Capítulo 1Noruega, Archipiélago Svalbard.—Enrique, ya investigué todo, aquí podemos hacer caminata sobre el glaciar y más adelante hay una expedición a las cuevas de hielo. Incluso le pregunté a la gente del lugar y me dijeron que, durante la caminata, es posible ver la aurora boreal.En esta ocasión, Enrique Farías por fin había logrado sacar quince días libres para acompañarla a ver la aurora. Para este viaje, Fátima Orozco había trabajado varios turnos de noche seguidos, solo para poder arreglar las vacaciones con sus compañeros del hospital.—¿Mañana vamos juntos a la caminata sobre el glaciar, sí? ¿Te parece?Fátima tenía la cara casi enterrada en una bufanda gruesa, los ojos le brillaban de emoción y esperanza.Sus pestañas, largas y rizadas, estaban cubiertas por pequeños cristales de hielo. La punta de su nariz, roja por el frío, contrastaba con el brillo intenso de su mirada.Al hablar, su aliento se convertía en una nube blanca que envolvía su rostro entusiasta, dándole un aire de ensueño.Enrique pocas veces había visto a Fátima expresar sus emociones así, tan a flor de piel.Desde que comenzaron esta relación por contrato, Fátima siempre había sido tranquila y amable, con un ánimo tan estable que parecía que nada en el mundo podía hacerla perder la calma.Esa mirada suya, tan cautivadora, parecía un río de estrellas, sobre todo cuando le hablaba así, con tanta esperanza, como si todo su universo se iluminara de pronto.Enrique la miró y, sin pensarlo mucho, le sonrió.—Claro, vamos.La alegría de Fátima se desbordó de inmediato, iluminando su cara como si ya hubiera visto la aurora....Al día siguiente, la pareja se preparó y, acompañados de un guía local, salieron rumbo a la expedición de cuevas de hielo.Esta vez, la nevada en Noruega era intensa; las montañas junto al hotel estaban cubiertas por una gruesa capa blanca.—Enrique, mira, esto es increíble… No sé cuándo podré volver, pero ya quiero regresar algún día —comentó Fátima, abrazada al brazo de Enrique, sin poder ocultar su felicidad.—Si quieres volver, yo...Enrique no terminó la frase. Su celular comenzó a sonar de repente.Contestó la llamada, serio.—¿Bueno? ¿Qué pasó?Su expresión cambió de inmediato. Mientras hablaba, comenzó a caminar de regreso al hotel con paso apresurado.—¿Enrique, qué sucede? —preguntó Fátima, sintiendo una extraña presión en el pecho, mientras intentaba alcanzarlo.Él ni siquiera notó su mano. Caminaba tan rápido que, con toda la ropa gruesa, Fátima no pudo seguirle el ritmo.Cuando por fin logró regresar al hotel, Enrique ya se había cambiado y estaba listo para salir, vestido con ropa casual en vez del atuendo para la nieve.—¿Qué pasó? —le preguntó preocupada, acercándose al verlo tan inquieto.—Secuestraron a Pilar. Necesito regresar de inmediato para ayudarla.El rostro de Enrique estaba tenso; en su voz se mezclaban la preocupación y el apuro.Pilar, Pilar Soler, la amiga de la infancia de Enrique.Fátima lo sabía bien.Había escuchado que Pilar siempre había estado delicada de salud y que sus padres la mandaron al extranjero para recibir tratamiento. Apenas una semana atrás, Pilar había regresado al país.Al ver la angustia de Enrique, Fátima sintió que algo se le quebraba por dentro.Mientras se quedaba pensando en silencio, Enrique ya salía de la habitación. De pronto, como recordando algo, se volvió hacia ella.—Ve tú a ver la aurora esta noche. Cuando logre ayudar a Pilar, regreso contigo.No le dio oportunidad de responder; Enrique salió del hotel sin mirar atrás.Fátima, de pronto, despertó de su estupor y corrió tras él.—¡Enrique, espera!Apenas lo llamó, Enrique se dio la vuelta con gesto impaciente. Esa expresión amable de la mañana se había esfumado, reemplazada por un aire hosco y cortante.—Fátima, cuando me casé contigo fue porque eras sensata y sabía que entenderías las cosas. ¿De verdad vas a ponerte celosa justo ahora y tratar de detenerme cuando alguien necesita ayuda?Mientras hablaba, Enrique la miraba con una mezcla de decepción y fastidio.Fátima sintió como si un alfiler le atravesara el corazón. Lo miró, atónita, sin saber qué decir.Al ver la expresión de Fátima, Enrique titubeó, dándose cuenta de que quizás se había pasado. Por un instante, en sus ojos apareció una chispa de arrepentimiento.—Yo...—Solo quiero que te pongas estas gafas protectoras.Las palabras que Enrique estaba a punto de decir se quedaron atoradas en su garganta, interrumpidas por Fátima.Fátima le tendió las gafas que sostenía en la mano y explicó con voz suave:—Está saliendo el sol allá afuera, y todo el camino está cubierto de nieve. Si no te las pones, podrías terminar con ceguera por la nieve.Enrique se quedó quieto al escuchar la explicación de Fátima y ver cómo le ofrecía las gafas. Tardó un momento en reaccionar antes de tomarlas de su mano. Su expresión se volvió complicada; se llevó la mano a la frente y murmuró con voz ronca:—Perdón, me desesperé hace rato y por eso…Fátima negó con la cabeza.