Alina Portillo fue forzada a convertirse en una mera herramienta de procreación para una acaudalada familia, pero hizo un descubrimiento estremecedor: el feto que llevaba en su vientre era en realidad el embrión de su marido y su propia hermana. Tras abortar con determinación, regresó al campo de la investigación en inteligencia artificial, jurando recuperar el control de su vida. Su frío marido, sus familiares parciales y su despechado primer amor se aliaron para reprimirla, ignorantes de que ella ya tenía en sus manos pruebas demoledoras. Cuando se alzó el telón de su venganza, toda la familia adinerada estuvo a punto de estremecerse de pánico. ¿Querían usarme como un vientre de alquiler? ¡Pues voy a asegurarme de que te quedes sin un solo heredero!

Capítulo 1—Señorita Portillo, el embarazo ha sido interrumpido.Alina Portillo, despertando de la anestesia, se quedó mirando el techo del hospital por un buen rato antes de incorporarse lentamente.Hace quince días, encontró en el despacho un consentimiento para fecundación in vitro y descubrió que su esposo había implantado en su cuerpo el óvulo fecundado de otra mujer.No podía creerlo. No podía creer que su esposo fuera capaz de humillarla de esa manera.No fue hasta la semana dieciséis de gestación que fue en secreto al hospital para hacerse una amniocentesis, la cual confirmó que el bebé no era suyo.Cuando recibió los resultados, se quedó recostada en la camilla de revisión, observando su vientre ligeramente abultado y las estrías que lo cubrían.Las lágrimas, incontenibles, comenzaron a rodar por sus mejillas.Ella anhelaba tener otro hijo. Por ese bebé, se había sometido a varias inyecciones para estimular la ovulación y había entrado al quirófano en múltiples ocasiones.¡Y pensar que, al final, ese niño no tenía ninguna relación con ella!Fueron novios desde jóvenes y compartieron la misma cama durante siete años. Aunque no hubiera amor, debería existir al menos un poco de afecto familiar.Resulta que, para Jonás Lozoya, ella, Alina, ¡no era más que un instrumento para tener hijos!Al ver que no reaccionaba, la enfermera le recordó en voz baja: —Señorita Portillo, el embarazo ha sido interrumpido.Volviendo en sí, Alina se arregló la ropa y dijo con voz serena: —Por favor, preparen toda la documentación relacionada con este bebé lo antes posible.—El informe tardará aproximadamente una semana en completar el proceso de peritaje legal. Se lo enviaremos por correo en cuanto esté listo.Alina asintió.Después de casarse con Jonás, abandonó sus estudios y lo cuidó devotamente durante siete años.Ahora, quería poner fin a ese matrimonio humillante, y las pruebas que demostraban que Jonás la había usado como vientre de alquiler eran su principal baza para negociar el divorcio.Todavía sentía un dolor punzante en el bajo vientre. Alina solicitó un chofer y acordó encontrarse con él en un centro comercial cercano al hospital.Apenas se detuvo el carro cerca del centro comercial, vio un sedán negro que le resultaba familiar estacionado a un lado de la calle, con una placa que conocía muy bien.A66666.En todo San Jerónimo, nadie más que Jonás usaría una placa tan ostentosa.O, para ser más precisos, si él no la usaba, nadie se atrevía a hacerlo, nadie era digno de ello.Los guardias de seguridad del centro comercial, ya acostumbrados, cuchicheaban entre ellos. —Qué impresionante. ¿Ese es el carro del mandamás del Grupo Lozoya, verdad?—He oído que el Grupo Lozoya ha logrado nuevos avances en el campo de la inteligencia artificial. Su tecnología ya es líder a nivel mundial.El ir y venir de gente fuera del centro comercial era incesante. Alina miró de reojo.Un hombre alto, vestido con una camisa de seda negra, bajó del asiento trasero, rodeó el vehículo y abrió la otra puerta.Las mangas de la camisa del hombre estaban remangadas, dejando al descubierto un antebrazo fuerte, donde las venas se insinuaban con cada movimiento.De la puerta abierta descendió una mujer refinada, ataviada con un elegante vestido de gala.Los delgados dedos de la mujer se entrelazaron con familiaridad en el brazo de Jonás.Caminaron juntos hacia el interior del centro comercial. Su atractiva apariencia hizo que muchos transeúntes se giraran para admirarlos.—¿Quién es ella? Ese hombre de la familia Lozoya nunca se había dejado ver con una mujer.Alguien preguntó con curiosidad.Cuando llegó el chofer, Alina dejó de prestar atención a las conversaciones a su alrededor, rodeó el carro y se sentó en el asiento del copiloto.Apoyada en la ventanilla, veía el paisaje urbano de la capital pasar a toda velocidad ante sus ojos.Por supuesto que sabía quién era la mujer que acompañaba a Jonás.Su hermana, Josefina Portillo.Una brillante matemática graduada del MIT que acababa de recibir el premio Distinción Matemática.Con los párpados pesados, Alina se recostó en el asiento, pensando sin rumbo fijo.Si en su momento no hubiera abandonado sus estudios por casarse, quizás hoy tendría los mismos logros que Josefina.El celular vibró un par de veces. Era un mensaje de su abogado, confirmando una vez más si de verdad quería divorciarse de Jonás.