Capítulo 1—¡Divorciémonos!—Me casé contigo para cumplir la última voluntad de mi abuelo. La única mujer a la que amo es a Camila.—Santi, te amo. Si me dejas, me voy a morir.—¡Pues muérete entonces!Úrsula Méndez se despertó de golpe, con la frente cubierta de un sudor fino, y empezó a jadear en busca de aire.La habitación era enorme.La lujosa decoración parecía la de un palacio.Al observar el entorno desconocido, Úrsula se quedó perpleja.«¿Qué está pasando?».«¿No… no estaba muerta?».En ese instante, una avalancha de recuerdos que no eran suyos inundó su mente. Ante sus ojos desfilaban sin cesar la mirada de profundo asco de un hombre y la imagen de una mujer de rodillas, rogándole que no la dejara.Pasaron unos diez minutos antes de que Úrsula pudiera procesar su nueva situación.Así es.Había reencarnado.La dueña original del cuerpo también se llamaba Úrsula… Era una chica de pueblo, sin familia ni influencias. Hija de padres desconocidos, la abandonaron en la calle al nacer y fue recogida por un abuelo sin lazos de sangre, quien la crio.Hacía medio año se había casado con un miembro de la opulenta familia Ríos de San Albero. De la noche a la mañana, pasó de ser una simple muchacha de pueblo a la envidiada esposa de un millonario.La historia de cómo una chica de origen humilde como ella terminó casándose con un heredero de los Ríos había comenzado un año atrás.Un año antes, la antigua Úrsula salvó al anciano Joaquín Ríos cuando este tuvo un ataque de epilepsia y cayó al agua.Desde que la vio, Joaquín quedó fascinado. Por un lado, por la belleza de Úrsula; por otro, porque tenía la intuición de que ella traía buena suerte a su esposo.En ese momento, el Grupo Ríos atravesaba una crisis financiera sin precedentes. Para agradecerle a Úrsula por salvarle la vida, y también para rescatar al grupo de la inminente bancarrota, Joaquín se opuso a todos y dispuso que su nieto, Santiago Ríos, se casara con ella.Justo después de la boda, el Grupo Ríos, que ya estaba al borde del colapso, de repente se recuperó y comenzó a prosperar día con día.Santiago pasó de ser el hazmerreír de la alta sociedad a convertirse en el nuevo magnate más poderoso del círculo, aclamado por los medios como el caballo negro del mundo financiero, ¡uno que solo aparece cada diez años!Santiago, que desde el principio había menospreciado a esa pueblerina, la despreció aún más a medida que su estatus crecía. Úrsula no tenía ni linaje ni estudios. ¿Qué la hacía digna de un hombre tan privilegiado como él?Por eso, durante los seis meses que llevaban casados, siempre durmieron en camas separadas. Hasta el día de hoy, nunca habían consumado el matrimonio.Hace un mes, Joaquín murió de un infarto fulminante. Camila Villar, el verdadero amor de Santiago, regresó del extranjero para el funeral. Para poder volver con ella, Santiago desechó a Úrsula y le pidió el divorcio.Él solo se había casado con la antigua Úrsula para utilizarla, pero ella se había enamorado de verdad. Lo amaba y estaba dispuesta a darlo todo por él. Para evitar el divorcio, llegó a arrodillarse y suplicarle a Camila que dejara en paz a Santiago.Pero Camila le respondió que, en el amor, la que sobra es la que no es amada.Y Úrsula era la que sobraba.Tras fracasar con Camila, Úrsula le dijo a Santiago que si insistía en divorciarse, ¡se mataría!Pero Santiago, con una indiferencia cruel, le respondió que se muriera.La antigua Úrsula, completamente desolada, se tomó un frasco entero de somníferos.Pero…Parecía que Santiago había olvidado algo.La antigua Úrsula no solo era un amuleto de la suerte, sino que también poseía un talento increíble para los negocios. Con solo dos meses de aprendizaje junto al difunto Joaquín, ya lo había dejado asombrado con su capacidad.El Grupo Ríos logró darle la vuelta a la situación gracias a que Úrsula trabajaba en la sombra, apoyando a Santiago. Sin embargo, para proteger el orgullo de él, ella nunca se llevaba el crédito en público.Hacía apenas una semana, Úrsula se había quedado despierta toda la noche modificando la propuesta de licitación que Santiago presentaría al Grupo Ayala.Sin Úrsula, el Grupo Ríos se habría convertido hace mucho en una víctima más de la guerra comercial, ¡y Santiago jamás habría sido aclamado como el prodigio financiero de la década!Para ser exactos, la verdadera prodigio era Úrsula.***—Toc, toc, toc.De repente, unos golpes apresurados resonaron en la puerta.—Úrsula, te lo advierto, morirte no va a solucionar nada. Mañana, cuando salga el sol, ¡este divorcio será un hecho!Era la voz de Santiago.Para él, el Grupo Ríos ya estaba encarrilado y los medios lo aclamaban como un talento único. Úrsula ya no le servía para nada.Y a alguien que ya no sirve, simplemente se le desecha.De ahora en adelante, el Grupo Ríos solo lo necesitaba a él.Úrsula frunció el ceño. Se disponía a abrir la puerta, pero al bajar la vista se dio cuenta de que solo llevaba un camisón de seda gris claro. La tela era tan fina que apenas cubría nada; su espléndida figura se insinuaba, una vista irresistible.«Vaya, increíble».«No está nada mal», pensó Úrsula con una leve sonrisa. Le gustaba.***Un cuerpo tan bueno como ese no podía desperdiciarse en el patán que estaba afuera. Úrsula dio media vuelta y se dirigió al vestidor para cambiarse.El vestidor estaba lleno de ropa.Pero casi toda era del mismo color.Un gris sin vida.Úrsula frunció sus delicadas cejas.