—No te preocupes. Si hay una vida en riesgo, lo entiendo.El gesto forzado de Fátima, esa media sonrisa que apenas podía sostener, le dolió a Enrique mucho más de lo que hubiera querido admitir. Sin pensar, abrió la boca para decir algo:—Fátima…—Anda, ve ya. Salvar a Pilar es lo importante, no pierdas tiempo aquí.Fátima lo interrumpió y lo apuró con firmeza.Enrique pensó en Pilar, secuestrada y sin saber si seguía viva o muerta. No perdió ni un segundo más. Solo dejó una frase para Fátima:—Espérame, regreso pronto.Y salió corriendo, sin mirar atrás....Fátima vio cómo Enrique se alejaba apresurado. Cuando por fin desapareció su silueta, la sonrisa que había forzado se desvaneció por completo.En más de dos años de matrimonio, Enrique siempre había sido un hombre sereno, dueño de sí mismo, educado hasta el extremo. Jamás lo había visto perder el control de esa manera.Supuso que así era el dicho: cuando se trata de alguien que te importa, el corazón manda más que la razón.Soltó un suspiro y regresó a la habitación del hotel. Toda la emoción con la que había despertado esa mañana se borró de golpe, como si nunca hubiera existido.Su matrimonio con Enrique era, a la vez, una historia absurda y perfectamente lógica.Se habían conocido gracias a su mentor, el profesor Elías Rubio, catedrático de la Facultad de Medicina en la Universidad San Víctor.El profesor Elías era amigo cercano de la familia Farías desde hacía años. Al enterarse de que el señor Simón presionaba a Enrique para que se casara, el profesor Elías pensó que sería buena idea presentarle a su alumna preferida.Esa alumna era ella, Fátima.Aunque la familia de Fátima estaba muy lejos de tener el poder y la influencia de los Farías, sí era reconocida en los círculos académicos de San Víctor.Su abuelo y su abuela habían sido de los primeros profesores en la Universidad San Víctor; muchos de los empresarios y líderes sociales más conocidos de la ciudad habían pasado por sus clases.Sus padres también trabajaban como profesores en la Facultad de Medicina de la misma universidad.Y Fátima, con dos doctorados en Medicina Clínica y graduada en tiempo récord, había saltado tres niveles en su carrera académica.Por su familia y su inteligencia, apenas cumplía con los estándares de la familia Farías para elegir a la esposa de su hijo.Así fue como terminó aceptando la cita a ciegas con Enrique.El día que lo conoció, Fátima estaba tan emocionada como nerviosa, pero hizo lo posible por mantener la compostura y actuar con naturalidad. Su actuación fue tan buena que la primera cita fue, al menos en apariencia, perfecta.—Señorita Fátima, hay algo que quiero dejar claro —dijo Enrique con seriedad—. No tengo intención de casarme, pero mi abuelo me está presionando mucho.—Yo… yo igual —respondió Fátima, esforzándose por mantener la calma y esbozando una sonrisa resignada.—Mi abuelo está muy enfermo. Quiere verme casado antes de irse… así que…Ella trató de sonreír de manera casual, como si también necesitara una excusa perfecta para estar allí.En realidad, era cierto que su abuelo estaba enfermo y que quería verla casada, pero… la verdadera razón por la que aceptó aquella cita era que el candidato era Enrique.Llevaba enamorada de él desde el primer año de preparatoria. Diez años de amor en silencio.—Si no le molesta, señorita Fátima, podríamos casarnos bajo acuerdo, por tres años. Cuando termine el plazo, podríamos divorciarnos alegando diferencias de carácter. ¿Qué le parece?—¿Ca… casarnos por contrato?Fátima se quedó atónita, pero vio que Enrique asentía con toda seriedad.Fátima clavó la mirada en los ojos de Enrique, tan serios y distantes como un lago en invierno, incapaces de revelar la mínima emoción.En ese instante, se convenció: Enrique no estaba bromeando.A pesar de todo, ella aceptó sin dudarlo.Convertirse en la esposa de Enrique, después de haberlo amado en silencio durante diez años, se sentía como ver finalmente la luna asomar entre las nubes.—Entonces... que sea una buena cooperación.Enrique le sonrió y le extendió la mano; sus dedos largos y firmes, tan elegantes como él mismo, desprendían una calidez inesperada.—Que sea una buena cooperación —respondió ella, estrechando su mano.El calor que brotaba de su palma recorrió todo su cuerpo, como si le encendiera el alma.Así, Fátima y Enrique se convirtieron en marido y mujer por contrato durante tres años....Un viento helado barrió la calle, haciéndola estremecerse. De pronto, volvió en sí.Sin Enrique cerca, toda su motivación se apagó. Terminó acurrucada en la habitación del hotel, donde durmió toda la tarde.Ese día, no recibió ni una sola llamada de Enrique.Al día siguiente, como siempre, se despertó temprano.Se puso la ropa térmica, alistó el equipo de exploración y, tras acordar con un guía local, decidió salir a hacer senderismo por su cuenta.Ya estaba ahí. No pensaba desperdiciar medio mes de vacaciones.Por el camino, se cruzó con varios grupos de aventureros de diferentes países.Pero Fátima no sintió ni nervios ni miedo.Tomó muchísimas fotos.Al abrir WhatsApp para compartirle alguna a Enrique, dudó. Detuvo el dedo antes de enviarla.Pensándolo bien, Enrique ya debía estar de regreso en el país.Pilar había sido secuestrada, y ella, en lugar de preocuparse, le mandaba fotos de su paseo. No tenía sentido.Así que dejó el celular a un lado.Pero, como si algo la guiara, terminó abriendo el perfil de Pilar y revisando sus publicaciones.Una semana atrás, Pilar y su familia habían regresado al país y visitado a los Farías.Después de aquella comida, Pilar la había agregado al WhatsApp.La primera publicación era de apenas una hora antes.