Capítulo 1La tormenta reventó contra el yate con la furia de un animal herido, lanzando a varios de los presentes a las fauces heladas del océano.Selena Torres luchaba contra las olas, con el agua salada quemándole los ojos y la garganta. Su único pensamiento era Adrián. Lo buscaba con desesperación, gritando su nombre entre el estruendo del viento y el mar.—¡Adrián! ¿Dónde estás?Se zambullía una y otra vez, pero la oscuridad del agua embravecida era impenetrable. A lo lejos, las luces de los barcos de rescate se acercaban a toda velocidad, un faro de esperanza en medio del caos.De pronto, un grito desgarrador cortó el aire.—¡Adri, sálvame…!Selena giró la cabeza justo a tiempo para ver cómo una silueta poderosa se abría paso entre las aguas turbulentas, nadando con una determinación feroz hacia la voz que suplicaba.El hombre, con el torso desnudo y los músculos tensos por el esfuerzo, alcanzó a la mujer que se hundía y la sostuvo en un abrazo que prometía seguridad.—No tengas miedo, aquí estoy —la consoló Adrián con una voz profunda.—Adri… tengo miedo —respondió ella, aferrándose a su cuello como si fuera la única ancla en medio del caos.El movimiento de Selena se detuvo en seco. El frío del agua no era nada comparado con el hielo que le invadió el corazón. El hombre que debía protegerla, su esposo, había elegido salvar a su prima, Jazmín.En ese instante, algo dentro de ella se quebró sin remedio.Observó a la pareja abrazada y, sin dudarlo más, nadó con todas sus fuerzas hacia el barco de rescate. El hombre que había amado durante cuatro años, en un momento de vida o muerte, sostenía a otra mujer. La ironía era tan cruel como las olas que la golpeaban.—Señora Rojas, ¿se encuentra bien? —le preguntó uno de los rescatistas, tendiéndole la mano.Una vez a bordo, el frío la hizo temblar de pies a cabeza. Alguien la envolvió en una toalla gruesa y se acurrucó en una silla en la cubierta, con la mirada fija en el mar iluminado por los reflectores. Vio a Adrián nadar hacia ellos, con Jazmín firmemente sujeta en sus brazos. Varios guardaespaldas se lanzaron al agua para ayudar, pero Adrián se negó a soltarla, como si no confiara en nadie más para protegerla.Jazmín, que no sabía nadar y no llevaba chaleco salvavidas, se aferraba a él con las piernas y los brazos, en un gesto de absoluta dependencia. Al llegar a la cubierta, su cuerpo pareció rendirse, a punto de desmayarse.—¡Jazmín! —exclamó Adrián, corriendo a sostenerla.Antes de perder el conocimiento, ella le dedicó una sonrisa débil.—Adri, ahora estamos a mano.—No digas tonterías. —Adrián la recostó con cuidado en el suelo y comenzó a hacerle compresiones en el pecho. Al ver que no reaccionaba, ni siquiera lo dudó. Inclinó su rostro y unió sus labios a los de ella en una respiración que era más que un rescate; era una súplica desesperada.Selena fue testigo de todo. Apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en la piel.—¡No te atrevas a morir, Jazmín, me oyes! ¡Despierta! —le gritó Adrián, con una desesperación que rayaba en la locura—. ¡No me dejes! ¡Me lo prometiste, no puedes fallarme ahora!La chica del vestido blanco yacía en la cubierta, tan frágil que parecía haber perdido toda señal de vida.—Jazmín, por favor, mírame…—¡Despierta, por favor, Jazmín! Si abres los ojos, te daré lo que sea.Cada palabra era un puñal en el pecho de Selena, seguido por el acto íntimo de otra respiración boca a boca. Sintió una opresión insoportable en el pecho y, un segundo después, todo se volvió negro....Cuando despertó, estaba en la habitación de un hospital. Úrsula Naranjo, su suegra, la miraba con ansiedad mientras sostenía a un niño de poco más de dos años.—Selena, por fin despiertas. ¡Qué susto nos diste a todos! —dijo Úrsula, visiblemente aliviada.—Mamá… —murmuró Selena, llevándose una mano a la cabeza.—¡Mami! —El pequeño se lanzó a sus brazos con los ojos enrojecidos y la abrazó con fuerza.Selena lo estrechó contra su pecho, besando su cabecita.—Mi amor, mamá está bien. Ya estoy aquí.—Para la próxima, hay que revisar bien el clima antes de salir al mar. No quiero volver a pasar por algo así —suspiró Úrsula, agradecida de que su nuera estuviera a salvo. Luego, miró a su alrededor—. Por cierto, ¿y Adrián? Me llamó para que viniera a cuidarte, pero no lo he visto. ¡Qué desconsiderado!La pregunta fue como un golpe que la devolvió a la noche de la tormenta. Las palabras de Adrián resonaban en su cabeza, suplicándole a Jazmín que no muriera. Eran frases más íntimas que cualquier declaración de amor que él le hubiera dedicado jamás.Una profunda tristeza la invadió, pero con ella, una extraña sensación de liberación. El amor que había sentido por él durante cuatro años se disolvió en ese preciso instante.—Tendrá sus cosas, mamá —respondió con una calma que ni ella misma esperaba.—Aun así, debería estar aquí. Voy a llamarlo.—No es necesario, de verdad. Ya estoy bien —insistió Selena, tomando aire.Úrsula guardó el celular, no muy convencida.—Mamá —dijo Selena en voz baja—, he decidido aceptar esa beca para estudiar en el extranjero. Son diez meses de un curso intensivo. ¿Podrías ayudarme a cuidar de Fer?Úrsula se quedó de piedra.—¿Tan de repente? ¿No deberías platicarlo primero con Adrián?—Ya lo decidí. Esta oportunidad es muy importante para mi carrera —afirmó Selena, sin dejar lugar a dudas.Úrsula asintió, comprensiva.