Durante cinco años de matrimonio, Belén Soler fue para Fabián Rojas una herramienta de procreación aceptable, pero nunca una esposa amada. Cuando descubrió que el corazón de su marido pertenecía a otra mujer, y que incluso su propia hija tomaba partido por la amante, ella optó por el divorcio sin dudar, renunciando a todo para comenzar de nuevo. De ama de casa a médica profesional, estaba decidida a vivir por sí misma. Y aquel hombre que una vez la despreció... se desesperó por completo después de que ella se alejara.

Capítulo 1Belén Soler regresó a la Vivienda Vista Clara a las diez de la noche.Hoy era día quince, su día de ovulación.Su primera hija había sido una niña, y sus suegros no dejaban de presionarla para que tuvieran otro.Si se tratara de cualquier otra persona, de una forma u otra habría preguntado si es que acaso tenían un trono que heredar.Pero los Rojas eran la familia más rica de Páramo Alto; en su casa sí que había una fortuna de miles de millones esperando a un heredero varón.Al llegar a la recámara, Fabián Rojas ya se había aseado.Sin una sola palabra de cariño, fueron directo al grano.Tres minutos después, Fabián fue al baño a lavarse.Poco después, Fabián salió del baño. Mientras se vestía dándole la espalda a Belén, dijo: —Hazte las pruebas a tiempo. Llámame en cuanto te dé positivo.Casados por cinco años, él siempre había sido así de parco con ella.Su matrimonio era una farsa.Fabián tenía una amante. Belén tuvo que rebuscar en todas las redes sociales de Fabián para encontrar una mínima pista, hasta que por fin logró identificar la cuenta de aquella mujer.Desde entonces, la espiaba en secreto.Resultaba que la única manera de saber algo sobre el paradero de su esposo era a través de la mujer que estaba destruyendo su matrimonio.Aquella mujer publicaba con frecuencia, desde las comidas del día a día hasta las celebraciones de cumpleaños y días festivos.Antes de que comenzara el plan para el segundo hijo, Belén casi nunca veía a Fabián; ahora, se veían una vez al mes.Sabiendo que Fabián estaba apurado por irse, Belén se levantó deprisa y, dirigiéndose a su espalda, le dijo: —Tenemos que hablar.Fabián se giró para mirarla y, con una expresión imperturbable, preguntó: —¿De qué?Belén bajó la voz y, en un tono casi suplicante, dijo: —Quiero que lo nuestro funcione.A pesar de saber que no tenía sentido seguir con ese matrimonio, Belén todavía quería intentarlo.¿Y si funcionaba?Le había costado tanto casarse con el hombre que amaba y ya tenían una hija; no quería que su matrimonio terminara en un fracaso.Pero sus palabras cayeron en saco roto. No supo si Fabián de verdad no la había escuchado o si simplemente fingió no hacerlo.Se terminó de vestir, se puso el reloj y salió.Belén se levantó de la cama de un salto, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, no se abalanzó sobre él para abrazarlo y suplicarle que se quedara a hacerle compañía.Justo un segundo antes de que Fabián se marchara del todo, Belén se derrumbó y lo cuestionó: —¡Fabián, vienes a la Vivienda Vista Clara una vez al mes, ni siquiera eres capaz de llamarme por iniciativa propia, no hemos compartido ni una sola comida juntos! Estamos completamente distanciados. ¿Qué clase de matrimonio es este?Fabián se detuvo. Tras una larga pausa, se giró para mirar a Belén. Ignoró sus lágrimas, ignoró su dolor, y se limitó a decirle: —Cuando quedes embarazada de un niño, volveré a vivir a la Vivienda Vista Clara.Dicho esto, se fue sin dudarlo un instante.Belén se quedó inmóvil, sin salir tras él.Ocho años de amor, cinco de matrimonio. Lo había dado todo. Incluso al dar a luz a su hija, sufrió una embolia de líquido amniótico y los médicos la declararon en estado crítico tres veces.Y a pesar de todo, estaba dispuesta a arriesgarse a rozar la muerte una vez más con tal de intentar tener un segundo hijo, un varón.Pero en ese instante, de repente, se sintió perdida. ¿Valía la pena? ¿O no?Al salir de la ducha, Belén, por costumbre, tomó su celular, entró a una de sus aplicaciones de video y buscó en la sección de «personas vistas con frecuencia». Solo había una cuenta, con la foto de perfil de una chica de aspecto dulce y el nombre de usuario «Frida».Entró al perfil y descubrió un video nuevo, publicado hacía dos minutos. El video solo mostraba la foto de la sombra de dos personas bajo un farol, pero en la esquina inferior derecha se alcanzaba a ver, como por descuido, unas manos con los dedos entrelazados que llevaban pulseras de pareja.El texto que acompañaba al video decía: «Bajo el farol hay dos sombras: una es la mía, y la