[Pilar siempre valdrá millones para Enrique, jeje.]Venía acompañada de un mosaico de fotos.Había una selfie de Pilar en el hospital, varias imágenes de la silueta de un hombre de espaldas y una mano cortando una manzana.Aunque Enrique no mostraba la cara, Fátima lo reconoció de inmediato.Era imposible no reconocer esa mano, especialmente porque en el dedo llevaba el anillo de bodas que compartían.Entonces, ¿Pilar ya había sido rescatada?Sintió un enorme alivio.Pensó que, tal vez, Enrique pronto viajaría a buscarla.Volvió a mirar los comentarios de la publicación:[Te aprovechas del cariño de Enrique, hasta mientes con secuestros.][Así es Pilar, Enrique la cuida tanto que dejó a su esposa congelándose en una isla lejana. Cuando vuelva la esposa, Enrique va a tener que pedir perdón con todo.][No vuelvas a meterte en problemas así.]El último comentario era de Enrique, y de todos los mensajes de Pilar, solo contestó el de él:[Enrique, ya entendí, cuando regrese tu esposa, le pediré disculpas.]A eso le siguieron otros comentarios:[Aunque el secuestro no fue real, una crisis de depresión no es menos peligrosa. La esposa no va a armar drama por esto.][Al final, Enrique habría estado mejor casándose con Pilar, se conocen de toda la vida. Capaz y así su depresión mejoraba.][Enrique sigue al lado de Pilar, está clarísimo que ella es más importante para él que la esposa.]Fátima leyó los comentarios con la calma de quien ya está acostumbrada a ser invisible.Quizá esas personas la despreciaban, o pensaban que era demasiado tolerante. No les preocupaba que ella viera esos mensajes.Y Enrique, por su parte, nunca los detuvo ni les dijo nada en su defensa.De repente, todo le pareció vacío y sin sentido.Salió de las publicaciones de Pilar, sin ganas de seguir mirando.Justo cuando iba a seguir caminando, la montaña tembló.De pronto, la nieve de lo alto se desplomó como una bestia furiosa lanzándose sobre ella.No le dio tiempo a reaccionar: quedó sepultada bajo la avalancha.El terror, el miedo, la desesperación, le llenaron el pecho de golpe.Aplastada bajo la nieve, apretó el celular con fuerza y marcó a Enrique por videollamada.Si iba a morir ahí, al menos quería verlo una vez más.Como un último regalo a esos diez años de amor silencioso.Pero en cuanto la videollamada conectó, fue rechazada.En ese instante, la impotencia y el dolor se le atoraron en la garganta.Le dolía tanto que no podía ni respirar.De hecho, esa mezcla de amargura y decepción terminó por ahogar incluso el miedo a la muerte.No sabía de dónde sacó fuerzas, pero marcó de nuevo.Como era de esperarse, volvió a colgarle.Su corazón, igual que la nieve helada que la cubría, se sentía tan frío que le hizo temblar.Le escribió un mensaje por WhatsApp:[Se vino una avalancha, estoy atrapada bajo la nieve.]En el fondo, no esperaba nada de alguien que le había colgado dos videollamadas seguidas.Aun así, no pudo evitar hacerlo.Tal vez era la última oportunidad para su amor de diez años.O quizá, era la excusa perfecta para dejarlo ir de una vez.Para su sorpresa, esta vez la respuesta llegó de inmediato.Cada palabra era como una navaja que le destrozaba el corazón.[Fátima, si quieres que regrese, no deberías inventar mentiras tan fáciles de descubrir. Voy a quedarme unos días más con Pilar. Si ya te divertiste, vuelve sola.]Sintió cómo el veneno de esas palabras le recorría hasta los huesos.No contestó. Sepultada bajo la nieve, poco a poco su cuerpo fue perdiendo el calor.Capítulo 2Noruega, Archipiélago Svalbard.—Enrique, ya investigué todo, aquí podemos hacer caminata sobre el glaciar y más adelante hay una expedición a las cuevas de hielo. Incluso le pregunté a la gente del lugar y me dijeron que, durante la caminata, es posible ver la aurora boreal.En esta ocasión, Enrique Farías por fin había logrado sacar quince días libres para acompañarla a ver la aurora. Para este viaje, Fátima Orozco había trabajado varios turnos de noche seguidos, solo para poder arreglar las vacaciones con sus compañeros del hospital.—¿Mañana vamos juntos a la caminata sobre el glaciar, sí? ¿Te parece?Fátima tenía la cara casi enterrada en una bufanda gruesa, los ojos le brillaban de emoción y esperanza.Sus pestañas, largas y rizadas, estaban cubiertas por pequeños cristales de hielo. La punta de su nariz, roja por el frío, contrastaba con el brillo intenso de su mirada.Al hablar, su aliento se convertía en una nube blanca que envolvía su rostro entusiasta, dándole un aire de ensueño.Enrique pocas veces había visto a Fátima expresar sus emociones así, tan a flor de piel.Desde que comenzaron esta relación por contrato, Fátima siempre había sido tranquila y amable, con un ánimo tan estable que parecía que nada en el mundo podía hacerla perder la calma.Esa mirada suya, tan cautivadora, parecía un río de estrellas, sobre todo cuando le hablaba así, con tanta esperanza, como si todo su universo se iluminara de pronto.Enrique la miró y, sin pensarlo mucho, le sonrió.—Claro, vamos.La alegría de Fátima se desbordó de inmediato, iluminando su cara como si ya hubiera visto la aurora....Al día siguiente, la pareja se preparó y, acompañados de un guía local, salieron rumbo a la expedición de cuevas de hielo.Esta vez, la nevada en Noruega era intensa; las montañas junto al hotel estaban cubiertas por una gruesa capa blanca.