En vísperas de su boda, Petra Calvo descubrió la infidelidad de su prometido, Joaquín Velasco, con una tercera, Renata Araya. Siete años de amor y sacrificios laborales se derrumbaron en un instante. Sin vacilar, canceló la ceremonia y comenzó a tejer su venganza en silencio. Joaquín, arrogante, creyó que ella no podría vivir sin él, ignorando que Petra ya había contactado a Benjamín Hurtado, presidente del Grupo Hurtado, para vender sus acciones y cortar todo vínculo con el pasado. Mientras los traidores seguían burlándose, ella ya se alzaba en las sombras, decidida a hacerlos pagar caro. Fue una batalla por el honor y la justicia: Petra no solo se reinventó con elegancia, sino que dejó a los infieles en la ruina de la noche a la mañana.

Capítulo 1Joaquín Velasco le estaba siendo infiel.Petra Calvo estaba parada fuera del probador en la tienda de vestidos de novia, justo cuando vio a su futuro esposo enredado con otra mujer.—Joaquín... dime, ¿este vestido de novia me queda mejor a mí o a tu prometida? —la voz de la mujer sonaba juguetona desde adentro.—Por supuesto que a ti, ya no aguanto las ganas de tenerte, ¿eso no prueba tu encanto? —respondió él sin dudar, con una sonrisa descarada.La mujer soltó una risita coqueta, satisfecha con la respuesta.—Quiero que nunca me olvides. El día de tu boda, en cada aniversario, siempre vas a recordar este momento... y a mí.Petra escuchaba los susurros y risas desde el otro lado, sintiendo cómo el piso se le abría bajo los pies, como si le hubieran echado un balde de agua helada encima.A tan solo un día de la boda, ese Joaquín, tan “responsable” ante la familia Ponce, resultó que llevaba meses de viaje, pero no por trabajo, sino por andar de galán con otra.Tragándose las náuseas, Petra dio media vuelta y salió a toda prisa. Subió a su carro, sin mirar atrás.Siete años juntos. Siete años de emprender, de batallar, de levantar juntos la empresa “Nexus Dynamics” hasta convertirla en lo que era ahora.Su hermana siempre le había dicho que Joaquín no era de fiar. De hecho, tenía un mensaje suyo en el celular.[Para la boda tuya y de Joaquín, ninguno de la familia Calvo va a ir. Haz lo que quieras.]Petra, con los ojos rojos, contestó:[No te preocupes. Esa boda no se va a hacer.]Pasó un rato antes de que la otra respondiera.[En un mes, regresa a San Miguel Antiguo. Si es verdad lo que dices, ahí te veré. Si no, hasta aquí llegó lo nuestro de hermanas.]Petra contestó con un simple [De acuerdo] y guardó el celular.Encendió el carro y se fue. Justo en ese instante, Joaquín salía abrazando a la otra mujer por la puerta de la tienda. Al ver el carro de Petra, se detuvo.Pero la duda apenas le duró un segundo; para cuando reaccionó, el carro ya se había perdido en la distancia.Joaquín apartó la mano de la mujer de su brazo, se acomodó la ropa y volvió a esa postura arrogante y elegante que siempre fingía.—Le voy a pedir al asistente que te lleve a casa.La mujer frunció los labios, haciéndose la ofendida.—No quiero. Dijiste que ibas a acompañarme de compras.Joaquín le revolvió el cabello con indiferencia, sus ojos mostrando esa dureza que no admitía discusión.—Pórtate bien.La mujer no se atrevió a decir nada más, bajó la cabeza y se fue con el asistente de Joaquín....Después de quedarse solo, Joaquín caminó hacia su carro. Al ver su reflejo en la puerta, se aseguró de no parecer nervioso ni desarreglado, como si nada hubiera pasado.Cuando llegó a casa, vio el carro de Petra en el garage. Ella seguía sentada en el asiento del conductor, revisando el celular.—¿Saliste? —preguntó Joaquín abriendo la puerta, tirando su saco en el asiento del copiloto y acercándose a ella.Su camisa negra tenía dos botones desabrochados, dejando ver apenas sus músculos bien definidos. No había rastro alguno de la otra mujer.Sin que Petra dijera nada, él se inclinó para besarla.Petra apagó el celular y lo detuvo con la mano, en tono cortante.—¿Te da miedo que salga?Joaquín vaciló un segundo.—¿Por qué habría de temer? Si tú quieres salir, puedes hacerlo cuando quieras. Lo que me preocupa es que te aburras sin compañía.Sonriendo, intentó rodearla por la cintura, bajando la voz para endulzarla.—Anda, cuéntale a tu esposo, ¿quién fue el desgraciado que hizo enojar a mi niña consentida?Petra no respondió. Se quedó viéndolo con una expresión gélida, sus ojos clavados en esa cara perfecta que tanto había admirado, pero que ahora solo le traía rabia.Joaquín, como siempre, percibió al instante que algo andaba mal. Quiso encontrar la raíz del problema, como tenía costumbre, y resolverlo con tal de mantenerlo todo bajo control.Petra desvió la mirada, negó con la cabeza y su voz sonó apagada.—Joaquín, últimamente te he notado demasiado ocupado. Creo que no tiene sentido seguir con la boda. Me da miedo que no puedas ni con tus propios compromisos.Joaquín sintió que Petra estaba siendo caprichosa. Después de todo, él ya era una figura pública reconocida.