Cuando Viviana descubrió la infidelidad de su marido, no dudó en terminar la relación de inmediato. Sin embargo, él persistía en acosarla, complicándole su deseo de dejar todo atrás. En medio de esta turbulencia, Viviana se enteró de que estaba embarazada. Con la intención de enfrentar la situación por su cuenta, se sorprendió al encontrar al verdadero padre del bebé esperándola en la puerta del hospital. Con determinación, le expresó que, al igual que ella, él también tenía derecho a formar parte de esta nueva etapa en su vida. Ante este giro inesperado de eventos, Viviana optó por tomar el libro de familia y casarse con él. Lo que inicialmente pensó sería una existencia tranquila y predecible se transformó en una vida llena de gratitud, acompañada de un esposo e hijo que la adoraban más de lo que había imaginado posible. Mientras Viviana florecía en su nueva realidad, su ex intentó regresar, implorándole que abandonara su actual matrimonio y retomara el pasado. Sin embargo, Viviana, con una serenidad resoluta, sabía que no había vuelta atrás; encontró en su nuevo esposo un verdadero compañero que valoraba cada aspecto de quién era. Fabián Serrano, el prestigioso heredero de la familia Serrano, siempre había sido visto como distante y poco interesado en las relaciones románticas, asumiendo el matrimonio solo por el bienestar del niño. Pero las circunstancias revelaron otra faceta de él: un hombre capaz de desvanecer los rumores con su dedicación y cuidado hacia Viviana, demostrando que era, en realidad, un esposo amoroso y presente.

Capítulo 1Viviana acababa de colgar el teléfono. Sus dedos rodearon con fuerza el celular, mientras bajaba la mirada. El vacío y la tristeza la invadieron, extendiéndose desde el corazón hasta cada rincón de su cuerpo.Su asistenta Matilde, con los ojos llenos de preocupación, casi se echó a llorar al verla así. Ella había acompañado a Viviana desde el primer día, cuando su sueño apenas era una idea. Sabía mejor que nadie lo mucho que significaba ese estudio para ella. Fueron años de esfuerzo, desvelos y días de incertidumbre, pero el amor por la fotografía la sostuvo.Por fin había logrado algo, y ahora tenía que cerrar todo de golpe.Matilde no podía imaginarse el golpe tan duro que eso representaba para Viviana.—Vivi…Matilde la miró, entre tristeza y angustia.—Estoy bien —dijo Viviana, reprimiendo el sabor amargo que le subía por la garganta. Forzó una sonrisa para tranquilizarla—. Por favor, contacta a los clientes que tenían sesiones agendadas para los próximos días. Cancela todas las citas. Si piden algún reembolso, mientras no sea exagerado, dáselo. Si surge algo que no puedas manejar, avísame.Matilde parpadeó, y las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.—Vivi, ¿de verdad ya no hay nada que se pueda hacer? No quiero perderte, esto no es justo…Viviana le secó las lágrimas con la mano y sonrió con dulzura.—Ánimo, solo voy a cerrar el estudio, no me voy a morir ni nada. Igual podemos vernos, ¿eh?—¡No digas eso! Tocamos madera, ni lo menciones.Matilde, temblando, la abrazó apretándola con fuerza.—Vivi, dime quién fue. Yo misma voy y le grito, hasta le echo una maldición si quieres.Viviana parpadeó. Ese estudio era su vida, y si a Matilde le costaba despedirse, para ella era aún más difícil. Pero, ¿qué podía hacer?Ni en astucia, ni en poder, ni en cinismo podía compararse con Esteban Ríos.Pero si él pensaba que así iba a doblegarla, estaba muy equivocado.Dio unas palmadas suaves en la espalda de Matilde y le susurró:—Ya no llores, no es para tanto. Yo voy a arreglar todo.Matilde torció la boca, sin poder creer que pudiera decir eso cuando estaba a punto de perderlo todo. Sabía que Viviana solo trataba de protegerla, y eso le dolía todavía más....Al salir del estudio, Viviana dejó caer la cabeza, perdiendo la calma que había mostrado antes. Miraba la punta de sus zapatos y dejó escapar un suspiro que venía del alma.De pronto, se escuchó un claxon.Solo entonces notó el carro negro estacionado frente a ella.La ventanilla bajó, mostrando el rostro de un hombre.Tenía facciones marcadas y elegantes, una belleza casi irreal. Al girar para mirarla, sus ojos oscuros se llenaron de una calidez engañosa.Viviana lo observó en silencio.El rostro era el mismo de antes, pero la persona que la miraba ya no era la de antes.Esa cara que antes le parecía tan dulce, ahora solo le provocaba rechazo y asco.Viviana apartó la mirada sin titubear, negándole hasta el más mínimo gesto.Los ojos de Esteban se ensombrecieron. Justo cuando ella iba a seguir su camino, él habló:—Súbete.Viviana actuó como si no hubiera escuchado nada.Esteban frunció el ceño y la llamó con voz grave:—Vivi.Ella cerró los ojos, y la furia junto con la impotencia le quemaron por dentro. Cuando volvió a abrirlos, su mirada se volvió tan cortante que parecía cortar el aire.Curvó los labios en una sonrisa desdeñosa.