Zaida Molina es una creativa de la música moderna, famosa por sus hipnóticas composiciones que calman el alma. A punto de despegar su carrera en su ciudad, su destino da un giro inesperado. Durante una actividad de integración del equipo de su estudio, Zaida cae accidentalmente por un precipicio y se adentra en el misterioso refugio de un clan de vampiros. Aquí, confunde a Cassian Vladislav, el temido y sanguinario líder vampírico, con un joven particularmente sensible y con un comportamiento peculiar, alguien que sufre de un severo insomnio. Decidida a corregir lo que percibe como una personalidad mal encaminada, Zaida comienza a interactuar con Cassian, sin ser consciente de que sus acciones están poniendo a prueba los límites de paciencia del dueño supremo de los vampiros.

Capítulo 1En el centro de aquellos complicados símbolos, un hombre de piel tan pálida como el mármol y belleza casi irreal, velaba el cuerpo rígido de alguien que ya se había ido.—Renunciaría a mi propia eternidad, si eso te otorgara una nueva jornada bajo el sol.—Me abrazaría al abismo, si eso nos brindara el tiempo de un nuevo amanecer.—Aquí permaneceré, entre sombras, aguardando el día en que vengas a rescatarme, mi amada peregrina...Había desafiado los confines de lo posible para iluminarle el sendero; pero alguien tan anclado en el umbral de las sombras, ¿cómo podría vislumbrar la luz que le ofrecía?—Cuando los caminos del destino nos crucen de nuevo, ¿serías mi amanecer esta vez?El hombre se inclinó, y con una sonrisa que destilaba dulzura, posó un beso leve como el suspiro del viento sobre los labios de la joven, que hacía tiempo dejaron de responder al tacto.—Zaida, aunque el tiempo borre mis recuerdos cuando nos reencontremos, no temas: tu espíritu lleva mi sello. Pase lo que pase, jamás volveré a herirte...Con sus últimas promesas, destellos semejantes a plumas comenzaron a desprenderse de su ser, fusionándose en una danza ancestral con los símbolos que los rodeaban......Zaida Molina volvió a la vida. Fue como un parpadeo, y de repente estaba otra vez en los mejores años de su existencia.Otra vez tenía veintiún años, justo cuando comenzaba a destacar en el mundo de la música, componiendo y cantando.Había fundado su propio estudio, VoxLab, un pequeño laboratorio musical donde experimentaba con sonidos y melodías.El momento en que Zaida regresó fue medio año después de la apertura de VoxLab.Apenas un mes antes, había lanzado al mercado su canción Latido Sereno, una melodía hipnótica.Desde que salió, Latido Sereno arrasó en internet y se volvió viral.¿La razón? Su efecto para dormir era casi milagroso.Mucha gente que sufría insomnio o estrés decía que, después de escuchar Latido Sereno, por fin lograba dormir.Y no solo eso, también despertaban sintiéndose mucho mejor.Con el fenómeno de Latido Sereno, VoxLab empezó a recibir atención de empresas enormes del entretenimiento, que de inmediato buscaron acercarse a aquel pequeño estudio.Si todo seguía así, el futuro de Zaida sería brillante.Pero todo se torció después de una fiesta de celebración en grupo, cuando su novio la convenció de firmar un contrato...Ahora, Zaida estaba justo en el borde de un acantilado, en esa misma reunión.—¡Zaida, solo faltas tú, anímate y sube! —gritó Alba, su asistente, desde la cima.Al escucharla, Zaida sonrió.Poder vivir otra vez, y además regresar justo antes de firmar ese contrato, era una bendición.Le hizo una señal con la mano a Alba, mientras uno de los organizadores del evento se acercaba para ponerle el arnés de seguridad.Zaida le tenía pavor a las alturas.En su otra vida, en esta misma actividad, no se había atrevido a probar esa clase de retos.Pero ahora quería sentir ese adrenalina que hacía latir más rápido el corazón.Con ayuda del personal, Zaida se puso todo el equipo y ajustó la cuerda de seguridad.Cuando todo estuvo listo y revisado, su misión era cruzar el abismo desde la plataforma, trepando hasta el otro lado.Al llegar, tendría que escalar por una cuerda hasta la cima del acantilado.Abajo, el vacío parecía no tener fin.Era una de esas actividades que hacían temblar las piernas, pero que también dejaban recuerdos imborrables.Zaida avanzó con manos y pies, deteniéndose a la mitad para tomar aire. A lo lejos, sus compañeros la animaban con gritos y aplausos.Ella respiró hondo, lista para seguir.Pero el destino tenía otros planes.En medio de la escalada, la roca bajo su pie se hizo trizas, y perdió el equilibrio.La cuerda de seguridad, que ya había revisado varias veces, de pronto se soltó, sin explicación.Zaida alcanzó a gritar mientras caía directo al abismo.El descenso era vertiginoso, y el viento rugía en sus oídos. En ese instante fugaz, pensó que quizá, después de todo, su segunda oportunidad sería igual de breve que la primera…Vaya ironía, pensó, ni siquiera había tenido tiempo de cambiar su historia.Zaida caía sin control, el vértigo la envolvía y el mundo entero parecía desvanecerse