Capítulo 1—¿Qué dijiste?La mano de Iris Benítez, que se agachaba para tomar una pantufla, se quedó paralizada.Siguiendo la línea impecable de su pantalón de vestir negro, alzó la vista hacia el hombre apuesto que acababa de entrar por la puerta. Tenía los rasgos afilados y una mirada fría, y su tono de voz era claramente impaciente.—Dije que nos vamos a divorciar. Mañana mismo iniciamos los trámites.—¿La razón?—¡No hay razón!—Entonces no me divorcio.Iris bajó la cabeza y continuó buscando la pantufla. En casi tres años de matrimonio, era la primera vez que se oponía a una decisión de su marido.Maximiliano Solano frunció el ceño, con una mueca de disgusto.—Quería que termináramos en buenos términos, pero como no lo aprecias, olvídalo. Carolina regresó al país y quiere casarse conmigo, así que tienes que dejar libre el puesto de la señora Solano. ¡Ahora mismo, de inmediato!No alcanzó a terminar la frase.La pantufla que Iris tenía en la mano ya se había estrellado con fuerza en el rostro de Maximiliano.Adolorido, él retrocedió un paso, cubriéndose la cara con una mano mientras la miraba con furia y una pizca de incredulidad.—¿Te atreves a golpearme? ¿Acaso te volviste loca?—Engañarme con otra mientras estás casado y que la amante quiera quedarse con tu puesto... Si lo hubieras dicho de frente, hasta te respetaría como hombre. Pero que me hables de terminar con dignidad… la verdad, me das un poco de lástima.—¿Qué? ¿Tú me tienes lástima a mí?Maximiliano soltó una carcajada burlona. La miró desde arriba, apretando los dientes.—¿Quién fue la que se arrastró y rogó para casarse conmigo? ¿Quién usó el pretexto de cuidar a mi abuelo para manipularlo y obligarme a casarme contigo amenazando con quitarse la vida? Si no fuera porque la salud del abuelo mejoró y porque te has portado dócil y sumisa todos estos años, ¿crees que te habría tolerado?Iris frunció el ceño. ¿Que el abuelo Solano había amenazado con quitarse la vida?—Yo no…—¡Cállate!Maximiliano no le dio oportunidad de hablar. Se acercó a ella, la tomó por el cuello de la camisa y la miró con rabia.—¿Y todavía te atreves a decir que te doy lástima? ¿Quién te crees que eres para decir eso? Cuando te casaste conmigo, ¡sabías perfectamente que yo estaba enamorado de otra persona! ¡Dijiste que no te importaba! ¿Y ahora te haces la digna? ¿Qué pasa? ¿Te acostumbraste tanto al título de señora Solano que no quieres soltarlo? ¿Vas a mostrar tu verdadera cara? ¿Sabes qué? ¡Cada día de mi matrimonio contigo ha sido un asco para mí!»Y para que te quede claro: no estoy negociando el divorcio contigo, te lo estoy notificando. El abogado te enviará el acuerdo esta noche. Mañana a las nueve de la mañana, lleva todos tus documentos y espérame en la puerta del registro civil. ¡Y ni se te ocurra no presentarte!Con un portazo estruendoso, el hombre se marchó.Iris cayó al suelo por la fuerza del empujón. Miró la puerta sin comprender, su rostro, normalmente sin maquillaje, estaba ahora tan pálido que parecía transparente.Era la primera vez que Maximiliano le decía tantas cosas.Y cada palabra había sido un puñal.La había herido sin piedad alguna.En ese momento, una empleada corrió hacia ella, alarmada, y la ayudó a levantarse.—Señora, ¿se encuentra bien?—Estoy bien.Iris regresó a su habitación. Se paró frente al espejo y observó su reflejo. La imagen de una mujer de aspecto dócil y sencillo, con ropa modesta y sin una gota de maquillaje, le resultó extraña incluso a ella misma.¿Le dolía? Sí.¿Quería llorar? Sí.Tenía los ojos enrojecidos, pero no brotaba ni una lágrima.Para casarse con Maximiliano, había desafiado a todos y lo había abandonado todo. Por un supuesto amor, se había mudado sola y sin dudarlo a Nueva Fortuna. Contuvo su carácter, vivió con humildad, tratando de complacer, siempre con cuidado, incluso cuando la humillaban, la insultaban o se burlaban de ella… Nunca se había arrepentido.Pero las palabras de Maximiliano esa noche, y sobre todo la palabra "asco", la habían hecho dudar.¿Realmente valieron la pena esos tres años vividos para él?Iris bajó la mirada hacia sus manos. Aquellas manos que antes tanto cuidaba y atesoraba ya no eran suaves y limpias; al igual que sus ridículos tres años, ahora estaban ásperas y agrietadas.En ese momento, su celular sonó. Era el acuerdo de divorcio que le había enviado el abogado. Iris lo miró por un segundo y lo cerró. En el espacio para su nombre solo decía "Iris", ni siquiera sabía que su apellido era Arellano.Qué matrimonio tan patético.Hizo una llamada, se cambió de ropa y salió de la casa en su carro....En el bar Nocturno, Maximiliano bebía con evidente fastidio, su atractivo rostro endurecido por una frialdad que intimidaba. A su lado, dos jóvenes lo observaban con curiosidad, fijándose sobre todo en las dos marcas que tenía en la cara.