—Ya lograste lo que querías, el estudio está cerrado. ¿Ahora qué más quieres? A ver, piensa, ¿con qué vas a amenazarme ahora?Mientras hablaba, bajó la cabeza y empezó a contar con los dedos, simulando estar muy concentrada.—Ya no tengo el estudio, no me queda nada. Ah, sí, la casa, pero esa la compré yo sola. Supongo que no vas a obligarme a mudarme, ¿verdad?A Esteban le dolía verla tan sarcástica y distante.—Súbete al carro, quiero que hablemos bien.—¿Hablar? —Viviana levantó la mirada, una mueca irónica asomó en su cara—. ¿Ya sabe Leona Montoya que estás aquí?Esteban no pudo ocultar su molestia; en su voz se notaba el tono de amenaza.—Vivi, súbete al carro. Solo quiero invitarte a comer, no me obligues a hacer algo de lo que me pueda arrepentir.Viviana jamás imaginó que él se atreviera a decir algo tan descarado. Cuando vio que hablaba en serio, miró a su alrededor y notó que no había nadie cerca. Si él se ponía violento, sabía que no tenía cómo defenderse.—¿Qué es lo que quieres ahora?—Súbete al carro.Las palabras de Esteban, aunque breves, llevaban una fuerza inapelable.Viviana respiró hondo, tragándose el enojo, y fue directo a abrir la puerta trasera.La puerta no se abrió al primer intento.Al ver la expresión de fastidio en su rostro, Esteban temió que ella se arrepintiera y decidiera marcharse. Se guardó el comentario de pedirle que se sentara adelante y desbloqueó la puerta trasera. No quería forzar aún más la situación, a menos que fuera estrictamente necesario.Viviana entró al carro y azotó la puerta con tal fuerza que el golpe retumbó en el aire.Esteban apretó el volante, sintiendo una amargura difícil de tragar.Durante el trayecto, Viviana se cruzó de brazos, cerró los ojos y fingió dormir. No dijo una sola palabra, lo que logró que Esteban se tragara cualquier cosa que quisiera decir.El silencio los acompañó todo el camino hasta el restaurante. Esteban ya había reservado una mesa y ordenado la comida.—Vivi, aquí tienes tu pescado favorito. Todavía me acuerdo que nuestra primera cita fue en este lugar. Dijiste que lo que más te gustaba era el pescado de aquí, aunque siempre te daba miedo encontrar espinas.Con una sonrisa suave, le sirvió un trozo de pescado, asegurándose de quitarle todas las espinas antes de ponerlo en el plato de Viviana. La miró con ojos llenos de nostalgia.Desde fuera, cualquiera habría pensado que era el novio más atento y cariñoso del mundo.Pero Viviana ni siquiera levantó la mirada. Se quedó sentada, sin inmutarse por sus palabras, como si la protagonista de esa historia no fuera ella.Ni una pizca de emoción.Esteban sintió una punzada de vacío en el corazón, como si alguien le apretara el pecho hasta dejarlo sin aire. Aun así, se forzó a sonreír.—Ese día también me pediste que te quitara las espinas toda la vida, ¿te acuerdas?La paciencia de Viviana llegó al límite. Cerró los puños bajo la mesa y soltó, incapaz de aguantarse más.—¿Por qué no dejas de decir esas cosas tan repugnantes?Sí, ella había dicho esas palabras. Pero ahora solo le recordaban lo ingenua que había sido.La expresión de Esteban se endureció. Habló con seriedad absoluta.—No son cosas repugnantes. Cada palabra que dijiste, yo la tengo grabada.De pronto, a Viviana le dieron náuseas. Miró el pescado en su plato, el que antes le encantaba, y ahora no podía ni olerlo sin que el estómago se le revolviera. Ese aroma leve a pescado solo le provocaba más asco.Tapándose la boca, no logró contenerse y soltó un sonido ahogado.—Ugh...Esteban se alarmó y quiso ayudarla, apoyando la mano en su hombro.—Vivi, ¿estás bien?Viviana apartó su mano de un manotazo y, aún respirando agitadamente, lo miró con una mezcla de rechazo y hastío. El simple hecho de ver su cara preocupada le provocaba más repulsión.Entonces, como si se le ocurriera algo, curvó los labios en una media sonrisa.—No te preocupes, solo estoy embarazada.El cuerpo de Esteban se quedó rígido. En un segundo, se le fue el color del rostro.—Vivi, no digas tonterías.Viviana sacó una sonrisa, sarcástica como nunca.—¿Tonterías? ¿Ya se te olvidó? No fuiste tú el que...—¡Ya basta! —Esteban la interrumpió, su voz sonó dura, la cara descompuesta.Viviana lo miró con una mueca de burla.—¿Qué pasa? ¿Te molesta escuchar lo que tú mismo hiciste?Esteban bajó la mirada, sus ojos se oscurecieron. Después de unos segundos, habló en voz baja.—Perdón... No fue mi intención gritarte. Pero ese bebé no puede nacer. Te voy a llevar al hospital para que... lo interrumpas.Viviana soltó una carcajada amarga, tan fuerte que casi le salieron lágrimas.Lo miró directo a los ojos, con una voz tan cortante como el viento helado de invierno.