alrededor.La caída se prolongó casi un minuto.Zaida juró que ese sería su final, pero, para su sorpresa, justo antes de estrellarse contra el suelo, sintió una fuerza suave que la recibió, amortiguando el golpe.Al tocar tierra, el dolor la recorrió de pies a cabeza, aunque no fue suficiente para matarla.Zaida se levantó con dificultad, soltando un quejido entre dientes.Por suerte, seguía entera. Se sobó el pecho y el estómago, comprobando que ningún órgano importante había salido lastimado.Después, se dedicó a observar el lugar donde había terminado.Abajo del barranco reinaba un silencio sepulcral, y la poca luz que llegaba apenas iluminaba el ambiente.A su alrededor, además de árboles gigantescos que parecían tocar el cielo, crecían enormes parches de flores rojas que cubrían casi todo el fondo del barranco, envolviendo el paisaje en un resplandor carmesí.Esa alfombra de flores, junto con la penumbra, creaba una atmósfera inquietante, como si el lugar ocultara secretos que era mejor no descubrir.Zaida respiró hondo, tratando de calmar los latidos acelerados de su corazón. Levantó la vista y miró hacia el borde del acantilado, muy por encima de su cabeza.Las copas espesas de los árboles tapaban todo; no podía ver ni un rayo de luz del exterior.—¡Alba!—¡Rafael!Rafael Hernández era el responsable del grupo durante esa salida de integración.Zaida gritó hasta que la garganta le ardió, esperando que alguien la escuchara y supiera que seguía viva, que no había muerto en la caída.Para su sorpresa, apenas terminó de gritar, escuchó cerca de ella un batir de alas que le erizó la piel.En ese silencio absoluto, el aleteo repentino la sacudió por completo.Zaida buscó con la mirada el origen del ruido.Era una bandada de murciélagos.Una nube negra voló hacia ella y, en un abrir y cerrar de ojos, decenas de murciélagos se colgaron de las ramas cercanas.Docenas de ojitos negros la observaron fijamente, como si midieran cada uno de sus movimientos.El susto fue tan grande que Zaida se quedó paralizada, sin poder pensar en nada más que en escapar.Una corriente gélida le recorrió el cuerpo desde los pies hasta la raíz del cabello.Temblando, se cubrió la boca con ambas manos, sin atreverse a volver a gritar.Lo que Zaida no sabía era que, justo sobre su cabeza, los murciélagos colgados de las ramas estaban conversando entre ellos en un idioma que ningún oído humano podía captar.—¿Creen que asustamos a esta humana?—¿Todos los de afuera son así de miedosos?—Esta humana huele delicioso, dan ganas de morderla.—¡Ni lo pienses! Yo percibo el aroma de nuestro dueño en ella.—Ya entendí, seguro es la nueva esposa que nuestro dueño ha estado esperando.—Voy a avisarle. Su novia por fin llegó después de tanto tiempo.Zaida no podía escuchar nada de esa charla. Solo sentía el terror apoderándose de ella mientras, con pasos diminutos, se alejaba del grupo de murciélagos, cuidando no hacer ni un solo ruido.Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se dio la vuelta y salió corriendo a toda velocidad, como si el mismísimo diablo la persiguiera.—¡Ay, la esposa del dueño se nos está escapando!—Pero está yendo en la dirección equivocada.—Por allá no está el castillo, y encima está lleno de serpientes, bichos y animales salvajes.—¿Y ahora? ¿La detenemos antes de que se meta en problemas?Una bandada de murciélagos se lanzó tras ella, batiendo las alas al unísono para evitar que Zaida corriera hacia el peligro.Pero Zaida, ajena a sus intenciones, solo escuchó el aleteo acercándose y entró en pánico. Gritó con todas sus fuerzas y empezó a correr aún más rápido, sin rumbo.—¡Ayuda!—¡Por favor, ayúdenme!Corría mientras suplicaba, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho.—¡No! Mejor ya no la sigamos, se ve que le damos pavor.—¿Entonces qué hacemos? Lleva tanto tiempo esperando el dueño a su novia, y no podemos dejar que le pase algo justo ahora.—Mejor la seguimos de lejos, sin que nos vea. Si no corre peligro, no nos acercamos, así evitamos asustarla más.—Sí, no hay de otra. ¡La esposa del dueño es demasiado asustadiza!En el fondo de un cañón en Zaida, se alzaba un antiguo castillo.El castillo, claramente marcado por el paso del tiempo, mantenía aún una silueta imponente, majestuosa a pesar de los años. Sin embargo, en ese instante, la estructura entera estaba envuelta por enredaderas tan densas y extrañas que ni siquiera tenían nombre, dándole al lugar un aire sombrío, casi como si escondiera secretos en cada rincón.Una murciélago aleteó con fuerza y se coló por la puerta entreabierta del castillo.En el interior, un joven de piel muy pálida, pero de rasgos tan atractivos que resultaban casi irreales, emergió desde las sombras.El murciélago se posó en su hombro y comenzó a chillar, como si le estuviera contando algo importante.Tras escuchar por un momento, el joven sonrió con picardía.—Tanto tiempo esperando, y por fin ha llegado la novia destinada para el dueño…Ese era Draven Blackthorn, el seguidor más leal del dueño y además el mayordomo de ese castillo.