Capítulo 1El crematorio.Junto al enorme retrato en blanco y negro, se amontonaban coronas de flores y listones de luto.Los invitados, con semblante solemne, se acercaban uno a uno frente a la fotografía para presentar sus respetos.—Señor Quiroga, señora Quiroga, que en paz descansen.—Nadie puede revivir a los muertos, señorita Quiroga. Le damos nuestro más sentido pésame…Wendy Quiroga, arrodillada frente a los retratos de sus padres, se sentía completamente vacía, con el alma hecha cenizas.Una semana atrás.Un accidente de carro se había llevado a sus padres.Y con ellos, también se fue su único hijo.Su mundo… se había derrumbado por completo.—Los familiares pueden dar el último adiós.—Señorita Quiroga, su esposo aún no ha llegado. ¿Desea que esperemos un poco más?—No es necesario, que el funeral continúe como está planeado —la voz de Wendy era un susurro ronco, su expresión perdida, adormecida por el dolor.Sus padres estaban a punto de ser sepultados.Y su esposo, Dante Santillán, no había aparecido ni un solo instante.Incluso se había llevado el cuerpo de su hijo para salvar a su bastardo y a su bastarda.Las córneas de su niño fueron donadas a la hija ilegítima de Dante; su corazón, a su hijo ilegítimo.Ni siquiera pudo ver el cuerpo de su hijo una última vez; hasta eso se convirtió en un lujo inalcanzable.Diez años de matrimonio, y lo había perdido todo de la forma más miserable.Y lo más ridículo de todo…La mujer que le arrebató a su marido era la hija de la sirvienta de su casa, aquella a quien consideraba su mejor amiga, su confidente: Begoña Mora.No fue hasta que los encontró en la cama, a él y a Begoña, que despertó de su pesadilla.El amor de su esposo siempre había sido para Begoña. La razón por la que se casó con ella no fue otra que el poder y el prestigio de su familia.—Papá, mamá, les fallé. Me arrepiento tanto de no haberlos escuchado, de haberme empeñado en casarme con Dante.—Si tuviera otra vida, les juro que les haría caso en todo…¡Dong!Las lágrimas de Wendy no paraban, y un dolor agudo le estrujaba el corazón. Golpeó su frente con fuerza contra el suelo y permaneció arrodillada, sin moverse.—…Señorita Quiroga, señorita Quiroga, ¿se encuentra bien?Para cuando el maestro de ceremonias y los empleados se dieron cuenta de que algo andaba mal, Wendy ya había dejado de respirar. Su corazón se había detenido.Así, sin más, murió.Frente a los retratos de sus padres.A los treinta años, en la flor de la vida……Cuando Wendy recuperó la conciencia, sintió que alguien la levantaba y la arrojaba con fuerza sobre una cama mullida.¡Pum!Un hombre alto y corpulento se abalanzó sobre ella.—¡Ah! —soltó un grito ahogado y despertó de golpe.Sentía un peso enorme sobre su cuerpo.Un aliento ardiente la envolvía, mientras unos besos salvajes y dominantes le robaban el aire.—Suéltame, ¿quién eres?Wendy abrió los ojos, todavía aturdida.Lo primero que vio fue un rostro de facciones marcadas, varonil y profundo.—César Santillán…Al reconocer al hombre, Wendy sintió como si hubiera vivido un siglo en un instante.Era el tío de Dante, el único heredero de la familia Santillán y el enemigo mortal que Dante, en su vida pasada, jamás pudo derrotar.En un destello de confusión, pareció haber regresado diez años en el tiempo, al día de su fiesta de compromiso con Dante.Esa noche, alguien la emborrachó y la llevó a la habitación de César.A César, por su parte, lo habían drogado y estuvo a punto de forzarla.En el momento crucial, al darse cuenta de que era Wendy, César luchó contra el efecto de la droga y, en un último esfuerzo de voluntad, se detuvo en seco. Después, se encerró en el baño y pasó la noche entera bajo el chorro de agua fría.En su vida anterior, Wendy amaba a Dante con locura.Para ayudarlo a ascender, no dudó en destruir su propia reputación, acusando a César de haberla violado. El escándalo sacudió a toda la ciudad y le colgó el cartel de violador, lo que lo llevó a pasar tres años en la cárcel y manchó su nombre para siempre.Dante aprovechó esa oportunidad para entrar al consejo directivo del Grupo Santillán. Y durante los tres años que César estuvo preso, se movió con rapidez para acaparar el mercado y tomar la delantera.Aunque después ella le explicó a Dante lo que había sucedido, él nunca creyó en su inocencia. Se casó con ella como estaba planeado, pero siempre la trató con un desprecio evidente. Solo la utilizó para exprimir hasta el último recurso de la familia Quiroga, sin mostrarle jamás el más mínimo afecto.Perfecto.Ya que el cielo le había dado una segunda oportunidad, no permitiría que Dante tuviera ni la más mínima posibilidad de triunfar.—César, perdóname… —Wendy lo rodeó con los brazos por el cuello, tomando la iniciativa.Al oír la voz de Wendy, César se quedó paralizado por un segundo. Conteniendo el malestar que lo consumía, intentó frenar.—¿Qué haces aquí? Lárgate de inmediato.Los ojos de Wendy se llenaron de lágrimas y lo abrazó con más fuerza.—César, sé que te sientes fatal. Déjame ser tu remedio.Dicho esto, se acercó a él y, con torpeza, buscó sus labios.—¡Largo!—César, te entrego mi primera vez como una forma de expiar mi culpa. No necesitas hacerte responsable de nada…La respiración de César se volvió errática; estaba a punto de enloquecer por el tormento.Luchó, se contuvo, pero al final, perdió el control por completo……El efecto de la droga era devastador.La pasión se prolongó hasta que el cielo comenzó a clarear.A las seis de la mañana, César por fin encontró alivio y, exhausto, cayó en un sueño profundo.Wendy sentía que su cuerpo estaba a punto de desmoronarse; varias veces estuvo al borde del desmayo.Pero se obligó a mantenerse despierta.Sabía que, en cuanto amaneciera, Dante llegaría con un séquito de gente para exhibirlos.Ahora que lo pensaba, todo había sido una trampa perfectamente orquestada por él.Esta vez, no dejaría que su plan tuviera éxito.Wendy soportó un dolor que parecía romperle los huesos y, con esfuerzo, se levantó para vestirse, dispuesta a marcharse.Seguramente, Dante había dejado gente vigilando la puerta.Si salía por ahí, la descubrirían al instante y no tendría cómo defenderse.Así que no usó la puerta.En su lugar, se deslizó por el balcón y, con sumo cuidado, trepó por el conducto de ventilación exterior hasta el balcón de la habitación contigua. Desde allí, abandonó el hotel sin que nadie la viera.Ocho y media de la mañana.Los hombres de Dante montaban guardia fuera del hotel, con la vista fija en la puerta de la habitación de César.En otra habitación del mismo hotel.