—¿Y crees que con eso todo se va a borrar? ¿Así de fácil?Los ojos de Esteban se endurecieron; una frase, como cuchilla, le atravesó el pecho y le revolvió todo por dentro. El dolor le crispó el alma, pero en su rostro no se asomó ni un titubeo, seguía mostrándose firme.Viviana alzó la mirada, le lanzó una ojeada de reojo y bajó la vista con una sonrisa que rezumaba burla.—¿De verdad te lo creíste? ¿De verdad pensaste que yo dejaría que me pusieran esa mancha? Lo único que pasó es que tus palabras me dieron asco.Al escuchar esto, Esteban soltó el aire en un suspiro apenas perceptible; incluso sus hombros parecieron relajarse un poco.Viviana lo miró de nuevo, pero ya no había nada más que tristeza en su interior, una tristeza tan honda que parecía no tener fondo.¿En qué momento se había fijado en Esteban? ¿O sería que antes no era así?—Si tienes algo que decir, dilo ya. No tengo tiempo para verte haciendo el papel de mártir. Te la pasas actuando para Leona y luego te vienes a hacer el dramático conmigo. Ni tú te aguantas. Mejor dedícale ese esfuerzo a quedar bien con Leona. Al final, ella tiene a todo el Grupo Montoya detrás.No quería seguir perdiendo el tiempo con él. Solo de mirarlo, hasta el estómago le daba vueltas.—Vivi, ¿de verdad tenemos que llegar a esto? —La voz de Esteban salió rasposa, como si le hubieran dado un trago de arena. Sus ojos, llenos de una herida que no sabía cerrar.La burla en la mirada de Viviana se hizo más evidente. No necesitó decir ni una palabra para que Esteban sintiera cómo le apretaba el pecho esa mezcla de vergüenza y arrepentimiento.Un sabor amargo le fue creciendo dentro, como un pozo negro que se abría y amenazaba tragárselo por completo.Se quedó ahí, mirando a Viviana, perdido, con la garganta apretada y una punzada que le quemaba por dentro.Bajó la cabeza, pero al alzar de nuevo los ojos, traía una determinación que no había mostrado antes. Su voz se volvió casi una súplica.—Vivi, quédate conmigo. Si te quedas a mi lado, puedes hacer todo lo que te gusta. Lo del estudio, lo que quieras. Yo me encargo de que todo esté perfecto para ti.Que todo esté perfecto para ella...Qué ironía. Antes era alguien que valía la pena, ahora solo sabía manipular y usar el poder para torcerlo todo a su favor.No solo la traicionaba, ahora encima quería tenerlo todo, como si con el estudio pudiera comprarla.Viviana, en vez de enfadarse, soltó una risa seca.—¿Quedarme contigo? ¿Y bajo qué título se supone que sería?—¿Tu amante?—¿Tu segunda opción?—O acaso... —De pronto el pecho le pesó tanto que hasta le costó seguir hablando. Sus manos, apoyadas en las piernas, se cerraron con fuerza. Tardó en poder preguntar—: ¿O crees que soy como un perrito al que puedes llamar cuando se te antoje, o una rata que solo puede esconderse en la sombra?Esteban negó con la cabeza, con urgencia. No, nunca permitiría que Viviana fuera la otra. No era un juguete, ni una sombra que tuviera que esconderse.Ella era, después de su madre, la persona más importante de su vida. La quería tanto que solo deseaba protegerla y hacerla feliz.La miró directo a los ojos y habló con toda la sinceridad que le quedaba.—Vivi, eres... mi novia.Quizá porque sabía cuán absurdo sonaba, el decir “novia” le costó trabajo, como si la palabra se le atascara en la lengua.—¿No te da asco decir eso? ¿Que soy tu novia? ¿Y Leona, entonces? ¿Qué es ella para ti?—Esteban, la verdad, ya no sé qué pretendes.Viviana dejó que su mirada lo recorriera de arriba abajo, sin piedad.—O tal vez nunca te conocí realmente. A lo mejor todo desde el principio estaba planeado.La mueca de burla en el rostro de Viviana se volvió todavía más evidente.A Esteban se le atoró la voz en la garganta, sentía que hasta respirar le dolía.Sí, al principio se había acercado a Viviana con un motivo oculto. Pero mientras más tiempo pasaba con ella, más se daba cuenta de lo valiosa que era.Si hubiera tenido otra salida, jamás habría hecho esto.Durante todo el tiempo a su lado, salvo por una cosa, nunca le había mentido. Lo que sentía por ella era de verdad.Capítulo 2Viviana acababa de colgar el teléfono. Sus dedos rodearon con fuerza el celular, mientras bajaba la mirada. El vacío y la tristeza la invadieron, extendiéndose desde el corazón hasta cada rincón de su cuerpo.Su asistenta Matilde, con los ojos llenos de preocupación, casi se echó a llorar al verla así. Ella había acompañado a Viviana desde el primer día, cuando su sueño apenas era una idea. Sabía mejor que nadie lo mucho que significaba ese estudio para ella. Fueron años de esfuerzo, desvelos y días de incertidumbre, pero el amor por la fotografía la sostuvo.Por fin había logrado algo, y ahora tenía que cerrar todo de golpe.Matilde no podía imaginarse el golpe tan duro que eso representaba para Viviana.