¡Ni la vecina de al lado, que ya tenía noventa y ocho años, se vestía toda de gris!La dueña original del cuerpo solo tenía diecinueve años, estaba en la flor de la juventud. ¿Cómo era posible que no le gustara arreglarse? La razón por la que su armario estaba lleno de ropa gris era porque ese era el color favorito de Santiago.En ese matrimonio, ella había perdido su identidad como mujer libre. Era como una marioneta que imitaba desesperadamente los hábitos de Santiago.Después de buscar un buen rato, Úrsula finalmente encontró en el armario una solitaria camiseta blanca y unos vaqueros azul claro. Se los puso y luego se acercó al espejo para observar con detenimiento a la persona que le devolvía la mirada.La chica del espejo tenía una figura esbelta. La camiseta blanca de cuello redondo dejaba al descubierto un elegante cuello de cisne y una hermosa clavícula. Cuando sonreía, se le formaban dos tenues hoyuelos. Se parecía en un treinta o cuarenta por ciento a la Úrsula de su vida anterior.Sin embargo, debido a su origen humilde, la antigua dueña del cuerpo era extremadamente insegura. Al mismo tiempo, quería que Santiago la viera siempre en su mejor versión, por lo que a diario usaba un maquillaje recargado. Su rostro estaba oculto bajo una gruesa capa de base que tapaba sus facciones, y un delineador negro tan exagerado que las puntas casi llegaban al cielo. Se veía vulgar y mucho mayor de lo que era. ¡Era un espanto!Úrsula quiso buscar desmaquillante para quitarse esa plasta de la cara antes de bajar, pero después de buscar por todas partes no encontró nada. Así que desistió de la idea, tomó una chaqueta cualquiera del armario, se la echó por encima y, luciendo ese maquillaje exagerado, bajó las escaleras.***En el sofá del salón de la planta baja había cuatro personas sentadas.Eran Santiago, su madre Yolanda Duarte, su prima Cecilia y su tío Octavio Ríos.Al ver a Úrsula bajar, Yolanda le lanzó una mirada de desprecio.«Esta rancherita, aunque se vista de seda, rancherita se queda», pensó. «¿Quién se maquilla tanto por la noche? Con la cara pintada como un fantasma, ¿a quién intenta asustar?».Y es que Yolanda nunca, ni por un segundo, había aceptado a esa nuera vulgar e impresentable.Si no hubiera sido porque Joaquín insistió en que Santiago se casara con ella, jamás habría consentido esa unión.Su hijo era un hombre excepcional, ¡el prodigio financiero de la década!¿Y Úrsula qué era?¡Una rancherita que ni siquiera había terminado la preparatoria!Úrsula no le llegaba ni a los talones a su hijo.Yolanda no creía ni por un segundo que Úrsula tuviera algún talento para los negocios. La familia Ríos podía prescindir de cualquiera, menos de sí misma, pero definitivamente podía prescindir de Úrsula. Por eso apoyaba el divorcio de su hijo.En la mente de Yolanda, solo alguien como Camila, de familia distinguida y fama impecable, era digna de ser su nuera.¡Úrsula no se comparaba ni con el dedo meñique de Camila!—Firma —dijo Úrsula, ignorando la burla en los ojos de Yolanda. Caminó directamente hacia Santiago y arrojó el acuerdo de divorcio sobre la mesa.Santiago levantó la vista hacia el rostro excesivamente maquillado de Úrsula y sintió una profunda repulsión. Se puso de pie, le agarró la muñeca con fuerza y le espetó con rabia:—Úrsula, ¿qué demonios pretendes?Úrsula se soltó de su agarre con un movimiento brusco. Sus hermosos ojos reflejaban una pizca de impaciencia. Miró fijamente a Santiago y alzó la voz unos decibelios.—¿No querías el divorcio? ¡Pues ya lo firmé!«¿Divorcio?».«¿Ya lo firmó?».En ese momento, todos los presentes en el salón pensaron que habían escuchado mal.Esperaban que Úrsula, como de costumbre, se pusiera a llorar, a gritar y a amenazar con matarse, no que anunciara con tanta calma que quería el divorcio.¡Qué raro!Esto era demasiado raro.Además, Úrsula no era más que una rancherita del campo. ¡Una vez divorciada, volvería a ser la misma de antes!¿De verdad estaba dispuesta a divorciarse?¿De verdad estaba dispuesta a renunciar a su puesto como la señora Ríos para volver a ser esa rancherita sin nada?Incluso Santiago tardó en reaccionar.Úrsula lo amaba hasta los huesos, hasta el punto de perderse a sí misma. Para no divorciarse, ¡incluso había intentado suicidarse!¿Cómo era posible que una persona que lo amaba tanto aceptara el divorcio tan fácilmente?«Aquí hay gato encerrado».«¿Será que hay algo mal con el acuerdo de divorcio?».Santiago tomó el acuerdo de la mesa y lo leyó palabra por palabra.Pero después de revisarlo dos veces, no encontró ningún problema.Y en la página del demandado, Úrsula ya había firmado.«¿Qué?».«¿Cómo es posible?».Santiago giró la cabeza para mirar a Úrsula, frunciendo el ceño con impaciencia.—Úrsula, ¿qué nuevo truco te traes entre manos?Estaba harto de ella y no tenía tiempo para sus juegos de hacerse la difícil.***—¿Un nuevo truco? —Úrsula esbozó una sonrisa mientras su voz se volvía fría—. Señor Ríos, si no usas los oídos, ¡mejor dónalos! Antes estaba ciega y te confundí con oro, cuando no eres más que un pedazo de mierda. Pero ya se me curó la vista, ¡así que firma de una vez!Santiago entrecerró los ojos.«Está fingiendo».«Tiene que estar fingiendo».De lo contrario, no estaría tan tranquila. Sin duda, solo quería llamar su atención con esta nueva táctica.Al pensar en las artimañas vulgares de Úrsula, Santiago sintió una oleada de asco. Firmó el acuerdo de divorcio a toda velocidad y dijo con frialdad:—¡Nos vemos el lunes a las ocho de la mañana en el registro civil!Hoy era viernes; el registro civil no abría los fines de semana.El acuerdo de divorcio tenía dos copias. Úrsula tomó una, la guardó en su bolso y miró a Santiago con una frialdad que lo convertía en un completo desconocido.—Allí estaré, no llegues tarde.Casi todos en la casa se habían preparado para que Úrsula armara un escándalo.Pero nadie esperaba que se diera la vuelta y se marchara de una manera tan limpia y decidida.Yolanda entrecerró los ojos y miró a Santiago.—¡Esa rancherita seguro está jugando a hacerse la difícil! Ya verás, el lunes no se presentará en el registro civil para firmar el divorcio.Octavio, que no había dicho nada hasta entonces, intervino:—A mí no me lo parece.Más que un juego, la actitud de Úrsula parecía la de alguien que de repente había abierto los ojos.Yolanda resopló con desdén.