—Debo avisar al dueño de inmediato. Seguro que cuando escuche la noticia también se va a alegrar.Draven dejó partir al murciélago y se dirigió hacia el sótano del castillo.El sótano estaba decorado con una opulencia abrumadora: muros, suelos y hasta el techo estaban cubiertos de intrincados símbolos.En el centro, reposaba un ataúd tan macizo como refinado, el tipo de caja que parecía guardar secretos de siglos.Draven se inclinó ante el ataúd y anunció:—Dueño, tengo algo importante que informarle.Al escuchar la voz de Draven, el ataúd comenzó a abrirse lentamente.De su interior se incorporó una figura de piel blanca como la cera, alta y tan increíblemente apuesto que parecía de otro mundo.—¿De qué se trata? Habla —preguntó Cassian Vladislav, apenas entreabriendo los ojos, con una expresión cortante y un tono cargado de cansancio y rabia contenida.Para los vampiros, el día era tiempo de descanso.Y Cassian, el dueño supremo de los vampiros en esa época, sufría de insomnio severo desde hacía casi mil años.En todo ese milenio, las veces que había logrado dormir se podían contar con los dedos de una mano.Aunque los vampiros no podían morir ni enfermar, la falta de sueño no les traía consecuencias letales. Sin embargo, siglos y siglos de insomnio habían vuelto el temperamento de Cassian sombrío, irritable, siempre al borde de estallar.—Dueño, la joven mencionada en la profecía del oráculo, su novia predestinada, ya llegó a este cañón —informó Draven.Cassian frunció el entrecejo y respondió con un tono seco:—Ya me enteré. ¿Algo más?Por el tono de su voz, parecía que Cassian no le daba importancia a la llegada de su supuesta novia destinada. De hecho, era evidente que le molestaba más haber sido interrumpido en su descanso.Draven, al darse cuenta del error, se arrodilló sin dudar. Sabía bien que al dueño no le gustaba ser molestado durante el sueño.La verdad era que, aunque no lo molestaran, Cassian rara vez lograba dormir…Draven creyó que dar la noticia de la llegada de la novia destinada alegraría al dueño. Por esa razón, había asumido el riesgo de entrar al sótano y contárselo, aunque eso implicara arriesgarse a un castigo.Pero no esperaba ese recibimiento…Aun de rodillas, apretó los puños y se animó a decir:—Su novia destinada, esa señorita, al llegar al cañón tomó el camino equivocado. Para evitar que sufra algún peligro, le pido que la traiga de regreso al castillo.Cassian lo miró sin mostrar emoción alguna y sentenció:—Interrumpir mi descanso por algo que no es urgente, entrar sin permiso al sótano… Cincuenta latigazos. Ve por tu castigo.Al terminar de hablar, Cassian se recostó de nuevo y el ataúd se cerró con un crujido sordo....En el extremo oriental del cañón.Zaida ya no tenía idea de cuánto tiempo llevaba corriendo.Solo cuando el sonido de las alas que la habían estado acechando se disipó por completo, se atrevió a detenerse y tomar un respiro.Fue entonces cuando notó lo cansada que estaba, con los pulmones ardiendo como si fueran a estallar.—¿Pero qué clase de lugar es este?Apenas terminó de hablar, un rugido sordo y animal retumbó a lo lejos.El miedo le hizo perder el equilibrio y casi cae.No se atrevía a seguir corriendo sin rumbo, por temor a toparse con alguna bestia salvaje.En ese momento, Zaida no pudo evitar arrepentirse. Si hubiera hecho lo mismo que en su vida anterior y no se hubiera apuntado a esa actividad de escalar el barranco, seguro no estaría metida en semejante lío.Pero de nada servía lamentarse ahora.Respiró hondo, luchando por calmar el miedo que le revolvía el estómago.Sacó su celular, con la esperanza de llamar por ayuda.Pero en ese rincón oscuro y aterrador del cañón, no había señal. Ni una barra.Zaida levantó el celular, probando suerte en diferentes lugares.Capítulo 2En el centro de aquellos complicados símbolos, un hombre de piel tan pálida como el mármol y belleza casi irreal, velaba el cuerpo rígido de alguien que ya se había ido.—Renunciaría a mi propia eternidad, si eso te otorgara una nueva jornada bajo el sol.—Me abrazaría al abismo, si eso nos brindara el tiempo de un nuevo amanecer.—Aquí permaneceré, entre sombras, aguardando el día en que vengas a rescatarme, mi amada peregrina...Había desafiado los confines de lo posible para iluminarle el sendero; pero alguien tan anclado en el umbral de las sombras, ¿cómo podría vislumbrar la luz que le ofrecía?—Cuando los caminos del destino nos crucen de nuevo, ¿serías mi amanecer esta vez?El hombre se inclinó, y con una sonrisa que destilaba dulzura, posó un beso leve como el suspiro del viento sobre los labios de la joven, que hacía tiempo dejaron de responder al tacto.