Daisy Ayala ha esperado siete años por la propuesta de matrimonio de Oliver Aguilar, pero ese anhelado momento nunca llegó. Decidida a tomar las riendas del asunto, Daisy se convierte en una guerrera del amor y decide dar el primer paso: proponerle matrimonio a Oliver. Sin embargo, descubre inesperadamente que Oliver guarda en su corazón a un amor verdadero, por quien está dispuesto a renunciar a su propio pedestal y convertirse en el tercero en discordia. La vida en ocasiones se asemeja a un gran teatro improvisado. Ante esta revelación, Daisy decide retirarse de la complicada relación triangular, reconociendo que su mayor enemigo era ella misma, atrapada en las murallas invisibles del amor. Todos piensan que Daisy simplemente está enojada con Oliver, e incluso él mismo está convencido de ello. Después de todo, una “mascota” que ha sido cuidada durante siete años no abandona a su dueño tan fácilmente. No obstante, el tiempo le enseñará a Oliver que él es, en realidad, quien no puede alejarse de su verdadera dueña. La gente murmura que Daisy desperdició siete años con Oliver. Sin embargo, al final, quizás solo Oliver comprende que él fue el que realmente vivió esos años sin cobrarle un precio justo al corazón.

Capítulo 1Dicen que todos los hombres llevan en el corazón un amor imposible, esa persona a la que nunca pudieron tener.Daisy Ayala siempre pensó que Oliver Aguilar era la excepción a esa regla. Al fin y al cabo, lo suyo también venía de una historia intensa desde jóvenes.Pero, al final, este mundo entero resulta ser un enorme escenario para los amores verdaderos e inalcanzables.Oliver, por más diferente que pareciera, tampoco logró escapar de lo común.Daisy estaba con Oliver desde los dieciocho años. Ahora, ya iban siete años juntos.Más de dos mil días y noches compartidos, viviendo todo tipo de intimidades, y aun así, ella seguía perdiendo ante el recuerdo de un amor fugaz de la juventud de él.Si uno lo pensaba, hasta daba risa.Siete años le bastaron para entender que jamás pudo conocer de verdad el corazón de un hombre.Entonces, ¿cuánto puede llegar a amar alguien, como para guardar a esa persona en el fondo de su alma durante tantos años?Sumida en sus pensamientos, Daisy dejó de poner atención al momento, cosa que a Oliver no le cayó nada bien. De inmediato, él intensificó el ritmo, lanzándole una clara advertencia de que no se distrajera.Oliver siempre había sido intenso en la cama.Con ese vaivén apasionado, sin querer golpeó la caja negra de terciopelo que estaba en el buró junto a la cama.Rápidamente la atrapó, evitando que le cayera encima a Daisy.Probablemente nunca la había visto antes, porque por primera vez en mucho tiempo, su voz sonó curiosa:—¿Y esto qué es?Daisy, sin mostrar emoción alguna, le quitó la caja de las manos y la aventó hacia un lado. Luego, rodeó su cuello y se pegó a su garganta.—¿De verdad tienes cabeza para fijarte en otra cosa en este momento? ¿Ya te aburriste de mí o qué?Oliver no pudo resistirse a su seducción. Todo pensamiento se le esfumó de la mente.Mientras él perdía la cabeza por ella, Daisy giró la mirada hacia la caja negra arrinconada, y sintió los ojos humedecerse.Oliver, tú nunca vas a saber lo que hay adentro de esa caja....Un mes antes, Grupo Prestige había logrado salir a la bolsa, y los amigos de Oliver le organizaron una pequeña fiesta para celebrar.Daisy se arregló como nunca, decidida a aprovechar esa fiesta para pedirle matrimonio a Oliver.Eso, en teoría, era algo que le tocaba al hombre.Pero Daisy lo amaba demasiado. Estaba dispuesta a dejar de lado su orgullo y su dignidad de mujer, solo para proponerle matrimonio ella misma.Nadie sabía que llevaba esperando ese día durante siete años completos.Oliver siempre fue un hombre obsesionado con el trabajo, y Daisy, por él, hasta cambió la carrera que más le gustaba, eligiendo Finanzas aunque no fuera lo suyo.Al graduarse de la universidad, rechazó la oferta de una universidad de renombre en el extranjero y prefirió entrar a Grupo Prestige como analista, ayudando a Oliver desde abajo.Empezando como una empleada cualquiera, poco a poco fue ascendiendo hasta volverse la secretaria principal.Solo Daisy conocía el sacrificio que eso implicó.Cuando estaba más clavada en la relación, Daisy varias veces quiso preguntarle a Oliver:[¿Te vas a casar conmigo?]Pero al final, siempre se aguantaba.Su madre solía decirle: los regalos y el amor no se piden. Si te los dan porque quieren, es preferencia; si tienes que pedirlos, es limosna.Y Oliver nunca fue de los que hablan de sentimientos.Además, durante todos esos años, él solo tenía ojos para ella. Jamás hubo otra mujer cerca.Todo parecía indicar que, tarde o temprano, lo suyo acabaría en boda.Por ese “final feliz”, Daisy no dejó de partirse el lomo por Grupo Prestige; daba igual qué tan complicado o grande fuera el problema, ahí estaba ella.No recuerda cuántas veces se emborrachó en cenas de negocios, ni cuántas veces acabó en el hospital.La vez que terminó intoxicada por alcohol y tuvo un aborto, estuvo a punto de morir en la sala de operaciones.Su mejor amiga, Camila, le preguntó:—¿No te arrepientes de haber llegado tan lejos por un hombre? ¿De haberte dejado así de destrozada?Daisy ni lo dudó:—Vale la pena.Camila hasta le puso un apodo: “La guerrera del amor”.