—¡Octavio, está sobreestimando demasiado a esa rancherita! —Después de convivir con Úrsula durante más de medio año, nadie sabía mejor que Yolanda lo enamorada que estaba del tesoro de su hijo.Octavio se volvió hacia Santiago y continuó:—Santi, ¿estás seguro de que quieres divorciarte? Si el Grupo ya no la tiene a ella...Octavio había oído algunas cosas sobre Úrsula de boca de su difunto hermano.Sabía que la esposa de su sobrino nieto era bastante capaz.Cuando su hermano estaba en su lecho de muerte, incluso le había tomado la mano y le había pedido que, si Santiago cometía la estupidez de divorciarse de Úrsula, él debía impedirlo a toda costa.Ahora, la repentina decisión de Santiago de divorciarse lo llenaba de inquietud.Pensando en esto, Octavio eligió sus palabras con cuidado y añadió:—Santi, el Grupo Ríos ya ha sufrido un golpe muy duro, no puede permitirse más tormentas. Además, la empresa se encuentra en una fase crucial de crecimiento. Sin ella, ¿estás seguro de que podrás ganar el Premio Illumina?El Grupo Ríos se dedicaba principalmente al desarrollo de videojuegos.El Premio Illumina era el galardón más prestigioso de la industria, el máximo honor para un desarrollador.El futuro del Grupo Ríos, su capacidad para aplastar a la competencia y expandirse internacionalmente, dependía de si lograban o no ganar ese premio.¡Y justo en este momento crítico, Santiago quería divorciarse de Úrsula!Esto preocupaba enormemente a Octavio.Al oír esto, la ira se apoderó de Santiago, quien miró a Octavio.—Octavio, ¿acaso en su opinión valgo menos que una rancherita?Santiago nunca había creído que el éxito del Grupo Ríos se debiera a que Úrsula estaba detrás de él.Aparte de revisar sus propuestas y aprobar documentos de vez en cuando, ¿qué más hacía ella?Él, un genio del departamento de finanzas de la Universidad de San Albero, ¿iba a ser menos que una rancherita?¡Cuando Úrsula se fuera, él llevaría al Grupo Ríos a un nivel aún más alto!Octavio frunció el ceño, su voz cargada de preocupación.—Aunque Úrsula sea de origen humilde, su talento para los negocios no es algo que cualquiera pueda igualar.Al escuchar las palabras de Octavio, el rostro de la prima de Santiago, Cecilia Ríos, se llenó de sarcasmo.—¿Talento para los negocios? ¿Qué talento puede tener una rancherita? —resopló Cecilia—. Tío, usted ya está igual de senil que el abuelo Joaquín. ¡El verdadero talento lo tiene mi primo, él fue quien sacó al Grupo Ríos del abismo! ¿Qué tiene que ver esa rancherita? Ni siquiera terminó la preparatoria, ¿de verdad espera que ella sostenga al Grupo Ríos? Además, no olvide que la última propuesta de mi primo recibió los elogios del mismísimo Israel Ayala. ¡Olvide el Premio Illumina, mi primo podría ser la primera persona de San Albero en colaborar con el Grupo Ayala!Israel Ayala, el heredero de la familia Ayala.Apenas con treinta años, ya era un pez gordo en la cima del mundo financiero de Mareterra.Al mismo tiempo, era el príncipe azul en los sueños de todas las jóvenes solteras de Mareterra.Cecilia, por supuesto, no era la excepción.Y el hecho de que la propuesta de Santiago hubiera sido elogiada por Israel Ayala era prueba suficiente de lo deslumbrante que era su talento para los negocios.Las palabras de Cecilia llenaron a Santiago de un sentimiento de superioridad.«Sí», pensó. «Soy un prodigio elogiado por el propio Israel Ayala. Mi futuro será brillante».A su lado, Yolanda asintió. Su sobrina tenía razón, Úrsula ni siquiera había terminado la preparatoria, ¿de dónde iba a sacar talento para los negocios?Ahora que el Grupo Ríos estaba en el camino correcto, ¡mantener a Úrsula en la empresa solo sería un estorbo!Con esto en mente, Yolanda miró a Octavio.—Octavio, este es un asunto de familia. Si de verdad cree que Úrsula tiene tanto talento y es una pena que se divorcie de Santi, ¿por qué no se la lleva usted? Total, Nico sigue soltero.***Capítulo 2—¡Divorciémonos!—Me casé contigo para cumplir la última voluntad de mi abuelo. La única mujer a la que amo es a Camila.—Santi, te amo. Si me dejas, me voy a morir.—¡Pues muérete entonces!Úrsula Méndez se despertó de golpe, con la frente cubierta de un sudor fino, y empezó a jadear en busca de aire.La habitación era enorme.La lujosa decoración parecía la de un palacio.Al observar el entorno desconocido, Úrsula se quedó perpleja.«¿Qué está pasando?».«¿No… no estaba muerta?».En ese instante, una avalancha de recuerdos que no eran suyos inundó su mente. Ante sus ojos desfilaban sin cesar la mirada de profundo asco de un hombre y la imagen de una mujer de rodillas, rogándole que no la dejara.Pasaron unos diez minutos antes de que Úrsula pudiera procesar su nueva situación.Así es.Había reencarnado.La dueña original del cuerpo también se llamaba Úrsula… Era una chica de pueblo, sin familia ni influencias. Hija de padres desconocidos, la abandonaron en la calle al nacer y fue recogida por un abuelo sin lazos de sangre, quien la crio.Hacía medio año se había casado con un miembro de la opulenta familia Ríos de San Albero. De la noche a la mañana, pasó de ser una simple muchacha de pueblo a la envidiada esposa de un millonario.La historia de cómo una chica de origen humilde como ella terminó casándose con un heredero de los Ríos había comenzado un año atrás.Un año antes, la antigua Úrsula salvó al anciano Joaquín Ríos cuando este tuvo un ataque de epilepsia y cayó al agua.Desde que la vio, Joaquín quedó fascinado. Por un lado, por la belleza de Úrsula; por otro, porque tenía la intuición de que ella traía buena suerte a su esposo.En ese momento, el Grupo Ríos atravesaba una crisis financiera sin precedentes. Para agradecerle a Úrsula por salvarle la vida, y también para rescatar al grupo de la inminente bancarrota, Joaquín se opuso a todos y dispuso que su nieto, Santiago Ríos, se casara con ella.Justo después de la