otra… también».Al ver aquello, Belén sintió una opresión en el pecho, pero su reacción actual, en comparación con el cataclismo que sintió al principio, podía considerarse serena.O quizás, ya se había acostumbrado.Cada vez que se veían, la prisa de Fabián era para poder ir a ver a la otra mujer cuanto antes.Pero, pensándolo fríamente, mientras Fabián estuviera dispuesto a que fuera ella quien diera a luz al niño que heredaría el negocio familiar, nadie podría arrebatarle su puesto como la señora Rojas.Solo que el trago amargo de aquel matrimonio a medias, tendría que pasárselo ella sola.Un mes después.A las siete de la tarde, Belén, con el resultado positivo de la prueba de embarazo recién salido en la mano, se apresuró a regresar a la Vivienda Vista Clara.Justo cuando estaba a punto de entrar a la sala, escuchó la voz de su suegra, Mariana: —Fabián, ya tienes treinta y dos años. Llevas cinco años casado, y que tuvieras una niña la primera vez, pase. ¿Pero el segundo embarazo? Lo tratas con una indiferencia que no entiendo. ¿Viniendo a casa una vez al mes? ¿Cómo esperas que Belén se quede embarazada así? Si de verdad no te funciona, deja que la mujer que tienes por fuera te dé un hijo. Con que sea varón, con que sea de la sangre de los Rojas, yo, Mariana, lo reconoceré.La respuesta de Fabián fue casi inmediata, rechazando la propuesta de su madre: —¡No es lo mismo!Mariana, conteniendo su enojo, replicó: —¿Y por qué no?Belén retrocedió un paso, quedándose a un lado. El hecho de que Fabián la defendiera le provocó una pequeña punzada en el corazón.Era cierto. Por mucho que Fabián se divirtiera fuera, su esposa era solo ella.Pronto, la voz de Fabián volvió a sonar: —Mamá, ¿acaso olvidaste que Belén sufrió una embolia de líquido amniótico cuando nació Cecilia?Al oír esto, Mariana se enfureció aún más: —¡Todavía tienes el descaro de mencionarlo! ¡Qué mala pata la nuestra, haber metido a una mujer de tan mala suerte en la familia Rojas! Otras tienen cuatro o cinco hijos sin ningún problema, ¡y esta Belén tan delicada! Tuvo un solo parto y nos tuvo en las noticias de todo el país por tres días. ¡Qué vergüenza!Fabián no pareció prestar atención a las quejas de Mariana sobre Belén. Simplemente explicó: —Tener un hijo es un riesgo enorme. Belén ya pasó por eso una vez, tiene la capacidad de soportar la presión, pero Frida todavía es joven. No tengo el valor de someterla a un riesgo así.Desde la puerta, las palabras de Fabián golpearon a Belén como un rayo. Se quedó paralizada, sin poder llorar.A pesar de saber que Fabián no la amaba, que la había traicionado, que no debían seguir juntos, Belén había sido lo suficientemente ingenua como para pensar que un hijo podría atarlo a ella.Creía que, sin importar cuánto jugara Fabián por fuera, el título de señora Rojas siempre sería suyo.Pero la verdad era mucho más cruel de lo que había imaginado.Para Fabián, ella no era más que una incubadora.Pero él había olvidado que, después de dar a luz a Cecilia, ella había sufrido una fuerte depresión y hematofobia.Había sido rescatada por los médicos del borde de la muerte.Fabián temía que a Frida Arrieta le pasara algo, pero se olvidaba de que el cuerpo de Belén corría un peligro aún mayor.Belén ya no pudo oír con claridad lo que su esposo y su suegra decían dentro de la casa.Ella arriesgaba su vida para darle un heredero a la familia Rojas, solo para pasar las noches en una cama vacía y, para colmo, ser engañada.Apretó con fuerza la prueba de embarazo. Ya era hora de ponerle fin a todo.Hoy se suponía que era el día mensual para intentar concebir al segundo hijo, pero en ese momento, Belén sintió que ya no tenía ningún sentido.Resultaba que el corazón realmente podía morir en un instante.Y el niño que llevaba en su vientre… supuso que ya no era necesario que naciera.Si a nadie le importaba su vida, al menos ella debía cuidarse a sí misma.Justo cuando iba a darse la vuelta para irse, la empleada, Jimena, la vio: —Señora, ¿ya regresó?Belén le sonrió a Jimena. Pensó que sería mejor zanjar el asunto del divorcio hoy mismo.Belén ocultó la prueba de embarazo y entró a la sala. La conversación entre Mariana y Fabián cesó de inmediato.Cambiando por completo su actitud habitual, Belén ni siquiera los saludó.Antes, en su ingenuidad, pensaba que si atendía bien a sus suegros y se esforzaba por ser una esposa comprensiva y atenta, algún día su esposo se fijaría en ella.Pero la realidad le había dado una bofetada.Aunque se sacara el corazón y se lo ofreciera en bandeja a la familia Rojas, era poco probable que ellos le dedicaran siquiera una