Capítulo 1—Vale, dijiste que solo te interesaba mi cuerpo, entonces si nos separamos, ¿no cuenta como si yo fuera la que te dejó a medias, verdad?El hombre se acomodó con elegancia en el respaldo del sofá.Esa sola frase hizo que el pecho de Valeria Alarcón se apretara, como si le hubieran dado un golpe seco.¿Así que esa era su explicación después de que lo vio paseando por la calle, abrazando a otra mujer?Pero parecía que a él ni siquiera le importaba su reacción; mientras hablaba, intentó rodearla por la cintura.—El Grupo Cadenas está atravesando problemas con su flujo de efectivo. Necesitan contactar al Consorcio Alarcón, ese que recién llegó a Aguamar. Ella es sobrina del jefe de la familia Alarcón.¿La familia Alarcón?Valeria, sin dejar que se notara, esquivó el brazo del hombre y guardó discretamente un documento que tenía en las manos.—¿Y yo qué? —preguntó, con voz baja.—¿Tú? —El hombre soltó una risa, le levantó el mentón con los dedos y le lanzó una mirada cargada de burla—. Solo era un juego, ¿te lo tomaste en serio?Valeria quiso decir algo, pero al final solo logró sacar una frase ahogada.—¿Por ella piensas dejarme? ¿De verdad crees que es más divertida que yo?Su reacción hizo que los ojos del hombre brillaran con satisfacción.—Ella no es como tú. Es una chica de familia, inocente, perfecta para ser esposa.Vaya.Sintió como si alguien le hubiera enterrado una espina en el corazón.“Ella no es como tú.”Bajó la mirada, sus largas pestañas temblando como alas de mariposa.Tenía una belleza imposible de ignorar.¿Acaso él había olvidado que, antes de estar con él, también era reservada y tímida?Fue él quien dijo que prefería a las chicas atrevidas, y poco a poco la fue moldeando hasta convertirla en lo que era ahora.Valeria siempre pensó que eso era lo que él buscaba, que lo suyo iba en serio y terminaría en boda.Pero ahora, él decía que prefería la inocencia de otra, que esa sí era digna de ser esposa.Se le escapó una sonrisa amarga, apenas perceptible.—Así que así son las cosas.Por fin el hombre pareció notar el cambio en su actitud. Sacó de su bolsillo una pulsera de diamantes y la metió sin miramientos por el escote en V de su blusa.—Por tu origen, mi mamá nunca te aceptaría en la familia. ¿No lo tienes claro? Mientras no le armes un escándalo, podemos seguir con esto.El frío de los diamantes se le clavó en la piel como si fueran agujas.Era la típica manera de manipularla que él siempre usaba.Valeria sacó la pulsera con dos dedos, balanceándola.Era de la línea Perla Eterna, la más nueva de esa marca de lujo.Salió a la venta el mes pasado, y ella había visto la factura en el saco del hombre.Él la había comprado desde entonces, pero hasta ese día se la entregaba.Seguro su prometida, la “inocente”, no la quiso y no pudo devolverla, así que se la regaló a Valeria como si le estuviera haciendo un favor.Como si fuera basura.Sintió que el corazón se le desgarraba de arriba abajo.Aun así, se la puso en la muñeca como si nada, fingiendo que le encantaba, y le regaló una sonrisa seductora y desafiante.—¿Y si esta noche probamos algo distinto? —dijo con voz juguetona, como una zorra astuta y encantadora.Eso lo volvió loco; él disfrutaba ese lado atrevido y complaciente de Valeria.Se carcajeó y abrió los brazos.—¡Claro que sí!Valeria, como una hechicera, tomó la venda que tenía cerca y se la puso en los ojos, luego usó el cinturón y la corbata para atar sus manos y pies a la silla.Fue entonces que empezó a desabotonar su camisa.Se acercó a su oreja y murmuró, entre risas bajas:—Nada de espiar, ¿eh?Él nunca había podido resistirse a ella. Su piel clara empezó a enrojecerse por la emoción.—Esta noche te vas a acordar de mí —le dijo él, jadeando.Valeria terminó de atarlo, y su sonrisa desapareció. Retrocedió un paso, su voz todavía dulce, pero ahora vacía.—Espérame aquí, voy a darme una ducha.Entró al baño, abrió la regadera, pero no se metió a bañar.En vez de eso, aprovechó el ruido del agua para sacar su maleta.Él la había moldeado a su antojo, pero se le olvidó que Valeria nunca había sido sumisa.Recogió todas sus cosas y arrasó con todas las joyas de valor que tenía.Sin mirar atrás, sin decir una palabra ni lanzarle una sola mirada al hombre atado y jadeando de expectativa, Valeria salió de la habitación con la cabeza en alto.Valeria salió del edificio de departamentos y, sin pensarlo mucho, buscó un lugar cualquiera.Bajo la mirada desconcertada del empleado, empeñó todas esas joyas y donó el dinero al instante.Luego, sacó su celular a tientas y marcó un número.—Hermano, ¿la casa que me diste sigue disponible?—Por supuesto, todo está en orden. Vale, ¿ya lo pensaste bien?Valeria apretó los labios, mirando el resultado de la prueba de paternidad que tenía en la mano.