Leonor dedicó diez años de su vida a su esposo Rafael. En el segundo año de universidad, decidió dejar los estudios para casarse, y durante tres años de matrimonio trabajó con devoción. Sin embargo, un documento escondido reveló que solo era una pieza en el juego entre Rafael y su primer amor. Tras experimentar una dolorosa pérdida, Leonor descubrió que su esposo disfrutaba con su antigua pareja, lo que la llevó a tomar la firme decisión de divorciarse. A partir de ahí, Leonor se embarcó en un camino de empoderamiento personal: se reinventó como una aclamada diseñadora de joyas de lujo a nivel internacional; se convirtió en la única maestra de un pianista de renombre mundial; se destacó como una estrella en el mundo del automovilismo; resultó ser la hija de un ministro de Relaciones Exteriores; y finalmente, logró ser la presidenta de una empresa pública valorada en miles de millones. A medida que el número de admiradores de Leonor crecía, Rafael se dio cuenta de lo que había perdido y trató de recuperar su relación. Pasaba noches enteras esperando frente a la tumba simbólica de Leonor, sus rodillas adoloridas por el tiempo que pasaba de rodillas. Hasta que un día, se encontró inesperadamente con su exesposa "resucitada", y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas: "Amor, ¿podrías regresar conmigo a casa?" Leonor sonrió suavemente: "Señor Aranguren, por favor, respete que ya nos hemos divorciado y ahora estoy soltera."

Capítulo 1Casados desde hacía tres años, esa noche fue la primera vez que Leonor Vargas encendió la computadora del estudio de Rafael Aranguren.De no haber sido porque necesitaba enviarle un documento urgente, probablemente jamás habría visto la tabla que ahora tenía frente a ella.Todos los archivos de la computadora de Rafael estaban nombrados en chino, con solo mirarlos se notaba que eran cosas de la empresa.Sin embargo, había uno distinto, con solo tres letras en el nombre:ABC.Movida por la curiosidad, Leonor hizo doble clic en esa carpeta.Dentro solo había un archivo de Excel. El nombre del archivo decía:Venganza.Leonor creció en un hogar monoparental; su mamá estaba internada en el hospital, y si de condiciones se trataba, casarse con el hijo del dueño de Grupo Aranguren era algo que jamás hubiera imaginado.Su encuentro con Rafael parecía sacado de una novela, y lo que siguió no fue menos de novela.En aquel entonces, Rafael tuvo un accidente de carro. El responsable huyó y fue Leonor quien lo cargó hasta el hospital, salvándole la vida.Días después, de repente, Rafael se apareció en la puerta de su universidad.Era el Día de San Valentín. Rafael llegó con un ramo de novecientas noventa y nueve rosas rosadas y se le declaró.Ese año, las flores estaban carísimas y más aún por la fecha. Un ramo así costaba al menos varios miles de pesos y causó sensación en toda la escuela.Leonor cuidó ese ramo como un tesoro, lo puso junto a su cama, aunque eso la llevó directo al hospital.Leonor era alérgica al polen.Nunca se lo dijo a Rafael, así que cada vez que salían él le llevaba otro ramo de rosas rosadas.Ni siquiera había terminado la universidad cuando se casó con Rafael y se volvió ama de casa.Rafael estaba siempre ocupado con el trabajo, necesitaba a alguien que se encargara por completo de la casa.Su suegra también le había dicho que Rafael tenía problemas de estómago, que la comida hecha en casa era más saludable, que una empleada nunca podría reemplazar a la esposa, y que el deber de la esposa era cuidar el hogar y criar a los hijos, entre muchas otras cosas.Durante el día, Leonor cocinaba, lavaba la ropa y mantenía todo en orden; en la noche, acompañaba a Rafael en su vida de pareja.No compartían mucho más.La tabla frente a ella parecía una ventana para conocer a Rafael. Leonor abrió el archivo y, de inmediato, saltaron varias fotos.El archivo tenía solo dos columnas, poco texto, casi puras imágenes.Arriba de la columna izquierda, estaba el nombre de la carpeta: ABC.Por más que lo intentó, Leonor no pudo descifrar a qué tres palabras correspondían esas letras.Por suerte, la columna de la derecha era fácil de entender:JN—Leonor.El pulso le tembló al sostener el ratón.Ambas columnas llevaban fechas y fotos.En la columna de ABC, todas las fotos mostraban a la misma muchacha.La primera foto: a sus pies, un enorme ramo de rosas rosadas, por lo menos novecientas noventa y nueve. En la segunda, presumía orgullosa un collar de diamantes brillante, aún abrazando un ramo de rosas. La tercera, sonriendo radiante, sostenía una bolsa Hermes con ambas manos; sobre la mesa, otro ramo de rosas.Con la mirada llena de esas rosas rosadas, Leonor volteó a ver la columna de la derecha.Ahí, todas las fotos eran de ella.Primera foto: Leonor también tenía un gran ramo de rosas rosadas idéntico al de la chica de la izquierda.Segunda: el mismo collar de diamantes, el mismo ramo de rosas.Tercera: la misma bolsa Hermes y, otra vez, las