mirada.Cinco años de entrega unilateral. Era hora de recuperarlo todo.Fabián sabía perfectamente a qué había vuelto, así que miró a Jimena y le ordenó: —Jimena, acompaña a la señora a la puerta.Durante todo este tiempo, Belén permaneció de pie a un lado sin decir una palabra, pero una extraña frialdad había aparecido en su mirada.Fabián estaba al frente del negocio familiar de los Rojas y lo manejaba admirablemente. Tenía buen carácter: era respetuoso y amable con sus mayores, leal y justo con sus amigos, claro y equitativo con sus subordinados, y atento con sus empleados.Todos los que lo conocían tenían una opinión unánimemente positiva sobre él. Muchos amigos en común decían que, para haberse casado con Fabián, Belén debía de haber salvado la galaxia en una vida pasada.Pero la bondad de Fabián no se extendía a Belén.Cinco años de matrimonio, y solo ella sabía lo que había vivido. Belén ya no quería seguir en esa relación vacía.Al pasar junto a Belén, Mariana se detuvo de repente y, con un tono recriminatorio, le dijo: —Si no puedes tener un hijo varón, a ver con qué cara te presentas ante los ancestros de la familia Rojas.En otra época, Belén se habría quedado callada y lo habría soportado.Pero ahora, sentía que ya no había necesidad de aguantar más.Miró a Mariana, y en sus ojos ya no había sumisión ni halagos. Con una agudeza inesperada, le respondió: —Suegra, tanto usted como yo somos mujeres. ¿Acaso tener un niño o una niña es responsabilidad solo mía?En la memoria de Mariana, Belén siempre había sido dócil y sumisa. Creía tener a su nuera completamente dominada, pero no esperaba que hoy se mostrara tan diferente.Sin embargo, Mariana no era de las que se dejaban intimidar. Levantó la mano y le dio una bofetada sin contemplaciones. —¡¿Así es como le hablas a tus mayores?! ¡Híncate y discúlpate!Su expresión era tan feroz que parecía que iba a comérsela. Estaba convencida de que su autoridad intimidaría a Belén.Mariana sabía perfectamente lo mucho que Belén amaba a Fabián.Por él, Belén era capaz de renunciar a su dignidad, a su orgullo, incluso de arrastrarse como un perro ante la familia Rojas.Pero ahora, ella ya no estaba dispuesta a humillarse.Si a ellos no les importaba ni su esfuerzo ni su vida, entonces ella tampoco iba a seguirles el juego.La mirada de Belén se ensombreció. Sin decir nada, avanzó dispuesta a devolverle el golpe.Pero antes de que su mano pudiera alcanzar el rostro de Mariana, una mano grande la detuvo en el aire.Al mismo tiempo, una voz grave y autoritaria resonó a su lado: —¡Belén! ¡¿Ya fue suficiente, no?!Belén levantó la vista. El rostro apuesto y varonil de Fabián apareció ante sus ojos. Su mirada, fría y penetrante, se clavó en ella como un puñal.Antes, ese rostro la habría vuelto loca, pero al mirarlo ahora, sintió un ligero atisbo de asco."¿Cómo puede una persona ser tan cruel?", pensó.El desamor, la infidelidad, la indiferencia… todo eso podía pasarlo por alto. Pero, ¿cómo podía ser tan malvado como para usarla como un simple instrumento de procreación?Y encima, ignorando el riesgo que corría por la embolia de líquido amniótico que sufrió en el primer parto, insistía en tener un segundo hijo. ¿Acaso no era eso sentenciarla a muerte?Al pensar en todo esto, Belén sintió una oleada de náuseas.Justo cuando iba a decir algo, Fabián la apartó bruscamente, soltando su mano con fuerza. Con voz grave, dijo: —Hoy no estoy de humor. Lo del segundo hijo lo dejamos para el mes que viene.Dicho esto, tomó a Mariana del brazo y se dirigió hacia la salida.Mariana se giró y le lanzó a Belén una mirada triunfante, como si dijera: «El hijo que parí, obviamente, está de mi lado. Tú no eres más que una extraña. ¿Acaso no te das cuenta de cuál es tu lugar?».Capítulo 2Belén Soler regresó a la Vivienda Vista Clara a las diez de la noche.Hoy era día quince, su día de ovulación.Su primera hija había sido una niña, y sus suegros no dejaban de presionarla para que tuvieran otro.Si se tratara de cualquier otra persona, de una forma u otra habría preguntado si es que acaso tenían un trono que heredar.Pero los Rojas eran la familia más rica de Páramo Alto; en su casa sí que había una fortuna de miles de millones esperando a un heredero varón.Al llegar a la recámara, Fabián Rojas ya se había aseado.Sin una sola palabra de cariño, fueron directo al grano.Tres minutos después, Fabián fue al baño a lavarse.Poco después, Fabián salió del baño. Mientras se vestía dándole la espalda a Belén, dijo: —Hazte las pruebas a tiempo. Llámame en cuanto te dé positivo.Casados por cinco años, él siempre había sido así de parco