boda, el Grupo Ríos, que ya estaba al borde del colapso, de repente se recuperó y comenzó a prosperar día con día.Santiago pasó de ser el hazmerreír de la alta sociedad a convertirse en el nuevo magnate más poderoso del círculo, aclamado por los medios como el caballo negro del mundo financiero, ¡uno que solo aparece cada diez años!Santiago, que desde el principio había menospreciado a esa pueblerina, la despreció aún más a medida que su estatus crecía. Úrsula no tenía ni linaje ni estudios. ¿Qué la hacía digna de un hombre tan privilegiado como él?Por eso, durante los seis meses que llevaban casados, siempre durmieron en camas separadas. Hasta el día de hoy, nunca habían consumado el matrimonio.Hace un mes, Joaquín murió de un infarto fulminante. Camila Villar, el verdadero amor de Santiago, regresó del extranjero para el funeral. Para poder volver con ella, Santiago desechó a Úrsula y le pidió el divorcio.Él solo se había casado con la antigua Úrsula para utilizarla, pero ella se había enamorado de verdad. Lo amaba y estaba dispuesta a darlo todo por él. Para evitar el divorcio, llegó a arrodillarse y suplicarle a Camila que dejara en paz a Santiago.Pero Camila le respondió que, en el amor, la que sobra es la que no es amada.Y Úrsula era la que sobraba.Tras fracasar con Camila, Úrsula le dijo a Santiago que si insistía en divorciarse, ¡se mataría!Pero Santiago, con una indiferencia cruel, le respondió que se muriera.La antigua Úrsula, completamente desolada, se tomó un frasco entero de somníferos.Pero…Parecía que Santiago había olvidado algo.La antigua Úrsula no solo era un amuleto de la suerte, sino que también poseía un talento increíble para los negocios. Con solo dos meses de aprendizaje junto al difunto Joaquín, ya lo había dejado asombrado con su capacidad.El Grupo Ríos logró darle la vuelta a la situación gracias a que Úrsula trabajaba en la sombra, apoyando a Santiago. Sin embargo, para proteger el orgullo de él, ella nunca se llevaba el crédito en público.Hacía apenas una semana, Úrsula se había quedado despierta toda la noche modificando la propuesta de licitación que Santiago presentaría al Grupo Ayala.Sin Úrsula, el Grupo Ríos se habría convertido hace mucho en una víctima más de la guerra comercial, ¡y Santiago jamás habría sido aclamado como el prodigio financiero de la década!Para ser exactos, la verdadera prodigio era Úrsula.***—Toc, toc, toc.De repente, unos golpes apresurados resonaron en la puerta.—Úrsula, te lo advierto, morirte no va a solucionar nada. Mañana, cuando salga el sol, ¡este divorcio será un hecho!Era la voz de Santiago.Para él, el Grupo Ríos ya estaba encarrilado y los medios lo aclamaban como un talento único. Úrsula ya no le servía para nada.Y a alguien que ya no sirve, simplemente se le desecha.De ahora en adelante, el Grupo Ríos solo lo necesitaba a él.Úrsula frunció el ceño. Se disponía a abrir la puerta, pero al bajar la vista se dio cuenta de que solo llevaba un camisón de seda gris claro. La tela era tan fina que apenas cubría nada; su espléndida figura se insinuaba, una vista irresistible.«Vaya, increíble».«No está nada mal», pensó Úrsula con una leve sonrisa. Le gustaba.***Un cuerpo tan bueno como ese no podía desperdiciarse en el patán que estaba afuera. Úrsula dio media vuelta y se dirigió al vestidor para cambiarse.El vestidor estaba lleno de ropa.Pero casi toda era del mismo color.Un gris sin vida.Úrsula frunció sus delicadas cejas.¡Ni la vecina de al lado, que ya tenía noventa y ocho años, se vestía toda de gris!La dueña original del cuerpo solo tenía diecinueve años, estaba en la flor de la juventud. ¿Cómo era posible que no le gustara arreglarse? La razón por la que su armario estaba lleno de ropa gris era porque ese era el color favorito de Santiago.En ese matrimonio, ella había perdido su identidad como mujer libre. Era como una marioneta que imitaba desesperadamente los hábitos de Santiago.Después de buscar un buen rato, Úrsula finalmente encontró en el armario una solitaria camiseta blanca y unos vaqueros azul claro. Se los puso y luego se acercó al espejo para observar con detenimiento a la persona que le devolvía la mirada.La chica del espejo tenía una figura esbelta. La camiseta blanca de cuello redondo dejaba al descubierto un elegante cuello de cisne y una hermosa clavícula. Cuando sonreía, se le formaban dos tenues hoyuelos. Se parecía en un treinta o cuarenta por ciento a la Úrsula de su vida anterior.Sin embargo, debido a su origen humilde, la antigua dueña del cuerpo era extremadamente insegura. Al mismo tiempo, quería que Santiago la viera siempre en su mejor versión, por lo que a diario usaba un maquillaje recargado. Su rostro estaba oculto bajo una gruesa capa de base que tapaba sus facciones, y un delineador negro tan exagerado que las puntas casi llegaban al cielo. Se veía vulgar y mucho mayor de lo que era. ¡Era un espanto!Úrsula quiso buscar desmaquillante para quitarse esa plasta de la cara antes de bajar, pero después de buscar por todas partes no encontró nada. Así que desistió de la idea, tomó una chaqueta cualquiera del armario, se la echó por encima y, luciendo ese maquillaje exagerado, bajó las escaleras.***En el sofá del salón de la planta baja había cuatro personas sentadas.Eran Santiago, su madre Yolanda Duarte, su prima Cecilia y su tío Octavio Ríos.Al ver a Úrsula bajar, Yolanda le lanzó una mirada de desprecio.«Esta rancherita, aunque se vista de seda, rancherita se queda», pensó. «¿Quién se maquilla tanto por la noche? Con la cara pintada como un fantasma, ¿a quién intenta asustar?».Y es que Yolanda nunca, ni por un segundo, había aceptado a esa nuera vulgar e impresentable.Si no hubiera sido porque Joaquín insistió en que Santiago se casara con ella, jamás habría consentido esa unión.Su hijo era un hombre excepcional, ¡el prodigio financiero de la década!