rosas.Cuarta, quinta, sexta…Hasta que, en la última foto de la columna izquierda, la chica abrazaba las rosas, con un anillo de diamantes rosa en el dedo anular de la mano izquierda. Justo ese mismo día, en la columna de la derecha, Rafael le propuso matrimonio a Leonor con el mismo anillo de diamantes rosa, usando las rosas como pretexto. Ahí terminaba la tabla.Leonor apagó la computadora en silencio, como si, de pronto, hubiera entendido todo.Siempre pensó que a Rafael le encantaban las rosas rosadas, por eso se las daba todo el tiempo.Aunque él nunca usó nada de color rosa, Leonor llegó a creer que había descubierto un secreto oculto de Rafael. Eso la emocionó durante días enteros.Pero en el fondo…A la chica del formulario le gustaban las rosas rosas.Aquella noche, Leonor no pudo pegar el ojo.Rafael no volvió a casa porque tenía que pasar la noche negociando un proyecto con Estados Unidos, pero aun así le aseguró que eso no impediría que la acompañara al hospital al día siguiente.Durante los últimos días, Leonor había sentido una molestia constante en el vientre. Rafael se encargó de agendarle una cita con un especialista para las nueve de la mañana.En el fondo, lo descubierto esa noche no significaba nada concreto.Incluso si Rafael la buscó en un principio para vengarse de otra mujer, eso había sido antes de casarse.Después de casados, Rafael no era el esposo más atento, pero tampoco la trataba mal. Cada mes le entregaba puntualmente dinero para los gastos de la casa y algo extra para sus antojos.En cada festividad o cumpleaños, él siempre se acordaba de darle algún regalo. Este año le obsequió un conjunto rosa de Burberry para su cumpleaños, aunque el rosa era el color que menos le gustaba.Como presidente del Grupo Aranguren, Rafael siempre estaba rodeado de mujeres bonitas, pero en los tres años que llevaban casados jamás se había visto envuelto en ningún escándalo.Solo una vez circuló una foto suya con una actriz famosa, pero Rafael manejó la situación de inmediato; la agencia de chismes se retractó y hasta cerró su cuenta esa misma noche.Leonor se revolvió en la cama, incapaz de dormir, diciéndose a sí misma que dejara de hacerse la vida pesada.Rafael no le era infiel, solo que tal vez no la quería tanto como ella pensaba.Su mamá siempre le decía que el matrimonio era cuestión de encontrar el equilibrio, que si uno lograba casarse con la persona que amaba, había que valorar ese amor como un tesoro.Leonor valoraba mucho su matrimonio.Amaba a Rafael.Desde que tenía trece años, llevaba exactamente diez años amándolo.Solo que Rafael nunca lo supo. Hasta hoy, seguía sin saberlo.Tomó su celular y desbloqueó un álbum privado protegido con contraseña, uno que no había abierto desde que se casó.Había solo una foto en ese álbum. Parecía tomada en el comedor de una escuela, aunque la atmósfera y la luz la hacían parecer más bien la sala de una cárcel.La protagonista de la foto era una niña, muy joven, apenas una adolescente, con brackets en todos los dientes y el cabello teñido de gris, peinado en grandes ondas.Cualquiera que viera la foto pensaría que esa niña era imposible de reconocer como Leonor, pero seguro identificaría en el rincón del fondo al joven lleno de energía: Rafael.Era la única foto donde Leonor y Rafael aparecían juntos—O al menos algo así como juntos.Leonor solo logró dormir cuando el cielo ya clareaba, y apenas tres horas después la despertó el sonido insistente de la alarma.Con unas ojeras de panda, se plantó frente a la entrada del Hospital Central Buenavista, esperando a Rafael. El viento de la mañana, todavía fresco de principios de primavera, la hacía estornudar y le corría la nariz.A las ocho con cincuenta y nueve, Leonor recibió un mensaje de Rafael por WhatsApp:[Salió un proyecto urgente en la empresa. Tengo que viajar a Estados Unidos, no voy a poder acompañarte. Entra tú sola, ya hablé con el especialista y te van a atender. Esta noche regreso a casa.]Leonor se abrazó con más fuerza la chamarra y entró sola al hospital. Cuando salió, llevaba en la mano el resultado de una ecografía.El diagnóstico decía que tenía dos meses de embarazo, aunque con amenaza de aborto.Era la primera vez que Leonor estaba embarazada; sería su primer hijo con Rafael.Se acarició el vientre, y una alegría incontenible se le pintó en la cara.El médico le dijo que la amenaza de aborto no era tan grave, pero igual debía cuidarse mucho.Sacó el celular, deseando compartirle la noticia a Rafael.El auricular solo le devolvía un tono tras otro, y Leonor sentía una mezcla de emoción y nerviosismo.Rafael… ¿se pondría feliz?Antes de anoche, esa pregunta ni siquiera le habría pasado por la cabeza.Por fin, la llamada entró.