Aun así, añadió con voz seca:—Pero que Dafne no se entere, ¿eh? Si alguien le dice algo, se las va a ver conmigo.Él solo quería sacarse el antojo. Era cuestión de deseo, nada más.Eso no significaba que ya no amara a Dafne.Dafne siempre iba a ser la mujer más importante para él, su único amor verdadero en la vida.Él la amaba tanto.Y Dafne, según él, debía entenderlo.—Al final, soy hombre, no un santo....Dafne, parada frente a la puerta, escuchó y vio todo sin decir una palabra. No hizo escándalo ni se puso a llorar.Solo caminó de regreso a casa, con el viento golpeándole la cara. Esa noche, le dio fiebre.Ramiro se puso como loco, no se despegó de ella ni un solo minuto durante tres días, cuidándola sin descansar.Cuando Dafne despertó, no mencionó nada.Siguió tratándolo con cariño, como si nada hubiera pasado.Ramiro, sintiéndose culpable, pasó una semana entera en casa, atendiendo a Dafne por su cuenta.Al séptimo día, Ramiro recibió una llamada.Del otro lado, se escuchaba una voz femenina, dulce y seductora.Después de colgar el teléfono, Ramiro se excusó diciendo que tenía un asunto urgente en la empresa, dejó a Dafne y se fue sin mirar atrás.Dafne permaneció serena.Ese mismo día, contactó a su mejor amiga:—Dentro de seis meses, ayúdame a fingir un accidente de carro, ¿sí? Quiero irme de la vida de Ramiro.—Pero antes de eso, voy a quitarle todo a Ramiro. Es lo que se merece.Al escuchar toda la historia, su amiga dudó un momento antes de preguntar:—¿Ya lo pensaste bien? Ramiro puede que solo esté confundido, ¿y si...?—No hay ningún “y si”.Esa respuesta ligera, casi indiferente, fue suficiente para sellar el destino entre ella y Ramiro.Ella había comenzado esa relación.Pero por la traición de Ramiro, sería ella quien pondría el punto final.Principio y final, todo en sus manos....Desde el día en que Dafne decidió dejar a Ramiro, ya habían pasado tres meses.En esos tres meses, Dafne se dedicó a poner en orden todo lo relacionado con Ramiro.Casi mil fotos, cartas de amor que sumaban miles de palabras y un montón de regalos, todos de un valor incalculable.Guardó cada cosa en una caja fuerte, planeando dárselas a Ramiro como una “sorpresa” el día que se fuera.Conforme iba terminando de empacar todo, su corazón se sentía más tranquilo.Pero cuando empezó a tener náuseas constantes y se dio cuenta de que llevaba tres meses sin su periodo, algo en su interior cambió.En ese momento.Apenas vio las dos rayitas en la prueba de embarazo, llegó un mensaje de la “flor silvestre” que Ramiro había recogido...Esa “flor silvestre” no era otra que su propia hermana, ¡Aylén!Ella le había contado a Ramiro más de una vez que Aylén no solo la había traicionado antes, sino que era la causante de sus traumas de la infancia...De pronto, Dafne sintió un dolor agudo en el pecho y todo se le puso negro.Después, su estómago se revolvió por completo.De un salto, fue al lavabo y se quedó ahí, con arcadas, mucho rato.—¡Tinlin!—El celular, dejado a un lado, empezó a sonar.Con los ojos enrojecidos, Dafne vio el nombre de quien llamaba: “Ramiro”.La sensación de malestar en su estómago aumentó.No respondió de inmediato. Primero abrió la llave del agua y, con el sonido del chorro de fondo, se lavó la cara. Solo después de recobrar un poco la calma, contestó la llamada cuando Ramiro volvió a marcar.Apenas contestó, la voz al otro lado era solo nerviosismo:—Dafne, ¿por qué no contestabas? ¿Te sientes mal, te pasa algo...?