—Espero que no pierdas —le decía.En ese entonces, Daisy estaba segurísima:—Oliver nunca me va a dejar perder.Esa fe la mantuvo a flote hasta que Grupo Prestige salió a la bolsa.Nadie supo que el día en que Oliver tocó la campana en Nuevo Veracruz, Daisy se encerró en su cuarto y se desahogó llorando.Cuando terminó de llorar, se secó las lágrimas y empezó a preparar la sorpresa para pedirle matrimonio a Oliver.No le quedaba de otra: Oliver estaba saturado de trabajo.Después de que Grupo Prestige salió a la bolsa, tenía un montón de proyectos en puerta.Recibía felicitaciones de colegas, familia, amigos… Era lógico que no tuviera cabeza para pensar en ellos dos.Por eso, Daisy decidió tomar la iniciativa.¡Ella ayudaría a Oliver a cargar con el mundo!A pesar de que Daisy había intentado prepararse mentalmente una y otra vez, al llegar el momento de enfrentar la situación, los nervios la traicionaron por completo.Parada frente a la puerta, no dejaba de ajustar su respiración, frotándose las manos que no dejaban de temblar.Temía que, en cuanto intentara hablar, se le quebrara la voz y ni siquiera lograra pronunciar el discurso de propuesta de matrimonio que tanto había practicado.Adentro, la fiesta seguía a todo lo que daba. El bullicio de las conversaciones se colaba por la puerta.—Oli, ¿todavía tienes contacto con Vanesa Espinosa?—¿Vanesa? ¿No que Vanesa era tu gran amor, Oli? ¿Por qué la mencionan de repente?—Escuché que Vanesa va a regresar al país.—Entonces, ¿Oli podrá volver con su gran amor?Las manos de Daisy, que antes temblaban por la emoción, de pronto se quedaron quietas.—La verdad, el papá de Vanesa ha tenido años muy buenos en la política. Si Oli se casa con ella, tanto para él como para el Grupo Prestige sería un empujón fuerte. Parecen hechos el uno para el otro, la neta.—¡Y además dicen que es su verdadero amor! Imagínate, éxito en el amor y en los negocios.Quien decía eso era Luis, el amigo de toda la vida de Oliver. Siempre presumía que se habían criado juntos, que hasta de chicos compartían pantalones, así que, según él, todo lo que decía iba a misa.¿Oliver... tenía un verdadero amor?Daisy sintió un pinchazo en el pecho, tan inesperado que la hizo tambalearse.—¿Y qué va a pasar con Daisy? —preguntó alguien con curiosidad—. Ella ha estado con Oli por años, aunque sea por aguantar tanto, algo le debe, ¿no?Luis ni se inmutó.—Pues que le den un dinerito y asunto arreglado.—Y si de plano la quiere mucho, pues después de casarse ahí la puede tener.Total, que todos en su círculo hacían lo mismo, siempre un matrimonio de fachada en casa y mil aventuras afuera.Detrás de la puerta, Daisy apretó tanto los dedos que ya ni sentía dolor.Necesitaba escuchar la respuesta de Oliver. ¡Ya! ¡En ese instante!Deseaba que él los callara a todos, que dijera con firmeza que él amaba a Daisy, que con quien quería casarse era ella.Pero, por más que esperó, lo único que escuchó fue la voz tranquila de Oliver:—¿Desde cuándo se volvieron tan chismosos?No hubo ni un “no es cierto”, ni una defensa. Nada. Sonaba, más bien, como si lo aceptara sin bronca.—Bueno, bueno, ya estuvo de chismes por hoy, mejor cuenten algo emocionante, que ya hasta me estoy durmiendo —aventó Luis, poniéndose de pie para animar el ambiente.Luis era conocido por sus conquistas; cambiaba de pareja más rápido que de camisa. Siempre andaba inventando nuevas formas de divertirse y, para ponerle sabor a la noche, propuso un juego de confesiones.—A ver, cada quien cuente la cosa más loca que haya hecho en su vida.Uno se aventó:—En el carro.Luis se carcajeó:—¿Eso es lo más loco que has hecho?El otro agregó, como si fuera la gran hazaña:—¡En el tren!Todos en la sala soltaron gritos y aplausos:—¡No, pues sí te rifaste!Luis, emocionado, se volvió hacia Oliver, que parecía aburrido:—A ver, Oli, ¿y tú? ¿Qué es lo más extremo que has hecho?Oliver se quedó pensando unos segundos antes de hablar.—Meterme en una relación siendo el tercero... por amor.La sala estalló, todos brincando en sus asientos.¡Era Oliver! El heredero de la familia San Martín, el consentido de la élite, el que podía tener a la mujer que quisiera. Si de verdad hizo algo así, solo podía ser por amor.Luis casi se desgañita de la emoción, la voz le retumbaba hasta afuera de la puerta, perforándole los oídos a Daisy.—¡Es por Vanesa, ¿verdad?! Yo sabía que aún la quieres. Cuando te gustaba Vanesa, ella andaba con Yeray, y por eso te metiste de tercero. ¡Oli, eres un romántico de los de antes!Las risas y los gritos, tan burlones, caían sobre Daisy como baldes de agua helada. Sentía que todo su cuerpo se congelaba por dentro.El estómago se le revolvió. Se sintió tan mal que tuvo que agacharse poco a poco, abrazándose las piernas para no desmoronarse.Luis seguía con su lengua larga.—Oli, dime la neta, ¿el diez de octubre te viste con Vanesa?—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Oliver.—Es que ese día subió una foto a Instagram y puso que “reencontrarse es lo más bonito que hay en el mundo”. Yo supe que era contigo.