Capítulo 1[Alexis, ya bajé del avión, en media hora llego al ayuntamiento.]Carolina Sanabria tenía una sonrisa suave en los labios mientras presionaba el botón de enviar en su celular.Hoy era el día en que ella y Alexis Loza se casarían.Desde que comenzaron a salir en la universidad, pasando por el compromiso, hasta llegar a este día, habían pasado justo cinco años.Se recargó en el asiento trasero del carro, y la luz de la mañana iluminaba su piel clara como la nieve, dándole un aire aún más tierno.El chofer la miró por el retrovisor y, con tono bromista, comentó:—Vaya, señorita, apenas y bajó del avión y directo al ayuntamiento a casarse.—Sí, es que hoy es un buen día, tuve que apartar la cita con medio mes de anticipación —respondió Carolina con una sonrisa.El chofer soltó una carcajada.—Ustedes los jóvenes sí que le dan importancia a las ceremonias. Mi hija ya no alcanzó lugar para hoy, le tocó hasta mañana.—Felicidades, señor.—Igualmente, gracias.Pero al bajar del taxi, Carolina seguía sin recibir respuesta de Alexis.Frunció los labios y decidió marcarle.El tono sonó varias veces antes de que contestara.La voz de Alexis sonó distante, imposible saber cómo se sentía.—¿Qué pasó?Carolina sintió que el corazón se le apretaba.—Alexis, ¿dónde estás? Ya llegué al ayuntamiento. Acabo de tomar número, estamos en…El hombre la interrumpió sin aviso.—Carito, no voy a poder llegar.Un nudo se le formó en la garganta.—¿Por qué? ¿No habíamos quedado en que hoy nos casábamos?—Sí, pero me salió algo. Mejor lo dejamos para otro día. Total, da igual cuándo nos casemos.¿Cómo podía decir que daba igual? ¡Había apartado la fecha desde hacía medio mes!—¿Alexis, estás hablando por teléfono? Ya están abajo en el hotel, sólo faltamos nosotros para ir a desayunar.El corazón de Carolina se fue en picada.Esa era la voz de Marisol Jiménez.Marisol llevaba dieciocho años como hija adoptiva en la familia Loza. ¿Había regresado al país?Carolina apretó el celular con tanta fuerza que los dedos se le pusieron blancos, pero antes de poder preguntar algo, la llamada fue cortada sin piedad.Le había dicho que anoche estaba tan cansado que se durmió temprano, pero en realidad había pasado la noche con otra mujer.Poco después, le llegó un mensaje.[Carolina, ¿eras tú la que llamó a Alexis? Acabo de llegar al país. Ayer mi hermano me organizó una cena de bienvenida y tomamos mucho, por eso no volvimos. Por favor, no vayas a malinterpretar nada.][Por cierto, ¿quieres venir a desayunar?]Carolina sentía el pecho apretado, como si le hubieran puesto una piedra encima.De inmediato respondió:[Mándame la dirección, llego en un rato.]...Afuera del privado en Sabor Místico, Carolina reconoció las voces del interior.—Señor Loza, ¿no que hoy iba a casarse con su novia?—Sí, escuché que ella apartó la cita con medio mes de anticipación sólo para casarse hoy con nuestro señor Loza.Alguien, curioso, preguntó:—¿Y qué tiene de especial hoy?—Dicen que es un día de suerte.—Bah, si el señor Loza ni la quiere. Todo el mundo sabe que la única persona que le importa es nuestra princesa Marisol.Marisol, fingiendo vergüenza, bajó la cabeza.—No digan tonterías, Alexis es mi hermano.Carolina, parada afuera, se quedó sin color. Quería escuchar cómo respondía el hombre al que más quería.La puerta del privado tenía una pequeña rendija.Ella se quedó ahí, en silencio, mirando a través de ese hueco. Lo vio recostado descuidadamente en la silla, con la mano apoyada de forma cariñosa en el respaldo de la silla de Marisol.Desde atrás, cualquiera pensaría que estaba abrazando a la persona que más amaba.La voz grave de Alexis sonó entre risas.—Marisol, ¿de verdad sólo me ves como tu hermano?—Alexis… —la voz de la mujer titubeó—, ¿hoy de verdad no vas a casarte con tu novia?—No, no tengo novia.Alexis apenas notó a la mujer a su lado, y las bromas de los demás hicieron que los hombros de Marisol temblaran.Su voz, profunda y cálida, acarició el aire:—Marisol, para mí nadie importa más que tú.Sus palabras, cargadas de sentimiento, desataron de inmediato la algarabía en el salón. Todos celebraron ese despliegue de amor. Solo Carolina, de pie tras la puerta, sintió una punzada aguda en el corazón.Jamás imaginó que, después de tanto tiempo, no lograría derretir esa coraza helada que cubría el corazón de Alexis.Por más que se esforzara, siempre sería la segunda opción en su vida. Nunca la única. Ni todos sus intentos bastaron para ocupar ese lugar.Carolina se sintió ridícula, patética y triste a la vez.En ese momento, alguien que volvía del baño se detuvo, sorprendido al ver a Carolina junto a la puerta.