Capítulo 1Aitana Gallardo dejó la llave sobre el escritorio, el sonido del metal resonó sordo en la oficina.Nahuel Arce alzó la mirada y le echó un vistazo a la llave. Era la de su departamento privado.—¿Y eso qué significa? —preguntó con tono seco.—Voy a buscar a alguien con quien casarme —Aitana forzó una sonrisa, queriendo aparentar que todo le daba igual, pero al final bajó la mirada—. El doctor dijo que a mi mamá le quedan, como mucho, tres meses.No pudo evitar que su voz temblara de tristeza.Nahuel guardó los papeles que tenía en las manos y los aventó sobre la mesa. Ahora sí, la miró en serio.—¿Y eso qué tiene que ver con lo que acabas de hacer?—Tiene todo que ver —Aitana puso una mano sobre su vientre, y sus ojos se llenaron de determinación—. El mayor sueño de mi mamá es verme vestida de novia. Quiero cumplirle ese deseo.Esta vez, Nahuel la miró directo al rostro.—¿Me estás retando o qué?Aitana negó despacio.—No es eso.Desde el primer día que empezaron a salir, él había sido claro: jamás se casaría con ella.[El día que quieras casarte, avísame. Ahí se acaba lo nuestro.]Ahora ella sí quería terminar. Tenía razones de sobra: la enfermedad de su madre, el hecho de que estaba esperando un hijo suyo, y el regreso de la persona con la que él sí quería casarse.Solo mencionó la primera razón; las demás, ni siquiera tenía derecho a decirlas.—Le agradezco de corazón, señor Nahuel, todo lo que hizo estos tres años. Si no hubiera sido por usted, mi mamá no habría llegado hasta hoy.Nahuel torció la boca. Sabía que cuando Aitana empezaba a decir ese tipo de cosas, era porque ya había decidido irse.Quiso sacar un cigarro, abrió el cajón pero estaba vacío. Se levantó a buscar en su saco.Aitana lo detuvo.—Voy a renunciar.Por fin encontró el cigarro, lo encendió y le dio una calada, asintiendo con indiferencia. Jamás intentaba retener a quien ya se quería ir.Aitana dejó la carta de renuncia sobre la mesa y salió sin mirar atrás.En cuanto la puerta se cerró, la mano de Nahuel tembló un poco y casi se le cae el cigarro.Marcó un número.Del otro lado, alguien le contó que Aitana llevaba un tiempo saliendo en citas a ciegas.[Incluso salió dos veces con un diseñador.]No era un impulso. Lo tenía planeado desde antes.Sin pensarlo mucho, Nahuel aventó la llave que Aitana le devolvió directo al bote de basura....Una hora después, Recursos Humanos le avisó a Aitana que su renuncia ya estaba aprobada. Podía comenzar el trámite de salida en ese momento.Aitana, abrazando sus pertenencias, dejó la empresa justo cuando empezó a lloviznar.El clima era tan perfecto para la ocasión que hasta a ella le pareció una escena de telenovela.Sin poder evitarlo, soltó una risa triste. Miró de reojo el edificio de Entorno Global, y las lágrimas, por fin, se le escaparon.Caminaba bajo la lluvia cuando un carro negro se detuvo frente a ella. Era el carro de Nahuel. El chofer bajó la ventana y la llamó.—Señorita Aitana.Dudó un momento, pero al final subió al carro.—¿A dónde la llevo?Aitana se quedó pensando. No esperaba que todo se resolviera tan rápido, así que ni siquiera había decidido adónde ir.Al final, pidió que la llevaran al hospital....Su madre, Jimena, estaba recostada en la cama. Tenía cáncer de pulmón. Según los doctores, que haya sobrevivido tres años ya era casi un milagro.Por eso Aitana le tenía tanto agradecimiento a Nahuel. Él había pagado todos los gastos médicos de esos años.—¿Qué haces aquí, hija? ¿No deberías estar trabajando?—Le pedí permiso al jefe —Aitana se sentó junto a la cama y le tomó la mano a su madre, tan delgada que casi parecía de papel.—Mamá, me voy a casar.Por un instante, los ojos de Jimena brillaron, pero después se apagaron de nuevo.—¿No me estarás diciendo eso solo para darme gusto?—No es eso —Aitana le acomodó el fleco con cariño—. Es él, el que le conté antes, el que estudió diseño.—¡Ay! —Esta vez el rostro de Jimena se iluminó de verdad. Cuando Aitana era universitaria, le había contado que le gustaba un chico mayor, guapo y amable.—¿Cómo volvieron a verse? ¿Y cómo empezaron a salir? —Jimena estaba llena de curiosidad.Sabía que le quedaba poco tiempo. Lo único que quería era ver a su hija feliz.Aitana le pidió que se calmara.—Mañana se lo presento, mamá.—Ay, sí, por favor —Jimena se animó y le pidió algo—. Aitana, ayúdame a salir del hospital. No quiero conocer a tu novio aquí adentro.Aitana asintió.Mientras hacía los trámites para la salida de su madre, le llegó un mensaje al celular. Era del banco: le depositaron el finiquito.Al ver la notificación, Aitana se tocó el vientre y susurró:—Adiós.Desde ese día, en su mundo, Nahuel dejó de existir.Después de acomodar a su madre en casa, Aitana marcó el número de Gael Ordaz.—Oye, Gael, ya le conté a mi mamá sobre lo de la boda —dijo ella, con una voz tan suave que parecía perderse en el aire.