—¡A ver, repítemelo si te atreves! —La voz de Joaquín sonó cargada de enojo, como si cada palabra pesara toneladas.Petra lo miró directo a los ojos, sin apartar la vista ni un segundo.—Nuestra boda ya no tiene sentido, Joaquín. Prefiero cancelarla; no quiero que te estés partiendo en mil solo por esto.Apenas terminó de decirlo, Petra se dio la vuelta para irse, pero Joaquín la sujetó del brazo con fuerza. Su mirada, antes familiar, ahora reflejaba un enojo innegable.—¿Y todo lo que hago? ¿Acaso no es por nuestra empresa, por nuestro futuro? ¿Quieres que nuestro hijo llegue al mundo en desventaja, sin nada? —Su voz temblaba de rabia contenida—. Vengo llegando de viaje, y ni siquiera te molestas en preguntarme cómo me fue. Al contrario, te pones en ese plan, haciendo berrinche, armando escenas. ¿En qué momento te volviste así?Petra lo miró sin parpadear, escuchando todas esas acusaciones vacías. Le daban ganas de reírse.El hombre frente a ella le resultaba un completo desconocido. Ya no quedaba nada de aquel con quien pensó compartir su vida. Mentía sin pestañear, como tantos otros que, tras ser infieles, terminan echando la culpa a la pareja. Era como si su traición hubiera sido inevitable, como si ella misma le hubiera puesto una pistola en la cabeza y lo obligara a irse con otra.Faltaban dos meses para la boda. Su hermana le había dado un mes para arreglar todos los asuntos pendientes. En ese mes, Petra pensaba borrar a Joaquín por completo de su vida.Subió las escaleras sin voltear atrás, directo a la habitación. Entró al baño y empezó a lavarse la cara y los dientes.Joaquín la siguió. Se acercó por detrás y la rodeó con los brazos, intentando mostrarse humilde, como si de verdad le importara.—Perdóname, Petra. Todo es culpa mía. He estado saturado de trabajo y te descuidé. Te lo prometo, estos días voy a cancelar todas las salidas, en cuanto salga del trabajo, me vengo directo a casa contigo. ¿Te parece bien?Petra levantó la vista y, a través del espejo, lo observó. Él intentaba conquistarla con palabras suaves, pero ella solo pudo responderle con una sonrisa cargada de sarcasmo.—¿Para qué te esfuerzas tanto? Yo...No terminó la frase. El celular de Joaquín empezó a sonar en ese momento. La melodía era una canción romántica, de esas que últimamente estaban de moda y que hablaban de felicidad y sueños compartidos.Petra recordó que antes, el tono de Joaquín siempre era el de fábrica, ese sonido mecánico y sin alma. Al principio de su relación, cuando ambos apenas levantaban la empresa, ella le sugirió que pusieran juntos un tema de amor, uno de esos duetos que hablan de promesas y futuro. Joaquín se negó, diciendo que tenía que ver clientes todo el tiempo y no daba buena imagen.Mentira. No era por la imagen, sino porque, para él, ella no valía ese esfuerzo.Joaquín sacó el celular, miró la pantalla y colgó de inmediato.—Era un número raro, seguro era un estafador.Petra apretó los labios, convirtiéndolos en una línea recta. Vio perfectamente el nombre del contacto: “3:05”. Solo dijo un “ah” y no preguntó más.El celular volvió a sonar. Joaquín colgó otra vez. Al tercer intento, se giró de espaldas y contestó en voz baja.—En la empresa estamos en una etapa clave, tengo varios proyectos grandes y no puedo descuidarlos. Necesito que entiendas lo que estoy viviendo. Esta noche me voy a quedar en la oficina a trabajar, pero mañana temprano regreso para acompañarte a probar el vestido. No te quedes esperando, duerme temprano.Petra ya ni lo miraba. Siguió cepillándose los dientes, viendo por el espejo cómo él salía del baño, cerrando la puerta tras de sí.Apenas escuchó el portazo, Petra tomó su celular y buscó en internet qué significaba “3:05”. Entre todos los resultados, uno resaltó en la pantalla:[La vida es como una canción de salsa de tres minutos y medio, y tú eres la persona con la que quiero bailar hasta el minuto 3:05.]Sintió cómo una punzada le atravesaba el pecho, aunque ya no iba a llorar. Sin pensarlo mucho, abrió la aplicación de bienes raíces y puso en venta la casa donde vivían.En un mes regresaría a San Miguel Antiguo. Las propiedades de Santa Lucía de los Altos ya no tenían ningún valor para ella.No le importaba dejarlo todo atrás, incluyendo a Joaquín.El precio de la casa que Petra publicó estaba muy por debajo del mercado, decenas de miles de pesos menos. Por eso, enseguida le llovieron mensajes privados de gente interesada en comprarla.Cuando terminó de contestar todos esos mensajes, ya era casi medianoche.Sin la menor pizca de sueño, Petra abrió una aplicación nueva que estaba de moda entre las mujeres.Apenas entró, una publicación le saltó a la vista.