—Enrique, mira, esto es increíble… No sé cuándo podré volver, pero ya quiero regresar algún día —comentó Fátima, abrazada al brazo de Enrique, sin poder ocultar su felicidad.—Si quieres volver, yo...Enrique no terminó la frase. Su celular comenzó a sonar de repente.Contestó la llamada, serio.—¿Bueno? ¿Qué pasó?Su expresión cambió de inmediato. Mientras hablaba, comenzó a caminar de regreso al hotel con paso apresurado.—¿Enrique, qué sucede? —preguntó Fátima, sintiendo una extraña presión en el pecho, mientras intentaba alcanzarlo.Él ni siquiera notó su mano. Caminaba tan rápido que, con toda la ropa gruesa, Fátima no pudo seguirle el ritmo.Cuando por fin logró regresar al hotel, Enrique ya se había cambiado y estaba listo para salir, vestido con ropa casual en vez del atuendo para la nieve.—¿Qué pasó? —le preguntó preocupada, acercándose al verlo tan inquieto.—Secuestraron a Pilar. Necesito regresar de inmediato para ayudarla.El rostro de Enrique estaba tenso; en su voz se mezclaban la preocupación y el apuro.Pilar, Pilar Soler, la amiga de la infancia de Enrique.Fátima lo sabía bien.Había escuchado que Pilar siempre había estado delicada de salud y que sus padres la mandaron al extranjero para recibir tratamiento. Apenas una semana atrás, Pilar había regresado al país.Al ver la angustia de Enrique, Fátima sintió que algo se le quebraba por dentro.Mientras se quedaba pensando en silencio, Enrique ya salía de la habitación. De pronto, como recordando algo, se volvió hacia ella.—Ve tú a ver la aurora esta noche. Cuando logre ayudar a Pilar, regreso contigo.No le dio oportunidad de responder; Enrique salió del hotel sin mirar atrás.Fátima, de pronto, despertó de su estupor y corrió tras él.—¡Enrique, espera!Apenas lo llamó, Enrique se dio la vuelta con gesto impaciente. Esa expresión amable de la mañana se había esfumado, reemplazada por un aire hosco y cortante.—Fátima, cuando me casé contigo fue porque eras sensata y sabía que entenderías las cosas. ¿De verdad vas a ponerte celosa justo ahora y tratar de detenerme cuando alguien necesita ayuda?Mientras hablaba, Enrique la miraba con una mezcla de decepción y fastidio.Fátima sintió como si un alfiler le atravesara el corazón. Lo miró, atónita, sin saber qué decir.Al ver la expresión de Fátima, Enrique titubeó, dándose cuenta de que quizás se había pasado. Por un instante, en sus ojos apareció una chispa de arrepentimiento.—Yo...—Solo quiero que te pongas estas gafas protectoras.Las palabras que Enrique estaba a punto de decir se quedaron atoradas en su garganta, interrumpidas por Fátima.Fátima le tendió las gafas que sostenía en la mano y explicó con voz suave:—Está saliendo el sol allá afuera, y todo el camino está cubierto de nieve. Si no te las pones, podrías terminar con ceguera por la nieve.Enrique se quedó quieto al escuchar la explicación de Fátima y ver cómo le ofrecía las gafas. Tardó un momento en reaccionar antes de tomarlas de su mano. Su expresión se volvió complicada; se llevó la mano a la frente y murmuró con voz ronca:—Perdón, me desesperé hace rato y por eso…Fátima negó con la cabeza.—No te preocupes. Si hay una vida en riesgo, lo entiendo.El gesto forzado de Fátima, esa media sonrisa que apenas podía sostener, le dolió a Enrique mucho más de lo que hubiera querido admitir. Sin pensar, abrió la boca para decir algo:—Fátima…—Anda, ve ya. Salvar a Pilar es lo importante, no pierdas tiempo aquí.Fátima lo interrumpió y lo apuró con firmeza.Enrique pensó en Pilar, secuestrada y sin saber si seguía viva o muerta. No perdió ni un segundo más. Solo dejó una frase para Fátima:—Espérame, regreso pronto.Y salió corriendo, sin mirar atrás....Fátima vio cómo Enrique se alejaba apresurado. Cuando por fin desapareció su silueta, la sonrisa que había forzado se desvaneció por completo.En más de dos años de matrimonio, Enrique siempre había sido un hombre sereno, dueño de sí mismo, educado hasta el extremo. Jamás lo había visto perder el control de esa manera.Supuso que así era el dicho: cuando se trata de alguien que te importa, el corazón manda más que la razón.Soltó un suspiro y regresó a la habitación del hotel. Toda la emoción con la que había despertado esa mañana se borró de golpe, como si nunca hubiera existido.Su matrimonio con Enrique era, a la vez, una historia absurda y perfectamente lógica.Se habían conocido gracias a su mentor, el profesor Elías Rubio, catedrático de la Facultad de Medicina en la Universidad San Víctor.El profesor Elías era amigo cercano de la familia Farías desde hacía años. Al enterarse de que el señor Simón presionaba a Enrique para que se casara, el profesor Elías pensó que sería buena idea presentarle a su alumna preferida.Esa alumna era ella, Fátima.Aunque la familia de Fátima estaba muy lejos de tener el poder y la influencia de los Farías, sí era reconocida en los círculos académicos de San Víctor.Su abuelo y su abuela habían sido de los primeros profesores en la Universidad San Víctor; muchos de los empresarios y líderes sociales más conocidos de la ciudad habían pasado por sus clases.Sus padres también trabajaban como profesores en la Facultad de Medicina de la misma universidad.Y Fátima, con dos doctorados en Medicina Clínica y graduada en tiempo récord, había saltado tres niveles en su carrera académica.Por su familia y su inteligencia, apenas cumplía con los estándares de la familia Farías para elegir a la esposa de su hijo.Así fue como terminó aceptando la cita a ciegas con Enrique.El día que lo conoció, Fátima estaba tan emocionada como nerviosa, pero hizo lo posible por mantener la compostura y actuar con naturalidad. Su actuación fue tan buena que la primera cita fue, al menos en apariencia, perfecta.