—Sí. Cuando termine todo aquí en Aguamar, regresaré con la familia Alarcón.—Perfecto. Si te pasa cualquier cosa, avísame. Mientras esté yo, nadie te va a hacer daño otra vez.Valeria no dijo nada más y colgó....Medio mes atrás, el mayor de los Alarcón, Rufino Alarcón, la había buscado. Llevaba en mano la prueba de paternidad y le confesó que en realidad era la hija del hombre más rico de Clarosol, la heredera de la familia Alarcón, y quería llevarla de vuelta para que recuperara su lugar.Aquella noticia la había dejado en shock. Rufino no la presionó; solo le dijo que la familia Alarcón estaba por expandirse a Aguamar y que se tomara su tiempo para decidir.Además, le regaló un departamento para que tuviera un lugar propio. Valeria no lo quería, pero Rufino ya había hecho todos los trámites y le entregó las llaves.Siguiendo la dirección, el taxi la condujo a la zona más exclusiva de Aguamar, hasta detenerse frente a una torre de departamentos de lujo.Cuando abrió la puerta en el octavo piso y entró, se dio cuenta de que aquello era un departamento enorme, de más de doscientos metros cuadrados.Alfombra de lana en el suelo, decoración que desbordaba lujo, y cada electrodoméstico era de lo más nuevo y costoso.Todavía estaba atónita cuando sonó el timbre.Era un repartidor, cargando cuatro bolsas llenas de artículos de uso diario.En ese momento, su celular vibró. Rufino le había mandado un mensaje.[Si te hace falta algo para comer o usar, solo dime.]Valeria sintió un calorcito en el pecho y respondió rápido.[Todo bien, gracias hermano.]Después de acomodar todo, Valeria se quedó un rato parada frente a la ventana enorme, viendo la ciudad. Todo le parecía una ironía.En quince días, el Consorcio Alarcón celebraría una fiesta para anunciar su llegada a Aguamar. Rufino planeaba anunciar públicamente que ella era la heredera de la familia Alarcón.Su plan original era contarle todo a Lucas Cadenas ese mismo día, y llevarlo con ella al evento.Con su presencia, la crisis del Grupo Cadenas se resolvería como si nada.Pero jamás imaginó que Lucas ya tenía otros planes. Nunca pensó en casarse con ella; solo la veía como un desahogo en la cama, un entretenimiento pasajero.Ahora no podía evitar preguntarse: cuando Lucas descubriera que esa familia Alarcón, la misma a la que tanto deseaba acercarse mediante un matrimonio arreglado, era en realidad su propia familia, ¿cómo se sentiría?¿Qué pensaría al ver cómo había desperdiciado una jugada ganadora?Valeria quiso reírse con sarcasmo, pero en cuanto se le curvaron los labios, la amargura le subió hasta los ojos y las lágrimas terminaron por salirle.El departamento, tan grande, parecía retumbar con el silencio.Cualquier dolor se multiplicaba ahí dentro. Sentía el pecho apretado, como si nada pudiera calmar esa punzada que la atravesaba.Tenía ingredientes nuevos en el refrigerador, cortesía de su hermano, pero no le daban ganas de cocinar.Así que pidió comida a domicilio, encargó también una botella de licor, y terminó emborrachándose sola.La noche ya había caído cuando, tambaleándose, salió a tirar la basura. Apenas dejó la bolsa en el contenedor y se giró, se topó de golpe con una pared humana.El aroma sofisticado del perfume masculino le despejó el olor a alcohol de la nariz.Una mano grande la sujetó de la cintura, y una voz grave, con un tono seductor, rompió el silencio del pasillo.Ella, entornando los ojos como una zorra astuta, levantó la mirada.Delante de ella apareció un rostro atractivo, con facciones marcadas y tan perfectas que incluso las pestañas parecían curvarse con elegancia.Retrocedió medio paso, levantó la cabeza para mirarlo bien y lo reconoció.—¡Santiago Gaitán! ¿Qué haces aquí?Durante los ocho años que estuvo al lado de Lucas, a veces lo acompañaba a reuniones y fiestas.Había visto a muchos de sus amigos y colegas, y entre ellos estaba Santiago.Era el más misterioso de todos, y también el que tenía la mejor pinta.Curiosamente, mientras los demás la trataban con cortesía fingida por respeto a Lucas, él era el único que siempre le decía las cosas tal cual, sin importar si le resultaban incómodas o no.Desde hacía tiempo le había dejado claro que Lucas no sentía nada verdadero por ella.El dolor que había estado reprimiendo en su interior por fin encontró una manera de salir.Extendió la mano y, con un movimiento decidido, agarró la corbata perfectamente arreglada del hombre, obligándolo a inclinarse hacia ella.