[Mi novio se casa en dos meses, ¡y hoy me puse el vestido de novia de su prometida y lo hicimos en la tienda! Esta sensación es increíble y demasiado emocionante.]Los comentarios eran una avalancha de insultos dirigidos a la autora. Algunos hasta decían que ojalá el algoritmo le mostrara la publicación a la prometida original.Petra, con la mano temblando, tocó el perfil de la autora.Navegó hasta su primer post. No había texto, solo una foto.En la imagen, dos manos entrelazadas. Petra reconoció al instante la pequeña mancha en el dedo índice del hombre, y el anillo en su anular.La fecha de la publicación coincidía casi exactamente con el día en que Joaquín le propuso matrimonio, apenas una semana de diferencia.Petra se quedó paralizada, mirando el anillo en su propio dedo anular, sintiendo una náusea que le revolvió el estómago.En un impulso, se quitó el anillo y lo arrojó al inodoro, viendo cómo se iba con el agua. Algo que ya estaba manchado, no tenía caso conservarlo.La autora de la publicación actualizó su perfil poco después.Esta vez, ya no presumía. Ahora parecía estar suplicando.[Ya no me insulten, por favor. Él y yo ya quedamos que en un mes se lo regreso completo a su prometida.]La imagen era la espalda de un hombre acostado en la cama.Petra sintió que ese cuerpo lo conocía demasiado bien, hasta el punto de ponerla nerviosa.¿Que se lo va a regresar “completo”? ¿Qué clase de burla era esa?...Qué ironía. En ese instante, Petra entendió por qué la gente, cuando no sabe ni qué decir, a veces solo puede reír.Joaquín no volvió en toda la noche. Al amanecer, le hizo una llamada: sin dar ninguna explicación, solo le avisó que la vería en la tienda de vestidos de novia.Vestidos de novia.Petra llegó unos minutos antes que él.Su vestido estaba colgado en el salón VIP del tercer piso, impecable y majestuoso, como si nada pudiera mancharlo.—Señorita Petra, el señor Joaquín ya viene en camino. Si quiere, podemos ayudarle a ponerse el vestido, así cuando llegue él la ve perfecta —dijo una asistente, con una sonrisa amable, aunque en sus ojos se asomaba un dejo de compasión.Petra mantuvo el gesto neutral y rehusó.—No, gracias.La sola idea le revolvía el estómago.Apenas terminó de hablar, una mano grande la rodeó por la cintura y la atrajo hacia un pecho conocido, con ese aroma a jabón que siempre usaba Joaquín.—¿Por qué no? Petra, ¿sabes cuánto tiempo llevo esperando este día? ¿Te lo puedes poner para mí?Petra volteó a verlo de reojo. Se veía fresco, como si no acabara de pasarse la noche entera fuera de casa. Por dentro, ella se reía con amargura.No venía solo. Detrás de él, a unos pasos, había una joven.La chica llevaba un pantalón de mezclilla azul claro y una blusa blanca, simple pero impecable. Su sonrisa era tan dulce que parecía de película. Tenía un aire inocente, fresco.Petra dejó de mirar a Joaquín y posó sus ojos en la joven, con una mirada tan dura que casi cortaba.¿Otra de sus bromas enfermas? ¿Esto también era parte de su diversión?Joaquín notó la dirección de su mirada. La apretó más fuerte por la cintura, aunque en su expresión no se notaba la menor preocupación.—Es una colega del trabajo, tiene una personalidad parecida a la tuya cuando eras más joven. Pensé que te agradaría conocerla, por eso la traje.Le hizo una seña y la chica se acercó corriendo, emocionada, tendiéndole la mano a Petra.—Hola, Petra, soy Renata Araya. Me da mucho gusto conocerte.Petra no aceptó la mano, apartó la vista y contestó con voz apagada.—Tan guapa como eres, seguro hay pocos que no caen rendidos ante ti, ¿verdad?Renata sintió la indirecta y se le borró la sonrisa.—¿Eso quiere decir que crees que me la paso coqueteando con todos?La mano de Joaquín la apretó con fuerza, como si quisiera dejarle una marca. Petra lo miró de reojo y él, al notar su molestia, aflojó el agarre y se inclinó a murmurarle, casi suplicante.—Si estás molesta, cuando lleguemos a casa haz lo que quieras: grítame, pégame, lo que sea. Pero no la hagas pasar un mal rato aquí, la pobre no tiene la culpa.—Vamos a probarnos el vestido, ¿sí?La asistente, que seguía en shock por el ambiente tenso, se apresuró a sacar el vestido y a invitar a Petra a probárselo.Capítulo 2Joaquín Velasco le estaba siendo infiel.Petra Calvo estaba parada fuera del probador en la tienda de vestidos de novia, justo cuando vio a su futuro esposo enredado con otra mujer.—Joaquín... dime, ¿este vestido de novia me queda mejor a mí o a tu prometida? —la voz de la mujer sonaba juguetona desde adentro.—Por supuesto que a ti, ya no aguanto las ganas de tenerte, ¿eso no prueba tu encanto? —respondió él sin dudar, con una sonrisa descarada.La mujer soltó una risita coqueta, satisfecha con la respuesta.—Quiero que nunca me olvides. El día de tu boda, en cada aniversario, siempre vas a recordar este momento... y a mí.Petra escuchaba los susurros y risas desde el otro lado, sintiendo cómo el piso se le abría bajo los pies, como si le hubieran echado un balde de agua helada encima.A tan solo un día de la boda, ese Joaquín, tan “responsable” ante la familia Ponce, resultó que llevaba meses de viaje, pero no por trabajo, sino por andar de galán con otra.Tragándose las náuseas, Petra dio media vuelta y salió a toda prisa. Subió a su carro, sin mirar atrás.Siete años juntos. Siete años de emprender, de batallar, de levantar juntos la empresa “Nexus Dynamics” hasta convertirla en lo que era ahora.Su hermana siempre le había dicho que Joaquín no era de fiar. De hecho, tenía un mensaje suyo en el celular.