Eleonor Muñoz fue compañera inseparable de Fabián Valdés durante diez años y su esposa durante tres, pero él nunca la tocó siquiera. Todos sabían que Fabián tenía un viejo amor que fue su gran pasión del pasado, por quien mantenía su vida pura y sin compromisos. Cuando Eleonor entregó los papeles del divorcio y se marchó con la frente en alto, Fabián vio el colgante que ella dejó caer y se volvió loco. Era el mismo que su viejo amor había llevado en su infancia. Fabián, siempre tranquilo y sereno, se encontró desorientado, llorando, le rogó a Eleonor: “Mi vida, no hagas esto, vuelve a casa.” Pero allí mismo estaba el documento de divorcio frente a él, y el famoso jefe, conocido por su dureza, rodeó la cintura de Eleonor con decisión, diciendo con tono firme: “Fabián, no insistas. Si me molestas, no le irá bien esta noche.”

Capítulo 1Eleonor Muñoz fue la sombra de Fabián Valdés durante diez años.Cuando cumplió veintiún años, al fin logró casarse con él, justo como siempre había soñado.No había otro motivo: Eleonor era lo suficientemente obediente, siempre atenta y sabia para no causar problemas.Sirvió para que la familia de Fabián dejara de presionarlo con el tema del matrimonio.Y también para que, cuando la verdadera dueña de su corazón lo necesitara, Eleonor supiera hacerse a un lado.Durante esos tres años de matrimonio, Eleonor llevó su obediencia y sensatez al extremo.Hasta que, la noche en que el hermano mayor de Fabián murió en un accidente y él, en defensa de su cuñada, recibió una bofetada de la familia, Eleonor por fin lo entendió todo: había llegado el momento de hacerse a un lado en esa relación.Ese hombre, al que tenía bloqueado desde hacía tres años, la llamó por teléfono.—¿Cuándo vas a regresar?Eleonor no respondió. Solo le mandó un mensaje a su amiga abogada.[Flori, ¿me puedes ayudar con un acuerdo de divorcio lo más pronto posible?]...Al terminar la llamada, a las tres de la madrugada, Eleonor se quedó sentada en su carro, mirando las luces encendidas de la vieja casona de los Valdés.Del hospital a la casa.La familia Valdés había perdido a su hijo mayor, y su furia seguía teniendo el mismo blanco de siempre.—Virginia Soto.En cambio, su esposo, ese hombre que durante tres años se había mostrado tan correcto y comedido, nunca dejó de proteger a su cuñada.La marca roja de la bofetada aún resaltaba en su cara bien parecida.Todos los presentes en el hospital se quedaron boquiabiertos.Menos Eleonor. Para ella, no hubo ni una pizca de sorpresa.Tres días antes, en su aniversario de bodas con Fabián.Ella había preparado una sorpresa, tomó un vuelo a la ciudad donde él estaba de viaje de trabajo, pero al llegar escuchó la conversación de Fabián con dos de sus amigos.—Fabián, no es por nada, pero cada año te las ingenias para estar lejos en tu aniversario de bodas. Así no se vale, Ellie te quiere de verdad.El hombre, siempre tan calmado y elegante, tenía esa vez una sombra de tristeza en los ojos.—¿Tú crees que yo quiero esto? Si no lo hago… jamás creería que en todos estos años no he tocado a Eleonor.—¿Ella…?El amigo, indignado, no se aguantó y le soltó:—¿Te refieres a Virginia? Fabián, estás mal de la cabeza. No vaya a ser que Virginia ya esté embarazada de su segundo hijo y tú sigas atorado ahí.Luego, cambiando de tono, añadió:—Y tú, portándote así con Ellie, ¿no temes que Iker te busque para reclamarte?—No lo hará.Fabián jugó con sus dedos.—Desde que Eleonor y yo nos casamos, Iker y ella rompieron relación. Ni siquiera se han hablado en WhatsApp en tres años.Detrás de la puerta, Eleonor se fue caminando con la cabeza en alto. Pero los dedos le temblaban, aunque intentaba ocultarlo.No era un secreto para ella que Fabián tuvo a alguien en su corazón.Preguntó a medio mundo y nadie le quiso decir quién era esa persona.Imaginó muchas posibilidades.Nunca pensó que fuera su cuñada.Tres años llamándole “cuñada” con toda la dulzura.¡Qué vergüenza!Al salir del club, una tormenta caía con furia. Pero a Eleonor le dio igual, dejó que la lluvia la empapara por completo.Esa misma noche tomó el primer vuelo de regreso a Frescura.En cuanto llegó a casa, cayó enferma.Tuvo fiebre dos días enteros, y justo cuando comenzaba a sentirse mejor, ocurrió el accidente de Cristóbal Valdés.Siete días después, el funeral de Cristóbal se llevó a cabo en Frescura.Durante esos días, en la casona solo pudo dormir dos o tres horas por noche. Al salir del cementerio, Eleonor sentía que su cuerpo iba adelante, pero su alma se quedaba atrás.El conductor la esperaba con el carro encendido junto a la entrada.Eleonor subió y cerró los ojos.—Raúl, vamos a casa.—¿No vas a pasar por la casona?—No.El funeral terminó, pero a la familia Valdés aún le quedaba mucho por discutir.Cristóbal era el hijo y nieto mayor, el consentido desde niño.Su muerte fue provocada por Virginia, quien insistió en que saltaran en paracaídas. El equipo falló y Cristóbal cayó desde las alturas.Al hospital ya no lo llevaron para salvarlo.Solo para unir su cuerpo.La rabia de la familia Valdés hacia Virginia seguía intacta.Eleonor ya no quería presenciar cómo su esposo defendía a otra mujer. Tenía asuntos propios de los que ocuparse.El carro apenas arrancaba cuando, de repente, la puerta trasera se abrió.Fabián, vestido con un traje negro impecable, alto y delgado, apareció con el gesto más incómodo que ella le había visto jamás.