—Eh, cuñada, ¿tú también viniste? ¿No vas a pasar?De repente, la puerta del salón se abrió de golpe. Todos los presentes se voltearon y la vieron ahí: pálida, con el semblante desencajado.Por un instante, el ambiente quedó en suspenso. Alguien intentó romper el hielo y salvar la situación.—¡Ah, cuñada! ¿Ya desayunaste? Ven, pasa, únete a la mesa.Alexis retiró el brazo que había apoyado sobre el respaldo de la silla de Marisol. Arrugó el entrecejo y preguntó:—¿Qué haces aquí, Carolina?Carolina se obligó a respirar hondo y avanzó unos pasos.—¿Acaso no puedo venir, Alexis?Marisol de inmediato se incorporó, dispuesta a cederle el asiento.—¡Carolina, qué bueno que llegaste! Ven, siéntate aquí, te guardé un lugar.—Marisol, quédate donde estás —dijo Alexis, presionando suavemente el hombro de la joven.Ese gesto, tan simple, volvió a clavarse en el pecho de Carolina.—Claro, no te muevas. No vine a desayunar con ustedes.Alexis frunció la mirada, su tono se volvió más grave.—Carolina, ¿a qué viniste hoy? ¿No quedamos en que iríamos otro día a casarnos?Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Carolina.—Ya no hace falta.—¿Qué dijiste? —Alexis no alcanzó a escuchar con claridad.Carolina, sin perder la compostura, repitió con una sonrisa tranquila.—Dije que ya no quiero casarme.—¿No decías que no había nada que te hiciera más feliz? Nuestra promesa queda cancelada. Te dejo libre.Las palabras de Carolina lo dejaron sin habla. Por un segundo, Alexis pareció no comprender lo que escuchaba.Sus pupilas se contrajeron. Con voz apremiante, exigió:—¿Qué estás diciendo?—Que si ella es tan importante para ti, el turno de hoy en el registro civil se los regalo como obsequio de bodas.Al terminar de hablar, Carolina arrojó el papel con el turno que había sostenido durante horas. El número cayó al suelo con un leve susurro.—¡Carolina! —Alexis pronunció su nombre en voz baja, cada sílaba cargada de advertencia—. Marisol acaba de regresar al país. ¿No podemos resolver esto luego, en privado?Al fondo, alguien murmuró:—¿Cómo que no se van a casar? Todo el mundo sabe que Carolina está loca por el señor Loza. Si no fuera porque Benjamín Loza se opuso, ni siquiera estaría aquí fingiendo.Marisol, aunque por dentro disfrutaba el caos, fingió angustia en el rostro.—Carolina, no les hagas caso. Alexis y yo somos hermanos, nada más.Carolina ya había escuchado esa historia mil veces.Pero, ¿qué hermano dejaría plantada a su prometida el día de su boda solo por recibir a su hermana?Carolina soltó una carcajada amarga.—Vaya, sí que eres buen hermano. O será que eres su hermano… pero de esos que no son de sangre, ¿no?A Alexis se le marcaron las venas en la frente. Su semblante se endureció.—¡Ya basta! Carolina, exijo que le pidas disculpas a Marisol en este momento.Carolina levantó tres dedos, solemne:—Yo, Carolina, juro ante Dios que jamás me casaré con Alexis. Si rompo este juramento, que Alexis nunca pueda tener familia....Guía de lectura:1. Ambos protagonistas tienen historia, pero al inicio la protagonista está enamorada de Alexis.2. Mauro Loza, paciente y astuto, termina conquistando a la protagonista, quitándole la prometida a su sobrino.3. La protagonista es abogada; los detalles legales están bien investigados. Recuerda: ser abogada es su profesión, no su personalidad. Si buscas una abogada fría y despiadada, este libro no es para ti.4. La historia es más dulce que trágica, aunque tiene tintes agridulces. Hay momentos de triunfo y también de dolor.5. Habrá dos capítulos nuevos cada día. ¡Agrega la novela a tu estantería para no perderte nada!Espero que disfrutes la lectura. Princesa, desliza a la izquierda para comenzar~Después de soltar esa frase, Carolina se dio la vuelta y salió, dejando a todos en la sala privados de palabras, cruzando miradas incómodas sin saber qué decir.Alguien soltó una risa forzada.—Jeje, la verdad es que la señora sí sabe cómo bromear.—No se enoje, Sr. Loza. Seguro que con un par de palabras bonitas otro día ya se le pasa.Otro, con tono desdeñoso, opinó:—¿Que la consuele? ¿Por qué tendría que hacerlo? Mire, Sr. Loza, no le dé tantas alas a las mujeres, porque después agarran confianza y se vuelven imposibles de tratar.—¡Ya cállate! —interrumpió Alexis, la mirada dura como cuchillo. El murmullo de todos le estaba sacando de quicio.Marisol sintió cómo se le apretaba el pecho.¿Cuándo fue que Alexis empezó a ponerse del lado de esa mujer?¿En los años que no estuvo, Carolina ya había logrado reemplazarla en su corazón?Mordiendo el labio, Marisol se acercó con voz suave.