[Para la boda tuya y de Joaquín, ninguno de la familia Calvo va a ir. Haz lo que quieras.]Petra, con los ojos rojos, contestó:[No te preocupes. Esa boda no se va a hacer.]Pasó un rato antes de que la otra respondiera.[En un mes, regresa a San Miguel Antiguo. Si es verdad lo que dices, ahí te veré. Si no, hasta aquí llegó lo nuestro de hermanas.]Petra contestó con un simple [De acuerdo] y guardó el celular.Encendió el carro y se fue. Justo en ese instante, Joaquín salía abrazando a la otra mujer por la puerta de la tienda. Al ver el carro de Petra, se detuvo.Pero la duda apenas le duró un segundo; para cuando reaccionó, el carro ya se había perdido en la distancia.Joaquín apartó la mano de la mujer de su brazo, se acomodó la ropa y volvió a esa postura arrogante y elegante que siempre fingía.—Le voy a pedir al asistente que te lleve a casa.La mujer frunció los labios, haciéndose la ofendida.—No quiero. Dijiste que ibas a acompañarme de compras.Joaquín le revolvió el cabello con indiferencia, sus ojos mostrando esa dureza que no admitía discusión.—Pórtate bien.La mujer no se atrevió a decir nada más, bajó la cabeza y se fue con el asistente de Joaquín....Después de quedarse solo, Joaquín caminó hacia su carro. Al ver su reflejo en la puerta, se aseguró de no parecer nervioso ni desarreglado, como si nada hubiera pasado.Cuando llegó a casa, vio el carro de Petra en el garage. Ella seguía sentada en el asiento del conductor, revisando el celular.—¿Saliste? —preguntó Joaquín abriendo la puerta, tirando su saco en el asiento del copiloto y acercándose a ella.Su camisa negra tenía dos botones desabrochados, dejando ver apenas sus músculos bien definidos. No había rastro alguno de la otra mujer.Sin que Petra dijera nada, él se inclinó para besarla.Petra apagó el celular y lo detuvo con la mano, en tono cortante.—¿Te da miedo que salga?Joaquín vaciló un segundo.—¿Por qué habría de temer? Si tú quieres salir, puedes hacerlo cuando quieras. Lo que me preocupa es que te aburras sin compañía.Sonriendo, intentó rodearla por la cintura, bajando la voz para endulzarla.—Anda, cuéntale a tu esposo, ¿quién fue el desgraciado que hizo enojar a mi niña consentida?Petra no respondió. Se quedó viéndolo con una expresión gélida, sus ojos clavados en esa cara perfecta que tanto había admirado, pero que ahora solo le traía rabia.Joaquín, como siempre, percibió al instante que algo andaba mal. Quiso encontrar la raíz del problema, como tenía costumbre, y resolverlo con tal de mantenerlo todo bajo control.Petra desvió la mirada, negó con la cabeza y su voz sonó apagada.—Joaquín, últimamente te he notado demasiado ocupado. Creo que no tiene sentido seguir con la boda. Me da miedo que no puedas ni con tus propios compromisos.Joaquín sintió que Petra estaba siendo caprichosa. Después de todo, él ya era una figura pública reconocida.—¡A ver, repítemelo si te atreves! —La voz de Joaquín sonó cargada de enojo, como si cada palabra pesara toneladas.Petra lo miró directo a los ojos, sin apartar la vista ni un segundo.—Nuestra boda ya no tiene sentido, Joaquín. Prefiero cancelarla; no quiero que te estés partiendo en mil solo por esto.Apenas terminó de decirlo, Petra se dio la vuelta para irse, pero Joaquín la sujetó del brazo con fuerza. Su mirada, antes familiar, ahora reflejaba un enojo innegable.—¿Y todo lo que hago? ¿Acaso no es por nuestra empresa, por nuestro futuro? ¿Quieres que nuestro hijo llegue al mundo en desventaja, sin nada? —Su voz temblaba de rabia contenida—. Vengo llegando de viaje, y ni siquiera te molestas en preguntarme cómo me fue. Al contrario, te pones en ese plan, haciendo berrinche, armando escenas. ¿En qué momento te volviste así?Petra lo miró sin parpadear, escuchando todas esas acusaciones vacías. Le daban ganas de reírse.El hombre frente a ella le resultaba un completo desconocido. Ya no quedaba nada de aquel con quien pensó compartir su vida. Mentía sin pestañear, como tantos otros que, tras ser infieles, terminan echando la culpa a la pareja. Era como si su traición hubiera sido inevitable, como si ella misma le hubiera puesto una pistola en la cabeza y lo obligara a irse con otra.Faltaban dos meses para la boda. Su hermana le había dado un mes para arreglar todos los asuntos pendientes. En ese mes, Petra pensaba borrar a Joaquín por completo de su vida.Subió las escaleras sin voltear atrás, directo a la habitación. Entró al baño y empezó a lavarse la cara y los dientes.Joaquín la siguió. Se acercó por detrás y la rodeó con los brazos, intentando mostrarse humilde, como si de verdad le importara.—Perdóname, Petra. Todo es culpa mía. He estado saturado de trabajo y te descuidé. Te lo prometo, estos días voy a cancelar todas las salidas, en cuanto salga del trabajo, me vengo directo a casa contigo. ¿Te parece bien?Petra levantó la vista y, a través del espejo, lo observó. Él intentaba conquistarla con palabras suaves, pero ella solo pudo responderle con una sonrisa cargada de sarcasmo.