Cuando Belén Luján fue testigo de la traición de su novio Gael Farías y su "hermanita" Anaís Suárez, siete años de relación se redujeron a cenizas en un instante. Él eligió proteger a otra mujer, incluso a costa de humillar y herir a Belén. Puesto así, ella optó por la venganza más contundente: aceptar el matrimonio arreglado por su familia y casarse con el rival más formidable de Gael —el poderoso e impredecible Jacobo Puente. No era una rendición, sino una elegante declaración de guerra. Si tú me traicionaste, yo brillaré con luz propia en un lugar donde nunca podrás alcanzarme.

Capítulo 1—Jacobo Puente, en quince días regreso a Nova Estrella para casarme contigo.En la pequeña terraza del bar, Belén Luján estaba acurrucada en un sofá oscuro, su voz sonaba serena al otro lado de la línea.La respuesta llegó de inmediato, con una voz masculina, cortante y distante, que imponía respeto.—Belén, si no me falla la memoria, hace dos meses ya habías cancelado nuestro compromiso por ese supuesto novio tuyo.Belén apretó los labios, conteniendo emociones.Hace dos meses, había querido llevar a Gael Farías, su novio de siete años, a conocer a sus padres. Apenas insinuó la idea en casa, sus padres la sorprendieron: la familia Luján y la familia Puente ya preparaban una boda arreglada. Jacobo, el hijo mayor de los Puente, era su prometido “de nombre”.Por defender su relación con Gael, Belén armó una pelea monumental en casa. Efraín Luján terminó en el hospital del coraje y, desafiante, Belén apostó con su familia que sería feliz con Gael toda la vida, para que vieran que su elección no había sido en vano.Sin embargo, en tan solo dos meses, el amor que sentía por Gael se fue desgastando, especialmente por la forma en que él siempre protegía a Anaís Suárez, su “hermanita adoptiva”.Pero lo de hoy superaba todo.Hoy era su aniversario de novios. Gael la había dejado plantada y, para colmo, se encontraba coqueteando con Anaís en un bar.Belén apretó aún más su celular, su voz apenas un susurro, pero firme.—Voy a terminar con él.—¿Necesitas que te ayude?La voz de Jacobo era como una ráfaga de viento helado, fuerte y dominante.—No hace falta —respondió Belén, bajito—. Yo me encargo de cerrar este capítulo. No tendrás que preocuparte.—En estos años invertí mucho en su empresa. Necesito tiempo para recuperar lo mío. Espero que puedas esperarme.—De acuerdo. Nos vemos en el aeropuerto en quince días.Jacobo colgó sin más.Belén guardó su celular y se quedó mirando un punto fijo, perdida en sus pensamientos. Pasados unos segundos, se levantó y caminó hacia una de las salas privadas del segundo piso del bar.Apenas se acercó, el bullicio dentro de la sala se hizo más claro.Gael y Anaís estaban rodeados de amigos, en el centro de todo el alboroto.Belén puso la mano en la perilla y empujó la puerta justo cuando las bromas se elevaban:—¡La mordió, la mordió! ¡Gael hasta sacó la lengua! Aquí nadie le gana a Gael en este tipo de juegos.—¿Todo eso solo por un trago? Gael, ¿no crees que te lo estás tomando demasiado en serio?—¿Qué sabes tú? El trago es lo de menos, lo que importa es nuestra querida Anaís. Si ella pierde, tendrá que bajar y buscar a alguien para bailar pegadito. ¿Creen que Gael permitiría que Anaís se acerque tanto a otro?—¿Pero Gael no tiene novia?Ni siquiera cuando Belén abrió la puerta y entró, los que estaban en el centro notaron su presencia.Fueron los que estaban cerca de la puerta quienes comenzaron a darse codazos y a susurrar.Belén se cruzó de brazos y se quedó parada en la entrada, observando con una mezcla de desdén y resignación cómo Gael abrazaba a Anaís, sus manos recorriendo la cintura de la chica con una confianza descarada. La escena tenía un aire tan intenso que, si hubiera una cama cerca, Gael no se habría detenido.—¿Be... Belén?Alguien la vio y soltó el grito como si hubiera visto un fantasma.Gael abrió los ojos de golpe y su mirada chocó con la de Belén, que lo veía con una media sonrisa cargada de ironía. El ambiente se tensó. De inmediato soltó a Anaís y, abriéndose paso entre el grupo, se acercó a Belén. Su voz sonó seca, casi a la defensiva:—¿Qué haces aquí?La seguridad con la que hablaba solo aumentó el sarcasmo en la mirada de Belén. Sin mirar a Gael, fijó sus ojos en Anaís, quien la retaba con la mirada. Belén arqueó los labios y soltó:—¿Se te olvidó qué día es hoy?Hoy era su aniversario.Gael finalmente entendió por qué Belén había aparecido ahí. Se le notó la molestia en las cejas, y buscó una excusa sin pensar mucho:—Anaís no andaba de buen ánimo y vine con los demás para animarla. Todo esto fue cosa de la gente, jugando y haciendo relajo, por eso...