[Hay que proceder cuanto antes.]Dejó el celular y se frotó los ojos, que le ardían.Al regresar a la mansión en el centro de la ciudad, apenas entró al patio, escuchó la risa de Ricardo Lozoya.No pudo evitar acelerar el paso; hacía casi medio mes que no veía a su hijo.Después de dar a luz, Jonás, ignorando sus súplicas mientras aún estaba en cuarentena, envió a Ricardo a otra propiedad con la excusa de que allí recibiría una mejor educación.Incluso para visitarlo, tenía que seguir un horario estricto.No esperaba que Ricardo viniera por su cuenta hoy.Se quitó los zapatos y entró al salón principal.Un niño de unos cinco o seis años estaba sentado en el sofá de espaldas a la entrada, en medio de una videollamada.—Mi tía sí que me consiente. Llevaba mucho tiempo queriendo este Transformer, pero mi papá no me lo compraba.—Claro, aquí espero a que papá me lo traiga.Alina se acercó al sofá, con la intención de abrazar a su hijo.—Riqui, ¿extrañaste a mamá?Ricardo colgó la videollamada de inmediato, la apartó de un empujón y gritó: —¡Apestas! ¡Aléjate de mí!Alina se quedó parada, desconcertada, y se olió.El parto de Ricardo había sido complicado, con una hemorragia grave, y después de tantos años no se había recuperado del todo. Incluso en verano, rara vez sudaba.En ese momento, aparte del olor a desinfectante del hospital, no percibía ningún otro aroma en ella.Ricardo le lanzó una mirada de fastidio y le ordenó con aires de superioridad: —¡Quiero que me prepares el estofado de camarones con verduras! ¿Qué esperas para ir a hacerlo?Alina acababa de someterse a un aborto y no debía tener contacto con agua fría.Abrió la boca para intentar razonar con Ricardo, para decirle que le pediría a la empleada que lo hiciera.Pero al instante siguiente, Ricardo puso los ojos en blanco disimuladamente.Apoyó la cabeza en las piernas de Alina, la miró parpadeando y su voz se suavizó: —Mamá, el estofado de camarones con verduras que tú haces es el más rico. Nadie más lo prepara igual.Aunque sabía que era una de las artimañas de Ricardo para hacerse el bueno, Alina no pudo evitar que se le enterneciera el corazón.Pensó que era solo porque el niño no se había criado a su lado y estaba malcriado; con una buena crianza, todo se arreglaría.Alina fue a la cocina, se lavó las manos y tembló al tocar los camarones frescos que estaban en agua fría.Preparó la comida, la sirvió en la mesa y solo entonces Ricardo pareció satisfecho.Mientras Ricardo comía con entusiasmo, Alina lo observaba en silencio.Después de cenar, Alina se quedó un rato más con Ricardo, leyéndole un libro.—Mamá, ¿papá va a volver más tarde?Una sonrisa sarcástica se dibujó en el rostro de Alina.Jonás le daba mucha importancia al bebé que llevaba en su vientre. En cada revisión, aunque él no la acompañara, siempre volvía a casa para preguntar cómo había ido todo.Para preguntar por el hijo que esperaba de él y otra mujer.Besó la frente de Ricardo. —Sí, volverá. Ya duérmete.—Bien, entonces mañana cuando despierte podré ver a papá.Más tarde, Alina salió de la habitación del niño, bajó las escaleras y se sentó en el sofá del salón. Con la laptop en su regazo, se puso a revisar las últimas tendencias en el campo de la inteligencia artificial.El tiempo pasó sin darse cuenta hasta llegar la medianoche. Se escuchó un ruido en la puerta principal y, al levantar la vista, Alina vio entrar a Jonás.Llevaba una camisa de satén azul oscuro que, bajo la luz tenue, brillaba como las profundidades del mar.—¿Por qué no te has dormido?Jonás se sentó a su lado, la rodeó con un brazo por los hombros y, con naturalidad, posó la mano derecha sobre su vientre.Pero él no sabía que allí ya no había ningún bebé.—¿Cómo está el bebé? —preguntó Jonás.Él olía a un perfume desconocido. Alina lo apartó. —¿No estabas con Josefina? ¿Por qué volviste?—¿No te da miedo que te saquen una foto y te acusen de infiel?Jonás se recostó en el sofá y la miró de reojo. —Mientras no vayas por ahí gritando a los cuatro vientos que la señora Lozoya eres tú, ¿quién se va a enterar?Alina cerró la pantalla de la laptop en silencio.Era cierto, su matrimonio con Jonás era secreto. Mientras ella no dijera nada, aunque los medios fotografiaran a Jonás con otra mujer, no se atreverían a publicarlo.En todo San Jerónimo, nadie se atrevía a desafiar a la familia Lozoya.—¿Qué pasa? ¿Te molestaste?Jonás tomó un mechón de cabello de Alina y jugó con él. —¿No fue esto lo que tú misma pediste? ¿Qué derecho tienes a enojarte?Alina cerró los ojos y, al abrirlos de nuevo, su expresión había cambiado por completo.Serena, impasible, como un pozo de aguas tranquilas.—Jonás, tenemos que hablar.Si él creía que este matrimonio era algo que ella le había rogado, entonces era momento de hablar con toda franqueza.Quería decirle que ya lo sabía todo, que quería el divorcio.El celular sonó. Jonás le hizo un gesto para que guardara silencio.—¿Diga? ¿Qué pasó?Alina echó un vistazo al identificador de llamadas: era Josefina.Sin saber qué le decían al otro lado de la línea, Jonás sonrió. —De acuerdo, voy para allá.