—¿Esa noche pasó algo? ¿Hubo chispa, o qué? ¿Se encendió la llama de nuevo?Luis no paraba con el chisme, y parecía que nunca iba a acabar.Dentro de la oficina, los demás también seguían echando relajo, armando un alboroto tremendo.Daisy no alcanzaba a escuchar lo que Oliver decía, sólo sentía cómo el estómago se le retorcía de dolor.Pero esa punzada ni siquiera se acercaba al dolor que le apretaba el pecho.Diez de octubre.El mismo día en que acabó hospitalizada por intoxicación alcohólica y perdió a su bebé.Mientras ella, sola, peleaba por su vida al borde de la nada, él estaba ahí, reavivando el fuego con el amor de su vida.—Señorita Ayala, ¿se siente bien? ¿Le pasa algo? —le preguntó una mesera, sorprendida al verla agachada en el suelo, pálida como papel.Daisy le pidió que por favor llamara a una ambulancia.Ya recostada en la camilla, empapada en sudor frío, recibió la llamada de Oliver.En cualquier otro momento, aunque estuviera agotada o a punto de quedarse dormida, habría contestado su llamada sin pensarlo.Pero ese día el dolor la había sobrepasado.Tan fuerte, que ya no le importaba nada. No quería nada.Ni siquiera a Oliver....Daisy pasó cinco días internada en el hospital por una gastritis severa.Todo por no haberse recuperado bien después de la intoxicación y el aborto.Durante todo ese tiempo, Oliver no la buscó ni una sola vez.Ni siquiera un mensaje.Tal vez, en el mundo de Oliver, ella nunca había sido importante. Siempre estuvo de más.Sólo que hasta ahora ella no se había dado cuenta.El lunes, Daisy se reincorporó al trabajo. Miguel Sánchez llegó con su aire misterioso a platicar el último chisme.—Daisy, ¿ya te enteraste? ¡En Grupo Prestige va a entrar alguien nuevo por recomendación directa! ¡Y es mujer!—¿Recomendación directa? —Daisy frunció el ceño, dudando de la noticia.Oliver siempre había sido estricto con el personal. Incluso Daisy, para entrar a Grupo Prestige, tuvo que empezar desde abajo, como practicante.La empresa jamás había aceptado a alguien por palancas.Pero Miguel estaba convencido.—¡Te lo juro! Vi el nombramiento firmado por el presidente Aguilar con estos ojos. ¡Nueva directora del Departamento 3 de Inversiones!El corazón de Daisy dio un vuelco.Esa era la posición que Oliver le había prometido a ella.Años dedicándose en cuerpo y alma a Grupo Prestige, y todos lo sabían.Según las reglas de ascenso de la empresa, Daisy ya tenía más que merecido el puesto de directora, podía llevar proyectos sola sin problema.Pero Oliver le había dicho que estaba acostumbrado a tenerla como su asistente, que nadie más podía sustituirla. Por eso seguía en el departamento de secretarias.Le había prometido que el puesto de directora del Departamento 3 de Inversiones siempre sería para ella.Que cuando Grupo Prestige saliera a la bolsa, él mismo le entregaría el nombramiento.—¿De verdad? —preguntó Daisy, sintiendo una inquietud que no podía ocultar—. ¿Cómo se llama?—Creo que Vanesa... algo —Miguel apenas había alcanzado a ver el nombre.A Daisy le temblaron los dedos, el vaso que traía se le resbaló y el agua se derramó por el piso.Miguel se asustó.—¿Te quemaste, Daisy?—No.El agua no estaba caliente, pero sentía que le ardía la piel más que si la hubieran quemado.—Vanesa —murmuró ella.Miguel se quedó confundido.—¿Qué dijiste?Daisy inhaló hondo.—La nueva directora se llama Vanesa. Es la que va a tomar el cargo del Departamento 3 de Inversiones.—¡Sí, sí! ¡Ese es el nombre! ¿La conoces, Daisy?—No, no la conozco.Tomó el vaso y fue a llenarlo otra vez.La noticia del nuevo nombramiento se regó por toda la empresa y mucha gente se acercó a Daisy para pedirle que confirmara el rumor.Daisy terminó agotada de tantas preguntas, la paciencia se le acabó y explotó.—Si tienen tanta curiosidad, ¿por qué no van y se lo preguntan directo al presidente Aguilar?Apenas terminó de hablar, la oficina se quedó en silencio unos segundos, hasta que se escuchó la voz suave de una mujer.—Oli, parece que tus empleados tienen un carácter bastante fuerte.Daisy giró hacia donde venía la voz y se topó con una escena que le quemó la vista: una pareja parada, hombro con hombro.Después de varios días sin verlo, Oliver la miró de reojo, con una expresión impasible, y presentó a la mujer que estaba a su lado.—Les presento a la nueva directora del Departamento 3 de Inversiones, la directora Espinosa. De ahora en adelante, ella estará a cargo de todos los proyectos del departamento.Capítulo 2Dicen que todos los hombres llevan en el corazón un amor imposible, esa persona a la que nunca pudieron tener.Daisy Ayala siempre pensó que Oliver Aguilar era la excepción a esa regla. Al fin y al cabo, lo suyo también venía de una historia intensa desde jóvenes.Pero, al final, este mundo entero resulta ser un enorme escenario para los amores verdaderos e inalcanzables.Oliver, por más diferente que pareciera, tampoco logró escapar de lo común.Daisy estaba con Oliver desde los dieciocho años. Ahora, ya iban siete años juntos.Más de dos mil días y noches compartidos, viviendo todo tipo de intimidades, y aun así, ella seguía perdiendo ante el recuerdo de un amor fugaz de la juventud de él.Si uno lo pensaba, hasta daba risa.Siete años le bastaron para entender que jamás pudo conocer de verdad el corazón de un hombre.Entonces, ¿cuánto puede llegar a amar alguien, como para guardar a esa persona en el fondo de su alma durante tantos años?Sumida en sus pensamientos, Daisy dejó de poner atención al momento, cosa que a Oliver no le cayó nada bien. De inmediato, él intensificó el ritmo, lanzándole una clara advertencia de que no se distrajera.Oliver siempre había sido intenso en la cama.Con ese vaivén apasionado, sin querer golpeó la caja negra de terciopelo que estaba en el buró junto a la cama.Rápidamente la atrapó, evitando que le cayera encima a Daisy.Probablemente nunca la había visto antes, porque por primera vez en mucho tiempo, su voz sonó curiosa:—¿Y esto qué es?Daisy, sin mostrar emoción alguna, le quitó la caja de las manos y la aventó hacia un lado. Luego, rodeó su cuello y se pegó a su garganta.