—Zaida, aunque el tiempo borre mis recuerdos cuando nos reencontremos, no temas: tu espíritu lleva mi sello. Pase lo que pase, jamás volveré a herirte...Con sus últimas promesas, destellos semejantes a plumas comenzaron a desprenderse de su ser, fusionándose en una danza ancestral con los símbolos que los rodeaban......Zaida Molina volvió a la vida. Fue como un parpadeo, y de repente estaba otra vez en los mejores años de su existencia.Otra vez tenía veintiún años, justo cuando comenzaba a destacar en el mundo de la música, componiendo y cantando.Había fundado su propio estudio, VoxLab, un pequeño laboratorio musical donde experimentaba con sonidos y melodías.El momento en que Zaida regresó fue medio año después de la apertura de VoxLab.Apenas un mes antes, había lanzado al mercado su canción Latido Sereno, una melodía hipnótica.Desde que salió, Latido Sereno arrasó en internet y se volvió viral.¿La razón? Su efecto para dormir era casi milagroso.Mucha gente que sufría insomnio o estrés decía que, después de escuchar Latido Sereno, por fin lograba dormir.Y no solo eso, también despertaban sintiéndose mucho mejor.Con el fenómeno de Latido Sereno, VoxLab empezó a recibir atención de empresas enormes del entretenimiento, que de inmediato buscaron acercarse a aquel pequeño estudio.Si todo seguía así, el futuro de Zaida sería brillante.Pero todo se torció después de una fiesta de celebración en grupo, cuando su novio la convenció de firmar un contrato...Ahora, Zaida estaba justo en el borde de un acantilado, en esa misma reunión.—¡Zaida, solo faltas tú, anímate y sube! —gritó Alba, su asistente, desde la cima.Al escucharla, Zaida sonrió.Poder vivir otra vez, y además regresar justo antes de firmar ese contrato, era una bendición.Le hizo una señal con la mano a Alba, mientras uno de los organizadores del evento se acercaba para ponerle el arnés de seguridad.Zaida le tenía pavor a las alturas.En su otra vida, en esta misma actividad, no se había atrevido a probar esa clase de retos.Pero ahora quería sentir ese adrenalina que hacía latir más rápido el corazón.Con ayuda del personal, Zaida se puso todo el equipo y ajustó la cuerda de seguridad.Cuando todo estuvo listo y revisado, su misión era cruzar el abismo desde la plataforma, trepando hasta el otro lado.Al llegar, tendría que escalar por una cuerda hasta la cima del acantilado.Abajo, el vacío parecía no tener fin.Era una de esas actividades que hacían temblar las piernas, pero que también dejaban recuerdos imborrables.Zaida avanzó con manos y pies, deteniéndose a la mitad para tomar aire. A lo lejos, sus compañeros la animaban con gritos y aplausos.Ella respiró hondo, lista para seguir.Pero el destino tenía otros planes.En medio de la escalada, la roca bajo su pie se hizo trizas, y perdió el equilibrio.La cuerda de seguridad, que ya había revisado varias veces, de pronto se soltó, sin explicación.Zaida alcanzó a gritar mientras caía directo al abismo.El descenso era vertiginoso, y el viento rugía en sus oídos. En ese instante fugaz, pensó que quizá, después de todo, su segunda oportunidad sería igual de breve que la primera…Vaya ironía, pensó, ni siquiera había tenido tiempo de cambiar su historia.Zaida caía sin control, el vértigo la envolvía y el mundo entero parecía desvanecerse alrededor.La caída se prolongó casi un minuto.Zaida juró que ese sería su final, pero, para su sorpresa, justo antes de estrellarse contra el suelo, sintió una fuerza suave que la recibió, amortiguando el golpe.Al tocar tierra, el dolor la recorrió de pies a cabeza, aunque no fue suficiente para matarla.Zaida se levantó con dificultad, soltando un quejido entre dientes.Por suerte, seguía entera. Se sobó el pecho y el estómago, comprobando que ningún órgano importante había salido lastimado.Después, se dedicó a observar el lugar donde había terminado.Abajo del barranco reinaba un silencio sepulcral, y la poca luz que llegaba apenas iluminaba el ambiente.A su alrededor, además de árboles gigantescos que parecían tocar el cielo, crecían enormes parches de flores rojas que cubrían casi todo el fondo del barranco, envolviendo el paisaje en un resplandor carmesí.Esa alfombra de flores, junto con la penumbra, creaba una atmósfera inquietante, como si el lugar ocultara secretos que era mejor no descubrir.Zaida respiró hondo, tratando de calmar los latidos acelerados de su corazón. Levantó la vista y miró hacia el borde del acantilado, muy por encima de su cabeza.Las copas espesas de los árboles tapaban todo; no podía ver ni un rayo de luz del exterior.—¡Alba!—¡Rafael!Rafael Hernández era el responsable del grupo durante esa salida de integración.Zaida gritó hasta que la garganta le ardió, esperando que alguien la escuchara y supiera que seguía viva, que no había muerto en la caída.Para su sorpresa, apenas terminó de gritar, escuchó cerca de ella un batir de alas que le erizó la piel.En ese silencio absoluto, el aleteo repentino la sacudió por completo.Zaida buscó con la mirada el origen del ruido.Era una bandada de murciélagos.Una nube negra voló hacia ella y, en un abrir y cerrar de ojos, decenas de murciélagos se colgaron de las ramas cercanas.Docenas de ojitos negros la observaron fijamente, como si midieran cada uno de sus movimientos.El susto fue tan grande que Zaida se quedó paralizada, sin poder pensar en nada más que en escapar.Una corriente gélida le recorrió el cuerpo desde los pies hasta la raíz del cabello.Temblando, se cubrió la boca con ambas manos, sin atreverse a volver a gritar.Lo que Zaida no sabía era que, justo sobre su cabeza, los murciélagos colgados de las ramas estaban conversando entre ellos en un idioma que ningún oído humano podía captar.