—Tengo que ir a la oficina. Lo que sea que tengas que decir, lo hablamos más tarde.Tras colgar, Jonás recuperó su habitual frialdad.La puerta se cerró. Alina volvió a abrir la laptop, con un deje de ironía en sus pensamientos.Jonás realmente le daba mucha importancia a este bebé. ¿Tanta prisa tenía por ir a informarle a Josefina sobre su estado?Lo que daría por saber qué cara pondrían cuando se enteraran de que ella ya había interrumpido el embarazo.Alina tomó su celular y le envió un mensaje a su abogado.[Abogado Bustos, quisiera saber si, teniendo pruebas en contra de Jonás, ¿puedo garantizar al cien por ciento la custodia de mi hijo?]Era tarde, así que Alina no esperaba que el abogado Bustos le respondiera.Al dejar el celular, de reojo, vio a Ricardo de pie en el pasillo, sujetándose de la barandilla y mirándola con frialdad.—Mamá, ¿por qué eres tan inútil?—Papá ya había vuelto y aun así lo dejaste ir.Alina se quedó perpleja, a punto de decir algo.Pero entonces lo escuchó añadir: —Ya que papá se fue, no tengo por qué quedarme. Me regreso a la otra casa.Dicho esto, se dio la vuelta y tocó la puerta de la niñera en la habitación contigua, la despertó y le pidió que recogiera sus cosas.—Riqui, es muy tarde, no es seguro que te vayas solo. Mañana mamá te lleva.Ricardo estaba decidido a irse. Apartó a Alina, que le bloqueaba el paso, y gritó: —¡No me toques!—Creí que como hoy tenías revisión, papá se quedaría contigo al menos una noche. Ahora veo que fue una pérdida de tiempo.—Si lo hubiera sabido, me habría ido a casa de mi tía. Así habría pasado más tiempo con papá.Dicho esto, tomó la mano de la niñera y se fue sin mirar atrás.Alina se quedó de pie en la habitación del niño durante un largo rato antes de comprender el significado de las palabras de Ricardo.El dolor en el bajo vientre comenzó a reaparecer. Con gesto ausente, Alina subió la temperatura del aire acondicionado.Se recostó en el sofá, tomó el celular y, tras dudar un momento, finalmente borró el mensaje que le había enviado al abogado.Dado que su hijo ya se había vuelto tan insoportable, ella renunciaría voluntariamente a su custodia a cambio de mayores beneficios....A la mañana siguiente, Alina se despertó por el sonido de una llamada.—Alina, ¿tienes la más mínima conciencia de lo que es ser madre? ¿Cómo pudiste dejar que Riqui se fuera solo en medio de la noche?—¡¿No te preocupaba que le pasara algo en el camino?!—¿En qué te hemos fallado en la familia Lozoya?—Tú drogaste a Jonás para meterte en su cama y quedarte embarazada. Él, por hacerse responsable, se casó contigo. ¿Acaso te ha tratado mal todos estos años?—¡Y todavía no estás satisfecha! ¡Él vuelve a casa en medio de la noche y tú te pones a discutir con él hasta que se va!—¡Nunca he visto una mujer tan malvada y desconsiderada con su propio hijo y su esposo!Al otro lado del teléfono, su suegra Isabel, la regañaba con una fluidez que era casi un desahogo.Alina arrojó el celular a un lado, lo puso en silencio y se metió al baño.No sabía qué le había contado Ricardo anoche, pero Isabel le echaba la culpa de todo.Cuando salió del baño, Isabel ya había colgado. En el celular había un nuevo mensaje del abogado Bustos. [Disculpe, señorita Alina, no vi su mensaje de anoche.][Veo que lo borró, ¿era algo importante?]Alina se recostó en el sofá y respondió.[No era nada. Si lo borré, es porque ya no importa.][Por favor, abogado Bustos, proceda con el divorcio según lo planeado, lo más rápido posible.]Dejó el celular y se reclinó en el sofá, con la mente divagando.Recordó el día en que supo que estaba embarazada de Ricardo. Salió del hospital y se sentó en el carro.Al principio, no pensaba tenerlo, pero de repente en la radio del carro se escuchó una frase: "Si él ha venido desde tan lejos, ¿cómo podría yo rechazarlo?".Las lágrimas comenzaron a brotar de repente. En ese instante, decidió quedarse con Ricardo, sin importar si la familia Lozoya lo aceptaba o no.Pero ahora…Dejando a un lado sus pensamientos, Alina se preparó para salir hacia el instituto de investigación.Capítulo 2—Señorita Portillo, el embarazo ha sido interrumpido.Alina Portillo, despertando de la anestesia, se quedó mirando el techo del hospital por un buen rato antes de incorporarse lentamente.Hace quince días, encontró en el despacho un consentimiento para fecundación in vitro y descubrió que su esposo había implantado en su cuerpo el óvulo fecundado de otra mujer.No podía creerlo. No podía creer que su esposo fuera capaz de humillarla de esa manera.No fue hasta la semana dieciséis de gestación que fue en secreto al hospital para hacerse una amniocentesis, la cual confirmó que el bebé no era suyo.Cuando recibió los resultados, se quedó recostada en la camilla de revisión, observando su vientre ligeramente abultado y las estrías que lo cubrían.Las lágrimas, incontenibles, comenzaron a rodar por sus mejillas.Ella anhelaba tener otro hijo. Por ese bebé, se había sometido a varias inyecciones para estimular la ovulación y había entrado al quirófano en múltiples ocasiones.