—Está bien, hija. Yo me encargo de Fer. Tú ve tranquila.Aunque le dolía separarse de su hijo, el Instituto de Salud Global ya le había ofrecido esa beca dos veces. Si la rechazaba de nuevo, sabía que no habría otra oportunidad. Además, la imagen de Adrián gritando el nombre de Jazmín con el alma desgarrada era un tormento del que necesitaba escapar.En el aeropuerto, mientras esperaba su vuelo, Selena encendió el celular. Lo primero que vio fue una nueva publicación de Jazmín en Instagram. Era la foto de una mano delicada, con una vía intravenosa en el dorso. El texto decía: «Ni te debo, ni me debes».Selena sabía que detrás de esa frase se escondía una historia que ella nunca conocería del todo.Poco después, Jazmín publicó otra foto, esta vez con una vista desde la ventana de un hospital. «Una nueva oportunidad. Contigo a mi lado, después de la tormenta siempre sale el arcoíris».La sangre en las venas de Selena pareció congelarse.Se preguntó qué habría pasado si esa noche, cuatro años atrás en aquella fiesta, no hubiera terminado en la cama de Adrián. Si no hubiera quedado embarazada, ¿el lugar de la señora Rojas le pertenecería por derecho a Jazmín?Sintió que le había robado la felicidad a su prima. La tormenta se sentía como una señal del destino, un recordatorio de que era hora de devolver lo que no le correspondía.Subió al avión y apagó el celular, dejando todo atrás....En la ciudad, Adrián, a bordo de su Bentley, intentó llamar a su esposa.«El número que usted marcó se encuentra apagado».Frunció el ceño y volvió a intentarlo, pero solo escuchó la misma voz mecánica. Resignado, llamó a su madre.—Mamá, ¿Selena está contigo? Necesito hablar con ella.—¿No te dijo nada? —respondió Úrsula, sorprendida—. Su vuelo a Estados Unidos salió a las siete y media.Adrián se quedó helado.—¿Se fue del país?—Sí, recibió una invitación del Instituto de Salud Global para un curso intensivo de diez meses. ¿No lo sabías?Una sombra de fastidio cruzó por el rostro de Adrián.—Siempre hace lo mismo. Toma decisiones sin consultarme.—Pues llámala y pregúntale —sugirió Úrsula.—No hace falta —dijo él, con un tono cortante, y colgó....En cuanto el avión de Selena aterrizó en Estados Unidos, recibió un mensaje. Era de Jazmín.[Prima, no me esperaba que me diera respiración boca a boca, de verdad, perdón… Espero que no te haya molestado.]Y casi de inmediato, llegó otro.[Como no sé nadar, Adri me salvó. Quería invitarlo a cenar para agradecerle, ¿quieres venir?]Selena leyó los mensajes, sintiendo cómo la ira crecía en su interior. Respondió sin rodeos.[¿De verdad quieres que vaya? ¿O solo estás probando hasta dónde llega mi paciencia? Jazmín, si tanto quieres mi lugar, te lo cedo.]La respuesta de Jazmín fue una serie de emojis inocentes.[Prima, ¿qué dices? Es el esposo de mi prima. Jamás haría nada que fuera en contra de la moral.]Selena ya no soportaba esa actitud de falsa inocencia, esa hipocresía que la sacaba de quicio.[Deja de hacerte la víctima. Solo haces que te desprecie aún más.]Tras enviar el mensaje, la bloqueó.Jazmín miró la pantalla, y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios.[Selena, no creas que por estar casada y tener un hijo ya ganaste. Nos vemos en diez meses.]...Diez meses después, finalizado el curso, Selena voló de regreso. Llegó a su casa alrededor de las siete de la noche.—¡Señora! —exclamó la empleada doméstica, sorprendida—. ¡Qué bueno que regresó!—¿Y Fer? ¿No está en casa? —preguntó Selena, dejando su maleta en el suelo.—El señor se lo llevó a cenar al restaurante «El Festín».Selena subió a su habitación, se cambió de ropa y condujo hasta el restaurante. Dejó el carro con el valet parking y, con el regalo de su hijo en la mano, subió de prisa hacia los privados del segundo piso.Al acercarse al que estaba al fondo a la izquierda, escuchó la voz de un niño llamando a su mamá. Era Fer, sin duda. Una sonrisa se dibujó en su rostro y se dispuso a abrir la puerta, pero una voz femenina la detuvo en seco.—¡Ay, qué bien! Cada vez pronuncia mejor. A ver, dilo otra vez, mi amor.Era una voz dulce, pero lo que dijo a continuación la dejó paralizada.—Adri, este niño es idéntico a ti. Vi tus fotos de chiquito y son como dos gotas de agua.Adrián respondió con una risa suave.—¿Y dónde viste esas fotos?—Me las enseñó tu abuela —dijo la mujer con un tono coqueto—. Vi todas, desde que eras un bebé hasta ahora.—Bueno, para la próxima no las veas a escondidas. Pídemelas a mí directamente —replicó él, con un tono que a Selena le pareció íntimo y consentidor.La mano de Selena se retiró de la puerta como si hubiera tocado fuego. A través de la rendija, vio cómo unas manos delgadas y blancas abrazaban a su hijo.—Adri, déjame encargarme de la comida del niño. Mira estos bracitos, parecen de tamal. ¡Y la mitad de eso es gracias a mí! —dijo la voz femenina, llena de orgullo.A Selena le faltó el aire. Era su prima, Jazmín.—Es verdad —respondió Adrián con una sonrisa en la voz—. Menos mal que estuviste aquí para preparar sus comidas. Gracias a ti ha crecido tan sano y fuerte.Jazmín soltó una risa cantarina. Jugueteó un momento con el niño y luego añadió:—Por cierto, el próximo miércoles le toca la vacuna contra la varicela a Fer, no se te vaya a olvidar.—Lo sé, lo llevaré yo mismo —aseguró Adrián.—Yo también voy. Este niño ya no puede estar sin mí —dijo Jazmín, y le dio un beso en la frente.Selena sintió como si una mano invisible le apretara la garganta. La cabeza le daba vueltas.—Perfecto. Si no estás ocupada…—Ahora mismo, Fer es como si fuera mi propio hijo. Quiero estar presente en cada momento importante para él… —La voz de Jazmín destilaba una ternura casi maternal.Adrián no se opuso. Solo se escuchó una risa suave y resignada de su parte.—A ver, Fernando, dile otra vez «mamá»…El pequeño, sin entender nada, abrió la boca y gritó feliz:—¡Mamá… Mamá!La risa de Jazmín, cargada de un profundo afecto maternal, atravesó la puerta y se clavó en el corazón de Selena. Si su prima solo estaba jugando con el niño, ¿qué excusa tenía Adrián? Él sabía perfectamente que la madre de Fer era otra persona. ¿Por qué permitía que su hijo llamara «mamá» a otra mujer? ¿Se le olvidó detenerlo o, simplemente, no le importaba?«Adrián, ¿qué es lo que pretendes?», pensó Selena, mirando la luz que se filtraba desde el privado. Un dolor agudo y punzante se extendió por su pecho....A las once de la noche, Adrián regresó a casa. Fer dormía profundamente en sus brazos.Selena, que había pasado horas consumida por la rabia, no pudo contenerse y bajó las escaleras. En la sala, la empleada doméstica, Jimena, mecía a Fer, que acababa de despertar, mientras intentaba distraerlo con un juguete.El cansancio del viaje se desvaneció al ver a su hijo. Extendió los brazos para cargarlo.