—¿Creen que asustamos a esta humana?—¿Todos los de afuera son así de miedosos?—Esta humana huele delicioso, dan ganas de morderla.—¡Ni lo pienses! Yo percibo el aroma de nuestro dueño en ella.—Ya entendí, seguro es la nueva esposa que nuestro dueño ha estado esperando.—Voy a avisarle. Su novia por fin llegó después de tanto tiempo.Zaida no podía escuchar nada de esa charla. Solo sentía el terror apoderándose de ella mientras, con pasos diminutos, se alejaba del grupo de murciélagos, cuidando no hacer ni un solo ruido.Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se dio la vuelta y salió corriendo a toda velocidad, como si el mismísimo diablo la persiguiera.—¡Ay, la esposa del dueño se nos está escapando!—Pero está yendo en la dirección equivocada.—Por allá no está el castillo, y encima está lleno de serpientes, bichos y animales salvajes.—¿Y ahora? ¿La detenemos antes de que se meta en problemas?Una bandada de murciélagos se lanzó tras ella, batiendo las alas al unísono para evitar que Zaida corriera hacia el peligro.Pero Zaida, ajena a sus intenciones, solo escuchó el aleteo acercándose y entró en pánico. Gritó con todas sus fuerzas y empezó a correr aún más rápido, sin rumbo.—¡Ayuda!—¡Por favor, ayúdenme!Corría mientras suplicaba, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho.—¡No! Mejor ya no la sigamos, se ve que le damos pavor.—¿Entonces qué hacemos? Lleva tanto tiempo esperando el dueño a su novia, y no podemos dejar que le pase algo justo ahora.—Mejor la seguimos de lejos, sin que nos vea. Si no corre peligro, no nos acercamos, así evitamos asustarla más.—Sí, no hay de otra. ¡La esposa del dueño es demasiado asustadiza!En el fondo de un cañón en Zaida, se alzaba un antiguo castillo.El castillo, claramente marcado por el paso del tiempo, mantenía aún una silueta imponente, majestuosa a pesar de los años. Sin embargo, en ese instante, la estructura entera estaba envuelta por enredaderas tan densas y extrañas que ni siquiera tenían nombre, dándole al lugar un aire sombrío, casi como si escondiera secretos en cada rincón.Una murciélago aleteó con fuerza y se coló por la puerta entreabierta del castillo.En el interior, un joven de piel muy pálida, pero de rasgos tan atractivos que resultaban casi irreales, emergió desde las sombras.El murciélago se posó en su hombro y comenzó a chillar, como si le estuviera contando algo importante.Tras escuchar por un momento, el joven sonrió con picardía.—Tanto tiempo esperando, y por fin ha llegado la novia destinada para el dueño…Ese era Draven Blackthorn, el seguidor más leal del dueño y además el mayordomo de ese castillo.—Debo avisar al dueño de inmediato. Seguro que cuando escuche la noticia también se va a alegrar.Draven dejó partir al murciélago y se dirigió hacia el sótano del castillo.El sótano estaba decorado con una opulencia abrumadora: muros, suelos y hasta el techo estaban cubiertos de intrincados símbolos.En el centro, reposaba un ataúd tan macizo como refinado, el tipo de caja que parecía guardar secretos de siglos.Draven se inclinó ante el ataúd y anunció:—Dueño, tengo algo importante que informarle.Al escuchar la voz de Draven, el ataúd comenzó a abrirse lentamente.De su interior se incorporó una figura de piel blanca como la cera, alta y tan increíblemente apuesto que parecía de otro mundo.—¿De qué se trata? Habla —preguntó Cassian Vladislav, apenas entreabriendo los ojos, con una expresión cortante y un tono cargado de cansancio y rabia contenida.Para los vampiros, el día era tiempo de descanso.Y Cassian, el dueño supremo de los vampiros en esa época, sufría de insomnio severo desde hacía casi mil años.En todo ese milenio, las veces que había logrado dormir se podían contar con los dedos de una mano.Aunque los vampiros no podían morir ni enfermar, la falta de sueño no les traía consecuencias letales. Sin embargo, siglos y siglos de insomnio habían vuelto el temperamento de Cassian sombrío, irritable, siempre al borde de estallar.