—¿Para qué te esfuerzas tanto? Yo...No terminó la frase. El celular de Joaquín empezó a sonar en ese momento. La melodía era una canción romántica, de esas que últimamente estaban de moda y que hablaban de felicidad y sueños compartidos.Petra recordó que antes, el tono de Joaquín siempre era el de fábrica, ese sonido mecánico y sin alma. Al principio de su relación, cuando ambos apenas levantaban la empresa, ella le sugirió que pusieran juntos un tema de amor, uno de esos duetos que hablan de promesas y futuro. Joaquín se negó, diciendo que tenía que ver clientes todo el tiempo y no daba buena imagen.Mentira. No era por la imagen, sino porque, para él, ella no valía ese esfuerzo.Joaquín sacó el celular, miró la pantalla y colgó de inmediato.—Era un número raro, seguro era un estafador.Petra apretó los labios, convirtiéndolos en una línea recta. Vio perfectamente el nombre del contacto: “3:05”. Solo dijo un “ah” y no preguntó más.El celular volvió a sonar. Joaquín colgó otra vez. Al tercer intento, se giró de espaldas y contestó en voz baja.—En la empresa estamos en una etapa clave, tengo varios proyectos grandes y no puedo descuidarlos. Necesito que entiendas lo que estoy viviendo. Esta noche me voy a quedar en la oficina a trabajar, pero mañana temprano regreso para acompañarte a probar el vestido. No te quedes esperando, duerme temprano.Petra ya ni lo miraba. Siguió cepillándose los dientes, viendo por el espejo cómo él salía del baño, cerrando la puerta tras de sí.Apenas escuchó el portazo, Petra tomó su celular y buscó en internet qué significaba “3:05”. Entre todos los resultados, uno resaltó en la pantalla:[La vida es como una canción de salsa de tres minutos y medio, y tú eres la persona con la que quiero bailar hasta el minuto 3:05.]Sintió cómo una punzada le atravesaba el pecho, aunque ya no iba a llorar. Sin pensarlo mucho, abrió la aplicación de bienes raíces y puso en venta la casa donde vivían.En un mes regresaría a San Miguel Antiguo. Las propiedades de Santa Lucía de los Altos ya no tenían ningún valor para ella.No le importaba dejarlo todo atrás, incluyendo a Joaquín.El precio de la casa que Petra publicó estaba muy por debajo del mercado, decenas de miles de pesos menos. Por eso, enseguida le llovieron mensajes privados de gente interesada en comprarla.Cuando terminó de contestar todos esos mensajes, ya era casi medianoche.Sin la menor pizca de sueño, Petra abrió una aplicación nueva que estaba de moda entre las mujeres.Apenas entró, una publicación le saltó a la vista.[Mi novio se casa en dos meses, ¡y hoy me puse el vestido de novia de su prometida y lo hicimos en la tienda! Esta sensación es increíble y demasiado emocionante.]Los comentarios eran una avalancha de insultos dirigidos a la autora. Algunos hasta decían que ojalá el algoritmo le mostrara la publicación a la prometida original.Petra, con la mano temblando, tocó el perfil de la autora.Navegó hasta su primer post. No había texto, solo una foto.En la imagen, dos manos entrelazadas. Petra reconoció al instante la pequeña mancha en el dedo índice del hombre, y el anillo en su anular.La fecha de la publicación coincidía casi exactamente con el día en que Joaquín le propuso matrimonio, apenas una semana de diferencia.Petra se quedó paralizada, mirando el anillo en su propio dedo anular, sintiendo una náusea que le revolvió el estómago.En un impulso, se quitó el anillo y lo arrojó al inodoro, viendo cómo se iba con el agua. Algo que ya estaba manchado, no tenía caso conservarlo.La autora de la publicación actualizó su perfil poco después.Esta vez, ya no presumía. Ahora parecía estar suplicando.[Ya no me insulten, por favor. Él y yo ya quedamos que en un mes se lo regreso completo a su prometida.]La imagen era la espalda de un hombre acostado en la cama.Petra sintió que ese cuerpo lo conocía demasiado bien, hasta el punto de ponerla nerviosa.¿Que se lo va a regresar “completo”? ¿Qué clase de burla era esa?...Qué ironía. En ese instante, Petra entendió por qué la gente, cuando no sabe ni qué decir, a veces solo puede reír.Joaquín no volvió en toda la noche. Al amanecer, le hizo una llamada: sin dar ninguna explicación, solo le avisó que la vería en la tienda de vestidos de novia.Vestidos de novia.Petra llegó unos minutos antes que él.Su vestido estaba colgado en el salón VIP del tercer piso, impecable y majestuoso, como si nada pudiera mancharlo.—Señorita Petra, el señor Joaquín ya viene en camino. Si quiere, podemos ayudarle a ponerse el vestido, así cuando llegue él la ve perfecta —dijo una asistente, con una sonrisa amable, aunque en sus ojos se asomaba un dejo de compasión.Petra mantuvo el gesto neutral y rehusó.—No, gracias.La sola idea le revolvía el estómago.Apenas terminó de hablar, una mano grande la rodeó por la cintura y la atrajo hacia un pecho conocido, con ese aroma a jabón que siempre usaba Joaquín.