—Vivi…Matilde la miró, entre tristeza y angustia.—Estoy bien —dijo Viviana, reprimiendo el sabor amargo que le subía por la garganta. Forzó una sonrisa para tranquilizarla—. Por favor, contacta a los clientes que tenían sesiones agendadas para los próximos días. Cancela todas las citas. Si piden algún reembolso, mientras no sea exagerado, dáselo. Si surge algo que no puedas manejar, avísame.Matilde parpadeó, y las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.—Vivi, ¿de verdad ya no hay nada que se pueda hacer? No quiero perderte, esto no es justo…Viviana le secó las lágrimas con la mano y sonrió con dulzura.—Ánimo, solo voy a cerrar el estudio, no me voy a morir ni nada. Igual podemos vernos, ¿eh?—¡No digas eso! Tocamos madera, ni lo menciones.Matilde, temblando, la abrazó apretándola con fuerza.—Vivi, dime quién fue. Yo misma voy y le grito, hasta le echo una maldición si quieres.Viviana parpadeó. Ese estudio era su vida, y si a Matilde le costaba despedirse, para ella era aún más difícil. Pero, ¿qué podía hacer?Ni en astucia, ni en poder, ni en cinismo podía compararse con Esteban Ríos.Pero si él pensaba que así iba a doblegarla, estaba muy equivocado.Dio unas palmadas suaves en la espalda de Matilde y le susurró:—Ya no llores, no es para tanto. Yo voy a arreglar todo.Matilde torció la boca, sin poder creer que pudiera decir eso cuando estaba a punto de perderlo todo. Sabía que Viviana solo trataba de protegerla, y eso le dolía todavía más....Al salir del estudio, Viviana dejó caer la cabeza, perdiendo la calma que había mostrado antes. Miraba la punta de sus zapatos y dejó escapar un suspiro que venía del alma.De pronto, se escuchó un claxon.Solo entonces notó el carro negro estacionado frente a ella.La ventanilla bajó, mostrando el rostro de un hombre.Tenía facciones marcadas y elegantes, una belleza casi irreal. Al girar para mirarla, sus ojos oscuros se llenaron de una calidez engañosa.Viviana lo observó en silencio.El rostro era el mismo de antes, pero la persona que la miraba ya no era la de antes.Esa cara que antes le parecía tan dulce, ahora solo le provocaba rechazo y asco.Viviana apartó la mirada sin titubear, negándole hasta el más mínimo gesto.Los ojos de Esteban se ensombrecieron. Justo cuando ella iba a seguir su camino, él habló:—Súbete.Viviana actuó como si no hubiera escuchado nada.Esteban frunció el ceño y la llamó con voz grave:—Vivi.Ella cerró los ojos, y la furia junto con la impotencia le quemaron por dentro. Cuando volvió a abrirlos, su mirada se volvió tan cortante que parecía cortar el aire.Curvó los labios en una sonrisa desdeñosa.—Ya lograste lo que querías, el estudio está cerrado. ¿Ahora qué más quieres? A ver, piensa, ¿con qué vas a amenazarme ahora?Mientras hablaba, bajó la cabeza y empezó a contar con los dedos, simulando estar muy concentrada.—Ya no tengo el estudio, no me queda nada. Ah, sí, la casa, pero esa la compré yo sola. Supongo que no vas a obligarme a mudarme, ¿verdad?A Esteban le dolía verla tan sarcástica y distante.—Súbete al carro, quiero que hablemos bien.—¿Hablar? —Viviana levantó la mirada, una mueca irónica asomó en su cara—. ¿Ya sabe Leona Montoya que estás aquí?Esteban no pudo ocultar su molestia; en su voz se notaba el tono de amenaza.—Vivi, súbete al carro. Solo quiero invitarte a comer, no me obligues a hacer algo de lo que me pueda arrepentir.Viviana jamás imaginó que él se atreviera a decir algo tan descarado. Cuando vio que hablaba en serio, miró a su alrededor y notó que no había nadie cerca. Si él se ponía violento, sabía que no tenía cómo defenderse.—¿Qué es lo que quieres ahora?—Súbete al carro.Las palabras de Esteban, aunque breves, llevaban una fuerza inapelable.Viviana respiró hondo, tragándose el enojo, y fue directo a abrir la puerta trasera.La puerta no se abrió al primer intento.Al ver la expresión de fastidio en su rostro, Esteban temió que ella se arrepintiera y decidiera marcharse. Se guardó el comentario de pedirle que se sentara adelante y desbloqueó la puerta trasera. No quería forzar aún más la situación, a menos que fuera estrictamente necesario.Viviana entró al carro y azotó la puerta con tal fuerza que el golpe retumbó en el aire.Esteban apretó el volante, sintiendo una amargura difícil de tragar.Durante el trayecto, Viviana se cruzó de brazos, cerró los ojos y fingió dormir. No dijo una sola palabra, lo que logró que Esteban se tragara cualquier cosa que quisiera decir.El silencio los acompañó todo el camino hasta el restaurante. Esteban ya había reservado una mesa y ordenado la comida.