—¿De verdad tienes cabeza para fijarte en otra cosa en este momento? ¿Ya te aburriste de mí o qué?Oliver no pudo resistirse a su seducción. Todo pensamiento se le esfumó de la mente.Mientras él perdía la cabeza por ella, Daisy giró la mirada hacia la caja negra arrinconada, y sintió los ojos humedecerse.Oliver, tú nunca vas a saber lo que hay adentro de esa caja....Un mes antes, Grupo Prestige había logrado salir a la bolsa, y los amigos de Oliver le organizaron una pequeña fiesta para celebrar.Daisy se arregló como nunca, decidida a aprovechar esa fiesta para pedirle matrimonio a Oliver.Eso, en teoría, era algo que le tocaba al hombre.Pero Daisy lo amaba demasiado. Estaba dispuesta a dejar de lado su orgullo y su dignidad de mujer, solo para proponerle matrimonio ella misma.Nadie sabía que llevaba esperando ese día durante siete años completos.Oliver siempre fue un hombre obsesionado con el trabajo, y Daisy, por él, hasta cambió la carrera que más le gustaba, eligiendo Finanzas aunque no fuera lo suyo.Al graduarse de la universidad, rechazó la oferta de una universidad de renombre en el extranjero y prefirió entrar a Grupo Prestige como analista, ayudando a Oliver desde abajo.Empezando como una empleada cualquiera, poco a poco fue ascendiendo hasta volverse la secretaria principal.Solo Daisy conocía el sacrificio que eso implicó.Cuando estaba más clavada en la relación, Daisy varias veces quiso preguntarle a Oliver:[¿Te vas a casar conmigo?]Pero al final, siempre se aguantaba.Su madre solía decirle: los regalos y el amor no se piden. Si te los dan porque quieren, es preferencia; si tienes que pedirlos, es limosna.Y Oliver nunca fue de los que hablan de sentimientos.Además, durante todos esos años, él solo tenía ojos para ella. Jamás hubo otra mujer cerca.Todo parecía indicar que, tarde o temprano, lo suyo acabaría en boda.Por ese “final feliz”, Daisy no dejó de partirse el lomo por Grupo Prestige; daba igual qué tan complicado o grande fuera el problema, ahí estaba ella.No recuerda cuántas veces se emborrachó en cenas de negocios, ni cuántas veces acabó en el hospital.La vez que terminó intoxicada por alcohol y tuvo un aborto, estuvo a punto de morir en la sala de operaciones.Su mejor amiga, Camila, le preguntó:—¿No te arrepientes de haber llegado tan lejos por un hombre? ¿De haberte dejado así de destrozada?Daisy ni lo dudó:—Vale la pena.Camila hasta le puso un apodo: “La guerrera del amor”.—Espero que no pierdas —le decía.En ese entonces, Daisy estaba segurísima:—Oliver nunca me va a dejar perder.Esa fe la mantuvo a flote hasta que Grupo Prestige salió a la bolsa.Nadie supo que el día en que Oliver tocó la campana en Nuevo Veracruz, Daisy se encerró en su cuarto y se desahogó llorando.Cuando terminó de llorar, se secó las lágrimas y empezó a preparar la sorpresa para pedirle matrimonio a Oliver.No le quedaba de otra: Oliver estaba saturado de trabajo.Después de que Grupo Prestige salió a la bolsa, tenía un montón de proyectos en puerta.Recibía felicitaciones de colegas, familia, amigos… Era lógico que no tuviera cabeza para pensar en ellos dos.Por eso, Daisy decidió tomar la iniciativa.¡Ella ayudaría a Oliver a cargar con el mundo!A pesar de que Daisy había intentado prepararse mentalmente una y otra vez, al llegar el momento de enfrentar la situación, los nervios la traicionaron por completo.Parada frente a la puerta, no dejaba de ajustar su respiración, frotándose las manos que no dejaban de temblar.Temía que, en cuanto intentara hablar, se le quebrara la voz y ni siquiera lograra pronunciar el discurso de propuesta de matrimonio que tanto había practicado.Adentro, la fiesta seguía a todo lo que daba. El bullicio de las conversaciones se colaba por la puerta.—Oli, ¿todavía tienes contacto con Vanesa Espinosa?—¿Vanesa? ¿No que Vanesa era tu gran amor, Oli? ¿Por qué la mencionan de repente?—Escuché que Vanesa va a regresar al país.—Entonces, ¿Oli podrá volver con su gran amor?Las manos de Daisy, que antes temblaban por la emoción, de pronto se quedaron quietas.—La verdad, el papá de Vanesa ha tenido años muy buenos en la política. Si Oli se casa con ella, tanto para él como para el Grupo Prestige sería un empujón fuerte. Parecen hechos el uno para el otro, la neta.—¡Y además dicen que es su verdadero amor! Imagínate, éxito en el amor y en los negocios.Quien decía eso era Luis, el amigo de toda la vida de Oliver. Siempre presumía que se habían criado juntos, que hasta de chicos compartían pantalones, así que, según él, todo lo que decía iba a misa.