—Lo sé.La voz de Belén sonó tranquila, casi amable.—Solo es un juego, no me afecta.Las palabras que Gael quería decir se le atoraron en la garganta. No podía tragárselas, tampoco escupirlas. Frunció el ceño, listo para sugerirle a Belén que se fueran juntos, pero alguien se adelantó.—Belén, de verdad, discúlpame. Hoy terminé con mi novio y por eso le pedí a mi hermano que viniera a acompañarme. Por favor, no lo culpes, fue mi culpa —dijo Anaís, acercándose a Belén con una copa de vino en la mano—. Ya que viniste, ¿por qué no te quedas con nosotros? Esta copa la preparó el barman solo para mí, por encargo de mi hermano. Prueba tantito.Belén no pudo evitar notar, a través del escote deliberadamente abierto de Anaís, unas cuantas marcas rojizas en su piel. Más arriba, su labial estaba corrido, evidenciando la intensidad de lo que había pasado. Anaís la retaba abiertamente, sin ningún pudor, delante de todos. ¿Acaso creía que era fácil de intimidar?La sonrisa de Belén se ensanchó, pero sus ojos destilaban una ironía punzante.—¿Ah, sí?Antes de que Anaís pudiera responder, la voz de Belén la cortó en seco.—Dime, hermana, ¿qué prefieres? ¿El sabor de la copa que te preparó otro hombre o el de los besos de un novio ajeno? ¿Cuál te gusta más?Remarcó la palabra “hermana” con una intención evidente. El ambiente se tensó. Todos recordaron de pronto la relación entre Anaís y Gael: eran hermanos adoptivos. Aunque no compartieran la misma sangre, Anaís era oficialmente la hermana de Gael. Y aun así, delante de todos, se habían besado como si no existiera límite alguno.De inmediato, las miradas se volvieron hacia Anaís, cargadas de sorpresa y desaprobación.—Belén, ¿qué tratas de decir con eso? —soltó Anaís, con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa—. Mi hermano solo me ayudó a salir de un apuro, y además, yo sé muy bien cuál es mi lugar. Nunca podría pasar de ahí...Desvió la mirada hacia Gael, como si aquel simple gesto le hiciera cargar con toda la culpa del mundo. La voz se le quebró, como si estuviera a punto de llorar.—Ya da igual —murmuró después de unos segundos, tragándose el orgullo—. Si mi papá no hubiera muerto por salvar a mi hermano, yo jamás habría entrado a la familia Farías, y él no habría tenido que hacerse cargo de mí todos estos años.—Al final, todo esto pasa porque yo nunca supe cuál era mi lugar. Es mi mala suerte, lo sé.—Belén, tranquila. Te prometo que a partir de ahora me voy a alejar de mi hermano. Pase lo que pase, no volveré a buscarlo. No quiero causarle problemas.Su voz se quebró al final, y la atmósfera en la sala cambió. Todos recordaron el motivo por el que Anaís y Gael eran hermanos: el padre biológico de Anaís había muerto al salvar a Gael de un secuestro. Ella era la hija del hombre que le había salvado la vida a Gael; era normal que él la cuidara. Además, solo estaban jugando.Pensar que Belén reaccionara de esa manera, los hizo verla como alguien celosa y poco razonable.Belén percibió cada una de esas miradas, sintiendo cómo el ambiente se llenaba de juicio. Sus ojos se volvieron más duros y lanzó una risa sarcástica.—Tu suerte... —iba a decir algo más, pero la interrumpieron.—¡Ya basta! —exclamó Gael, apretando la muñeca de Belén con fuerza y mirándola fijamente—. Solo estaba aquí acompañando a Anaís en un juego, ¿era necesario que armaras tanto escándalo? Además, ¿no hemos celebrado ya suficiente nuestro aniversario de novios?—Belén, ¿cuándo te volviste tan exagerada?Los dedos de Belén, colgando a un lado de su cuerpo, se apretaron con rabia. ¿Exagerada? ¿No tenía derecho a preguntar nada? Su propio novio casi le hace una escena romántica con su hermana adoptiva delante de todos, y ella ni siquiera podía decir una palabra.Sintió que el pecho se le cerraba, como si unas manos invisibles le apretaran el corazón, robándole el aire. La decepción la invadió mirando a Gael.¿Aún le quedaba algo por esperar de él?Se obligó a calmarse, respirando hondo. Bajo la mirada furiosa de Gael, forzó una sonrisa vacía, sin alegría.—Tienes razón —susurró—. Mejor los dejo para que sigan disfrutando la noche.Terminando de hablar, Belén se dio media vuelta y salió del lugar, sin mirar atrás.Al salir del bar y llegar hasta el carro, Gael ni siquiera se dignó a ir tras ella.En cambio, fue el celular de Belén el que vibró con un mensaje breve, casi indiferente, pero con un tono de reproche apenas disimulado.[No es lo que piensas con Anaís. Deberías disculparte por lo que hiciste hoy.]