—¿En serio fue Iris la que te pegó? —preguntó Álvaro Linárez con incredulidad.—Si Maxi lo dice, debe ser verdad —respondió Mateo Santillán, aunque también con un dejo de duda.—Pero si Iris es un encanto. Debió haberse enojado muchísimo.—La están divorciando y dejándola sin un peso. Cualquiera se enojaría.—...—¿Ya terminaron ustedes dos? —los cortó Maximiliano, lanzándoles una mirada gélida.Era él quien había recibido el golpe, pero por cómo hablaban, parecía que la víctima era esa mujer.Mateo carraspeó un par de veces.—Es que, para ser sinceros, Iris es una gran mujer. Siempre pendiente de ti, buena con tu familia… no se le puede encontrar un solo defecto. Aunque no la quieras, al menos deberías darle algo después del divorcio, asegurarle un futuro sin preocupaciones económicas.Álvaro asintió, de acuerdo con su amigo.Maximiliano bufó.—¿De verdad creen que aceptará irse sin nada? ¡Para casarse con un Solano hasta abandonó sus estudios! Todos estos años aguantando y fingiendo ser dócil fue solo por el estatus de ser la señora Solano. Hoy, en cuanto mencioné el divorcio, ¿no mostró su verdadera cara? ¿Acaso las marcas en mi rostro no las hizo ella?Solo de pensar que Iris se había atrevido a ponerle una mano encima, la rabia le hervía por dentro. ¡Qué obediente ni qué dócil! ¡Todo era una farsa! Y él que había pensado que, como en esos años se había comportado de forma decente y sin causar problemas, la separación podría ser civilizada. Si ella aceptaba el divorcio, él estaba dispuesto a darle una compensación extra. ¿Y cuál fue el resultado? No solo se negó a divorciarse, sino que lo acusó de infiel, llamó a Carolina "la otra" ¡y encima lo golpeó!Con el rostro sombrío, Maximiliano se bebió otra copa de un trago.Álvaro y Mateo intercambiaron una mirada. Al ver que estaba furioso, decidieron no insistir en el tema y cambiaron de conversación.—Por cierto, mañana es la cena de gala benéfica. Va a estar el presidente del Grupo Arellano de Santa Flora, dicen que viene a explorar proyectos en Nueva Fortuna. ¿Ustedes van a ir?Álvaro sonrió.—¿Hace falta preguntar? Nuestra querida estrella, Carolina, es la embajadora del evento. Maxi seguro que irá. Además, es el Grupo Arellano. Me imagino que toda la gente importante de Nueva Fortuna querrá ir a presentarse. Con que nos dejen las migajas, ya tenemos para ganar un buen dinero. Nueva Fortuna no está mal, pero no se compara con Santa Flora.La familia Arellano de Santa Flora tenía una historia de más de cien años. Eran una auténtica dinastía, una familia de abolengo. Ellos, en Nueva Fortuna, también pertenecían a la élite, pero comparados con una familia de esa talla, la diferencia era abismal.En ese momento, dos mujeres entraron al bar: una de aspecto sensual y otra de apariencia sencilla. La mirada de Maximiliano, que vagaba por el lugar, se detuvo en ellas y se tornó afilada al instante.Apenas se sentó Iris en el reservado, sintió una mirada peligrosa clavada en ella. Inspeccionó a su alrededor, pero no vio nada fuera de lo común.—Iris, ¿qué pasa? —le preguntó con curiosidad su amiga de toda la vida, Ángela Girón.Iris negó con la cabeza.—Nada. Supongo que he pasado tanto tiempo sin salir que ya no estoy acostumbrada.Ángela suspiró, mirándola con una profunda compasión.—La verdad, casi no te reconozco cuando te vi en la entrada. En estos tres años no has contactado a nadie, y yo siempre pensé que te iba bien, por eso no me atrevía a molestarte. No tienes idea de lo feliz que me hizo recibir tu llamada, pero resulta que… ¿es cierto que te vas a divorciar?—Es cierto —respondió Iris con calma.Ángela se mordió el labio y preguntó con cautela:—¿Tú se lo pediste?—Él.—¡Maldita sea! ¡Ese desgraciado de Solano! ¿Cómo se atreve a pedirte el divorcio? ¡Debe tener el cerebro lleno de porquería y gusanos en los ojos para no ver lo que tiene! ¿Acaso no sabe cuántos hombres te pretendían en Santa Flora? ¿No tiene idea de lo que vales? ¿No sabe que la fila para casarse contigo le daría la vuelta a la ciudad? ¡Ay, qué rabia me da! ¡Tener un tesoro en las manos y no darse cuenta! ¡Qué ciego está!La forma en que Ángela la defendía con tanta vehemencia hizo que Iris esbozara una sonrisa.