—No me pasa nada.Dafne aspiró por la nariz, tiró la prueba de embarazo al bote de basura y salió del baño.Al escuchar esa voz nasal, Ramiro se alteró aún más.—¿Estuviste llorando? ¿Quién te hizo enojar? Dímelo, yo me encargo, ¿sí? Soy tu esposo, siempre te voy a defender.Desde que se volvió el jefe de la familia Ríos, Ramiro mantenía una imagen amable ante la gente.Pero si alguien se atrevía a molestar a Dafne, era capaz de cualquier cosa para defenderla.Su lado más oscuro salía a relucir en esos momentos.Dafne lo sabía bien, y al pensar en las veces que Ramiro había actuado sin piedad para protegerla, una mueca se dibujó en sus labios, pero sus ojos no acompañaron esa sonrisa.No pudo evitar preguntarse: ¿y si Ramiro supiera que quienes la lastiman son él y Aylén, qué haría entonces?Con ese pensamiento, Dafne respondió con lentitud:—Sí, alguien me hizo enojar.Ese “alguien” eras tú, Ramiro.La voz de Ramiro sonó con enfado:—¿Quién se atrevió?La sonrisa de Dafne se volvió aún más sarcástica, y sus ojos se llenaron de lágrimas.Estaba a punto de hablar cuando el celular vibró con una nueva notificación.[Señorita, ya le conté a tu esposo que estás embarazada. ¿Adivina qué decidió? ¿Pasar su aniversario contigo o estar conmigo... y el futuro heredero de la familia Ríos?]Las lágrimas en los ojos de Dafne no dejaron de acumularse.—Ramiro, la persona que me hizo daño... fuiste tú.En Grupo Ríos.Ramiro dejó escapar una chispa de fastidio en la mirada, aunque la ocultó tan rápido como apareció.—Cariño, sé que últimamente he estado muy ocupado en la empresa y no te he dedicado tiempo. Fue mi error, hoy voy a regresar temprano, ¿sí? No te enojes conmigo, ¿de acuerdo?Su voz sonaba entre suplicante y cautelosa, midiendo el terreno.Del otro lado, el silencio se alargó. Ramiro sintió cómo se le apretaba el pecho.Arrugó la frente, a punto de hablar, cuando la voz de Dafne, cansada, volvió a escucharse.—¿A qué hora vas a llegar?Ramiro soltó el aire como si le quitaran un peso de encima.Alzó la mirada al reloj en la pared y dudó un momento.—A las seis.—Está bien.Dafne respondió sin rodeos, sin agregar una sola palabra más, y colgó de inmediato.Al escuchar el tono de llamada cortarse, Ramiro sintió una mezcla de alivio y resignación. Esbozó una sonrisa forzada.Su Dafne seguía siendo igual de apegada a él que siempre.Ramiro se apuró a ponerse al día con el trabajo pendiente.Últimamente, Aylén se la pasaba inventando pretextos para verlo y él, metido en el juego, terminó dejando de lado a Dafne y provocando que ella se sintiera mal. Eso sí que no tenía justificación.Por más que las aventuras le ayudaran a desahogar el estrés, la única que ocupaba un sitio especial en su corazón era Dafne, esa flor delicada que solo florecía con el cariño que él le daba.Mientras pensaba en eso, el celular empezó a sonar de nuevo.Al ver que era Aylén, frunció el ceño aún más.Respondió con tono seco, casi como si se tratara de un negocio.—¿Qué necesitas?La voz de Aylén, coqueta y envolvente, llegó del otro lado.—Ramiro, te extraño. Además, hoy me compré una pijama de encaje nueva...Al oír eso, Ramiro tragó saliva y su respiración se volvió más pesada.Pero recordó que acababa de prometerle a Dafne que volvería temprano. Apretó los dientes y logró contenerse.—Esta noche regreso a la villa de los Ríos —cortó de tajo Ramiro.Aylén no se inmutó y cambió el tono enseguida.