¡Y pensar que, al final, ese niño no tenía ninguna relación con ella!Fueron novios desde jóvenes y compartieron la misma cama durante siete años. Aunque no hubiera amor, debería existir al menos un poco de afecto familiar.Resulta que, para Jonás Lozoya, ella, Alina, ¡no era más que un instrumento para tener hijos!Al ver que no reaccionaba, la enfermera le recordó en voz baja: —Señorita Portillo, el embarazo ha sido interrumpido.Volviendo en sí, Alina se arregló la ropa y dijo con voz serena: —Por favor, preparen toda la documentación relacionada con este bebé lo antes posible.—El informe tardará aproximadamente una semana en completar el proceso de peritaje legal. Se lo enviaremos por correo en cuanto esté listo.Alina asintió.Después de casarse con Jonás, abandonó sus estudios y lo cuidó devotamente durante siete años.Ahora, quería poner fin a ese matrimonio humillante, y las pruebas que demostraban que Jonás la había usado como vientre de alquiler eran su principal baza para negociar el divorcio.Todavía sentía un dolor punzante en el bajo vientre. Alina solicitó un chofer y acordó encontrarse con él en un centro comercial cercano al hospital.Apenas se detuvo el carro cerca del centro comercial, vio un sedán negro que le resultaba familiar estacionado a un lado de la calle, con una placa que conocía muy bien.A66666.En todo San Jerónimo, nadie más que Jonás usaría una placa tan ostentosa.O, para ser más precisos, si él no la usaba, nadie se atrevía a hacerlo, nadie era digno de ello.Los guardias de seguridad del centro comercial, ya acostumbrados, cuchicheaban entre ellos. —Qué impresionante. ¿Ese es el carro del mandamás del Grupo Lozoya, verdad?—He oído que el Grupo Lozoya ha logrado nuevos avances en el campo de la inteligencia artificial. Su tecnología ya es líder a nivel mundial.El ir y venir de gente fuera del centro comercial era incesante. Alina miró de reojo.Un hombre alto, vestido con una camisa de seda negra, bajó del asiento trasero, rodeó el vehículo y abrió la otra puerta.Las mangas de la camisa del hombre estaban remangadas, dejando al descubierto un antebrazo fuerte, donde las venas se insinuaban con cada movimiento.De la puerta abierta descendió una mujer refinada, ataviada con un elegante vestido de gala.Los delgados dedos de la mujer se entrelazaron con familiaridad en el brazo de Jonás.Caminaron juntos hacia el interior del centro comercial. Su atractiva apariencia hizo que muchos transeúntes se giraran para admirarlos.—¿Quién es ella? Ese hombre de la familia Lozoya nunca se había dejado ver con una mujer.Alguien preguntó con curiosidad.Cuando llegó el chofer, Alina dejó de prestar atención a las conversaciones a su alrededor, rodeó el carro y se sentó en el asiento del copiloto.Apoyada en la ventanilla, veía el paisaje urbano de la capital pasar a toda velocidad ante sus ojos.Por supuesto que sabía quién era la mujer que acompañaba a Jonás.Su hermana, Josefina Portillo.Una brillante matemática graduada del MIT que acababa de recibir el premio Distinción Matemática.Con los párpados pesados, Alina se recostó en el asiento, pensando sin rumbo fijo.Si en su momento no hubiera abandonado sus estudios por casarse, quizás hoy tendría los mismos logros que Josefina.El celular vibró un par de veces. Era un mensaje de su abogado, confirmando una vez más si de verdad quería divorciarse de Jonás.[Hay que proceder cuanto antes.]Dejó el celular y se frotó los ojos, que le ardían.Al regresar a la mansión en el centro de la ciudad, apenas entró al patio, escuchó la risa de Ricardo Lozoya.No pudo evitar acelerar el paso; hacía casi medio mes que no veía a su hijo.Después de dar a luz, Jonás, ignorando sus súplicas mientras aún estaba en cuarentena, envió a Ricardo a otra propiedad con la excusa de que allí recibiría una mejor educación.Incluso para visitarlo, tenía que seguir un horario estricto.No esperaba que Ricardo viniera por su cuenta hoy.Se quitó los zapatos y entró al salón principal.Un niño de unos cinco o seis años estaba sentado en el sofá de espaldas a la entrada, en medio de una videollamada.—Mi tía sí que me consiente. Llevaba mucho tiempo queriendo este Transformer, pero mi papá no me lo compraba.—Claro, aquí espero a que papá me lo traiga.Alina se acercó al sofá, con la intención de abrazar a su hijo.—Riqui, ¿extrañaste a mamá?Ricardo colgó la videollamada de inmediato, la apartó de un empujón y gritó: —¡Apestas! ¡Aléjate de mí!Alina se quedó parada, desconcertada, y se olió.El parto de Ricardo había sido complicado, con una hemorragia grave, y después de tantos años no se había recuperado del todo. Incluso en verano, rara vez sudaba.En ese momento, aparte del olor a desinfectante del hospital, no percibía ningún otro aroma en ella.Ricardo le lanzó una mirada de fastidio y le ordenó con aires de superioridad: —¡Quiero que me prepares el estofado de camarones con verduras! ¿Qué esperas para ir a hacerlo?Alina acababa de someterse a un aborto y no debía tener contacto con agua fría.Abrió la boca para intentar razonar con Ricardo, para decirle que le pediría a la empleada que lo hiciera.Pero al instante siguiente, Ricardo puso los ojos en blanco disimuladamente.Apoyó la cabeza en las piernas de Alina, la miró parpadeando y su voz se suavizó: —Mamá, el estofado de camarones con verduras que tú haces es el más rico. Nadie más lo prepara igual.Aunque sabía que era una de las artimañas de Ricardo para hacerse el bueno, Alina no pudo evitar que se le enterneciera el corazón.Pensó que era solo porque el niño no se había criado a su lado y estaba malcriado; con una buena crianza, todo se arreglaría.Alina fue a la cocina, se lavó las manos y tembló al tocar los camarones frescos que estaban en agua fría.Preparó la comida, la sirvió en la mesa y solo entonces Ricardo pareció satisfecho.Mientras Ricardo comía con entusiasmo, Alina lo observaba en silencio.Después de cenar, Alina se quedó un rato más con Ricardo, leyéndole un libro.