—Ellie, ¿ya te vas a casa?—Ajá.Apenas lo dijo, notó a su lado a Virginia y a un niño pequeño.Era Ángel Valdés, el hijo de Virginia y Cristóbal, un niño de cuatro años, todo cachetes y energía.Eleonor no entendía qué pretendía Fabián, pero Ángel, sin dudar, trepó al carro y le soltó:—Tía Ellie, ¿nos llevas a mi mamá y a mí a casa?Eleonor frunció el ceño y levantó la mirada para buscar la confirmación de Fabián.Él apretó los labios.—Mis papás todavía están que echan humo. Deja que Virginia y Angelito vivan con nosotros un tiempo.Como si temiera que Eleonor se negara, añadió:—Tú decías que querías tener un hijo, ¿no? Pues puedes ir practicando con Angelito....A Eleonor casi se le sale la risa.Pero pensar en reírse en el cementerio le pareció fuera de lugar.Permitir que Virginia y su hijo vivieran con ellos, mientras él solo enfrentaba la furia familiar, parecía hasta responsable de su parte.Al llegar a casa, Blanca, la empleada, ya tenía lista la habitación de invitados. Seguro Fabián la había avisado antes.Para Eleonor, eso fue un alivio. Se bañó y se tiró en la cama, durmiendo como si no hubiera mañana.Cuando despertó, ya eran las nueve de la noche.Justo había tomado el celular cuando sonó el teléfono: era su mejor amiga.—Ya tengo el acuerdo de divorcio como me lo pediste. ¿Te lo mando para que lo revises?—Gracias, Florencia.Recién levantada, la voz de Eleonor era suave.—No hace falta, mejor mándalo por mensajería express.—¿Tan decidida estás? ¿De verdad lo pensaste bien?Florencia Herrera había llevado muchos casos y temía que Eleonor actuara por impulso.—Fabián no es buen esposo, pero de alguna manera...Eleonor encendió la luz, se sentó en la cama y, con la mente más despejada que nunca, respondió:—Ya lo decidí, Flori. Ese tipo se la pasa tocándose viendo fotos de otras mujeres.—¿Qué…?El zumbido en la cabeza de Florencia fue inmediato, como si le hubieran dado un golpe seco.Jamás se le habría ocurrido que Eleonor, tan reservada y callada, soltara semejante palabra.Pero lo que de verdad la dejó boquiabierta fue darse cuenta de hasta dónde llegaba la bajeza de Fabián, ese tipo miserable, para humillar a alguien así.—¡Maldito desgraciado! —murmuró Florencia entre dientes, usando una palabrota digna del barrio—. Olvídate del envío exprés, yo misma te lo llevo. Lo entrego y regreso a seguirle a la chamba.Después de todo, ¿cómo iba a competir una moto con su carro de cuatro ruedas?Colgó el teléfono. Eleonor tampoco podía creer lo sencillo que se lo había dicho.Quizá era porque ese nudo llevaba demasiado tiempo atorado en su pecho.Un nudo que no la dejaba en paz ni por dentro ni por fuera, todo le resultaba incómodo, como si le faltara el aire.Era igual que aquella noche en el club, cuando Fabián se lo soltó sin pudor: ni una sola vez la había tocado.Si lo contaba, nadie lo creería. Tres años de casados y ella seguía siendo virgen.Al principio, pensó que tal vez Fabián tenía algún problema.Pero después, lo descubrió más de una vez en la biblioteca, abrazado a un álbum de fotos, satisfaciéndose solo.Los gruñidos apagados de Fabián, tan cerca, le dolían como si fueran bofetadas una tras otra.Una vez, Fabián la sorprendió espiándolo. La abrazó, se pegó a su cuello, y musitó con voz apagada:—Ellie, perdóname. Es que solo de pensar en lastimarte haciendo eso, no puedo... Solo me queda mirar tus fotos...¿Y lo peor? Que Eleonor le creyó. Hasta sintió que se sonrojaba.Pero esa misma noche, al regresar a Frescura casi desmayada por la fiebre, se tomó las pastillas, y en un último impulso, fue directo al estudio a forzar el gabinete que Fabián siempre mantenía bajo llave.Allí, por fin, vio el álbum.Cada página estaba llena de fotos de Virginia. Virginia radiante, viva, irresistible.Cada sonrisa, cada gesto, Fabián los atesoraba como si fueran lo más sagrado.En ese momento, Eleonor comprendió que era el hazmerreír de su propia vida.Por un instante, recordó cuando era niña y se pegaba detrás de Fabián, como si fuera su sombra.Pero en el fondo, no era por él.Solo que su hermano siempre estaba con Fabián.Después de tanto verlo, empezó a pensar que casarse con él no estaría nada mal.Fabián tenía una paciencia de santo, era amable, tranquilo, hasta se acordaba de llevarle algún regalito cada vez que iba a ver a su hermano.De todos los amigos de su hermano, él era el más atento.Y fue ese mismo tipo atento quien prefirió fantasear con su cuñada antes que acercarse siquiera a su propia esposa....Florencia llegó mucho antes de lo que Eleonor esperaba.Apenas se había levantado y terminado de arreglarse cuando sonó el timbre de la casa.Florencia traía una energía que parecía como si fuera a arrastrar a Fabián directamente al juzgado, si es que aún estuviera abierto, para resolver de una vez el asunto.Apenas Eleonor tuvo el acuerdo en las manos, sintió un poco de alivio, pero ese momento de tranquilidad no duró nada: desde arriba, un sonido seco la sacó de su pensamiento.No alcanzó a reaccionar cuando Blanca bajó casi corriendo, con el ceño arrugado, dudando si hablar.—Señora...—¿Qué pasó?