con ella.Su matrimonio era una farsa.Fabián tenía una amante. Belén tuvo que rebuscar en todas las redes sociales de Fabián para encontrar una mínima pista, hasta que por fin logró identificar la cuenta de aquella mujer.Desde entonces, la espiaba en secreto.Resultaba que la única manera de saber algo sobre el paradero de su esposo era a través de la mujer que estaba destruyendo su matrimonio.Aquella mujer publicaba con frecuencia, desde las comidas del día a día hasta las celebraciones de cumpleaños y días festivos.Antes de que comenzara el plan para el segundo hijo, Belén casi nunca veía a Fabián; ahora, se veían una vez al mes.Sabiendo que Fabián estaba apurado por irse, Belén se levantó deprisa y, dirigiéndose a su espalda, le dijo: —Tenemos que hablar.Fabián se giró para mirarla y, con una expresión imperturbable, preguntó: —¿De qué?Belén bajó la voz y, en un tono casi suplicante, dijo: —Quiero que lo nuestro funcione.A pesar de saber que no tenía sentido seguir con ese matrimonio, Belén todavía quería intentarlo.¿Y si funcionaba?Le había costado tanto casarse con el hombre que amaba y ya tenían una hija; no quería que su matrimonio terminara en un fracaso.Pero sus palabras cayeron en saco roto. No supo si Fabián de verdad no la había escuchado o si simplemente fingió no hacerlo.Se terminó de vestir, se puso el reloj y salió.Belén se levantó de la cama de un salto, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, no se abalanzó sobre él para abrazarlo y suplicarle que se quedara a hacerle compañía.Justo un segundo antes de que Fabián se marchara del todo, Belén se derrumbó y lo cuestionó: —¡Fabián, vienes a la Vivienda Vista Clara una vez al mes, ni siquiera eres capaz de llamarme por iniciativa propia, no hemos compartido ni una sola comida juntos! Estamos completamente distanciados. ¿Qué clase de matrimonio es este?Fabián se detuvo. Tras una larga pausa, se giró para mirar a Belén. Ignoró sus lágrimas, ignoró su dolor, y se limitó a decirle: —Cuando quedes embarazada de un niño, volveré a vivir a la Vivienda Vista Clara.Dicho esto, se fue sin dudarlo un instante.Belén se quedó inmóvil, sin salir tras él.Ocho años de amor, cinco de matrimonio. Lo había dado todo. Incluso al dar a luz a su hija, sufrió una embolia de líquido amniótico y los médicos la declararon en estado crítico tres veces.Y a pesar de todo, estaba dispuesta a arriesgarse a rozar la muerte una vez más con tal de intentar tener un segundo hijo, un varón.Pero en ese instante, de repente, se sintió perdida. ¿Valía la pena? ¿O no?Al salir de la ducha, Belén, por costumbre, tomó su celular, entró a una de sus aplicaciones de video y buscó en la sección de «personas vistas con frecuencia». Solo había una cuenta, con la foto de perfil de una chica de aspecto dulce y el nombre de usuario «Frida».Entró al perfil y descubrió un video nuevo, publicado hacía dos minutos. El video solo mostraba la foto de la sombra de dos personas bajo un farol, pero en la esquina inferior derecha se alcanzaba a ver, como por descuido, unas manos con los dedos entrelazados que llevaban pulseras de pareja.El texto que acompañaba al video decía: «Bajo el farol hay dos sombras: una es la mía, y la otra… también».Al ver aquello, Belén sintió una opresión en el pecho, pero su reacción actual, en comparación con el cataclismo que sintió al principio, podía considerarse serena.O quizás, ya se había acostumbrado.Cada vez que se veían, la prisa de Fabián era para poder ir a ver a la otra mujer cuanto antes.Pero, pensándolo fríamente, mientras Fabián estuviera dispuesto a que fuera ella quien diera a luz al niño que heredaría el negocio familiar, nadie podría arrebatarle su puesto como la señora Rojas.Solo que el trago amargo de aquel matrimonio a medias, tendría que pasárselo ella sola.Un mes después.A las siete de la tarde, Belén, con el resultado positivo de la prueba de embarazo recién salido en la mano, se apresuró a regresar a la Vivienda Vista Clara.Justo cuando estaba a punto de entrar a la sala, escuchó la voz de su suegra, Mariana: —Fabián, ya tienes treinta y dos años. Llevas cinco años casado, y que tuvieras una niña la primera vez, pase. ¿Pero el segundo embarazo? Lo tratas con una indiferencia que no entiendo. ¿Viniendo a casa una vez al mes? ¿Cómo esperas que Belén se quede embarazada así? Si de verdad no te funciona, deja que la mujer que tienes por fuera te dé un hijo. Con que sea varón, con que sea de la sangre de los Rojas, yo, Mariana, lo reconoceré.La respuesta de Fabián fue casi inmediata, rechazando la propuesta de su madre: —¡No es lo