—¿Me seguiste? ¿Qué, te saliste con la tuya y viniste a burlarte de mí? Ustedes, bola de hombres, ninguno vale la pena. Y no creas que porque tienes cara bonita te vas a salvar de que te dé una cachetada.El alcohol le había nublado la razón; ahora era como una gata borracha, lista para sacar las uñas y vengarse de todos.Pero la fuerza de su golpe se perdió, quedando apenas un toque sobre el pecho del hombre. A través de la camisa negra pudo sentir los músculos firmes bajo la tela.De pronto recordó que Lucas le había advertido con toda seriedad que nunca se metiera con Santiago, que ese tipo tenía un trasfondo demasiado complicado y que no podían darse el lujo de enemistarse con él.Pero la rebeldía y las ganas de desquitarse pesaron más, y Valeria deslizó la mano bajo la camisa del hombre, tocando sus abdominales. Tropezando un poco, lo empujó contra la pared y, poniéndose de puntitas, le plantó un beso en la mandíbula.—¿Te animas a jugar?El cuerpo del hombre se tensó, pero no la apartó.Sus manos grandes dudaron un instante, pero al final la sujetaron por la cintura, dejándose dominar por ella. Sus ojos oscuros, clavados en la pequeña cara de Valeria, terminaron posándose en sus labios suaves y tentadores.Su voz salió áspera, como si le costara trabajo.—¿A qué quieres jugar?Valeria soltó una risa traviesa.—A los juegos de adultos. Tú dime, ¿a qué quieres jugar?Su mano fue bajando desde los abdominales, atreviéndose a más.Se preguntó, con una mezcla de coraje y satisfacción, si terminar en la cama con el hermano de Lucas después de haber terminado con él sería suficiente venganza.Pero en ese momento, el hombre la tomó con fuerza, girándola y atrapándola entre sus brazos.Su voz, baja y grave, sonó como una advertencia peligrosa.—¿De verdad quieres hacerlo?Ambos cuerpos quedaron tan pegados que Valeria sintió, sin lugar a dudas, el cambio que se había producido en él.Ella, provocadora, movió la cintura y le susurró al oído, dejando escapar su aliento con un toque tentador.—¿Qué pasa, acaso te da miedo?El hombre empezó a respirar con dificultad, y en sus ojos oscuros la pasión era tan intensa como una tormenta.—¿Vamos a tu casa o a la mía?Mientras hablaba, la apretó aún más contra él, como si no pudiera evitarlo.Valeria sintió la intensidad de su deseo y, de repente, volvió en sí.¿Qué demonios estaba haciendo?Se soltó de sus brazos con torpeza, apartando un mechón de cabello de su cara.—Perdón, me pasé de copas. Solo bromeaba.El hombre jugó con sus dedos, mirándola desde arriba mientras ella bajaba la mirada.—¿Te asustaste?Valeria se quedó helada.Levantó la vista, indignada, y se topó de frente con ese rostro que parecía no entender nada.No sabía si la loca era ella o él, pero lo cierto era que él se estaba tomando todo en serio.El coraje le brotó de golpe.—Sabes perfectamente que fui la mujer de Lucas, ¿y aun así quieres meterte conmigo? Qué claro, todo se pega... tú y él son iguales, pura basura.Después de decirlo, se giró para irse, pero el hombre la sujetó de la muñeca y la acorraló contra la pared.Su aliento, cálido y cargado de deseo, rozó los labios de Valeria.En sus ojos oscuros había algo salvaje, como una tormenta a punto de desatarse.—¿No fuiste tú la que empezó esto? Si quieres saber si somos iguales, ¿por qué no pruebas y sales de dudas?Valeria se enfureció aún más. Forcejeó, pero no logró soltarse. De repente, le dedicó una sonrisa seductora, llena de picardía.Descalza, levantó el pie y acarició lentamente la pierna del hombre con sus dedos, subiendo poco a poco.—Pues a mí me gusta llevar el control.Capítulo 2—Vale, dijiste que solo te interesaba mi cuerpo, entonces si nos separamos, ¿no cuenta como si yo fuera la que te dejó a medias, verdad?El hombre se acomodó con elegancia en el respaldo del sofá.Esa sola frase hizo que el pecho de Valeria Alarcón se apretara, como si le hubieran dado un golpe seco.¿Así que esa era su explicación después de que lo vio paseando por la calle, abrazando a otra mujer?Pero parecía que a él ni siquiera le importaba su reacción; mientras hablaba, intentó rodearla por la cintura.—El Grupo Cadenas está atravesando problemas con su flujo de efectivo. Necesitan contactar al Consorcio Alarcón, ese que recién llegó a Aguamar. Ella es sobrina del jefe de la familia Alarcón.¿La familia Alarcón?Valeria, sin dejar que se notara, esquivó el brazo del hombre y guardó discretamente un documento que tenía en las manos.—¿Y yo qué? —preguntó, con voz baja.—¿Tú? —El hombre soltó una risa, le levantó el mentón con los dedos y le lanzó una mirada cargada de burla—. Solo era un juego, ¿te lo tomaste en serio?Valeria quiso decir algo, pero al final solo logró sacar una frase ahogada.—¿Por ella piensas dejarme? ¿De verdad crees que es más divertida que yo?Su reacción hizo que los ojos del hombre brillaran con satisfacción.—Ella no es como tú. Es una chica de familia, inocente, perfecta para ser esposa.Vaya.Sintió como si alguien le hubiera enterrado una espina en el corazón.“Ella no es como tú.”Bajó la mirada, sus largas pestañas temblando como alas de mariposa.Tenía una belleza imposible de ignorar.