—La foto familiar que tenía en su cuarto... Angelito la rompió.Eleonor pensó que solo se había caído el portarretratos, pero Blanca le mostró los pedazos.Su cara perdió el color en un segundo.Esa foto era lo único que le quedaba de sus padres, quienes murieron cuando ella tenía cinco años.Era su único recuerdo de familia.Tomó los trozos de la foto, desgarrados en varios pedazos, y sin pensarlo dos veces, subió a grandes zancadas.Justo en el pasillo, Virginia salió del cuarto de Eleonor cargando a su hijo.Eleonor la miró de forma cortante.—Virginia, el cuarto en el que están… es el mío.—El tío dijo que a partir de ahora este será el hogar de Angelito —contestó Virginia, tranquila, mientras acomodaba las cosas de su hijo.Ángel, indignado, infló el pecho y soltó con voz desafiante:—El tío también dijo que va a cuidar de Angelito y de mamá, igual que si fuera mi papá.Eleonor notó que Virginia ni siquiera se molestaba en corregir o hablar con el niño. De repente, se le dibujó una sonrisa sarcástica.Observando a Ángel, preguntó:—¿Sabes qué va a pasar contigo en Navidad, cuando llegue Santa Claus?El niño levantó la cabeza, seguro de sí mismo.—¡Me va a traer un montón de dulces!—Te equivocas.Negó con la cabeza, su sonrisa se ensanchó.—Santa va a venir y, como rompiste mi foto familiar, te va a cortar las manos y las va a meter al horno. Luego se las va a dar de comer a los monstruos.—¡Aaaah!...Al final, seguía siendo un niño.Ángel se asustó tanto que se abrazó de inmediato a Virginia, llorando desconsolado.Virginia frunció el ceño, molesta, y encaró a Eleonor.—No estaba bien que lo asustaras así. Es solo un niño.—Si ni a un niño puedes educar, ¿de qué te sirve tanto deporte extremo? ¿Aparte de eso, sabes hacer otra cosa?Eleonor soltó esa frase cortante y se fue a su cuarto sin mirar atrás....Ya entrada la noche, un carro negro se detuvo frente a la casa.Eleonor, de pie junto a la ventana, vio cómo Fabián bajaba del carro. Apenas puso un pie en el patio, Ángel salió corriendo y se colgó de su madre, con Virginia a su lado.La escena parecía la de una familia feliz.Pasó un rato antes de que se escuchara la puerta.Fabián entró al cuarto, llevaba una camisa blanca impecable y caminaba decidido. Su voz sonó exigente.—¿Asustaste a Angelito?—Sí.Eleonor señaló el buró, donde había colocado los restos de una foto hecha pedazos.—Rompió mi foto familiar.Fabián se quedó callado. Tardó en reaccionar, dándose cuenta de que ni siquiera había entendido bien la situación.Alargó el brazo, como si quisiera acariciar la cabeza de Eleonor, pero ella se apartó con rapidez. Él pensó que seguía enojada y suavizó el tono.—Fue mi error. Te pido disculpas y también lo hago por Angelito. ¿Hay algo que quieras? Dímelo, te lo compenso.Eleonor soltó una pequeña sonrisa.—¿Cualquier cosa?Fabián se mostró sincero.—Lo que quieras.—Quiero dos cosas.Dicho esto, le extendió dos documentos que ya tenía listos.Fabián los revisó por encima. Al notar que el primero era un contrato de propiedad, firmó su nombre sin dudar.El segundo documento lo hojeó directo hasta la última hoja y lo firmó sin pensarlo dos veces.Cuando se trataba de dinero, Fabián nunca era tacaño.Al terminar, dejó escapar un suspiro de alivio y abrazó a Eleonor por la cintura, atrayéndola hacia él.—Ellie, ¿cómo le hizo tu hermano para que fueras tan tranquila y madura?A Eleonor le molestó el contacto. Estaba a punto de apartarse cuando la puerta, que había quedado entornada, fue golpeada suavemente.Fabián, al ver quién estaba en la puerta, la soltó al instante, casi por instinto.Eleonor se quedó quieta solo un instante, pero comprendió todo al momento.Para demostrarle lealtad a la persona que de verdad le importaba, Fabián había pasado tres años de matrimonio sin siquiera compartir cuarto con ella.Ahora, bajo el mismo techo, tenía que dejar aún más claro de qué lado estaba.Virginia apareció, con un tono resignado.—Fab, Angelito dice que quiere que lo acompañes a dormir.—Ya voy.Fabián asintió y miró a Eleonor.—¿No te vas a enojar?—No.Cuando él salió, Eleonor tomó el segundo documento: el acuerdo de divorcio.Era cierto, siempre había sido tranquila y madura.Hasta para divorciarse, ella misma preparó todo y le puso el papel en las manos.Capítulo 2Eleonor Muñoz fue la sombra de Fabián Valdés durante diez años.Cuando cumplió veintiún años, al fin logró casarse con él, justo como siempre había soñado.No había otro motivo: Eleonor era lo suficientemente obediente, siempre atenta y sabia para no causar problemas.Sirvió para que la familia de Fabián dejara de presionarlo con el tema del matrimonio.Y también para que, cuando la verdadera dueña de su corazón lo necesitara, Eleonor supiera hacerse a un lado.Durante esos tres años de matrimonio, Eleonor llevó su obediencia y sensatez al extremo.Hasta que, la noche en que el hermano mayor de Fabián murió en un accidente y él, en defensa de su cuñada, recibió una bofetada de la familia, Eleonor por fin lo entendió todo: había llegado el momento de hacerse a un lado en esa relación.Ese hombre, al que tenía bloqueado desde hacía tres años, la llamó por teléfono.—¿Cuándo vas a regresar?Eleonor no respondió. Solo le mandó un mensaje a su amiga abogada.[Flori, ¿me puedes ayudar con un acuerdo de divorcio lo más pronto posible?]...Al terminar la llamada, a las tres de la madrugada, Eleonor se quedó sentada en su carro, mirando las luces encendidas de la vieja casona de los Valdés.Del hospital a la casa.La familia Valdés había perdido a su hijo mayor, y su furia seguía teniendo el mismo blanco de siempre.