¿Disculparse con Anaís?Belén dejó escapar una sonrisa burlona y, sin darle más vueltas, aventó el celular sobre el asiento del copiloto.Tal vez Gael no tenía idea.Desde hacía un mes, Belén recibía en su celular fotos de Gael y Anaís saliendo juntos, posando como pareja para fotos de boda, incluso imágenes de Gael peleando con otros tipos por Anaís, todo como si fueran una pareja de verdad.Y siempre, Gael le salía con la misma cantaleta: que estaba de viaje, que tenía mucho trabajo, que no podía verla.Pero ahora, él ya no tendría que esforzarse en inventar excusas. Ella no lo quería más.Belén arrancó el carro y condujo de regreso a la casa que compartían.Apenas cruzó la puerta, se dedicó a juntar todos los regalos que Gael le había dado cuando empezaron a andar, las fotos de ambos, los videos, y hasta el diario de pareja que alguna vez llenaron juntos.Sin pensarlo mucho, llevó todo al jardín, lo acomodó en una tina de metal y les prendió fuego.Las llamas apenas comenzaban a crecer cuando la voz furiosa de un hombre retumbó a su espalda.—¿Qué estás haciendo!Sintió cómo alguien la jalaba del brazo con fuerza. En su campo de visión, vio a Gael agachándose sin dudar para sacar de las llamas las fotos que ya iban por la mitad.El fuego había subido tanto que, al intentar salvar el resto, Gael terminó quemándose la mano.—¡Ay! —exclamó, retirando la mano de golpe.Ya no pudo contener el enojo. Dando un paso hacia ella, le gritó:—¿Puedes decirme qué te pasa? ¡Por tu culpa Anaís está aguantando un montón de chismes! Hasta me ruega que venga a tranquilizarte, que no me enoje contigo, ¡y tú aquí quemando nuestras fotos!Gael apretó los dientes, la miró con ceño fruncido.—¿Desde cuándo te volviste tan inmadura, Belén?Ella alzó la cabeza, su mirada tan cortante como una hoja de papel, y le respondió con una media sonrisa mordaz:—Puede ser que sí, que soy inmadura, Gael. Pero ya no quiero seguir contigo. Terminamos.Apenas soltó las palabras, se dio la vuelta con la intención de entrar a la casa.Al escuchar la palabra “terminamos”, a Gael se le detuvo el corazón por un instante. Pero luego recordó todo lo que Belén había hecho por él, hasta pelearse con su familia. Siempre lo había querido tanto, no podía ser que lo dejara solo por una tontería.Estaba convencido de que Belén solo decía eso para hacerlo enojar.Con esa idea fija, Gael la siguió, la alcanzó justo en la escalera y la bloqueó, frunciendo el entrecejo.—Ya estuvo, no hagas más drama. Sé que olvidé el aniversario, fue mi error. Mañana es Día de los Enamorados. Vamos a celebrarlo juntos, ¿sí?Belén quiso decirle que no, pero Gael ya había decidido por los dos.Delante de ella, reservó un restaurante y unas entradas al cine, luego dejó el celular y trató de abrazarla.Pero en cuanto Gael se le acercó, Belén dio un paso atrás, esquivándolo sin vacilar.—¿Ahora qué te pasa?—Gael, ¿ya te diste cuenta del olor que traes?Belén lo miró de arriba abajo, el desprecio en sus ojos era tan evidente que dolía. El perfume dulce y empalagoso cubría a Gael por completo; era el aroma típico de Anaís.Gael se quedó pasmado.Se olfateó la ropa y la expresión le cambió al instante.Sin decir mucho, se quitó la corbata de un tirón, tomó ropa limpia del clóset y se metió al baño.—Voy a darme un baño —gruñó al pasar.A Belén no le importó lo más mínimo.Como Gael se iba a quedar a dormir esa noche, ella no quería ni tocarlo ni compartir la cama. Decidió llevar sus cosas a la habitación de invitados. Pero justo cuando iba a hacerlo, el celular de Gael vibró cerca de ella.Belén miró hacia el baño: Gael seguía bajo la regadera.Sin pensarlo mucho, desbloqueó la pantalla. Lo primero que apareció fue el chat entre él y Anaís.Capítulo 2—Jacobo Puente, en quince días regreso a Nova Estrella para casarme contigo.En la pequeña terraza del bar, Belén Luján estaba acurrucada en un sofá oscuro, su voz sonaba serena al otro lado de la línea.La respuesta llegó de inmediato, con una voz masculina, cortante y distante, que imponía respeto.—Belén, si no me falla la memoria, hace dos meses ya habías cancelado nuestro compromiso por ese supuesto novio tuyo.Belén apretó los labios, conteniendo emociones.Hace dos meses, había querido llevar a Gael Farías, su novio de siete años, a conocer a sus padres. Apenas insinuó la idea en casa, sus padres la sorprendieron: la familia Luján y la familia Puente ya preparaban una boda arreglada. Jacobo, el hijo mayor de los Puente, era su prometido “de nombre”.Por defender su relación con Gael, Belén armó una pelea monumental en casa. Efraín Luján terminó en el hospital del coraje y, desafiante, Belén apostó con su familia que sería feliz con Gael toda la vida, para que vieran que su elección no había sido en vano.Sin embargo, en tan solo dos meses, el amor que sentía por Gael se fue desgastando, especialmente por la forma en que él siempre protegía a Anaís Suárez, su “hermanita adoptiva”.Pero lo de hoy superaba todo.Hoy era su aniversario de novios. Gael la había dejado plantada y, para colmo, se encontraba coqueteando con Anaís en un bar.Belén apretó aún más su celular, su voz apenas un susurro, pero firme.