¿Acaso él había olvidado que, antes de estar con él, también era reservada y tímida?Fue él quien dijo que prefería a las chicas atrevidas, y poco a poco la fue moldeando hasta convertirla en lo que era ahora.Valeria siempre pensó que eso era lo que él buscaba, que lo suyo iba en serio y terminaría en boda.Pero ahora, él decía que prefería la inocencia de otra, que esa sí era digna de ser esposa.Se le escapó una sonrisa amarga, apenas perceptible.—Así que así son las cosas.Por fin el hombre pareció notar el cambio en su actitud. Sacó de su bolsillo una pulsera de diamantes y la metió sin miramientos por el escote en V de su blusa.—Por tu origen, mi mamá nunca te aceptaría en la familia. ¿No lo tienes claro? Mientras no le armes un escándalo, podemos seguir con esto.El frío de los diamantes se le clavó en la piel como si fueran agujas.Era la típica manera de manipularla que él siempre usaba.Valeria sacó la pulsera con dos dedos, balanceándola.Era de la línea Perla Eterna, la más nueva de esa marca de lujo.Salió a la venta el mes pasado, y ella había visto la factura en el saco del hombre.Él la había comprado desde entonces, pero hasta ese día se la entregaba.Seguro su prometida, la “inocente”, no la quiso y no pudo devolverla, así que se la regaló a Valeria como si le estuviera haciendo un favor.Como si fuera basura.Sintió que el corazón se le desgarraba de arriba abajo.Aun así, se la puso en la muñeca como si nada, fingiendo que le encantaba, y le regaló una sonrisa seductora y desafiante.—¿Y si esta noche probamos algo distinto? —dijo con voz juguetona, como una zorra astuta y encantadora.Eso lo volvió loco; él disfrutaba ese lado atrevido y complaciente de Valeria.Se carcajeó y abrió los brazos.—¡Claro que sí!Valeria, como una hechicera, tomó la venda que tenía cerca y se la puso en los ojos, luego usó el cinturón y la corbata para atar sus manos y pies a la silla.Fue entonces que empezó a desabotonar su camisa.Se acercó a su oreja y murmuró, entre risas bajas:—Nada de espiar, ¿eh?Él nunca había podido resistirse a ella. Su piel clara empezó a enrojecerse por la emoción.—Esta noche te vas a acordar de mí —le dijo él, jadeando.Valeria terminó de atarlo, y su sonrisa desapareció. Retrocedió un paso, su voz todavía dulce, pero ahora vacía.—Espérame aquí, voy a darme una ducha.Entró al baño, abrió la regadera, pero no se metió a bañar.En vez de eso, aprovechó el ruido del agua para sacar su maleta.Él la había moldeado a su antojo, pero se le olvidó que Valeria nunca había sido sumisa.Recogió todas sus cosas y arrasó con todas las joyas de valor que tenía.Sin mirar atrás, sin decir una palabra ni lanzarle una sola mirada al hombre atado y jadeando de expectativa, Valeria salió de la habitación con la cabeza en alto.Valeria salió del edificio de departamentos y, sin pensarlo mucho, buscó un lugar cualquiera.Bajo la mirada desconcertada del empleado, empeñó todas esas joyas y donó el dinero al instante.Luego, sacó su celular a tientas y marcó un número.—Hermano, ¿la casa que me diste sigue disponible?—Por supuesto, todo está en orden. Vale, ¿ya lo pensaste bien?Valeria apretó los labios, mirando el resultado de la prueba de paternidad que tenía en la mano.—Sí. Cuando termine todo aquí en Aguamar, regresaré con la familia Alarcón.—Perfecto. Si te pasa cualquier cosa, avísame. Mientras esté yo, nadie te va a hacer daño otra vez.Valeria no dijo nada más y colgó....Medio mes atrás, el mayor de los Alarcón, Rufino Alarcón, la había buscado. Llevaba en mano la prueba de paternidad y le confesó que en realidad era la hija del hombre más rico de Clarosol, la heredera de la familia Alarcón, y quería llevarla de vuelta para que recuperara su lugar.Aquella noticia la había dejado en shock. Rufino no la presionó; solo le dijo que la familia Alarcón estaba por expandirse a Aguamar y que se tomara su tiempo para decidir.Además, le regaló un departamento para que tuviera un lugar propio. Valeria no lo quería, pero Rufino ya había hecho todos los trámites y le entregó las llaves.Siguiendo la dirección, el taxi la condujo a la zona más exclusiva de Aguamar, hasta detenerse frente a una torre de departamentos de lujo.Cuando abrió la puerta en el octavo piso y entró, se dio cuenta de que aquello era un departamento enorme, de más de doscientos metros cuadrados.Alfombra de lana en el suelo, decoración que desbordaba lujo, y cada electrodoméstico era de lo más nuevo y costoso.Todavía estaba atónita cuando sonó el timbre.Era un repartidor, cargando cuatro bolsas llenas de artículos de uso diario.En ese momento, su celular vibró. Rufino le había mandado un mensaje.[Si te hace falta algo para comer o usar, solo dime.]Valeria sintió un calorcito en el pecho y respondió rápido.