—Virginia Soto.En cambio, su esposo, ese hombre que durante tres años se había mostrado tan correcto y comedido, nunca dejó de proteger a su cuñada.La marca roja de la bofetada aún resaltaba en su cara bien parecida.Todos los presentes en el hospital se quedaron boquiabiertos.Menos Eleonor. Para ella, no hubo ni una pizca de sorpresa.Tres días antes, en su aniversario de bodas con Fabián.Ella había preparado una sorpresa, tomó un vuelo a la ciudad donde él estaba de viaje de trabajo, pero al llegar escuchó la conversación de Fabián con dos de sus amigos.—Fabián, no es por nada, pero cada año te las ingenias para estar lejos en tu aniversario de bodas. Así no se vale, Ellie te quiere de verdad.El hombre, siempre tan calmado y elegante, tenía esa vez una sombra de tristeza en los ojos.—¿Tú crees que yo quiero esto? Si no lo hago… jamás creería que en todos estos años no he tocado a Eleonor.—¿Ella…?El amigo, indignado, no se aguantó y le soltó:—¿Te refieres a Virginia? Fabián, estás mal de la cabeza. No vaya a ser que Virginia ya esté embarazada de su segundo hijo y tú sigas atorado ahí.Luego, cambiando de tono, añadió:—Y tú, portándote así con Ellie, ¿no temes que Iker te busque para reclamarte?—No lo hará.Fabián jugó con sus dedos.—Desde que Eleonor y yo nos casamos, Iker y ella rompieron relación. Ni siquiera se han hablado en WhatsApp en tres años.Detrás de la puerta, Eleonor se fue caminando con la cabeza en alto. Pero los dedos le temblaban, aunque intentaba ocultarlo.No era un secreto para ella que Fabián tuvo a alguien en su corazón.Preguntó a medio mundo y nadie le quiso decir quién era esa persona.Imaginó muchas posibilidades.Nunca pensó que fuera su cuñada.Tres años llamándole “cuñada” con toda la dulzura.¡Qué vergüenza!Al salir del club, una tormenta caía con furia. Pero a Eleonor le dio igual, dejó que la lluvia la empapara por completo.Esa misma noche tomó el primer vuelo de regreso a Frescura.En cuanto llegó a casa, cayó enferma.Tuvo fiebre dos días enteros, y justo cuando comenzaba a sentirse mejor, ocurrió el accidente de Cristóbal Valdés.Siete días después, el funeral de Cristóbal se llevó a cabo en Frescura.Durante esos días, en la casona solo pudo dormir dos o tres horas por noche. Al salir del cementerio, Eleonor sentía que su cuerpo iba adelante, pero su alma se quedaba atrás.El conductor la esperaba con el carro encendido junto a la entrada.Eleonor subió y cerró los ojos.—Raúl, vamos a casa.—¿No vas a pasar por la casona?—No.El funeral terminó, pero a la familia Valdés aún le quedaba mucho por discutir.Cristóbal era el hijo y nieto mayor, el consentido desde niño.Su muerte fue provocada por Virginia, quien insistió en que saltaran en paracaídas. El equipo falló y Cristóbal cayó desde las alturas.Al hospital ya no lo llevaron para salvarlo.Solo para unir su cuerpo.La rabia de la familia Valdés hacia Virginia seguía intacta.Eleonor ya no quería presenciar cómo su esposo defendía a otra mujer. Tenía asuntos propios de los que ocuparse.El carro apenas arrancaba cuando, de repente, la puerta trasera se abrió.Fabián, vestido con un traje negro impecable, alto y delgado, apareció con el gesto más incómodo que ella le había visto jamás.—Ellie, ¿ya te vas a casa?—Ajá.Apenas lo dijo, notó a su lado a Virginia y a un niño pequeño.Era Ángel Valdés, el hijo de Virginia y Cristóbal, un niño de cuatro años, todo cachetes y energía.Eleonor no entendía qué pretendía Fabián, pero Ángel, sin dudar, trepó al carro y le soltó:—Tía Ellie, ¿nos llevas a mi mamá y a mí a casa?Eleonor frunció el ceño y levantó la mirada para buscar la confirmación de Fabián.Él apretó los labios.—Mis papás todavía están que echan humo. Deja que Virginia y Angelito vivan con nosotros un tiempo.Como si temiera que Eleonor se negara, añadió:—Tú decías que querías tener un hijo, ¿no? Pues puedes ir practicando con Angelito....A Eleonor casi se le sale la risa.Pero pensar en reírse en el cementerio le pareció fuera de lugar.Permitir que Virginia y su hijo vivieran con ellos, mientras él solo enfrentaba la furia familiar, parecía hasta responsable de su parte.Al llegar a casa, Blanca, la empleada, ya tenía lista la habitación de invitados. Seguro Fabián la había avisado antes.Para Eleonor, eso fue un alivio. Se bañó y se tiró en la cama, durmiendo como si no hubiera mañana.Cuando despertó, ya eran las nueve de la noche.Justo había tomado el celular cuando sonó el teléfono: era su mejor amiga.—Ya tengo el acuerdo de divorcio como me lo pediste. ¿Te lo mando para que lo revises?—Gracias, Florencia.Recién levantada, la voz de Eleonor era suave.—No hace falta, mejor mándalo por mensajería express.—¿Tan decidida estás? ¿De verdad lo pensaste bien?Florencia Herrera había llevado muchos casos y temía que Eleonor actuara por impulso.—Fabián no es buen esposo, pero de alguna manera...Eleonor encendió la luz, se sentó en la cama y, con la mente más despejada que nunca, respondió:—Ya lo decidí, Flori. Ese tipo se la pasa tocándose viendo fotos de otras mujeres.—¿Qué…?El zumbido en la cabeza de Florencia fue inmediato, como si le hubieran dado un golpe seco.Jamás se le habría ocurrido que Eleonor, tan reservada y callada, soltara semejante palabra.Pero lo que de verdad la dejó boquiabierta fue darse cuenta de hasta dónde llegaba la bajeza de Fabián, ese tipo miserable, para humillar a alguien así.