—Voy a terminar con él.—¿Necesitas que te ayude?La voz de Jacobo era como una ráfaga de viento helado, fuerte y dominante.—No hace falta —respondió Belén, bajito—. Yo me encargo de cerrar este capítulo. No tendrás que preocuparte.—En estos años invertí mucho en su empresa. Necesito tiempo para recuperar lo mío. Espero que puedas esperarme.—De acuerdo. Nos vemos en el aeropuerto en quince días.Jacobo colgó sin más.Belén guardó su celular y se quedó mirando un punto fijo, perdida en sus pensamientos. Pasados unos segundos, se levantó y caminó hacia una de las salas privadas del segundo piso del bar.Apenas se acercó, el bullicio dentro de la sala se hizo más claro.Gael y Anaís estaban rodeados de amigos, en el centro de todo el alboroto.Belén puso la mano en la perilla y empujó la puerta justo cuando las bromas se elevaban:—¡La mordió, la mordió! ¡Gael hasta sacó la lengua! Aquí nadie le gana a Gael en este tipo de juegos.—¿Todo eso solo por un trago? Gael, ¿no crees que te lo estás tomando demasiado en serio?—¿Qué sabes tú? El trago es lo de menos, lo que importa es nuestra querida Anaís. Si ella pierde, tendrá que bajar y buscar a alguien para bailar pegadito. ¿Creen que Gael permitiría que Anaís se acerque tanto a otro?—¿Pero Gael no tiene novia?Ni siquiera cuando Belén abrió la puerta y entró, los que estaban en el centro notaron su presencia.Fueron los que estaban cerca de la puerta quienes comenzaron a darse codazos y a susurrar.Belén se cruzó de brazos y se quedó parada en la entrada, observando con una mezcla de desdén y resignación cómo Gael abrazaba a Anaís, sus manos recorriendo la cintura de la chica con una confianza descarada. La escena tenía un aire tan intenso que, si hubiera una cama cerca, Gael no se habría detenido.—¿Be... Belén?Alguien la vio y soltó el grito como si hubiera visto un fantasma.Gael abrió los ojos de golpe y su mirada chocó con la de Belén, que lo veía con una media sonrisa cargada de ironía. El ambiente se tensó. De inmediato soltó a Anaís y, abriéndose paso entre el grupo, se acercó a Belén. Su voz sonó seca, casi a la defensiva:—¿Qué haces aquí?La seguridad con la que hablaba solo aumentó el sarcasmo en la mirada de Belén. Sin mirar a Gael, fijó sus ojos en Anaís, quien la retaba con la mirada. Belén arqueó los labios y soltó:—¿Se te olvidó qué día es hoy?Hoy era su aniversario.Gael finalmente entendió por qué Belén había aparecido ahí. Se le notó la molestia en las cejas, y buscó una excusa sin pensar mucho:—Anaís no andaba de buen ánimo y vine con los demás para animarla. Todo esto fue cosa de la gente, jugando y haciendo relajo, por eso...—Lo sé.La voz de Belén sonó tranquila, casi amable.—Solo es un juego, no me afecta.Las palabras que Gael quería decir se le atoraron en la garganta. No podía tragárselas, tampoco escupirlas. Frunció el ceño, listo para sugerirle a Belén que se fueran juntos, pero alguien se adelantó.—Belén, de verdad, discúlpame. Hoy terminé con mi novio y por eso le pedí a mi hermano que viniera a acompañarme. Por favor, no lo culpes, fue mi culpa —dijo Anaís, acercándose a Belén con una copa de vino en la mano—. Ya que viniste, ¿por qué no te quedas con nosotros? Esta copa la preparó el barman solo para mí, por encargo de mi hermano. Prueba tantito.Belén no pudo evitar notar, a través del escote deliberadamente abierto de Anaís, unas cuantas marcas rojizas en su piel. Más arriba, su labial estaba corrido, evidenciando la intensidad de lo que había pasado. Anaís la retaba abiertamente, sin ningún pudor, delante de todos. ¿Acaso creía que era fácil de intimidar?La sonrisa de Belén se ensanchó, pero sus ojos destilaban una ironía punzante.—¿Ah, sí?Antes de que Anaís pudiera responder, la voz de Belén la cortó en seco.—Dime, hermana, ¿qué prefieres? ¿El sabor de la copa que te preparó otro hombre o el de los besos de un novio ajeno? ¿Cuál te gusta más?Remarcó la palabra “hermana” con una intención evidente. El ambiente se tensó. Todos recordaron de pronto la relación entre Anaís y Gael: eran hermanos adoptivos. Aunque no compartieran la misma sangre, Anaís era oficialmente la hermana de Gael. Y aun así, delante de todos, se habían besado como si no existiera límite alguno.De inmediato, las miradas se volvieron hacia Anaís, cargadas de sorpresa y desaprobación.