—Entiendo —respondió Gael, igual de distante.Había algo extraño entre ellos, como si todo fuera un sueño del que no querían despertar.—¿Mañana podrías venir? —preguntó Aitana, dudando, temerosa de un rechazo.Después de todo, la idea de casarse había sido suya, y además no podía negar que lo hacía por conveniencia.Para su sorpresa, Gael aceptó sin dudarlo. Incluso se tomó la molestia de preguntar qué le gustaba a la madre de Aitana....Al día siguiente, Gael llegó a la casa con regalos.Aitana bajó a recibirlo. En la universidad, ella había sentido algo por él, aunque nunca se acercaron demasiado. Jamás imaginó que terminarían juntos de esta forma.Gael era muy atento. Mientras subían las escaleras, intentó ayudarla varias veces, pero Aitana se negó.—Todavía no necesito que me traten con pinzas —le soltó, medio en broma—. Apenas tengo dos meses.Gael hizo una pausa y preguntó:—¿No piensas contarle a tu mamá lo del embarazo?Aitana negó con la cabeza.—Con una mentira basta. Si le digo más, tengo miedo de que me odie.Gael esbozó una sonrisa y ya no insistió....Al entrar al departamento, Jimena se levantó para recibirlos. Parecía más animada que de costumbre; quizá la alegría le renovaba la energía.Gael le saludó con respeto y le entregó los regalos.Jimena ya había tenido buena impresión de Gael la primera vez que lo vio. Ahora, después de tantos años, se sentía aún más satisfecha. Pero al escuchar sobre la familia de él, le preocupaba que no fueran a aceptar a Aitana.La madre de Gael era actriz, reconocida en el medio del espectáculo.Gael notó la inquietud de Jimena y se apresuró a calmarla.—Mi mamá siempre quiso que me casara joven y tuviera hijos. Si le cuento que me voy a casar, va a estar tan feliz que no se la va a acabar.Miró a Aitana, como si quisiera tranquilizarla también.Aitana quiso reírse, pero no pudo. No tenía idea de cómo reaccionaría la madre de Gael si llegaba a enterarse de la verdad. ¿Le jalaría el cabello de coraje?Gael se quedó a comer con ellas. Al irse, acordaron cuándo volverían a verse.—Tienes que conocer a mi mamá pronto. ¿Qué día puedes?—Cualquier día, ya firmé la renuncia en el trabajo.—¿Tan rápido?—Sí, la verdad, en la empresa ya no tenía motivos para quedarme.Gael bajó la mirada hacia el vientre de Aitana.—¿Y el papá del bebé...?—No puedo decir nada.—No quiero saber quién es. Catalina y yo solo esperamos con ansias al bebé. No me gustaría que algo nos lo arruinara.—Eso no va a pasar —aseguró Aitana, con una convicción que no le conocía—. Él nunca quiso casarse. Un tipo que no quiere compromiso tampoco va a querer un hijo que llegó de sorpresa.Gael asintió, conforme. Antes de marcharse, se despidió con seriedad.—Gracias, Aitana.—La que debería agradecer soy yo. No solo me ayudas a cumplir el deseo de mi mamá, sino que le das un hogar a mi hijo. Eres mi salvador.—Entonces hagamos este pacto: cuidarnos y guardar nuestros secretos....Una semana después, las familias se reunieron.Por la salud de Jimena, Aitana propuso un restaurante cercano, pero su madre insistió en que fuera un lugar elegante.—La mamá de Gael es una figura pública —decía Jimena—. ¿Cómo la vamos a invitar a comer a una fonda de la colonia?Así que Aitana reservó una mesa para cuatro en La Cuchara Mágica.No sabía cuánto dinero tenía Gael, y ella tampoco estaba para darse lujos. Por eso, solo pidió una mesa común.A las siete de la noche, ambas familias tomaron asiento. La madre de Gael, todavía más joven y radiante que en televisión, saludó a Aitana y Jimena con calidez y una sonrisa sincera.Aitana, que había estado con el corazón en la garganta, por fin pudo relajarse un poco.Comenzaron a hablar de la boda. Gael tomó la mano de Aitana y expresó su deseo de casarse cuanto antes, preferiblemente el próximo mes.Renata, la madre de Gael, aunque entendía la prisa, comentó:—¿Por qué tanta urgencia? Ni la casa ni los regalos están listos.Aitana no dijo nada. Todo eso ya lo había discutido con Gael en privado. Sabía que eran formalidades.Tomó su vaso con bebida preparada y dio un sorbo. Al mirar al azar, divisó una silueta familiar.Era Nahuel.La mano de Aitana tembló y el agua del vaso se derramó.—¿Te encuentras bien? —Gael le tomó el vaso antes de que se le cayera.—Estoy bien —le sonrió a Gael, pero no pudo evitar echar un vistazo hacia donde estaba Nahuel.Nahuel también la notó, aunque su mirada no se detuvo ni un segundo. Fue como si solo estuviera revisando el lugar por costumbre, como cualquiera que entra a un restaurante y mira alrededor antes de sentarse.Subió las escaleras, seguido de cerca por su nuevo secretario.