—¡Maldito desgraciado! —murmuró Florencia entre dientes, usando una palabrota digna del barrio—. Olvídate del envío exprés, yo misma te lo llevo. Lo entrego y regreso a seguirle a la chamba.Después de todo, ¿cómo iba a competir una moto con su carro de cuatro ruedas?Colgó el teléfono. Eleonor tampoco podía creer lo sencillo que se lo había dicho.Quizá era porque ese nudo llevaba demasiado tiempo atorado en su pecho.Un nudo que no la dejaba en paz ni por dentro ni por fuera, todo le resultaba incómodo, como si le faltara el aire.Era igual que aquella noche en el club, cuando Fabián se lo soltó sin pudor: ni una sola vez la había tocado.Si lo contaba, nadie lo creería. Tres años de casados y ella seguía siendo virgen.Al principio, pensó que tal vez Fabián tenía algún problema.Pero después, lo descubrió más de una vez en la biblioteca, abrazado a un álbum de fotos, satisfaciéndose solo.Los gruñidos apagados de Fabián, tan cerca, le dolían como si fueran bofetadas una tras otra.Una vez, Fabián la sorprendió espiándolo. La abrazó, se pegó a su cuello, y musitó con voz apagada:—Ellie, perdóname. Es que solo de pensar en lastimarte haciendo eso, no puedo... Solo me queda mirar tus fotos...¿Y lo peor? Que Eleonor le creyó. Hasta sintió que se sonrojaba.Pero esa misma noche, al regresar a Frescura casi desmayada por la fiebre, se tomó las pastillas, y en un último impulso, fue directo al estudio a forzar el gabinete que Fabián siempre mantenía bajo llave.Allí, por fin, vio el álbum.Cada página estaba llena de fotos de Virginia. Virginia radiante, viva, irresistible.Cada sonrisa, cada gesto, Fabián los atesoraba como si fueran lo más sagrado.En ese momento, Eleonor comprendió que era el hazmerreír de su propia vida.Por un instante, recordó cuando era niña y se pegaba detrás de Fabián, como si fuera su sombra.Pero en el fondo, no era por él.Solo que su hermano siempre estaba con Fabián.Después de tanto verlo, empezó a pensar que casarse con él no estaría nada mal.Fabián tenía una paciencia de santo, era amable, tranquilo, hasta se acordaba de llevarle algún regalito cada vez que iba a ver a su hermano.De todos los amigos de su hermano, él era el más atento.Y fue ese mismo tipo atento quien prefirió fantasear con su cuñada antes que acercarse siquiera a su propia esposa....Florencia llegó mucho antes de lo que Eleonor esperaba.Apenas se había levantado y terminado de arreglarse cuando sonó el timbre de la casa.Florencia traía una energía que parecía como si fuera a arrastrar a Fabián directamente al juzgado, si es que aún estuviera abierto, para resolver de una vez el asunto.Apenas Eleonor tuvo el acuerdo en las manos, sintió un poco de alivio, pero ese momento de tranquilidad no duró nada: desde arriba, un sonido seco la sacó de su pensamiento.No alcanzó a reaccionar cuando Blanca bajó casi corriendo, con el ceño arrugado, dudando si hablar.—Señora...—¿Qué pasó?—La foto familiar que tenía en su cuarto... Angelito la rompió.Eleonor pensó que solo se había caído el portarretratos, pero Blanca le mostró los pedazos.Su cara perdió el color en un segundo.Esa foto era lo único que le quedaba de sus padres, quienes murieron cuando ella tenía cinco años.Era su único recuerdo de familia.Tomó los trozos de la foto, desgarrados en varios pedazos, y sin pensarlo dos veces, subió a grandes zancadas.Justo en el pasillo, Virginia salió del cuarto de Eleonor cargando a su hijo.Eleonor la miró de forma cortante.—Virginia, el cuarto en el que están… es el mío.—El tío dijo que a partir de ahora este será el hogar de Angelito —contestó Virginia, tranquila, mientras acomodaba las cosas de su hijo.Ángel, indignado, infló el pecho y soltó con voz desafiante:—El tío también dijo que va a cuidar de Angelito y de mamá, igual que si fuera mi papá.Eleonor notó que Virginia ni siquiera se molestaba en corregir o hablar con el niño. De repente, se le dibujó una sonrisa sarcástica.Observando a Ángel, preguntó:—¿Sabes qué va a pasar contigo en Navidad, cuando llegue Santa Claus?El niño levantó la cabeza, seguro de sí mismo.—¡Me va a traer un montón de dulces!—Te equivocas.Negó con la cabeza, su sonrisa se ensanchó.—Santa va a venir y, como rompiste mi foto familiar, te va a cortar las manos y las va a meter al horno. Luego se las va a dar de comer a los monstruos.—¡Aaaah!...Al final, seguía siendo un niño.Ángel se asustó tanto que se abrazó de inmediato a Virginia, llorando desconsolado.Virginia frunció el ceño, molesta, y encaró a Eleonor.—No estaba bien que lo asustaras así. Es solo un niño.—Si ni a un niño puedes educar, ¿de qué te sirve tanto deporte extremo? ¿Aparte de eso, sabes hacer otra cosa?Eleonor soltó esa frase cortante y se fue a su cuarto sin mirar atrás....Ya entrada la noche, un carro negro se detuvo frente a la casa.Eleonor, de pie junto a la ventana, vio cómo Fabián bajaba del carro. Apenas puso un pie en el patio, Ángel salió corriendo y se colgó de su madre, con Virginia a su lado.La escena parecía la de una familia feliz.Pasó un rato antes de que se escuchara la puerta.Fabián entró al cuarto, llevaba una camisa blanca impecable y caminaba decidido. Su voz sonó exigente.