—¿Otra vez vas a quedarte con tu esposa? ¿No podrías quedarte conmigo un rato? Yo también te quiero, igual que ella, cuñado...Al escuchar que lo llamaba “cuñado”, el semblante de Ramiro se endureció y su voz se volvió grave.—Aylén, mide tus palabras.—Ya te dije antes, lo nuestro es solo para saciar el deseo. Te voy a dar dinero, pero no te hagas ilusiones.—Solo tengo espacio para Dafne en mi vida.Los ojos de Ramiro se volvieron gélidos.—¿Algo más? Si no, aquí dejamos la llamada.Había consentido demasiado a Aylén.Tanto, que ya ni siquiera reconocía su lugar.Era momento de ponerle un alto, de hacerle ver la realidad y recordarle lo que le tocaba hacer.Ramiro no se detuvo a pensar si Aylén tenía sentimientos heridos; ya estaba por colgar cuando escuchó un par de sollozos.—Ramiro, entre nosotros ha habido tanta pasión... ¡Hasta siete veces en una noche! Dicen que con el tiempo nace el amor... ¿Nunca has sentido nada por mí? ¿Aunque sea un poquito?Ramiro se quedó inmóvil, sin colgar de inmediato.Pasaron varios segundos.Entonces, pronunciando cada palabra como una sentencia, dijo:—Solo amo a Dafne....Del otro lado, Aylén soltó una risita amarga. Por un instante, Ramiro sintió lástima y estuvo a punto de consolarla, pero Aylén cambió de tema sin aviso.—Ramiro, tengo algo que mostrarte.El nombre “Ramiro” era de Dafne. Nadie más tenía derecho a llamarlo así.A Ramiro le invadió un rechazo instantáneo, dispuesto a regañarla.Pero al ver el mensaje que Aylén le mandó, se quedó helado.Tardó varios segundos en reaccionar.—Tú...Cuando por fin habló, la voz le temblaba.—¿Aylén, estás embarazada?...Villa de los Ríos.En años anteriores, en cada aniversario de bodas, Dafne y Ramiro le daban el día libre a todo el personal de la villa. Además, acostumbraban darles regalos en efectivo como agradecimiento.Capítulo 3[Hermana, estoy embarazada. El papá del bebé es Ramiro.][Sí, tú llevas tres años casada con la familia Ríos y ni un hijo le has dado a Ramiro. Pero yo, con solo unas cuantas noches, ya logré quedar embarazada.][Dafne Cuevas, de verdad que no sirves para nada.]Justo cuando Dafne terminó de leer los mensajes de Aylén Cuevas, miró la prueba de embarazo sobre la mesa. Dos líneas rojas, claras como el día.Dafne acarició su vientre con delicadeza. En sus labios asomaba una sonrisa suave, pero en sus ojos se podía ver una sombra de desdén.Hace tres años, Dafne se casó con Ramiro Ríos.En San Joaquín, todos decían que Ramiro adoraba a su esposa, que no soportaba verla llorar ni una sola vez.Decían que Dafne tenía la suerte de los bendecidos, que sólo por el buen destino de sus antepasados había logrado casarse con un hombre tan bueno.Pero nadie sabía la verdad.Nadie recordaba que Ramiro había sido el hijo ilegítimo ignorado por la familia Ríos.Cuando todos lo menospreciaban, cuando parecía atrapado en un infierno, Dafne fue quien le tendió la mano y lo sacó de la oscuridad.Ella lo acompañó a sobrevivir en una familia donde el cariño era escaso y lo único que importaba era el dinero. Luchó a su lado para que él se convirtiera en el líder absoluto del Grupo Ríos, el hombre más poderoso de San Joaquín.Cuando todo por fin terminó, Dafne aceptó la propuesta de matrimonio de Ramiro.