—Sr. Nahuel, Aitana también está aquí comiendo —le susurró Ramón, el nuevo asistente. Era un empleado de muchos años en Entorno Global y había trabajado antes con Aitana en el mismo departamento.Como en la carta de renuncia de Aitana decía que se iba por casarse, Ramón agregó con una sonrisa:—El que está sentado con ella debe ser su prometido. Se ve que tiene buena posición. Ahora entiendo por qué Aitana renunció.Nahuel tuvo que mirar de nuevo. Aitana no era de esas mujeres que llaman la atención a primera vista, pero tenía una elegancia tranquila que la hacía especial, una belleza serena que parecía resistir el paso del tiempo.El hombre a su lado era apuesto, de expresión amable y vestía con mucha clase. Sí, se notaba que no le faltaba nada.Los ojos de Nahuel brillaron con un dejo de desdén y una furia contenida, como si se sintiera engañado.—Vámonos —ordenó, reanudando la subida....Las dos familias conversaban animadamente. Jimena, la madre de Aitana, se veía más animada, y durante la comida propuso brindar con la madre de Gael.Aitana no se opuso. Al salir del hospital, el médico solo les había dicho una cosa: disfrutar lo que quedara, comer y beber lo que quisieran.Aunque solo era una copa pequeña, cuando su madre quiso ir al baño, Aitana insistió en acompañarla.Se quedó esperando afuera, junto a la puerta.Al girar y levantar la vista, volvió a ver a Nahuel.Nahuel ya se había quitado el saco. La camisa negra que llevaba lo hacía ver imponente y elegante. Su porte era impecable, y cuando miraba desde arriba, tenía un magnetismo inquietante.Esta vez, Aitana supo que él solo pasaba por ahí.—Sr. Nahuel —le saludó con el mismo respeto de siempre.Nahuel abrió el grifo, se lavó las manos con calma, luego cerró el agua y, sin prisa, tomó una toalla de papel para secarse.—¿A qué se dedica él?—Es arquitecto.—¿Cuándo se casan?—El próximo mes.Nahuel tiró la toalla en el basurero y se fue sin mirar atrás.Aitana siguió de pie, inmóvil, despidiéndolo en silencio con la mirada....En una reunión social, Nahuel casi nunca bebía, pero ese día tomó un poco. Ramón tuvo que ayudarlo a entrar al carro porque no se sostenía bien.—Sr. Nahuel, ¿quiere ir a Residencial Solara o a la mansión Arce? —preguntó Ramón.Nahuel se llevó el dorso de la mano a la cabeza.—A la mansión Arce.El carro arrancó y se incorporó a la avenida. Ramón, aprovechando el trayecto, compartió algunos chismes recientes.—Sr. Nahuel, quizá no lo sepa, pero el prometido de la Srta. Aitana fue su compañero en la universidad. Llevan juntos muchos años. Qué calladita se lo tenía, ¿verdad?Nahuel frunció el ceño y lo interrumpió.—Mejor vamos a Residencial Solara. Quiero estar solo.—Como usted diga....Al llegar, Nahuel abrió la puerta con la llave y caminó tambaleante hacia el interior.La casa estaba sumida en penumbra, solo la tenue luz azul de los aparatos electrónicos en la pared iluminaba el lugar.—Luz —murmuró.Antes, cada vez que llevaba a Aitana ahí, con solo pedir la luz, la lámpara del recibidor se encendía al instante, y Aitana cerraba la puerta suavemente tras de él.El tiempo es traicionero: lo que una vez fue especial, se convierte en costumbre y termina por doler cuando ya no está.Nahuel se apoyó en la pared, apretándose la cabeza con la mano.Sacó el celular y le dio una orden a Ramón.—Mañana manda a alguien a limpiar la casa.—Entendido, Sr. Nahuel —contestó Ramón, nervioso....Un minuto después, el celular de Aitana vibró con un mensaje de Ramón.[Srta. Aitana, ¡auxilio urgente!]Capítulo 2Aitana Gallardo dejó la llave sobre el escritorio, el sonido del metal resonó sordo en la oficina.Nahuel Arce alzó la mirada y le echó un vistazo a la llave. Era la de su departamento privado.—¿Y eso qué significa? —preguntó con tono seco.—Voy a buscar a alguien con quien casarme —Aitana forzó una sonrisa, queriendo aparentar que todo le daba igual, pero al final bajó la mirada—. El doctor dijo que a mi mamá le quedan, como mucho, tres meses.No pudo evitar que su voz temblara de tristeza.Nahuel guardó los papeles que tenía en las manos y los aventó sobre la mesa. Ahora sí, la miró en serio.—¿Y eso qué tiene que ver con lo que acabas de hacer?—Tiene todo que ver —Aitana puso una mano sobre su vientre, y sus ojos se llenaron de determinación—. El mayor sueño de mi mamá es verme vestida de novia. Quiero cumplirle ese deseo.Esta vez, Nahuel la miró directo al rostro.—¿Me estás retando o qué?Aitana negó despacio.—No es eso.Desde el primer día que empezaron a salir, él había sido claro: jamás se casaría con ella.[El día que quieras casarte, avísame. Ahí se acaba lo nuestro.]Ahora ella sí quería terminar. Tenía razones de sobra: la enfermedad de su madre, el hecho de que estaba esperando un hijo suyo, y el regreso de la persona con la que él sí quería casarse.Solo mencionó la primera razón; las demás, ni siquiera tenía derecho a decirlas.—Le agradezco de corazón, señor Nahuel, todo lo que hizo estos tres años. Si no hubiera sido por usted, mi mamá no habría llegado hasta hoy.Nahuel torció la boca. Sabía que cuando Aitana empezaba a decir ese tipo de cosas, era porque ya había decidido irse.Quiso sacar un cigarro, abrió el cajón pero estaba vacío. Se levantó a buscar en su saco.Aitana lo detuvo.