—¿Asustaste a Angelito?—Sí.Eleonor señaló el buró, donde había colocado los restos de una foto hecha pedazos.—Rompió mi foto familiar.Fabián se quedó callado. Tardó en reaccionar, dándose cuenta de que ni siquiera había entendido bien la situación.Alargó el brazo, como si quisiera acariciar la cabeza de Eleonor, pero ella se apartó con rapidez. Él pensó que seguía enojada y suavizó el tono.—Fue mi error. Te pido disculpas y también lo hago por Angelito. ¿Hay algo que quieras? Dímelo, te lo compenso.Eleonor soltó una pequeña sonrisa.—¿Cualquier cosa?Fabián se mostró sincero.—Lo que quieras.—Quiero dos cosas.Dicho esto, le extendió dos documentos que ya tenía listos.Fabián los revisó por encima. Al notar que el primero era un contrato de propiedad, firmó su nombre sin dudar.El segundo documento lo hojeó directo hasta la última hoja y lo firmó sin pensarlo dos veces.Cuando se trataba de dinero, Fabián nunca era tacaño.Al terminar, dejó escapar un suspiro de alivio y abrazó a Eleonor por la cintura, atrayéndola hacia él.—Ellie, ¿cómo le hizo tu hermano para que fueras tan tranquila y madura?A Eleonor le molestó el contacto. Estaba a punto de apartarse cuando la puerta, que había quedado entornada, fue golpeada suavemente.Fabián, al ver quién estaba en la puerta, la soltó al instante, casi por instinto.Eleonor se quedó quieta solo un instante, pero comprendió todo al momento.Para demostrarle lealtad a la persona que de verdad le importaba, Fabián había pasado tres años de matrimonio sin siquiera compartir cuarto con ella.Ahora, bajo el mismo techo, tenía que dejar aún más claro de qué lado estaba.Virginia apareció, con un tono resignado.—Fab, Angelito dice que quiere que lo acompañes a dormir.—Ya voy.Fabián asintió y miró a Eleonor.—¿No te vas a enojar?—No.Cuando él salió, Eleonor tomó el segundo documento: el acuerdo de divorcio.Era cierto, siempre había sido tranquila y madura.Hasta para divorciarse, ella misma preparó todo y le puso el papel en las manos.Capítulo 3Eleonor Muñoz fue la sombra de Fabián Valdés durante diez años.Cuando cumplió veintiún años, al fin logró casarse con él, justo como siempre había soñado.No había otro motivo: Eleonor era lo suficientemente obediente, siempre atenta y sabia para no causar problemas.Sirvió para que la familia de Fabián dejara de presionarlo con el tema del matrimonio.Y también para que, cuando la verdadera dueña de su corazón lo necesitara, Eleonor supiera hacerse a un lado.Durante esos tres años de matrimonio, Eleonor llevó su obediencia y sensatez al extremo.Hasta que, la noche en que el hermano mayor de Fabián murió en un accidente y él, en defensa de su cuñada, recibió una bofetada de la familia, Eleonor por fin lo entendió todo: había llegado el momento de hacerse a un lado en esa relación.Ese hombre, al que tenía bloqueado desde hacía tres años, la llamó por teléfono.—¿Cuándo vas a regresar?Eleonor no respondió. Solo le mandó un mensaje a su amiga abogada.[Flori, ¿me puedes ayudar con un acuerdo de divorcio lo más pronto posible?]...Al terminar la llamada, a las tres de la madrugada, Eleonor se quedó sentada en su carro, mirando las luces encendidas de la vieja casona de los Valdés.Del hospital a la casa.La familia Valdés había perdido a su hijo mayor, y su furia seguía teniendo el mismo blanco de siempre.—Virginia Soto.En cambio, su esposo, ese hombre que durante tres años se había mostrado tan correcto y comedido, nunca dejó de proteger a su cuñada.La marca roja de la bofetada aún resaltaba en su cara bien parecida.Todos los presentes en el hospital se quedaron boquiabiertos.Menos Eleonor. Para ella, no hubo ni una pizca de sorpresa.Tres días antes, en su aniversario de bodas con Fabián.Ella había preparado una sorpresa, tomó un vuelo a la ciudad donde él estaba de viaje de trabajo, pero al llegar escuchó la conversación de Fabián con dos de sus amigos.—Fabián, no es por nada, pero cada año te las ingenias para estar lejos en tu aniversario de bodas. Así no se vale, Ellie te quiere de verdad.El hombre, siempre tan calmado y elegante, tenía esa vez una sombra de tristeza en los ojos.—¿Tú crees que yo quiero esto? Si no lo hago… jamás creería que en todos estos años no he tocado a Eleonor.—¿Ella…?El amigo, indignado, no se aguantó y le soltó:—¿Te refieres a Virginia? Fabián, estás mal de la cabeza. No vaya a ser que Virginia ya esté embarazada de su segundo hijo y tú sigas atorado ahí.Luego, cambiando de tono, añadió:—Y tú, portándote así con Ellie, ¿no temes que Iker te busque para reclamarte?—No lo hará.Fabián jugó con sus dedos.—Desde que Eleonor y yo nos casamos, Iker y ella rompieron relación. Ni siquiera se han hablado en WhatsApp en tres años.Detrás de la puerta, Eleonor se fue caminando con la cabeza en alto. Pero los dedos le temblaban, aunque intentaba ocultarlo.No era un secreto para ella que Fabián tuvo a alguien en su corazón.Preguntó a medio mundo y nadie le quiso decir quién era esa persona.Imaginó muchas posibilidades.Nunca pensó que fuera su cuñada.Tres años llamándole “cuñada” con toda la dulzura.