—Mamá, ¿papá va a volver más tarde?Una sonrisa sarcástica se dibujó en el rostro de Alina.Jonás le daba mucha importancia al bebé que llevaba en su vientre. En cada revisión, aunque él no la acompañara, siempre volvía a casa para preguntar cómo había ido todo.Para preguntar por el hijo que esperaba de él y otra mujer.Besó la frente de Ricardo. —Sí, volverá. Ya duérmete.—Bien, entonces mañana cuando despierte podré ver a papá.Más tarde, Alina salió de la habitación del niño, bajó las escaleras y se sentó en el sofá del salón. Con la laptop en su regazo, se puso a revisar las últimas tendencias en el campo de la inteligencia artificial.El tiempo pasó sin darse cuenta hasta llegar la medianoche. Se escuchó un ruido en la puerta principal y, al levantar la vista, Alina vio entrar a Jonás.Llevaba una camisa de satén azul oscuro que, bajo la luz tenue, brillaba como las profundidades del mar.—¿Por qué no te has dormido?Jonás se sentó a su lado, la rodeó con un brazo por los hombros y, con naturalidad, posó la mano derecha sobre su vientre.Pero él no sabía que allí ya no había ningún bebé.—¿Cómo está el bebé? —preguntó Jonás.Él olía a un perfume desconocido. Alina lo apartó. —¿No estabas con Josefina? ¿Por qué volviste?—¿No te da miedo que te saquen una foto y te acusen de infiel?Jonás se recostó en el sofá y la miró de reojo. —Mientras no vayas por ahí gritando a los cuatro vientos que la señora Lozoya eres tú, ¿quién se va a enterar?Alina cerró la pantalla de la laptop en silencio.Era cierto, su matrimonio con Jonás era secreto. Mientras ella no dijera nada, aunque los medios fotografiaran a Jonás con otra mujer, no se atreverían a publicarlo.En todo San Jerónimo, nadie se atrevía a desafiar a la familia Lozoya.—¿Qué pasa? ¿Te molestaste?Jonás tomó un mechón de cabello de Alina y jugó con él. —¿No fue esto lo que tú misma pediste? ¿Qué derecho tienes a enojarte?Alina cerró los ojos y, al abrirlos de nuevo, su expresión había cambiado por completo.Serena, impasible, como un pozo de aguas tranquilas.—Jonás, tenemos que hablar.Si él creía que este matrimonio era algo que ella le había rogado, entonces era momento de hablar con toda franqueza.Quería decirle que ya lo sabía todo, que quería el divorcio.El celular sonó. Jonás le hizo un gesto para que guardara silencio.—¿Diga? ¿Qué pasó?Alina echó un vistazo al identificador de llamadas: era Josefina.Sin saber qué le decían al otro lado de la línea, Jonás sonrió. —De acuerdo, voy para allá.—Tengo que ir a la oficina. Lo que sea que tengas que decir, lo hablamos más tarde.Tras colgar, Jonás recuperó su habitual frialdad.La puerta se cerró. Alina volvió a abrir la laptop, con un deje de ironía en sus pensamientos.Jonás realmente le daba mucha importancia a este bebé. ¿Tanta prisa tenía por ir a informarle a Josefina sobre su estado?Lo que daría por saber qué cara pondrían cuando se enteraran de que ella ya había interrumpido el embarazo.Alina tomó su celular y le envió un mensaje a su abogado.[Abogado Bustos, quisiera saber si, teniendo pruebas en contra de Jonás, ¿puedo garantizar al cien por ciento la custodia de mi hijo?]Era tarde, así que Alina no esperaba que el abogado Bustos le respondiera.Al dejar el celular, de reojo, vio a Ricardo de pie en el pasillo, sujetándose de la barandilla y mirándola con frialdad.—Mamá, ¿por qué eres tan inútil?—Papá ya había vuelto y aun así lo dejaste ir.Alina se quedó perpleja, a punto de decir algo.Pero entonces lo escuchó añadir: —Ya que papá se fue, no tengo por qué quedarme. Me regreso a la otra casa.Dicho esto, se dio la vuelta y tocó la puerta de la niñera en la habitación contigua, la despertó y le pidió que recogiera sus cosas.—Riqui, es muy tarde, no es seguro que te vayas solo. Mañana mamá te lleva.Ricardo estaba decidido a irse. Apartó a Alina, que le bloqueaba el paso, y gritó: —¡No me toques!—Creí que como hoy tenías revisión, papá se quedaría contigo al menos una noche. Ahora veo que fue una pérdida de tiempo.—Si lo hubiera sabido, me habría ido a casa de mi tía. Así habría pasado más tiempo con papá.Dicho esto, tomó la mano de la niñera y se fue sin mirar atrás.Alina se quedó de pie en la habitación del niño durante un largo rato antes de comprender el significado de las palabras de Ricardo.El dolor en el bajo vientre comenzó a reaparecer. Con gesto ausente, Alina subió la temperatura del aire acondicionado.Se recostó en el sofá, tomó el celular y, tras dudar un momento, finalmente borró el mensaje que le había enviado al abogado.Dado que su hijo ya se había vuelto tan insoportable, ella renunciaría voluntariamente a su custodia a cambio de mayores beneficios....A la mañana siguiente, Alina se despertó por el sonido de una llamada.