—Y todavía te ríes. ¡Parece que a ese Solano se le cruzaron los cables! Pero bueno, si te vas a divorciar, te apoyo. ¡Ese ciego no te merece! En cuanto firmes, te vienes conmigo de vuelta a Santa Flora, y volveremos a divertirnos como antes. ¡A recuperar nuestra vida!Al recordar los viejos tiempos, los ojos seductores de Ángela se llenaron de nostalgia. En aquel entonces, Iris era tan libre, tan radiante. Y ahora… Ángela sentía ganas de encontrar a ese tal Solano, meterlo en un saco, darle una paliza, desnudarlo y abandonarlo en plena calle para que al día siguiente fuera la comidilla de todos los noticieros.Iris bebió un sorbo de su copa sin decir nada. Cuando uno está mal, es difícil encontrarle el gusto a algo, pero tampoco era de las que se desahogaban a gritos y lamentos. "A beber", pensó. El alcohol era un buen remedio; quizás con unas copas de más, el corazón dolería un poco menos. Mañana, después de divorciarse, se iría de ese lugar.Al ver que Iris solo bebía en silencio, Ángela supo que debía estar destrozada. La acompañó con unas copas y, de repente, se acordó de alguien.—Oye, Iris, ¿te acuerdas de Fidel de la Torre?Iris negó con la cabeza.—El nombre me suena, pero no recuerdo quién es.Ángela se esforzó por describirlo.—Era ese niño enfermizo que siempre andaba detrás de nosotras, el que se la pasaba con fiebre y se desmayaba a cada rato, pero que era guapísimo. Al principio hasta pensabas que era una niña, le dabas vestidos y lo llamabas "hermanita"...Iris comenzó a recordar vagamente.—Ah, ya sé quién dices. Recuerdo que un día se puso a llorar, diciendo que era un niño, todo ofendido.—¡Exacto! Y después de eso dejaste de jugar con él. Pues fíjate que hace poco regresó, ¡y ha cambiado muchísimo!—Ah. —A Iris no le interesaba mucho.—Estuvo preguntando por ti. Y resulta que también está aquí en Nueva Fortuna. ¿Quieres que…? ¡No puede ser! Hablando del rey de Roma… ¡Ahí viene!Emocionada, Ángela se levantó y gritó hacia la entrada:—¡Fidel! ¡Fidel!La música del bar estaba muy alta, pero la voz de Ángela tenía una fuerza impresionante. Su grito atrajo la atención de varias personas, sobre todo porque provenía de una mujer tan despampanante.—Fidel, ¿la conoces? —le preguntó con una ceja arqueada el joven de alta sociedad que lo acompañaba.Apenas llegaba a Nueva Fortuna y ya una belleza se había fijado en él. ¿Se podía tener más suerte?—Es Ángela, la heredera del Grupo Girón. Tu familia y la suya… creo que tienen una vieja rencilla.Simón Henríquez se quedó sin palabras. ¿Una vieja rencilla? Era más bien una enemistad a muerte. ¿Qué hacía ella en Nueva Fortuna en lugar de estar en Santa Flora?Antes de que Simón pudiera preguntar cómo se conocían, vio que Fidel ya se dirigía hacia ella.—Justo le estaba hablando de ti a Iris, y de repente apareces. ¡Mira qué casualidad! —lo saludó Ángela con entusiasmo.Iris sintió que alguien se sentaba a su lado en el sofá. Un aroma limpio a sándalo invadió sus sentidos. Era un perfume muy agradable.Capítulo 2—¿Qué dijiste?La mano de Iris Benítez, que se agachaba para tomar una pantufla, se quedó paralizada.Siguiendo la línea impecable de su pantalón de vestir negro, alzó la vista hacia el hombre apuesto que acababa de entrar por la puerta. Tenía los rasgos afilados y una mirada fría, y su tono de voz era claramente impaciente.—Dije que nos vamos a divorciar. Mañana mismo iniciamos los trámites.—¿La razón?—¡No hay razón!—Entonces no me divorcio.Iris bajó la cabeza y continuó buscando la pantufla. En casi tres años de matrimonio, era la primera vez que se oponía a una decisión de su marido.Maximiliano Solano frunció el ceño, con una mueca de disgusto.—Quería que termináramos en buenos términos, pero como no lo aprecias, olvídalo. Carolina regresó al país y quiere casarse conmigo, así que tienes que dejar libre el puesto de la señora Solano. ¡Ahora mismo, de inmediato!No alcanzó a terminar la frase.La pantufla que Iris tenía en la mano ya se había estrellado con fuerza en el rostro de Maximiliano.Adolorido, él retrocedió un paso, cubriéndose la cara con una mano mientras la miraba con furia y una pizca de incredulidad.—¿Te atreves a golpearme? ¿Acaso te volviste loca?—Engañarme con otra mientras estás casado y que la amante quiera quedarse con tu puesto... Si lo hubieras dicho de frente, hasta te respetaría como hombre. Pero que me hables de terminar con dignidad… la verdad, me das un poco de lástima.—¿Qué? ¿Tú me tienes lástima a mí?Maximiliano soltó una carcajada burlona. La miró desde arriba, apretando los dientes.