—¿Por qué no? Petra, ¿sabes cuánto tiempo llevo esperando este día? ¿Te lo puedes poner para mí?Petra volteó a verlo de reojo. Se veía fresco, como si no acabara de pasarse la noche entera fuera de casa. Por dentro, ella se reía con amargura.No venía solo. Detrás de él, a unos pasos, había una joven.La chica llevaba un pantalón de mezclilla azul claro y una blusa blanca, simple pero impecable. Su sonrisa era tan dulce que parecía de película. Tenía un aire inocente, fresco.Petra dejó de mirar a Joaquín y posó sus ojos en la joven, con una mirada tan dura que casi cortaba.¿Otra de sus bromas enfermas? ¿Esto también era parte de su diversión?Joaquín notó la dirección de su mirada. La apretó más fuerte por la cintura, aunque en su expresión no se notaba la menor preocupación.—Es una colega del trabajo, tiene una personalidad parecida a la tuya cuando eras más joven. Pensé que te agradaría conocerla, por eso la traje.Le hizo una seña y la chica se acercó corriendo, emocionada, tendiéndole la mano a Petra.—Hola, Petra, soy Renata Araya. Me da mucho gusto conocerte.Petra no aceptó la mano, apartó la vista y contestó con voz apagada.—Tan guapa como eres, seguro hay pocos que no caen rendidos ante ti, ¿verdad?Renata sintió la indirecta y se le borró la sonrisa.—¿Eso quiere decir que crees que me la paso coqueteando con todos?La mano de Joaquín la apretó con fuerza, como si quisiera dejarle una marca. Petra lo miró de reojo y él, al notar su molestia, aflojó el agarre y se inclinó a murmurarle, casi suplicante.—Si estás molesta, cuando lleguemos a casa haz lo que quieras: grítame, pégame, lo que sea. Pero no la hagas pasar un mal rato aquí, la pobre no tiene la culpa.—Vamos a probarnos el vestido, ¿sí?La asistente, que seguía en shock por el ambiente tenso, se apresuró a sacar el vestido y a invitar a Petra a probárselo.Capítulo 3Joaquín Velasco le estaba siendo infiel.Petra Calvo estaba parada fuera del probador en la tienda de vestidos de novia, justo cuando vio a su futuro esposo enredado con otra mujer.—Joaquín... dime, ¿este vestido de novia me queda mejor a mí o a tu prometida? —la voz de la mujer sonaba juguetona desde adentro.—Por supuesto que a ti, ya no aguanto las ganas de tenerte, ¿eso no prueba tu encanto? —respondió él sin dudar, con una sonrisa descarada.La mujer soltó una risita coqueta, satisfecha con la respuesta.—Quiero que nunca me olvides. El día de tu boda, en cada aniversario, siempre vas a recordar este momento... y a mí.Petra escuchaba los susurros y risas desde el otro lado, sintiendo cómo el piso se le abría bajo los pies, como si le hubieran echado un balde de agua helada encima.A tan solo un día de la boda, ese Joaquín, tan “responsable” ante la familia Ponce, resultó que llevaba meses de viaje, pero no por trabajo, sino por andar de galán con otra.Tragándose las náuseas, Petra dio media vuelta y salió a toda prisa. Subió a su carro, sin mirar atrás.Siete años juntos. Siete años de emprender, de batallar, de levantar juntos la empresa “Nexus Dynamics” hasta convertirla en lo que era ahora.Su hermana siempre le había dicho que Joaquín no era de fiar. De hecho, tenía un mensaje suyo en el celular.[Para la boda tuya y de Joaquín, ninguno de la familia Calvo va a ir. Haz lo que quieras.]Petra, con los ojos rojos, contestó:[No te preocupes. Esa boda no se va a hacer.]Pasó un rato antes de que la otra respondiera.[En un mes, regresa a San Miguel Antiguo. Si es verdad lo que dices, ahí te veré. Si no, hasta aquí llegó lo nuestro de hermanas.]Petra contestó con un simple [De acuerdo] y guardó el celular.Encendió el carro y se fue. Justo en ese instante, Joaquín salía abrazando a la otra mujer por la puerta de la tienda. Al ver el carro de Petra, se detuvo.Pero la duda apenas le duró un segundo; para cuando reaccionó, el carro ya se había perdido en la distancia.Joaquín apartó la mano de la mujer de su brazo, se acomodó la ropa y volvió a esa postura arrogante y elegante que siempre fingía.—Le voy a pedir al asistente que te lleve a casa.La mujer frunció los labios, haciéndose la ofendida.—No quiero. Dijiste que ibas a acompañarme de compras.Joaquín le revolvió el cabello con indiferencia, sus ojos mostrando esa dureza que no admitía discusión.—Pórtate bien.La mujer no se atrevió a decir nada más, bajó la cabeza y se fue con el asistente de Joaquín....Después de quedarse solo, Joaquín caminó hacia su carro. Al ver su reflejo en la puerta, se aseguró de no parecer nervioso ni desarreglado, como si nada hubiera pasado.Cuando llegó a casa, vio el carro de Petra en el garage. Ella seguía sentada en el asiento del conductor, revisando el celular.—¿Saliste? —preguntó Joaquín abriendo la puerta, tirando su saco en el asiento del copiloto y acercándose a ella.Su camisa negra tenía dos botones desabrochados, dejando ver apenas sus músculos bien definidos. No había rastro alguno de la otra mujer.Sin que Petra dijera nada, él se inclinó para besarla.Petra apagó el celular y lo detuvo con la mano, en tono cortante.