—Alina, ¿tienes la más mínima conciencia de lo que es ser madre? ¿Cómo pudiste dejar que Riqui se fuera solo en medio de la noche?—¡¿No te preocupaba que le pasara algo en el camino?!—¿En qué te hemos fallado en la familia Lozoya?—Tú drogaste a Jonás para meterte en su cama y quedarte embarazada. Él, por hacerse responsable, se casó contigo. ¿Acaso te ha tratado mal todos estos años?—¡Y todavía no estás satisfecha! ¡Él vuelve a casa en medio de la noche y tú te pones a discutir con él hasta que se va!—¡Nunca he visto una mujer tan malvada y desconsiderada con su propio hijo y su esposo!Al otro lado del teléfono, su suegra Isabel, la regañaba con una fluidez que era casi un desahogo.Alina arrojó el celular a un lado, lo puso en silencio y se metió al baño.No sabía qué le había contado Ricardo anoche, pero Isabel le echaba la culpa de todo.Cuando salió del baño, Isabel ya había colgado. En el celular había un nuevo mensaje del abogado Bustos. [Disculpe, señorita Alina, no vi su mensaje de anoche.][Veo que lo borró, ¿era algo importante?]Alina se recostó en el sofá y respondió.[No era nada. Si lo borré, es porque ya no importa.][Por favor, abogado Bustos, proceda con el divorcio según lo planeado, lo más rápido posible.]Dejó el celular y se reclinó en el sofá, con la mente divagando.Recordó el día en que supo que estaba embarazada de Ricardo. Salió del hospital y se sentó en el carro.Al principio, no pensaba tenerlo, pero de repente en la radio del carro se escuchó una frase: "Si él ha venido desde tan lejos, ¿cómo podría yo rechazarlo?".Las lágrimas comenzaron a brotar de repente. En ese instante, decidió quedarse con Ricardo, sin importar si la familia Lozoya lo aceptaba o no.Pero ahora…Dejando a un lado sus pensamientos, Alina se preparó para salir hacia el instituto de investigación.Capítulo 3—Señorita Portillo, el embarazo ha sido interrumpido.Alina Portillo, despertando de la anestesia, se quedó mirando el techo del hospital por un buen rato antes de incorporarse lentamente.Hace quince días, encontró en el despacho un consentimiento para fecundación in vitro y descubrió que su esposo había implantado en su cuerpo el óvulo fecundado de otra mujer.No podía creerlo. No podía creer que su esposo fuera capaz de humillarla de esa manera.No fue hasta la semana dieciséis de gestación que fue en secreto al hospital para hacerse una amniocentesis, la cual confirmó que el bebé no era suyo.Cuando recibió los resultados, se quedó recostada en la camilla de revisión, observando su vientre ligeramente abultado y las estrías que lo cubrían.Las lágrimas, incontenibles, comenzaron a rodar por sus mejillas.Ella anhelaba tener otro hijo. Por ese bebé, se había sometido a varias inyecciones para estimular la ovulación y había entrado al quirófano en múltiples ocasiones.¡Y pensar que, al final, ese niño no tenía ninguna relación con ella!Fueron novios desde jóvenes y compartieron la misma cama durante siete años. Aunque no hubiera amor, debería existir al menos un poco de afecto familiar.Resulta que, para Jonás Lozoya, ella, Alina, ¡no era más que un instrumento para tener hijos!Al ver que no reaccionaba, la enfermera le recordó en voz baja: —Señorita Portillo, el embarazo ha sido interrumpido.Volviendo en sí, Alina se arregló la ropa y dijo con voz serena: —Por favor, preparen toda la documentación relacionada con este bebé lo antes posible.—El informe tardará aproximadamente una semana en completar el proceso de peritaje legal. Se lo enviaremos por correo en cuanto esté listo.Alina asintió.Después de casarse con Jonás, abandonó sus estudios y lo cuidó devotamente durante siete años.Ahora, quería poner fin a ese matrimonio humillante, y las pruebas que demostraban que Jonás la había usado como vientre de alquiler eran su principal baza para negociar el divorcio.Todavía sentía un dolor punzante en el bajo vientre. Alina solicitó un chofer y acordó encontrarse con él en un centro comercial cercano al hospital.Apenas se detuvo el carro cerca del centro comercial, vio un sedán negro que le resultaba familiar estacionado a un lado de la calle, con una placa que conocía muy bien.A66666.En todo San Jerónimo, nadie más que Jonás usaría una placa tan ostentosa.O, para ser más precisos, si él no la usaba, nadie se atrevía a hacerlo, nadie era digno de ello.Los guardias de seguridad del centro comercial, ya acostumbrados, cuchicheaban entre ellos. —Qué impresionante. ¿Ese es el carro del mandamás del Grupo Lozoya, verdad?—He oído que el Grupo Lozoya ha logrado nuevos avances en el campo de la inteligencia artificial. Su tecnología ya es líder a nivel mundial.El ir y venir de gente fuera del centro comercial era incesante. Alina miró de reojo.Un hombre alto, vestido con una camisa de seda negra, bajó del asiento trasero, rodeó el vehículo y abrió la otra puerta.Las mangas de la camisa del hombre estaban remangadas, dejando al descubierto un antebrazo fuerte, donde las venas se insinuaban con cada movimiento.De la puerta abierta descendió una mujer refinada, ataviada con un elegante vestido de gala.Los delgados dedos de la mujer se entrelazaron con familiaridad en el brazo de Jonás.Caminaron juntos hacia el interior del centro comercial. Su atractiva apariencia hizo que muchos transeúntes se giraran para admirarlos.