—Voy a renunciar.Por fin encontró el cigarro, lo encendió y le dio una calada, asintiendo con indiferencia. Jamás intentaba retener a quien ya se quería ir.Aitana dejó la carta de renuncia sobre la mesa y salió sin mirar atrás.En cuanto la puerta se cerró, la mano de Nahuel tembló un poco y casi se le cae el cigarro.Marcó un número.Del otro lado, alguien le contó que Aitana llevaba un tiempo saliendo en citas a ciegas.[Incluso salió dos veces con un diseñador.]No era un impulso. Lo tenía planeado desde antes.Sin pensarlo mucho, Nahuel aventó la llave que Aitana le devolvió directo al bote de basura....Una hora después, Recursos Humanos le avisó a Aitana que su renuncia ya estaba aprobada. Podía comenzar el trámite de salida en ese momento.Aitana, abrazando sus pertenencias, dejó la empresa justo cuando empezó a lloviznar.El clima era tan perfecto para la ocasión que hasta a ella le pareció una escena de telenovela.Sin poder evitarlo, soltó una risa triste. Miró de reojo el edificio de Entorno Global, y las lágrimas, por fin, se le escaparon.Caminaba bajo la lluvia cuando un carro negro se detuvo frente a ella. Era el carro de Nahuel. El chofer bajó la ventana y la llamó.—Señorita Aitana.Dudó un momento, pero al final subió al carro.—¿A dónde la llevo?Aitana se quedó pensando. No esperaba que todo se resolviera tan rápido, así que ni siquiera había decidido adónde ir.Al final, pidió que la llevaran al hospital....Su madre, Jimena, estaba recostada en la cama. Tenía cáncer de pulmón. Según los doctores, que haya sobrevivido tres años ya era casi un milagro.Por eso Aitana le tenía tanto agradecimiento a Nahuel. Él había pagado todos los gastos médicos de esos años.—¿Qué haces aquí, hija? ¿No deberías estar trabajando?—Le pedí permiso al jefe —Aitana se sentó junto a la cama y le tomó la mano a su madre, tan delgada que casi parecía de papel.—Mamá, me voy a casar.Por un instante, los ojos de Jimena brillaron, pero después se apagaron de nuevo.—¿No me estarás diciendo eso solo para darme gusto?—No es eso —Aitana le acomodó el fleco con cariño—. Es él, el que le conté antes, el que estudió diseño.—¡Ay! —Esta vez el rostro de Jimena se iluminó de verdad. Cuando Aitana era universitaria, le había contado que le gustaba un chico mayor, guapo y amable.—¿Cómo volvieron a verse? ¿Y cómo empezaron a salir? —Jimena estaba llena de curiosidad.Sabía que le quedaba poco tiempo. Lo único que quería era ver a su hija feliz.Aitana le pidió que se calmara.—Mañana se lo presento, mamá.—Ay, sí, por favor —Jimena se animó y le pidió algo—. Aitana, ayúdame a salir del hospital. No quiero conocer a tu novio aquí adentro.Aitana asintió.Mientras hacía los trámites para la salida de su madre, le llegó un mensaje al celular. Era del banco: le depositaron el finiquito.Al ver la notificación, Aitana se tocó el vientre y susurró:—Adiós.Desde ese día, en su mundo, Nahuel dejó de existir.Después de acomodar a su madre en casa, Aitana marcó el número de Gael Ordaz.—Oye, Gael, ya le conté a mi mamá sobre lo de la boda —dijo ella, con una voz tan suave que parecía perderse en el aire.—Entiendo —respondió Gael, igual de distante.Había algo extraño entre ellos, como si todo fuera un sueño del que no querían despertar.—¿Mañana podrías venir? —preguntó Aitana, dudando, temerosa de un rechazo.Después de todo, la idea de casarse había sido suya, y además no podía negar que lo hacía por conveniencia.Para su sorpresa, Gael aceptó sin dudarlo. Incluso se tomó la molestia de preguntar qué le gustaba a la madre de Aitana....Al día siguiente, Gael llegó a la casa con regalos.Aitana bajó a recibirlo. En la universidad, ella había sentido algo por él, aunque nunca se acercaron demasiado. Jamás imaginó que terminarían juntos de esta forma.Gael era muy atento. Mientras subían las escaleras, intentó ayudarla varias veces, pero Aitana se negó.—Todavía no necesito que me traten con pinzas —le soltó, medio en broma—. Apenas tengo dos meses.Gael hizo una pausa y preguntó:—¿No piensas contarle a tu mamá lo del embarazo?Aitana negó con la cabeza.—Con una mentira basta. Si le digo más, tengo miedo de que me odie.Gael esbozó una sonrisa y ya no insistió....Al entrar al departamento, Jimena se levantó para recibirlos. Parecía más animada que de costumbre; quizá la alegría le renovaba la energía.Gael le saludó con respeto y le entregó los regalos.Jimena ya había tenido buena impresión de Gael la primera vez que lo vio. Ahora, después de tantos años, se sentía aún más satisfecha. Pero al escuchar sobre la familia de él, le preocupaba que no fueran a aceptar a Aitana.La madre de Gael era actriz, reconocida en el medio del espectáculo.Gael notó la inquietud de Jimena y se apresuró a calmarla.