—Hola, amor, yo…—Estoy en una reunión, no me llames si no es urgente.La llamada se cortó de inmediato, y el pitido del teléfono retumbó en el oído de Leonor.El viento la hizo sentir vacía por dentro. Bajó el celular, y justo en ese momento, una noticia apareció en la pantalla—El heredero del Grupo Aranguren apareció en la presentación de la nueva colección de Finesse D'Or y, con tal de ver sonreír a una dama, derrochó una fortuna.A Leonor se le encogió el corazón al leer el titular.Grupo Aranguren… Solo hay un heredero: Rafael.Además, la exclusiva gala de Finesse D'Or se celebraba justo en Puerto Belmonte, donde vivían.Los dedos de Leonor temblaban, no solo por el frío, sino por una inquietud que la recorrió entera.Abrió la noticia. En la foto, la silueta de Rafael se distinguía sin dificultad.Él siempre había sido guapo, alto, con dos largas piernas que parecían no tener fin. El traje a la medida le daba ese porte distinguido, capaz de eclipsar a cualquiera en una foto grupal.Antes, cada vez que veía alguna noticia sobre Rafael, Leonor no podía evitar quedarse mirando la imagen durante un buen rato.Le fascinaba.Sin embargo, esta vez cerró la página casi de inmediato, como si le quemara los ojos.Por impulso, abrió Instagram. Justo vio que Mario Fuentes había subido algo nuevo.Mario había sido compañero de secundaria de Rafael.[Finesse D'Or, collar clásico de diamantes rosados, edición mundial limitada a diez piezas. ¡Nuestra cuñada también tiene uno!]La foto solo mostraba el cuello blanco y delicado de una mujer. El collar de diamantes rosados colgando era tan brillante que acaparaba toda la atención.No importaba a quién se refiriera Mario como "cuñada", lo que estaba claro era que no hablaba de Leonor.Guardó el reporte de ultrasonido, pidió un carro y volvió a casa. Durante el trayecto, una molestia sorda le punzaba el vientre.Al llegar, recordó que no había comprado nada para la cena, así que salió de nuevo y se dedicó a hacer un gran mandado, escogiendo todo lo que le gustaba a Rafael. Al regresar, se puso a limpiar y preparar los ingredientes, cocinando sin pausa hasta que oscureció.Cerca de las nueve de la noche, Rafael apareció.—Se me olvidó decirte, hoy tuve una reunión, ya cené afuera.El tono de Rafael era tan neutro que no dejaba adivinar nada, y en su cara, con esos rasgos tan marcados, tampoco se reflejaba emoción alguna.Leonor tomó el saco de las manos de Rafael.Llevaban tres años de casados y era la primera vez que veía que, tras una reunión, él volvía sin una gota de gel en el cabello. Daba la impresión de haberse bañado justo antes de llegar, desprendía frescura.El saco no tenía ni rastro de olor a alcohol, solo un leve perfume. Además, no era el mismo traje que el de la foto de la noticia.Leonor no preguntó nada. En silencio fue a buscarle la pijama, pero de pronto Rafael la abrazó por la cintura desde atrás.El aroma a menta que salía de su cabello se metió en la nariz de Leonor. A través de la tela fina y resbalosa de la pijama de seda, sintió cómo las manos de Rafael se volvían cada vez más atrevidas.Leonor, dedicada al hogar, rara vez salía. Solo de vez en cuando, cuando Rafael no tenía más remedio que llevarla a una comida familiar, él siempre se mostraba distante frente a los demás.Pero en la intimidad, todo cambiaba.Rafael tenía un deseo casi insaciable, una resistencia y destreza que a Leonor no le dejaban queja. Además, esa cara que parecía esculpida y esa media sonrisa que tenía el poder de volver loca a cualquiera.En otros días, Leonor no habría puesto objeción y simplemente seguiría el ritmo de Rafael.Pero después de todo lo que había pasado en esos días, y considerando que estaba embarazada, no tenía ganas de nada.—Amor, me duele la panza… ¿podemos dejarlo para otro día…?No terminó la frase porque Rafael la levantó en vilo y la llevó hasta la cama.—Estoy emba…No alcanzó a decir “embarazada”, porque el peso de Rafael cayó sobre ella, y la besó con tal fuerza que le robó el aliento.Mientras la besaba, Rafael se desabrochó la camisa y el cinturón, mirándola desde arriba con una intensidad desbordante en los ojos.Al notar que, por primera vez, Leonor no cedía, Rafael soltó una sonrisa inesperada. Usó el cinturón para atar las muñecas delgadas de Leonor.—Solo tienes que cumplir con tu papel de esposa.Otra oleada de besos frenéticos ahogó cualquier cosa que Leonor quisiera decirle.Leonor no entendía qué le pasaba a Rafael esa noche; la llevó al límite hasta que simplemente perdió el sentido.Capítulo 2Casados desde hacía tres años, esa noche fue la primera vez que Leonor Vargas encendió la computadora del estudio de Rafael Aranguren.De no haber sido porque necesitaba enviarle un documento urgente, probablemente jamás habría visto la tabla que ahora tenía frente a ella.Todos los archivos de la computadora de Rafael estaban nombrados en chino, con solo mirarlos se notaba que eran cosas de la empresa.Sin embargo, había uno distinto, con solo tres letras en el nombre:ABC.Movida por la curiosidad, Leonor hizo doble clic en esa carpeta.Dentro solo había un archivo de Excel. El nombre del archivo decía:Venganza.Leonor creció en un hogar monoparental; su mamá estaba internada en