—¿Quién fue la que se arrastró y rogó para casarse conmigo? ¿Quién usó el pretexto de cuidar a mi abuelo para manipularlo y obligarme a casarme contigo amenazando con quitarse la vida? Si no fuera porque la salud del abuelo mejoró y porque te has portado dócil y sumisa todos estos años, ¿crees que te habría tolerado?Iris frunció el ceño. ¿Que el abuelo Solano había amenazado con quitarse la vida?—Yo no…—¡Cállate!Maximiliano no le dio oportunidad de hablar. Se acercó a ella, la tomó por el cuello de la camisa y la miró con rabia.—¿Y todavía te atreves a decir que te doy lástima? ¿Quién te crees que eres para decir eso? Cuando te casaste conmigo, ¡sabías perfectamente que yo estaba enamorado de otra persona! ¡Dijiste que no te importaba! ¿Y ahora te haces la digna? ¿Qué pasa? ¿Te acostumbraste tanto al título de señora Solano que no quieres soltarlo? ¿Vas a mostrar tu verdadera cara? ¿Sabes qué? ¡Cada día de mi matrimonio contigo ha sido un asco para mí!»Y para que te quede claro: no estoy negociando el divorcio contigo, te lo estoy notificando. El abogado te enviará el acuerdo esta noche. Mañana a las nueve de la mañana, lleva todos tus documentos y espérame en la puerta del registro civil. ¡Y ni se te ocurra no presentarte!Con un portazo estruendoso, el hombre se marchó.Iris cayó al suelo por la fuerza del empujón. Miró la puerta sin comprender, su rostro, normalmente sin maquillaje, estaba ahora tan pálido que parecía transparente.Era la primera vez que Maximiliano le decía tantas cosas.Y cada palabra había sido un puñal.La había herido sin piedad alguna.En ese momento, una empleada corrió hacia ella, alarmada, y la ayudó a levantarse.—Señora, ¿se encuentra bien?—Estoy bien.Iris regresó a su habitación. Se paró frente al espejo y observó su reflejo. La imagen de una mujer de aspecto dócil y sencillo, con ropa modesta y sin una gota de maquillaje, le resultó extraña incluso a ella misma.¿Le dolía? Sí.¿Quería llorar? Sí.Tenía los ojos enrojecidos, pero no brotaba ni una lágrima.Para casarse con Maximiliano, había desafiado a todos y lo había abandonado todo. Por un supuesto amor, se había mudado sola y sin dudarlo a Nueva Fortuna. Contuvo su carácter, vivió con humildad, tratando de complacer, siempre con cuidado, incluso cuando la humillaban, la insultaban o se burlaban de ella… Nunca se había arrepentido.Pero las palabras de Maximiliano esa noche, y sobre todo la palabra "asco", la habían hecho dudar.¿Realmente valieron la pena esos tres años vividos para él?Iris bajó la mirada hacia sus manos. Aquellas manos que antes tanto cuidaba y atesoraba ya no eran suaves y limpias; al igual que sus ridículos tres años, ahora estaban ásperas y agrietadas.En ese momento, su celular sonó. Era el acuerdo de divorcio que le había enviado el abogado. Iris lo miró por un segundo y lo cerró. En el espacio para su nombre solo decía "Iris", ni siquiera sabía que su apellido era Arellano.Qué matrimonio tan patético.Hizo una llamada, se cambió de ropa y salió de la casa en su carro....En el bar Nocturno, Maximiliano bebía con evidente fastidio, su atractivo rostro endurecido por una frialdad que intimidaba. A su lado, dos jóvenes lo observaban con curiosidad, fijándose sobre todo en las dos marcas que tenía en la cara.—¿En serio fue Iris la que te pegó? —preguntó Álvaro Linárez con incredulidad.—Si Maxi lo dice, debe ser verdad —respondió Mateo Santillán, aunque también con un dejo de duda.—Pero si Iris es un encanto. Debió haberse enojado muchísimo.—La están divorciando y dejándola sin un peso. Cualquiera se enojaría.—...—¿Ya terminaron ustedes dos? —los cortó Maximiliano, lanzándoles una mirada gélida.Era él quien había recibido el golpe, pero por cómo hablaban, parecía que la víctima era esa mujer.Mateo carraspeó un par de veces.—Es que, para ser sinceros, Iris es una gran mujer. Siempre pendiente de ti, buena con tu familia… no se le puede encontrar un solo defecto. Aunque no la quieras, al menos deberías darle algo después del divorcio, asegurarle un futuro sin preocupaciones económicas.Álvaro asintió, de acuerdo con su amigo.Maximiliano bufó.