—Vivi, aquí tienes tu pescado favorito. Todavía me acuerdo que nuestra primera cita fue en este lugar. Dijiste que lo que más te gustaba era el pescado de aquí, aunque siempre te daba miedo encontrar espinas.Con una sonrisa suave, le sirvió un trozo de pescado, asegurándose de quitarle todas las espinas antes de ponerlo en el plato de Viviana. La miró con ojos llenos de nostalgia.Desde fuera, cualquiera habría pensado que era el novio más atento y cariñoso del mundo.Pero Viviana ni siquiera levantó la mirada. Se quedó sentada, sin inmutarse por sus palabras, como si la protagonista de esa historia no fuera ella.Ni una pizca de emoción.Esteban sintió una punzada de vacío en el corazón, como si alguien le apretara el pecho hasta dejarlo sin aire. Aun así, se forzó a sonreír.—Ese día también me pediste que te quitara las espinas toda la vida, ¿te acuerdas?La paciencia de Viviana llegó al límite. Cerró los puños bajo la mesa y soltó, incapaz de aguantarse más.—¿Por qué no dejas de decir esas cosas tan repugnantes?Sí, ella había dicho esas palabras. Pero ahora solo le recordaban lo ingenua que había sido.La expresión de Esteban se endureció. Habló con seriedad absoluta.—No son cosas repugnantes. Cada palabra que dijiste, yo la tengo grabada.De pronto, a Viviana le dieron náuseas. Miró el pescado en su plato, el que antes le encantaba, y ahora no podía ni olerlo sin que el estómago se le revolviera. Ese aroma leve a pescado solo le provocaba más asco.Tapándose la boca, no logró contenerse y soltó un sonido ahogado.—Ugh...Esteban se alarmó y quiso ayudarla, apoyando la mano en su hombro.—Vivi, ¿estás bien?Viviana apartó su mano de un manotazo y, aún respirando agitadamente, lo miró con una mezcla de rechazo y hastío. El simple hecho de ver su cara preocupada le provocaba más repulsión.Entonces, como si se le ocurriera algo, curvó los labios en una media sonrisa.—No te preocupes, solo estoy embarazada.El cuerpo de Esteban se quedó rígido. En un segundo, se le fue el color del rostro.—Vivi, no digas tonterías.Viviana sacó una sonrisa, sarcástica como nunca.—¿Tonterías? ¿Ya se te olvidó? No fuiste tú el que...—¡Ya basta! —Esteban la interrumpió, su voz sonó dura, la cara descompuesta.Viviana lo miró con una mueca de burla.—¿Qué pasa? ¿Te molesta escuchar lo que tú mismo hiciste?Esteban bajó la mirada, sus ojos se oscurecieron. Después de unos segundos, habló en voz baja.—Perdón... No fue mi intención gritarte. Pero ese bebé no puede nacer. Te voy a llevar al hospital para que... lo interrumpas.Viviana soltó una carcajada amarga, tan fuerte que casi le salieron lágrimas.Lo miró directo a los ojos, con una voz tan cortante como el viento helado de invierno.—¿Y crees que con eso todo se va a borrar? ¿Así de fácil?Los ojos de Esteban se endurecieron; una frase, como cuchilla, le atravesó el pecho y le revolvió todo por dentro. El dolor le crispó el alma, pero en su rostro no se asomó ni un titubeo, seguía mostrándose firme.Viviana alzó la mirada, le lanzó una ojeada de reojo y bajó la vista con una sonrisa que rezumaba burla.—¿De verdad te lo creíste? ¿De verdad pensaste que yo dejaría que me pusieran esa mancha? Lo único que pasó es que tus palabras me dieron asco.Al escuchar esto, Esteban soltó el aire en un suspiro apenas perceptible; incluso sus hombros parecieron relajarse un poco.Viviana lo miró de nuevo, pero ya no había nada más que tristeza en su interior, una tristeza tan honda que parecía no tener fondo.¿En qué momento se había fijado en Esteban? ¿O sería que antes no era así?—Si tienes algo que decir, dilo ya. No tengo tiempo para verte haciendo el papel de mártir. Te la pasas actuando para Leona y luego te vienes a hacer el dramático conmigo. Ni tú te aguantas. Mejor dedícale ese esfuerzo a quedar bien con Leona. Al final, ella tiene a todo el Grupo Montoya detrás.No quería seguir perdiendo el tiempo con él. Solo de mirarlo, hasta el estómago le daba vueltas.—Vivi, ¿de verdad tenemos que llegar a esto? —La voz de Esteban salió rasposa, como si le hubieran dado un trago de arena. Sus ojos, llenos de una herida que no sabía cerrar.La burla en la mirada de Viviana se hizo más evidente. No necesitó decir ni una palabra para que Esteban sintiera cómo le apretaba el pecho esa mezcla de vergüenza y arrepentimiento.Un sabor amargo le fue creciendo dentro, como un pozo negro que se abría y amenazaba tragárselo por completo.Se quedó ahí, mirando a Viviana, perdido, con la garganta apretada y una punzada que le quemaba por dentro.Bajó la cabeza, pero al alzar de nuevo los ojos, traía una determinación que no había mostrado antes. Su voz se volvió casi una súplica.