[Todo bien, gracias hermano.]Después de acomodar todo, Valeria se quedó un rato parada frente a la ventana enorme, viendo la ciudad. Todo le parecía una ironía.En quince días, el Consorcio Alarcón celebraría una fiesta para anunciar su llegada a Aguamar. Rufino planeaba anunciar públicamente que ella era la heredera de la familia Alarcón.Su plan original era contarle todo a Lucas Cadenas ese mismo día, y llevarlo con ella al evento.Con su presencia, la crisis del Grupo Cadenas se resolvería como si nada.Pero jamás imaginó que Lucas ya tenía otros planes. Nunca pensó en casarse con ella; solo la veía como un desahogo en la cama, un entretenimiento pasajero.Ahora no podía evitar preguntarse: cuando Lucas descubriera que esa familia Alarcón, la misma a la que tanto deseaba acercarse mediante un matrimonio arreglado, era en realidad su propia familia, ¿cómo se sentiría?¿Qué pensaría al ver cómo había desperdiciado una jugada ganadora?Valeria quiso reírse con sarcasmo, pero en cuanto se le curvaron los labios, la amargura le subió hasta los ojos y las lágrimas terminaron por salirle.El departamento, tan grande, parecía retumbar con el silencio.Cualquier dolor se multiplicaba ahí dentro. Sentía el pecho apretado, como si nada pudiera calmar esa punzada que la atravesaba.Tenía ingredientes nuevos en el refrigerador, cortesía de su hermano, pero no le daban ganas de cocinar.Así que pidió comida a domicilio, encargó también una botella de licor, y terminó emborrachándose sola.La noche ya había caído cuando, tambaleándose, salió a tirar la basura. Apenas dejó la bolsa en el contenedor y se giró, se topó de golpe con una pared humana.El aroma sofisticado del perfume masculino le despejó el olor a alcohol de la nariz.Una mano grande la sujetó de la cintura, y una voz grave, con un tono seductor, rompió el silencio del pasillo.Ella, entornando los ojos como una zorra astuta, levantó la mirada.Delante de ella apareció un rostro atractivo, con facciones marcadas y tan perfectas que incluso las pestañas parecían curvarse con elegancia.Retrocedió medio paso, levantó la cabeza para mirarlo bien y lo reconoció.—¡Santiago Gaitán! ¿Qué haces aquí?Durante los ocho años que estuvo al lado de Lucas, a veces lo acompañaba a reuniones y fiestas.Había visto a muchos de sus amigos y colegas, y entre ellos estaba Santiago.Era el más misterioso de todos, y también el que tenía la mejor pinta.Curiosamente, mientras los demás la trataban con cortesía fingida por respeto a Lucas, él era el único que siempre le decía las cosas tal cual, sin importar si le resultaban incómodas o no.Desde hacía tiempo le había dejado claro que Lucas no sentía nada verdadero por ella.El dolor que había estado reprimiendo en su interior por fin encontró una manera de salir.Extendió la mano y, con un movimiento decidido, agarró la corbata perfectamente arreglada del hombre, obligándolo a inclinarse hacia ella.—¿Me seguiste? ¿Qué, te saliste con la tuya y viniste a burlarte de mí? Ustedes, bola de hombres, ninguno vale la pena. Y no creas que porque tienes cara bonita te vas a salvar de que te dé una cachetada.El alcohol le había nublado la razón; ahora era como una gata borracha, lista para sacar las uñas y vengarse de todos.Pero la fuerza de su golpe se perdió, quedando apenas un toque sobre el pecho del hombre. A través de la camisa negra pudo sentir los músculos firmes bajo la tela.De pronto recordó que Lucas le había advertido con toda seriedad que nunca se metiera con Santiago, que ese tipo tenía un trasfondo demasiado complicado y que no podían darse el lujo de enemistarse con él.Pero la rebeldía y las ganas de desquitarse pesaron más, y Valeria deslizó la mano bajo la camisa del hombre, tocando sus abdominales. Tropezando un poco, lo empujó contra la pared y, poniéndose de puntitas, le plantó un beso en la mandíbula.—¿Te animas a jugar?El cuerpo del hombre se tensó, pero no la apartó.Sus manos grandes dudaron un instante, pero al final la sujetaron por la cintura, dejándose dominar por ella. Sus ojos oscuros, clavados en la pequeña cara de Valeria, terminaron posándose en sus labios suaves y tentadores.Su voz salió áspera, como si le costara trabajo.—¿A qué quieres jugar?Valeria soltó una risa traviesa.—A los juegos de adultos. Tú dime, ¿a qué quieres jugar?Su mano fue bajando desde los abdominales, atreviéndose a más.Se preguntó, con una mezcla de coraje y satisfacción, si terminar en la cama con el hermano de Lucas después de haber terminado con él sería suficiente venganza.Pero en ese momento, el hombre la tomó con fuerza, girándola y atrapándola entre sus brazos.Su voz, baja y grave, sonó como una advertencia peligrosa.—¿De verdad quieres hacerlo?Ambos cuerpos quedaron tan pegados que Valeria sintió, sin lugar a dudas, el cambio que se había producido en él.Ella, provocadora, movió la cintura y le susurró al oído, dejando escapar su aliento con un toque tentador.