mismo!Mariana, conteniendo su enojo, replicó: —¿Y por qué no?Belén retrocedió un paso, quedándose a un lado. El hecho de que Fabián la defendiera le provocó una pequeña punzada en el corazón.Era cierto. Por mucho que Fabián se divirtiera fuera, su esposa era solo ella.Pronto, la voz de Fabián volvió a sonar: —Mamá, ¿acaso olvidaste que Belén sufrió una embolia de líquido amniótico cuando nació Cecilia?Al oír esto, Mariana se enfureció aún más: —¡Todavía tienes el descaro de mencionarlo! ¡Qué mala pata la nuestra, haber metido a una mujer de tan mala suerte en la familia Rojas! Otras tienen cuatro o cinco hijos sin ningún problema, ¡y esta Belén tan delicada! Tuvo un solo parto y nos tuvo en las noticias de todo el país por tres días. ¡Qué vergüenza!Fabián no pareció prestar atención a las quejas de Mariana sobre Belén. Simplemente explicó: —Tener un hijo es un riesgo enorme. Belén ya pasó por eso una vez, tiene la capacidad de soportar la presión, pero Frida todavía es joven. No tengo el valor de someterla a un riesgo así.Desde la puerta, las palabras de Fabián golpearon a Belén como un rayo. Se quedó paralizada, sin poder llorar.A pesar de saber que Fabián no la amaba, que la había traicionado, que no debían seguir juntos, Belén había sido lo suficientemente ingenua como para pensar que un hijo podría atarlo a ella.Creía que, sin importar cuánto jugara Fabián por fuera, el título de señora Rojas siempre sería suyo.Pero la verdad era mucho más cruel de lo que había imaginado.Para Fabián, ella no era más que una incubadora.Pero él había olvidado que, después de dar a luz a Cecilia, ella había sufrido una fuerte depresión y hematofobia.Había sido rescatada por los médicos del borde de la muerte.Fabián temía que a Frida Arrieta le pasara algo, pero se olvidaba de que el cuerpo de Belén corría un peligro aún mayor.Belén ya no pudo oír con claridad lo que su esposo y su suegra decían dentro de la casa.Ella arriesgaba su vida para darle un heredero a la familia Rojas, solo para pasar las noches en una cama vacía y, para colmo, ser engañada.Apretó con fuerza la prueba de embarazo. Ya era hora de ponerle fin a todo.Hoy se suponía que era el día mensual para intentar concebir al segundo hijo, pero en ese momento, Belén sintió que ya no tenía ningún sentido.Resultaba que el corazón realmente podía morir en un instante.Y el niño que llevaba en su vientre… supuso que ya no era necesario que naciera.Si a nadie le importaba su vida, al menos ella debía cuidarse a sí misma.Justo cuando iba a darse la vuelta para irse, la empleada, Jimena, la vio: —Señora, ¿ya regresó?Belén le sonrió a Jimena. Pensó que sería mejor zanjar el asunto del divorcio hoy mismo.Belén ocultó la prueba de embarazo y entró a la sala. La conversación entre Mariana y Fabián cesó de inmediato.Cambiando por completo su actitud habitual, Belén ni siquiera los saludó.Antes, en su ingenuidad, pensaba que si atendía bien a sus suegros y se esforzaba por ser una esposa comprensiva y atenta, algún día su esposo se fijaría en ella.Pero la realidad le había dado una bofetada.Aunque se sacara el corazón y se lo ofreciera en bandeja a la familia Rojas, era poco probable que ellos le dedicaran siquiera una mirada.Cinco años de entrega unilateral. Era hora de recuperarlo todo.Fabián sabía perfectamente a qué había vuelto, así que miró a Jimena y le ordenó: —Jimena, acompaña a la señora a la puerta.Durante todo este tiempo, Belén permaneció de pie a un lado sin decir una palabra, pero una extraña frialdad había aparecido en su mirada.Fabián estaba al frente del negocio familiar de los Rojas y lo manejaba admirablemente. Tenía buen carácter: era respetuoso y amable con sus mayores, leal y justo con sus amigos, claro y equitativo con sus subordinados, y atento con sus empleados.Todos los que lo conocían tenían una opinión unánimemente positiva sobre él. Muchos amigos en común decían que, para haberse casado con Fabián, Belén debía de haber salvado la galaxia en una vida pasada.Pero la bondad de Fabián no se extendía a Belén.Cinco años de matrimonio, y solo ella sabía lo que había vivido. Belén ya no quería seguir en esa relación vacía.Al pasar junto a Belén, Mariana se detuvo de repente y, con un tono recriminatorio, le dijo: —Si no puedes tener un hijo varón, a ver con qué cara te presentas ante los ancestros de la familia Rojas.En otra época, Belén se habría quedado callada y lo habría soportado.Pero ahora, sentía que ya no había necesidad de aguantar más.Miró a Mariana, y en sus ojos ya no había sumisión ni halagos. Con una agudeza inesperada, le respondió: —Suegra, tanto