Él le organizó una boda espectacular, y durante el matrimonio la colmó de atenciones, tanto que cualquiera envidiaría su vida como señora Ríos.Dafne pensó que podría vivir tranquila y feliz para siempre.Pero, ¿en qué momento empezó a cambiar Ramiro?Tal vez fue hace tres meses.Aquella noche, el cielo estaba tan oscuro como el carbón.Dafne había ido al club privado donde Ramiro solía reunirse. Quería sorprenderlo.Apenas llegó a la entrada, escuchó a los amigos de Ramiro bromeando con él, con risitas de complicidad.—Oye, Ramiro, ¿de verdad piensas quedarte con tu esposa toda la vida? ¿No te dan ganas de probar algo nuevo de vez en cuando?—Un hombre exitoso como tú, ¿cómo no va a tener un par de aventuras? ¿A poco no tienes ganas de una canaria en la oficina o algo así?...Al terminar las bromas, la sonrisa de Ramiro se desvaneció un poco.Se recostó en el sillón, mirando a todos con una expresión dura y una mirada que cortaba el aire.—¿Se atreven a hablar así de mi esposa? ¿Tan aburridos están?El ambiente se heló de inmediato.En San Joaquín todos sabían que Dafne era el talón de Aquiles de Ramiro.Los amigos que hace un segundo se reían, en ese instante palidecieron; si hubieran podido, habrían caído de rodillas a pedir perdón.Pero de pronto, Ramiro cambió de tono.—Pero bueno... ¿A qué sabrá lo nuevo? Tal vez debería probar.—La verdad, quedarse con una sola persona sí puede llegar a cansar. Ustedes saben cómo es Dafne, siempre igual, nunca se atreve a nada diferente... Cualquiera se aburre.—Y ahora que manejo el Grupo Ríos, si la única mujer a mi lado es ella, la gente va a pensar que soy un tonto.La atmósfera se relajó de nuevo.Los amigos de Ramiro, entusiasmados, no dejaban de animarlo a que probara otras mujeres, diciéndole que la vida era corta y que no valía la pena desperdiciarla siendo fiel.Ramiro parecía disfrutarlo.Aun así, añadió con voz seca:—Pero que Dafne no se entere, ¿eh? Si alguien le dice algo, se las va a ver conmigo.Él solo quería sacarse el antojo. Era cuestión de deseo, nada más.Eso no significaba que ya no amara a Dafne.Dafne siempre iba a ser la mujer más importante para él, su único amor verdadero en la vida.Él la amaba tanto.Y Dafne, según él, debía entenderlo.—Al final, soy hombre, no un santo....Dafne, parada frente a la puerta, escuchó y vio todo sin decir una palabra. No hizo escándalo ni se puso a llorar.Solo caminó de regreso a casa, con el viento golpeándole la cara. Esa noche, le dio fiebre.Ramiro se puso como loco, no se despegó de ella ni un solo minuto durante tres días, cuidándola sin descansar.Cuando Dafne despertó, no mencionó nada.Siguió tratándolo con cariño, como si nada hubiera pasado.Ramiro, sintiéndose culpable, pasó una semana entera en casa, atendiendo a Dafne por su cuenta.Al séptimo día, Ramiro recibió una llamada.Del otro lado, se escuchaba una voz femenina, dulce y seductora.Después de colgar el teléfono, Ramiro se excusó diciendo que tenía un asunto urgente en la empresa, dejó a Dafne y se fue sin mirar atrás.Dafne permaneció serena.Ese mismo día, contactó a su mejor amiga:—Dentro de seis meses, ayúdame a fingir un accidente de carro, ¿sí? Quiero irme de la vida de Ramiro.—Pero antes de eso, voy a quitarle todo a Ramiro. Es lo que se merece.Al escuchar toda la historia, su amiga dudó un momento antes de preguntar:—¿Ya lo pensaste bien? Ramiro puede que solo esté confundido, ¿y si...?