—Alexis, si te da miedo que Carolina se enoje, yo puedo ir a pedirle perdón, ¿quieres?Le dio un toquecito juguetón en la cintura con el dedo, usando ese tonito meloso que siempre usaba de niña:—No te enojes, ¿sí? Ya hasta asustaste a todos.De pequeños, a ella le encantaba picarle la cintura a su hermano debajo de la mesa, y Alexis siempre terminaba cediendo.Como era de esperarse, la expresión rígida de Alexis se relajó un poco.—No estoy enojado. Marisol, no voy a molestarte por culpa de otra persona.Marisol bajó la mirada, los pómulos encendidos de alegría.—Hermano, yo tampoco.El ambiente se alivianó de inmediato. Los presentes aprovecharon para bromear y reír, disipando en segundos el mal humor que había dejado Carolina....Carolina fue directo a la casa que compartiría con Alexis, la misma que el Sr. Benjamín les regaló como presente de bodas.—Señora, ya regresó —Sandra, la empleada, no pudo ocultar su sorpresa.Supuestamente hoy era el día de la boda, ¿por qué solo la señora regresó sola?Carolina subió sin decir nada al segundo piso. De todas formas, solo había traído un par de prendas, todo cabía en una maleta pequeña.Al pasar frente al despacho de Alexis, notó su tableta sobre el escritorio.Recordó que una vez, cuando fue a su casa y quiso ver una serie en esa tableta, Alexis se enfureció sin razón aparente. Carolina pensó que simplemente no le gustaba que tocaran sus cosas. Pero justo hoy había visto cómo Marisol jugueteaba con el celular de Alexis sin que él dijera nada.Entró al despacho. Sus dedos, largos y pálidos, encendieron la pantalla. Apareció el cuadro para ingresar la contraseña.Inspiró hondo. Primero puso la fecha de cumpleaños de Alexis.Error.Luego intentó con su propio cumpleaños.Otra vez, contraseña incorrecta.Recordó entonces el año en que Marisol nació, porque una amiga alguna vez le contó que había nacido el Día de Muertos, por eso tenía ese nombre tan particular.Buscó en el celular y confirmó: ese año, el Día de Muertos había caído el veintitrés de septiembre.Con el corazón acelerado, tecleó 0923. Esta vez, la tableta se desbloqueó.Un sabor amargo le subió por la garganta.No había ninguna aplicación instalada.Solo por instinto abrió la galería de fotos.Sintió que el calor en sus manos se evaporaba.Tres mil trescientas cuarenta y cuatro fotos. Todas eran recuerdos de Marisol y Alexis.Había fotos de Marisol sola, y un montón de ambos juntos.¿Y ella? Alexis nunca quiso tomarse fotos con Carolina. Su única foto juntos era la que estaba colgada en el cuarto: la de la boda.En su momento, él le explicó que no le gustaba tomarse fotos. Pero ahí, en esas más de tres mil imágenes, se le veía sonriendo, más genuino y pleno que nunca.Carolina apagó la tableta, dejando todo como si jamás hubiese entrado.Al bajar de nuevo con su maleta, Sandra la vio con curiosidad.—Señora, ¿otra vez va de viaje?Como sabía que Carolina era abogada y solía andar de un lado a otro, asumió que ese era el motivo de la maleta.Carolina se detuvo un instante, luego asintió.—Sí.Sin mostrar emoción, cruzó la puerta y se marchó.Capítulo 2[Alexis, ya bajé del avión, en media hora llego al ayuntamiento.]Carolina Sanabria tenía una sonrisa suave en los labios mientras presionaba el botón de enviar en su celular.Hoy era el día en que ella y Alexis Loza se casarían.Desde que comenzaron a salir en la universidad, pasando por el compromiso, hasta llegar a este día, habían pasado justo cinco años.Se recargó en el asiento trasero del carro, y la luz de la mañana iluminaba su piel clara como la nieve, dándole un aire aún más tierno.El chofer la miró por el retrovisor y, con tono bromista, comentó:—Vaya, señorita, apenas y bajó del avión y directo al ayuntamiento a casarse.—Sí, es que hoy es un buen día, tuve que apartar la cita con medio mes de anticipación —respondió Carolina con una sonrisa.El chofer soltó una carcajada.—Ustedes los jóvenes sí que le dan importancia a las ceremonias. Mi hija ya no alcanzó lugar para hoy, le tocó hasta mañana.—Felicidades, señor.—Igualmente, gracias.Pero al bajar del taxi, Carolina seguía sin recibir respuesta de Alexis.Frunció los labios y decidió marcarle.El tono sonó varias veces antes de que contestara.La voz de Alexis sonó distante, imposible saber cómo se sentía.—¿Qué pasó?Carolina sintió que el corazón se le apretaba.—Alexis, ¿dónde estás? Ya llegué al ayuntamiento. Acabo de tomar número, estamos en…El hombre la interrumpió sin aviso.—Carito, no voy a poder llegar.Un nudo se le formó en la garganta.—¿Por qué? ¿No habíamos quedado en que hoy nos casábamos?