—¿Quién es ella? Ese hombre de la familia Lozoya nunca se había dejado ver con una mujer.Alguien preguntó con curiosidad.Cuando llegó el chofer, Alina dejó de prestar atención a las conversaciones a su alrededor, rodeó el carro y se sentó en el asiento del copiloto.Apoyada en la ventanilla, veía el paisaje urbano de la capital pasar a toda velocidad ante sus ojos.Por supuesto que sabía quién era la mujer que acompañaba a Jonás.Su hermana, Josefina Portillo.Una brillante matemática graduada del MIT que acababa de recibir el premio Distinción Matemática.Con los párpados pesados, Alina se recostó en el asiento, pensando sin rumbo fijo.Si en su momento no hubiera abandonado sus estudios por casarse, quizás hoy tendría los mismos logros que Josefina.El celular vibró un par de veces. Era un mensaje de su abogado, confirmando una vez más si de verdad quería divorciarse de Jonás.[Hay que proceder cuanto antes.]Dejó el celular y se frotó los ojos, que le ardían.Al regresar a la mansión en el centro de la ciudad, apenas entró al patio, escuchó la risa de Ricardo Lozoya.No pudo evitar acelerar el paso; hacía casi medio mes que no veía a su hijo.Después de dar a luz, Jonás, ignorando sus súplicas mientras aún estaba en cuarentena, envió a Ricardo a otra propiedad con la excusa de que allí recibiría una mejor educación.Incluso para visitarlo, tenía que seguir un horario estricto.No esperaba que Ricardo viniera por su cuenta hoy.Se quitó los zapatos y entró al salón principal.Un niño de unos cinco o seis años estaba sentado en el sofá de espaldas a la entrada, en medio de una videollamada.—Mi tía sí que me consiente. Llevaba mucho tiempo queriendo este Transformer, pero mi papá no me lo compraba.—Claro, aquí espero a que papá me lo traiga.Alina se acercó al sofá, con la intención de abrazar a su hijo.—Riqui, ¿extrañaste a mamá?Ricardo colgó la videollamada de inmediato, la apartó de un empujón y gritó: —¡Apestas! ¡Aléjate de mí!Alina se quedó parada, desconcertada, y se olió.El parto de Ricardo había sido complicado, con una hemorragia grave, y después de tantos años no se había recuperado del todo. Incluso en verano, rara vez sudaba.En ese momento, aparte del olor a desinfectante del hospital, no percibía ningún otro aroma en ella.Ricardo le lanzó una mirada de fastidio y le ordenó con aires de superioridad: —¡Quiero que me prepares el estofado de camarones con verduras! ¿Qué esperas para ir a hacerlo?Alina acababa de someterse a un aborto y no debía tener contacto con agua fría.Abrió la boca para intentar razonar con Ricardo, para decirle que le pediría a la empleada que lo hiciera.Pero al instante siguiente, Ricardo puso los ojos en blanco disimuladamente.Apoyó la cabeza en las piernas de Alina, la miró parpadeando y su voz se suavizó: —Mamá, el estofado de camarones con verduras que tú haces es el más rico. Nadie más lo prepara igual.Aunque sabía que era una de las artimañas de Ricardo para hacerse el bueno, Alina no pudo evitar que se le enterneciera el corazón.Pensó que era solo porque el niño no se había criado a su lado y estaba malcriado; con una buena crianza, todo se arreglaría.Alina fue a la cocina, se lavó las manos y tembló al tocar los camarones frescos que estaban en agua fría.Preparó la comida, la sirvió en la mesa y solo entonces Ricardo pareció satisfecho.Mientras Ricardo comía con entusiasmo, Alina lo observaba en silencio.Después de cenar, Alina se quedó un rato más con Ricardo, leyéndole un libro.—Mamá, ¿papá va a volver más tarde?Una sonrisa sarcástica se dibujó en el rostro de Alina.Jonás le daba mucha importancia al bebé que llevaba en su vientre. En cada revisión, aunque él no la acompañara, siempre volvía a casa para preguntar cómo había ido todo.Para preguntar por el hijo que esperaba de él y otra mujer.Besó la frente de Ricardo. —Sí, volverá. Ya duérmete.—Bien, entonces mañana cuando despierte podré ver a papá.Más tarde, Alina salió de la habitación del niño, bajó las escaleras y se sentó en el sofá del salón. Con la laptop en su regazo, se puso a revisar las últimas tendencias en el campo de la inteligencia artificial.El tiempo pasó sin darse cuenta hasta llegar la medianoche. Se escuchó un ruido en la puerta principal y, al levantar la vista, Alina vio entrar a Jonás.Llevaba una camisa de satén azul oscuro que, bajo la luz tenue, brillaba como las profundidades del mar.—¿Por qué no te has dormido?Jonás se sentó a su lado, la rodeó con un brazo por los hombros y, con naturalidad, posó la mano derecha sobre su vientre.Pero él no sabía que allí ya no había ningún bebé.—¿Cómo está el bebé? —preguntó Jonás.Él olía a un perfume desconocido. Alina lo apartó. —¿No estabas con Josefina? ¿Por qué volviste?