usted como yo somos mujeres. ¿Acaso tener un niño o una niña es responsabilidad solo mía?En la memoria de Mariana, Belén siempre había sido dócil y sumisa. Creía tener a su nuera completamente dominada, pero no esperaba que hoy se mostrara tan diferente.Sin embargo, Mariana no era de las que se dejaban intimidar. Levantó la mano y le dio una bofetada sin contemplaciones. —¡¿Así es como le hablas a tus mayores?! ¡Híncate y discúlpate!Su expresión era tan feroz que parecía que iba a comérsela. Estaba convencida de que su autoridad intimidaría a Belén.Mariana sabía perfectamente lo mucho que Belén amaba a Fabián.Por él, Belén era capaz de renunciar a su dignidad, a su orgullo, incluso de arrastrarse como un perro ante la familia Rojas.Pero ahora, ella ya no estaba dispuesta a humillarse.Si a ellos no les importaba ni su esfuerzo ni su vida, entonces ella tampoco iba a seguirles el juego.La mirada de Belén se ensombreció. Sin decir nada, avanzó dispuesta a devolverle el golpe.Pero antes de que su mano pudiera alcanzar el rostro de Mariana, una mano grande la detuvo en el aire.Al mismo tiempo, una voz grave y autoritaria resonó a su lado: —¡Belén! ¡¿Ya fue suficiente, no?!Belén levantó la vista. El rostro apuesto y varonil de Fabián apareció ante sus ojos. Su mirada, fría y penetrante, se clavó en ella como un puñal.Antes, ese rostro la habría vuelto loca, pero al mirarlo ahora, sintió un ligero atisbo de asco."¿Cómo puede una persona ser tan cruel?", pensó.El desamor, la infidelidad, la indiferencia… todo eso podía pasarlo por alto. Pero, ¿cómo podía ser tan malvado como para usarla como un simple instrumento de procreación?Y encima, ignorando el riesgo que corría por la embolia de líquido amniótico que sufrió en el primer parto, insistía en tener un segundo hijo. ¿Acaso no era eso sentenciarla a muerte?Al pensar en todo esto, Belén sintió una oleada de náuseas.Justo cuando iba a decir algo, Fabián la apartó bruscamente, soltando su mano con fuerza. Con voz grave, dijo: —Hoy no estoy de humor. Lo del segundo hijo lo dejamos para el mes que viene.Dicho esto, tomó a Mariana del brazo y se dirigió hacia la salida.Mariana se giró y le lanzó a Belén una mirada triunfante, como si dijera: «El hijo que parí, obviamente, está de mi lado. Tú no eres más que una extraña. ¿Acaso no te das cuenta de cuál es tu lugar?».Capítulo 3Belén Soler regresó a la Vivienda Vista Clara a las diez de la noche.Hoy era día quince, su día de ovulación.Su primera hija había sido una niña, y sus suegros no dejaban de presionarla para que tuvieran otro.Si se tratara de cualquier otra persona, de una forma u otra habría preguntado si es que acaso tenían un trono que heredar.Pero los Rojas eran la familia más rica de Páramo Alto; en su casa sí que había una fortuna de miles de millones esperando a un heredero varón.Al llegar a la recámara, Fabián Rojas ya se había aseado.Sin una sola palabra de cariño, fueron directo al grano.Tres minutos después, Fabián fue al baño a lavarse.Poco después, Fabián salió del baño. Mientras se vestía dándole la espalda a Belén, dijo: —Hazte las pruebas a tiempo. Llámame en cuanto te dé positivo.Casados por cinco años, él siempre había sido así de parco con ella.Su matrimonio era una farsa.Fabián tenía una amante. Belén tuvo que rebuscar en todas las redes sociales de Fabián para encontrar una mínima pista, hasta que por fin logró identificar la cuenta de aquella mujer.Desde entonces, la espiaba en secreto.Resultaba que la única manera de saber algo sobre el paradero de su esposo era a través de la mujer que estaba destruyendo su matrimonio.Aquella mujer publicaba con frecuencia, desde las comidas del día a día hasta las celebraciones de cumpleaños y días festivos.Antes de que comenzara el plan para el segundo hijo, Belén casi nunca veía a Fabián; ahora, se veían una vez al mes.Sabiendo que Fabián estaba apurado por irse, Belén se levantó deprisa y, dirigiéndose a su espalda, le dijo: —Tenemos que hablar.Fabián se giró para mirarla y, con una expresión imperturbable, preguntó: —¿De qué?Belén bajó la voz y, en un tono casi suplicante, dijo: —Quiero que lo nuestro funcione.A pesar de saber que no tenía sentido seguir con ese matrimonio, Belén todavía quería intentarlo.