el hospital, y si de condiciones se trataba, casarse con el hijo del dueño de Grupo Aranguren era algo que jamás hubiera imaginado.Su encuentro con Rafael parecía sacado de una novela, y lo que siguió no fue menos de novela.En aquel entonces, Rafael tuvo un accidente de carro. El responsable huyó y fue Leonor quien lo cargó hasta el hospital, salvándole la vida.Días después, de repente, Rafael se apareció en la puerta de su universidad.Era el Día de San Valentín. Rafael llegó con un ramo de novecientas noventa y nueve rosas rosadas y se le declaró.Ese año, las flores estaban carísimas y más aún por la fecha. Un ramo así costaba al menos varios miles de pesos y causó sensación en toda la escuela.Leonor cuidó ese ramo como un tesoro, lo puso junto a su cama, aunque eso la llevó directo al hospital.Leonor era alérgica al polen.Nunca se lo dijo a Rafael, así que cada vez que salían él le llevaba otro ramo de rosas rosadas.Ni siquiera había terminado la universidad cuando se casó con Rafael y se volvió ama de casa.Rafael estaba siempre ocupado con el trabajo, necesitaba a alguien que se encargara por completo de la casa.Su suegra también le había dicho que Rafael tenía problemas de estómago, que la comida hecha en casa era más saludable, que una empleada nunca podría reemplazar a la esposa, y que el deber de la esposa era cuidar el hogar y criar a los hijos, entre muchas otras cosas.Durante el día, Leonor cocinaba, lavaba la ropa y mantenía todo en orden; en la noche, acompañaba a Rafael en su vida de pareja.No compartían mucho más.La tabla frente a ella parecía una ventana para conocer a Rafael. Leonor abrió el archivo y, de inmediato, saltaron varias fotos.El archivo tenía solo dos columnas, poco texto, casi puras imágenes.Arriba de la columna izquierda, estaba el nombre de la carpeta: ABC.Por más que lo intentó, Leonor no pudo descifrar a qué tres palabras correspondían esas letras.Por suerte, la columna de la derecha era fácil de entender:JN—Leonor.El pulso le tembló al sostener el ratón.Ambas columnas llevaban fechas y fotos.En la columna de ABC, todas las fotos mostraban a la misma muchacha.La primera foto: a sus pies, un enorme ramo de rosas rosadas, por lo menos novecientas noventa y nueve. En la segunda, presumía orgullosa un collar de diamantes brillante, aún abrazando un ramo de rosas. La tercera, sonriendo radiante, sostenía una bolsa Hermes con ambas manos; sobre la mesa, otro ramo de rosas.Con la mirada llena de esas rosas rosadas, Leonor volteó a ver la columna de la derecha.Ahí, todas las fotos eran de ella.Primera foto: Leonor también tenía un gran ramo de rosas rosadas idéntico al de la chica de la izquierda.Segunda: el mismo collar de diamantes, el mismo ramo de rosas.Tercera: la misma bolsa Hermes y, otra vez, las rosas.Cuarta, quinta, sexta…Hasta que, en la última foto de la columna izquierda, la chica abrazaba las rosas, con un anillo de diamantes rosa en el dedo anular de la mano izquierda. Justo ese mismo día, en la columna de la derecha, Rafael le propuso matrimonio a Leonor con el mismo anillo de diamantes rosa, usando las rosas como pretexto. Ahí terminaba la tabla.Leonor apagó la computadora en silencio, como si, de pronto, hubiera entendido todo.Siempre pensó que a Rafael le encantaban las rosas rosadas, por eso se las daba todo el tiempo.Aunque él nunca usó nada de color rosa, Leonor llegó a creer que había descubierto un secreto oculto de Rafael. Eso la emocionó durante días enteros.Pero en el fondo…A la chica del formulario le gustaban las rosas rosas.Aquella noche, Leonor no pudo pegar el ojo.Rafael no volvió a casa porque tenía que pasar la noche negociando un proyecto con Estados Unidos, pero aun así le aseguró que eso no impediría que la acompañara al hospital al día siguiente.Durante los últimos días, Leonor había sentido una molestia constante en el vientre. Rafael se encargó de agendarle una cita con un especialista para las nueve de la mañana.En el fondo, lo descubierto esa noche no significaba nada concreto.Incluso si Rafael la buscó en un principio para vengarse de otra mujer, eso había sido antes de casarse.Después de casados, Rafael no era el esposo más atento, pero tampoco la trataba mal. Cada mes le entregaba puntualmente dinero para los gastos de la casa y algo extra para sus antojos.En cada festividad o cumpleaños, él siempre se acordaba de darle algún regalo. Este año le obsequió un conjunto rosa de Burberry para su cumpleaños, aunque el rosa era el color que menos le gustaba.Como presidente del Grupo Aranguren, Rafael siempre estaba rodeado de mujeres bonitas, pero en los tres años que llevaban casados jamás se había visto envuelto en ningún escándalo.Solo una vez circuló una foto suya con una actriz famosa, pero Rafael manejó la situación de inmediato; la agencia de chismes se retractó y hasta cerró su cuenta esa misma noche.Leonor se revolvió en la cama, incapaz de dormir, diciéndose a sí misma que