—Vivi, quédate conmigo. Si te quedas a mi lado, puedes hacer todo lo que te gusta. Lo del estudio, lo que quieras. Yo me encargo de que todo esté perfecto para ti.Que todo esté perfecto para ella...Qué ironía. Antes era alguien que valía la pena, ahora solo sabía manipular y usar el poder para torcerlo todo a su favor.No solo la traicionaba, ahora encima quería tenerlo todo, como si con el estudio pudiera comprarla.Viviana, en vez de enfadarse, soltó una risa seca.—¿Quedarme contigo? ¿Y bajo qué título se supone que sería?—¿Tu amante?—¿Tu segunda opción?—O acaso... —De pronto el pecho le pesó tanto que hasta le costó seguir hablando. Sus manos, apoyadas en las piernas, se cerraron con fuerza. Tardó en poder preguntar—: ¿O crees que soy como un perrito al que puedes llamar cuando se te antoje, o una rata que solo puede esconderse en la sombra?Esteban negó con la cabeza, con urgencia. No, nunca permitiría que Viviana fuera la otra. No era un juguete, ni una sombra que tuviera que esconderse.Ella era, después de su madre, la persona más importante de su vida. La quería tanto que solo deseaba protegerla y hacerla feliz.La miró directo a los ojos y habló con toda la sinceridad que le quedaba.—Vivi, eres... mi novia.Quizá porque sabía cuán absurdo sonaba, el decir “novia” le costó trabajo, como si la palabra se le atascara en la lengua.—¿No te da asco decir eso? ¿Que soy tu novia? ¿Y Leona, entonces? ¿Qué es ella para ti?—Esteban, la verdad, ya no sé qué pretendes.Viviana dejó que su mirada lo recorriera de arriba abajo, sin piedad.—O tal vez nunca te conocí realmente. A lo mejor todo desde el principio estaba planeado.La mueca de burla en el rostro de Viviana se volvió todavía más evidente.A Esteban se le atoró la voz en la garganta, sentía que hasta respirar le dolía.Sí, al principio se había acercado a Viviana con un motivo oculto. Pero mientras más tiempo pasaba con ella, más se daba cuenta de lo valiosa que era.Si hubiera tenido otra salida, jamás habría hecho esto.Durante todo el tiempo a su lado, salvo por una cosa, nunca le había mentido. Lo que sentía por ella era de verdad.Capítulo 3Viviana acababa de colgar el teléfono. Sus dedos rodearon con fuerza el celular, mientras bajaba la mirada. El vacío y la tristeza la invadieron, extendiéndose desde el corazón hasta cada rincón de su cuerpo.Su asistenta Matilde, con los ojos llenos de preocupación, casi se echó a llorar al verla así. Ella había acompañado a Viviana desde el primer día, cuando su sueño apenas era una idea. Sabía mejor que nadie lo mucho que significaba ese estudio para ella. Fueron años de esfuerzo, desvelos y días de incertidumbre, pero el amor por la fotografía la sostuvo.Por fin había logrado algo, y ahora tenía que cerrar todo de golpe.Matilde no podía imaginarse el golpe tan duro que eso representaba para Viviana.—Vivi…Matilde la miró, entre tristeza y angustia.—Estoy bien —dijo Viviana, reprimiendo el sabor amargo que le subía por la garganta. Forzó una sonrisa para tranquilizarla—. Por favor, contacta a los clientes que tenían sesiones agendadas para los próximos días. Cancela todas las citas. Si piden algún reembolso, mientras no sea exagerado, dáselo. Si surge algo que no puedas manejar, avísame.Matilde parpadeó, y las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.—Vivi, ¿de verdad ya no hay nada que se pueda hacer? No quiero perderte, esto no es justo…Viviana le secó las lágrimas con la mano y sonrió con dulzura.—Ánimo, solo voy a cerrar el estudio, no me voy a morir ni nada. Igual podemos vernos, ¿eh?—¡No digas eso! Tocamos madera, ni lo menciones.Matilde, temblando, la abrazó apretándola con fuerza.—Vivi, dime quién fue. Yo misma voy y le grito, hasta le echo una maldición si quieres.Viviana parpadeó. Ese estudio era su vida, y si a Matilde le costaba despedirse, para ella era aún más difícil. Pero, ¿qué podía hacer?Ni en astucia, ni en poder, ni en cinismo podía compararse con Esteban Ríos.Pero si él pensaba que así iba a doblegarla, estaba muy equivocado.Dio unas palmadas suaves en la espalda de Matilde y le susurró:—Ya no llores, no es para tanto. Yo voy a arreglar todo.Matilde torció la boca, sin poder creer que pudiera decir eso cuando estaba a punto de perderlo todo. Sabía que Viviana solo trataba de protegerla, y eso le dolía todavía más....Al salir del estudio, Viviana dejó caer la cabeza, perdiendo la calma que había mostrado antes. Miraba la punta de sus zapatos y dejó escapar un suspiro que venía del alma.De pronto, se escuchó un claxon.Solo entonces notó el carro negro estacionado frente a ella.La ventanilla bajó, mostrando el rostro de un hombre.Tenía facciones marcadas y elegantes, una belleza casi irreal. Al girar para mirarla, sus ojos oscuros se llenaron de una calidez engañosa.Viviana lo observó en silencio.El rostro era el mismo de antes, pero la persona que la miraba ya no era la de antes.Esa cara que antes le parecía tan dulce, ahora solo le provocaba rechazo y asco.Viviana apartó la mirada sin titubear, negándole hasta el más mínimo gesto.Los ojos de Esteban se ensombrecieron. Justo cuando ella iba a seguir su camino, él habló:—Súbete.Viviana actuó como si no hubiera escuchado nada.Esteban frunció el ceño y la llamó con voz grave:—Vivi.Ella cerró los ojos, y la furia junto con la impotencia le quemaron por dentro. Cuando volvió a abrirlos, su mirada se volvió tan cortante que parecía cortar el aire.Curvó los labios en una sonrisa desdeñosa.