—Dante, Wendy te adora, ha sido tu sombra por más de diez años. ¿De verdad no te importó mandarla a la cama de tu tío? —Begoña, recostada con delicadeza en el pecho de Dante, dibujaba círculos juguetones sobre su piel.Dante encendió un cigarro y soltó una bocanada de humo con indiferencia.—El que no arriesga, no gana.—¡Ja! Si la noticia de que César se acostó con la prometida de su sobrino en plena fiesta de compromiso sale a la luz, su reputación quedará por los suelos.Aunque Dante llevaba el apellido Santillán, no era de la misma sangre.Cuando tenía cinco años, su madre se casó por segunda vez con un Santillán. Su padrastro, Mauro Santillán, era el hermano mayor de César.Su padrastro lo trataba bastante bien.Pero, por desgracia, tenía una discapacidad y ciertas limitaciones intelectuales. Por eso, el futuro heredero de la familia Santillán era César.Cuando llegara el momento de repartir la herencia, Dante recibiría, como mucho, algo de dinero y unas pocas acciones. Para entrar en el círculo directivo del Grupo Santillán, primero tenía que deshacerse de César.—¿Y a ti no te gusta Wendy ni un poquito?Con un gesto de fastidio, Dante respondió con desdén:—Si no fuera porque su padre es un pez gordo en la Secretaría de Hacienda de Puerto San Ángel, ni me molestaría en dirigirle la palabra, y mucho menos me habría comprometido con ella. Se la pasa pegada a mí como un chicle, es un fastidio.Begoña hizo un puchero y preguntó con un tono meloso:—Si se acuesta con tu tío, ¿todavía te casarías con ella?—¡Claro que sí!—¿No te daría asco?—Para nada. Me caso con ella solo para utilizarla. Si se acuesta con mi tío y aun así estoy dispuesto a casarme, será mucho más fácil controlarla en el futuro.—Begoña, en mi corazón solo hay lugar para ti —declaró Dante con falsa ternura, antes de girarse y colocarse de nuevo sobre ella.—¡Ay, qué pesado! ¡Nunca tienes suficiente! Ya casi son las nueve, ¡deberías ir a ocuparte de tus asuntos!—¿Cuál es la prisa? Déjame consentirte un poco más.—¡Qué ocurrencias tienes! Eres insaciable —dijo Begoña, fingiendo timidez, en un juego de seducción.Justo cuando se disponían a empezar de nuevo, sonó el teléfono.-Ring, ring…-—¿Bueno?Al otro lado de la línea, se escuchó la voz de Ulises, uno de sus hombres.—Señor Santillán, César ya salió. Venga rápido.—De acuerdo, voy para allá. Sigan con el plan, deténganlo como sea.—Entendido.Tras colgar, Dante se levantó de un salto y empezó a vestirse a toda prisa.—El pez picó el anzuelo. Tenemos que ir a recoger la red.Begoña, al oírlo, también se levantó de la cama, con el corazón latiéndole de la emoción.Anoche, César y Wendy habían estado juntos. No había que ser un genio para imaginar lo que había pasado.Cuando el escándalo estallara, sería la comidilla de toda la ciudad. Wendy quedaría marcada de por vida, sin posibilidad de limpiar su nombre.…Cinco minutos después, Dante llegó al lugar.Sus hombres y un grupo de periodistas rodeaban a César, acosándolo.Los reporteros se empujaban para hacerle preguntas.—Señor Santillán, anoche lo vieron entrar con Wendy a esta habitación de hotel. ¿Podría confirmarnos si pasaron la noche juntos?—La señorita Quiroga se comprometió ayer con su sobrino, ¿cómo es que terminó en un hotel con usted?—Señor Santillán, ¿la señorita Quiroga sigue en su habitación? ¿Nos permitiría entrar a verificar? ¿O prefiere aclararlo usted mismo?César, con el rostro ensombrecido, lucía una expresión gélida. Anoche, alguien le había tendido una trampa y lo había drogado. Lo peor era que, efectivamente, se había acostado con Wendy. Era evidente que todo era un complot de Dante y Wendy.Los guardaespaldas de César llegaron de inmediato y formaron una barrera humana.—Abran paso, el señor Santillán no dará entrevistas.Los periodistas, incitados por Dante y sin nada que temer, insistieron.—Señor Santillán, ¿pasó la noche con la señorita Quiroga?Viendo que la situación estaba en su punto, Dante apareció, fingiendo una gran preocupación, y se abrió paso hasta César.—Tío, llevo toda la noche buscando a Wendy. No contesta el teléfono y no sé dónde está. Estoy muy preocupado.—Alguien me dijo que la vieron irse con usted anoche, ¿es cierto?César, al escucharlo, entornó los ojos y miró a Dante con una frialdad que helaba la sangre.Este sobrino postizo era un lobo con piel de cordero y una ambición desmedida.Para apoderarse de la fortuna de los Santillán, era capaz de recurrir a las tretas más sucias.Dante ajustó su expresión, fingiendo una profunda angustia.—Tío, no me diga que Wendy de verdad está en su habitación. Tío, no habrá sido capaz de…Sus hombres habían vigilado toda la noche y no vieron a Wendy salir de la habitación.Por lo tanto, estaba seguro de que seguía dentro.En su vida pasada, Wendy, al oír el alboroto, salió de la habitación despeinada y con la ropa en desorden. Luego, ante los periodistas, acusó a César de haberla forzado, colaborando a la perfección con el plan.César había sido el soltero de oro de Puerto San Ángel.Joven, exitoso, brillante y apuesto, superaba a Dante en todos los aspectos.Pero desde que le colgaron la etiqueta de violador, se convirtió en el blanco de todas las críticas, y durante más de diez años no pudo limpiar su nombre.Al ver el silencio de César, que claramente delataba su culpa, Dante se envalentonó aún más y corrió hacia la puerta del hotel.—¡Wendy, Wendy! ¿Estás ahí? No tengas miedo, ¡he venido a rescatarte!Todos los presentes abrieron los ojos de par en par, esperando con impaciencia la explosión de un escándalo monumental.Sin embargo…Dante golpeó la puerta durante un buen rato, pero no hubo respuesta desde el interior.Frunció el ceño, confundido.¿Qué está pasando? Esto no es como la última vez.A estas alturas, Wendy ya debería haber salido a acusar a César. ¿Por qué tarda tanto hoy?Esperaba con ansias que Wendy saliera corriendo de la habitación, con la ropa hecha jirones como la vez pasada, y acusara a César a gritos delante de todos.Pero las cosas no sucedieron como él esperaba.—No, tiene que estar dentro. ¡Llamen a un empleado para que abra la puerta!La cara de César se endureció aún más.—Dante, ¿ya fue suficiente de este circo?Dante comenzaba a sentir pánico, pero aun así, gritó desafiante:—Tío, ¿no te atreves a dejar que abran la puerta porque tienes la conciencia sucia?—Dime, ¿qué le hiciste a Wendy?Los periodistas se unieron al ataque.—Señor Santillán, ¡solo abra la puerta para que todos lo veamos y así pueda demostrar su inocencia!—¡Exacto! ¿Acaso la señorita Quiroga está escondida adentro?El rostro de César era una máscara de hielo, y su presencia imponía una presión abrumadora.—¿Y si no hay nadie adentro?Dante, convencido de que Wendy estaba en la habitación, se armó de valor.