dejara de hacerse la vida pesada.Rafael no le era infiel, solo que tal vez no la quería tanto como ella pensaba.Su mamá siempre le decía que el matrimonio era cuestión de encontrar el equilibrio, que si uno lograba casarse con la persona que amaba, había que valorar ese amor como un tesoro.Leonor valoraba mucho su matrimonio.Amaba a Rafael.Desde que tenía trece años, llevaba exactamente diez años amándolo.Solo que Rafael nunca lo supo. Hasta hoy, seguía sin saberlo.Tomó su celular y desbloqueó un álbum privado protegido con contraseña, uno que no había abierto desde que se casó.Había solo una foto en ese álbum. Parecía tomada en el comedor de una escuela, aunque la atmósfera y la luz la hacían parecer más bien la sala de una cárcel.La protagonista de la foto era una niña, muy joven, apenas una adolescente, con brackets en todos los dientes y el cabello teñido de gris, peinado en grandes ondas.Cualquiera que viera la foto pensaría que esa niña era imposible de reconocer como Leonor, pero seguro identificaría en el rincón del fondo al joven lleno de energía: Rafael.Era la única foto donde Leonor y Rafael aparecían juntos—O al menos algo así como juntos.Leonor solo logró dormir cuando el cielo ya clareaba, y apenas tres horas después la despertó el sonido insistente de la alarma.Con unas ojeras de panda, se plantó frente a la entrada del Hospital Central Buenavista, esperando a Rafael. El viento de la mañana, todavía fresco de principios de primavera, la hacía estornudar y le corría la nariz.A las ocho con cincuenta y nueve, Leonor recibió un mensaje de Rafael por WhatsApp:[Salió un proyecto urgente en la empresa. Tengo que viajar a Estados Unidos, no voy a poder acompañarte. Entra tú sola, ya hablé con el especialista y te van a atender. Esta noche regreso a casa.]Leonor se abrazó con más fuerza la chamarra y entró sola al hospital. Cuando salió, llevaba en la mano el resultado de una ecografía.El diagnóstico decía que tenía dos meses de embarazo, aunque con amenaza de aborto.Era la primera vez que Leonor estaba embarazada; sería su primer hijo con Rafael.Se acarició el vientre, y una alegría incontenible se le pintó en la cara.El médico le dijo que la amenaza de aborto no era tan grave, pero igual debía cuidarse mucho.Sacó el celular, deseando compartirle la noticia a Rafael.El auricular solo le devolvía un tono tras otro, y Leonor sentía una mezcla de emoción y nerviosismo.Rafael… ¿se pondría feliz?Antes de anoche, esa pregunta ni siquiera le habría pasado por la cabeza.Por fin, la llamada entró.—Hola, amor, yo…—Estoy en una reunión, no me llames si no es urgente.La llamada se cortó de inmediato, y el pitido del teléfono retumbó en el oído de Leonor.El viento la hizo sentir vacía por dentro. Bajó el celular, y justo en ese momento, una noticia apareció en la pantalla—El heredero del Grupo Aranguren apareció en la presentación de la nueva colección de Finesse D'Or y, con tal de ver sonreír a una dama, derrochó una fortuna.A Leonor se le encogió el corazón al leer el titular.Grupo Aranguren… Solo hay un heredero: Rafael.Además, la exclusiva gala de Finesse D'Or se celebraba justo en Puerto Belmonte, donde vivían.Los dedos de Leonor temblaban, no solo por el frío, sino por una inquietud que la recorrió entera.Abrió la noticia. En la foto, la silueta de Rafael se distinguía sin dificultad.Él siempre había sido guapo, alto, con dos largas piernas que parecían no tener fin. El traje a la medida le daba ese porte distinguido, capaz de eclipsar a cualquiera en una foto grupal.Antes, cada vez que veía alguna noticia sobre Rafael, Leonor no podía evitar quedarse mirando la imagen durante un buen rato.Le fascinaba.Sin embargo, esta vez cerró la página casi de inmediato, como si le quemara los ojos.Por impulso, abrió Instagram. Justo vio que Mario Fuentes había subido algo nuevo.Mario había sido compañero de secundaria de Rafael.[Finesse D'Or, collar clásico de diamantes rosados, edición mundial limitada a diez piezas. ¡Nuestra cuñada también tiene uno!]La foto solo mostraba el cuello blanco y delicado de una mujer. El collar de diamantes rosados colgando era tan brillante que acaparaba toda la atención.No importaba a quién se refiriera Mario como "cuñada", lo que estaba claro era que no hablaba de Leonor.Guardó el reporte de ultrasonido, pidió un carro y volvió a casa. Durante el trayecto, una molestia sorda le punzaba el vientre.Al llegar, recordó que no había comprado nada para la cena, así que salió de nuevo y se dedicó a hacer un gran mandado, escogiendo todo lo que le gustaba a Rafael. Al regresar, se puso a limpiar y preparar los ingredientes, cocinando sin pausa hasta que oscureció.Cerca de las nueve de la noche, Rafael apareció.