—Ya lograste lo que querías, el estudio está cerrado. ¿Ahora qué más quieres? A ver, piensa, ¿con qué vas a amenazarme ahora?Mientras hablaba, bajó la cabeza y empezó a contar con los dedos, simulando estar muy concentrada.—Ya no tengo el estudio, no me queda nada. Ah, sí, la casa, pero esa la compré yo sola. Supongo que no vas a obligarme a mudarme, ¿verdad?A Esteban le dolía verla tan sarcástica y distante.—Súbete al carro, quiero que hablemos bien.—¿Hablar? —Viviana levantó la mirada, una mueca irónica asomó en su cara—. ¿Ya sabe Leona Montoya que estás aquí?Esteban no pudo ocultar su molestia; en su voz se notaba el tono de amenaza.—Vivi, súbete al carro. Solo quiero invitarte a comer, no me obligues a hacer algo de lo que me pueda arrepentir.Viviana jamás imaginó que él se atreviera a decir algo tan descarado. Cuando vio que hablaba en serio, miró a su alrededor y notó que no había nadie cerca. Si él se ponía violento, sabía que no tenía cómo defenderse.—¿Qué es lo que quieres ahora?—Súbete al carro.Las palabras de Esteban, aunque breves, llevaban una fuerza inapelable.Viviana respiró hondo, tragándose el enojo, y fue directo a abrir la puerta trasera.La puerta no se abrió al primer intento.Al ver la expresión de fastidio en su rostro, Esteban temió que ella se arrepintiera y decidiera marcharse. Se guardó el comentario de pedirle que se sentara adelante y desbloqueó la puerta trasera. No quería forzar aún más la situación, a menos que fuera estrictamente necesario.Viviana entró al carro y azotó la puerta con tal fuerza que el golpe retumbó en el aire.Esteban apretó el volante, sintiendo una amargura difícil de tragar.Durante el trayecto, Viviana se cruzó de brazos, cerró los ojos y fingió dormir. No dijo una sola palabra, lo que logró que Esteban se tragara cualquier cosa que quisiera decir.El silencio los acompañó todo el camino hasta el restaurante. Esteban ya había reservado una mesa y ordenado la comida.—Vivi, aquí tienes tu pescado favorito. Todavía me acuerdo que nuestra primera cita fue en este lugar. Dijiste que lo que más te gustaba era el pescado de aquí, aunque siempre te daba miedo encontrar espinas.Con una sonrisa suave, le sirvió un trozo de pescado, asegurándose de quitarle todas las espinas antes de ponerlo en el plato de Viviana. La miró con ojos llenos de nostalgia.Desde fuera, cualquiera habría pensado que era el novio más atento y cariñoso del mundo.Pero Viviana ni siquiera levantó la mirada. Se quedó sentada, sin inmutarse por sus palabras, como si la protagonista de esa historia no fuera ella.Ni una pizca de emoción.Esteban sintió una punzada de vacío en el corazón, como si alguien le apretara el pecho hasta dejarlo sin aire. Aun así, se forzó a sonreír.—Ese día también me pediste que te quitara las espinas toda la vida, ¿te acuerdas?La paciencia de Viviana llegó al límite. Cerró los puños bajo la mesa y soltó, incapaz de aguantarse más.—¿Por qué no dejas de decir esas cosas tan repugnantes?Sí, ella había dicho esas palabras. Pero ahora solo le recordaban lo ingenua que había sido.La expresión de Esteban se endureció. Habló con seriedad absoluta.—No son cosas repugnantes. Cada palabra que dijiste, yo la tengo grabada.De pronto, a Viviana le dieron náuseas. Miró el pescado en su plato, el que antes le encantaba, y ahora no podía ni olerlo sin que el estómago se le revolviera. Ese aroma leve a pescado solo le provocaba más asco.Tapándose la boca, no logró contenerse y soltó un sonido ahogado.—Ugh...Esteban se alarmó y quiso ayudarla, apoyando la mano en su hombro.—Vivi, ¿estás bien?Viviana apartó su mano de un manotazo y, aún respirando agitadamente, lo miró con una mezcla de rechazo y hastío. El simple hecho de ver su cara preocupada le provocaba más repulsión.Entonces, como si se le ocurriera algo, curvó los labios en una media sonrisa.—No te preocupes, solo estoy embarazada.El cuerpo de Esteban se quedó rígido. En un segundo, se le fue el color del rostro.—Vivi, no digas tonterías.Viviana sacó una sonrisa, sarcástica como nunca.