—¿De verdad creen que aceptará irse sin nada? ¡Para casarse con un Solano hasta abandonó sus estudios! Todos estos años aguantando y fingiendo ser dócil fue solo por el estatus de ser la señora Solano. Hoy, en cuanto mencioné el divorcio, ¿no mostró su verdadera cara? ¿Acaso las marcas en mi rostro no las hizo ella?Solo de pensar que Iris se había atrevido a ponerle una mano encima, la rabia le hervía por dentro. ¡Qué obediente ni qué dócil! ¡Todo era una farsa! Y él que había pensado que, como en esos años se había comportado de forma decente y sin causar problemas, la separación podría ser civilizada. Si ella aceptaba el divorcio, él estaba dispuesto a darle una compensación extra. ¿Y cuál fue el resultado? No solo se negó a divorciarse, sino que lo acusó de infiel, llamó a Carolina "la otra" ¡y encima lo golpeó!Con el rostro sombrío, Maximiliano se bebió otra copa de un trago.Álvaro y Mateo intercambiaron una mirada. Al ver que estaba furioso, decidieron no insistir en el tema y cambiaron de conversación.—Por cierto, mañana es la cena de gala benéfica. Va a estar el presidente del Grupo Arellano de Santa Flora, dicen que viene a explorar proyectos en Nueva Fortuna. ¿Ustedes van a ir?Álvaro sonrió.—¿Hace falta preguntar? Nuestra querida estrella, Carolina, es la embajadora del evento. Maxi seguro que irá. Además, es el Grupo Arellano. Me imagino que toda la gente importante de Nueva Fortuna querrá ir a presentarse. Con que nos dejen las migajas, ya tenemos para ganar un buen dinero. Nueva Fortuna no está mal, pero no se compara con Santa Flora.La familia Arellano de Santa Flora tenía una historia de más de cien años. Eran una auténtica dinastía, una familia de abolengo. Ellos, en Nueva Fortuna, también pertenecían a la élite, pero comparados con una familia de esa talla, la diferencia era abismal.En ese momento, dos mujeres entraron al bar: una de aspecto sensual y otra de apariencia sencilla. La mirada de Maximiliano, que vagaba por el lugar, se detuvo en ellas y se tornó afilada al instante.Apenas se sentó Iris en el reservado, sintió una mirada peligrosa clavada en ella. Inspeccionó a su alrededor, pero no vio nada fuera de lo común.—Iris, ¿qué pasa? —le preguntó con curiosidad su amiga de toda la vida, Ángela Girón.Iris negó con la cabeza.—Nada. Supongo que he pasado tanto tiempo sin salir que ya no estoy acostumbrada.Ángela suspiró, mirándola con una profunda compasión.—La verdad, casi no te reconozco cuando te vi en la entrada. En estos tres años no has contactado a nadie, y yo siempre pensé que te iba bien, por eso no me atrevía a molestarte. No tienes idea de lo feliz que me hizo recibir tu llamada, pero resulta que… ¿es cierto que te vas a divorciar?—Es cierto —respondió Iris con calma.Ángela se mordió el labio y preguntó con cautela:—¿Tú se lo pediste?—Él.—¡Maldita sea! ¡Ese desgraciado de Solano! ¿Cómo se atreve a pedirte el divorcio? ¡Debe tener el cerebro lleno de porquería y gusanos en los ojos para no ver lo que tiene! ¿Acaso no sabe cuántos hombres te pretendían en Santa Flora? ¿No tiene idea de lo que vales? ¿No sabe que la fila para casarse contigo le daría la vuelta a la ciudad? ¡Ay, qué rabia me da! ¡Tener un tesoro en las manos y no darse cuenta! ¡Qué ciego está!La forma en que Ángela la defendía con tanta vehemencia hizo que Iris esbozara una sonrisa.—Y todavía te ríes. ¡Parece que a ese Solano se le cruzaron los cables! Pero bueno, si te vas a divorciar, te apoyo. ¡Ese ciego no te merece! En cuanto firmes, te vienes conmigo de vuelta a Santa Flora, y volveremos a divertirnos como antes. ¡A recuperar nuestra vida!Al recordar los viejos tiempos, los ojos seductores de Ángela se llenaron de nostalgia. En aquel entonces, Iris era tan libre, tan radiante. Y ahora… Ángela sentía ganas de encontrar a ese tal Solano, meterlo en un saco, darle una paliza, desnudarlo y abandonarlo en plena calle para que al día siguiente fuera la comidilla de todos los noticieros.Iris bebió un sorbo de su copa sin decir nada. Cuando uno está mal, es difícil encontrarle el gusto a algo, pero tampoco era de las que se desahogaban a gritos y lamentos. "A beber", pensó. El alcohol era un buen remedio; quizás con unas copas de más, el corazón dolería un poco menos. Mañana, después de divorciarse, se iría de ese lugar.Al ver que Iris solo bebía en silencio, Ángela supo que debía estar destrozada. La acompañó con unas copas y, de repente, se acordó de alguien.—Oye, Iris, ¿te acuerdas de Fidel de la Torre?Iris negó con la cabeza.—El nombre me suena, pero no recuerdo quién es.Ángela se esforzó por describirlo.—Era ese niño enfermizo que siempre andaba detrás de nosotras, el que se la pasaba con fiebre y se desmayaba a cada rato, pero que era guapísimo. Al principio hasta pensabas que era una niña, le dabas vestidos y lo llamabas "hermanita"...Iris comenzó a recordar vagamente.