—Mi niño, ya regresó mamá. Ven, que te abrace —le dijo Jimena con cariño.Selena apenas tuvo tiempo de tomarlo en brazos y darle un beso. El pequeño se revolvió y la empujó, protestando.—No… tú no eres mi mamá.El cuerpo de Selena se quedó rígido. Jimena, aunque sorprendida, intentó comprender. Diez meses era mucho tiempo para un niño tan pequeño; era normal que no la reconociera.—Fer, mi amor, soy yo, soy mamá —le susurró Selena, conteniendo las lágrimas y el nudo en la garganta.—Tú no eres… —El niño frunció el ceño, con los labios temblando, y un segundo después, rompió a llorar a gritos.Desde lo alto de la escalera, una figura alta y esbelta descendió a toda prisa.—¿Por qué tenías que hacerlo llorar nada más llegar? —le recriminó Adrián.Antes de que pudiera reaccionar, Adrián le arrebató al niño de los brazos y subió con él. Selena, con el corazón encogido, lo siguió en silencio. Al llegar a la puerta del dormitorio principal, escuchó que hablaba por teléfono.—Sí, llegó de repente. El niño no la reconoce, no quiere que se le acerque.Hizo una pausa, escuchando.—No es tu culpa. Es ella la que siempre está demasiado ocupada con su trabajo como para pasar tiempo con él.Otra pausa.—Que descanses, no te desveles.Esta vez, Selena no huyó. Abrió la puerta. Adrián, con el niño en un brazo y el celular en la otra mano, se giró y la miró con el ceño fruncido, como si ella fuera la culpable de algo. Ignorando su mirada acusadora, Selena se acercó y le quitó a su hijo de los brazos.El pequeño vio las pelotas de colores que ella traía en la mano y de inmediato las agarró para jugar. A sus dos años, ya tenía conciencia propia y empezaba a distinguir a las personas. Su reacción no era porque de verdad creyera que Jazmín era su madre, sino porque aún era demasiado pequeño para entender....Despertar con el cuerpo tibio y suave de su hijo a su lado mejoró el ánimo de Selena. El pequeño, en pañales, dormía despatarrado sobre la cama. La luz del sol que entraba por la ventana lo hacía parecer un ángel. Le dio un beso en la frente, sintiendo que el vínculo entre ellos comenzaba a restablecerse.Llamaron a la puerta.Selena abrió, pensando que era Jimena para avisarle del desayuno, pero se encontró con Adrián, impecablemente vestido con un traje.—A las nueve y media, Fer tiene su clase de estimulación temprana. ¿Lo llevas tú o lo llevo yo?Selena se quedó perpleja. ¿Su hijo iba a clases? ¿Desde cuándo?—¿Cuándo lo inscribiste? —preguntó, extrañada. Apenas tenía dos años y medio, ¿de verdad era necesario?—Lleva ya tres meses —respondió Adrián con indiferencia—. La maestra es excelente y a él le encanta ir.Ella frunció el ceño.—Pues que hoy falte. Me quedaré en casa con él.—El curso requiere constancia. No es bueno que falte —insistió él.Selena se cruzó de brazos, con un tono que no admitía réplica.—Llevo diez meses sin verlo. Te pido que entiendas mis ganas de estar con mi hijo.Adrián notó un cambio en ella. Desde que había regresado de su viaje de estudios, su actitud era diferente.—Está bien —cedió él con frialdad, y sin decir más, bajó las escaleras.Después de desayunar, Selena se sentó en la sala a jugar con su hijo a construir torres con bloques. En la televisión, un noticiero financiero captó su atención.«Tras la adquisición del laboratorio de los Torres hace tres años, el Grupo Rojas anuncia una nueva inversión estratégica en el proyecto BioMed Torres. Esta inyección de capital, clave para la expansión de Innovas Biotech, responde al enorme potencial y valor de mercado que el grupo ve en dicho proyecto».«Las acciones del sector farmacéutico se disparan, captando la atención de todos los inversionistas».El rostro de Selena perdió todo su color. BioMed Torres. La farmacéutica que el señor Elías Torres, su tío, había fundado copiando la empresa de su padre.Capítulo 2La tormenta reventó contra el yate con la furia de un animal herido, lanzando a varios de los presentes a las fauces heladas del océano.Selena Torres luchaba contra las olas, con el agua salada quemándole los ojos y la garganta. Su único pensamiento era Adrián. Lo buscaba con desesperación, gritando su nombre entre el estruendo del viento y el mar.—¡Adrián! ¿Dónde estás?Se zambullía una y otra vez, pero la oscuridad del agua embravecida era impenetrable. A lo lejos, las luces de los barcos de rescate se acercaban a toda velocidad, un faro de esperanza en medio del caos.De pronto, un grito desgarrador cortó el aire.—¡Adri, sálvame…!Selena giró la cabeza justo a tiempo para ver cómo una silueta poderosa se abría paso entre las aguas turbulentas, nadando con una determinación feroz hacia la voz que suplicaba.El hombre, con el torso desnudo y los músculos tensos por el esfuerzo, alcanzó a la mujer que se hundía y la sostuvo en un abrazo que prometía seguridad.—No tengas miedo, aquí estoy —la consoló Adrián con una voz profunda.—Adri… tengo miedo —respondió ella, aferrándose a su cuello como si fuera la única ancla en medio del caos.El movimiento de Selena se detuvo en seco. El frío del agua no era nada comparado con el hielo que le invadió el corazón. El hombre que debía protegerla, su esposo, había elegido salvar a su prima, Jazmín.En ese instante, algo dentro de ella se quebró sin remedio.Observó a la pareja abrazada y, sin dudarlo más, nadó con todas sus fuerzas hacia el barco de rescate. El hombre que había amado durante cuatro años, en un momento de vida o muerte, sostenía a otra mujer. La ironía era tan cruel como las olas que la golpeaban.