—Se me olvidó decirte, hoy tuve una reunión, ya cené afuera.El tono de Rafael era tan neutro que no dejaba adivinar nada, y en su cara, con esos rasgos tan marcados, tampoco se reflejaba emoción alguna.Leonor tomó el saco de las manos de Rafael.Llevaban tres años de casados y era la primera vez que veía que, tras una reunión, él volvía sin una gota de gel en el cabello. Daba la impresión de haberse bañado justo antes de llegar, desprendía frescura.El saco no tenía ni rastro de olor a alcohol, solo un leve perfume. Además, no era el mismo traje que el de la foto de la noticia.Leonor no preguntó nada. En silencio fue a buscarle la pijama, pero de pronto Rafael la abrazó por la cintura desde atrás.El aroma a menta que salía de su cabello se metió en la nariz de Leonor. A través de la tela fina y resbalosa de la pijama de seda, sintió cómo las manos de Rafael se volvían cada vez más atrevidas.Leonor, dedicada al hogar, rara vez salía. Solo de vez en cuando, cuando Rafael no tenía más remedio que llevarla a una comida familiar, él siempre se mostraba distante frente a los demás.Pero en la intimidad, todo cambiaba.Rafael tenía un deseo casi insaciable, una resistencia y destreza que a Leonor no le dejaban queja. Además, esa cara que parecía esculpida y esa media sonrisa que tenía el poder de volver loca a cualquiera.En otros días, Leonor no habría puesto objeción y simplemente seguiría el ritmo de Rafael.Pero después de todo lo que había pasado en esos días, y considerando que estaba embarazada, no tenía ganas de nada.—Amor, me duele la panza… ¿podemos dejarlo para otro día…?No terminó la frase porque Rafael la levantó en vilo y la llevó hasta la cama.—Estoy emba…No alcanzó a decir “embarazada”, porque el peso de Rafael cayó sobre ella, y la besó con tal fuerza que le robó el aliento.Mientras la besaba, Rafael se desabrochó la camisa y el cinturón, mirándola desde arriba con una intensidad desbordante en los ojos.Al notar que, por primera vez, Leonor no cedía, Rafael soltó una sonrisa inesperada. Usó el cinturón para atar las muñecas delgadas de Leonor.—Solo tienes que cumplir con tu papel de esposa.Otra oleada de besos frenéticos ahogó cualquier cosa que Leonor quisiera decirle.Leonor no entendía qué le pasaba a Rafael esa noche; la llevó al límite hasta que simplemente perdió el sentido.Capítulo 3Casados desde hacía tres años, esa noche fue la primera vez que Leonor Vargas encendió la computadora del estudio de Rafael Aranguren.De no haber sido porque necesitaba enviarle un documento urgente, probablemente jamás habría visto la tabla que ahora tenía frente a ella.Todos los archivos de la computadora de Rafael estaban nombrados en chino, con solo mirarlos se notaba que eran cosas de la empresa.Sin embargo, había uno distinto, con solo tres letras en el nombre:ABC.Movida por la curiosidad, Leonor hizo doble clic en esa carpeta.Dentro solo había un archivo de Excel. El nombre del archivo decía:Venganza.Leonor creció en un hogar monoparental; su mamá estaba internada en el hospital, y si de condiciones se trataba, casarse con el hijo del dueño de Grupo Aranguren era algo que jamás hubiera imaginado.Su encuentro con Rafael parecía sacado de una novela, y lo que siguió no fue menos de novela.En aquel entonces, Rafael tuvo un accidente de carro. El responsable huyó y fue Leonor quien lo cargó hasta el hospital, salvándole la vida.Días después, de repente, Rafael se apareció en la puerta de su universidad.Era el Día de San Valentín. Rafael llegó con un ramo de novecientas noventa y nueve rosas rosadas y se le declaró.Ese año, las flores estaban carísimas y más aún por la fecha. Un ramo así costaba al menos varios miles de pesos y causó sensación en toda la escuela.Leonor cuidó ese ramo como un tesoro, lo puso junto a su cama, aunque eso la llevó directo al hospital.Leonor era alérgica al polen.Nunca se lo dijo a Rafael, así que cada vez que salían él le llevaba otro ramo de rosas rosadas.Ni siquiera había terminado la universidad cuando se casó con Rafael y se volvió ama de casa.Rafael estaba siempre ocupado con el trabajo, necesitaba a alguien que se encargara por completo de la casa.Su suegra también le había dicho que Rafael tenía problemas de estómago, que la comida hecha en casa era más saludable, que una empleada nunca podría reemplazar a la esposa, y que el deber de la esposa era cuidar el hogar y criar a los hijos, entre muchas otras cosas.Durante el día, Leonor cocinaba, lavaba la ropa y mantenía todo en orden; en la noche, acompañaba a Rafael en su vida de pareja.No compartían mucho más.La tabla frente a ella parecía una ventana para conocer a Rafael. Leonor abrió el archivo y, de inmediato, saltaron varias fotos.El archivo tenía solo dos columnas, poco texto, casi puras imágenes.Arriba de la columna izquierda, estaba el nombre de la carpeta: ABC.Por más que lo intentó, Leonor no pudo descifrar a qué tres palabras correspondían esas letras.Por suerte, la columna de la derecha era fácil de entender:JN—Leonor.El pulso le tembló al sostener el ratón.Ambas columnas llevaban fechas y fotos.En la columna de ABC, todas las fotos mostraban a la misma muchacha.La primera foto: a sus