—Tío, solo tiene que abrir la puerta para que echemos un vistazo…Mientras la multitud armaba un alboroto, sonó un timbre.-¡Ding!-La puerta del elevador cercano se abrió.Wendy y la señora Quiroga salieron, una detrás de la otra.Madre e hija vestían con elegancia y un aire de nobleza.Wendy lucía un maquillaje discreto y llevaba su larga cabellera suelta hasta la cintura, con un aspecto radiante y sereno.En realidad, su cuello y su cuerpo estaban cubiertos de marcas de besos que César le había dejado. Sin embargo, las había ocultado con corrector y una pañoleta de Hermès, por lo que no se notaba absolutamente nada.—Vaya, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanta gente? —dijo la señora Quiroga, fingiendo sorpresa al ver el caótico grupo de personas.Dante se quedó boquiabierto al ver a Wendy salir del elevador; los ojos casi se le salían de las órbitas.Sus hombres se miraron entre sí, completamente desconcertados.Habían vigilado toda la noche y no la habían visto salir de la habitación. ¿Cómo era posible que ahora apareciera desde fuera del hotel? Y, para colmo, junto a la señora Quiroga.César lanzó una mirada inexpresiva a Wendy, sintiendo cómo la tensión volvía a apoderarse de él.Sospechaba que todo había sido una trampa urdida entre ella y Dante.Sin embargo, al ver las manchas de sangre en la sábana esa mañana, se quedó atónito.Wendy, de verdad, era virgen.—¡Buenos días! —saludó Wendy con calma, como si nada hubiera pasado entre ellos la noche anterior.Luego, desvió la mirada y observó a Dante con una sonrisa burlona.—Wendy, tú… —Dante estaba petrificado.—Dante, Begoña me llamó hace un rato para decirme que estaba en este hotel. Mi mamá y yo pasábamos por aquí, así que decidimos venir a buscarla para desayunar juntas.—Mmm, ¿qué número de habitación dijo que era? Creo que la 868, ¿verdad? —dijo Wendy, sacando su celular como si fuera a llamar a Begoña.En realidad, Begoña no la había llamado.Pero ella recordaba con claridad que, en su vida anterior, Dante se había alojado en esa misma habitación, y además, había aparecido junto a Begoña.Era evidente que habían pasado la noche juntos.Dante reaccionó, y un sudor frío le recorrió la espalda.—…Wendy, ¿dónde estuviste anoche? Te llamé muchísimas veces, ¿por qué no contestabas?Wendy soltó una risa despectiva y respondió con indiferencia:—Ah, anoche tomé un poco, llegué a casa y me quedé dormida. Se me olvidó cargar el celular.Al oírla, el rostro de Dante se llenó de una mezcla de emociones complejas.Frustración. ¡Ira!Pero, sobre todo, decepción.¿Cómo pudo pasar esto?Al ver su expresión de desconcierto y sorpresa, Wendy no pudo evitar sentir que era ridículo.En su vida anterior, a los ocho años, estuvo a punto de ahogarse en una alberca. Justo cuando se estaba hundiendo, alguien la sacó del agua.Al despertar, vio a Dante a su lado y asumió que él la había salvado.Desde ese día, se convirtió en su sombra, siguiéndolo a todas partes. Lo apoyó en todo lo que hizo, incluso arrastró a toda la familia Quiroga para que le sirviera de trampolín.Sin embargo, no fue hasta que su familia quedó en la ruina y ella fue exprimida hasta el último centavo que descubrió, por casualidad, que su verdadero salvador había sido César, no Dante.Perfecto, el destino le había dado una segunda oportunidad.Esta vez…Lo destruiría lentamente. No volvería a usar el poder de la familia Quiroga para abrirse camino.—¿Todavía quieren entrar a la habitación a ver? —preguntó César con voz glacial.Los periodistas, al darse cuenta de su error, se apresuraron a disculparse.—Ah, parece que todo fue un malentendido, señor Santillán. Mil disculpas.—Si fue un malentendido, entonces no hay nada más que hacer aquí. Nos retiramos.Los reporteros no consiguieron su gran escándalo.Además, temerosos del poder de César, no se atrevieron a insistir y se marcharon uno por uno con la cola entre las patas.César lanzó una mirada fría a Dante y luego se fue con sus guardaespaldas.—Mamá, vamos a buscar a Begoña para desayunar.—Claro.Dante, al verlas, se apresuró a detenerlas.—¡Wendy, déjame acompañarlas!Anoche había estado con Begoña.Lo habían hecho varias veces, y en ese momento Begoña todavía estaba medio desnuda y la habitación era un desastre.Si lo descubrían con Begoña, su alianza matrimonial con la familia Quiroga se iría al traste.Aunque Wendy era una tonta fácil de manipular, sus padres eran unos zorros viejos, no tan fáciles de engañar.Capítulo 2El crematorio.Junto al enorme retrato en blanco y negro, se amontonaban coronas de flores y listones de luto.Los invitados, con semblante solemne, se acercaban uno a uno frente a la fotografía para presentar sus respetos.—Señor Quiroga, señora Quiroga, que en paz descansen.—Nadie puede revivir a los muertos, señorita Quiroga. Le damos nuestro más sentido pésame…Wendy Quiroga, arrodillada frente a los retratos de sus padres, se sentía completamente vacía, con el alma hecha cenizas.Una semana atrás.Un accidente de carro se había llevado a sus padres.Y con ellos, también se fue su único hijo.Su mundo… se había derrumbado por completo.—Los familiares pueden dar el último adiós.—Señorita Quiroga, su esposo aún no ha llegado. ¿Desea que esperemos un poco más?—No es necesario, que el funeral continúe como está planeado —la voz de Wendy era un susurro ronco, su expresión perdida, adormecida por el dolor.Sus padres estaban a punto de ser sepultados.Y su esposo, Dante Santillán, no había aparecido ni un solo instante.Incluso se había llevado el cuerpo de su hijo para salvar a su bastardo y a su bastarda.Las córneas de su niño fueron donadas a la hija ilegítima de Dante; su corazón, a su hijo ilegítimo.Ni siquiera pudo ver el cuerpo de su hijo una última vez; hasta eso se convirtió en un lujo inalcanzable.Diez años de matrimonio, y lo había perdido todo de la forma más miserable.Y lo más ridículo de todo…La mujer que le arrebató a su marido era la hija de la sirvienta de su casa, aquella a quien consideraba su mejor amiga, su confidente: Begoña Mora.No fue hasta que los encontró en la cama, a él y a Begoña, que despertó de su pesadilla.El amor de su esposo siempre había sido para Begoña. La razón por la que se casó con ella no fue otra que el poder y el prestigio de su familia.—Papá, mamá, les fallé. Me arrepiento tanto de no haberlos escuchado, de haberme empeñado en casarme con Dante.—Si tuviera otra vida, les juro que les haría caso en todo…¡Dong!Las lágrimas de Wendy no paraban, y un dolor agudo le estrujaba el corazón. Golpeó su frente con fuerza contra el suelo y permaneció arrodillada, sin moverse.