—Belén, ¿qué tratas de decir con eso? —soltó Anaís, con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa—. Mi hermano solo me ayudó a salir de un apuro, y además, yo sé muy bien cuál es mi lugar. Nunca podría pasar de ahí...Desvió la mirada hacia Gael, como si aquel simple gesto le hiciera cargar con toda la culpa del mundo. La voz se le quebró, como si estuviera a punto de llorar.—Ya da igual —murmuró después de unos segundos, tragándose el orgullo—. Si mi papá no hubiera muerto por salvar a mi hermano, yo jamás habría entrado a la familia Farías, y él no habría tenido que hacerse cargo de mí todos estos años.—Al final, todo esto pasa porque yo nunca supe cuál era mi lugar. Es mi mala suerte, lo sé.—Belén, tranquila. Te prometo que a partir de ahora me voy a alejar de mi hermano. Pase lo que pase, no volveré a buscarlo. No quiero causarle problemas.Su voz se quebró al final, y la atmósfera en la sala cambió. Todos recordaron el motivo por el que Anaís y Gael eran hermanos: el padre biológico de Anaís había muerto al salvar a Gael de un secuestro. Ella era la hija del hombre que le había salvado la vida a Gael; era normal que él la cuidara. Además, solo estaban jugando.Pensar que Belén reaccionara de esa manera, los hizo verla como alguien celosa y poco razonable.Belén percibió cada una de esas miradas, sintiendo cómo el ambiente se llenaba de juicio. Sus ojos se volvieron más duros y lanzó una risa sarcástica.—Tu suerte... —iba a decir algo más, pero la interrumpieron.—¡Ya basta! —exclamó Gael, apretando la muñeca de Belén con fuerza y mirándola fijamente—. Solo estaba aquí acompañando a Anaís en un juego, ¿era necesario que armaras tanto escándalo? Además, ¿no hemos celebrado ya suficiente nuestro aniversario de novios?—Belén, ¿cuándo te volviste tan exagerada?Los dedos de Belén, colgando a un lado de su cuerpo, se apretaron con rabia. ¿Exagerada? ¿No tenía derecho a preguntar nada? Su propio novio casi le hace una escena romántica con su hermana adoptiva delante de todos, y ella ni siquiera podía decir una palabra.Sintió que el pecho se le cerraba, como si unas manos invisibles le apretaran el corazón, robándole el aire. La decepción la invadió mirando a Gael.¿Aún le quedaba algo por esperar de él?Se obligó a calmarse, respirando hondo. Bajo la mirada furiosa de Gael, forzó una sonrisa vacía, sin alegría.—Tienes razón —susurró—. Mejor los dejo para que sigan disfrutando la noche.Terminando de hablar, Belén se dio media vuelta y salió del lugar, sin mirar atrás.Al salir del bar y llegar hasta el carro, Gael ni siquiera se dignó a ir tras ella.En cambio, fue el celular de Belén el que vibró con un mensaje breve, casi indiferente, pero con un tono de reproche apenas disimulado.[No es lo que piensas con Anaís. Deberías disculparte por lo que hiciste hoy.]¿Disculparse con Anaís?Belén dejó escapar una sonrisa burlona y, sin darle más vueltas, aventó el celular sobre el asiento del copiloto.Tal vez Gael no tenía idea.Desde hacía un mes, Belén recibía en su celular fotos de Gael y Anaís saliendo juntos, posando como pareja para fotos de boda, incluso imágenes de Gael peleando con otros tipos por Anaís, todo como si fueran una pareja de verdad.Y siempre, Gael le salía con la misma cantaleta: que estaba de viaje, que tenía mucho trabajo, que no podía verla.Pero ahora, él ya no tendría que esforzarse en inventar excusas. Ella no lo quería más.Belén arrancó el carro y condujo de regreso a la casa que compartían.Apenas cruzó la puerta, se dedicó a juntar todos los regalos que Gael le había dado cuando empezaron a andar, las fotos de ambos, los videos, y hasta el diario de pareja que alguna vez llenaron juntos.Sin pensarlo mucho, llevó todo al jardín, lo acomodó en una tina de metal y les prendió fuego.Las llamas apenas comenzaban a crecer cuando la voz furiosa de un hombre retumbó a su espalda.—¿Qué estás haciendo!Sintió cómo alguien la jalaba del brazo con fuerza. En su campo de visión, vio a Gael agachándose sin dudar para sacar de las llamas las fotos que ya iban por la mitad.El fuego había subido tanto que, al intentar salvar el resto, Gael terminó quemándose la mano.—¡Ay! —exclamó, retirando la mano de golpe.Ya no pudo contener el enojo. Dando un paso hacia ella, le gritó:—¿Puedes decirme qué te pasa? ¡Por tu culpa Anaís está aguantando un montón de chismes! Hasta me ruega que venga a tranquilizarte, que no me enoje contigo, ¡y tú aquí quemando nuestras fotos!Gael apretó los dientes, la miró con ceño fruncido.