—Señora Rojas, ¿se encuentra bien? —le preguntó uno de los rescatistas, tendiéndole la mano.Una vez a bordo, el frío la hizo temblar de pies a cabeza. Alguien la envolvió en una toalla gruesa y se acurrucó en una silla en la cubierta, con la mirada fija en el mar iluminado por los reflectores. Vio a Adrián nadar hacia ellos, con Jazmín firmemente sujeta en sus brazos. Varios guardaespaldas se lanzaron al agua para ayudar, pero Adrián se negó a soltarla, como si no confiara en nadie más para protegerla.Jazmín, que no sabía nadar y no llevaba chaleco salvavidas, se aferraba a él con las piernas y los brazos, en un gesto de absoluta dependencia. Al llegar a la cubierta, su cuerpo pareció rendirse, a punto de desmayarse.—¡Jazmín! —exclamó Adrián, corriendo a sostenerla.Antes de perder el conocimiento, ella le dedicó una sonrisa débil.—Adri, ahora estamos a mano.—No digas tonterías. —Adrián la recostó con cuidado en el suelo y comenzó a hacerle compresiones en el pecho. Al ver que no reaccionaba, ni siquiera lo dudó. Inclinó su rostro y unió sus labios a los de ella en una respiración que era más que un rescate; era una súplica desesperada.Selena fue testigo de todo. Apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en la piel.—¡No te atrevas a morir, Jazmín, me oyes! ¡Despierta! —le gritó Adrián, con una desesperación que rayaba en la locura—. ¡No me dejes! ¡Me lo prometiste, no puedes fallarme ahora!La chica del vestido blanco yacía en la cubierta, tan frágil que parecía haber perdido toda señal de vida.—Jazmín, por favor, mírame…—¡Despierta, por favor, Jazmín! Si abres los ojos, te daré lo que sea.Cada palabra era un puñal en el pecho de Selena, seguido por el acto íntimo de otra respiración boca a boca. Sintió una opresión insoportable en el pecho y, un segundo después, todo se volvió negro....Cuando despertó, estaba en la habitación de un hospital. Úrsula Naranjo, su suegra, la miraba con ansiedad mientras sostenía a un niño de poco más de dos años.—Selena, por fin despiertas. ¡Qué susto nos diste a todos! —dijo Úrsula, visiblemente aliviada.—Mamá… —murmuró Selena, llevándose una mano a la cabeza.—¡Mami! —El pequeño se lanzó a sus brazos con los ojos enrojecidos y la abrazó con fuerza.Selena lo estrechó contra su pecho, besando su cabecita.—Mi amor, mamá está bien. Ya estoy aquí.—Para la próxima, hay que revisar bien el clima antes de salir al mar. No quiero volver a pasar por algo así —suspiró Úrsula, agradecida de que su nuera estuviera a salvo. Luego, miró a su alrededor—. Por cierto, ¿y Adrián? Me llamó para que viniera a cuidarte, pero no lo he visto. ¡Qué desconsiderado!La pregunta fue como un golpe que la devolvió a la noche de la tormenta. Las palabras de Adrián resonaban en su cabeza, suplicándole a Jazmín que no muriera. Eran frases más íntimas que cualquier declaración de amor que él le hubiera dedicado jamás.Una profunda tristeza la invadió, pero con ella, una extraña sensación de liberación. El amor que había sentido por él durante cuatro años se disolvió en ese preciso instante.—Tendrá sus cosas, mamá —respondió con una calma que ni ella misma esperaba.—Aun así, debería estar aquí. Voy a llamarlo.—No es necesario, de verdad. Ya estoy bien —insistió Selena, tomando aire.Úrsula guardó el celular, no muy convencida.—Mamá —dijo Selena en voz baja—, he decidido aceptar esa beca para estudiar en el extranjero. Son diez meses de un curso intensivo. ¿Podrías ayudarme a cuidar de Fer?Úrsula se quedó de piedra.—¿Tan de repente? ¿No deberías platicarlo primero con Adrián?—Ya lo decidí. Esta oportunidad es muy importante para mi carrera —afirmó Selena, sin dejar lugar a dudas.Úrsula asintió, comprensiva.—Está bien, hija. Yo me encargo de Fer. Tú ve tranquila.Aunque le dolía separarse de su hijo, el Instituto de Salud Global ya le había ofrecido esa beca dos veces. Si la rechazaba de nuevo, sabía que no habría otra oportunidad. Además, la imagen de Adrián gritando el nombre de Jazmín con el alma desgarrada era un tormento del que necesitaba escapar.En el aeropuerto, mientras esperaba su vuelo, Selena encendió el celular. Lo primero que vio fue una nueva publicación de Jazmín en Instagram. Era la foto de una mano delicada, con una vía intravenosa en el dorso. El texto decía: «Ni te debo, ni me debes».Selena sabía que detrás de esa frase se escondía una historia que ella nunca conocería del todo.Poco después, Jazmín publicó otra foto, esta vez con una vista desde la ventana de un hospital. «Una nueva oportunidad. Contigo a mi lado, después de la tormenta siempre sale el arcoíris».La sangre en las venas de Selena pareció congelarse.Se preguntó qué habría pasado si esa noche, cuatro años atrás en aquella fiesta, no hubiera terminado en la cama de Adrián. Si no hubiera quedado embarazada, ¿el lugar de la señora Rojas le pertenecería por derecho a Jazmín?Sintió que le había robado la felicidad a su prima. La tormenta se sentía como una señal del destino, un recordatorio de que era hora de devolver lo que no le correspondía.Subió al avión y apagó el celular, dejando todo atrás....En la ciudad, Adrián, a bordo de su Bentley, intentó llamar a su esposa.«El número que usted marcó se encuentra apagado».Frunció el ceño y volvió a intentarlo, pero solo escuchó la misma voz mecánica. Resignado, llamó a su madre.—Mamá, ¿Selena está contigo? Necesito hablar con ella.—¿No te dijo nada? —respondió Úrsula, sorprendida—. Su vuelo a Estados Unidos salió a las siete y media.Adrián se quedó helado.—¿Se fue del país?—Sí, recibió una invitación del Instituto de Salud Global para un curso intensivo de diez meses. ¿No lo sabías?Una sombra de fastidio cruzó por el rostro de Adrián.—Siempre hace lo mismo. Toma decisiones sin consultarme.—Pues llámala y pregúntale —sugirió Úrsula.—No hace falta —dijo él, con un tono cortante, y colgó....En cuanto el avión de Selena aterrizó en Estados Unidos, recibió un mensaje. Era de Jazmín.[Prima, no me esperaba que me diera respiración boca a boca, de verdad, perdón… Espero que no te haya molestado.]Y casi de inmediato, llegó otro.[Como no sé nadar, Adri me salvó. Quería invitarlo a cenar para agradecerle, ¿quieres venir?]Selena leyó los mensajes, sintiendo cómo la ira crecía en su interior. Respondió sin rodeos.