—Ah, ya sé quién dices. Recuerdo que un día se puso a llorar, diciendo que era un niño, todo ofendido.—¡Exacto! Y después de eso dejaste de jugar con él. Pues fíjate que hace poco regresó, ¡y ha cambiado muchísimo!—Ah. —A Iris no le interesaba mucho.—Estuvo preguntando por ti. Y resulta que también está aquí en Nueva Fortuna. ¿Quieres que…? ¡No puede ser! Hablando del rey de Roma… ¡Ahí viene!Emocionada, Ángela se levantó y gritó hacia la entrada:—¡Fidel! ¡Fidel!La música del bar estaba muy alta, pero la voz de Ángela tenía una fuerza impresionante. Su grito atrajo la atención de varias personas, sobre todo porque provenía de una mujer tan despampanante.—Fidel, ¿la conoces? —le preguntó con una ceja arqueada el joven de alta sociedad que lo acompañaba.Apenas llegaba a Nueva Fortuna y ya una belleza se había fijado en él. ¿Se podía tener más suerte?—Es Ángela, la heredera del Grupo Girón. Tu familia y la suya… creo que tienen una vieja rencilla.Simón Henríquez se quedó sin palabras. ¿Una vieja rencilla? Era más bien una enemistad a muerte. ¿Qué hacía ella en Nueva Fortuna en lugar de estar en Santa Flora?Antes de que Simón pudiera preguntar cómo se conocían, vio que Fidel ya se dirigía hacia ella.—Justo le estaba hablando de ti a Iris, y de repente apareces. ¡Mira qué casualidad! —lo saludó Ángela con entusiasmo.Iris sintió que alguien se sentaba a su lado en el sofá. Un aroma limpio a sándalo invadió sus sentidos. Era un perfume muy agradable.Capítulo 3—¿Qué dijiste?La mano de Iris Benítez, que se agachaba para tomar una pantufla, se quedó paralizada.Siguiendo la línea impecable de su pantalón de vestir negro, alzó la vista hacia el hombre apuesto que acababa de entrar por la puerta. Tenía los rasgos afilados y una mirada fría, y su tono de voz era claramente impaciente.—Dije que nos vamos a divorciar. Mañana mismo iniciamos los trámites.—¿La razón?—¡No hay razón!—Entonces no me divorcio.Iris bajó la cabeza y continuó buscando la pantufla. En casi tres años de matrimonio, era la primera vez que se oponía a una decisión de su marido.Maximiliano Solano frunció el ceño, con una mueca de disgusto.—Quería que termináramos en buenos términos, pero como no lo aprecias, olvídalo. Carolina regresó al país y quiere casarse conmigo, así que tienes que dejar libre el puesto de la señora Solano. ¡Ahora mismo, de inmediato!No alcanzó a terminar la frase.La pantufla que Iris tenía en la mano ya se había estrellado con fuerza en el rostro de Maximiliano.Adolorido, él retrocedió un paso, cubriéndose la cara con una mano mientras la miraba con furia y una pizca de incredulidad.—¿Te atreves a golpearme? ¿Acaso te volviste loca?—Engañarme con otra mientras estás casado y que la amante quiera quedarse con tu puesto... Si lo hubieras dicho de frente, hasta te respetaría como hombre. Pero que me hables de terminar con dignidad… la verdad, me das un poco de lástima.—¿Qué? ¿Tú me tienes lástima a mí?Maximiliano soltó una carcajada burlona. La miró desde arriba, apretando los dientes.—¿Quién fue la que se arrastró y rogó para casarse conmigo? ¿Quién usó el pretexto de cuidar a mi abuelo para manipularlo y obligarme a casarme contigo amenazando con quitarse la vida? Si no fuera porque la salud del abuelo mejoró y porque te has portado dócil y sumisa todos estos años, ¿crees que te habría tolerado?Iris frunció el ceño. ¿Que el abuelo Solano había amenazado con quitarse la vida?—Yo no…—¡Cállate!Maximiliano no le dio oportunidad de hablar. Se acercó a ella, la tomó por el cuello de la camisa y la miró con rabia.—¿Y todavía te atreves a decir que te doy lástima? ¿Quién te crees que eres para decir eso? Cuando te casaste conmigo, ¡sabías perfectamente que yo estaba enamorado de otra persona! ¡Dijiste que no te importaba! ¿Y ahora te haces la digna? ¿Qué pasa? ¿Te acostumbraste tanto al título de señora Solano que no quieres soltarlo? ¿Vas a mostrar tu verdadera cara? ¿Sabes qué? ¡Cada día de mi matrimonio contigo ha sido un asco para mí!»Y para que te quede claro: no estoy negociando el divorcio contigo, te lo estoy notificando. El abogado te enviará el acuerdo esta noche. Mañana a las nueve de la mañana, lleva todos tus documentos y espérame en la puerta del registro civil. ¡Y ni se te ocurra no presentarte!Con un portazo estruendoso, el hombre se marchó.Iris cayó al suelo por la fuerza del empujón. Miró la puerta sin comprender, su rostro, normalmente sin maquillaje, estaba ahora tan pálido que parecía transparente.Era la primera vez que Maximiliano le decía tantas cosas.Y cada palabra había sido un puñal.La había herido sin piedad alguna.En ese momento, una empleada corrió hacia ella, alarmada, y la ayudó a levantarse.