—¿Qué pasa, acaso te da miedo?El hombre empezó a respirar con dificultad, y en sus ojos oscuros la pasión era tan intensa como una tormenta.—¿Vamos a tu casa o a la mía?Mientras hablaba, la apretó aún más contra él, como si no pudiera evitarlo.Valeria sintió la intensidad de su deseo y, de repente, volvió en sí.¿Qué demonios estaba haciendo?Se soltó de sus brazos con torpeza, apartando un mechón de cabello de su cara.—Perdón, me pasé de copas. Solo bromeaba.El hombre jugó con sus dedos, mirándola desde arriba mientras ella bajaba la mirada.—¿Te asustaste?Valeria se quedó helada.Levantó la vista, indignada, y se topó de frente con ese rostro que parecía no entender nada.No sabía si la loca era ella o él, pero lo cierto era que él se estaba tomando todo en serio.El coraje le brotó de golpe.—Sabes perfectamente que fui la mujer de Lucas, ¿y aun así quieres meterte conmigo? Qué claro, todo se pega... tú y él son iguales, pura basura.Después de decirlo, se giró para irse, pero el hombre la sujetó de la muñeca y la acorraló contra la pared.Su aliento, cálido y cargado de deseo, rozó los labios de Valeria.En sus ojos oscuros había algo salvaje, como una tormenta a punto de desatarse.—¿No fuiste tú la que empezó esto? Si quieres saber si somos iguales, ¿por qué no pruebas y sales de dudas?Valeria se enfureció aún más. Forcejeó, pero no logró soltarse. De repente, le dedicó una sonrisa seductora, llena de picardía.Descalza, levantó el pie y acarició lentamente la pierna del hombre con sus dedos, subiendo poco a poco.—Pues a mí me gusta llevar el control.Capítulo 3—Vale, dijiste que solo te interesaba mi cuerpo, entonces si nos separamos, ¿no cuenta como si yo fuera la que te dejó a medias, verdad?El hombre se acomodó con elegancia en el respaldo del sofá.Esa sola frase hizo que el pecho de Valeria Alarcón se apretara, como si le hubieran dado un golpe seco.¿Así que esa era su explicación después de que lo vio paseando por la calle, abrazando a otra mujer?Pero parecía que a él ni siquiera le importaba su reacción; mientras hablaba, intentó rodearla por la cintura.—El Grupo Cadenas está atravesando problemas con su flujo de efectivo. Necesitan contactar al Consorcio Alarcón, ese que recién llegó a Aguamar. Ella es sobrina del jefe de la familia Alarcón.¿La familia Alarcón?Valeria, sin dejar que se notara, esquivó el brazo del hombre y guardó discretamente un documento que tenía en las manos.—¿Y yo qué? —preguntó, con voz baja.—¿Tú? —El hombre soltó una risa, le levantó el mentón con los dedos y le lanzó una mirada cargada de burla—. Solo era un juego, ¿te lo tomaste en serio?Valeria quiso decir algo, pero al final solo logró sacar una frase ahogada.—¿Por ella piensas dejarme? ¿De verdad crees que es más divertida que yo?Su reacción hizo que los ojos del hombre brillaran con satisfacción.—Ella no es como tú. Es una chica de familia, inocente, perfecta para ser esposa.Vaya.Sintió como si alguien le hubiera enterrado una espina en el corazón.“Ella no es como tú.”Bajó la mirada, sus largas pestañas temblando como alas de mariposa.Tenía una belleza imposible de ignorar.¿Acaso él había olvidado que, antes de estar con él, también era reservada y tímida?Fue él quien dijo que prefería a las chicas atrevidas, y poco a poco la fue moldeando hasta convertirla en lo que era ahora.Valeria siempre pensó que eso era lo que él buscaba, que lo suyo iba en serio y terminaría en boda.Pero ahora, él decía que prefería la inocencia de otra, que esa sí era digna de ser esposa.Se le escapó una sonrisa amarga, apenas perceptible.—Así que así son las cosas.Por fin el hombre pareció notar el cambio en su actitud. Sacó de su bolsillo una pulsera de diamantes y la metió sin miramientos por el escote en V de su blusa.—Por tu origen, mi mamá nunca te aceptaría en la familia. ¿No lo tienes claro? Mientras no le armes un escándalo, podemos seguir con esto.El frío de los diamantes se le clavó en la piel como si fueran agujas.Era la típica manera de manipularla que él siempre usaba.Valeria sacó la pulsera con dos dedos, balanceándola.Era de la línea Perla Eterna, la más nueva de esa marca de lujo.Salió a la venta el mes pasado, y ella había visto la factura en el saco del hombre.Él la había comprado desde entonces, pero hasta ese día se la entregaba.Seguro su prometida, la “inocente”, no la quiso y no pudo devolverla, así que se la regaló a Valeria como si le estuviera haciendo un favor.Como si fuera basura.Sintió que el corazón se le desgarraba de arriba abajo.Aun así, se la puso en la muñeca como si nada, fingiendo que le encantaba, y le regaló una sonrisa seductora y desafiante.—¿Y si esta noche probamos algo distinto? —dijo con voz juguetona, como una zorra astuta y encantadora.Eso lo volvió loco; él disfrutaba ese lado atrevido y complaciente de Valeria.Se carcajeó y abrió los brazos.