—Dueño, la joven mencionada en la profecía del oráculo, su novia predestinada, ya llegó a este cañón —informó Draven.Cassian frunció el entrecejo y respondió con un tono seco:—Ya me enteré. ¿Algo más?Por el tono de su voz, parecía que Cassian no le daba importancia a la llegada de su supuesta novia destinada. De hecho, era evidente que le molestaba más haber sido interrumpido en su descanso.Draven, al darse cuenta del error, se arrodilló sin dudar. Sabía bien que al dueño no le gustaba ser molestado durante el sueño.La verdad era que, aunque no lo molestaran, Cassian rara vez lograba dormir…Draven creyó que dar la noticia de la llegada de la novia destinada alegraría al dueño. Por esa razón, había asumido el riesgo de entrar al sótano y contárselo, aunque eso implicara arriesgarse a un castigo.Pero no esperaba ese recibimiento…Aun de rodillas, apretó los puños y se animó a decir:—Su novia destinada, esa señorita, al llegar al cañón tomó el camino equivocado. Para evitar que sufra algún peligro, le pido que la traiga de regreso al castillo.Cassian lo miró sin mostrar emoción alguna y sentenció:—Interrumpir mi descanso por algo que no es urgente, entrar sin permiso al sótano… Cincuenta latigazos. Ve por tu castigo.Al terminar de hablar, Cassian se recostó de nuevo y el ataúd se cerró con un crujido sordo....En el extremo oriental del cañón.Zaida ya no tenía idea de cuánto tiempo llevaba corriendo.Solo cuando el sonido de las alas que la habían estado acechando se disipó por completo, se atrevió a detenerse y tomar un respiro.Fue entonces cuando notó lo cansada que estaba, con los pulmones ardiendo como si fueran a estallar.—¿Pero qué clase de lugar es este?Apenas terminó de hablar, un rugido sordo y animal retumbó a lo lejos.El miedo le hizo perder el equilibrio y casi cae.No se atrevía a seguir corriendo sin rumbo, por temor a toparse con alguna bestia salvaje.En ese momento, Zaida no pudo evitar arrepentirse. Si hubiera hecho lo mismo que en su vida anterior y no se hubiera apuntado a esa actividad de escalar el barranco, seguro no estaría metida en semejante lío.Pero de nada servía lamentarse ahora.Respiró hondo, luchando por calmar el miedo que le revolvía el estómago.Sacó su celular, con la esperanza de llamar por ayuda.Pero en ese rincón oscuro y aterrador del cañón, no había señal. Ni una barra.Zaida levantó el celular, probando suerte en diferentes lugares.Capítulo 3En el centro de aquellos complicados símbolos, un hombre de piel tan pálida como el mármol y belleza casi irreal, velaba el cuerpo rígido de alguien que ya se había ido.—Renunciaría a mi propia eternidad, si eso te otorgara una nueva jornada bajo el sol.—Me abrazaría al abismo, si eso nos brindara el tiempo de un nuevo amanecer.—Aquí permaneceré, entre sombras, aguardando el día en que vengas a rescatarme, mi amada peregrina...Había desafiado los confines de lo posible para iluminarle el sendero; pero alguien tan anclado en el umbral de las sombras, ¿cómo podría vislumbrar la luz que le ofrecía?—Cuando los caminos del destino nos crucen de nuevo, ¿serías mi amanecer esta vez?El hombre se inclinó, y con una sonrisa que destilaba dulzura, posó un beso leve como el suspiro del viento sobre los labios de la joven, que hacía tiempo dejaron de responder al tacto.—Zaida, aunque el tiempo borre mis recuerdos cuando nos reencontremos, no temas: tu espíritu lleva mi sello. Pase lo que pase, jamás volveré a herirte...Con sus últimas promesas, destellos semejantes a plumas comenzaron a desprenderse de su ser, fusionándose en una danza ancestral con los símbolos que los rodeaban......Zaida Molina volvió a la vida. Fue como un parpadeo, y de repente estaba otra vez en los mejores años de su existencia.Otra vez tenía veintiún años, justo cuando comenzaba a destacar en el mundo de la música, componiendo y cantando.Había fundado su propio estudio, VoxLab, un pequeño laboratorio musical donde experimentaba con sonidos y melodías.El momento en que Zaida regresó fue medio año después de la apertura de VoxLab.Apenas un mes antes, había lanzado al mercado su canción Latido Sereno, una melodía hipnótica.Desde que salió, Latido Sereno arrasó en internet y se volvió viral.¿La razón? Su efecto para dormir era casi milagroso.Mucha gente que sufría insomnio o estrés decía que, después de escuchar Latido Sereno, por fin lograba dormir.Y no solo eso, también despertaban sintiéndose mucho mejor.Con el fenómeno de Latido Sereno, VoxLab empezó a recibir atención de empresas enormes del entretenimiento, que de inmediato buscaron acercarse a aquel pequeño estudio.Si todo seguía así, el futuro de Zaida sería brillante.Pero todo se torció después de una fiesta de celebración en grupo, cuando su novio la convenció de firmar un contrato...Ahora, Zaida estaba justo en el borde de un acantilado, en esa misma reunión.