—Sí, pero me salió algo. Mejor lo dejamos para otro día. Total, da igual cuándo nos casemos.¿Cómo podía decir que daba igual? ¡Había apartado la fecha desde hacía medio mes!—¿Alexis, estás hablando por teléfono? Ya están abajo en el hotel, sólo faltamos nosotros para ir a desayunar.El corazón de Carolina se fue en picada.Esa era la voz de Marisol Jiménez.Marisol llevaba dieciocho años como hija adoptiva en la familia Loza. ¿Había regresado al país?Carolina apretó el celular con tanta fuerza que los dedos se le pusieron blancos, pero antes de poder preguntar algo, la llamada fue cortada sin piedad.Le había dicho que anoche estaba tan cansado que se durmió temprano, pero en realidad había pasado la noche con otra mujer.Poco después, le llegó un mensaje.[Carolina, ¿eras tú la que llamó a Alexis? Acabo de llegar al país. Ayer mi hermano me organizó una cena de bienvenida y tomamos mucho, por eso no volvimos. Por favor, no vayas a malinterpretar nada.][Por cierto, ¿quieres venir a desayunar?]Carolina sentía el pecho apretado, como si le hubieran puesto una piedra encima.De inmediato respondió:[Mándame la dirección, llego en un rato.]...Afuera del privado en Sabor Místico, Carolina reconoció las voces del interior.—Señor Loza, ¿no que hoy iba a casarse con su novia?—Sí, escuché que ella apartó la cita con medio mes de anticipación sólo para casarse hoy con nuestro señor Loza.Alguien, curioso, preguntó:—¿Y qué tiene de especial hoy?—Dicen que es un día de suerte.—Bah, si el señor Loza ni la quiere. Todo el mundo sabe que la única persona que le importa es nuestra princesa Marisol.Marisol, fingiendo vergüenza, bajó la cabeza.—No digan tonterías, Alexis es mi hermano.Carolina, parada afuera, se quedó sin color. Quería escuchar cómo respondía el hombre al que más quería.La puerta del privado tenía una pequeña rendija.Ella se quedó ahí, en silencio, mirando a través de ese hueco. Lo vio recostado descuidadamente en la silla, con la mano apoyada de forma cariñosa en el respaldo de la silla de Marisol.Desde atrás, cualquiera pensaría que estaba abrazando a la persona que más amaba.La voz grave de Alexis sonó entre risas.—Marisol, ¿de verdad sólo me ves como tu hermano?—Alexis… —la voz de la mujer titubeó—, ¿hoy de verdad no vas a casarte con tu novia?—No, no tengo novia.Alexis apenas notó a la mujer a su lado, y las bromas de los demás hicieron que los hombros de Marisol temblaran.Su voz, profunda y cálida, acarició el aire:—Marisol, para mí nadie importa más que tú.Sus palabras, cargadas de sentimiento, desataron de inmediato la algarabía en el salón. Todos celebraron ese despliegue de amor. Solo Carolina, de pie tras la puerta, sintió una punzada aguda en el corazón.Jamás imaginó que, después de tanto tiempo, no lograría derretir esa coraza helada que cubría el corazón de Alexis.Por más que se esforzara, siempre sería la segunda opción en su vida. Nunca la única. Ni todos sus intentos bastaron para ocupar ese lugar.Carolina se sintió ridícula, patética y triste a la vez.En ese momento, alguien que volvía del baño se detuvo, sorprendido al ver a Carolina junto a la puerta.—Eh, cuñada, ¿tú también viniste? ¿No vas a pasar?De repente, la puerta del salón se abrió de golpe. Todos los presentes se voltearon y la vieron ahí: pálida, con el semblante desencajado.Por un instante, el ambiente quedó en suspenso. Alguien intentó romper el hielo y salvar la situación.—¡Ah, cuñada! ¿Ya desayunaste? Ven, pasa, únete a la mesa.Alexis retiró el brazo que había apoyado sobre el respaldo de la silla de Marisol. Arrugó el entrecejo y preguntó:—¿Qué haces aquí, Carolina?Carolina se obligó a respirar hondo y avanzó unos pasos.—¿Acaso no puedo venir, Alexis?Marisol de inmediato se incorporó, dispuesta a cederle el asiento.—¡Carolina, qué bueno que llegaste! Ven, siéntate aquí, te guardé un lugar.—Marisol, quédate donde estás —dijo Alexis, presionando suavemente el hombro de la joven.Ese gesto, tan simple, volvió a clavarse en el pecho de Carolina.—Claro, no te muevas. No vine a desayunar con ustedes.Alexis frunció la mirada, su tono se volvió más grave.—Carolina, ¿a qué viniste hoy? ¿No quedamos en que iríamos otro día a casarnos?Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Carolina.—Ya no hace falta.—¿Qué dijiste? —Alexis no alcanzó a escuchar con claridad.Carolina, sin perder la compostura, repitió con una sonrisa tranquila.—Dije que ya no quiero casarme.—¿No decías que no había nada que te hiciera más feliz? Nuestra promesa queda cancelada. Te dejo libre.Las palabras de Carolina lo dejaron sin habla. Por un segundo, Alexis pareció no comprender lo que escuchaba.Sus pupilas se contrajeron. Con voz apremiante, exigió:—¿Qué estás diciendo?