—Mi mamá siempre quiso que me casara joven y tuviera hijos. Si le cuento que me voy a casar, va a estar tan feliz que no se la va a acabar.Miró a Aitana, como si quisiera tranquilizarla también.Aitana quiso reírse, pero no pudo. No tenía idea de cómo reaccionaría la madre de Gael si llegaba a enterarse de la verdad. ¿Le jalaría el cabello de coraje?Gael se quedó a comer con ellas. Al irse, acordaron cuándo volverían a verse.—Tienes que conocer a mi mamá pronto. ¿Qué día puedes?—Cualquier día, ya firmé la renuncia en el trabajo.—¿Tan rápido?—Sí, la verdad, en la empresa ya no tenía motivos para quedarme.Gael bajó la mirada hacia el vientre de Aitana.—¿Y el papá del bebé...?—No puedo decir nada.—No quiero saber quién es. Catalina y yo solo esperamos con ansias al bebé. No me gustaría que algo nos lo arruinara.—Eso no va a pasar —aseguró Aitana, con una convicción que no le conocía—. Él nunca quiso casarse. Un tipo que no quiere compromiso tampoco va a querer un hijo que llegó de sorpresa.Gael asintió, conforme. Antes de marcharse, se despidió con seriedad.—Gracias, Aitana.—La que debería agradecer soy yo. No solo me ayudas a cumplir el deseo de mi mamá, sino que le das un hogar a mi hijo. Eres mi salvador.—Entonces hagamos este pacto: cuidarnos y guardar nuestros secretos....Una semana después, las familias se reunieron.Por la salud de Jimena, Aitana propuso un restaurante cercano, pero su madre insistió en que fuera un lugar elegante.—La mamá de Gael es una figura pública —decía Jimena—. ¿Cómo la vamos a invitar a comer a una fonda de la colonia?Así que Aitana reservó una mesa para cuatro en La Cuchara Mágica.No sabía cuánto dinero tenía Gael, y ella tampoco estaba para darse lujos. Por eso, solo pidió una mesa común.A las siete de la noche, ambas familias tomaron asiento. La madre de Gael, todavía más joven y radiante que en televisión, saludó a Aitana y Jimena con calidez y una sonrisa sincera.Aitana, que había estado con el corazón en la garganta, por fin pudo relajarse un poco.Comenzaron a hablar de la boda. Gael tomó la mano de Aitana y expresó su deseo de casarse cuanto antes, preferiblemente el próximo mes.Renata, la madre de Gael, aunque entendía la prisa, comentó:—¿Por qué tanta urgencia? Ni la casa ni los regalos están listos.Aitana no dijo nada. Todo eso ya lo había discutido con Gael en privado. Sabía que eran formalidades.Tomó su vaso con bebida preparada y dio un sorbo. Al mirar al azar, divisó una silueta familiar.Era Nahuel.La mano de Aitana tembló y el agua del vaso se derramó.—¿Te encuentras bien? —Gael le tomó el vaso antes de que se le cayera.—Estoy bien —le sonrió a Gael, pero no pudo evitar echar un vistazo hacia donde estaba Nahuel.Nahuel también la notó, aunque su mirada no se detuvo ni un segundo. Fue como si solo estuviera revisando el lugar por costumbre, como cualquiera que entra a un restaurante y mira alrededor antes de sentarse.Subió las escaleras, seguido de cerca por su nuevo secretario.—Sr. Nahuel, Aitana también está aquí comiendo —le susurró Ramón, el nuevo asistente. Era un empleado de muchos años en Entorno Global y había trabajado antes con Aitana en el mismo departamento.Como en la carta de renuncia de Aitana decía que se iba por casarse, Ramón agregó con una sonrisa:—El que está sentado con ella debe ser su prometido. Se ve que tiene buena posición. Ahora entiendo por qué Aitana renunció.Nahuel tuvo que mirar de nuevo. Aitana no era de esas mujeres que llaman la atención a primera vista, pero tenía una elegancia tranquila que la hacía especial, una belleza serena que parecía resistir el paso del tiempo.El hombre a su lado era apuesto, de expresión amable y vestía con mucha clase. Sí, se notaba que no le faltaba nada.Los ojos de Nahuel brillaron con un dejo de desdén y una furia contenida, como si se sintiera engañado.—Vámonos —ordenó, reanudando la subida....Las dos familias conversaban animadamente. Jimena, la madre de Aitana, se veía más animada, y durante la comida propuso brindar con la madre de Gael.Aitana no se opuso. Al salir del hospital, el médico solo les había dicho una cosa: disfrutar lo que quedara, comer y beber lo que quisieran.Aunque solo era una copa pequeña, cuando su madre quiso ir al baño, Aitana insistió en acompañarla.Se quedó esperando afuera, junto a la puerta.Al girar y levantar la vista, volvió a ver a Nahuel.Nahuel ya se había quitado el saco. La camisa negra que llevaba lo hacía ver imponente y elegante. Su porte era impecable, y cuando miraba desde arriba, tenía un magnetismo inquietante.Esta vez, Aitana supo que él solo pasaba por ahí.—Sr. Nahuel —le saludó con el mismo respeto de siempre.Nahuel abrió el grifo, se lavó las manos con calma, luego cerró el agua y, sin prisa, tomó una toalla de papel para secarse.—¿A qué se dedica él?—Es arquitecto.—¿Cuándo se casan?