—Señorita Fátima, hay algo que quiero dejar claro —dijo Enrique con seriedad—. No tengo intención de casarme, pero mi abuelo me está presionando mucho.—Yo… yo igual —respondió Fátima, esforzándose por mantener la calma y esbozando una sonrisa resignada.—Mi abuelo está muy enfermo. Quiere verme casado antes de irse… así que…Ella trató de sonreír de manera casual, como si también necesitara una excusa perfecta para estar allí.En realidad, era cierto que su abuelo estaba enfermo y que quería verla casada, pero… la verdadera razón por la que aceptó aquella cita era que el candidato era Enrique.Llevaba enamorada de él desde el primer año de preparatoria. Diez años de amor en silencio.—Si no le molesta, señorita Fátima, podríamos casarnos bajo acuerdo, por tres años. Cuando termine el plazo, podríamos divorciarnos alegando diferencias de carácter. ¿Qué le parece?—¿Ca… casarnos por contrato?Fátima se quedó atónita, pero vio que Enrique asentía con toda seriedad.Fátima clavó la mirada en los ojos de Enrique, tan serios y distantes como un lago en invierno, incapaces de revelar la mínima emoción.En ese instante, se convenció: Enrique no estaba bromeando.A pesar de todo, ella aceptó sin dudarlo.Convertirse en la esposa de Enrique, después de haberlo amado en silencio durante diez años, se sentía como ver finalmente la luna asomar entre las nubes.—Entonces... que sea una buena cooperación.Enrique le sonrió y le extendió la mano; sus dedos largos y firmes, tan elegantes como él mismo, desprendían una calidez inesperada.—Que sea una buena cooperación —respondió ella, estrechando su mano.El calor que brotaba de su palma recorrió todo su cuerpo, como si le encendiera el alma.Así, Fátima y Enrique se convirtieron en marido y mujer por contrato durante tres años....Un viento helado barrió la calle, haciéndola estremecerse. De pronto, volvió en sí.Sin Enrique cerca, toda su motivación se apagó. Terminó acurrucada en la habitación del hotel, donde durmió toda la tarde.Ese día, no recibió ni una sola llamada de Enrique.Al día siguiente, como siempre, se despertó temprano.Se puso la ropa térmica, alistó el equipo de exploración y, tras acordar con un guía local, decidió salir a hacer senderismo por su cuenta.Ya estaba ahí. No pensaba desperdiciar medio mes de vacaciones.Por el camino, se cruzó con varios grupos de aventureros de diferentes países.Pero Fátima no sintió ni nervios ni miedo.Tomó muchísimas fotos.Al abrir WhatsApp para compartirle alguna a Enrique, dudó. Detuvo el dedo antes de enviarla.Pensándolo bien, Enrique ya debía estar de regreso en el país.Pilar había sido secuestrada, y ella, en lugar de preocuparse, le mandaba fotos de su paseo. No tenía sentido.Así que dejó el celular a un lado.Pero, como si algo la guiara, terminó abriendo el perfil de Pilar y revisando sus publicaciones.Una semana atrás, Pilar y su familia habían regresado al país y visitado a los Farías.Después de aquella comida, Pilar la había agregado al WhatsApp.La primera publicación era de apenas una hora antes.[Pilar siempre valdrá millones para Enrique, jeje.]Venía acompañada de un mosaico de fotos.Había una selfie de Pilar en el hospital, varias imágenes de la silueta de un hombre de espaldas y una mano cortando una manzana.Aunque Enrique no mostraba la cara, Fátima lo reconoció de inmediato.Era imposible no reconocer esa mano, especialmente porque en el dedo llevaba el anillo de bodas que compartían.Entonces, ¿Pilar ya había sido rescatada?Sintió un enorme alivio.Pensó que, tal vez, Enrique pronto viajaría a buscarla.Volvió a mirar los comentarios de la publicación:[Te aprovechas del cariño de Enrique, hasta mientes con secuestros.][Así es Pilar, Enrique la cuida tanto que dejó a su esposa congelándose en una isla lejana. Cuando vuelva la esposa, Enrique va a tener que pedir perdón con todo.][No vuelvas a meterte en problemas así.]El último comentario era de Enrique, y de todos los mensajes de Pilar, solo contestó el de él:[Enrique, ya entendí, cuando regrese tu esposa, le pediré disculpas.]A eso le siguieron otros comentarios:[Aunque el secuestro no fue real, una crisis de depresión no es menos peligrosa. La esposa no va a armar drama por esto.][Al final, Enrique habría estado mejor casándose con Pilar, se conocen de toda la vida. Capaz y así su depresión mejoraba.][Enrique sigue al lado de Pilar, está clarísimo que ella es más importante para él que la esposa.]Fátima leyó los comentarios con la calma de quien ya está acostumbrada a ser invisible.Quizá esas personas la despreciaban, o pensaban que era demasiado tolerante. No les preocupaba que ella viera esos mensajes.Y Enrique, por su parte, nunca los detuvo ni les dijo nada en su defensa.De repente, todo le pareció vacío y sin