pies, un enorme ramo de rosas rosadas, por lo menos novecientas noventa y nueve. En la segunda, presumía orgullosa un collar de diamantes brillante, aún abrazando un ramo de rosas. La tercera, sonriendo radiante, sostenía una bolsa Hermes con ambas manos; sobre la mesa, otro ramo de rosas.Con la mirada llena de esas rosas rosadas, Leonor volteó a ver la columna de la derecha.Ahí, todas las fotos eran de ella.Primera foto: Leonor también tenía un gran ramo de rosas rosadas idéntico al de la chica de la izquierda.Segunda: el mismo collar de diamantes, el mismo ramo de rosas.Tercera: la misma bolsa Hermes y, otra vez, las rosas.Cuarta, quinta, sexta…Hasta que, en la última foto de la columna izquierda, la chica abrazaba las rosas, con un anillo de diamantes rosa en el dedo anular de la mano izquierda. Justo ese mismo día, en la columna de la derecha, Rafael le propuso matrimonio a Leonor con el mismo anillo de diamantes rosa, usando las rosas como pretexto. Ahí terminaba la tabla.Leonor apagó la computadora en silencio, como si, de pronto, hubiera entendido todo.Siempre pensó que a Rafael le encantaban las rosas rosadas, por eso se las daba todo el tiempo.Aunque él nunca usó nada de color rosa, Leonor llegó a creer que había descubierto un secreto oculto de Rafael. Eso la emocionó durante días enteros.Pero en el fondo…A la chica del formulario le gustaban las rosas rosas.Aquella noche, Leonor no pudo pegar el ojo.Rafael no volvió a casa porque tenía que pasar la noche negociando un proyecto con Estados Unidos, pero aun así le aseguró que eso no impediría que la acompañara al hospital al día siguiente.Durante los últimos días, Leonor había sentido una molestia constante en el vientre. Rafael se encargó de agendarle una cita con un especialista para las nueve de la mañana.En el fondo, lo descubierto esa noche no significaba nada concreto.Incluso si Rafael la buscó en un principio para vengarse de otra mujer, eso había sido antes de casarse.Después de casados, Rafael no era el esposo más atento, pero tampoco la trataba mal. Cada mes le entregaba puntualmente dinero para los gastos de la casa y algo extra para sus antojos.En cada festividad o cumpleaños, él siempre se acordaba de darle algún regalo. Este año le obsequió un conjunto rosa de Burberry para su cumpleaños, aunque el rosa era el color que menos le gustaba.Como presidente del Grupo Aranguren, Rafael siempre estaba rodeado de mujeres bonitas, pero en los tres años que llevaban casados jamás se había visto envuelto en ningún escándalo.Solo una vez circuló una foto suya con una actriz famosa, pero Rafael manejó la situación de inmediato; la agencia de chismes se retractó y hasta cerró su cuenta esa misma noche.Leonor se revolvió en la cama, incapaz de dormir, diciéndose a sí misma que dejara de hacerse la vida pesada.Rafael no le era infiel, solo que tal vez no la quería tanto como ella pensaba.Su mamá siempre le decía que el matrimonio era cuestión de encontrar el equilibrio, que si uno lograba casarse con la persona que amaba, había que valorar ese amor como un tesoro.Leonor valoraba mucho su matrimonio.Amaba a Rafael.Desde que tenía trece años, llevaba exactamente diez años amándolo.Solo que Rafael nunca lo supo. Hasta hoy, seguía sin saberlo.Tomó su celular y desbloqueó un álbum privado protegido con contraseña, uno que no había abierto desde que se casó.Había solo una foto en ese álbum. Parecía tomada en el comedor de una escuela, aunque la atmósfera y la luz la hacían parecer más bien la sala de una cárcel.La protagonista de la foto era una niña, muy joven, apenas una adolescente, con brackets en todos los dientes y el cabello teñido de gris, peinado en grandes ondas.Cualquiera que viera la foto pensaría que esa niña era imposible de reconocer como Leonor, pero seguro identificaría en el rincón del fondo al joven lleno de energía: Rafael.Era la única foto donde Leonor y Rafael aparecían juntos—O al menos algo así como juntos.Leonor solo logró dormir cuando el cielo ya clareaba, y apenas tres horas después la despertó el sonido insistente de la alarma.Con unas ojeras de panda, se plantó frente a la entrada del Hospital Central Buenavista, esperando a Rafael. El viento de la mañana, todavía fresco de principios de primavera, la hacía estornudar y le corría la nariz.A las ocho con cincuenta y nueve, Leonor recibió un mensaje de Rafael por WhatsApp:[Salió un proyecto urgente en la empresa. Tengo que viajar a Estados Unidos, no voy a poder acompañarte. Entra tú sola, ya hablé con el especialista y te van a atender. Esta noche regreso a casa.]Leonor se abrazó con más fuerza la chamarra y entró sola al hospital. Cuando salió, llevaba en la mano el resultado de una ecografía.El diagnóstico decía que tenía dos meses de embarazo, aunque con amenaza de aborto.Era la primera vez que Leonor estaba embarazada; sería su primer hijo con Rafael.Se acarició el vientre, y una alegría incontenible se le pintó en la cara.El médico le dijo que la amenaza de aborto no era tan grave, pero igual debía cuidarse mucho.Sacó el celular, deseando compartirle la noticia a Rafael.El auricular solo le devolvía un tono tras otro, y Leonor sentía una mezcla de emoción y nerviosismo.Rafael… ¿se pondría feliz?Antes de anoche, esa pregunta ni siquiera le habría pasado por la cabeza.Por fin, la llamada entró.