—…Señorita Quiroga, señorita Quiroga, ¿se encuentra bien?Para cuando el maestro de ceremonias y los empleados se dieron cuenta de que algo andaba mal, Wendy ya había dejado de respirar. Su corazón se había detenido.Así, sin más, murió.Frente a los retratos de sus padres.A los treinta años, en la flor de la vida……Cuando Wendy recuperó la conciencia, sintió que alguien la levantaba y la arrojaba con fuerza sobre una cama mullida.¡Pum!Un hombre alto y corpulento se abalanzó sobre ella.—¡Ah! —soltó un grito ahogado y despertó de golpe.Sentía un peso enorme sobre su cuerpo.Un aliento ardiente la envolvía, mientras unos besos salvajes y dominantes le robaban el aire.—Suéltame, ¿quién eres?Wendy abrió los ojos, todavía aturdida.Lo primero que vio fue un rostro de facciones marcadas, varonil y profundo.—César Santillán…Al reconocer al hombre, Wendy sintió como si hubiera vivido un siglo en un instante.Era el tío de Dante, el único heredero de la familia Santillán y el enemigo mortal que Dante, en su vida pasada, jamás pudo derrotar.En un destello de confusión, pareció haber regresado diez años en el tiempo, al día de su fiesta de compromiso con Dante.Esa noche, alguien la emborrachó y la llevó a la habitación de César.A César, por su parte, lo habían drogado y estuvo a punto de forzarla.En el momento crucial, al darse cuenta de que era Wendy, César luchó contra el efecto de la droga y, en un último esfuerzo de voluntad, se detuvo en seco. Después, se encerró en el baño y pasó la noche entera bajo el chorro de agua fría.En su vida anterior, Wendy amaba a Dante con locura.Para ayudarlo a ascender, no dudó en destruir su propia reputación, acusando a César de haberla violado. El escándalo sacudió a toda la ciudad y le colgó el cartel de violador, lo que lo llevó a pasar tres años en la cárcel y manchó su nombre para siempre.Dante aprovechó esa oportunidad para entrar al consejo directivo del Grupo Santillán. Y durante los tres años que César estuvo preso, se movió con rapidez para acaparar el mercado y tomar la delantera.Aunque después ella le explicó a Dante lo que había sucedido, él nunca creyó en su inocencia. Se casó con ella como estaba planeado, pero siempre la trató con un desprecio evidente. Solo la utilizó para exprimir hasta el último recurso de la familia Quiroga, sin mostrarle jamás el más mínimo afecto.Perfecto.Ya que el cielo le había dado una segunda oportunidad, no permitiría que Dante tuviera ni la más mínima posibilidad de triunfar.—César, perdóname… —Wendy lo rodeó con los brazos por el cuello, tomando la iniciativa.Al oír la voz de Wendy, César se quedó paralizado por un segundo. Conteniendo el malestar que lo consumía, intentó frenar.—¿Qué haces aquí? Lárgate de inmediato.Los ojos de Wendy se llenaron de lágrimas y lo abrazó con más fuerza.—César, sé que te sientes fatal. Déjame ser tu remedio.Dicho esto, se acercó a él y, con torpeza, buscó sus labios.—¡Largo!—César, te entrego mi primera vez como una forma de expiar mi culpa. No necesitas hacerte responsable de nada…La respiración de César se volvió errática; estaba a punto de enloquecer por el tormento.Luchó, se contuvo, pero al final, perdió el control por completo……El efecto de la droga era devastador.La pasión se prolongó hasta que el cielo comenzó a clarear.A las seis de la mañana, César por fin encontró alivio y, exhausto, cayó en un sueño profundo.Wendy sentía que su cuerpo estaba a punto de desmoronarse; varias veces estuvo al borde del desmayo.Pero se obligó a mantenerse despierta.Sabía que, en cuanto amaneciera, Dante llegaría con un séquito de gente para exhibirlos.Ahora que lo pensaba, todo había sido una trampa perfectamente orquestada por él.Esta vez, no dejaría que su plan tuviera éxito.Wendy soportó un dolor que parecía romperle los huesos y, con esfuerzo, se levantó para vestirse, dispuesta a marcharse.Seguramente, Dante había dejado gente vigilando la puerta.Si salía por ahí, la descubrirían al instante y no tendría cómo defenderse.Así que no usó la puerta.En su lugar, se deslizó por el balcón y, con sumo cuidado, trepó por el conducto de ventilación exterior hasta el balcón de la habitación contigua. Desde allí, abandonó el hotel sin que nadie la viera.Ocho y media de la mañana.Los hombres de Dante montaban guardia fuera del hotel, con la vista fija en la puerta de la habitación de César.En otra habitación del mismo hotel.—Dante, Wendy te adora, ha sido tu sombra por más de diez años. ¿De verdad no te importó mandarla a la cama de tu tío? —Begoña, recostada con delicadeza en el pecho de Dante, dibujaba círculos juguetones sobre su piel.Dante encendió un cigarro y soltó una bocanada de humo con indiferencia.—El que no arriesga, no gana.—¡Ja! Si la noticia de que César se acostó con la prometida de su sobrino en plena fiesta de compromiso sale a la luz, su reputación quedará por los suelos.Aunque Dante llevaba el apellido Santillán, no era de la misma sangre.Cuando tenía cinco años, su madre se casó por segunda vez con un Santillán. Su padrastro, Mauro Santillán, era el hermano mayor de César.Su padrastro lo trataba bastante bien.Pero, por desgracia, tenía una discapacidad y ciertas limitaciones intelectuales. Por eso, el futuro heredero de la familia Santillán era César.Cuando llegara el momento de repartir la herencia, Dante recibiría, como mucho, algo de dinero y unas pocas acciones. Para entrar en el círculo directivo del Grupo Santillán, primero tenía que deshacerse de César.—¿Y a ti no te gusta Wendy ni un poquito?Con un gesto de fastidio, Dante respondió con desdén:—Si no fuera porque su padre es un pez gordo en la Secretaría de Hacienda de Puerto San Ángel, ni me molestaría en dirigirle la palabra, y mucho menos me habría comprometido con ella. Se la pasa pegada a mí como un chicle, es un fastidio.Begoña hizo un puchero y preguntó con un tono meloso:—Si se acuesta con tu tío, ¿todavía te casarías con ella?—¡Claro que sí!—¿No te daría asco?—Para nada. Me caso con ella solo para utilizarla. Si se acuesta con mi tío y aun así estoy dispuesto a casarme, será mucho más fácil controlarla en el futuro.—Begoña, en mi corazón solo hay lugar para ti —declaró Dante con falsa ternura, antes de girarse y colocarse de nuevo sobre ella.—¡Ay, qué pesado! ¡Nunca tienes suficiente! Ya casi son las nueve, ¡deberías ir a ocuparte de tus asuntos!—¿Cuál es la prisa? Déjame consentirte un poco más.—¡Qué ocurrencias tienes! Eres insaciable —dijo Begoña, fingiendo timidez, en un juego de seducción.Justo cuando se disponían a empezar de nuevo, sonó el teléfono.-Ring, ring…-—¿Bueno?Al otro lado de la línea, se escuchó la voz de Ulises, uno de sus hombres.—Señor Santillán, César ya salió. Venga rápido.