¿Y Úrsula qué era?¡Una rancherita que ni siquiera había terminado la preparatoria!Úrsula no le llegaba ni a los talones a su hijo.Yolanda no creía ni por un segundo que Úrsula tuviera algún talento para los negocios. La familia Ríos podía prescindir de cualquiera, menos de sí misma, pero definitivamente podía prescindir de Úrsula. Por eso apoyaba el divorcio de su hijo.En la mente de Yolanda, solo alguien como Camila, de familia distinguida y fama impecable, era digna de ser su nuera.¡Úrsula no se comparaba ni con el dedo meñique de Camila!—Firma —dijo Úrsula, ignorando la burla en los ojos de Yolanda. Caminó directamente hacia Santiago y arrojó el acuerdo de divorcio sobre la mesa.Santiago levantó la vista hacia el rostro excesivamente maquillado de Úrsula y sintió una profunda repulsión. Se puso de pie, le agarró la muñeca con fuerza y le espetó con rabia:—Úrsula, ¿qué demonios pretendes?Úrsula se soltó de su agarre con un movimiento brusco. Sus hermosos ojos reflejaban una pizca de impaciencia. Miró fijamente a Santiago y alzó la voz unos decibelios.—¿No querías el divorcio? ¡Pues ya lo firmé!«¿Divorcio?».«¿Ya lo firmó?».En ese momento, todos los presentes en el salón pensaron que habían escuchado mal.Esperaban que Úrsula, como de costumbre, se pusiera a llorar, a gritar y a amenazar con matarse, no que anunciara con tanta calma que quería el divorcio.¡Qué raro!Esto era demasiado raro.Además, Úrsula no era más que una rancherita del campo. ¡Una vez divorciada, volvería a ser la misma de antes!¿De verdad estaba dispuesta a divorciarse?¿De verdad estaba dispuesta a renunciar a su puesto como la señora Ríos para volver a ser esa rancherita sin nada?Incluso Santiago tardó en reaccionar.Úrsula lo amaba hasta los huesos, hasta el punto de perderse a sí misma. Para no divorciarse, ¡incluso había intentado suicidarse!¿Cómo era posible que una persona que lo amaba tanto aceptara el divorcio tan fácilmente?«Aquí hay gato encerrado».«¿Será que hay algo mal con el acuerdo de divorcio?».Santiago tomó el acuerdo de la mesa y lo leyó palabra por palabra.Pero después de revisarlo dos veces, no encontró ningún problema.Y en la página del demandado, Úrsula ya había firmado.«¿Qué?».«¿Cómo es posible?».Santiago giró la cabeza para mirar a Úrsula, frunciendo el ceño con impaciencia.—Úrsula, ¿qué nuevo truco te traes entre manos?Estaba harto de ella y no tenía tiempo para sus juegos de hacerse la difícil.***—¿Un nuevo truco? —Úrsula esbozó una sonrisa mientras su voz se volvía fría—. Señor Ríos, si no usas los oídos, ¡mejor dónalos! Antes estaba ciega y te confundí con oro, cuando no eres más que un pedazo de mierda. Pero ya se me curó la vista, ¡así que firma de una vez!Santiago entrecerró los ojos.«Está fingiendo».«Tiene que estar fingiendo».De lo contrario, no estaría tan tranquila. Sin duda, solo quería llamar su atención con esta nueva táctica.Al pensar en las artimañas vulgares de Úrsula, Santiago sintió una oleada de asco. Firmó el acuerdo de divorcio a toda velocidad y dijo con frialdad:—¡Nos vemos el lunes a las ocho de la mañana en el registro civil!Hoy era viernes; el registro civil no abría los fines de semana.El acuerdo de divorcio tenía dos copias. Úrsula tomó una, la guardó en su bolso y miró a Santiago con una frialdad que lo convertía en un completo desconocido.—Allí estaré, no llegues tarde.Casi todos en la casa se habían preparado para que Úrsula armara un escándalo.Pero nadie esperaba que se diera la vuelta y se marchara de una manera tan limpia y decidida.Yolanda entrecerró los ojos y miró a Santiago.—¡Esa rancherita seguro está jugando a hacerse la difícil! Ya verás, el lunes no se presentará en el registro civil para firmar el divorcio.Octavio, que no había dicho nada hasta entonces, intervino:—A mí no me lo parece.Más que un juego, la actitud de Úrsula parecía la de alguien que de repente había abierto los ojos.Yolanda resopló con desdén.—¡Octavio, está sobreestimando demasiado a esa rancherita! —Después de convivir con Úrsula durante más de medio año, nadie sabía mejor que Yolanda lo enamorada que estaba del tesoro de su hijo.Octavio se volvió hacia Santiago y continuó:—Santi, ¿estás seguro de que quieres divorciarte? Si el Grupo ya no la tiene a ella...Octavio había oído algunas cosas sobre Úrsula de boca de su difunto hermano.Sabía que la esposa de su sobrino nieto era bastante capaz.Cuando su hermano estaba en su lecho de muerte, incluso le había tomado la mano y le había pedido que, si Santiago cometía la estupidez de divorciarse de Úrsula, él debía impedirlo a toda costa.Ahora, la repentina decisión de Santiago de divorciarse lo llenaba de inquietud.Pensando en esto, Octavio eligió sus palabras con cuidado y añadió:—Santi, el Grupo Ríos ya ha sufrido un golpe muy duro, no puede permitirse más tormentas. Además, la empresa se encuentra en una fase crucial de crecimiento. Sin ella, ¿estás seguro de que podrás ganar el Premio Illumina?El Grupo Ríos se dedicaba principalmente al desarrollo de videojuegos.El Premio Illumina era el galardón más prestigioso de la industria, el máximo honor para un desarrollador.El futuro del Grupo Ríos, su capacidad para aplastar a la competencia y expandirse internacionalmente, dependía de si lograban o no ganar ese premio.¡Y justo en este momento crítico, Santiago quería divorciarse de Úrsula!Esto preocupaba enormemente a Octavio.Al oír esto, la ira se apoderó de Santiago, quien miró a Octavio.—Octavio, ¿acaso en su opinión valgo menos que una rancherita?Santiago nunca había creído que el éxito del Grupo Ríos se debiera a que Úrsula estaba detrás de él.Aparte de revisar sus propuestas y aprobar documentos de vez en cuando, ¿qué más hacía ella?Él, un genio del departamento de finanzas de la Universidad de San Albero, ¿iba a ser menos que una rancherita?