—El próximo mes.Nahuel tiró la toalla en el basurero y se fue sin mirar atrás.Aitana siguió de pie, inmóvil, despidiéndolo en silencio con la mirada....En una reunión social, Nahuel casi nunca bebía, pero ese día tomó un poco. Ramón tuvo que ayudarlo a entrar al carro porque no se sostenía bien.—Sr. Nahuel, ¿quiere ir a Residencial Solara o a la mansión Arce? —preguntó Ramón.Nahuel se llevó el dorso de la mano a la cabeza.—A la mansión Arce.El carro arrancó y se incorporó a la avenida. Ramón, aprovechando el trayecto, compartió algunos chismes recientes.—Sr. Nahuel, quizá no lo sepa, pero el prometido de la Srta. Aitana fue su compañero en la universidad. Llevan juntos muchos años. Qué calladita se lo tenía, ¿verdad?Nahuel frunció el ceño y lo interrumpió.—Mejor vamos a Residencial Solara. Quiero estar solo.—Como usted diga....Al llegar, Nahuel abrió la puerta con la llave y caminó tambaleante hacia el interior.La casa estaba sumida en penumbra, solo la tenue luz azul de los aparatos electrónicos en la pared iluminaba el lugar.—Luz —murmuró.Antes, cada vez que llevaba a Aitana ahí, con solo pedir la luz, la lámpara del recibidor se encendía al instante, y Aitana cerraba la puerta suavemente tras de él.El tiempo es traicionero: lo que una vez fue especial, se convierte en costumbre y termina por doler cuando ya no está.Nahuel se apoyó en la pared, apretándose la cabeza con la mano.Sacó el celular y le dio una orden a Ramón.—Mañana manda a alguien a limpiar la casa.—Entendido, Sr. Nahuel —contestó Ramón, nervioso....Un minuto después, el celular de Aitana vibró con un mensaje de Ramón.[Srta. Aitana, ¡auxilio urgente!]Capítulo 3Aitana Gallardo dejó la llave sobre el escritorio, el sonido del metal resonó sordo en la oficina.Nahuel Arce alzó la mirada y le echó un vistazo a la llave. Era la de su departamento privado.—¿Y eso qué significa? —preguntó con tono seco.—Voy a buscar a alguien con quien casarme —Aitana forzó una sonrisa, queriendo aparentar que todo le daba igual, pero al final bajó la mirada—. El doctor dijo que a mi mamá le quedan, como mucho, tres meses.No pudo evitar que su voz temblara de tristeza.Nahuel guardó los papeles que tenía en las manos y los aventó sobre la mesa. Ahora sí, la miró en serio.—¿Y eso qué tiene que ver con lo que acabas de hacer?—Tiene todo que ver —Aitana puso una mano sobre su vientre, y sus ojos se llenaron de determinación—. El mayor sueño de mi mamá es verme vestida de novia. Quiero cumplirle ese deseo.Esta vez, Nahuel la miró directo al rostro.—¿Me estás retando o qué?Aitana negó despacio.—No es eso.Desde el primer día que empezaron a salir, él había sido claro: jamás se casaría con ella.[El día que quieras casarte, avísame. Ahí se acaba lo nuestro.]Ahora ella sí quería terminar. Tenía razones de sobra: la enfermedad de su madre, el hecho de que estaba esperando un hijo suyo, y el regreso de la persona con la que él sí quería casarse.Solo mencionó la primera razón; las demás, ni siquiera tenía derecho a decirlas.—Le agradezco de corazón, señor Nahuel, todo lo que hizo estos tres años. Si no hubiera sido por usted, mi mamá no habría llegado hasta hoy.Nahuel torció la boca. Sabía que cuando Aitana empezaba a decir ese tipo de cosas, era porque ya había decidido irse.Quiso sacar un cigarro, abrió el cajón pero estaba vacío. Se levantó a buscar en su saco.Aitana lo detuvo.—Voy a renunciar.Por fin encontró el cigarro, lo encendió y le dio una calada, asintiendo con indiferencia. Jamás intentaba retener a quien ya se quería ir.Aitana dejó la carta de renuncia sobre la mesa y salió sin mirar atrás.En cuanto la puerta se cerró, la mano de Nahuel tembló un poco y casi se le cae el cigarro.Marcó un número.Del otro lado, alguien le contó que Aitana llevaba un tiempo saliendo en citas a ciegas.[Incluso salió dos veces con un diseñador.]No era un impulso. Lo tenía planeado desde antes.Sin pensarlo mucho, Nahuel aventó la llave que Aitana le devolvió directo al bote de basura....Una hora después, Recursos Humanos le avisó a Aitana que su renuncia ya estaba aprobada. Podía comenzar el trámite de salida en ese momento.Aitana, abrazando sus pertenencias, dejó la empresa justo cuando empezó a lloviznar.El clima era tan perfecto para la ocasión que hasta a ella le pareció una escena de telenovela.Sin poder evitarlo, soltó una risa triste. Miró de reojo el edificio de Entorno Global, y las lágrimas, por fin, se le escaparon.Caminaba bajo la lluvia cuando un carro negro se detuvo frente a ella. Era el carro de Nahuel. El chofer bajó la ventana y la llamó.—Señorita Aitana.Dudó un momento, pero al final subió al carro.—¿A dónde la llevo?Aitana se quedó pensando. No esperaba que todo se resolviera tan rápido, así que ni siquiera había decidido adónde ir.Al final, pidió que la llevaran al hospital....Su madre, Jimena, estaba recostada en la cama. Tenía cáncer de pulmón. Según los doctores, que haya sobrevivido tres años ya era casi un milagro.Por eso Aitana le tenía tanto agradecimiento a Nahuel. Él había pagado todos los gastos médicos de esos años.