—¡Zaida, solo faltas tú, anímate y sube! —gritó Alba, su asistente, desde la cima.Al escucharla, Zaida sonrió.Poder vivir otra vez, y además regresar justo antes de firmar ese contrato, era una bendición.Le hizo una señal con la mano a Alba, mientras uno de los organizadores del evento se acercaba para ponerle el arnés de seguridad.Zaida le tenía pavor a las alturas.En su otra vida, en esta misma actividad, no se había atrevido a probar esa clase de retos.Pero ahora quería sentir ese adrenalina que hacía latir más rápido el corazón.Con ayuda del personal, Zaida se puso todo el equipo y ajustó la cuerda de seguridad.Cuando todo estuvo listo y revisado, su misión era cruzar el abismo desde la plataforma, trepando hasta el otro lado.Al llegar, tendría que escalar por una cuerda hasta la cima del acantilado.Abajo, el vacío parecía no tener fin.Era una de esas actividades que hacían temblar las piernas, pero que también dejaban recuerdos imborrables.Zaida avanzó con manos y pies, deteniéndose a la mitad para tomar aire. A lo lejos, sus compañeros la animaban con gritos y aplausos.Ella respiró hondo, lista para seguir.Pero el destino tenía otros planes.En medio de la escalada, la roca bajo su pie se hizo trizas, y perdió el equilibrio.La cuerda de seguridad, que ya había revisado varias veces, de pronto se soltó, sin explicación.Zaida alcanzó a gritar mientras caía directo al abismo.El descenso era vertiginoso, y el viento rugía en sus oídos. En ese instante fugaz, pensó que quizá, después de todo, su segunda oportunidad sería igual de breve que la primera…Vaya ironía, pensó, ni siquiera había tenido tiempo de cambiar su historia.Zaida caía sin control, el vértigo la envolvía y el mundo entero parecía desvanecerse alrededor.La caída se prolongó casi un minuto.Zaida juró que ese sería su final, pero, para su sorpresa, justo antes de estrellarse contra el suelo, sintió una fuerza suave que la recibió, amortiguando el golpe.Al tocar tierra, el dolor la recorrió de pies a cabeza, aunque no fue suficiente para matarla.Zaida se levantó con dificultad, soltando un quejido entre dientes.Por suerte, seguía entera. Se sobó el pecho y el estómago, comprobando que ningún órgano importante había salido lastimado.Después, se dedicó a observar el lugar donde había terminado.Abajo del barranco reinaba un silencio sepulcral, y la poca luz que llegaba apenas iluminaba el ambiente.A su alrededor, además de árboles gigantescos que parecían tocar el cielo, crecían enormes parches de flores rojas que cubrían casi todo el fondo del barranco, envolviendo el paisaje en un resplandor carmesí.Esa alfombra de flores, junto con la penumbra, creaba una atmósfera inquietante, como si el lugar ocultara secretos que era mejor no descubrir.Zaida respiró hondo, tratando de calmar los latidos acelerados de su corazón. Levantó la vista y miró hacia el borde del acantilado, muy por encima de su cabeza.Las copas espesas de los árboles tapaban todo; no podía ver ni un rayo de luz del exterior.—¡Alba!—¡Rafael!Rafael Hernández era el responsable del grupo durante esa salida de integración.Zaida gritó hasta que la garganta le ardió, esperando que alguien la escuchara y supiera que seguía viva, que no había muerto en la caída.Para su sorpresa, apenas terminó de gritar, escuchó cerca de ella un batir de alas que le erizó la piel.En ese silencio absoluto, el aleteo repentino la sacudió por completo.Zaida buscó con la mirada el origen del ruido.Era una bandada de murciélagos.Una nube negra voló hacia ella y, en un abrir y cerrar de ojos, decenas de murciélagos se colgaron de las ramas cercanas.Docenas de ojitos negros la observaron fijamente, como si midieran cada uno de sus movimientos.El susto fue tan grande que Zaida se quedó paralizada, sin poder pensar en nada más que en escapar.Una corriente gélida le recorrió el cuerpo desde los pies hasta la raíz del cabello.Temblando, se cubrió la boca con ambas manos, sin atreverse a volver a gritar.Lo que Zaida no sabía era que, justo sobre su cabeza, los murciélagos colgados de las ramas estaban conversando entre ellos en un idioma que ningún oído humano podía captar.—¿Creen que asustamos a esta humana?—¿Todos los de afuera son así de miedosos?—Esta humana huele delicioso, dan ganas de morderla.—¡Ni lo pienses! Yo percibo el aroma de nuestro dueño en ella.—Ya entendí, seguro es la nueva esposa que nuestro dueño ha estado esperando.—Voy a avisarle. Su novia por fin llegó después de tanto tiempo.Zaida no podía escuchar nada de esa charla. Solo sentía el terror apoderándose de ella mientras, con pasos diminutos, se alejaba del grupo de murciélagos, cuidando no hacer ni un solo ruido.Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se dio la vuelta y salió corriendo a toda velocidad, como si el mismísimo diablo la persiguiera.—¡Ay, la esposa del dueño se nos está escapando!—Pero está yendo en la dirección equivocada.—Por allá no está el castillo, y encima está lleno de serpientes, bichos y animales salvajes.—¿Y ahora? ¿La detenemos antes de que se meta en problemas?Una bandada de murciélagos se lanzó tras ella, batiendo las alas al unísono para evitar que Zaida corriera hacia el peligro.Pero Zaida, ajena a sus intenciones, solo escuchó el aleteo acercándose y entró en pánico. Gritó con todas sus fuerzas y empezó a correr aún más rápido, sin rumbo.—¡Ayuda!—¡Por favor, ayúdenme!Corría mientras suplicaba, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho.—¡No! Mejor ya no la sigamos, se ve que le damos pavor.—¿Entonces qué hacemos? Lleva tanto tiempo esperando el dueño a su novia, y no podemos dejar que le pase algo justo ahora.