¡Cuando Úrsula se fuera, él llevaría al Grupo Ríos a un nivel aún más alto!Octavio frunció el ceño, su voz cargada de preocupación.—Aunque Úrsula sea de origen humilde, su talento para los negocios no es algo que cualquiera pueda igualar.Al escuchar las palabras de Octavio, el rostro de la prima de Santiago, Cecilia Ríos, se llenó de sarcasmo.—¿Talento para los negocios? ¿Qué talento puede tener una rancherita? —resopló Cecilia—. Tío, usted ya está igual de senil que el abuelo Joaquín. ¡El verdadero talento lo tiene mi primo, él fue quien sacó al Grupo Ríos del abismo! ¿Qué tiene que ver esa rancherita? Ni siquiera terminó la preparatoria, ¿de verdad espera que ella sostenga al Grupo Ríos? Además, no olvide que la última propuesta de mi primo recibió los elogios del mismísimo Israel Ayala. ¡Olvide el Premio Illumina, mi primo podría ser la primera persona de San Albero en colaborar con el Grupo Ayala!Israel Ayala, el heredero de la familia Ayala.Apenas con treinta años, ya era un pez gordo en la cima del mundo financiero de Mareterra.Al mismo tiempo, era el príncipe azul en los sueños de todas las jóvenes solteras de Mareterra.Cecilia, por supuesto, no era la excepción.Y el hecho de que la propuesta de Santiago hubiera sido elogiada por Israel Ayala era prueba suficiente de lo deslumbrante que era su talento para los negocios.Las palabras de Cecilia llenaron a Santiago de un sentimiento de superioridad.«Sí», pensó. «Soy un prodigio elogiado por el propio Israel Ayala. Mi futuro será brillante».A su lado, Yolanda asintió. Su sobrina tenía razón, Úrsula ni siquiera había terminado la preparatoria, ¿de dónde iba a sacar talento para los negocios?Ahora que el Grupo Ríos estaba en el camino correcto, ¡mantener a Úrsula en la empresa solo sería un estorbo!Con esto en mente, Yolanda miró a Octavio.—Octavio, este es un asunto de familia. Si de verdad cree que Úrsula tiene tanto talento y es una pena que se divorcie de Santi, ¿por qué no se la lleva usted? Total, Nico sigue soltero.***Capítulo 3—¡Divorciémonos!—Me casé contigo para cumplir la última voluntad de mi abuelo. La única mujer a la que amo es a Camila.—Santi, te amo. Si me dejas, me voy a morir.—¡Pues muérete entonces!Úrsula Méndez se despertó de golpe, con la frente cubierta de un sudor fino, y empezó a jadear en busca de aire.La habitación era enorme.La lujosa decoración parecía la de un palacio.Al observar el entorno desconocido, Úrsula se quedó perpleja.«¿Qué está pasando?».«¿No… no estaba muerta?».En ese instante, una avalancha de recuerdos que no eran suyos inundó su mente. Ante sus ojos desfilaban sin cesar la mirada de profundo asco de un hombre y la imagen de una mujer de rodillas, rogándole que no la dejara.Pasaron unos diez minutos antes de que Úrsula pudiera procesar su nueva situación.Así es.Había reencarnado.La dueña original del cuerpo también se llamaba Úrsula… Era una chica de pueblo, sin familia ni influencias. Hija de padres desconocidos, la abandonaron en la calle al nacer y fue recogida por un abuelo sin lazos de sangre, quien la crio.Hacía medio año se había casado con un miembro de la opulenta familia Ríos de San Albero. De la noche a la mañana, pasó de ser una simple muchacha de pueblo a la envidiada esposa de un millonario.La historia de cómo una chica de origen humilde como ella terminó casándose con un heredero de los Ríos había comenzado un año atrás.Un año antes, la antigua Úrsula salvó al anciano Joaquín Ríos cuando este tuvo un ataque de epilepsia y cayó al agua.Desde que la vio, Joaquín quedó fascinado. Por un lado, por la belleza de Úrsula; por otro, porque tenía la intuición de que ella traía buena suerte a su esposo.En ese momento, el Grupo Ríos atravesaba una crisis financiera sin precedentes. Para agradecerle a Úrsula por salvarle la vida, y también para rescatar al grupo de la inminente bancarrota, Joaquín se opuso a todos y dispuso que su nieto, Santiago Ríos, se casara con ella.Justo después de la boda, el Grupo Ríos, que ya estaba al borde del colapso, de repente se recuperó y comenzó a prosperar día con día.Santiago pasó de ser el hazmerreír de la alta sociedad a convertirse en el nuevo magnate más poderoso del círculo, aclamado por los medios como el caballo negro del mundo financiero, ¡uno que solo aparece cada diez años!Santiago, que desde el principio había menospreciado a esa pueblerina, la despreció aún más a medida que su estatus crecía. Úrsula no tenía ni linaje ni estudios. ¿Qué la hacía digna de un hombre tan privilegiado como él?Por eso, durante los seis meses que llevaban casados, siempre durmieron en camas separadas. Hasta el día de hoy, nunca habían consumado el matrimonio.Hace un mes, Joaquín murió de un infarto fulminante. Camila Villar, el verdadero amor de Santiago, regresó del extranjero para el funeral. Para poder volver con ella, Santiago desechó a Úrsula y le pidió el divorcio.Él solo se había casado con la antigua Úrsula para utilizarla, pero ella se había enamorado de verdad. Lo amaba y estaba dispuesta a darlo todo por él. Para evitar el divorcio, llegó a arrodillarse y suplicarle a Camila que dejara en paz a Santiago.Pero Camila le respondió que, en el amor, la que sobra es la que no es amada.Y Úrsula era la que sobraba.Tras fracasar con Camila, Úrsula le dijo a Santiago que si insistía en divorciarse, ¡se mataría!Pero Santiago, con una indiferencia cruel, le respondió que se muriera.La antigua Úrsula, completamente desolada, se tomó un frasco entero de somníferos.Pero…Parecía que Santiago había olvidado algo.La antigua Úrsula no solo era un amuleto de la suerte, sino que también poseía un talento increíble para los negocios. Con solo dos meses de aprendizaje junto al difunto Joaquín, ya lo había dejado asombrado con su capacidad.El Grupo Ríos logró darle la vuelta a la situación gracias a que Úrsula trabajaba en la sombra, apoyando a Santiago. Sin embargo, para proteger el orgullo de él, ella nunca se llevaba el crédito en público.Hacía apenas una semana, Úrsula se había quedado despierta toda la noche modificando la propuesta de licitación que Santiago presentaría al Grupo Ayala.Sin Úrsula, el Grupo Ríos se habría convertido hace mucho en una víctima más de la guerra comercial, ¡y Santiago jamás habría sido aclamado como el prodigio financiero de la década!Para ser exactos, la verdadera prodigio era Úrsula.