—De acuerdo, voy para allá. Sigan con el plan, deténganlo como sea.—Entendido.Tras colgar, Dante se levantó de un salto y empezó a vestirse a toda prisa.—El pez picó el anzuelo. Tenemos que ir a recoger la red.Begoña, al oírlo, también se levantó de la cama, con el corazón latiéndole de la emoción.Anoche, César y Wendy habían estado juntos. No había que ser un genio para imaginar lo que había pasado.Cuando el escándalo estallara, sería la comidilla de toda la ciudad. Wendy quedaría marcada de por vida, sin posibilidad de limpiar su nombre.…Cinco minutos después, Dante llegó al lugar.Sus hombres y un grupo de periodistas rodeaban a César, acosándolo.Los reporteros se empujaban para hacerle preguntas.—Señor Santillán, anoche lo vieron entrar con Wendy a esta habitación de hotel. ¿Podría confirmarnos si pasaron la noche juntos?—La señorita Quiroga se comprometió ayer con su sobrino, ¿cómo es que terminó en un hotel con usted?—Señor Santillán, ¿la señorita Quiroga sigue en su habitación? ¿Nos permitiría entrar a verificar? ¿O prefiere aclararlo usted mismo?César, con el rostro ensombrecido, lucía una expresión gélida. Anoche, alguien le había tendido una trampa y lo había drogado. Lo peor era que, efectivamente, se había acostado con Wendy. Era evidente que todo era un complot de Dante y Wendy.Los guardaespaldas de César llegaron de inmediato y formaron una barrera humana.—Abran paso, el señor Santillán no dará entrevistas.Los periodistas, incitados por Dante y sin nada que temer, insistieron.—Señor Santillán, ¿pasó la noche con la señorita Quiroga?Viendo que la situación estaba en su punto, Dante apareció, fingiendo una gran preocupación, y se abrió paso hasta César.—Tío, llevo toda la noche buscando a Wendy. No contesta el teléfono y no sé dónde está. Estoy muy preocupado.—Alguien me dijo que la vieron irse con usted anoche, ¿es cierto?César, al escucharlo, entornó los ojos y miró a Dante con una frialdad que helaba la sangre.Este sobrino postizo era un lobo con piel de cordero y una ambición desmedida.Para apoderarse de la fortuna de los Santillán, era capaz de recurrir a las tretas más sucias.Dante ajustó su expresión, fingiendo una profunda angustia.—Tío, no me diga que Wendy de verdad está en su habitación. Tío, no habrá sido capaz de…Sus hombres habían vigilado toda la noche y no vieron a Wendy salir de la habitación.Por lo tanto, estaba seguro de que seguía dentro.En su vida pasada, Wendy, al oír el alboroto, salió de la habitación despeinada y con la ropa en desorden. Luego, ante los periodistas, acusó a César de haberla forzado, colaborando a la perfección con el plan.César había sido el soltero de oro de Puerto San Ángel.Joven, exitoso, brillante y apuesto, superaba a Dante en todos los aspectos.Pero desde que le colgaron la etiqueta de violador, se convirtió en el blanco de todas las críticas, y durante más de diez años no pudo limpiar su nombre.Al ver el silencio de César, que claramente delataba su culpa, Dante se envalentonó aún más y corrió hacia la puerta del hotel.—¡Wendy, Wendy! ¿Estás ahí? No tengas miedo, ¡he venido a rescatarte!Todos los presentes abrieron los ojos de par en par, esperando con impaciencia la explosión de un escándalo monumental.Sin embargo…Dante golpeó la puerta durante un buen rato, pero no hubo respuesta desde el interior.Frunció el ceño, confundido.¿Qué está pasando? Esto no es como la última vez.A estas alturas, Wendy ya debería haber salido a acusar a César. ¿Por qué tarda tanto hoy?Esperaba con ansias que Wendy saliera corriendo de la habitación, con la ropa hecha jirones como la vez pasada, y acusara a César a gritos delante de todos.Pero las cosas no sucedieron como él esperaba.—No, tiene que estar dentro. ¡Llamen a un empleado para que abra la puerta!La cara de César se endureció aún más.—Dante, ¿ya fue suficiente de este circo?Dante comenzaba a sentir pánico, pero aun así, gritó desafiante:—Tío, ¿no te atreves a dejar que abran la puerta porque tienes la conciencia sucia?—Dime, ¿qué le hiciste a Wendy?Los periodistas se unieron al ataque.—Señor Santillán, ¡solo abra la puerta para que todos lo veamos y así pueda demostrar su inocencia!—¡Exacto! ¿Acaso la señorita Quiroga está escondida adentro?El rostro de César era una máscara de hielo, y su presencia imponía una presión abrumadora.—¿Y si no hay nadie adentro?Dante, convencido de que Wendy estaba en la habitación, se armó de valor.—Tío, solo tiene que abrir la puerta para que echemos un vistazo…Mientras la multitud armaba un alboroto, sonó un timbre.-¡Ding!-La puerta del elevador cercano se abrió.Wendy y la señora Quiroga salieron, una detrás de la otra.Madre e hija vestían con elegancia y un aire de nobleza.Wendy lucía un maquillaje discreto y llevaba su larga cabellera suelta hasta la cintura, con un aspecto radiante y sereno.En realidad, su cuello y su cuerpo estaban cubiertos de marcas de besos que César le había dejado. Sin embargo, las había ocultado con corrector y una pañoleta de Hermès, por lo que no se notaba absolutamente nada.—Vaya, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanta gente? —dijo la señora Quiroga, fingiendo sorpresa al ver el caótico grupo de personas.Dante se quedó boquiabierto al ver a Wendy salir del elevador; los ojos casi se le salían de las órbitas.Sus hombres se miraron entre sí, completamente desconcertados.Habían vigilado toda la noche y no la habían visto salir de la habitación. ¿Cómo era posible que ahora apareciera desde fuera del hotel? Y, para colmo, junto a la señora Quiroga.César lanzó una mirada inexpresiva a Wendy, sintiendo cómo la tensión volvía a apoderarse de él.Sospechaba que todo había sido una trampa urdida entre ella y Dante.Sin embargo, al ver las manchas de sangre en la sábana esa mañana, se quedó atónito.Wendy, de verdad, era virgen.—¡Buenos días! —saludó Wendy con calma, como si nada hubiera pasado entre ellos la noche anterior.Luego, desvió la mirada y observó a Dante con una sonrisa burlona.—Wendy, tú… —Dante estaba petrificado.—Dante, Begoña me llamó hace un rato para decirme que estaba en este hotel. Mi mamá y yo pasábamos por aquí, así que decidimos venir a buscarla para desayunar juntas.—Mmm, ¿qué número de habitación dijo que era? Creo que la 868, ¿verdad? —dijo Wendy, sacando su celular como si fuera a llamar a Begoña.En realidad, Begoña no la había llamado.Pero ella recordaba con claridad que, en su vida anterior, Dante se había alojado en esa misma habitación, y además, había aparecido junto a Begoña.Era evidente que habían pasado la noche juntos.Dante reaccionó, y un sudor frío le recorrió la espalda.