¿Oliver... tenía un verdadero amor?Daisy sintió un pinchazo en el pecho, tan inesperado que la hizo tambalearse.—¿Y qué va a pasar con Daisy? —preguntó alguien con curiosidad—. Ella ha estado con Oli por años, aunque sea por aguantar tanto, algo le debe, ¿no?Luis ni se inmutó.—Pues que le den un dinerito y asunto arreglado.—Y si de plano la quiere mucho, pues después de casarse ahí la puede tener.Total, que todos en su círculo hacían lo mismo, siempre un matrimonio de fachada en casa y mil aventuras afuera.Detrás de la puerta, Daisy apretó tanto los dedos que ya ni sentía dolor.Necesitaba escuchar la respuesta de Oliver. ¡Ya! ¡En ese instante!Deseaba que él los callara a todos, que dijera con firmeza que él amaba a Daisy, que con quien quería casarse era ella.Pero, por más que esperó, lo único que escuchó fue la voz tranquila de Oliver:—¿Desde cuándo se volvieron tan chismosos?No hubo ni un “no es cierto”, ni una defensa. Nada. Sonaba, más bien, como si lo aceptara sin bronca.—Bueno, bueno, ya estuvo de chismes por hoy, mejor cuenten algo emocionante, que ya hasta me estoy durmiendo —aventó Luis, poniéndose de pie para animar el ambiente.Luis era conocido por sus conquistas; cambiaba de pareja más rápido que de camisa. Siempre andaba inventando nuevas formas de divertirse y, para ponerle sabor a la noche, propuso un juego de confesiones.—A ver, cada quien cuente la cosa más loca que haya hecho en su vida.Uno se aventó:—En el carro.Luis se carcajeó:—¿Eso es lo más loco que has hecho?El otro agregó, como si fuera la gran hazaña:—¡En el tren!Todos en la sala soltaron gritos y aplausos:—¡No, pues sí te rifaste!Luis, emocionado, se volvió hacia Oliver, que parecía aburrido:—A ver, Oli, ¿y tú? ¿Qué es lo más extremo que has hecho?Oliver se quedó pensando unos segundos antes de hablar.—Meterme en una relación siendo el tercero... por amor.La sala estalló, todos brincando en sus asientos.¡Era Oliver! El heredero de la familia San Martín, el consentido de la élite, el que podía tener a la mujer que quisiera. Si de verdad hizo algo así, solo podía ser por amor.Luis casi se desgañita de la emoción, la voz le retumbaba hasta afuera de la puerta, perforándole los oídos a Daisy.—¡Es por Vanesa, ¿verdad?! Yo sabía que aún la quieres. Cuando te gustaba Vanesa, ella andaba con Yeray, y por eso te metiste de tercero. ¡Oli, eres un romántico de los de antes!Las risas y los gritos, tan burlones, caían sobre Daisy como baldes de agua helada. Sentía que todo su cuerpo se congelaba por dentro.El estómago se le revolvió. Se sintió tan mal que tuvo que agacharse poco a poco, abrazándose las piernas para no desmoronarse.Luis seguía con su lengua larga.—Oli, dime la neta, ¿el diez de octubre te viste con Vanesa?—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Oliver.—Es que ese día subió una foto a Instagram y puso que “reencontrarse es lo más bonito que hay en el mundo”. Yo supe que era contigo.—¿Esa noche pasó algo? ¿Hubo chispa, o qué? ¿Se encendió la llama de nuevo?Luis no paraba con el chisme, y parecía que nunca iba a acabar.Dentro de la oficina, los demás también seguían echando relajo, armando un alboroto tremendo.Daisy no alcanzaba a escuchar lo que Oliver decía, sólo sentía cómo el estómago se le retorcía de dolor.Pero esa punzada ni siquiera se acercaba al dolor que le apretaba el pecho.Diez de octubre.El mismo día en que acabó hospitalizada por intoxicación alcohólica y perdió a su bebé.Mientras ella, sola, peleaba por su vida al borde de la nada, él estaba ahí, reavivando el fuego con el amor de su vida.—Señorita Ayala, ¿se siente bien? ¿Le pasa algo? —le preguntó una mesera, sorprendida al verla agachada en el suelo, pálida como papel.Daisy le pidió que por favor llamara a una ambulancia.Ya recostada en la camilla, empapada en sudor frío, recibió la llamada de Oliver.En cualquier otro momento, aunque estuviera agotada o a punto de quedarse dormida, habría contestado su llamada sin pensarlo.Pero ese día el dolor la había sobrepasado.Tan fuerte, que ya no le importaba nada. No quería nada.Ni siquiera a Oliver....Daisy pasó cinco días internada en el hospital por una gastritis severa.Todo por no haberse recuperado bien después de la intoxicación y el aborto.Durante todo ese tiempo, Oliver no la buscó ni una sola vez.Ni siquiera un mensaje.Tal vez, en el mundo de Oliver, ella nunca había sido importante. Siempre estuvo de más.Sólo que hasta ahora ella no se había dado cuenta.El lunes, Daisy se reincorporó al trabajo. Miguel Sánchez llegó con su aire misterioso a platicar el último chisme.—Daisy, ¿ya te enteraste? ¡En Grupo Prestige va a entrar alguien nuevo por recomendación directa! ¡Y es mujer!—¿Recomendación directa? —Daisy frunció el ceño, dudando de la noticia.Oliver siempre había sido estricto con el personal. Incluso Daisy, para entrar a Grupo Prestige, tuvo que empezar desde abajo, como practicante.La empresa jamás había aceptado a alguien por palancas.Pero Miguel estaba convencido.