***—Toc, toc, toc.De repente, unos golpes apresurados resonaron en la puerta.—Úrsula, te lo advierto, morirte no va a solucionar nada. Mañana, cuando salga el sol, ¡este divorcio será un hecho!Era la voz de Santiago.Para él, el Grupo Ríos ya estaba encarrilado y los medios lo aclamaban como un talento único. Úrsula ya no le servía para nada.Y a alguien que ya no sirve, simplemente se le desecha.De ahora en adelante, el Grupo Ríos solo lo necesitaba a él.Úrsula frunció el ceño. Se disponía a abrir la puerta, pero al bajar la vista se dio cuenta de que solo llevaba un camisón de seda gris claro. La tela era tan fina que apenas cubría nada; su espléndida figura se insinuaba, una vista irresistible.«Vaya, increíble».«No está nada mal», pensó Úrsula con una leve sonrisa. Le gustaba.***Un cuerpo tan bueno como ese no podía desperdiciarse en el patán que estaba afuera. Úrsula dio media vuelta y se dirigió al vestidor para cambiarse.El vestidor estaba lleno de ropa.Pero casi toda era del mismo color.Un gris sin vida.Úrsula frunció sus delicadas cejas.¡Ni la vecina de al lado, que ya tenía noventa y ocho años, se vestía toda de gris!La dueña original del cuerpo solo tenía diecinueve años, estaba en la flor de la juventud. ¿Cómo era posible que no le gustara arreglarse? La razón por la que su armario estaba lleno de ropa gris era porque ese era el color favorito de Santiago.En ese matrimonio, ella había perdido su identidad como mujer libre. Era como una marioneta que imitaba desesperadamente los hábitos de Santiago.Después de buscar un buen rato, Úrsula finalmente encontró en el armario una solitaria camiseta blanca y unos vaqueros azul claro. Se los puso y luego se acercó al espejo para observar con detenimiento a la persona que le devolvía la mirada.La chica del espejo tenía una figura esbelta. La camiseta blanca de cuello redondo dejaba al descubierto un elegante cuello de cisne y una hermosa clavícula. Cuando sonreía, se le formaban dos tenues hoyuelos. Se parecía en un treinta o cuarenta por ciento a la Úrsula de su vida anterior.Sin embargo, debido a su origen humilde, la antigua dueña del cuerpo era extremadamente insegura. Al mismo tiempo, quería que Santiago la viera siempre en su mejor versión, por lo que a diario usaba un maquillaje recargado. Su rostro estaba oculto bajo una gruesa capa de base que tapaba sus facciones, y un delineador negro tan exagerado que las puntas casi llegaban al cielo. Se veía vulgar y mucho mayor de lo que era. ¡Era un espanto!Úrsula quiso buscar desmaquillante para quitarse esa plasta de la cara antes de bajar, pero después de buscar por todas partes no encontró nada. Así que desistió de la idea, tomó una chaqueta cualquiera del armario, se la echó por encima y, luciendo ese maquillaje exagerado, bajó las escaleras.***En el sofá del salón de la planta baja había cuatro personas sentadas.Eran Santiago, su madre Yolanda Duarte, su prima Cecilia y su tío Octavio Ríos.Al ver a Úrsula bajar, Yolanda le lanzó una mirada de desprecio.«Esta rancherita, aunque se vista de seda, rancherita se queda», pensó. «¿Quién se maquilla tanto por la noche? Con la cara pintada como un fantasma, ¿a quién intenta asustar?».Y es que Yolanda nunca, ni por un segundo, había aceptado a esa nuera vulgar e impresentable.Si no hubiera sido porque Joaquín insistió en que Santiago se casara con ella, jamás habría consentido esa unión.Su hijo era un hombre excepcional, ¡el prodigio financiero de la década!¿Y Úrsula qué era?¡Una rancherita que ni siquiera había terminado la preparatoria!Úrsula no le llegaba ni a los talones a su hijo.Yolanda no creía ni por un segundo que Úrsula tuviera algún talento para los negocios. La familia Ríos podía prescindir de cualquiera, menos de sí misma, pero definitivamente podía prescindir de Úrsula. Por eso apoyaba el divorcio de su hijo.En la mente de Yolanda, solo alguien como Camila, de familia distinguida y fama impecable, era digna de ser su nuera.¡Úrsula no se comparaba ni con el dedo meñique de Camila!—Firma —dijo Úrsula, ignorando la burla en los ojos de Yolanda. Caminó directamente hacia Santiago y arrojó el acuerdo de divorcio sobre la mesa.Santiago levantó la vista hacia el rostro excesivamente maquillado de Úrsula y sintió una profunda repulsión. Se puso de pie, le agarró la muñeca con fuerza y le espetó con rabia:—Úrsula, ¿qué demonios pretendes?Úrsula se soltó de su agarre con un movimiento brusco. Sus hermosos ojos reflejaban una pizca de impaciencia. Miró fijamente a Santiago y alzó la voz unos decibelios.—¿No querías el divorcio? ¡Pues ya lo firmé!«¿Divorcio?».«¿Ya lo firmó?».En ese momento, todos los presentes en el salón pensaron que habían escuchado mal.Esperaban que Úrsula, como de costumbre, se pusiera a llorar, a gritar y a amenazar con matarse, no que anunciara con tanta calma que quería el divorcio.¡Qué raro!Esto era demasiado raro.Además, Úrsula no era más que una rancherita del campo. ¡Una vez divorciada, volvería a ser la misma de antes!¿De verdad estaba dispuesta a divorciarse?¿De verdad estaba dispuesta a renunciar a su puesto como la señora Ríos para volver a ser esa rancherita sin nada?Incluso Santiago tardó en reaccionar.Úrsula lo amaba hasta los huesos, hasta el punto de perderse a sí misma. Para no divorciarse, ¡incluso había intentado suicidarse!¿Cómo era posible que una persona que lo amaba tanto aceptara el divorcio tan fácilmente?«Aquí hay gato encerrado».