—…Wendy, ¿dónde estuviste anoche? Te llamé muchísimas veces, ¿por qué no contestabas?Wendy soltó una risa despectiva y respondió con indiferencia:—Ah, anoche tomé un poco, llegué a casa y me quedé dormida. Se me olvidó cargar el celular.Al oírla, el rostro de Dante se llenó de una mezcla de emociones complejas.Frustración. ¡Ira!Pero, sobre todo, decepción.¿Cómo pudo pasar esto?Al ver su expresión de desconcierto y sorpresa, Wendy no pudo evitar sentir que era ridículo.En su vida anterior, a los ocho años, estuvo a punto de ahogarse en una alberca. Justo cuando se estaba hundiendo, alguien la sacó del agua.Al despertar, vio a Dante a su lado y asumió que él la había salvado.Desde ese día, se convirtió en su sombra, siguiéndolo a todas partes. Lo apoyó en todo lo que hizo, incluso arrastró a toda la familia Quiroga para que le sirviera de trampolín.Sin embargo, no fue hasta que su familia quedó en la ruina y ella fue exprimida hasta el último centavo que descubrió, por casualidad, que su verdadero salvador había sido César, no Dante.Perfecto, el destino le había dado una segunda oportunidad.Esta vez…Lo destruiría lentamente. No volvería a usar el poder de la familia Quiroga para abrirse camino.—¿Todavía quieren entrar a la habitación a ver? —preguntó César con voz glacial.Los periodistas, al darse cuenta de su error, se apresuraron a disculparse.—Ah, parece que todo fue un malentendido, señor Santillán. Mil disculpas.—Si fue un malentendido, entonces no hay nada más que hacer aquí. Nos retiramos.Los reporteros no consiguieron su gran escándalo.Además, temerosos del poder de César, no se atrevieron a insistir y se marcharon uno por uno con la cola entre las patas.César lanzó una mirada fría a Dante y luego se fue con sus guardaespaldas.—Mamá, vamos a buscar a Begoña para desayunar.—Claro.Dante, al verlas, se apresuró a detenerlas.—¡Wendy, déjame acompañarlas!Anoche había estado con Begoña.Lo habían hecho varias veces, y en ese momento Begoña todavía estaba medio desnuda y la habitación era un desastre.Si lo descubrían con Begoña, su alianza matrimonial con la familia Quiroga se iría al traste.Aunque Wendy era una tonta fácil de manipular, sus padres eran unos zorros viejos, no tan fáciles de engañar.Capítulo 3El crematorio.Junto al enorme retrato en blanco y negro, se amontonaban coronas de flores y listones de luto.Los invitados, con semblante solemne, se acercaban uno a uno frente a la fotografía para presentar sus respetos.—Señor Quiroga, señora Quiroga, que en paz descansen.—Nadie puede revivir a los muertos, señorita Quiroga. Le damos nuestro más sentido pésame…Wendy Quiroga, arrodillada frente a los retratos de sus padres, se sentía completamente vacía, con el alma hecha cenizas.Una semana atrás.Un accidente de carro se había llevado a sus padres.Y con ellos, también se fue su único hijo.Su mundo… se había derrumbado por completo.—Los familiares pueden dar el último adiós.—Señorita Quiroga, su esposo aún no ha llegado. ¿Desea que esperemos un poco más?—No es necesario, que el funeral continúe como está planeado —la voz de Wendy era un susurro ronco, su expresión perdida, adormecida por el dolor.Sus padres estaban a punto de ser sepultados.Y su esposo, Dante Santillán, no había aparecido ni un solo instante.Incluso se había llevado el cuerpo de su hijo para salvar a su bastardo y a su bastarda.Las córneas de su niño fueron donadas a la hija ilegítima de Dante; su corazón, a su hijo ilegítimo.Ni siquiera pudo ver el cuerpo de su hijo una última vez; hasta eso se convirtió en un lujo inalcanzable.Diez años de matrimonio, y lo había perdido todo de la forma más miserable.Y lo más ridículo de todo…La mujer que le arrebató a su marido era la hija de la sirvienta de su casa, aquella a quien consideraba su mejor amiga, su confidente: Begoña Mora.No fue hasta que los encontró en la cama, a él y a Begoña, que despertó de su pesadilla.El amor de su esposo siempre había sido para Begoña. La razón por la que se casó con ella no fue otra que el poder y el prestigio de su familia.—Papá, mamá, les fallé. Me arrepiento tanto de no haberlos escuchado, de haberme empeñado en casarme con Dante.—Si tuviera otra vida, les juro que les haría caso en todo…¡Dong!Las lágrimas de Wendy no paraban, y un dolor agudo le estrujaba el corazón. Golpeó su frente con fuerza contra el suelo y permaneció arrodillada, sin moverse.—…Señorita Quiroga, señorita Quiroga, ¿se encuentra bien?Para cuando el maestro de ceremonias y los empleados se dieron cuenta de que algo andaba mal, Wendy ya había dejado de respirar. Su corazón se había detenido.Así, sin más, murió.Frente a los retratos de sus padres.A los treinta años, en la flor de la vida……Cuando Wendy recuperó la conciencia, sintió que alguien la levantaba y la arrojaba con fuerza sobre una cama mullida.¡Pum!Un hombre alto y corpulento se abalanzó sobre ella.—¡Ah! —soltó un grito ahogado y despertó de golpe.Sentía un peso enorme sobre su cuerpo.Un aliento ardiente la envolvía, mientras unos besos salvajes y dominantes le robaban el aire.—Suéltame, ¿quién eres?Wendy abrió los ojos, todavía aturdida.Lo primero que vio fue un rostro de facciones marcadas, varonil y profundo.—César Santillán…Al reconocer al hombre, Wendy sintió como si hubiera vivido un siglo en un instante.Era el tío de Dante, el único heredero de la familia Santillán y el enemigo mortal que Dante, en su vida pasada, jamás pudo derrotar.En un destello de confusión, pareció haber regresado diez años en el tiempo, al día de su fiesta de compromiso con Dante.Esa noche, alguien la emborrachó y la llevó a la habitación de César.A César, por su parte, lo habían drogado y estuvo a punto de forzarla.En el momento crucial, al darse cuenta de que era Wendy, César luchó contra el efecto de la droga y, en un último esfuerzo de voluntad, se detuvo en seco. Después, se encerró en el baño y pasó la noche entera bajo el chorro de agua fría.En su vida anterior, Wendy amaba a Dante con locura.Para ayudarlo a ascender, no dudó en destruir su propia reputación, acusando a César de haberla violado. El escándalo sacudió a toda la ciudad y le colgó el cartel de violador, lo que lo llevó a pasar tres años en la cárcel y manchó su nombre para siempre.Dante aprovechó esa oportunidad para entrar al consejo directivo del Grupo Santillán. Y durante los tres años que César estuvo preso, se movió con rapidez para acaparar el mercado y tomar la delantera.Aunque después ella le explicó a Dante lo que había sucedido, él nunca creyó en su inocencia. Se casó con ella como estaba planeado, pero siempre la trató con un desprecio evidente. Solo la utilizó para exprimir hasta el último recurso de la familia Quiroga, sin mostrarle jamás el más mínimo afecto.Perfecto.Ya que el cielo le había dado una segunda oportunidad, no permitiría que Dante tuviera ni la más mínima posibilidad de triunfar.