—Que si ella es tan importante para ti, el turno de hoy en el registro civil se los regalo como obsequio de bodas.Al terminar de hablar, Carolina arrojó el papel con el turno que había sostenido durante horas. El número cayó al suelo con un leve susurro.—¡Carolina! —Alexis pronunció su nombre en voz baja, cada sílaba cargada de advertencia—. Marisol acaba de regresar al país. ¿No podemos resolver esto luego, en privado?Al fondo, alguien murmuró:—¿Cómo que no se van a casar? Todo el mundo sabe que Carolina está loca por el señor Loza. Si no fuera porque Benjamín Loza se opuso, ni siquiera estaría aquí fingiendo.Marisol, aunque por dentro disfrutaba el caos, fingió angustia en el rostro.—Carolina, no les hagas caso. Alexis y yo somos hermanos, nada más.Carolina ya había escuchado esa historia mil veces.Pero, ¿qué hermano dejaría plantada a su prometida el día de su boda solo por recibir a su hermana?Carolina soltó una carcajada amarga.—Vaya, sí que eres buen hermano. O será que eres su hermano… pero de esos que no son de sangre, ¿no?A Alexis se le marcaron las venas en la frente. Su semblante se endureció.—¡Ya basta! Carolina, exijo que le pidas disculpas a Marisol en este momento.Carolina levantó tres dedos, solemne:—Yo, Carolina, juro ante Dios que jamás me casaré con Alexis. Si rompo este juramento, que Alexis nunca pueda tener familia....Guía de lectura:1. Ambos protagonistas tienen historia, pero al inicio la protagonista está enamorada de Alexis.2. Mauro Loza, paciente y astuto, termina conquistando a la protagonista, quitándole la prometida a su sobrino.3. La protagonista es abogada; los detalles legales están bien investigados. Recuerda: ser abogada es su profesión, no su personalidad. Si buscas una abogada fría y despiadada, este libro no es para ti.4. La historia es más dulce que trágica, aunque tiene tintes agridulces. Hay momentos de triunfo y también de dolor.5. Habrá dos capítulos nuevos cada día. ¡Agrega la novela a tu estantería para no perderte nada!Espero que disfrutes la lectura. Princesa, desliza a la izquierda para comenzar~Después de soltar esa frase, Carolina se dio la vuelta y salió, dejando a todos en la sala privados de palabras, cruzando miradas incómodas sin saber qué decir.Alguien soltó una risa forzada.—Jeje, la verdad es que la señora sí sabe cómo bromear.—No se enoje, Sr. Loza. Seguro que con un par de palabras bonitas otro día ya se le pasa.Otro, con tono desdeñoso, opinó:—¿Que la consuele? ¿Por qué tendría que hacerlo? Mire, Sr. Loza, no le dé tantas alas a las mujeres, porque después agarran confianza y se vuelven imposibles de tratar.—¡Ya cállate! —interrumpió Alexis, la mirada dura como cuchillo. El murmullo de todos le estaba sacando de quicio.Marisol sintió cómo se le apretaba el pecho.¿Cuándo fue que Alexis empezó a ponerse del lado de esa mujer?¿En los años que no estuvo, Carolina ya había logrado reemplazarla en su corazón?Mordiendo el labio, Marisol se acercó con voz suave.—Alexis, si te da miedo que Carolina se enoje, yo puedo ir a pedirle perdón, ¿quieres?Le dio un toquecito juguetón en la cintura con el dedo, usando ese tonito meloso que siempre usaba de niña:—No te enojes, ¿sí? Ya hasta asustaste a todos.De pequeños, a ella le encantaba picarle la cintura a su hermano debajo de la mesa, y Alexis siempre terminaba cediendo.Como era de esperarse, la expresión rígida de Alexis se relajó un poco.—No estoy enojado. Marisol, no voy a molestarte por culpa de otra persona.Marisol bajó la mirada, los pómulos encendidos de alegría.—Hermano, yo tampoco.El ambiente se alivianó de inmediato. Los presentes aprovecharon para bromear y reír, disipando en segundos el mal humor que había dejado Carolina....Carolina fue directo a la casa que compartiría con Alexis, la misma que el Sr. Benjamín les regaló como presente de bodas.