sentido.Salió de las publicaciones de Pilar, sin ganas de seguir mirando.Justo cuando iba a seguir caminando, la montaña tembló.De pronto, la nieve de lo alto se desplomó como una bestia furiosa lanzándose sobre ella.No le dio tiempo a reaccionar: quedó sepultada bajo la avalancha.El terror, el miedo, la desesperación, le llenaron el pecho de golpe.Aplastada bajo la nieve, apretó el celular con fuerza y marcó a Enrique por videollamada.Si iba a morir ahí, al menos quería verlo una vez más.Como un último regalo a esos diez años de amor silencioso.Pero en cuanto la videollamada conectó, fue rechazada.En ese instante, la impotencia y el dolor se le atoraron en la garganta.Le dolía tanto que no podía ni respirar.De hecho, esa mezcla de amargura y decepción terminó por ahogar incluso el miedo a la muerte.No sabía de dónde sacó fuerzas, pero marcó de nuevo.Como era de esperarse, volvió a colgarle.Su corazón, igual que la nieve helada que la cubría, se sentía tan frío que le hizo temblar.Le escribió un mensaje por WhatsApp:[Se vino una avalancha, estoy atrapada bajo la nieve.]En el fondo, no esperaba nada de alguien que le había colgado dos videollamadas seguidas.Aun así, no pudo evitar hacerlo.Tal vez era la última oportunidad para su amor de diez años.O quizá, era la excusa perfecta para dejarlo ir de una vez.Para su sorpresa, esta vez la respuesta llegó de inmediato.Cada palabra era como una navaja que le destrozaba el corazón.[Fátima, si quieres que regrese, no deberías inventar mentiras tan fáciles de descubrir. Voy a quedarme unos días más con Pilar. Si ya te divertiste, vuelve sola.]Sintió cómo el veneno de esas palabras le recorría hasta los huesos.No contestó. Sepultada bajo la nieve, poco a poco su cuerpo fue perdiendo el calor.Capítulo 3Noruega, Archipiélago Svalbard.—Enrique, ya investigué todo, aquí podemos hacer caminata sobre el glaciar y más adelante hay una expedición a las cuevas de hielo. Incluso le pregunté a la gente del lugar y me dijeron que, durante la caminata, es posible ver la aurora boreal.En esta ocasión, Enrique Farías por fin había logrado sacar quince días libres para acompañarla a ver la aurora. Para este viaje, Fátima Orozco había trabajado varios turnos de noche seguidos, solo para poder arreglar las vacaciones con sus compañeros del hospital.—¿Mañana vamos juntos a la caminata sobre el glaciar, sí? ¿Te parece?Fátima tenía la cara casi enterrada en una bufanda gruesa, los ojos le brillaban de emoción y esperanza.Sus pestañas, largas y rizadas, estaban cubiertas por pequeños cristales de hielo. La punta de su nariz, roja por el frío, contrastaba con el brillo intenso de su mirada.Al hablar, su aliento se convertía en una nube blanca que envolvía su rostro entusiasta, dándole un aire de ensueño.Enrique pocas veces había visto a Fátima expresar sus emociones así, tan a flor de piel.Desde que comenzaron esta relación por contrato, Fátima siempre había sido tranquila y amable, con un ánimo tan estable que parecía que nada en el mundo podía hacerla perder la calma.Esa mirada suya, tan cautivadora, parecía un río de estrellas, sobre todo cuando le hablaba así, con tanta esperanza, como si todo su universo se iluminara de pronto.Enrique la miró y, sin pensarlo mucho, le sonrió.—Claro, vamos.La alegría de Fátima se desbordó de inmediato, iluminando su cara como si ya hubiera visto la aurora....Al día siguiente, la pareja se preparó y, acompañados de un guía local, salieron rumbo a la expedición de cuevas de hielo.Esta vez, la nevada en Noruega era intensa; las montañas junto al hotel estaban cubiertas por una gruesa capa blanca.—Enrique, mira, esto es increíble… No sé cuándo podré volver, pero ya quiero regresar algún día —comentó Fátima, abrazada al brazo de Enrique, sin poder ocultar su felicidad.—Si quieres volver, yo...Enrique no terminó la frase. Su celular comenzó a sonar de repente.Contestó la llamada, serio.—¿Bueno? ¿Qué pasó?Su expresión cambió de inmediato. Mientras hablaba, comenzó a caminar de regreso al hotel con paso apresurado.—¿Enrique, qué sucede? —preguntó Fátima, sintiendo una extraña presión en el pecho, mientras intentaba alcanzarlo.Él ni siquiera notó su mano. Caminaba tan rápido que, con toda la ropa gruesa, Fátima no pudo seguirle el ritmo.Cuando por fin logró regresar al hotel, Enrique ya se había cambiado y estaba listo para salir, vestido con ropa casual en vez del atuendo para la nieve.—¿Qué pasó? —le preguntó preocupada, acercándose al verlo tan inquieto.—Secuestraron a Pilar. Necesito regresar de inmediato para ayudarla.El rostro de Enrique estaba tenso; en su voz se mezclaban la preocupación y el apuro.Pilar, Pilar Soler, la amiga de la infancia de Enrique.Fátima lo sabía bien.Había escuchado que Pilar siempre había estado delicada de salud y que sus padres la mandaron al extranjero para recibir tratamiento. Apenas una semana atrás, Pilar había regresado al país.Al ver la angustia de Enrique, Fátima sintió que algo se le quebraba por dentro.Mientras se quedaba pensando en silencio, Enrique ya salía de la habitación. De pronto, como recordando algo, se volvió hacia ella.—Ve tú a ver la aurora esta noche. Cuando logre ayudar a Pilar, regreso contigo.No le dio oportunidad de responder; Enrique salió del hotel sin mirar atrás.Fátima, de pronto, despertó de su estupor y corrió tras él.