—Señora, ¿se encuentra bien?—Estoy bien.Iris regresó a su habitación. Se paró frente al espejo y observó su reflejo. La imagen de una mujer de aspecto dócil y sencillo, con ropa modesta y sin una gota de maquillaje, le resultó extraña incluso a ella misma.¿Le dolía? Sí.¿Quería llorar? Sí.Tenía los ojos enrojecidos, pero no brotaba ni una lágrima.Para casarse con Maximiliano, había desafiado a todos y lo había abandonado todo. Por un supuesto amor, se había mudado sola y sin dudarlo a Nueva Fortuna. Contuvo su carácter, vivió con humildad, tratando de complacer, siempre con cuidado, incluso cuando la humillaban, la insultaban o se burlaban de ella… Nunca se había arrepentido.Pero las palabras de Maximiliano esa noche, y sobre todo la palabra "asco", la habían hecho dudar.¿Realmente valieron la pena esos tres años vividos para él?Iris bajó la mirada hacia sus manos. Aquellas manos que antes tanto cuidaba y atesoraba ya no eran suaves y limpias; al igual que sus ridículos tres años, ahora estaban ásperas y agrietadas.En ese momento, su celular sonó. Era el acuerdo de divorcio que le había enviado el abogado. Iris lo miró por un segundo y lo cerró. En el espacio para su nombre solo decía "Iris", ni siquiera sabía que su apellido era Arellano.Qué matrimonio tan patético.Hizo una llamada, se cambió de ropa y salió de la casa en su carro....En el bar Nocturno, Maximiliano bebía con evidente fastidio, su atractivo rostro endurecido por una frialdad que intimidaba. A su lado, dos jóvenes lo observaban con curiosidad, fijándose sobre todo en las dos marcas que tenía en la cara.—¿En serio fue Iris la que te pegó? —preguntó Álvaro Linárez con incredulidad.—Si Maxi lo dice, debe ser verdad —respondió Mateo Santillán, aunque también con un dejo de duda.—Pero si Iris es un encanto. Debió haberse enojado muchísimo.—La están divorciando y dejándola sin un peso. Cualquiera se enojaría.—...—¿Ya terminaron ustedes dos? —los cortó Maximiliano, lanzándoles una mirada gélida.Era él quien había recibido el golpe, pero por cómo hablaban, parecía que la víctima era esa mujer.Mateo carraspeó un par de veces.—Es que, para ser sinceros, Iris es una gran mujer. Siempre pendiente de ti, buena con tu familia… no se le puede encontrar un solo defecto. Aunque no la quieras, al menos deberías darle algo después del divorcio, asegurarle un futuro sin preocupaciones económicas.Álvaro asintió, de acuerdo con su amigo.Maximiliano bufó.—¿De verdad creen que aceptará irse sin nada? ¡Para casarse con un Solano hasta abandonó sus estudios! Todos estos años aguantando y fingiendo ser dócil fue solo por el estatus de ser la señora Solano. Hoy, en cuanto mencioné el divorcio, ¿no mostró su verdadera cara? ¿Acaso las marcas en mi rostro no las hizo ella?Solo de pensar que Iris se había atrevido a ponerle una mano encima, la rabia le hervía por dentro. ¡Qué obediente ni qué dócil! ¡Todo era una farsa! Y él que había pensado que, como en esos años se había comportado de forma decente y sin causar problemas, la separación podría ser civilizada. Si ella aceptaba el divorcio, él estaba dispuesto a darle una compensación extra. ¿Y cuál fue el resultado? No solo se negó a divorciarse, sino que lo acusó de infiel, llamó a Carolina "la otra" ¡y encima lo golpeó!Con el rostro sombrío, Maximiliano se bebió otra copa de un trago.Álvaro y Mateo intercambiaron una mirada. Al ver que estaba furioso, decidieron no insistir en el tema y cambiaron de conversación.—Por cierto, mañana es la cena de gala benéfica. Va a estar el presidente del Grupo Arellano de Santa Flora, dicen que viene a explorar proyectos en Nueva Fortuna. ¿Ustedes van a ir?Álvaro sonrió.—¿Hace falta preguntar? Nuestra querida estrella, Carolina, es la embajadora del evento. Maxi seguro que irá. Además, es el Grupo Arellano. Me imagino que toda la gente importante de Nueva Fortuna querrá ir a presentarse. Con que nos dejen las migajas, ya tenemos para ganar un buen dinero. Nueva Fortuna no está mal, pero no se compara con Santa Flora.La familia Arellano de Santa Flora tenía una historia de más de cien años. Eran una auténtica dinastía, una familia de abolengo. Ellos, en Nueva Fortuna, también pertenecían a la élite, pero comparados con una familia de esa talla, la diferencia era abismal.En ese momento, dos mujeres entraron al bar: una de aspecto sensual y otra de apariencia sencilla. La mirada de Maximiliano, que vagaba por el lugar, se detuvo en ellas y se tornó afilada al instante.Apenas se sentó Iris en el reservado, sintió una mirada peligrosa clavada en ella. Inspeccionó a su alrededor, pero no vio nada fuera de lo común.