—¿Qué haces aquí, hija? ¿No deberías estar trabajando?—Le pedí permiso al jefe —Aitana se sentó junto a la cama y le tomó la mano a su madre, tan delgada que casi parecía de papel.—Mamá, me voy a casar.Por un instante, los ojos de Jimena brillaron, pero después se apagaron de nuevo.—¿No me estarás diciendo eso solo para darme gusto?—No es eso —Aitana le acomodó el fleco con cariño—. Es él, el que le conté antes, el que estudió diseño.—¡Ay! —Esta vez el rostro de Jimena se iluminó de verdad. Cuando Aitana era universitaria, le había contado que le gustaba un chico mayor, guapo y amable.—¿Cómo volvieron a verse? ¿Y cómo empezaron a salir? —Jimena estaba llena de curiosidad.Sabía que le quedaba poco tiempo. Lo único que quería era ver a su hija feliz.Aitana le pidió que se calmara.—Mañana se lo presento, mamá.—Ay, sí, por favor —Jimena se animó y le pidió algo—. Aitana, ayúdame a salir del hospital. No quiero conocer a tu novio aquí adentro.Aitana asintió.Mientras hacía los trámites para la salida de su madre, le llegó un mensaje al celular. Era del banco: le depositaron el finiquito.Al ver la notificación, Aitana se tocó el vientre y susurró:—Adiós.Desde ese día, en su mundo, Nahuel dejó de existir.Después de acomodar a su madre en casa, Aitana marcó el número de Gael Ordaz.—Oye, Gael, ya le conté a mi mamá sobre lo de la boda —dijo ella, con una voz tan suave que parecía perderse en el aire.—Entiendo —respondió Gael, igual de distante.Había algo extraño entre ellos, como si todo fuera un sueño del que no querían despertar.—¿Mañana podrías venir? —preguntó Aitana, dudando, temerosa de un rechazo.Después de todo, la idea de casarse había sido suya, y además no podía negar que lo hacía por conveniencia.Para su sorpresa, Gael aceptó sin dudarlo. Incluso se tomó la molestia de preguntar qué le gustaba a la madre de Aitana....Al día siguiente, Gael llegó a la casa con regalos.Aitana bajó a recibirlo. En la universidad, ella había sentido algo por él, aunque nunca se acercaron demasiado. Jamás imaginó que terminarían juntos de esta forma.Gael era muy atento. Mientras subían las escaleras, intentó ayudarla varias veces, pero Aitana se negó.—Todavía no necesito que me traten con pinzas —le soltó, medio en broma—. Apenas tengo dos meses.Gael hizo una pausa y preguntó:—¿No piensas contarle a tu mamá lo del embarazo?Aitana negó con la cabeza.—Con una mentira basta. Si le digo más, tengo miedo de que me odie.Gael esbozó una sonrisa y ya no insistió....Al entrar al departamento, Jimena se levantó para recibirlos. Parecía más animada que de costumbre; quizá la alegría le renovaba la energía.Gael le saludó con respeto y le entregó los regalos.Jimena ya había tenido buena impresión de Gael la primera vez que lo vio. Ahora, después de tantos años, se sentía aún más satisfecha. Pero al escuchar sobre la familia de él, le preocupaba que no fueran a aceptar a Aitana.La madre de Gael era actriz, reconocida en el medio del espectáculo.Gael notó la inquietud de Jimena y se apresuró a calmarla.—Mi mamá siempre quiso que me casara joven y tuviera hijos. Si le cuento que me voy a casar, va a estar tan feliz que no se la va a acabar.Miró a Aitana, como si quisiera tranquilizarla también.Aitana quiso reírse, pero no pudo. No tenía idea de cómo reaccionaría la madre de Gael si llegaba a enterarse de la verdad. ¿Le jalaría el cabello de coraje?Gael se quedó a comer con ellas. Al irse, acordaron cuándo volverían a verse.—Tienes que conocer a mi mamá pronto. ¿Qué día puedes?—Cualquier día, ya firmé la renuncia en el trabajo.—¿Tan rápido?—Sí, la verdad, en la empresa ya no tenía motivos para quedarme.Gael bajó la mirada hacia el vientre de Aitana.—¿Y el papá del bebé...?—No puedo decir nada.—No quiero saber quién es. Catalina y yo solo esperamos con ansias al bebé. No me gustaría que algo nos lo arruinara.—Eso no va a pasar —aseguró Aitana, con una convicción que no le conocía—. Él nunca quiso casarse. Un tipo que no quiere compromiso tampoco va a querer un hijo que llegó de sorpresa.Gael asintió, conforme. Antes de marcharse, se despidió con seriedad.—Gracias, Aitana.—La que debería agradecer soy yo. No solo me ayudas a cumplir el deseo de mi mamá, sino que le das un hogar a mi hijo. Eres mi salvador.—Entonces hagamos este pacto: cuidarnos y guardar nuestros secretos....Una semana después, las familias se reunieron.Por la salud de Jimena, Aitana propuso un restaurante cercano, pero su madre insistió en que fuera un lugar elegante.