—¡Enrique, espera!Apenas lo llamó, Enrique se dio la vuelta con gesto impaciente. Esa expresión amable de la mañana se había esfumado, reemplazada por un aire hosco y cortante.—Fátima, cuando me casé contigo fue porque eras sensata y sabía que entenderías las cosas. ¿De verdad vas a ponerte celosa justo ahora y tratar de detenerme cuando alguien necesita ayuda?Mientras hablaba, Enrique la miraba con una mezcla de decepción y fastidio.Fátima sintió como si un alfiler le atravesara el corazón. Lo miró, atónita, sin saber qué decir.Al ver la expresión de Fátima, Enrique titubeó, dándose cuenta de que quizás se había pasado. Por un instante, en sus ojos apareció una chispa de arrepentimiento.—Yo...—Solo quiero que te pongas estas gafas protectoras.Las palabras que Enrique estaba a punto de decir se quedaron atoradas en su garganta, interrumpidas por Fátima.Fátima le tendió las gafas que sostenía en la mano y explicó con voz suave:—Está saliendo el sol allá afuera, y todo el camino está cubierto de nieve. Si no te las pones, podrías terminar con ceguera por la nieve.Enrique se quedó quieto al escuchar la explicación de Fátima y ver cómo le ofrecía las gafas. Tardó un momento en reaccionar antes de tomarlas de su mano. Su expresión se volvió complicada; se llevó la mano a la frente y murmuró con voz ronca:—Perdón, me desesperé hace rato y por eso…Fátima negó con la cabeza.—No te preocupes. Si hay una vida en riesgo, lo entiendo.El gesto forzado de Fátima, esa media sonrisa que apenas podía sostener, le dolió a Enrique mucho más de lo que hubiera querido admitir. Sin pensar, abrió la boca para decir algo:—Fátima…—Anda, ve ya. Salvar a Pilar es lo importante, no pierdas tiempo aquí.Fátima lo interrumpió y lo apuró con firmeza.Enrique pensó en Pilar, secuestrada y sin saber si seguía viva o muerta. No perdió ni un segundo más. Solo dejó una frase para Fátima:—Espérame, regreso pronto.Y salió corriendo, sin mirar atrás....Fátima vio cómo Enrique se alejaba apresurado. Cuando por fin desapareció su silueta, la sonrisa que había forzado se desvaneció por completo.En más de dos años de matrimonio, Enrique siempre había sido un hombre sereno, dueño de sí mismo, educado hasta el extremo. Jamás lo había visto perder el control de esa manera.Supuso que así era el dicho: cuando se trata de alguien que te importa, el corazón manda más que la razón.Soltó un suspiro y regresó a la habitación del hotel. Toda la emoción con la que había despertado esa mañana se borró de golpe, como si nunca hubiera existido.Su matrimonio con Enrique era, a la vez, una historia absurda y perfectamente lógica.Se habían conocido gracias a su mentor, el profesor Elías Rubio, catedrático de la Facultad de Medicina en la Universidad San Víctor.El profesor Elías era amigo cercano de la familia Farías desde hacía años. Al enterarse de que el señor Simón presionaba a Enrique para que se casara, el profesor Elías pensó que sería buena idea presentarle a su alumna preferida.Esa alumna era ella, Fátima.Aunque la familia de Fátima estaba muy lejos de tener el poder y la influencia de los Farías, sí era reconocida en los círculos académicos de San Víctor.Su abuelo y su abuela habían sido de los primeros profesores en la Universidad San Víctor; muchos de los empresarios y líderes sociales más conocidos de la ciudad habían pasado por sus clases.Sus padres también trabajaban como profesores en la Facultad de Medicina de la misma universidad.Y Fátima, con dos doctorados en Medicina Clínica y graduada en tiempo récord, había saltado tres niveles en su carrera académica.Por su familia y su inteligencia, apenas cumplía con los estándares de la familia Farías para elegir a la esposa de su hijo.Así fue como terminó aceptando la cita a ciegas con Enrique.El día que lo conoció, Fátima estaba tan emocionada como nerviosa, pero hizo lo posible por mantener la compostura y actuar con naturalidad. Su actuación fue tan buena que la primera cita fue, al menos en apariencia, perfecta.—Señorita Fátima, hay algo que quiero dejar claro —dijo Enrique con seriedad—. No tengo intención de casarme, pero mi abuelo me está presionando mucho.—Yo… yo igual —respondió Fátima, esforzándose por mantener la calma y esbozando una sonrisa resignada.—Mi abuelo está muy enfermo. Quiere verme casado antes de irse… así que…Ella trató de sonreír de manera casual, como si también necesitara una excusa perfecta para estar allí.En realidad, era cierto que su abuelo estaba enfermo y que quería verla casada, pero… la verdadera razón por la que aceptó aquella cita era que el candidato era Enrique.Llevaba enamorada de él desde el primer año de preparatoria. Diez años de amor en silencio.—Si no le molesta, señorita Fátima, podríamos casarnos bajo acuerdo, por tres años. Cuando termine el plazo, podríamos divorciarnos alegando diferencias de carácter. ¿Qué le parece?—¿Ca… casarnos por contrato?Fátima se quedó atónita, pero vio que Enrique asentía con toda seriedad.Fátima clavó la mirada en los ojos de Enrique, tan serios y distantes como un lago en invierno, incapaces de revelar la mínima emoción.En ese instante, se convenció: Enrique no estaba bromeando.A pesar de todo, ella aceptó sin dudarlo.Convertirse en la esposa de Enrique, después de haberlo amado en silencio durante diez años, se sentía como ver finalmente la luna asomar entre las nubes.