[¿De verdad quieres que vaya? ¿O solo estás probando hasta dónde llega mi paciencia? Jazmín, si tanto quieres mi lugar, te lo cedo.]La respuesta de Jazmín fue una serie de emojis inocentes.[Prima, ¿qué dices? Es el esposo de mi prima. Jamás haría nada que fuera en contra de la moral.]Selena ya no soportaba esa actitud de falsa inocencia, esa hipocresía que la sacaba de quicio.[Deja de hacerte la víctima. Solo haces que te desprecie aún más.]Tras enviar el mensaje, la bloqueó.Jazmín miró la pantalla, y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios.[Selena, no creas que por estar casada y tener un hijo ya ganaste. Nos vemos en diez meses.]...Diez meses después, finalizado el curso, Selena voló de regreso. Llegó a su casa alrededor de las siete de la noche.—¡Señora! —exclamó la empleada doméstica, sorprendida—. ¡Qué bueno que regresó!—¿Y Fer? ¿No está en casa? —preguntó Selena, dejando su maleta en el suelo.—El señor se lo llevó a cenar al restaurante «El Festín».Selena subió a su habitación, se cambió de ropa y condujo hasta el restaurante. Dejó el carro con el valet parking y, con el regalo de su hijo en la mano, subió de prisa hacia los privados del segundo piso.Al acercarse al que estaba al fondo a la izquierda, escuchó la voz de un niño llamando a su mamá. Era Fer, sin duda. Una sonrisa se dibujó en su rostro y se dispuso a abrir la puerta, pero una voz femenina la detuvo en seco.—¡Ay, qué bien! Cada vez pronuncia mejor. A ver, dilo otra vez, mi amor.Era una voz dulce, pero lo que dijo a continuación la dejó paralizada.—Adri, este niño es idéntico a ti. Vi tus fotos de chiquito y son como dos gotas de agua.Adrián respondió con una risa suave.—¿Y dónde viste esas fotos?—Me las enseñó tu abuela —dijo la mujer con un tono coqueto—. Vi todas, desde que eras un bebé hasta ahora.—Bueno, para la próxima no las veas a escondidas. Pídemelas a mí directamente —replicó él, con un tono que a Selena le pareció íntimo y consentidor.La mano de Selena se retiró de la puerta como si hubiera tocado fuego. A través de la rendija, vio cómo unas manos delgadas y blancas abrazaban a su hijo.—Adri, déjame encargarme de la comida del niño. Mira estos bracitos, parecen de tamal. ¡Y la mitad de eso es gracias a mí! —dijo la voz femenina, llena de orgullo.A Selena le faltó el aire. Era su prima, Jazmín.—Es verdad —respondió Adrián con una sonrisa en la voz—. Menos mal que estuviste aquí para preparar sus comidas. Gracias a ti ha crecido tan sano y fuerte.Jazmín soltó una risa cantarina. Jugueteó un momento con el niño y luego añadió:—Por cierto, el próximo miércoles le toca la vacuna contra la varicela a Fer, no se te vaya a olvidar.—Lo sé, lo llevaré yo mismo —aseguró Adrián.—Yo también voy. Este niño ya no puede estar sin mí —dijo Jazmín, y le dio un beso en la frente.Selena sintió como si una mano invisible le apretara la garganta. La cabeza le daba vueltas.—Perfecto. Si no estás ocupada…—Ahora mismo, Fer es como si fuera mi propio hijo. Quiero estar presente en cada momento importante para él… —La voz de Jazmín destilaba una ternura casi maternal.Adrián no se opuso. Solo se escuchó una risa suave y resignada de su parte.—A ver, Fernando, dile otra vez «mamá»…El pequeño, sin entender nada, abrió la boca y gritó feliz:—¡Mamá… Mamá!La risa de Jazmín, cargada de un profundo afecto maternal, atravesó la puerta y se clavó en el corazón de Selena. Si su prima solo estaba jugando con el niño, ¿qué excusa tenía Adrián? Él sabía perfectamente que la madre de Fer era otra persona. ¿Por qué permitía que su hijo llamara «mamá» a otra mujer? ¿Se le olvidó detenerlo o, simplemente, no le importaba?«Adrián, ¿qué es lo que pretendes?», pensó Selena, mirando la luz que se filtraba desde el privado. Un dolor agudo y punzante se extendió por su pecho....A las once de la noche, Adrián regresó a casa. Fer dormía profundamente en sus brazos.Selena, que había pasado horas consumida por la rabia, no pudo contenerse y bajó las escaleras. En la sala, la empleada doméstica, Jimena, mecía a Fer, que acababa de despertar, mientras intentaba distraerlo con un juguete.El cansancio del viaje se desvaneció al ver a su hijo. Extendió los brazos para cargarlo.—Mi niño, ya regresó mamá. Ven, que te abrace —le dijo Jimena con cariño.Selena apenas tuvo tiempo de tomarlo en brazos y darle un beso. El pequeño se revolvió y la empujó, protestando.—No… tú no eres mi mamá.El cuerpo de Selena se quedó rígido. Jimena, aunque sorprendida, intentó comprender. Diez meses era mucho tiempo para un niño tan pequeño; era normal que no la reconociera.—Fer, mi amor, soy yo, soy mamá —le susurró Selena, conteniendo las lágrimas y el nudo en la garganta.—Tú no eres… —El niño frunció el ceño, con los labios temblando, y un segundo después, rompió a llorar a gritos.Desde lo alto de la escalera, una figura alta y esbelta descendió a toda prisa.—¿Por qué tenías que hacerlo llorar nada más llegar? —le recriminó Adrián.Antes de que pudiera reaccionar, Adrián le arrebató al niño de los brazos y subió con él. Selena, con el corazón encogido, lo siguió en silencio. Al llegar a la puerta del dormitorio principal, escuchó que hablaba por teléfono.—Sí, llegó de repente. El niño no la reconoce, no quiere que se le acerque.Hizo una pausa, escuchando.—No es tu culpa. Es ella la que siempre está demasiado ocupada con su trabajo como para pasar tiempo con él.Otra pausa.—Que descanses, no te desveles.Esta vez, Selena no huyó. Abrió la puerta. Adrián, con el niño en un brazo y el celular en la otra mano, se giró y la miró con el ceño fruncido, como si ella fuera la culpable de algo. Ignorando su mirada acusadora, Selena se acercó y le quitó a su hijo de los brazos.El pequeño vio las pelotas de colores que ella traía en la mano y de inmediato las agarró para jugar. A sus dos años, ya tenía conciencia propia y empezaba a distinguir a las personas. Su reacción no era porque de verdad creyera que Jazmín era su madre, sino porque aún era demasiado pequeño para entender....Despertar con el cuerpo tibio y suave de su hijo a su lado mejoró el ánimo de Selena. El pequeño, en pañales, dormía despatarrado sobre la cama. La luz del sol que entraba por la ventana lo hacía parecer un ángel. Le dio un beso en la frente, sintiendo que el vínculo entre ellos comenzaba a restablecerse.Llamaron a la puerta.Selena abrió, pensando que era Jimena para avisarle del desayuno, pero se encontró con Adrián, impecablemente vestido con un traje.