—¿No te da miedo que te saquen una foto y te acusen de infiel?Jonás se recostó en el sofá y la miró de reojo. —Mientras no vayas por ahí gritando a los cuatro vientos que la señora Lozoya eres tú, ¿quién se va a enterar?Alina cerró la pantalla de la laptop en silencio.Era cierto, su matrimonio con Jonás era secreto. Mientras ella no dijera nada, aunque los medios fotografiaran a Jonás con otra mujer, no se atreverían a publicarlo.En todo San Jerónimo, nadie se atrevía a desafiar a la familia Lozoya.—¿Qué pasa? ¿Te molestaste?Jonás tomó un mechón de cabello de Alina y jugó con él. —¿No fue esto lo que tú misma pediste? ¿Qué derecho tienes a enojarte?Alina cerró los ojos y, al abrirlos de nuevo, su expresión había cambiado por completo.Serena, impasible, como un pozo de aguas tranquilas.—Jonás, tenemos que hablar.Si él creía que este matrimonio era algo que ella le había rogado, entonces era momento de hablar con toda franqueza.Quería decirle que ya lo sabía todo, que quería el divorcio.El celular sonó. Jonás le hizo un gesto para que guardara silencio.—¿Diga? ¿Qué pasó?Alina echó un vistazo al identificador de llamadas: era Josefina.Sin saber qué le decían al otro lado de la línea, Jonás sonrió. —De acuerdo, voy para allá.—Tengo que ir a la oficina. Lo que sea que tengas que decir, lo hablamos más tarde.Tras colgar, Jonás recuperó su habitual frialdad.La puerta se cerró. Alina volvió a abrir la laptop, con un deje de ironía en sus pensamientos.Jonás realmente le daba mucha importancia a este bebé. ¿Tanta prisa tenía por ir a informarle a Josefina sobre su estado?Lo que daría por saber qué cara pondrían cuando se enteraran de que ella ya había interrumpido el embarazo.Alina tomó su celular y le envió un mensaje a su abogado.[Abogado Bustos, quisiera saber si, teniendo pruebas en contra de Jonás, ¿puedo garantizar al cien por ciento la custodia de mi hijo?]Era tarde, así que Alina no esperaba que el abogado Bustos le respondiera.Al dejar el celular, de reojo, vio a Ricardo de pie en el pasillo, sujetándose de la barandilla y mirándola con frialdad.—Mamá, ¿por qué eres tan inútil?—Papá ya había vuelto y aun así lo dejaste ir.Alina se quedó perpleja, a punto de decir algo.Pero entonces lo escuchó añadir: —Ya que papá se fue, no tengo por qué quedarme. Me regreso a la otra casa.Dicho esto, se dio la vuelta y tocó la puerta de la niñera en la habitación contigua, la despertó y le pidió que recogiera sus cosas.—Riqui, es muy tarde, no es seguro que te vayas solo. Mañana mamá te lleva.Ricardo estaba decidido a irse. Apartó a Alina, que le bloqueaba el paso, y gritó: —¡No me toques!—Creí que como hoy tenías revisión, papá se quedaría contigo al menos una noche. Ahora veo que fue una pérdida de tiempo.—Si lo hubiera sabido, me habría ido a casa de mi tía. Así habría pasado más tiempo con papá.Dicho esto, tomó la mano de la niñera y se fue sin mirar atrás.Alina se quedó de pie en la habitación del niño durante un largo rato antes de comprender el significado de las palabras de Ricardo.El dolor en el bajo vientre comenzó a reaparecer. Con gesto ausente, Alina subió la temperatura del aire acondicionado.Se recostó en el sofá, tomó el celular y, tras dudar un momento, finalmente borró el mensaje que le había enviado al abogado.Dado que su hijo ya se había vuelto tan insoportable, ella renunciaría voluntariamente a su custodia a cambio de mayores beneficios....A la mañana siguiente, Alina se despertó por el sonido de una llamada.—Alina, ¿tienes la más mínima conciencia de lo que es ser madre? ¿Cómo pudiste dejar que Riqui se fuera solo en medio de la noche?—¡¿No te preocupaba que le pasara algo en el camino?!—¿En qué te hemos fallado en la familia Lozoya?—Tú drogaste a Jonás para meterte en su cama y quedarte embarazada. Él, por hacerse responsable, se casó contigo. ¿Acaso te ha tratado mal todos estos años?—¡Y todavía no estás satisfecha! ¡Él vuelve a casa en medio de la noche y tú te pones a discutir con él hasta que se va!—¡Nunca he visto una mujer tan malvada y desconsiderada con su propio hijo y su esposo!Al otro lado del teléfono, su suegra Isabel, la regañaba con una fluidez que era casi un desahogo.Alina arrojó el celular a un lado, lo puso en silencio y se metió al baño.No sabía qué le había contado Ricardo anoche, pero Isabel le echaba la culpa de todo.Cuando salió del baño, Isabel ya había colgado. En el celular había un nuevo mensaje del abogado Bustos. [Disculpe, señorita Alina, no vi su mensaje de anoche.][Veo que lo borró, ¿era algo importante?]Alina se recostó en el sofá y respondió.[No era nada. Si lo borré, es porque ya no importa.][Por favor, abogado Bustos, proceda con el divorcio según lo planeado, lo más rápido posible.]Dejó el celular y se reclinó en el sofá, con la mente divagando.Recordó el día en que supo que estaba embarazada de Ricardo. Salió del hospital y se sentó en el carro.Al principio, no pensaba tenerlo, pero de repente en la radio del carro se escuchó una frase: "Si él ha venido desde tan lejos, ¿cómo podría yo rechazarlo?".Las lágrimas comenzaron a brotar de repente. En ese instante, decidió quedarse con Ricardo, sin importar si la familia Lozoya lo aceptaba o no.Pero ahora…Dejando a un lado sus pensamientos, Alina se preparó para salir hacia el instituto de investigación.

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