«¿Será que hay algo mal con el acuerdo de divorcio?».Santiago tomó el acuerdo de la mesa y lo leyó palabra por palabra.Pero después de revisarlo dos veces, no encontró ningún problema.Y en la página del demandado, Úrsula ya había firmado.«¿Qué?».«¿Cómo es posible?».Santiago giró la cabeza para mirar a Úrsula, frunciendo el ceño con impaciencia.—Úrsula, ¿qué nuevo truco te traes entre manos?Estaba harto de ella y no tenía tiempo para sus juegos de hacerse la difícil.***—¿Un nuevo truco? —Úrsula esbozó una sonrisa mientras su voz se volvía fría—. Señor Ríos, si no usas los oídos, ¡mejor dónalos! Antes estaba ciega y te confundí con oro, cuando no eres más que un pedazo de mierda. Pero ya se me curó la vista, ¡así que firma de una vez!Santiago entrecerró los ojos.«Está fingiendo».«Tiene que estar fingiendo».De lo contrario, no estaría tan tranquila. Sin duda, solo quería llamar su atención con esta nueva táctica.Al pensar en las artimañas vulgares de Úrsula, Santiago sintió una oleada de asco. Firmó el acuerdo de divorcio a toda velocidad y dijo con frialdad:—¡Nos vemos el lunes a las ocho de la mañana en el registro civil!Hoy era viernes; el registro civil no abría los fines de semana.El acuerdo de divorcio tenía dos copias. Úrsula tomó una, la guardó en su bolso y miró a Santiago con una frialdad que lo convertía en un completo desconocido.—Allí estaré, no llegues tarde.Casi todos en la casa se habían preparado para que Úrsula armara un escándalo.Pero nadie esperaba que se diera la vuelta y se marchara de una manera tan limpia y decidida.Yolanda entrecerró los ojos y miró a Santiago.—¡Esa rancherita seguro está jugando a hacerse la difícil! Ya verás, el lunes no se presentará en el registro civil para firmar el divorcio.Octavio, que no había dicho nada hasta entonces, intervino:—A mí no me lo parece.Más que un juego, la actitud de Úrsula parecía la de alguien que de repente había abierto los ojos.Yolanda resopló con desdén.—¡Octavio, está sobreestimando demasiado a esa rancherita! —Después de convivir con Úrsula durante más de medio año, nadie sabía mejor que Yolanda lo enamorada que estaba del tesoro de su hijo.Octavio se volvió hacia Santiago y continuó:—Santi, ¿estás seguro de que quieres divorciarte? Si el Grupo ya no la tiene a ella...Octavio había oído algunas cosas sobre Úrsula de boca de su difunto hermano.Sabía que la esposa de su sobrino nieto era bastante capaz.Cuando su hermano estaba en su lecho de muerte, incluso le había tomado la mano y le había pedido que, si Santiago cometía la estupidez de divorciarse de Úrsula, él debía impedirlo a toda costa.Ahora, la repentina decisión de Santiago de divorciarse lo llenaba de inquietud.Pensando en esto, Octavio eligió sus palabras con cuidado y añadió:—Santi, el Grupo Ríos ya ha sufrido un golpe muy duro, no puede permitirse más tormentas. Además, la empresa se encuentra en una fase crucial de crecimiento. Sin ella, ¿estás seguro de que podrás ganar el Premio Illumina?El Grupo Ríos se dedicaba principalmente al desarrollo de videojuegos.El Premio Illumina era el galardón más prestigioso de la industria, el máximo honor para un desarrollador.El futuro del Grupo Ríos, su capacidad para aplastar a la competencia y expandirse internacionalmente, dependía de si lograban o no ganar ese premio.¡Y justo en este momento crítico, Santiago quería divorciarse de Úrsula!Esto preocupaba enormemente a Octavio.Al oír esto, la ira se apoderó de Santiago, quien miró a Octavio.—Octavio, ¿acaso en su opinión valgo menos que una rancherita?Santiago nunca había creído que el éxito del Grupo Ríos se debiera a que Úrsula estaba detrás de él.Aparte de revisar sus propuestas y aprobar documentos de vez en cuando, ¿qué más hacía ella?Él, un genio del departamento de finanzas de la Universidad de San Albero, ¿iba a ser menos que una rancherita?¡Cuando Úrsula se fuera, él llevaría al Grupo Ríos a un nivel aún más alto!Octavio frunció el ceño, su voz cargada de preocupación.—Aunque Úrsula sea de origen humilde, su talento para los negocios no es algo que cualquiera pueda igualar.Al escuchar las palabras de Octavio, el rostro de la prima de Santiago, Cecilia Ríos, se llenó de sarcasmo.—¿Talento para los negocios? ¿Qué talento puede tener una rancherita? —resopló Cecilia—. Tío, usted ya está igual de senil que el abuelo Joaquín. ¡El verdadero talento lo tiene mi primo, él fue quien sacó al Grupo Ríos del abismo! ¿Qué tiene que ver esa rancherita? Ni siquiera terminó la preparatoria, ¿de verdad espera que ella sostenga al Grupo Ríos? Además, no olvide que la última propuesta de mi primo recibió los elogios del mismísimo Israel Ayala. ¡Olvide el Premio Illumina, mi primo podría ser la primera persona de San Albero en colaborar con el Grupo Ayala!Israel Ayala, el heredero de la familia Ayala.Apenas con treinta años, ya era un pez gordo en la cima del mundo financiero de Mareterra.Al mismo tiempo, era el príncipe azul en los sueños de todas las jóvenes solteras de Mareterra.Cecilia, por supuesto, no era la excepción.Y el hecho de que la propuesta de Santiago hubiera sido elogiada por Israel Ayala era prueba suficiente de lo deslumbrante que era su talento para los negocios.Las palabras de Cecilia llenaron a Santiago de un sentimiento de superioridad.«Sí», pensó. «Soy un prodigio elogiado por el propio Israel Ayala. Mi futuro será brillante».A su lado, Yolanda asintió. Su sobrina tenía razón, Úrsula ni siquiera había terminado la preparatoria, ¿de dónde iba a sacar talento para los negocios?Ahora que el Grupo Ríos estaba en el camino correcto, ¡mantener a Úrsula en la empresa solo sería un estorbo!Con esto en mente, Yolanda miró a Octavio.—Octavio, este es un asunto de familia. Si de verdad cree que Úrsula tiene tanto talento y es una pena que se divorcie de Santi, ¿por qué no se la lleva usted? Total, Nico sigue soltero.***