—¿Tonterías? ¿Ya se te olvidó? No fuiste tú el que...—¡Ya basta! —Esteban la interrumpió, su voz sonó dura, la cara descompuesta.Viviana lo miró con una mueca de burla.—¿Qué pasa? ¿Te molesta escuchar lo que tú mismo hiciste?Esteban bajó la mirada, sus ojos se oscurecieron. Después de unos segundos, habló en voz baja.—Perdón... No fue mi intención gritarte. Pero ese bebé no puede nacer. Te voy a llevar al hospital para que... lo interrumpas.Viviana soltó una carcajada amarga, tan fuerte que casi le salieron lágrimas.Lo miró directo a los ojos, con una voz tan cortante como el viento helado de invierno.—¿Y crees que con eso todo se va a borrar? ¿Así de fácil?Los ojos de Esteban se endurecieron; una frase, como cuchilla, le atravesó el pecho y le revolvió todo por dentro. El dolor le crispó el alma, pero en su rostro no se asomó ni un titubeo, seguía mostrándose firme.Viviana alzó la mirada, le lanzó una ojeada de reojo y bajó la vista con una sonrisa que rezumaba burla.—¿De verdad te lo creíste? ¿De verdad pensaste que yo dejaría que me pusieran esa mancha? Lo único que pasó es que tus palabras me dieron asco.Al escuchar esto, Esteban soltó el aire en un suspiro apenas perceptible; incluso sus hombros parecieron relajarse un poco.Viviana lo miró de nuevo, pero ya no había nada más que tristeza en su interior, una tristeza tan honda que parecía no tener fondo.¿En qué momento se había fijado en Esteban? ¿O sería que antes no era así?—Si tienes algo que decir, dilo ya. No tengo tiempo para verte haciendo el papel de mártir. Te la pasas actuando para Leona y luego te vienes a hacer el dramático conmigo. Ni tú te aguantas. Mejor dedícale ese esfuerzo a quedar bien con Leona. Al final, ella tiene a todo el Grupo Montoya detrás.No quería seguir perdiendo el tiempo con él. Solo de mirarlo, hasta el estómago le daba vueltas.—Vivi, ¿de verdad tenemos que llegar a esto? —La voz de Esteban salió rasposa, como si le hubieran dado un trago de arena. Sus ojos, llenos de una herida que no sabía cerrar.La burla en la mirada de Viviana se hizo más evidente. No necesitó decir ni una palabra para que Esteban sintiera cómo le apretaba el pecho esa mezcla de vergüenza y arrepentimiento.Un sabor amargo le fue creciendo dentro, como un pozo negro que se abría y amenazaba tragárselo por completo.Se quedó ahí, mirando a Viviana, perdido, con la garganta apretada y una punzada que le quemaba por dentro.Bajó la cabeza, pero al alzar de nuevo los ojos, traía una determinación que no había mostrado antes. Su voz se volvió casi una súplica.—Vivi, quédate conmigo. Si te quedas a mi lado, puedes hacer todo lo que te gusta. Lo del estudio, lo que quieras. Yo me encargo de que todo esté perfecto para ti.Que todo esté perfecto para ella...Qué ironía. Antes era alguien que valía la pena, ahora solo sabía manipular y usar el poder para torcerlo todo a su favor.No solo la traicionaba, ahora encima quería tenerlo todo, como si con el estudio pudiera comprarla.Viviana, en vez de enfadarse, soltó una risa seca.—¿Quedarme contigo? ¿Y bajo qué título se supone que sería?—¿Tu amante?—¿Tu segunda opción?—O acaso... —De pronto el pecho le pesó tanto que hasta le costó seguir hablando. Sus manos, apoyadas en las piernas, se cerraron con fuerza. Tardó en poder preguntar—: ¿O crees que soy como un perrito al que puedes llamar cuando se te antoje, o una rata que solo puede esconderse en la sombra?Esteban negó con la cabeza, con urgencia. No, nunca permitiría que Viviana fuera la otra. No era un juguete, ni una sombra que tuviera que esconderse.Ella era, después de su madre, la persona más importante de su vida. La quería tanto que solo deseaba protegerla y hacerla feliz.La miró directo a los ojos y habló con toda la sinceridad que le quedaba.—Vivi, eres... mi novia.Quizá porque sabía cuán absurdo sonaba, el decir “novia” le costó trabajo, como si la palabra se le atascara en la lengua.—¿No te da asco decir eso? ¿Que soy tu novia? ¿Y Leona, entonces? ¿Qué es ella para ti?—Esteban, la verdad, ya no sé qué pretendes.Viviana dejó que su mirada lo recorriera de arriba abajo, sin piedad.—O tal vez nunca te conocí realmente. A lo mejor todo desde el principio estaba planeado.La mueca de burla en el rostro de Viviana se volvió todavía más evidente.A Esteban se le atoró la voz en la garganta, sentía que hasta respirar le dolía.Sí, al principio se había acercado a Viviana con un motivo oculto. Pero mientras más tiempo pasaba con ella, más se daba cuenta de lo valiosa que era.Si hubiera tenido otra salida, jamás habría hecho esto.Durante todo el tiempo a su lado, salvo por una cosa, nunca le había mentido. Lo que sentía por ella era de verdad.

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