¿Y si funcionaba?Le había costado tanto casarse con el hombre que amaba y ya tenían una hija; no quería que su matrimonio terminara en un fracaso.Pero sus palabras cayeron en saco roto. No supo si Fabián de verdad no la había escuchado o si simplemente fingió no hacerlo.Se terminó de vestir, se puso el reloj y salió.Belén se levantó de la cama de un salto, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, no se abalanzó sobre él para abrazarlo y suplicarle que se quedara a hacerle compañía.Justo un segundo antes de que Fabián se marchara del todo, Belén se derrumbó y lo cuestionó: —¡Fabián, vienes a la Vivienda Vista Clara una vez al mes, ni siquiera eres capaz de llamarme por iniciativa propia, no hemos compartido ni una sola comida juntos! Estamos completamente distanciados. ¿Qué clase de matrimonio es este?Fabián se detuvo. Tras una larga pausa, se giró para mirar a Belén. Ignoró sus lágrimas, ignoró su dolor, y se limitó a decirle: —Cuando quedes embarazada de un niño, volveré a vivir a la Vivienda Vista Clara.Dicho esto, se fue sin dudarlo un instante.Belén se quedó inmóvil, sin salir tras él.Ocho años de amor, cinco de matrimonio. Lo había dado todo. Incluso al dar a luz a su hija, sufrió una embolia de líquido amniótico y los médicos la declararon en estado crítico tres veces.Y a pesar de todo, estaba dispuesta a arriesgarse a rozar la muerte una vez más con tal de intentar tener un segundo hijo, un varón.Pero en ese instante, de repente, se sintió perdida. ¿Valía la pena? ¿O no?Al salir de la ducha, Belén, por costumbre, tomó su celular, entró a una de sus aplicaciones de video y buscó en la sección de «personas vistas con frecuencia». Solo había una cuenta, con la foto de perfil de una chica de aspecto dulce y el nombre de usuario «Frida».Entró al perfil y descubrió un video nuevo, publicado hacía dos minutos. El video solo mostraba la foto de la sombra de dos personas bajo un farol, pero en la esquina inferior derecha se alcanzaba a ver, como por descuido, unas manos con los dedos entrelazados que llevaban pulseras de pareja.El texto que acompañaba al video decía: «Bajo el farol hay dos sombras: una es la mía, y la otra… también».Al ver aquello, Belén sintió una opresión en el pecho, pero su reacción actual, en comparación con el cataclismo que sintió al principio, podía considerarse serena.O quizás, ya se había acostumbrado.Cada vez que se veían, la prisa de Fabián era para poder ir a ver a la otra mujer cuanto antes.Pero, pensándolo fríamente, mientras Fabián estuviera dispuesto a que fuera ella quien diera a luz al niño que heredaría el negocio familiar, nadie podría arrebatarle su puesto como la señora Rojas.Solo que el trago amargo de aquel matrimonio a medias, tendría que pasárselo ella sola.Un mes después.A las siete de la tarde, Belén, con el resultado positivo de la prueba de embarazo recién salido en la mano, se apresuró a regresar a la Vivienda Vista Clara.Justo cuando estaba a punto de entrar a la sala, escuchó la voz de su suegra, Mariana: —Fabián, ya tienes treinta y dos años. Llevas cinco años casado, y que tuvieras una niña la primera vez, pase. ¿Pero el segundo embarazo? Lo tratas con una indiferencia que no entiendo. ¿Viniendo a casa una vez al mes? ¿Cómo esperas que Belén se quede embarazada así? Si de verdad no te funciona, deja que la mujer que tienes por fuera te dé un hijo. Con que sea varón, con que sea de la sangre de los Rojas, yo, Mariana, lo reconoceré.La respuesta de Fabián fue casi inmediata, rechazando la propuesta de su madre: —¡No es lo mismo!Mariana, conteniendo su enojo, replicó: —¿Y por qué no?Belén retrocedió un paso, quedándose a un lado. El hecho de que Fabián la defendiera le provocó una pequeña punzada en el corazón.Era cierto. Por mucho que Fabián se divirtiera fuera, su esposa era solo ella.Pronto, la voz de Fabián volvió a sonar: —Mamá, ¿acaso olvidaste que Belén sufrió una embolia de líquido amniótico cuando nació Cecilia?Al oír esto, Mariana se enfureció aún más: —¡Todavía tienes el descaro de mencionarlo! ¡Qué mala pata la nuestra, haber metido a una mujer de tan mala suerte en la familia Rojas! Otras tienen cuatro o cinco hijos sin ningún problema, ¡y esta Belén tan delicada! Tuvo un solo parto y nos tuvo en las noticias de todo el país por tres días. ¡Qué vergüenza!Fabián no pareció prestar atención a las quejas de Mariana sobre Belén. Simplemente explicó: —Tener un hijo es un riesgo enorme. Belén ya pasó por eso una vez, tiene la capacidad de soportar la presión, pero Frida todavía es joven. No tengo el valor de someterla a un riesgo así.Desde la puerta, las palabras de Fabián golpearon a Belén como un rayo. Se quedó paralizada, sin poder llorar.A pesar de saber que Fabián no la amaba, que la había traicionado, que no debían seguir juntos, Belén había sido lo suficientemente ingenua como para pensar que un hijo podría atarlo a ella.Creía que, sin importar cuánto jugara Fabián por fuera, el