—No hay ningún “y si”.Esa respuesta ligera, casi indiferente, fue suficiente para sellar el destino entre ella y Ramiro.Ella había comenzado esa relación.Pero por la traición de Ramiro, sería ella quien pondría el punto final.Principio y final, todo en sus manos....Desde el día en que Dafne decidió dejar a Ramiro, ya habían pasado tres meses.En esos tres meses, Dafne se dedicó a poner en orden todo lo relacionado con Ramiro.Casi mil fotos, cartas de amor que sumaban miles de palabras y un montón de regalos, todos de un valor incalculable.Guardó cada cosa en una caja fuerte, planeando dárselas a Ramiro como una “sorpresa” el día que se fuera.Conforme iba terminando de empacar todo, su corazón se sentía más tranquilo.Pero cuando empezó a tener náuseas constantes y se dio cuenta de que llevaba tres meses sin su periodo, algo en su interior cambió.En ese momento.Apenas vio las dos rayitas en la prueba de embarazo, llegó un mensaje de la “flor silvestre” que Ramiro había recogido...Esa “flor silvestre” no era otra que su propia hermana, ¡Aylén!Ella le había contado a Ramiro más de una vez que Aylén no solo la había traicionado antes, sino que era la causante de sus traumas de la infancia...De pronto, Dafne sintió un dolor agudo en el pecho y todo se le puso negro.Después, su estómago se revolvió por completo.De un salto, fue al lavabo y se quedó ahí, con arcadas, mucho rato.—¡Tinlin!—El celular, dejado a un lado, empezó a sonar.Con los ojos enrojecidos, Dafne vio el nombre de quien llamaba: “Ramiro”.La sensación de malestar en su estómago aumentó.No respondió de inmediato. Primero abrió la llave del agua y, con el sonido del chorro de fondo, se lavó la cara. Solo después de recobrar un poco la calma, contestó la llamada cuando Ramiro volvió a marcar.Apenas contestó, la voz al otro lado era solo nerviosismo:—Dafne, ¿por qué no contestabas? ¿Te sientes mal, te pasa algo...?—No me pasa nada.Dafne aspiró por la nariz, tiró la prueba de embarazo al bote de basura y salió del baño.Al escuchar esa voz nasal, Ramiro se alteró aún más.—¿Estuviste llorando? ¿Quién te hizo enojar? Dímelo, yo me encargo, ¿sí? Soy tu esposo, siempre te voy a defender.Desde que se volvió el jefe de la familia Ríos, Ramiro mantenía una imagen amable ante la gente.Pero si alguien se atrevía a molestar a Dafne, era capaz de cualquier cosa para defenderla.Su lado más oscuro salía a relucir en esos momentos.Dafne lo sabía bien, y al pensar en las veces que Ramiro había actuado sin piedad para protegerla, una mueca se dibujó en sus labios, pero sus ojos no acompañaron esa sonrisa.No pudo evitar preguntarse: ¿y si Ramiro supiera que quienes la lastiman son él y Aylén, qué haría entonces?Con ese pensamiento, Dafne respondió con lentitud:—Sí, alguien me hizo enojar.Ese “alguien” eras tú, Ramiro.La voz de Ramiro sonó con enfado:—¿Quién se atrevió?La sonrisa de Dafne se volvió aún más sarcástica, y sus ojos se llenaron de lágrimas.Estaba a punto de hablar cuando el celular vibró con una nueva notificación.[Señorita, ya le conté a tu esposo que estás embarazada. ¿Adivina qué decidió? ¿Pasar su aniversario contigo o estar conmigo... y el futuro heredero de la familia Ríos?]Las lágrimas en los ojos de Dafne no dejaron de acumularse.—Ramiro, la persona que me hizo daño... fuiste tú.En Grupo Ríos.Ramiro dejó escapar una chispa de fastidio en la mirada, aunque la ocultó tan rápido como apareció.—Cariño, sé que últimamente he estado muy ocupado en la empresa y no te he dedicado tiempo. Fue mi error, hoy voy a regresar temprano, ¿sí? No te enojes conmigo, ¿de acuerdo?Su voz sonaba entre suplicante y cautelosa, midiendo el terreno.Del otro lado, el silencio se alargó. Ramiro sintió cómo se le apretaba el pecho.Arrugó la frente, a punto de hablar, cuando la voz de Dafne, cansada, volvió a escucharse.