—¿Te da miedo que salga?Joaquín vaciló un segundo.—¿Por qué habría de temer? Si tú quieres salir, puedes hacerlo cuando quieras. Lo que me preocupa es que te aburras sin compañía.Sonriendo, intentó rodearla por la cintura, bajando la voz para endulzarla.—Anda, cuéntale a tu esposo, ¿quién fue el desgraciado que hizo enojar a mi niña consentida?Petra no respondió. Se quedó viéndolo con una expresión gélida, sus ojos clavados en esa cara perfecta que tanto había admirado, pero que ahora solo le traía rabia.Joaquín, como siempre, percibió al instante que algo andaba mal. Quiso encontrar la raíz del problema, como tenía costumbre, y resolverlo con tal de mantenerlo todo bajo control.Petra desvió la mirada, negó con la cabeza y su voz sonó apagada.—Joaquín, últimamente te he notado demasiado ocupado. Creo que no tiene sentido seguir con la boda. Me da miedo que no puedas ni con tus propios compromisos.Joaquín sintió que Petra estaba siendo caprichosa. Después de todo, él ya era una figura pública reconocida.—¡A ver, repítemelo si te atreves! —La voz de Joaquín sonó cargada de enojo, como si cada palabra pesara toneladas.Petra lo miró directo a los ojos, sin apartar la vista ni un segundo.—Nuestra boda ya no tiene sentido, Joaquín. Prefiero cancelarla; no quiero que te estés partiendo en mil solo por esto.Apenas terminó de decirlo, Petra se dio la vuelta para irse, pero Joaquín la sujetó del brazo con fuerza. Su mirada, antes familiar, ahora reflejaba un enojo innegable.—¿Y todo lo que hago? ¿Acaso no es por nuestra empresa, por nuestro futuro? ¿Quieres que nuestro hijo llegue al mundo en desventaja, sin nada? —Su voz temblaba de rabia contenida—. Vengo llegando de viaje, y ni siquiera te molestas en preguntarme cómo me fue. Al contrario, te pones en ese plan, haciendo berrinche, armando escenas. ¿En qué momento te volviste así?Petra lo miró sin parpadear, escuchando todas esas acusaciones vacías. Le daban ganas de reírse.El hombre frente a ella le resultaba un completo desconocido. Ya no quedaba nada de aquel con quien pensó compartir su vida. Mentía sin pestañear, como tantos otros que, tras ser infieles, terminan echando la culpa a la pareja. Era como si su traición hubiera sido inevitable, como si ella misma le hubiera puesto una pistola en la cabeza y lo obligara a irse con otra.Faltaban dos meses para la boda. Su hermana le había dado un mes para arreglar todos los asuntos pendientes. En ese mes, Petra pensaba borrar a Joaquín por completo de su vida.Subió las escaleras sin voltear atrás, directo a la habitación. Entró al baño y empezó a lavarse la cara y los dientes.Joaquín la siguió. Se acercó por detrás y la rodeó con los brazos, intentando mostrarse humilde, como si de verdad le importara.—Perdóname, Petra. Todo es culpa mía. He estado saturado de trabajo y te descuidé. Te lo prometo, estos días voy a cancelar todas las salidas, en cuanto salga del trabajo, me vengo directo a casa contigo. ¿Te parece bien?Petra levantó la vista y, a través del espejo, lo observó. Él intentaba conquistarla con palabras suaves, pero ella solo pudo responderle con una sonrisa cargada de sarcasmo.—¿Para qué te esfuerzas tanto? Yo...No terminó la frase. El celular de Joaquín empezó a sonar en ese momento. La melodía era una canción romántica, de esas que últimamente estaban de moda y que hablaban de felicidad y sueños compartidos.Petra recordó que antes, el tono de Joaquín siempre era el de fábrica, ese sonido mecánico y sin alma. Al principio de su relación, cuando ambos apenas levantaban la empresa, ella le sugirió que pusieran juntos un tema de amor, uno de esos duetos que hablan de promesas y futuro. Joaquín se negó, diciendo que tenía que ver clientes todo el tiempo y no daba buena imagen.Mentira. No era por la imagen, sino porque, para él, ella no valía ese esfuerzo.Joaquín sacó el celular, miró la pantalla y colgó de inmediato.—Era un número raro, seguro era un estafador.Petra apretó los labios, convirtiéndolos en una línea recta. Vio perfectamente el nombre del contacto: “3:05”. Solo dijo un “ah” y no preguntó más.El celular volvió a sonar. Joaquín colgó otra vez. Al tercer intento, se giró de espaldas y contestó en voz baja.