—¡Te lo juro! Vi el nombramiento firmado por el presidente Aguilar con estos ojos. ¡Nueva directora del Departamento 3 de Inversiones!El corazón de Daisy dio un vuelco.Esa era la posición que Oliver le había prometido a ella.Años dedicándose en cuerpo y alma a Grupo Prestige, y todos lo sabían.Según las reglas de ascenso de la empresa, Daisy ya tenía más que merecido el puesto de directora, podía llevar proyectos sola sin problema.Pero Oliver le había dicho que estaba acostumbrado a tenerla como su asistente, que nadie más podía sustituirla. Por eso seguía en el departamento de secretarias.Le había prometido que el puesto de directora del Departamento 3 de Inversiones siempre sería para ella.Que cuando Grupo Prestige saliera a la bolsa, él mismo le entregaría el nombramiento.—¿De verdad? —preguntó Daisy, sintiendo una inquietud que no podía ocultar—. ¿Cómo se llama?—Creo que Vanesa... algo —Miguel apenas había alcanzado a ver el nombre.A Daisy le temblaron los dedos, el vaso que traía se le resbaló y el agua se derramó por el piso.Miguel se asustó.—¿Te quemaste, Daisy?—No.El agua no estaba caliente, pero sentía que le ardía la piel más que si la hubieran quemado.—Vanesa —murmuró ella.Miguel se quedó confundido.—¿Qué dijiste?Daisy inhaló hondo.—La nueva directora se llama Vanesa. Es la que va a tomar el cargo del Departamento 3 de Inversiones.—¡Sí, sí! ¡Ese es el nombre! ¿La conoces, Daisy?—No, no la conozco.Tomó el vaso y fue a llenarlo otra vez.La noticia del nuevo nombramiento se regó por toda la empresa y mucha gente se acercó a Daisy para pedirle que confirmara el rumor.Daisy terminó agotada de tantas preguntas, la paciencia se le acabó y explotó.—Si tienen tanta curiosidad, ¿por qué no van y se lo preguntan directo al presidente Aguilar?Apenas terminó de hablar, la oficina se quedó en silencio unos segundos, hasta que se escuchó la voz suave de una mujer.—Oli, parece que tus empleados tienen un carácter bastante fuerte.Daisy giró hacia donde venía la voz y se topó con una escena que le quemó la vista: una pareja parada, hombro con hombro.Después de varios días sin verlo, Oliver la miró de reojo, con una expresión impasible, y presentó a la mujer que estaba a su lado.—Les presento a la nueva directora del Departamento 3 de Inversiones, la directora Espinosa. De ahora en adelante, ella estará a cargo de todos los proyectos del departamento.Capítulo 3Dicen que todos los hombres llevan en el corazón un amor imposible, esa persona a la que nunca pudieron tener.Daisy Ayala siempre pensó que Oliver Aguilar era la excepción a esa regla. Al fin y al cabo, lo suyo también venía de una historia intensa desde jóvenes.Pero, al final, este mundo entero resulta ser un enorme escenario para los amores verdaderos e inalcanzables.Oliver, por más diferente que pareciera, tampoco logró escapar de lo común.Daisy estaba con Oliver desde los dieciocho años. Ahora, ya iban siete años juntos.Más de dos mil días y noches compartidos, viviendo todo tipo de intimidades, y aun así, ella seguía perdiendo ante el recuerdo de un amor fugaz de la juventud de él.Si uno lo pensaba, hasta daba risa.Siete años le bastaron para entender que jamás pudo conocer de verdad el corazón de un hombre.Entonces, ¿cuánto puede llegar a amar alguien, como para guardar a esa persona en el fondo de su alma durante tantos años?Sumida en sus pensamientos, Daisy dejó de poner atención al momento, cosa que a Oliver no le cayó nada bien. De inmediato, él intensificó el ritmo, lanzándole una clara advertencia de que no se distrajera.Oliver siempre había sido intenso en la cama.Con ese vaivén apasionado, sin querer golpeó la caja negra de terciopelo que estaba en el buró junto a la cama.Rápidamente la atrapó, evitando que le cayera encima a Daisy.Probablemente nunca la había visto antes, porque por primera vez en mucho tiempo, su voz sonó curiosa:—¿Y esto qué es?Daisy, sin mostrar emoción alguna, le quitó la caja de las manos y la aventó hacia un lado. Luego, rodeó su cuello y se pegó a su garganta.—¿De verdad tienes cabeza para fijarte en otra cosa en este momento? ¿Ya te aburriste de mí o qué?Oliver no pudo resistirse a su seducción. Todo pensamiento se le esfumó de la mente.Mientras él perdía la cabeza por ella, Daisy giró la mirada hacia la caja negra arrinconada, y sintió los ojos humedecerse.Oliver, tú nunca vas a saber lo que hay adentro de esa caja....Un mes antes, Grupo Prestige había logrado salir a la bolsa, y los amigos de Oliver le organizaron una pequeña fiesta para celebrar.Daisy se arregló como nunca, decidida a aprovechar esa fiesta para pedirle matrimonio a Oliver.Eso, en teoría, era algo que le tocaba al hombre.Pero Daisy lo amaba demasiado. Estaba dispuesta a dejar de lado su orgullo y su dignidad de mujer, solo para proponerle matrimonio ella misma.Nadie sabía que llevaba esperando ese día durante siete años completos.Oliver siempre fue un hombre obsesionado con el trabajo, y Daisy, por él, hasta cambió la carrera que más le gustaba, eligiendo Finanzas aunque no fuera lo suyo.Al graduarse de la universidad, rechazó la oferta de una universidad de renombre en el extranjero y prefirió entrar a Grupo Prestige como analista, ayudando a Oliver desde abajo.Empezando como una empleada cualquiera, poco a poco fue ascendiendo hasta volverse la secretaria principal.Solo Daisy conocía el sacrificio que eso implicó.Cuando estaba más clavada en la relación, Daisy varias veces quiso preguntarle a Oliver:[¿Te vas a casar conmigo?]Pero al