—César, perdóname… —Wendy lo rodeó con los brazos por el cuello, tomando la iniciativa.Al oír la voz de Wendy, César se quedó paralizado por un segundo. Conteniendo el malestar que lo consumía, intentó frenar.—¿Qué haces aquí? Lárgate de inmediato.Los ojos de Wendy se llenaron de lágrimas y lo abrazó con más fuerza.—César, sé que te sientes fatal. Déjame ser tu remedio.Dicho esto, se acercó a él y, con torpeza, buscó sus labios.—¡Largo!—César, te entrego mi primera vez como una forma de expiar mi culpa. No necesitas hacerte responsable de nada…La respiración de César se volvió errática; estaba a punto de enloquecer por el tormento.Luchó, se contuvo, pero al final, perdió el control por completo……El efecto de la droga era devastador.La pasión se prolongó hasta que el cielo comenzó a clarear.A las seis de la mañana, César por fin encontró alivio y, exhausto, cayó en un sueño profundo.Wendy sentía que su cuerpo estaba a punto de desmoronarse; varias veces estuvo al borde del desmayo.Pero se obligó a mantenerse despierta.Sabía que, en cuanto amaneciera, Dante llegaría con un séquito de gente para exhibirlos.Ahora que lo pensaba, todo había sido una trampa perfectamente orquestada por él.Esta vez, no dejaría que su plan tuviera éxito.Wendy soportó un dolor que parecía romperle los huesos y, con esfuerzo, se levantó para vestirse, dispuesta a marcharse.Seguramente, Dante había dejado gente vigilando la puerta.Si salía por ahí, la descubrirían al instante y no tendría cómo defenderse.Así que no usó la puerta.En su lugar, se deslizó por el balcón y, con sumo cuidado, trepó por el conducto de ventilación exterior hasta el balcón de la habitación contigua. Desde allí, abandonó el hotel sin que nadie la viera.Ocho y media de la mañana.Los hombres de Dante montaban guardia fuera del hotel, con la vista fija en la puerta de la habitación de César.En otra habitación del mismo hotel.—Dante, Wendy te adora, ha sido tu sombra por más de diez años. ¿De verdad no te importó mandarla a la cama de tu tío? —Begoña, recostada con delicadeza en el pecho de Dante, dibujaba círculos juguetones sobre su piel.Dante encendió un cigarro y soltó una bocanada de humo con indiferencia.—El que no arriesga, no gana.—¡Ja! Si la noticia de que César se acostó con la prometida de su sobrino en plena fiesta de compromiso sale a la luz, su reputación quedará por los suelos.Aunque Dante llevaba el apellido Santillán, no era de la misma sangre.Cuando tenía cinco años, su madre se casó por segunda vez con un Santillán. Su padrastro, Mauro Santillán, era el hermano mayor de César.Su padrastro lo trataba bastante bien.Pero, por desgracia, tenía una discapacidad y ciertas limitaciones intelectuales. Por eso, el futuro heredero de la familia Santillán era César.Cuando llegara el momento de repartir la herencia, Dante recibiría, como mucho, algo de dinero y unas pocas acciones. Para entrar en el círculo directivo del Grupo Santillán, primero tenía que deshacerse de César.—¿Y a ti no te gusta Wendy ni un poquito?Con un gesto de fastidio, Dante respondió con desdén:—Si no fuera porque su padre es un pez gordo en la Secretaría de Hacienda de Puerto San Ángel, ni me molestaría en dirigirle la palabra, y mucho menos me habría comprometido con ella. Se la pasa pegada a mí como un chicle, es un fastidio.Begoña hizo un puchero y preguntó con un tono meloso:—Si se acuesta con tu tío, ¿todavía te casarías con ella?—¡Claro que sí!—¿No te daría asco?—Para nada. Me caso con ella solo para utilizarla. Si se acuesta con mi tío y aun así estoy dispuesto a casarme, será mucho más fácil controlarla en el futuro.—Begoña, en mi corazón solo hay lugar para ti —declaró Dante con falsa ternura, antes de girarse y colocarse de nuevo sobre ella.—¡Ay, qué pesado! ¡Nunca tienes suficiente! Ya casi son las nueve, ¡deberías ir a ocuparte de tus asuntos!—¿Cuál es la prisa? Déjame consentirte un poco más.—¡Qué ocurrencias tienes! Eres insaciable —dijo Begoña, fingiendo timidez, en un juego de seducción.Justo cuando se disponían a empezar de nuevo, sonó el teléfono.-Ring, ring…-—¿Bueno?Al otro lado de la línea, se escuchó la voz de Ulises, uno de sus hombres.—Señor Santillán, César ya salió. Venga rápido.—De acuerdo, voy para allá. Sigan con el plan, deténganlo como sea.—Entendido.Tras colgar, Dante se levantó de un salto y empezó a vestirse a toda prisa.—El pez picó el anzuelo. Tenemos que ir a recoger la red.Begoña, al oírlo, también se levantó de la cama, con el corazón latiéndole de la emoción.Anoche, César y Wendy habían estado juntos. No había que ser un genio para imaginar lo que había pasado.Cuando el escándalo estallara, sería la comidilla de toda la ciudad. Wendy quedaría marcada de por vida, sin posibilidad de limpiar su nombre.…Cinco minutos después, Dante llegó al lugar.Sus hombres y un grupo de periodistas rodeaban a César, acosándolo.Los reporteros se empujaban para hacerle preguntas.—Señor Santillán, anoche lo vieron entrar con Wendy a esta habitación de hotel. ¿Podría confirmarnos si pasaron la noche juntos?—La señorita Quiroga se comprometió ayer con su sobrino, ¿cómo es que terminó en un hotel con usted?—Señor Santillán, ¿la señorita Quiroga sigue en su habitación? ¿Nos permitiría entrar a verificar? ¿O prefiere aclararlo usted mismo?César, con el rostro ensombrecido, lucía una expresión gélida. Anoche, alguien le había tendido una trampa y lo había drogado. Lo peor era que, efectivamente, se había acostado con Wendy. Era evidente que todo era un complot de Dante y Wendy.Los guardaespaldas de César llegaron de inmediato y formaron una barrera humana.—Abran paso, el señor Santillán no dará entrevistas.Los periodistas, incitados por Dante y sin nada que temer, insistieron.—Señor Santillán, ¿pasó la noche con la señorita Quiroga?Viendo que la situación estaba en su punto, Dante apareció, fingiendo una gran preocupación, y se abrió paso hasta César.—Tío, llevo toda la noche buscando a Wendy. No contesta el teléfono y no sé dónde está. Estoy muy preocupado.—Alguien me dijo que la vieron irse con usted anoche, ¿es cierto?César, al escucharlo, entornó los ojos y miró a Dante con una frialdad que helaba la sangre.Este sobrino postizo era un lobo con piel de cordero y una ambición desmedida.Para apoderarse de la fortuna de los Santillán, era capaz de recurrir a las tretas más sucias.Dante ajustó su expresión, fingiendo una profunda angustia.