—A las nueve y media, Fer tiene su clase de estimulación temprana. ¿Lo llevas tú o lo llevo yo?Selena se quedó perpleja. ¿Su hijo iba a clases? ¿Desde cuándo?—¿Cuándo lo inscribiste? —preguntó, extrañada. Apenas tenía dos años y medio, ¿de verdad era necesario?—Lleva ya tres meses —respondió Adrián con indiferencia—. La maestra es excelente y a él le encanta ir.Ella frunció el ceño.—Pues que hoy falte. Me quedaré en casa con él.—El curso requiere constancia. No es bueno que falte —insistió él.Selena se cruzó de brazos, con un tono que no admitía réplica.—Llevo diez meses sin verlo. Te pido que entiendas mis ganas de estar con mi hijo.Adrián notó un cambio en ella. Desde que había regresado de su viaje de estudios, su actitud era diferente.—Está bien —cedió él con frialdad, y sin decir más, bajó las escaleras.Después de desayunar, Selena se sentó en la sala a jugar con su hijo a construir torres con bloques. En la televisión, un noticiero financiero captó su atención.«Tras la adquisición del laboratorio de los Torres hace tres años, el Grupo Rojas anuncia una nueva inversión estratégica en el proyecto BioMed Torres. Esta inyección de capital, clave para la expansión de Innovas Biotech, responde al enorme potencial y valor de mercado que el grupo ve en dicho proyecto».«Las acciones del sector farmacéutico se disparan, captando la atención de todos los inversionistas».El rostro de Selena perdió todo su color. BioMed Torres. La farmacéutica que el señor Elías Torres, su tío, había fundado copiando la empresa de su padre.Capítulo 3La tormenta reventó contra el yate con la furia de un animal herido, lanzando a varios de los presentes a las fauces heladas del océano.Selena Torres luchaba contra las olas, con el agua salada quemándole los ojos y la garganta. Su único pensamiento era Adrián. Lo buscaba con desesperación, gritando su nombre entre el estruendo del viento y el mar.—¡Adrián! ¿Dónde estás?Se zambullía una y otra vez, pero la oscuridad del agua embravecida era impenetrable. A lo lejos, las luces de los barcos de rescate se acercaban a toda velocidad, un faro de esperanza en medio del caos.De pronto, un grito desgarrador cortó el aire.—¡Adri, sálvame…!Selena giró la cabeza justo a tiempo para ver cómo una silueta poderosa se abría paso entre las aguas turbulentas, nadando con una determinación feroz hacia la voz que suplicaba.El hombre, con el torso desnudo y los músculos tensos por el esfuerzo, alcanzó a la mujer que se hundía y la sostuvo en un abrazo que prometía seguridad.—No tengas miedo, aquí estoy —la consoló Adrián con una voz profunda.—Adri… tengo miedo —respondió ella, aferrándose a su cuello como si fuera la única ancla en medio del caos.El movimiento de Selena se detuvo en seco. El frío del agua no era nada comparado con el hielo que le invadió el corazón. El hombre que debía protegerla, su esposo, había elegido salvar a su prima, Jazmín.En ese instante, algo dentro de ella se quebró sin remedio.Observó a la pareja abrazada y, sin dudarlo más, nadó con todas sus fuerzas hacia el barco de rescate. El hombre que había amado durante cuatro años, en un momento de vida o muerte, sostenía a otra mujer. La ironía era tan cruel como las olas que la golpeaban.—Señora Rojas, ¿se encuentra bien? —le preguntó uno de los rescatistas, tendiéndole la mano.Una vez a bordo, el frío la hizo temblar de pies a cabeza. Alguien la envolvió en una toalla gruesa y se acurrucó en una silla en la cubierta, con la mirada fija en el mar iluminado por los reflectores. Vio a Adrián nadar hacia ellos, con Jazmín firmemente sujeta en sus brazos. Varios guardaespaldas se lanzaron al agua para ayudar, pero Adrián se negó a soltarla, como si no confiara en nadie más para protegerla.Jazmín, que no sabía nadar y no llevaba chaleco salvavidas, se aferraba a él con las piernas y los brazos, en un gesto de absoluta dependencia. Al llegar a la cubierta, su cuerpo pareció rendirse, a punto de desmayarse.—¡Jazmín! —exclamó Adrián, corriendo a sostenerla.Antes de perder el conocimiento, ella le dedicó una sonrisa débil.—Adri, ahora estamos a mano.—No digas tonterías. —Adrián la recostó con cuidado en el suelo y comenzó a hacerle compresiones en el pecho. Al ver que no reaccionaba, ni siquiera lo dudó. Inclinó su rostro y unió sus labios a los de ella en una respiración que era más que un rescate; era una súplica desesperada.Selena fue testigo de todo. Apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en la piel.—¡No te atrevas a morir, Jazmín, me oyes! ¡Despierta! —le gritó Adrián, con una desesperación que rayaba en la locura—. ¡No me dejes! ¡Me lo prometiste, no puedes fallarme ahora!La chica del vestido blanco yacía en la cubierta, tan frágil que parecía haber perdido toda señal de vida.—Jazmín, por favor, mírame…—¡Despierta, por favor, Jazmín! Si abres los ojos, te daré lo que sea.Cada palabra era un puñal en el pecho de Selena, seguido por el acto íntimo de otra respiración boca a boca. Sintió una opresión insoportable en el pecho y, un segundo después, todo se volvió negro....Cuando despertó, estaba en la habitación de un hospital. Úrsula Naranjo, su suegra, la miraba con ansiedad mientras sostenía a un niño de poco más de dos años.—Selena, por fin despiertas. ¡Qué susto nos diste a todos! —dijo Úrsula, visiblemente aliviada.—Mamá… —murmuró Selena, llevándose una mano a la cabeza.—¡Mami! —El pequeño se lanzó a sus brazos con los ojos enrojecidos y la abrazó con fuerza.Selena lo estrechó contra su pecho, besando su cabecita.