—Iris, ¿qué pasa? —le preguntó con curiosidad su amiga de toda la vida, Ángela Girón.Iris negó con la cabeza.—Nada. Supongo que he pasado tanto tiempo sin salir que ya no estoy acostumbrada.Ángela suspiró, mirándola con una profunda compasión.—La verdad, casi no te reconozco cuando te vi en la entrada. En estos tres años no has contactado a nadie, y yo siempre pensé que te iba bien, por eso no me atrevía a molestarte. No tienes idea de lo feliz que me hizo recibir tu llamada, pero resulta que… ¿es cierto que te vas a divorciar?—Es cierto —respondió Iris con calma.Ángela se mordió el labio y preguntó con cautela:—¿Tú se lo pediste?—Él.—¡Maldita sea! ¡Ese desgraciado de Solano! ¿Cómo se atreve a pedirte el divorcio? ¡Debe tener el cerebro lleno de porquería y gusanos en los ojos para no ver lo que tiene! ¿Acaso no sabe cuántos hombres te pretendían en Santa Flora? ¿No tiene idea de lo que vales? ¿No sabe que la fila para casarse contigo le daría la vuelta a la ciudad? ¡Ay, qué rabia me da! ¡Tener un tesoro en las manos y no darse cuenta! ¡Qué ciego está!La forma en que Ángela la defendía con tanta vehemencia hizo que Iris esbozara una sonrisa.—Y todavía te ríes. ¡Parece que a ese Solano se le cruzaron los cables! Pero bueno, si te vas a divorciar, te apoyo. ¡Ese ciego no te merece! En cuanto firmes, te vienes conmigo de vuelta a Santa Flora, y volveremos a divertirnos como antes. ¡A recuperar nuestra vida!Al recordar los viejos tiempos, los ojos seductores de Ángela se llenaron de nostalgia. En aquel entonces, Iris era tan libre, tan radiante. Y ahora… Ángela sentía ganas de encontrar a ese tal Solano, meterlo en un saco, darle una paliza, desnudarlo y abandonarlo en plena calle para que al día siguiente fuera la comidilla de todos los noticieros.Iris bebió un sorbo de su copa sin decir nada. Cuando uno está mal, es difícil encontrarle el gusto a algo, pero tampoco era de las que se desahogaban a gritos y lamentos. "A beber", pensó. El alcohol era un buen remedio; quizás con unas copas de más, el corazón dolería un poco menos. Mañana, después de divorciarse, se iría de ese lugar.Al ver que Iris solo bebía en silencio, Ángela supo que debía estar destrozada. La acompañó con unas copas y, de repente, se acordó de alguien.—Oye, Iris, ¿te acuerdas de Fidel de la Torre?Iris negó con la cabeza.—El nombre me suena, pero no recuerdo quién es.Ángela se esforzó por describirlo.—Era ese niño enfermizo que siempre andaba detrás de nosotras, el que se la pasaba con fiebre y se desmayaba a cada rato, pero que era guapísimo. Al principio hasta pensabas que era una niña, le dabas vestidos y lo llamabas "hermanita"...Iris comenzó a recordar vagamente.—Ah, ya sé quién dices. Recuerdo que un día se puso a llorar, diciendo que era un niño, todo ofendido.—¡Exacto! Y después de eso dejaste de jugar con él. Pues fíjate que hace poco regresó, ¡y ha cambiado muchísimo!—Ah. —A Iris no le interesaba mucho.—Estuvo preguntando por ti. Y resulta que también está aquí en Nueva Fortuna. ¿Quieres que…? ¡No puede ser! Hablando del rey de Roma… ¡Ahí viene!Emocionada, Ángela se levantó y gritó hacia la entrada:—¡Fidel! ¡Fidel!La música del bar estaba muy alta, pero la voz de Ángela tenía una fuerza impresionante. Su grito atrajo la atención de varias personas, sobre todo porque provenía de una mujer tan despampanante.—Fidel, ¿la conoces? —le preguntó con una ceja arqueada el joven de alta sociedad que lo acompañaba.Apenas llegaba a Nueva Fortuna y ya una belleza se había fijado en él. ¿Se podía tener más suerte?—Es Ángela, la heredera del Grupo Girón. Tu familia y la suya… creo que tienen una vieja rencilla.Simón Henríquez se quedó sin palabras. ¿Una vieja rencilla? Era más bien una enemistad a muerte. ¿Qué hacía ella en Nueva Fortuna en lugar de estar en Santa Flora?Antes de que Simón pudiera preguntar cómo se conocían, vio que Fidel ya se dirigía hacia ella.—Justo le estaba hablando de ti a Iris, y de repente apareces. ¡Mira qué casualidad! —lo saludó Ángela con entusiasmo.Iris sintió que alguien se sentaba a su lado en el sofá. Un aroma limpio a sándalo invadió sus sentidos. Era un perfume muy agradable.