¡Qué vergüenza!Al salir del club, una tormenta caía con furia. Pero a Eleonor le dio igual, dejó que la lluvia la empapara por completo.Esa misma noche tomó el primer vuelo de regreso a Frescura.En cuanto llegó a casa, cayó enferma.Tuvo fiebre dos días enteros, y justo cuando comenzaba a sentirse mejor, ocurrió el accidente de Cristóbal Valdés.Siete días después, el funeral de Cristóbal se llevó a cabo en Frescura.Durante esos días, en la casona solo pudo dormir dos o tres horas por noche. Al salir del cementerio, Eleonor sentía que su cuerpo iba adelante, pero su alma se quedaba atrás.El conductor la esperaba con el carro encendido junto a la entrada.Eleonor subió y cerró los ojos.—Raúl, vamos a casa.—¿No vas a pasar por la casona?—No.El funeral terminó, pero a la familia Valdés aún le quedaba mucho por discutir.Cristóbal era el hijo y nieto mayor, el consentido desde niño.Su muerte fue provocada por Virginia, quien insistió en que saltaran en paracaídas. El equipo falló y Cristóbal cayó desde las alturas.Al hospital ya no lo llevaron para salvarlo.Solo para unir su cuerpo.La rabia de la familia Valdés hacia Virginia seguía intacta.Eleonor ya no quería presenciar cómo su esposo defendía a otra mujer. Tenía asuntos propios de los que ocuparse.El carro apenas arrancaba cuando, de repente, la puerta trasera se abrió.Fabián, vestido con un traje negro impecable, alto y delgado, apareció con el gesto más incómodo que ella le había visto jamás.—Ellie, ¿ya te vas a casa?—Ajá.Apenas lo dijo, notó a su lado a Virginia y a un niño pequeño.Era Ángel Valdés, el hijo de Virginia y Cristóbal, un niño de cuatro años, todo cachetes y energía.Eleonor no entendía qué pretendía Fabián, pero Ángel, sin dudar, trepó al carro y le soltó:—Tía Ellie, ¿nos llevas a mi mamá y a mí a casa?Eleonor frunció el ceño y levantó la mirada para buscar la confirmación de Fabián.Él apretó los labios.—Mis papás todavía están que echan humo. Deja que Virginia y Angelito vivan con nosotros un tiempo.Como si temiera que Eleonor se negara, añadió:—Tú decías que querías tener un hijo, ¿no? Pues puedes ir practicando con Angelito....A Eleonor casi se le sale la risa.Pero pensar en reírse en el cementerio le pareció fuera de lugar.Permitir que Virginia y su hijo vivieran con ellos, mientras él solo enfrentaba la furia familiar, parecía hasta responsable de su parte.Al llegar a casa, Blanca, la empleada, ya tenía lista la habitación de invitados. Seguro Fabián la había avisado antes.Para Eleonor, eso fue un alivio. Se bañó y se tiró en la cama, durmiendo como si no hubiera mañana.Cuando despertó, ya eran las nueve de la noche.Justo había tomado el celular cuando sonó el teléfono: era su mejor amiga.—Ya tengo el acuerdo de divorcio como me lo pediste. ¿Te lo mando para que lo revises?—Gracias, Florencia.Recién levantada, la voz de Eleonor era suave.—No hace falta, mejor mándalo por mensajería express.—¿Tan decidida estás? ¿De verdad lo pensaste bien?Florencia Herrera había llevado muchos casos y temía que Eleonor actuara por impulso.—Fabián no es buen esposo, pero de alguna manera...Eleonor encendió la luz, se sentó en la cama y, con la mente más despejada que nunca, respondió:—Ya lo decidí, Flori. Ese tipo se la pasa tocándose viendo fotos de otras mujeres.—¿Qué…?El zumbido en la cabeza de Florencia fue inmediato, como si le hubieran dado un golpe seco.Jamás se le habría ocurrido que Eleonor, tan reservada y callada, soltara semejante palabra.Pero lo que de verdad la dejó boquiabierta fue darse cuenta de hasta dónde llegaba la bajeza de Fabián, ese tipo miserable, para humillar a alguien así.—¡Maldito desgraciado! —murmuró Florencia entre dientes, usando una palabrota digna del barrio—. Olvídate del envío exprés, yo misma te lo llevo. Lo entrego y regreso a seguirle a la chamba.Después de todo, ¿cómo iba a competir una moto con su carro de cuatro ruedas?Colgó el teléfono. Eleonor tampoco podía creer lo sencillo que se lo había dicho.Quizá era porque ese nudo llevaba demasiado tiempo atorado en su pecho.Un nudo que no la dejaba en paz ni por dentro ni por fuera, todo le resultaba incómodo, como si le faltara el aire.Era igual que aquella noche en el club, cuando Fabián se lo soltó sin pudor: ni una sola vez la había tocado.Si lo contaba, nadie lo creería. Tres años de casados y ella seguía siendo virgen.Al principio, pensó que tal vez Fabián tenía algún problema.Pero después, lo descubrió más de una vez en la biblioteca, abrazado a un álbum de fotos, satisfaciéndose solo.Los gruñidos apagados de Fabián, tan cerca, le dolían como si fueran bofetadas una tras otra.Una vez, Fabián la sorprendió espiándolo. La abrazó, se pegó a su cuello, y musitó con voz apagada:—Ellie, perdóname. Es que solo de pensar en lastimarte haciendo eso, no puedo... Solo me queda mirar tus fotos...