final, siempre se aguantaba.Su madre solía decirle: los regalos y el amor no se piden. Si te los dan porque quieren, es preferencia; si tienes que pedirlos, es limosna.Y Oliver nunca fue de los que hablan de sentimientos.Además, durante todos esos años, él solo tenía ojos para ella. Jamás hubo otra mujer cerca.Todo parecía indicar que, tarde o temprano, lo suyo acabaría en boda.Por ese “final feliz”, Daisy no dejó de partirse el lomo por Grupo Prestige; daba igual qué tan complicado o grande fuera el problema, ahí estaba ella.No recuerda cuántas veces se emborrachó en cenas de negocios, ni cuántas veces acabó en el hospital.La vez que terminó intoxicada por alcohol y tuvo un aborto, estuvo a punto de morir en la sala de operaciones.Su mejor amiga, Camila, le preguntó:—¿No te arrepientes de haber llegado tan lejos por un hombre? ¿De haberte dejado así de destrozada?Daisy ni lo dudó:—Vale la pena.Camila hasta le puso un apodo: “La guerrera del amor”.—Espero que no pierdas —le decía.En ese entonces, Daisy estaba segurísima:—Oliver nunca me va a dejar perder.Esa fe la mantuvo a flote hasta que Grupo Prestige salió a la bolsa.Nadie supo que el día en que Oliver tocó la campana en Nuevo Veracruz, Daisy se encerró en su cuarto y se desahogó llorando.Cuando terminó de llorar, se secó las lágrimas y empezó a preparar la sorpresa para pedirle matrimonio a Oliver.No le quedaba de otra: Oliver estaba saturado de trabajo.Después de que Grupo Prestige salió a la bolsa, tenía un montón de proyectos en puerta.Recibía felicitaciones de colegas, familia, amigos… Era lógico que no tuviera cabeza para pensar en ellos dos.Por eso, Daisy decidió tomar la iniciativa.¡Ella ayudaría a Oliver a cargar con el mundo!A pesar de que Daisy había intentado prepararse mentalmente una y otra vez, al llegar el momento de enfrentar la situación, los nervios la traicionaron por completo.Parada frente a la puerta, no dejaba de ajustar su respiración, frotándose las manos que no dejaban de temblar.Temía que, en cuanto intentara hablar, se le quebrara la voz y ni siquiera lograra pronunciar el discurso de propuesta de matrimonio que tanto había practicado.Adentro, la fiesta seguía a todo lo que daba. El bullicio de las conversaciones se colaba por la puerta.—Oli, ¿todavía tienes contacto con Vanesa Espinosa?—¿Vanesa? ¿No que Vanesa era tu gran amor, Oli? ¿Por qué la mencionan de repente?—Escuché que Vanesa va a regresar al país.—Entonces, ¿Oli podrá volver con su gran amor?Las manos de Daisy, que antes temblaban por la emoción, de pronto se quedaron quietas.—La verdad, el papá de Vanesa ha tenido años muy buenos en la política. Si Oli se casa con ella, tanto para él como para el Grupo Prestige sería un empujón fuerte. Parecen hechos el uno para el otro, la neta.—¡Y además dicen que es su verdadero amor! Imagínate, éxito en el amor y en los negocios.Quien decía eso era Luis, el amigo de toda la vida de Oliver. Siempre presumía que se habían criado juntos, que hasta de chicos compartían pantalones, así que, según él, todo lo que decía iba a misa.¿Oliver... tenía un verdadero amor?Daisy sintió un pinchazo en el pecho, tan inesperado que la hizo tambalearse.—¿Y qué va a pasar con Daisy? —preguntó alguien con curiosidad—. Ella ha estado con Oli por años, aunque sea por aguantar tanto, algo le debe, ¿no?Luis ni se inmutó.—Pues que le den un dinerito y asunto arreglado.—Y si de plano la quiere mucho, pues después de casarse ahí la puede tener.Total, que todos en su círculo hacían lo mismo, siempre un matrimonio de fachada en casa y mil aventuras afuera.Detrás de la puerta, Daisy apretó tanto los dedos que ya ni sentía dolor.Necesitaba escuchar la respuesta de Oliver. ¡Ya! ¡En ese instante!Deseaba que él los callara a todos, que dijera con firmeza que él amaba a Daisy, que con quien quería casarse era ella.Pero, por más que esperó, lo único que escuchó fue la voz tranquila de Oliver:—¿Desde cuándo se volvieron tan chismosos?No hubo ni un “no es cierto”, ni una defensa. Nada. Sonaba, más bien, como si lo aceptara sin bronca.—Bueno, bueno, ya estuvo de chismes por hoy, mejor cuenten algo emocionante, que ya hasta me estoy durmiendo —aventó Luis, poniéndose de pie para animar el ambiente.Luis era conocido por sus conquistas; cambiaba de pareja más rápido que de camisa. Siempre andaba inventando nuevas formas de divertirse y, para ponerle sabor a la noche, propuso un juego de confesiones.—A ver, cada quien cuente la cosa más loca que haya hecho en su vida.Uno se aventó:—En el carro.Luis se carcajeó:—¿Eso es lo más loco que has hecho?El otro agregó, como si fuera la gran hazaña:—¡En el tren!Todos en la sala soltaron gritos y aplausos:—¡No, pues sí te rifaste!Luis, emocionado, se volvió hacia Oliver, que parecía aburrido:—A ver, Oli, ¿y tú? ¿Qué es lo más extremo que has hecho?Oliver se quedó pensando unos segundos antes de hablar.—Meterme en una relación siendo el tercero... por amor.La sala estalló, todos brincando en sus asientos.¡Era Oliver! El heredero de la familia San Martín, el consentido de la élite, el que podía tener a la mujer que quisiera. Si de verdad hizo algo así, solo podía ser por amor.Luis casi se desgañita de la emoción, la voz le retumbaba hasta afuera de la puerta, perforándole los oídos a Daisy.