—Señora, ya regresó —Sandra, la empleada, no pudo ocultar su sorpresa.Supuestamente hoy era el día de la boda, ¿por qué solo la señora regresó sola?Carolina subió sin decir nada al segundo piso. De todas formas, solo había traído un par de prendas, todo cabía en una maleta pequeña.Al pasar frente al despacho de Alexis, notó su tableta sobre el escritorio.Recordó que una vez, cuando fue a su casa y quiso ver una serie en esa tableta, Alexis se enfureció sin razón aparente. Carolina pensó que simplemente no le gustaba que tocaran sus cosas. Pero justo hoy había visto cómo Marisol jugueteaba con el celular de Alexis sin que él dijera nada.Entró al despacho. Sus dedos, largos y pálidos, encendieron la pantalla. Apareció el cuadro para ingresar la contraseña.Inspiró hondo. Primero puso la fecha de cumpleaños de Alexis.Error.Luego intentó con su propio cumpleaños.Otra vez, contraseña incorrecta.Recordó entonces el año en que Marisol nació, porque una amiga alguna vez le contó que había nacido el Día de Muertos, por eso tenía ese nombre tan particular.Buscó en el celular y confirmó: ese año, el Día de Muertos había caído el veintitrés de septiembre.Con el corazón acelerado, tecleó 0923. Esta vez, la tableta se desbloqueó.Un sabor amargo le subió por la garganta.No había ninguna aplicación instalada.Solo por instinto abrió la galería de fotos.Sintió que el calor en sus manos se evaporaba.Tres mil trescientas cuarenta y cuatro fotos. Todas eran recuerdos de Marisol y Alexis.Había fotos de Marisol sola, y un montón de ambos juntos.¿Y ella? Alexis nunca quiso tomarse fotos con Carolina. Su única foto juntos era la que estaba colgada en el cuarto: la de la boda.En su momento, él le explicó que no le gustaba tomarse fotos. Pero ahí, en esas más de tres mil imágenes, se le veía sonriendo, más genuino y pleno que nunca.Carolina apagó la tableta, dejando todo como si jamás hubiese entrado.Al bajar de nuevo con su maleta, Sandra la vio con curiosidad.—Señora, ¿otra vez va de viaje?Como sabía que Carolina era abogada y solía andar de un lado a otro, asumió que ese era el motivo de la maleta.Carolina se detuvo un instante, luego asintió.—Sí.Sin mostrar emoción, cruzó la puerta y se marchó.Capítulo 3[Alexis, ya bajé del avión, en media hora llego al ayuntamiento.]Carolina Sanabria tenía una sonrisa suave en los labios mientras presionaba el botón de enviar en su celular.Hoy era el día en que ella y Alexis Loza se casarían.Desde que comenzaron a salir en la universidad, pasando por el compromiso, hasta llegar a este día, habían pasado justo cinco años.Se recargó en el asiento trasero del carro, y la luz de la mañana iluminaba su piel clara como la nieve, dándole un aire aún más tierno.El chofer la miró por el retrovisor y, con tono bromista, comentó:—Vaya, señorita, apenas y bajó del avión y directo al ayuntamiento a casarse.—Sí, es que hoy es un buen día, tuve que apartar la cita con medio mes de anticipación —respondió Carolina con una sonrisa.El chofer soltó una carcajada.—Ustedes los jóvenes sí que le dan importancia a las ceremonias. Mi hija ya no alcanzó lugar para hoy, le tocó hasta mañana.—Felicidades, señor.—Igualmente, gracias.Pero al bajar del taxi, Carolina seguía sin recibir respuesta de Alexis.Frunció los labios y decidió marcarle.El tono sonó varias veces antes de que contestara.La voz de Alexis sonó distante, imposible saber cómo se sentía.—¿Qué pasó?Carolina sintió que el corazón se le apretaba.—Alexis, ¿dónde estás? Ya llegué al ayuntamiento. Acabo de tomar número, estamos en…El hombre la interrumpió sin aviso.—Carito, no voy a poder llegar.Un nudo se le formó en la garganta.—¿Por qué? ¿No habíamos quedado en que hoy nos casábamos?—Sí, pero me salió algo. Mejor lo dejamos para otro día. Total, da igual cuándo nos casemos.¿Cómo podía decir que daba igual? ¡Había apartado la fecha desde hacía medio mes!—¿Alexis, estás hablando por teléfono? Ya están abajo en el hotel, sólo faltamos nosotros para ir a desayunar.El corazón de Carolina se fue en picada.Esa era la voz de Marisol Jiménez.Marisol llevaba dieciocho años como hija adoptiva en la familia Loza. ¿Había regresado al país?Carolina apretó el celular con tanta fuerza que los dedos se le pusieron blancos, pero antes de poder preguntar algo, la llamada fue cortada sin piedad.Le había dicho que anoche estaba tan cansado que se durmió temprano, pero en realidad había pasado la noche con otra mujer.Poco después, le llegó un mensaje.[Carolina, ¿eras tú la que llamó a Alexis? Acabo de llegar al país. Ayer mi hermano me organizó una cena de bienvenida y tomamos mucho, por eso no volvimos. Por favor, no vayas a malinterpretar nada.][Por cierto, ¿quieres venir a desayunar?]Carolina sentía el pecho apretado, como si le hubieran puesto una piedra encima.De inmediato respondió:[Mándame la dirección, llego en un rato.]...Afuera del privado en Sabor Místico, Carolina reconoció las voces del interior.—Señor Loza, ¿no que hoy iba a casarse con su novia?—Sí, escuché que ella apartó la cita con medio mes de anticipación sólo para casarse hoy con nuestro señor Loza.Alguien, curioso, preguntó:—¿Y qué tiene de especial hoy?—Dicen que es un día de suerte.—Bah, si el señor Loza ni la quiere. Todo el mundo sabe que la única persona que le importa es nuestra princesa Marisol.Marisol, fingiendo vergüenza, bajó la cabeza.