—¡Claro que sí!Valeria, como una hechicera, tomó la venda que tenía cerca y se la puso en los ojos, luego usó el cinturón y la corbata para atar sus manos y pies a la silla.Fue entonces que empezó a desabotonar su camisa.Se acercó a su oreja y murmuró, entre risas bajas:—Nada de espiar, ¿eh?Él nunca había podido resistirse a ella. Su piel clara empezó a enrojecerse por la emoción.—Esta noche te vas a acordar de mí —le dijo él, jadeando.Valeria terminó de atarlo, y su sonrisa desapareció. Retrocedió un paso, su voz todavía dulce, pero ahora vacía.—Espérame aquí, voy a darme una ducha.Entró al baño, abrió la regadera, pero no se metió a bañar.En vez de eso, aprovechó el ruido del agua para sacar su maleta.Él la había moldeado a su antojo, pero se le olvidó que Valeria nunca había sido sumisa.Recogió todas sus cosas y arrasó con todas las joyas de valor que tenía.Sin mirar atrás, sin decir una palabra ni lanzarle una sola mirada al hombre atado y jadeando de expectativa, Valeria salió de la habitación con la cabeza en alto.Valeria salió del edificio de departamentos y, sin pensarlo mucho, buscó un lugar cualquiera.Bajo la mirada desconcertada del empleado, empeñó todas esas joyas y donó el dinero al instante.Luego, sacó su celular a tientas y marcó un número.—Hermano, ¿la casa que me diste sigue disponible?—Por supuesto, todo está en orden. Vale, ¿ya lo pensaste bien?Valeria apretó los labios, mirando el resultado de la prueba de paternidad que tenía en la mano.—Sí. Cuando termine todo aquí en Aguamar, regresaré con la familia Alarcón.—Perfecto. Si te pasa cualquier cosa, avísame. Mientras esté yo, nadie te va a hacer daño otra vez.Valeria no dijo nada más y colgó....Medio mes atrás, el mayor de los Alarcón, Rufino Alarcón, la había buscado. Llevaba en mano la prueba de paternidad y le confesó que en realidad era la hija del hombre más rico de Clarosol, la heredera de la familia Alarcón, y quería llevarla de vuelta para que recuperara su lugar.Aquella noticia la había dejado en shock. Rufino no la presionó; solo le dijo que la familia Alarcón estaba por expandirse a Aguamar y que se tomara su tiempo para decidir.Además, le regaló un departamento para que tuviera un lugar propio. Valeria no lo quería, pero Rufino ya había hecho todos los trámites y le entregó las llaves.Siguiendo la dirección, el taxi la condujo a la zona más exclusiva de Aguamar, hasta detenerse frente a una torre de departamentos de lujo.Cuando abrió la puerta en el octavo piso y entró, se dio cuenta de que aquello era un departamento enorme, de más de doscientos metros cuadrados.Alfombra de lana en el suelo, decoración que desbordaba lujo, y cada electrodoméstico era de lo más nuevo y costoso.Todavía estaba atónita cuando sonó el timbre.Era un repartidor, cargando cuatro bolsas llenas de artículos de uso diario.En ese momento, su celular vibró. Rufino le había mandado un mensaje.[Si te hace falta algo para comer o usar, solo dime.]Valeria sintió un calorcito en el pecho y respondió rápido.[Todo bien, gracias hermano.]Después de acomodar todo, Valeria se quedó un rato parada frente a la ventana enorme, viendo la ciudad. Todo le parecía una ironía.En quince días, el Consorcio Alarcón celebraría una fiesta para anunciar su llegada a Aguamar. Rufino planeaba anunciar públicamente que ella era la heredera de la familia Alarcón.Su plan original era contarle todo a Lucas Cadenas ese mismo día, y llevarlo con ella al evento.Con su presencia, la crisis del Grupo Cadenas se resolvería como si nada.Pero jamás imaginó que Lucas ya tenía otros planes. Nunca pensó en casarse con ella; solo la veía como un desahogo en la cama, un entretenimiento pasajero.Ahora no podía evitar preguntarse: cuando Lucas descubriera que esa familia Alarcón, la misma a la que tanto deseaba acercarse mediante un matrimonio arreglado, era en realidad su propia familia, ¿cómo se sentiría?¿Qué pensaría al ver cómo había desperdiciado una jugada ganadora?Valeria quiso reírse con sarcasmo, pero en cuanto se le curvaron los labios, la amargura le subió hasta los ojos y las lágrimas terminaron por salirle.El departamento, tan grande, parecía retumbar con el silencio.Cualquier dolor se multiplicaba ahí dentro. Sentía el pecho apretado, como si nada pudiera calmar esa punzada que la atravesaba.Tenía ingredientes nuevos en el refrigerador, cortesía de su hermano, pero no le daban ganas de cocinar.Así que pidió comida a domicilio, encargó también una botella de licor, y terminó emborrachándose sola.La noche ya había caído cuando, tambaleándose, salió a tirar la basura. Apenas dejó la bolsa en el contenedor y se giró, se topó de golpe con una pared humana.El aroma sofisticado del perfume masculino le despejó el olor a alcohol de la nariz.Una mano grande la sujetó de la cintura, y una voz grave, con un tono seductor, rompió el silencio del pasillo.Ella, entornando los ojos como una zorra astuta, levantó la mirada.Delante de ella apareció un rostro atractivo, con facciones marcadas y tan perfectas que incluso las pestañas parecían curvarse con elegancia.Retrocedió medio paso, levantó la cabeza para mirarlo bien y lo reconoció.