—¿Desde cuándo te volviste tan inmadura, Belén?Ella alzó la cabeza, su mirada tan cortante como una hoja de papel, y le respondió con una media sonrisa mordaz:—Puede ser que sí, que soy inmadura, Gael. Pero ya no quiero seguir contigo. Terminamos.Apenas soltó las palabras, se dio la vuelta con la intención de entrar a la casa.Al escuchar la palabra “terminamos”, a Gael se le detuvo el corazón por un instante. Pero luego recordó todo lo que Belén había hecho por él, hasta pelearse con su familia. Siempre lo había querido tanto, no podía ser que lo dejara solo por una tontería.Estaba convencido de que Belén solo decía eso para hacerlo enojar.Con esa idea fija, Gael la siguió, la alcanzó justo en la escalera y la bloqueó, frunciendo el entrecejo.—Ya estuvo, no hagas más drama. Sé que olvidé el aniversario, fue mi error. Mañana es Día de los Enamorados. Vamos a celebrarlo juntos, ¿sí?Belén quiso decirle que no, pero Gael ya había decidido por los dos.Delante de ella, reservó un restaurante y unas entradas al cine, luego dejó el celular y trató de abrazarla.Pero en cuanto Gael se le acercó, Belén dio un paso atrás, esquivándolo sin vacilar.—¿Ahora qué te pasa?—Gael, ¿ya te diste cuenta del olor que traes?Belén lo miró de arriba abajo, el desprecio en sus ojos era tan evidente que dolía. El perfume dulce y empalagoso cubría a Gael por completo; era el aroma típico de Anaís.Gael se quedó pasmado.Se olfateó la ropa y la expresión le cambió al instante.Sin decir mucho, se quitó la corbata de un tirón, tomó ropa limpia del clóset y se metió al baño.—Voy a darme un baño —gruñó al pasar.A Belén no le importó lo más mínimo.Como Gael se iba a quedar a dormir esa noche, ella no quería ni tocarlo ni compartir la cama. Decidió llevar sus cosas a la habitación de invitados. Pero justo cuando iba a hacerlo, el celular de Gael vibró cerca de ella.Belén miró hacia el baño: Gael seguía bajo la regadera.Sin pensarlo mucho, desbloqueó la pantalla. Lo primero que apareció fue el chat entre él y Anaís.Capítulo 3—Jacobo Puente, en quince días regreso a Nova Estrella para casarme contigo.En la pequeña terraza del bar, Belén Luján estaba acurrucada en un sofá oscuro, su voz sonaba serena al otro lado de la línea.La respuesta llegó de inmediato, con una voz masculina, cortante y distante, que imponía respeto.—Belén, si no me falla la memoria, hace dos meses ya habías cancelado nuestro compromiso por ese supuesto novio tuyo.Belén apretó los labios, conteniendo emociones.Hace dos meses, había querido llevar a Gael Farías, su novio de siete años, a conocer a sus padres. Apenas insinuó la idea en casa, sus padres la sorprendieron: la familia Luján y la familia Puente ya preparaban una boda arreglada. Jacobo, el hijo mayor de los Puente, era su prometido “de nombre”.Por defender su relación con Gael, Belén armó una pelea monumental en casa. Efraín Luján terminó en el hospital del coraje y, desafiante, Belén apostó con su familia que sería feliz con Gael toda la vida, para que vieran que su elección no había sido en vano.Sin embargo, en tan solo dos meses, el amor que sentía por Gael se fue desgastando, especialmente por la forma en que él siempre protegía a Anaís Suárez, su “hermanita adoptiva”.Pero lo de hoy superaba todo.Hoy era su aniversario de novios. Gael la había dejado plantada y, para colmo, se encontraba coqueteando con Anaís en un bar.Belén apretó aún más su celular, su voz apenas un susurro, pero firme.—Voy a terminar con él.—¿Necesitas que te ayude?La voz de Jacobo era como una ráfaga de viento helado, fuerte y dominante.—No hace falta —respondió Belén, bajito—. Yo me encargo de cerrar este capítulo. No tendrás que preocuparte.—En estos años invertí mucho en su empresa. Necesito tiempo para recuperar lo mío. Espero que puedas esperarme.—De acuerdo. Nos vemos en el aeropuerto en quince días.Jacobo colgó sin más.Belén guardó su celular y se quedó mirando un punto fijo, perdida en sus pensamientos. Pasados unos segundos, se levantó y caminó hacia una de las salas privadas del segundo piso del bar.Apenas se acercó, el bullicio dentro de la sala se hizo más claro.Gael y Anaís estaban rodeados de amigos, en el centro de todo el alboroto.Belén puso la mano en la perilla y empujó la puerta justo cuando las bromas se elevaban:—¡La mordió, la mordió! ¡Gael hasta sacó la lengua! Aquí nadie le gana a Gael en este tipo de juegos.—¿Todo eso solo por un trago? Gael, ¿no crees que te lo estás tomando demasiado en serio?—¿Qué sabes tú? El trago es lo de menos, lo que importa es nuestra querida Anaís. Si ella pierde, tendrá que bajar y buscar a alguien para bailar pegadito. ¿Creen que Gael permitiría que Anaís se acerque tanto a otro?—¿Pero Gael no tiene novia?Ni siquiera cuando Belén abrió la puerta y entró, los que estaban en el centro notaron su presencia.Fueron los que estaban cerca de la puerta quienes comenzaron a darse codazos y a susurrar.Belén se cruzó de brazos y se quedó parada en la entrada, observando con una mezcla de desdén y resignación cómo Gael abrazaba a Anaís, sus manos recorriendo la cintura de la chica con una confianza descarada. La escena tenía un aire tan intenso que, si hubiera una cama cerca, Gael no se habría detenido.