—No digan tonterías, Alexis es mi hermano.Carolina, parada afuera, se quedó sin color. Quería escuchar cómo respondía el hombre al que más quería.La puerta del privado tenía una pequeña rendija.Ella se quedó ahí, en silencio, mirando a través de ese hueco. Lo vio recostado descuidadamente en la silla, con la mano apoyada de forma cariñosa en el respaldo de la silla de Marisol.Desde atrás, cualquiera pensaría que estaba abrazando a la persona que más amaba.La voz grave de Alexis sonó entre risas.—Marisol, ¿de verdad sólo me ves como tu hermano?—Alexis… —la voz de la mujer titubeó—, ¿hoy de verdad no vas a casarte con tu novia?—No, no tengo novia.Alexis apenas notó a la mujer a su lado, y las bromas de los demás hicieron que los hombros de Marisol temblaran.Su voz, profunda y cálida, acarició el aire:—Marisol, para mí nadie importa más que tú.Sus palabras, cargadas de sentimiento, desataron de inmediato la algarabía en el salón. Todos celebraron ese despliegue de amor. Solo Carolina, de pie tras la puerta, sintió una punzada aguda en el corazón.Jamás imaginó que, después de tanto tiempo, no lograría derretir esa coraza helada que cubría el corazón de Alexis.Por más que se esforzara, siempre sería la segunda opción en su vida. Nunca la única. Ni todos sus intentos bastaron para ocupar ese lugar.Carolina se sintió ridícula, patética y triste a la vez.En ese momento, alguien que volvía del baño se detuvo, sorprendido al ver a Carolina junto a la puerta.—Eh, cuñada, ¿tú también viniste? ¿No vas a pasar?De repente, la puerta del salón se abrió de golpe. Todos los presentes se voltearon y la vieron ahí: pálida, con el semblante desencajado.Por un instante, el ambiente quedó en suspenso. Alguien intentó romper el hielo y salvar la situación.—¡Ah, cuñada! ¿Ya desayunaste? Ven, pasa, únete a la mesa.Alexis retiró el brazo que había apoyado sobre el respaldo de la silla de Marisol. Arrugó el entrecejo y preguntó:—¿Qué haces aquí, Carolina?Carolina se obligó a respirar hondo y avanzó unos pasos.—¿Acaso no puedo venir, Alexis?Marisol de inmediato se incorporó, dispuesta a cederle el asiento.—¡Carolina, qué bueno que llegaste! Ven, siéntate aquí, te guardé un lugar.—Marisol, quédate donde estás —dijo Alexis, presionando suavemente el hombro de la joven.Ese gesto, tan simple, volvió a clavarse en el pecho de Carolina.—Claro, no te muevas. No vine a desayunar con ustedes.Alexis frunció la mirada, su tono se volvió más grave.—Carolina, ¿a qué viniste hoy? ¿No quedamos en que iríamos otro día a casarnos?Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Carolina.—Ya no hace falta.—¿Qué dijiste? —Alexis no alcanzó a escuchar con claridad.Carolina, sin perder la compostura, repitió con una sonrisa tranquila.—Dije que ya no quiero casarme.—¿No decías que no había nada que te hiciera más feliz? Nuestra promesa queda cancelada. Te dejo libre.Las palabras de Carolina lo dejaron sin habla. Por un segundo, Alexis pareció no comprender lo que escuchaba.Sus pupilas se contrajeron. Con voz apremiante, exigió:—¿Qué estás diciendo?—Que si ella es tan importante para ti, el turno de hoy en el registro civil se los regalo como obsequio de bodas.Al terminar de hablar, Carolina arrojó el papel con el turno que había sostenido durante horas. El número cayó al suelo con un leve susurro.—¡Carolina! —Alexis pronunció su nombre en voz baja, cada sílaba cargada de advertencia—. Marisol acaba de regresar al país. ¿No podemos resolver esto luego, en privado?Al fondo, alguien murmuró:—¿Cómo que no se van a casar? Todo el mundo sabe que Carolina está loca por el señor Loza. Si no fuera porque Benjamín Loza se opuso, ni siquiera estaría aquí fingiendo.Marisol, aunque por dentro disfrutaba el caos, fingió angustia en el rostro.—Carolina, no les hagas caso. Alexis y yo somos hermanos, nada más.Carolina ya había escuchado esa historia mil veces.Pero, ¿qué hermano dejaría plantada a su prometida el día de su boda solo por recibir a su hermana?Carolina soltó una carcajada amarga.—Vaya, sí que eres buen hermano. O será que eres su hermano… pero de esos que no son de sangre, ¿no?A Alexis se le marcaron las venas en la frente. Su semblante se endureció.