—Entonces... que sea una buena cooperación.Enrique le sonrió y le extendió la mano; sus dedos largos y firmes, tan elegantes como él mismo, desprendían una calidez inesperada.—Que sea una buena cooperación —respondió ella, estrechando su mano.El calor que brotaba de su palma recorrió todo su cuerpo, como si le encendiera el alma.Así, Fátima y Enrique se convirtieron en marido y mujer por contrato durante tres años....Un viento helado barrió la calle, haciéndola estremecerse. De pronto, volvió en sí.Sin Enrique cerca, toda su motivación se apagó. Terminó acurrucada en la habitación del hotel, donde durmió toda la tarde.Ese día, no recibió ni una sola llamada de Enrique.Al día siguiente, como siempre, se despertó temprano.Se puso la ropa térmica, alistó el equipo de exploración y, tras acordar con un guía local, decidió salir a hacer senderismo por su cuenta.Ya estaba ahí. No pensaba desperdiciar medio mes de vacaciones.Por el camino, se cruzó con varios grupos de aventureros de diferentes países.Pero Fátima no sintió ni nervios ni miedo.Tomó muchísimas fotos.Al abrir WhatsApp para compartirle alguna a Enrique, dudó. Detuvo el dedo antes de enviarla.Pensándolo bien, Enrique ya debía estar de regreso en el país.Pilar había sido secuestrada, y ella, en lugar de preocuparse, le mandaba fotos de su paseo. No tenía sentido.Así que dejó el celular a un lado.Pero, como si algo la guiara, terminó abriendo el perfil de Pilar y revisando sus publicaciones.Una semana atrás, Pilar y su familia habían regresado al país y visitado a los Farías.Después de aquella comida, Pilar la había agregado al WhatsApp.La primera publicación era de apenas una hora antes.[Pilar siempre valdrá millones para Enrique, jeje.]Venía acompañada de un mosaico de fotos.Había una selfie de Pilar en el hospital, varias imágenes de la silueta de un hombre de espaldas y una mano cortando una manzana.Aunque Enrique no mostraba la cara, Fátima lo reconoció de inmediato.Era imposible no reconocer esa mano, especialmente porque en el dedo llevaba el anillo de bodas que compartían.Entonces, ¿Pilar ya había sido rescatada?Sintió un enorme alivio.Pensó que, tal vez, Enrique pronto viajaría a buscarla.Volvió a mirar los comentarios de la publicación:[Te aprovechas del cariño de Enrique, hasta mientes con secuestros.][Así es Pilar, Enrique la cuida tanto que dejó a su esposa congelándose en una isla lejana. Cuando vuelva la esposa, Enrique va a tener que pedir perdón con todo.][No vuelvas a meterte en problemas así.]El último comentario era de Enrique, y de todos los mensajes de Pilar, solo contestó el de él:[Enrique, ya entendí, cuando regrese tu esposa, le pediré disculpas.]A eso le siguieron otros comentarios:[Aunque el secuestro no fue real, una crisis de depresión no es menos peligrosa. La esposa no va a armar drama por esto.][Al final, Enrique habría estado mejor casándose con Pilar, se conocen de toda la vida. Capaz y así su depresión mejoraba.][Enrique sigue al lado de Pilar, está clarísimo que ella es más importante para él que la esposa.]Fátima leyó los comentarios con la calma de quien ya está acostumbrada a ser invisible.Quizá esas personas la despreciaban, o pensaban que era demasiado tolerante. No les preocupaba que ella viera esos mensajes.Y Enrique, por su parte, nunca los detuvo ni les dijo nada en su defensa.De repente, todo le pareció vacío y sin sentido.Salió de las publicaciones de Pilar, sin ganas de seguir mirando.Justo cuando iba a seguir caminando, la montaña tembló.De pronto, la nieve de lo alto se desplomó como una bestia furiosa lanzándose sobre ella.No le dio tiempo a reaccionar: quedó sepultada bajo la avalancha.El terror, el miedo, la desesperación, le llenaron el pecho de golpe.Aplastada bajo la nieve, apretó el celular con fuerza y marcó a Enrique por videollamada.Si iba a morir ahí, al menos quería verlo una vez más.Como un último regalo a esos diez años de amor silencioso.Pero en cuanto la videollamada conectó, fue rechazada.En ese instante, la impotencia y el dolor se le atoraron en la garganta.Le dolía tanto que no podía ni respirar.De hecho, esa mezcla de amargura y decepción terminó por ahogar incluso el miedo a la muerte.No sabía de dónde sacó fuerzas, pero marcó de nuevo.Como era de esperarse, volvió a colgarle.Su corazón, igual que la nieve helada que la cubría, se sentía tan frío que le hizo temblar.Le escribió un mensaje por WhatsApp:[Se vino una avalancha, estoy atrapada bajo la nieve.]En el fondo, no esperaba nada de alguien que le había colgado dos videollamadas seguidas.Aun así, no pudo evitar hacerlo.Tal vez era la última oportunidad para su amor de diez años.O quizá, era la excusa perfecta para dejarlo ir de una vez.Para su sorpresa, esta vez la respuesta llegó de inmediato.Cada palabra era como una navaja que le destrozaba el corazón.[Fátima, si quieres que regrese, no deberías inventar mentiras tan fáciles de descubrir. Voy a quedarme unos días más con Pilar. Si ya te divertiste, vuelve sola.]Sintió cómo el veneno de esas palabras le recorría hasta los huesos.No contestó. Sepultada bajo la nieve, poco a poco su cuerpo fue perdiendo el calor.