—En la empresa estamos en una etapa clave, tengo varios proyectos grandes y no puedo descuidarlos. Necesito que entiendas lo que estoy viviendo. Esta noche me voy a quedar en la oficina a trabajar, pero mañana temprano regreso para acompañarte a probar el vestido. No te quedes esperando, duerme temprano.Petra ya ni lo miraba. Siguió cepillándose los dientes, viendo por el espejo cómo él salía del baño, cerrando la puerta tras de sí.Apenas escuchó el portazo, Petra tomó su celular y buscó en internet qué significaba “3:05”. Entre todos los resultados, uno resaltó en la pantalla:[La vida es como una canción de salsa de tres minutos y medio, y tú eres la persona con la que quiero bailar hasta el minuto 3:05.]Sintió cómo una punzada le atravesaba el pecho, aunque ya no iba a llorar. Sin pensarlo mucho, abrió la aplicación de bienes raíces y puso en venta la casa donde vivían.En un mes regresaría a San Miguel Antiguo. Las propiedades de Santa Lucía de los Altos ya no tenían ningún valor para ella.No le importaba dejarlo todo atrás, incluyendo a Joaquín.El precio de la casa que Petra publicó estaba muy por debajo del mercado, decenas de miles de pesos menos. Por eso, enseguida le llovieron mensajes privados de gente interesada en comprarla.Cuando terminó de contestar todos esos mensajes, ya era casi medianoche.Sin la menor pizca de sueño, Petra abrió una aplicación nueva que estaba de moda entre las mujeres.Apenas entró, una publicación le saltó a la vista.[Mi novio se casa en dos meses, ¡y hoy me puse el vestido de novia de su prometida y lo hicimos en la tienda! Esta sensación es increíble y demasiado emocionante.]Los comentarios eran una avalancha de insultos dirigidos a la autora. Algunos hasta decían que ojalá el algoritmo le mostrara la publicación a la prometida original.Petra, con la mano temblando, tocó el perfil de la autora.Navegó hasta su primer post. No había texto, solo una foto.En la imagen, dos manos entrelazadas. Petra reconoció al instante la pequeña mancha en el dedo índice del hombre, y el anillo en su anular.La fecha de la publicación coincidía casi exactamente con el día en que Joaquín le propuso matrimonio, apenas una semana de diferencia.Petra se quedó paralizada, mirando el anillo en su propio dedo anular, sintiendo una náusea que le revolvió el estómago.En un impulso, se quitó el anillo y lo arrojó al inodoro, viendo cómo se iba con el agua. Algo que ya estaba manchado, no tenía caso conservarlo.La autora de la publicación actualizó su perfil poco después.Esta vez, ya no presumía. Ahora parecía estar suplicando.[Ya no me insulten, por favor. Él y yo ya quedamos que en un mes se lo regreso completo a su prometida.]La imagen era la espalda de un hombre acostado en la cama.Petra sintió que ese cuerpo lo conocía demasiado bien, hasta el punto de ponerla nerviosa.¿Que se lo va a regresar “completo”? ¿Qué clase de burla era esa?...Qué ironía. En ese instante, Petra entendió por qué la gente, cuando no sabe ni qué decir, a veces solo puede reír.Joaquín no volvió en toda la noche. Al amanecer, le hizo una llamada: sin dar ninguna explicación, solo le avisó que la vería en la tienda de vestidos de novia.Vestidos de novia.Petra llegó unos minutos antes que él.Su vestido estaba colgado en el salón VIP del tercer piso, impecable y majestuoso, como si nada pudiera mancharlo.—Señorita Petra, el señor Joaquín ya viene en camino. Si quiere, podemos ayudarle a ponerse el vestido, así cuando llegue él la ve perfecta —dijo una asistente, con una sonrisa amable, aunque en sus ojos se asomaba un dejo de compasión.Petra mantuvo el gesto neutral y rehusó.—No, gracias.La sola idea le revolvía el estómago.Apenas terminó de hablar, una mano grande la rodeó por la cintura y la atrajo hacia un pecho conocido, con ese aroma a jabón que siempre usaba Joaquín.—¿Por qué no? Petra, ¿sabes cuánto tiempo llevo esperando este día? ¿Te lo puedes poner para mí?Petra volteó a verlo de reojo. Se veía fresco, como si no acabara de pasarse la noche entera fuera de casa. Por dentro, ella se reía con amargura.No venía solo. Detrás de él, a unos pasos, había una joven.La chica llevaba un pantalón de mezclilla azul claro y una blusa blanca, simple pero impecable. Su sonrisa era tan dulce que parecía de película. Tenía un aire inocente, fresco.Petra dejó de mirar a Joaquín y posó sus ojos en la joven, con una mirada tan dura que casi cortaba.¿Otra de sus bromas enfermas? ¿Esto también era parte de su diversión?Joaquín notó la dirección de su mirada. La apretó más fuerte por la cintura, aunque en su expresión no se notaba la menor preocupación.—Es una colega del trabajo, tiene una personalidad parecida a la tuya cuando eras más joven. Pensé que te agradaría conocerla, por eso la traje.Le hizo una seña y la chica se acercó corriendo, emocionada, tendiéndole la mano a Petra.—Hola, Petra, soy Renata Araya. Me da mucho gusto conocerte.Petra no aceptó la mano, apartó la vista y contestó con voz apagada.—Tan guapa como eres, seguro hay pocos que no caen rendidos ante ti, ¿verdad?Renata sintió la indirecta y se le borró la sonrisa.—¿Eso quiere decir que crees que me la paso coqueteando con todos?La mano de Joaquín la apretó con fuerza, como si quisiera dejarle una marca. Petra lo miró de reojo y él, al notar su molestia, aflojó el agarre y se inclinó a murmurarle, casi suplicante.—Si estás molesta, cuando lleguemos a casa haz lo que quieras: grítame, pégame, lo que sea. Pero no la hagas pasar un mal rato aquí, la pobre no tiene la culpa.—Vamos a probarnos el vestido, ¿sí?La asistente, que seguía en shock por el ambiente tenso, se apresuró a sacar el vestido y a invitar a Petra a probárselo.

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