—Mi amor, mamá está bien. Ya estoy aquí.—Para la próxima, hay que revisar bien el clima antes de salir al mar. No quiero volver a pasar por algo así —suspiró Úrsula, agradecida de que su nuera estuviera a salvo. Luego, miró a su alrededor—. Por cierto, ¿y Adrián? Me llamó para que viniera a cuidarte, pero no lo he visto. ¡Qué desconsiderado!La pregunta fue como un golpe que la devolvió a la noche de la tormenta. Las palabras de Adrián resonaban en su cabeza, suplicándole a Jazmín que no muriera. Eran frases más íntimas que cualquier declaración de amor que él le hubiera dedicado jamás.Una profunda tristeza la invadió, pero con ella, una extraña sensación de liberación. El amor que había sentido por él durante cuatro años se disolvió en ese preciso instante.—Tendrá sus cosas, mamá —respondió con una calma que ni ella misma esperaba.—Aun así, debería estar aquí. Voy a llamarlo.—No es necesario, de verdad. Ya estoy bien —insistió Selena, tomando aire.Úrsula guardó el celular, no muy convencida.—Mamá —dijo Selena en voz baja—, he decidido aceptar esa beca para estudiar en el extranjero. Son diez meses de un curso intensivo. ¿Podrías ayudarme a cuidar de Fer?Úrsula se quedó de piedra.—¿Tan de repente? ¿No deberías platicarlo primero con Adrián?—Ya lo decidí. Esta oportunidad es muy importante para mi carrera —afirmó Selena, sin dejar lugar a dudas.Úrsula asintió, comprensiva.—Está bien, hija. Yo me encargo de Fer. Tú ve tranquila.Aunque le dolía separarse de su hijo, el Instituto de Salud Global ya le había ofrecido esa beca dos veces. Si la rechazaba de nuevo, sabía que no habría otra oportunidad. Además, la imagen de Adrián gritando el nombre de Jazmín con el alma desgarrada era un tormento del que necesitaba escapar.En el aeropuerto, mientras esperaba su vuelo, Selena encendió el celular. Lo primero que vio fue una nueva publicación de Jazmín en Instagram. Era la foto de una mano delicada, con una vía intravenosa en el dorso. El texto decía: «Ni te debo, ni me debes».Selena sabía que detrás de esa frase se escondía una historia que ella nunca conocería del todo.Poco después, Jazmín publicó otra foto, esta vez con una vista desde la ventana de un hospital. «Una nueva oportunidad. Contigo a mi lado, después de la tormenta siempre sale el arcoíris».La sangre en las venas de Selena pareció congelarse.Se preguntó qué habría pasado si esa noche, cuatro años atrás en aquella fiesta, no hubiera terminado en la cama de Adrián. Si no hubiera quedado embarazada, ¿el lugar de la señora Rojas le pertenecería por derecho a Jazmín?Sintió que le había robado la felicidad a su prima. La tormenta se sentía como una señal del destino, un recordatorio de que era hora de devolver lo que no le correspondía.Subió al avión y apagó el celular, dejando todo atrás....En la ciudad, Adrián, a bordo de su Bentley, intentó llamar a su esposa.«El número que usted marcó se encuentra apagado».Frunció el ceño y volvió a intentarlo, pero solo escuchó la misma voz mecánica. Resignado, llamó a su madre.—Mamá, ¿Selena está contigo? Necesito hablar con ella.—¿No te dijo nada? —respondió Úrsula, sorprendida—. Su vuelo a Estados Unidos salió a las siete y media.Adrián se quedó helado.—¿Se fue del país?—Sí, recibió una invitación del Instituto de Salud Global para un curso intensivo de diez meses. ¿No lo sabías?Una sombra de fastidio cruzó por el rostro de Adrián.—Siempre hace lo mismo. Toma decisiones sin consultarme.—Pues llámala y pregúntale —sugirió Úrsula.—No hace falta —dijo él, con un tono cortante, y colgó....En cuanto el avión de Selena aterrizó en Estados Unidos, recibió un mensaje. Era de Jazmín.[Prima, no me esperaba que me diera respiración boca a boca, de verdad, perdón… Espero que no te haya molestado.]Y casi de inmediato, llegó otro.[Como no sé nadar, Adri me salvó. Quería invitarlo a cenar para agradecerle, ¿quieres venir?]Selena leyó los mensajes, sintiendo cómo la ira crecía en su interior. Respondió sin rodeos.[¿De verdad quieres que vaya? ¿O solo estás probando hasta dónde llega mi paciencia? Jazmín, si tanto quieres mi lugar, te lo cedo.]La respuesta de Jazmín fue una serie de emojis inocentes.[Prima, ¿qué dices? Es el esposo de mi prima. Jamás haría nada que fuera en contra de la moral.]Selena ya no soportaba esa actitud de falsa inocencia, esa hipocresía que la sacaba de quicio.[Deja de hacerte la víctima. Solo haces que te desprecie aún más.]Tras enviar el mensaje, la bloqueó.Jazmín miró la pantalla, y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios.[Selena, no creas que por estar casada y tener un hijo ya ganaste. Nos vemos en diez meses.]...Diez meses después, finalizado el curso, Selena voló de regreso. Llegó a su casa alrededor de las siete de la noche.—¡Señora! —exclamó la empleada doméstica, sorprendida—. ¡Qué bueno que regresó!—¿Y Fer? ¿No está en casa? —preguntó Selena, dejando su maleta en el suelo.—El señor se lo llevó a cenar al restaurante «El Festín».Selena subió a su habitación, se cambió de ropa y condujo hasta el restaurante. Dejó el carro con el valet parking y, con el regalo de su hijo en la mano, subió de prisa hacia los privados del segundo piso.Al acercarse al que estaba al fondo a la izquierda, escuchó la voz de un niño llamando a su mamá. Era Fer, sin duda. Una sonrisa se dibujó en su rostro y se dispuso a abrir la puerta, pero una voz femenina la detuvo en seco.—¡Ay, qué bien! Cada vez pronuncia mejor. A ver, dilo otra vez, mi amor.Era una voz dulce, pero lo que dijo a continuación la dejó paralizada.—Adri, este niño es idéntico a ti. Vi tus fotos de chiquito y son como dos gotas de agua.Adrián respondió con una risa suave.—¿Y dónde viste esas fotos?—Me las enseñó tu abuela —dijo la mujer con un tono coqueto—. Vi todas, desde que eras un bebé hasta ahora.—Bueno, para la próxima no las veas a escondidas. Pídemelas a mí directamente —replicó él, con un tono que a Selena le pareció íntimo y consentidor.La mano de Selena se retiró de la puerta como si hubiera tocado fuego. A través de la rendija, vio cómo unas manos delgadas y blancas abrazaban a su hijo.