—Hola, amor, yo…—Estoy en una reunión, no me llames si no es urgente.La llamada se cortó de inmediato, y el pitido del teléfono retumbó en el oído de Leonor.El viento la hizo sentir vacía por dentro. Bajó el celular, y justo en ese momento, una noticia apareció en la pantalla—El heredero del Grupo Aranguren apareció en la presentación de la nueva colección de Finesse D'Or y, con tal de ver sonreír a una dama, derrochó una fortuna.A Leonor se le encogió el corazón al leer el titular.Grupo Aranguren… Solo hay un heredero: Rafael.Además, la exclusiva gala de Finesse D'Or se celebraba justo en Puerto Belmonte, donde vivían.Los dedos de Leonor temblaban, no solo por el frío, sino por una inquietud que la recorrió entera.Abrió la noticia. En la foto, la silueta de Rafael se distinguía sin dificultad.Él siempre había sido guapo, alto, con dos largas piernas que parecían no tener fin. El traje a la medida le daba ese porte distinguido, capaz de eclipsar a cualquiera en una foto grupal.Antes, cada vez que veía alguna noticia sobre Rafael, Leonor no podía evitar quedarse mirando la imagen durante un buen rato.Le fascinaba.Sin embargo, esta vez cerró la página casi de inmediato, como si le quemara los ojos.Por impulso, abrió Instagram. Justo vio que Mario Fuentes había subido algo nuevo.Mario había sido compañero de secundaria de Rafael.[Finesse D'Or, collar clásico de diamantes rosados, edición mundial limitada a diez piezas. ¡Nuestra cuñada también tiene uno!]La foto solo mostraba el cuello blanco y delicado de una mujer. El collar de diamantes rosados colgando era tan brillante que acaparaba toda la atención.No importaba a quién se refiriera Mario como "cuñada", lo que estaba claro era que no hablaba de Leonor.Guardó el reporte de ultrasonido, pidió un carro y volvió a casa. Durante el trayecto, una molestia sorda le punzaba el vientre.Al llegar, recordó que no había comprado nada para la cena, así que salió de nuevo y se dedicó a hacer un gran mandado, escogiendo todo lo que le gustaba a Rafael. Al regresar, se puso a limpiar y preparar los ingredientes, cocinando sin pausa hasta que oscureció.Cerca de las nueve de la noche, Rafael apareció.—Se me olvidó decirte, hoy tuve una reunión, ya cené afuera.El tono de Rafael era tan neutro que no dejaba adivinar nada, y en su cara, con esos rasgos tan marcados, tampoco se reflejaba emoción alguna.Leonor tomó el saco de las manos de Rafael.Llevaban tres años de casados y era la primera vez que veía que, tras una reunión, él volvía sin una gota de gel en el cabello. Daba la impresión de haberse bañado justo antes de llegar, desprendía frescura.El saco no tenía ni rastro de olor a alcohol, solo un leve perfume. Además, no era el mismo traje que el de la foto de la noticia.Leonor no preguntó nada. En silencio fue a buscarle la pijama, pero de pronto Rafael la abrazó por la cintura desde atrás.El aroma a menta que salía de su cabello se metió en la nariz de Leonor. A través de la tela fina y resbalosa de la pijama de seda, sintió cómo las manos de Rafael se volvían cada vez más atrevidas.Leonor, dedicada al hogar, rara vez salía. Solo de vez en cuando, cuando Rafael no tenía más remedio que llevarla a una comida familiar, él siempre se mostraba distante frente a los demás.Pero en la intimidad, todo cambiaba.Rafael tenía un deseo casi insaciable, una resistencia y destreza que a Leonor no le dejaban queja. Además, esa cara que parecía esculpida y esa media sonrisa que tenía el poder de volver loca a cualquiera.En otros días, Leonor no habría puesto objeción y simplemente seguiría el ritmo de Rafael.Pero después de todo lo que había pasado en esos días, y considerando que estaba embarazada, no tenía ganas de nada.—Amor, me duele la panza… ¿podemos dejarlo para otro día…?No terminó la frase porque Rafael la levantó en vilo y la llevó hasta la cama.—Estoy emba…No alcanzó a decir “embarazada”, porque el peso de Rafael cayó sobre ella, y la besó con tal fuerza que le robó el aliento.Mientras la besaba, Rafael se desabrochó la camisa y el cinturón, mirándola desde arriba con una intensidad desbordante en los ojos.Al notar que, por primera vez, Leonor no cedía, Rafael soltó una sonrisa inesperada. Usó el cinturón para atar las muñecas delgadas de Leonor.—Solo tienes que cumplir con tu papel de esposa.Otra oleada de besos frenéticos ahogó cualquier cosa que Leonor quisiera decirle.Leonor no entendía qué le pasaba a Rafael esa noche; la llevó al límite hasta que simplemente perdió el sentido.

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