—¿A qué hora vas a llegar?Ramiro soltó el aire como si le quitaran un peso de encima.Alzó la mirada al reloj en la pared y dudó un momento.—A las seis.—Está bien.Dafne respondió sin rodeos, sin agregar una sola palabra más, y colgó de inmediato.Al escuchar el tono de llamada cortarse, Ramiro sintió una mezcla de alivio y resignación. Esbozó una sonrisa forzada.Su Dafne seguía siendo igual de apegada a él que siempre.Ramiro se apuró a ponerse al día con el trabajo pendiente.Últimamente, Aylén se la pasaba inventando pretextos para verlo y él, metido en el juego, terminó dejando de lado a Dafne y provocando que ella se sintiera mal. Eso sí que no tenía justificación.Por más que las aventuras le ayudaran a desahogar el estrés, la única que ocupaba un sitio especial en su corazón era Dafne, esa flor delicada que solo florecía con el cariño que él le daba.Mientras pensaba en eso, el celular empezó a sonar de nuevo.Al ver que era Aylén, frunció el ceño aún más.Respondió con tono seco, casi como si se tratara de un negocio.—¿Qué necesitas?La voz de Aylén, coqueta y envolvente, llegó del otro lado.—Ramiro, te extraño. Además, hoy me compré una pijama de encaje nueva...Al oír eso, Ramiro tragó saliva y su respiración se volvió más pesada.Pero recordó que acababa de prometerle a Dafne que volvería temprano. Apretó los dientes y logró contenerse.—Esta noche regreso a la villa de los Ríos —cortó de tajo Ramiro.Aylén no se inmutó y cambió el tono enseguida.—¿Otra vez vas a quedarte con tu esposa? ¿No podrías quedarte conmigo un rato? Yo también te quiero, igual que ella, cuñado...Al escuchar que lo llamaba “cuñado”, el semblante de Ramiro se endureció y su voz se volvió grave.—Aylén, mide tus palabras.—Ya te dije antes, lo nuestro es solo para saciar el deseo. Te voy a dar dinero, pero no te hagas ilusiones.—Solo tengo espacio para Dafne en mi vida.Los ojos de Ramiro se volvieron gélidos.—¿Algo más? Si no, aquí dejamos la llamada.Había consentido demasiado a Aylén.Tanto, que ya ni siquiera reconocía su lugar.Era momento de ponerle un alto, de hacerle ver la realidad y recordarle lo que le tocaba hacer.Ramiro no se detuvo a pensar si Aylén tenía sentimientos heridos; ya estaba por colgar cuando escuchó un par de sollozos.—Ramiro, entre nosotros ha habido tanta pasión... ¡Hasta siete veces en una noche! Dicen que con el tiempo nace el amor... ¿Nunca has sentido nada por mí? ¿Aunque sea un poquito?Ramiro se quedó inmóvil, sin colgar de inmediato.Pasaron varios segundos.Entonces, pronunciando cada palabra como una sentencia, dijo:—Solo amo a Dafne....Del otro lado, Aylén soltó una risita amarga. Por un instante, Ramiro sintió lástima y estuvo a punto de consolarla, pero Aylén cambió de tema sin aviso.—Ramiro, tengo algo que mostrarte.El nombre “Ramiro” era de Dafne. Nadie más tenía derecho a llamarlo así.A Ramiro le invadió un rechazo instantáneo, dispuesto a regañarla.Pero al ver el mensaje que Aylén le mandó, se quedó helado.Tardó varios segundos en reaccionar.—Tú...Cuando por fin habló, la voz le temblaba.—¿Aylén, estás embarazada?...Villa de los Ríos.En años anteriores, en cada aniversario de bodas, Dafne y Ramiro le daban el día libre a todo el personal de la villa. Además, acostumbraban darles regalos en efectivo como agradecimiento.

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