—Adri, déjame encargarme de la comida del niño. Mira estos bracitos, parecen de tamal. ¡Y la mitad de eso es gracias a mí! —dijo la voz femenina, llena de orgullo.A Selena le faltó el aire. Era su prima, Jazmín.—Es verdad —respondió Adrián con una sonrisa en la voz—. Menos mal que estuviste aquí para preparar sus comidas. Gracias a ti ha crecido tan sano y fuerte.Jazmín soltó una risa cantarina. Jugueteó un momento con el niño y luego añadió:—Por cierto, el próximo miércoles le toca la vacuna contra la varicela a Fer, no se te vaya a olvidar.—Lo sé, lo llevaré yo mismo —aseguró Adrián.—Yo también voy. Este niño ya no puede estar sin mí —dijo Jazmín, y le dio un beso en la frente.Selena sintió como si una mano invisible le apretara la garganta. La cabeza le daba vueltas.—Perfecto. Si no estás ocupada…—Ahora mismo, Fer es como si fuera mi propio hijo. Quiero estar presente en cada momento importante para él… —La voz de Jazmín destilaba una ternura casi maternal.Adrián no se opuso. Solo se escuchó una risa suave y resignada de su parte.—A ver, Fernando, dile otra vez «mamá»…El pequeño, sin entender nada, abrió la boca y gritó feliz:—¡Mamá… Mamá!La risa de Jazmín, cargada de un profundo afecto maternal, atravesó la puerta y se clavó en el corazón de Selena. Si su prima solo estaba jugando con el niño, ¿qué excusa tenía Adrián? Él sabía perfectamente que la madre de Fer era otra persona. ¿Por qué permitía que su hijo llamara «mamá» a otra mujer? ¿Se le olvidó detenerlo o, simplemente, no le importaba?«Adrián, ¿qué es lo que pretendes?», pensó Selena, mirando la luz que se filtraba desde el privado. Un dolor agudo y punzante se extendió por su pecho....A las once de la noche, Adrián regresó a casa. Fer dormía profundamente en sus brazos.Selena, que había pasado horas consumida por la rabia, no pudo contenerse y bajó las escaleras. En la sala, la empleada doméstica, Jimena, mecía a Fer, que acababa de despertar, mientras intentaba distraerlo con un juguete.El cansancio del viaje se desvaneció al ver a su hijo. Extendió los brazos para cargarlo.—Mi niño, ya regresó mamá. Ven, que te abrace —le dijo Jimena con cariño.Selena apenas tuvo tiempo de tomarlo en brazos y darle un beso. El pequeño se revolvió y la empujó, protestando.—No… tú no eres mi mamá.El cuerpo de Selena se quedó rígido. Jimena, aunque sorprendida, intentó comprender. Diez meses era mucho tiempo para un niño tan pequeño; era normal que no la reconociera.—Fer, mi amor, soy yo, soy mamá —le susurró Selena, conteniendo las lágrimas y el nudo en la garganta.—Tú no eres… —El niño frunció el ceño, con los labios temblando, y un segundo después, rompió a llorar a gritos.Desde lo alto de la escalera, una figura alta y esbelta descendió a toda prisa.—¿Por qué tenías que hacerlo llorar nada más llegar? —le recriminó Adrián.Antes de que pudiera reaccionar, Adrián le arrebató al niño de los brazos y subió con él. Selena, con el corazón encogido, lo siguió en silencio. Al llegar a la puerta del dormitorio principal, escuchó que hablaba por teléfono.—Sí, llegó de repente. El niño no la reconoce, no quiere que se le acerque.Hizo una pausa, escuchando.—No es tu culpa. Es ella la que siempre está demasiado ocupada con su trabajo como para pasar tiempo con él.Otra pausa.—Que descanses, no te desveles.Esta vez, Selena no huyó. Abrió la puerta. Adrián, con el niño en un brazo y el celular en la otra mano, se giró y la miró con el ceño fruncido, como si ella fuera la culpable de algo. Ignorando su mirada acusadora, Selena se acercó y le quitó a su hijo de los brazos.El pequeño vio las pelotas de colores que ella traía en la mano y de inmediato las agarró para jugar. A sus dos años, ya tenía conciencia propia y empezaba a distinguir a las personas. Su reacción no era porque de verdad creyera que Jazmín era su madre, sino porque aún era demasiado pequeño para entender....Despertar con el cuerpo tibio y suave de su hijo a su lado mejoró el ánimo de Selena. El pequeño, en pañales, dormía despatarrado sobre la cama. La luz del sol que entraba por la ventana lo hacía parecer un ángel. Le dio un beso en la frente, sintiendo que el vínculo entre ellos comenzaba a restablecerse.Llamaron a la puerta.Selena abrió, pensando que era Jimena para avisarle del desayuno, pero se encontró con Adrián, impecablemente vestido con un traje.—A las nueve y media, Fer tiene su clase de estimulación temprana. ¿Lo llevas tú o lo llevo yo?Selena se quedó perpleja. ¿Su hijo iba a clases? ¿Desde cuándo?—¿Cuándo lo inscribiste? —preguntó, extrañada. Apenas tenía dos años y medio, ¿de verdad era necesario?—Lleva ya tres meses —respondió Adrián con indiferencia—. La maestra es excelente y a él le encanta ir.Ella frunció el ceño.—Pues que hoy falte. Me quedaré en casa con él.—El curso requiere constancia. No es bueno que falte —insistió él.Selena se cruzó de brazos, con un tono que no admitía réplica.—Llevo diez meses sin verlo. Te pido que entiendas mis ganas de estar con mi hijo.Adrián notó un cambio en ella. Desde que había regresado de su viaje de estudios, su actitud era diferente.—Está bien —cedió él con frialdad, y sin decir más, bajó las escaleras.Después de desayunar, Selena se sentó en la sala a jugar con su hijo a construir torres con bloques. En la televisión, un noticiero financiero captó su atención.«Tras la adquisición del laboratorio de los Torres hace tres años, el Grupo Rojas anuncia una nueva inversión estratégica en el proyecto BioMed Torres. Esta inyección de capital, clave para la expansión de Innovas Biotech, responde al enorme potencial y valor de mercado que el grupo ve en dicho proyecto».«Las acciones del sector farmacéutico se disparan, captando la atención de todos los inversionistas».El rostro de Selena perdió todo su color. BioMed Torres. La farmacéutica que el señor Elías Torres, su tío, había fundado copiando la empresa de su padre.