—¡Es por Vanesa, ¿verdad?! Yo sabía que aún la quieres. Cuando te gustaba Vanesa, ella andaba con Yeray, y por eso te metiste de tercero. ¡Oli, eres un romántico de los de antes!Las risas y los gritos, tan burlones, caían sobre Daisy como baldes de agua helada. Sentía que todo su cuerpo se congelaba por dentro.El estómago se le revolvió. Se sintió tan mal que tuvo que agacharse poco a poco, abrazándose las piernas para no desmoronarse.Luis seguía con su lengua larga.—Oli, dime la neta, ¿el diez de octubre te viste con Vanesa?—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Oliver.—Es que ese día subió una foto a Instagram y puso que “reencontrarse es lo más bonito que hay en el mundo”. Yo supe que era contigo.—¿Esa noche pasó algo? ¿Hubo chispa, o qué? ¿Se encendió la llama de nuevo?Luis no paraba con el chisme, y parecía que nunca iba a acabar.Dentro de la oficina, los demás también seguían echando relajo, armando un alboroto tremendo.Daisy no alcanzaba a escuchar lo que Oliver decía, sólo sentía cómo el estómago se le retorcía de dolor.Pero esa punzada ni siquiera se acercaba al dolor que le apretaba el pecho.Diez de octubre.El mismo día en que acabó hospitalizada por intoxicación alcohólica y perdió a su bebé.Mientras ella, sola, peleaba por su vida al borde de la nada, él estaba ahí, reavivando el fuego con el amor de su vida.—Señorita Ayala, ¿se siente bien? ¿Le pasa algo? —le preguntó una mesera, sorprendida al verla agachada en el suelo, pálida como papel.Daisy le pidió que por favor llamara a una ambulancia.Ya recostada en la camilla, empapada en sudor frío, recibió la llamada de Oliver.En cualquier otro momento, aunque estuviera agotada o a punto de quedarse dormida, habría contestado su llamada sin pensarlo.Pero ese día el dolor la había sobrepasado.Tan fuerte, que ya no le importaba nada. No quería nada.Ni siquiera a Oliver....Daisy pasó cinco días internada en el hospital por una gastritis severa.Todo por no haberse recuperado bien después de la intoxicación y el aborto.Durante todo ese tiempo, Oliver no la buscó ni una sola vez.Ni siquiera un mensaje.Tal vez, en el mundo de Oliver, ella nunca había sido importante. Siempre estuvo de más.Sólo que hasta ahora ella no se había dado cuenta.El lunes, Daisy se reincorporó al trabajo. Miguel Sánchez llegó con su aire misterioso a platicar el último chisme.—Daisy, ¿ya te enteraste? ¡En Grupo Prestige va a entrar alguien nuevo por recomendación directa! ¡Y es mujer!—¿Recomendación directa? —Daisy frunció el ceño, dudando de la noticia.Oliver siempre había sido estricto con el personal. Incluso Daisy, para entrar a Grupo Prestige, tuvo que empezar desde abajo, como practicante.La empresa jamás había aceptado a alguien por palancas.Pero Miguel estaba convencido.—¡Te lo juro! Vi el nombramiento firmado por el presidente Aguilar con estos ojos. ¡Nueva directora del Departamento 3 de Inversiones!El corazón de Daisy dio un vuelco.Esa era la posición que Oliver le había prometido a ella.Años dedicándose en cuerpo y alma a Grupo Prestige, y todos lo sabían.Según las reglas de ascenso de la empresa, Daisy ya tenía más que merecido el puesto de directora, podía llevar proyectos sola sin problema.Pero Oliver le había dicho que estaba acostumbrado a tenerla como su asistente, que nadie más podía sustituirla. Por eso seguía en el departamento de secretarias.Le había prometido que el puesto de directora del Departamento 3 de Inversiones siempre sería para ella.Que cuando Grupo Prestige saliera a la bolsa, él mismo le entregaría el nombramiento.—¿De verdad? —preguntó Daisy, sintiendo una inquietud que no podía ocultar—. ¿Cómo se llama?—Creo que Vanesa... algo —Miguel apenas había alcanzado a ver el nombre.A Daisy le temblaron los dedos, el vaso que traía se le resbaló y el agua se derramó por el piso.Miguel se asustó.—¿Te quemaste, Daisy?—No.El agua no estaba caliente, pero sentía que le ardía la piel más que si la hubieran quemado.—Vanesa —murmuró ella.Miguel se quedó confundido.—¿Qué dijiste?Daisy inhaló hondo.—La nueva directora se llama Vanesa. Es la que va a tomar el cargo del Departamento 3 de Inversiones.—¡Sí, sí! ¡Ese es el nombre! ¿La conoces, Daisy?—No, no la conozco.Tomó el vaso y fue a llenarlo otra vez.La noticia del nuevo nombramiento se regó por toda la empresa y mucha gente se acercó a Daisy para pedirle que confirmara el rumor.Daisy terminó agotada de tantas preguntas, la paciencia se le acabó y explotó.—Si tienen tanta curiosidad, ¿por qué no van y se lo preguntan directo al presidente Aguilar?Apenas terminó de hablar, la oficina se quedó en silencio unos segundos, hasta que se escuchó la voz suave de una mujer.—Oli, parece que tus empleados tienen un carácter bastante fuerte.Daisy giró hacia donde venía la voz y se topó con una escena que le quemó la vista: una pareja parada, hombro con hombro.Después de varios días sin verlo, Oliver la miró de reojo, con una expresión impasible, y presentó a la mujer que estaba a su lado.—Les presento a la nueva directora del Departamento 3 de Inversiones, la directora Espinosa. De ahora en adelante, ella estará a cargo de todos los proyectos del departamento.

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