—¡Santiago Gaitán! ¿Qué haces aquí?Durante los ocho años que estuvo al lado de Lucas, a veces lo acompañaba a reuniones y fiestas.Había visto a muchos de sus amigos y colegas, y entre ellos estaba Santiago.Era el más misterioso de todos, y también el que tenía la mejor pinta.Curiosamente, mientras los demás la trataban con cortesía fingida por respeto a Lucas, él era el único que siempre le decía las cosas tal cual, sin importar si le resultaban incómodas o no.Desde hacía tiempo le había dejado claro que Lucas no sentía nada verdadero por ella.El dolor que había estado reprimiendo en su interior por fin encontró una manera de salir.Extendió la mano y, con un movimiento decidido, agarró la corbata perfectamente arreglada del hombre, obligándolo a inclinarse hacia ella.—¿Me seguiste? ¿Qué, te saliste con la tuya y viniste a burlarte de mí? Ustedes, bola de hombres, ninguno vale la pena. Y no creas que porque tienes cara bonita te vas a salvar de que te dé una cachetada.El alcohol le había nublado la razón; ahora era como una gata borracha, lista para sacar las uñas y vengarse de todos.Pero la fuerza de su golpe se perdió, quedando apenas un toque sobre el pecho del hombre. A través de la camisa negra pudo sentir los músculos firmes bajo la tela.De pronto recordó que Lucas le había advertido con toda seriedad que nunca se metiera con Santiago, que ese tipo tenía un trasfondo demasiado complicado y que no podían darse el lujo de enemistarse con él.Pero la rebeldía y las ganas de desquitarse pesaron más, y Valeria deslizó la mano bajo la camisa del hombre, tocando sus abdominales. Tropezando un poco, lo empujó contra la pared y, poniéndose de puntitas, le plantó un beso en la mandíbula.—¿Te animas a jugar?El cuerpo del hombre se tensó, pero no la apartó.Sus manos grandes dudaron un instante, pero al final la sujetaron por la cintura, dejándose dominar por ella. Sus ojos oscuros, clavados en la pequeña cara de Valeria, terminaron posándose en sus labios suaves y tentadores.Su voz salió áspera, como si le costara trabajo.—¿A qué quieres jugar?Valeria soltó una risa traviesa.—A los juegos de adultos. Tú dime, ¿a qué quieres jugar?Su mano fue bajando desde los abdominales, atreviéndose a más.Se preguntó, con una mezcla de coraje y satisfacción, si terminar en la cama con el hermano de Lucas después de haber terminado con él sería suficiente venganza.Pero en ese momento, el hombre la tomó con fuerza, girándola y atrapándola entre sus brazos.Su voz, baja y grave, sonó como una advertencia peligrosa.—¿De verdad quieres hacerlo?Ambos cuerpos quedaron tan pegados que Valeria sintió, sin lugar a dudas, el cambio que se había producido en él.Ella, provocadora, movió la cintura y le susurró al oído, dejando escapar su aliento con un toque tentador.—¿Qué pasa, acaso te da miedo?El hombre empezó a respirar con dificultad, y en sus ojos oscuros la pasión era tan intensa como una tormenta.—¿Vamos a tu casa o a la mía?Mientras hablaba, la apretó aún más contra él, como si no pudiera evitarlo.Valeria sintió la intensidad de su deseo y, de repente, volvió en sí.¿Qué demonios estaba haciendo?Se soltó de sus brazos con torpeza, apartando un mechón de cabello de su cara.—Perdón, me pasé de copas. Solo bromeaba.El hombre jugó con sus dedos, mirándola desde arriba mientras ella bajaba la mirada.—¿Te asustaste?Valeria se quedó helada.Levantó la vista, indignada, y se topó de frente con ese rostro que parecía no entender nada.No sabía si la loca era ella o él, pero lo cierto era que él se estaba tomando todo en serio.El coraje le brotó de golpe.—Sabes perfectamente que fui la mujer de Lucas, ¿y aun así quieres meterte conmigo? Qué claro, todo se pega... tú y él son iguales, pura basura.Después de decirlo, se giró para irse, pero el hombre la sujetó de la muñeca y la acorraló contra la pared.Su aliento, cálido y cargado de deseo, rozó los labios de Valeria.En sus ojos oscuros había algo salvaje, como una tormenta a punto de desatarse.—¿No fuiste tú la que empezó esto? Si quieres saber si somos iguales, ¿por qué no pruebas y sales de dudas?Valeria se enfureció aún más. Forcejeó, pero no logró soltarse. De repente, le dedicó una sonrisa seductora, llena de picardía.Descalza, levantó el pie y acarició lentamente la pierna del hombre con sus dedos, subiendo poco a poco.—Pues a mí me gusta llevar el control.