—¡Ya basta! Carolina, exijo que le pidas disculpas a Marisol en este momento.Carolina levantó tres dedos, solemne:—Yo, Carolina, juro ante Dios que jamás me casaré con Alexis. Si rompo este juramento, que Alexis nunca pueda tener familia....Guía de lectura:1. Ambos protagonistas tienen historia, pero al inicio la protagonista está enamorada de Alexis.2. Mauro Loza, paciente y astuto, termina conquistando a la protagonista, quitándole la prometida a su sobrino.3. La protagonista es abogada; los detalles legales están bien investigados. Recuerda: ser abogada es su profesión, no su personalidad. Si buscas una abogada fría y despiadada, este libro no es para ti.4. La historia es más dulce que trágica, aunque tiene tintes agridulces. Hay momentos de triunfo y también de dolor.5. Habrá dos capítulos nuevos cada día. ¡Agrega la novela a tu estantería para no perderte nada!Espero que disfrutes la lectura. Princesa, desliza a la izquierda para comenzar~Después de soltar esa frase, Carolina se dio la vuelta y salió, dejando a todos en la sala privados de palabras, cruzando miradas incómodas sin saber qué decir.Alguien soltó una risa forzada.—Jeje, la verdad es que la señora sí sabe cómo bromear.—No se enoje, Sr. Loza. Seguro que con un par de palabras bonitas otro día ya se le pasa.Otro, con tono desdeñoso, opinó:—¿Que la consuele? ¿Por qué tendría que hacerlo? Mire, Sr. Loza, no le dé tantas alas a las mujeres, porque después agarran confianza y se vuelven imposibles de tratar.—¡Ya cállate! —interrumpió Alexis, la mirada dura como cuchillo. El murmullo de todos le estaba sacando de quicio.Marisol sintió cómo se le apretaba el pecho.¿Cuándo fue que Alexis empezó a ponerse del lado de esa mujer?¿En los años que no estuvo, Carolina ya había logrado reemplazarla en su corazón?Mordiendo el labio, Marisol se acercó con voz suave.—Alexis, si te da miedo que Carolina se enoje, yo puedo ir a pedirle perdón, ¿quieres?Le dio un toquecito juguetón en la cintura con el dedo, usando ese tonito meloso que siempre usaba de niña:—No te enojes, ¿sí? Ya hasta asustaste a todos.De pequeños, a ella le encantaba picarle la cintura a su hermano debajo de la mesa, y Alexis siempre terminaba cediendo.Como era de esperarse, la expresión rígida de Alexis se relajó un poco.—No estoy enojado. Marisol, no voy a molestarte por culpa de otra persona.Marisol bajó la mirada, los pómulos encendidos de alegría.—Hermano, yo tampoco.El ambiente se alivianó de inmediato. Los presentes aprovecharon para bromear y reír, disipando en segundos el mal humor que había dejado Carolina....Carolina fue directo a la casa que compartiría con Alexis, la misma que el Sr. Benjamín les regaló como presente de bodas.—Señora, ya regresó —Sandra, la empleada, no pudo ocultar su sorpresa.Supuestamente hoy era el día de la boda, ¿por qué solo la señora regresó sola?Carolina subió sin decir nada al segundo piso. De todas formas, solo había traído un par de prendas, todo cabía en una maleta pequeña.Al pasar frente al despacho de Alexis, notó su tableta sobre el escritorio.Recordó que una vez, cuando fue a su casa y quiso ver una serie en esa tableta, Alexis se enfureció sin razón aparente. Carolina pensó que simplemente no le gustaba que tocaran sus cosas. Pero justo hoy había visto cómo Marisol jugueteaba con el celular de Alexis sin que él dijera nada.Entró al despacho. Sus dedos, largos y pálidos, encendieron la pantalla. Apareció el cuadro para ingresar la contraseña.Inspiró hondo. Primero puso la fecha de cumpleaños de Alexis.Error.Luego intentó con su propio cumpleaños.Otra vez, contraseña incorrecta.Recordó entonces el año en que Marisol nació, porque una amiga alguna vez le contó que había nacido el Día de Muertos, por eso tenía ese nombre tan particular.Buscó en el celular y confirmó: ese año, el Día de Muertos había caído el veintitrés de septiembre.Con el corazón acelerado, tecleó 0923. Esta vez, la tableta se desbloqueó.Un sabor amargo le subió por la garganta.No había ninguna aplicación instalada.Solo por instinto abrió la galería de fotos.Sintió que el calor en sus manos se evaporaba.Tres mil trescientas cuarenta y cuatro fotos. Todas eran recuerdos de Marisol y Alexis.Había fotos de Marisol sola, y un montón de ambos juntos.¿Y ella? Alexis nunca quiso tomarse fotos con Carolina. Su única foto juntos era la que estaba colgada en el cuarto: la de la boda.En su momento, él le explicó que no le gustaba tomarse fotos. Pero ahí, en esas más de tres mil imágenes, se le veía sonriendo, más genuino y pleno que nunca.Carolina apagó la tableta, dejando todo como si jamás hubiese entrado.Al bajar de nuevo con su maleta, Sandra la vio con curiosidad.—Señora, ¿otra vez va de viaje?Como sabía que Carolina era abogada y solía andar de un lado a otro, asumió que ese era el motivo de la maleta.Carolina se detuvo un instante, luego asintió.—Sí.Sin mostrar emoción, cruzó la puerta y se marchó.