¿Y lo peor? Que Eleonor le creyó. Hasta sintió que se sonrojaba.Pero esa misma noche, al regresar a Frescura casi desmayada por la fiebre, se tomó las pastillas, y en un último impulso, fue directo al estudio a forzar el gabinete que Fabián siempre mantenía bajo llave.Allí, por fin, vio el álbum.Cada página estaba llena de fotos de Virginia. Virginia radiante, viva, irresistible.Cada sonrisa, cada gesto, Fabián los atesoraba como si fueran lo más sagrado.En ese momento, Eleonor comprendió que era el hazmerreír de su propia vida.Por un instante, recordó cuando era niña y se pegaba detrás de Fabián, como si fuera su sombra.Pero en el fondo, no era por él.Solo que su hermano siempre estaba con Fabián.Después de tanto verlo, empezó a pensar que casarse con él no estaría nada mal.Fabián tenía una paciencia de santo, era amable, tranquilo, hasta se acordaba de llevarle algún regalito cada vez que iba a ver a su hermano.De todos los amigos de su hermano, él era el más atento.Y fue ese mismo tipo atento quien prefirió fantasear con su cuñada antes que acercarse siquiera a su propia esposa....Florencia llegó mucho antes de lo que Eleonor esperaba.Apenas se había levantado y terminado de arreglarse cuando sonó el timbre de la casa.Florencia traía una energía que parecía como si fuera a arrastrar a Fabián directamente al juzgado, si es que aún estuviera abierto, para resolver de una vez el asunto.Apenas Eleonor tuvo el acuerdo en las manos, sintió un poco de alivio, pero ese momento de tranquilidad no duró nada: desde arriba, un sonido seco la sacó de su pensamiento.No alcanzó a reaccionar cuando Blanca bajó casi corriendo, con el ceño arrugado, dudando si hablar.—Señora...—¿Qué pasó?—La foto familiar que tenía en su cuarto... Angelito la rompió.Eleonor pensó que solo se había caído el portarretratos, pero Blanca le mostró los pedazos.Su cara perdió el color en un segundo.Esa foto era lo único que le quedaba de sus padres, quienes murieron cuando ella tenía cinco años.Era su único recuerdo de familia.Tomó los trozos de la foto, desgarrados en varios pedazos, y sin pensarlo dos veces, subió a grandes zancadas.Justo en el pasillo, Virginia salió del cuarto de Eleonor cargando a su hijo.Eleonor la miró de forma cortante.—Virginia, el cuarto en el que están… es el mío.—El tío dijo que a partir de ahora este será el hogar de Angelito —contestó Virginia, tranquila, mientras acomodaba las cosas de su hijo.Ángel, indignado, infló el pecho y soltó con voz desafiante:—El tío también dijo que va a cuidar de Angelito y de mamá, igual que si fuera mi papá.Eleonor notó que Virginia ni siquiera se molestaba en corregir o hablar con el niño. De repente, se le dibujó una sonrisa sarcástica.Observando a Ángel, preguntó:—¿Sabes qué va a pasar contigo en Navidad, cuando llegue Santa Claus?El niño levantó la cabeza, seguro de sí mismo.—¡Me va a traer un montón de dulces!—Te equivocas.Negó con la cabeza, su sonrisa se ensanchó.—Santa va a venir y, como rompiste mi foto familiar, te va a cortar las manos y las va a meter al horno. Luego se las va a dar de comer a los monstruos.—¡Aaaah!...Al final, seguía siendo un niño.Ángel se asustó tanto que se abrazó de inmediato a Virginia, llorando desconsolado.Virginia frunció el ceño, molesta, y encaró a Eleonor.—No estaba bien que lo asustaras así. Es solo un niño.—Si ni a un niño puedes educar, ¿de qué te sirve tanto deporte extremo? ¿Aparte de eso, sabes hacer otra cosa?Eleonor soltó esa frase cortante y se fue a su cuarto sin mirar atrás....Ya entrada la noche, un carro negro se detuvo frente a la casa.Eleonor, de pie junto a la ventana, vio cómo Fabián bajaba del carro. Apenas puso un pie en el patio, Ángel salió corriendo y se colgó de su madre, con Virginia a su lado.La escena parecía la de una familia feliz.Pasó un rato antes de que se escuchara la puerta.Fabián entró al cuarto, llevaba una camisa blanca impecable y caminaba decidido. Su voz sonó exigente.—¿Asustaste a Angelito?—Sí.Eleonor señaló el buró, donde había colocado los restos de una foto hecha pedazos.—Rompió mi foto familiar.Fabián se quedó callado. Tardó en reaccionar, dándose cuenta de que ni siquiera había entendido bien la situación.Alargó el brazo, como si quisiera acariciar la cabeza de Eleonor, pero ella se apartó con rapidez. Él pensó que seguía enojada y suavizó el tono.—Fue mi error. Te pido disculpas y también lo hago por Angelito. ¿Hay algo que quieras? Dímelo, te lo compenso.Eleonor soltó una pequeña sonrisa.—¿Cualquier cosa?Fabián se mostró sincero.—Lo que quieras.—Quiero dos cosas.Dicho esto, le extendió dos documentos que ya tenía listos.Fabián los revisó por encima. Al notar que el primero era un contrato de propiedad, firmó su nombre sin dudar.El segundo documento lo hojeó directo hasta la última hoja y lo firmó sin pensarlo dos veces.Cuando se trataba de dinero, Fabián nunca era tacaño.Al terminar, dejó escapar un suspiro de alivio y abrazó a Eleonor por la cintura, atrayéndola hacia él.—Ellie, ¿cómo le hizo tu hermano para que fueras tan tranquila y madura?A Eleonor le molestó el contacto. Estaba a punto de apartarse cuando la puerta, que había quedado entornada, fue golpeada suavemente.Fabián, al ver quién estaba en la puerta, la soltó al instante, casi por instinto.Eleonor se quedó quieta solo un instante, pero comprendió todo al momento.Para demostrarle lealtad a la persona que de verdad le importaba, Fabián había pasado tres años de matrimonio sin siquiera compartir cuarto con ella.Ahora, bajo el mismo techo, tenía que dejar aún más claro de qué lado estaba.Virginia apareció, con un tono resignado.—Fab, Angelito dice que quiere que lo acompañes a dormir.—Ya voy.Fabián asintió y miró a Eleonor.—¿No te vas a enojar?—No.Cuando él salió, Eleonor tomó el segundo documento: el acuerdo de divorcio.Era cierto, siempre había sido tranquila y madura.Hasta para divorciarse, ella misma preparó todo y le puso el papel en las manos.

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