—¿Be... Belén?Alguien la vio y soltó el grito como si hubiera visto un fantasma.Gael abrió los ojos de golpe y su mirada chocó con la de Belén, que lo veía con una media sonrisa cargada de ironía. El ambiente se tensó. De inmediato soltó a Anaís y, abriéndose paso entre el grupo, se acercó a Belén. Su voz sonó seca, casi a la defensiva:—¿Qué haces aquí?La seguridad con la que hablaba solo aumentó el sarcasmo en la mirada de Belén. Sin mirar a Gael, fijó sus ojos en Anaís, quien la retaba con la mirada. Belén arqueó los labios y soltó:—¿Se te olvidó qué día es hoy?Hoy era su aniversario.Gael finalmente entendió por qué Belén había aparecido ahí. Se le notó la molestia en las cejas, y buscó una excusa sin pensar mucho:—Anaís no andaba de buen ánimo y vine con los demás para animarla. Todo esto fue cosa de la gente, jugando y haciendo relajo, por eso...—Lo sé.La voz de Belén sonó tranquila, casi amable.—Solo es un juego, no me afecta.Las palabras que Gael quería decir se le atoraron en la garganta. No podía tragárselas, tampoco escupirlas. Frunció el ceño, listo para sugerirle a Belén que se fueran juntos, pero alguien se adelantó.—Belén, de verdad, discúlpame. Hoy terminé con mi novio y por eso le pedí a mi hermano que viniera a acompañarme. Por favor, no lo culpes, fue mi culpa —dijo Anaís, acercándose a Belén con una copa de vino en la mano—. Ya que viniste, ¿por qué no te quedas con nosotros? Esta copa la preparó el barman solo para mí, por encargo de mi hermano. Prueba tantito.Belén no pudo evitar notar, a través del escote deliberadamente abierto de Anaís, unas cuantas marcas rojizas en su piel. Más arriba, su labial estaba corrido, evidenciando la intensidad de lo que había pasado. Anaís la retaba abiertamente, sin ningún pudor, delante de todos. ¿Acaso creía que era fácil de intimidar?La sonrisa de Belén se ensanchó, pero sus ojos destilaban una ironía punzante.—¿Ah, sí?Antes de que Anaís pudiera responder, la voz de Belén la cortó en seco.—Dime, hermana, ¿qué prefieres? ¿El sabor de la copa que te preparó otro hombre o el de los besos de un novio ajeno? ¿Cuál te gusta más?Remarcó la palabra “hermana” con una intención evidente. El ambiente se tensó. Todos recordaron de pronto la relación entre Anaís y Gael: eran hermanos adoptivos. Aunque no compartieran la misma sangre, Anaís era oficialmente la hermana de Gael. Y aun así, delante de todos, se habían besado como si no existiera límite alguno.De inmediato, las miradas se volvieron hacia Anaís, cargadas de sorpresa y desaprobación.—Belén, ¿qué tratas de decir con eso? —soltó Anaís, con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa—. Mi hermano solo me ayudó a salir de un apuro, y además, yo sé muy bien cuál es mi lugar. Nunca podría pasar de ahí...Desvió la mirada hacia Gael, como si aquel simple gesto le hiciera cargar con toda la culpa del mundo. La voz se le quebró, como si estuviera a punto de llorar.—Ya da igual —murmuró después de unos segundos, tragándose el orgullo—. Si mi papá no hubiera muerto por salvar a mi hermano, yo jamás habría entrado a la familia Farías, y él no habría tenido que hacerse cargo de mí todos estos años.—Al final, todo esto pasa porque yo nunca supe cuál era mi lugar. Es mi mala suerte, lo sé.—Belén, tranquila. Te prometo que a partir de ahora me voy a alejar de mi hermano. Pase lo que pase, no volveré a buscarlo. No quiero causarle problemas.Su voz se quebró al final, y la atmósfera en la sala cambió. Todos recordaron el motivo por el que Anaís y Gael eran hermanos: el padre biológico de Anaís había muerto al salvar a Gael de un secuestro. Ella era la hija del hombre que le había salvado la vida a Gael; era normal que él la cuidara. Además, solo estaban jugando.Pensar que Belén reaccionara de esa manera, los hizo verla como alguien celosa y poco razonable.Belén percibió cada una de esas miradas, sintiendo cómo el ambiente se llenaba de juicio. Sus ojos se volvieron más duros y lanzó una risa sarcástica.—Tu suerte... —iba a decir algo más, pero la interrumpieron.—¡Ya basta! —exclamó Gael, apretando la muñeca de Belén con fuerza y mirándola fijamente—. Solo estaba aquí acompañando a Anaís en un juego, ¿era necesario que armaras tanto escándalo? Además, ¿no hemos celebrado ya suficiente nuestro aniversario de novios?