—La mamá de Gael es una figura pública —decía Jimena—. ¿Cómo la vamos a invitar a comer a una fonda de la colonia?Así que Aitana reservó una mesa para cuatro en La Cuchara Mágica.No sabía cuánto dinero tenía Gael, y ella tampoco estaba para darse lujos. Por eso, solo pidió una mesa común.A las siete de la noche, ambas familias tomaron asiento. La madre de Gael, todavía más joven y radiante que en televisión, saludó a Aitana y Jimena con calidez y una sonrisa sincera.Aitana, que había estado con el corazón en la garganta, por fin pudo relajarse un poco.Comenzaron a hablar de la boda. Gael tomó la mano de Aitana y expresó su deseo de casarse cuanto antes, preferiblemente el próximo mes.Renata, la madre de Gael, aunque entendía la prisa, comentó:—¿Por qué tanta urgencia? Ni la casa ni los regalos están listos.Aitana no dijo nada. Todo eso ya lo había discutido con Gael en privado. Sabía que eran formalidades.Tomó su vaso con bebida preparada y dio un sorbo. Al mirar al azar, divisó una silueta familiar.Era Nahuel.La mano de Aitana tembló y el agua del vaso se derramó.—¿Te encuentras bien? —Gael le tomó el vaso antes de que se le cayera.—Estoy bien —le sonrió a Gael, pero no pudo evitar echar un vistazo hacia donde estaba Nahuel.Nahuel también la notó, aunque su mirada no se detuvo ni un segundo. Fue como si solo estuviera revisando el lugar por costumbre, como cualquiera que entra a un restaurante y mira alrededor antes de sentarse.Subió las escaleras, seguido de cerca por su nuevo secretario.—Sr. Nahuel, Aitana también está aquí comiendo —le susurró Ramón, el nuevo asistente. Era un empleado de muchos años en Entorno Global y había trabajado antes con Aitana en el mismo departamento.Como en la carta de renuncia de Aitana decía que se iba por casarse, Ramón agregó con una sonrisa:—El que está sentado con ella debe ser su prometido. Se ve que tiene buena posición. Ahora entiendo por qué Aitana renunció.Nahuel tuvo que mirar de nuevo. Aitana no era de esas mujeres que llaman la atención a primera vista, pero tenía una elegancia tranquila que la hacía especial, una belleza serena que parecía resistir el paso del tiempo.El hombre a su lado era apuesto, de expresión amable y vestía con mucha clase. Sí, se notaba que no le faltaba nada.Los ojos de Nahuel brillaron con un dejo de desdén y una furia contenida, como si se sintiera engañado.—Vámonos —ordenó, reanudando la subida....Las dos familias conversaban animadamente. Jimena, la madre de Aitana, se veía más animada, y durante la comida propuso brindar con la madre de Gael.Aitana no se opuso. Al salir del hospital, el médico solo les había dicho una cosa: disfrutar lo que quedara, comer y beber lo que quisieran.Aunque solo era una copa pequeña, cuando su madre quiso ir al baño, Aitana insistió en acompañarla.Se quedó esperando afuera, junto a la puerta.Al girar y levantar la vista, volvió a ver a Nahuel.Nahuel ya se había quitado el saco. La camisa negra que llevaba lo hacía ver imponente y elegante. Su porte era impecable, y cuando miraba desde arriba, tenía un magnetismo inquietante.Esta vez, Aitana supo que él solo pasaba por ahí.—Sr. Nahuel —le saludó con el mismo respeto de siempre.Nahuel abrió el grifo, se lavó las manos con calma, luego cerró el agua y, sin prisa, tomó una toalla de papel para secarse.—¿A qué se dedica él?—Es arquitecto.—¿Cuándo se casan?—El próximo mes.Nahuel tiró la toalla en el basurero y se fue sin mirar atrás.Aitana siguió de pie, inmóvil, despidiéndolo en silencio con la mirada....En una reunión social, Nahuel casi nunca bebía, pero ese día tomó un poco. Ramón tuvo que ayudarlo a entrar al carro porque no se sostenía bien.—Sr. Nahuel, ¿quiere ir a Residencial Solara o a la mansión Arce? —preguntó Ramón.Nahuel se llevó el dorso de la mano a la cabeza.—A la mansión Arce.El carro arrancó y se incorporó a la avenida. Ramón, aprovechando el trayecto, compartió algunos chismes recientes.—Sr. Nahuel, quizá no lo sepa, pero el prometido de la Srta. Aitana fue su compañero en la universidad. Llevan juntos muchos años. Qué calladita se lo tenía, ¿verdad?Nahuel frunció el ceño y lo interrumpió.—Mejor vamos a Residencial Solara. Quiero estar solo.—Como usted diga....Al llegar, Nahuel abrió la puerta con la llave y caminó tambaleante hacia el interior.La casa estaba sumida en penumbra, solo la tenue luz azul de los aparatos electrónicos en la pared iluminaba el lugar.—Luz —murmuró.Antes, cada vez que llevaba a Aitana ahí, con solo pedir la luz, la lámpara del recibidor se encendía al instante, y Aitana cerraba la puerta suavemente tras de él.El tiempo es traicionero: lo que una vez fue especial, se convierte en costumbre y termina por doler cuando ya no está.Nahuel se apoyó en la pared, apretándose la cabeza con la mano.Sacó el celular y le dio una orden a Ramón.—Mañana manda a alguien a limpiar la casa.—Entendido, Sr. Nahuel —contestó Ramón, nervioso....Un minuto después, el celular de Aitana vibró con un mensaje de Ramón.[Srta. Aitana, ¡auxilio urgente!]