—Mejor la seguimos de lejos, sin que nos vea. Si no corre peligro, no nos acercamos, así evitamos asustarla más.—Sí, no hay de otra. ¡La esposa del dueño es demasiado asustadiza!En el fondo de un cañón en Zaida, se alzaba un antiguo castillo.El castillo, claramente marcado por el paso del tiempo, mantenía aún una silueta imponente, majestuosa a pesar de los años. Sin embargo, en ese instante, la estructura entera estaba envuelta por enredaderas tan densas y extrañas que ni siquiera tenían nombre, dándole al lugar un aire sombrío, casi como si escondiera secretos en cada rincón.Una murciélago aleteó con fuerza y se coló por la puerta entreabierta del castillo.En el interior, un joven de piel muy pálida, pero de rasgos tan atractivos que resultaban casi irreales, emergió desde las sombras.El murciélago se posó en su hombro y comenzó a chillar, como si le estuviera contando algo importante.Tras escuchar por un momento, el joven sonrió con picardía.—Tanto tiempo esperando, y por fin ha llegado la novia destinada para el dueño…Ese era Draven Blackthorn, el seguidor más leal del dueño y además el mayordomo de ese castillo.—Debo avisar al dueño de inmediato. Seguro que cuando escuche la noticia también se va a alegrar.Draven dejó partir al murciélago y se dirigió hacia el sótano del castillo.El sótano estaba decorado con una opulencia abrumadora: muros, suelos y hasta el techo estaban cubiertos de intrincados símbolos.En el centro, reposaba un ataúd tan macizo como refinado, el tipo de caja que parecía guardar secretos de siglos.Draven se inclinó ante el ataúd y anunció:—Dueño, tengo algo importante que informarle.Al escuchar la voz de Draven, el ataúd comenzó a abrirse lentamente.De su interior se incorporó una figura de piel blanca como la cera, alta y tan increíblemente apuesto que parecía de otro mundo.—¿De qué se trata? Habla —preguntó Cassian Vladislav, apenas entreabriendo los ojos, con una expresión cortante y un tono cargado de cansancio y rabia contenida.Para los vampiros, el día era tiempo de descanso.Y Cassian, el dueño supremo de los vampiros en esa época, sufría de insomnio severo desde hacía casi mil años.En todo ese milenio, las veces que había logrado dormir se podían contar con los dedos de una mano.Aunque los vampiros no podían morir ni enfermar, la falta de sueño no les traía consecuencias letales. Sin embargo, siglos y siglos de insomnio habían vuelto el temperamento de Cassian sombrío, irritable, siempre al borde de estallar.—Dueño, la joven mencionada en la profecía del oráculo, su novia predestinada, ya llegó a este cañón —informó Draven.Cassian frunció el entrecejo y respondió con un tono seco:—Ya me enteré. ¿Algo más?Por el tono de su voz, parecía que Cassian no le daba importancia a la llegada de su supuesta novia destinada. De hecho, era evidente que le molestaba más haber sido interrumpido en su descanso.Draven, al darse cuenta del error, se arrodilló sin dudar. Sabía bien que al dueño no le gustaba ser molestado durante el sueño.La verdad era que, aunque no lo molestaran, Cassian rara vez lograba dormir…Draven creyó que dar la noticia de la llegada de la novia destinada alegraría al dueño. Por esa razón, había asumido el riesgo de entrar al sótano y contárselo, aunque eso implicara arriesgarse a un castigo.Pero no esperaba ese recibimiento…Aun de rodillas, apretó los puños y se animó a decir:—Su novia destinada, esa señorita, al llegar al cañón tomó el camino equivocado. Para evitar que sufra algún peligro, le pido que la traiga de regreso al castillo.Cassian lo miró sin mostrar emoción alguna y sentenció:—Interrumpir mi descanso por algo que no es urgente, entrar sin permiso al sótano… Cincuenta latigazos. Ve por tu castigo.Al terminar de hablar, Cassian se recostó de nuevo y el ataúd se cerró con un crujido sordo....En el extremo oriental del cañón.Zaida ya no tenía idea de cuánto tiempo llevaba corriendo.Solo cuando el sonido de las alas que la habían estado acechando se disipó por completo, se atrevió a detenerse y tomar un respiro.Fue entonces cuando notó lo cansada que estaba, con los pulmones ardiendo como si fueran a estallar.—¿Pero qué clase de lugar es este?Apenas terminó de hablar, un rugido sordo y animal retumbó a lo lejos.El miedo le hizo perder el equilibrio y casi cae.No se atrevía a seguir corriendo sin rumbo, por temor a toparse con alguna bestia salvaje.En ese momento, Zaida no pudo evitar arrepentirse. Si hubiera hecho lo mismo que en su vida anterior y no se hubiera apuntado a esa actividad de escalar el barranco, seguro no estaría metida en semejante lío.Pero de nada servía lamentarse ahora.Respiró hondo, luchando por calmar el miedo que le revolvía el estómago.Sacó su celular, con la esperanza de llamar por ayuda.Pero en ese rincón oscuro y aterrador del cañón, no había señal. Ni una barra.Zaida levantó el celular, probando suerte en diferentes lugares.

Sigue leyendo