—Belén, ¿cuándo te volviste tan exagerada?Los dedos de Belén, colgando a un lado de su cuerpo, se apretaron con rabia. ¿Exagerada? ¿No tenía derecho a preguntar nada? Su propio novio casi le hace una escena romántica con su hermana adoptiva delante de todos, y ella ni siquiera podía decir una palabra.Sintió que el pecho se le cerraba, como si unas manos invisibles le apretaran el corazón, robándole el aire. La decepción la invadió mirando a Gael.¿Aún le quedaba algo por esperar de él?Se obligó a calmarse, respirando hondo. Bajo la mirada furiosa de Gael, forzó una sonrisa vacía, sin alegría.—Tienes razón —susurró—. Mejor los dejo para que sigan disfrutando la noche.Terminando de hablar, Belén se dio media vuelta y salió del lugar, sin mirar atrás.Al salir del bar y llegar hasta el carro, Gael ni siquiera se dignó a ir tras ella.En cambio, fue el celular de Belén el que vibró con un mensaje breve, casi indiferente, pero con un tono de reproche apenas disimulado.[No es lo que piensas con Anaís. Deberías disculparte por lo que hiciste hoy.]¿Disculparse con Anaís?Belén dejó escapar una sonrisa burlona y, sin darle más vueltas, aventó el celular sobre el asiento del copiloto.Tal vez Gael no tenía idea.Desde hacía un mes, Belén recibía en su celular fotos de Gael y Anaís saliendo juntos, posando como pareja para fotos de boda, incluso imágenes de Gael peleando con otros tipos por Anaís, todo como si fueran una pareja de verdad.Y siempre, Gael le salía con la misma cantaleta: que estaba de viaje, que tenía mucho trabajo, que no podía verla.Pero ahora, él ya no tendría que esforzarse en inventar excusas. Ella no lo quería más.Belén arrancó el carro y condujo de regreso a la casa que compartían.Apenas cruzó la puerta, se dedicó a juntar todos los regalos que Gael le había dado cuando empezaron a andar, las fotos de ambos, los videos, y hasta el diario de pareja que alguna vez llenaron juntos.Sin pensarlo mucho, llevó todo al jardín, lo acomodó en una tina de metal y les prendió fuego.Las llamas apenas comenzaban a crecer cuando la voz furiosa de un hombre retumbó a su espalda.—¿Qué estás haciendo!Sintió cómo alguien la jalaba del brazo con fuerza. En su campo de visión, vio a Gael agachándose sin dudar para sacar de las llamas las fotos que ya iban por la mitad.El fuego había subido tanto que, al intentar salvar el resto, Gael terminó quemándose la mano.—¡Ay! —exclamó, retirando la mano de golpe.Ya no pudo contener el enojo. Dando un paso hacia ella, le gritó:—¿Puedes decirme qué te pasa? ¡Por tu culpa Anaís está aguantando un montón de chismes! Hasta me ruega que venga a tranquilizarte, que no me enoje contigo, ¡y tú aquí quemando nuestras fotos!Gael apretó los dientes, la miró con ceño fruncido.—¿Desde cuándo te volviste tan inmadura, Belén?Ella alzó la cabeza, su mirada tan cortante como una hoja de papel, y le respondió con una media sonrisa mordaz:—Puede ser que sí, que soy inmadura, Gael. Pero ya no quiero seguir contigo. Terminamos.Apenas soltó las palabras, se dio la vuelta con la intención de entrar a la casa.Al escuchar la palabra “terminamos”, a Gael se le detuvo el corazón por un instante. Pero luego recordó todo lo que Belén había hecho por él, hasta pelearse con su familia. Siempre lo había querido tanto, no podía ser que lo dejara solo por una tontería.Estaba convencido de que Belén solo decía eso para hacerlo enojar.Con esa idea fija, Gael la siguió, la alcanzó justo en la escalera y la bloqueó, frunciendo el entrecejo.—Ya estuvo, no hagas más drama. Sé que olvidé el aniversario, fue mi error. Mañana es Día de los Enamorados. Vamos a celebrarlo juntos, ¿sí?Belén quiso decirle que no, pero Gael ya había decidido por los dos.Delante de ella, reservó un restaurante y unas entradas al cine, luego dejó el celular y trató de abrazarla.Pero en cuanto Gael se le acercó, Belén dio un paso atrás, esquivándolo sin vacilar.—¿Ahora qué te pasa?—Gael, ¿ya te diste cuenta del olor que traes?Belén lo miró de arriba abajo, el desprecio en sus ojos era tan evidente que dolía. El perfume dulce y empalagoso cubría a Gael por completo; era el aroma típico de Anaís.Gael se quedó pasmado.Se olfateó la ropa y la expresión le cambió al instante.Sin decir mucho, se quitó la corbata de un tirón, tomó ropa limpia del clóset y se metió al baño.—Voy a darme un baño —gruñó al pasar.A Belén no le importó lo más mínimo.Como Gael se iba a quedar a dormir esa noche, ella no quería ni tocarlo ni compartir la cama. Decidió llevar sus cosas a la habitación de invitados. Pero justo cuando iba a hacerlo, el celular de Gael vibró cerca de ella.Belén miró hacia el baño: Gael seguía bajo la regadera.Sin pensarlo mucho, desbloqueó la pantalla. Lo primero que apareció fue el chat entre él y Anaís.

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