—Tío, no me diga que Wendy de verdad está en su habitación. Tío, no habrá sido capaz de…Sus hombres habían vigilado toda la noche y no vieron a Wendy salir de la habitación.Por lo tanto, estaba seguro de que seguía dentro.En su vida pasada, Wendy, al oír el alboroto, salió de la habitación despeinada y con la ropa en desorden. Luego, ante los periodistas, acusó a César de haberla forzado, colaborando a la perfección con el plan.César había sido el soltero de oro de Puerto San Ángel.Joven, exitoso, brillante y apuesto, superaba a Dante en todos los aspectos.Pero desde que le colgaron la etiqueta de violador, se convirtió en el blanco de todas las críticas, y durante más de diez años no pudo limpiar su nombre.Al ver el silencio de César, que claramente delataba su culpa, Dante se envalentonó aún más y corrió hacia la puerta del hotel.—¡Wendy, Wendy! ¿Estás ahí? No tengas miedo, ¡he venido a rescatarte!Todos los presentes abrieron los ojos de par en par, esperando con impaciencia la explosión de un escándalo monumental.Sin embargo…Dante golpeó la puerta durante un buen rato, pero no hubo respuesta desde el interior.Frunció el ceño, confundido.¿Qué está pasando? Esto no es como la última vez.A estas alturas, Wendy ya debería haber salido a acusar a César. ¿Por qué tarda tanto hoy?Esperaba con ansias que Wendy saliera corriendo de la habitación, con la ropa hecha jirones como la vez pasada, y acusara a César a gritos delante de todos.Pero las cosas no sucedieron como él esperaba.—No, tiene que estar dentro. ¡Llamen a un empleado para que abra la puerta!La cara de César se endureció aún más.—Dante, ¿ya fue suficiente de este circo?Dante comenzaba a sentir pánico, pero aun así, gritó desafiante:—Tío, ¿no te atreves a dejar que abran la puerta porque tienes la conciencia sucia?—Dime, ¿qué le hiciste a Wendy?Los periodistas se unieron al ataque.—Señor Santillán, ¡solo abra la puerta para que todos lo veamos y así pueda demostrar su inocencia!—¡Exacto! ¿Acaso la señorita Quiroga está escondida adentro?El rostro de César era una máscara de hielo, y su presencia imponía una presión abrumadora.—¿Y si no hay nadie adentro?Dante, convencido de que Wendy estaba en la habitación, se armó de valor.—Tío, solo tiene que abrir la puerta para que echemos un vistazo…Mientras la multitud armaba un alboroto, sonó un timbre.-¡Ding!-La puerta del elevador cercano se abrió.Wendy y la señora Quiroga salieron, una detrás de la otra.Madre e hija vestían con elegancia y un aire de nobleza.Wendy lucía un maquillaje discreto y llevaba su larga cabellera suelta hasta la cintura, con un aspecto radiante y sereno.En realidad, su cuello y su cuerpo estaban cubiertos de marcas de besos que César le había dejado. Sin embargo, las había ocultado con corrector y una pañoleta de Hermès, por lo que no se notaba absolutamente nada.—Vaya, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanta gente? —dijo la señora Quiroga, fingiendo sorpresa al ver el caótico grupo de personas.Dante se quedó boquiabierto al ver a Wendy salir del elevador; los ojos casi se le salían de las órbitas.Sus hombres se miraron entre sí, completamente desconcertados.Habían vigilado toda la noche y no la habían visto salir de la habitación. ¿Cómo era posible que ahora apareciera desde fuera del hotel? Y, para colmo, junto a la señora Quiroga.César lanzó una mirada inexpresiva a Wendy, sintiendo cómo la tensión volvía a apoderarse de él.Sospechaba que todo había sido una trampa urdida entre ella y Dante.Sin embargo, al ver las manchas de sangre en la sábana esa mañana, se quedó atónito.Wendy, de verdad, era virgen.—¡Buenos días! —saludó Wendy con calma, como si nada hubiera pasado entre ellos la noche anterior.Luego, desvió la mirada y observó a Dante con una sonrisa burlona.—Wendy, tú… —Dante estaba petrificado.—Dante, Begoña me llamó hace un rato para decirme que estaba en este hotel. Mi mamá y yo pasábamos por aquí, así que decidimos venir a buscarla para desayunar juntas.—Mmm, ¿qué número de habitación dijo que era? Creo que la 868, ¿verdad? —dijo Wendy, sacando su celular como si fuera a llamar a Begoña.En realidad, Begoña no la había llamado.Pero ella recordaba con claridad que, en su vida anterior, Dante se había alojado en esa misma habitación, y además, había aparecido junto a Begoña.Era evidente que habían pasado la noche juntos.Dante reaccionó, y un sudor frío le recorrió la espalda.—…Wendy, ¿dónde estuviste anoche? Te llamé muchísimas veces, ¿por qué no contestabas?Wendy soltó una risa despectiva y respondió con indiferencia:—Ah, anoche tomé un poco, llegué a casa y me quedé dormida. Se me olvidó cargar el celular.Al oírla, el rostro de Dante se llenó de una mezcla de emociones complejas.Frustración. ¡Ira!Pero, sobre todo, decepción.¿Cómo pudo pasar esto?Al ver su expresión de desconcierto y sorpresa, Wendy no pudo evitar sentir que era ridículo.En su vida anterior, a los ocho años, estuvo a punto de ahogarse en una alberca. Justo cuando se estaba hundiendo, alguien la sacó del agua.Al despertar, vio a Dante a su lado y asumió que él la había salvado.Desde ese día, se convirtió en su sombra, siguiéndolo a todas partes. Lo apoyó en todo lo que hizo, incluso arrastró a toda la familia Quiroga para que le sirviera de trampolín.Sin embargo, no fue hasta que su familia quedó en la ruina y ella fue exprimida hasta el último centavo que descubrió, por casualidad, que su verdadero salvador había sido César, no Dante.Perfecto, el destino le había dado una segunda oportunidad.Esta vez…Lo destruiría lentamente. No volvería a usar el poder de la familia Quiroga para abrirse camino.—¿Todavía quieren entrar a la habitación a ver? —preguntó César con voz glacial.Los periodistas, al darse cuenta de su error, se apresuraron a disculparse.—Ah, parece que todo fue un malentendido, señor Santillán. Mil disculpas.—Si fue un malentendido, entonces no hay nada más que hacer aquí. Nos retiramos.Los reporteros no consiguieron su gran escándalo.Además, temerosos del poder de César, no se atrevieron a insistir y se marcharon uno por uno con la cola entre las patas.César lanzó una mirada fría a Dante y luego se fue con sus guardaespaldas.—Mamá, vamos a buscar a Begoña para desayunar.—Claro.Dante, al verlas, se apresuró a detenerlas.—¡Wendy, déjame acompañarlas!Anoche había estado con Begoña.Lo habían hecho varias veces, y en ese momento Begoña todavía estaba medio desnuda y la habitación era un desastre.Si lo descubrían con Begoña, su alianza matrimonial con la familia Quiroga se iría al traste.Aunque Wendy era una tonta fácil de manipular, sus padres eran unos zorros viejos, no tan fáciles de engañar.