título de señora Rojas siempre sería suyo.Pero la verdad era mucho más cruel de lo que había imaginado.Para Fabián, ella no era más que una incubadora.Pero él había olvidado que, después de dar a luz a Cecilia, ella había sufrido una fuerte depresión y hematofobia.Había sido rescatada por los médicos del borde de la muerte.Fabián temía que a Frida Arrieta le pasara algo, pero se olvidaba de que el cuerpo de Belén corría un peligro aún mayor.Belén ya no pudo oír con claridad lo que su esposo y su suegra decían dentro de la casa.Ella arriesgaba su vida para darle un heredero a la familia Rojas, solo para pasar las noches en una cama vacía y, para colmo, ser engañada.Apretó con fuerza la prueba de embarazo. Ya era hora de ponerle fin a todo.Hoy se suponía que era el día mensual para intentar concebir al segundo hijo, pero en ese momento, Belén sintió que ya no tenía ningún sentido.Resultaba que el corazón realmente podía morir en un instante.Y el niño que llevaba en su vientre… supuso que ya no era necesario que naciera.Si a nadie le importaba su vida, al menos ella debía cuidarse a sí misma.Justo cuando iba a darse la vuelta para irse, la empleada, Jimena, la vio: —Señora, ¿ya regresó?Belén le sonrió a Jimena. Pensó que sería mejor zanjar el asunto del divorcio hoy mismo.Belén ocultó la prueba de embarazo y entró a la sala. La conversación entre Mariana y Fabián cesó de inmediato.Cambiando por completo su actitud habitual, Belén ni siquiera los saludó.Antes, en su ingenuidad, pensaba que si atendía bien a sus suegros y se esforzaba por ser una esposa comprensiva y atenta, algún día su esposo se fijaría en ella.Pero la realidad le había dado una bofetada.Aunque se sacara el corazón y se lo ofreciera en bandeja a la familia Rojas, era poco probable que ellos le dedicaran siquiera una mirada.Cinco años de entrega unilateral. Era hora de recuperarlo todo.Fabián sabía perfectamente a qué había vuelto, así que miró a Jimena y le ordenó: —Jimena, acompaña a la señora a la puerta.Durante todo este tiempo, Belén permaneció de pie a un lado sin decir una palabra, pero una extraña frialdad había aparecido en su mirada.Fabián estaba al frente del negocio familiar de los Rojas y lo manejaba admirablemente. Tenía buen carácter: era respetuoso y amable con sus mayores, leal y justo con sus amigos, claro y equitativo con sus subordinados, y atento con sus empleados.Todos los que lo conocían tenían una opinión unánimemente positiva sobre él. Muchos amigos en común decían que, para haberse casado con Fabián, Belén debía de haber salvado la galaxia en una vida pasada.Pero la bondad de Fabián no se extendía a Belén.Cinco años de matrimonio, y solo ella sabía lo que había vivido. Belén ya no quería seguir en esa relación vacía.Al pasar junto a Belén, Mariana se detuvo de repente y, con un tono recriminatorio, le dijo: —Si no puedes tener un hijo varón, a ver con qué cara te presentas ante los ancestros de la familia Rojas.En otra época, Belén se habría quedado callada y lo habría soportado.Pero ahora, sentía que ya no había necesidad de aguantar más.Miró a Mariana, y en sus ojos ya no había sumisión ni halagos. Con una agudeza inesperada, le respondió: —Suegra, tanto usted como yo somos mujeres. ¿Acaso tener un niño o una niña es responsabilidad solo mía?En la memoria de Mariana, Belén siempre había sido dócil y sumisa. Creía tener a su nuera completamente dominada, pero no esperaba que hoy se mostrara tan diferente.Sin embargo, Mariana no era de las que se dejaban intimidar. Levantó la mano y le dio una bofetada sin contemplaciones. —¡¿Así es como le hablas a tus mayores?! ¡Híncate y discúlpate!Su expresión era tan feroz que parecía que iba a comérsela. Estaba convencida de que su autoridad intimidaría a Belén.Mariana sabía perfectamente lo mucho que Belén amaba a Fabián.Por él, Belén era capaz de renunciar a su dignidad, a su orgullo, incluso de arrastrarse como un perro ante la familia Rojas.Pero ahora, ella ya no estaba dispuesta a humillarse.Si a ellos no les importaba ni su esfuerzo ni su vida, entonces ella tampoco iba a seguirles el juego.La mirada de Belén se ensombreció. Sin decir nada, avanzó dispuesta a devolverle el golpe.Pero antes de que su mano pudiera alcanzar el rostro de Mariana, una mano grande la detuvo en el aire.Al mismo tiempo, una voz grave y autoritaria resonó a su lado: —¡Belén! ¡¿Ya fue suficiente, no?!Belén levantó la vista. El rostro apuesto y varonil de Fabián apareció ante sus ojos. Su mirada, fría y penetrante, se clavó en ella como un puñal.Antes, ese rostro la habría vuelto loca, pero al mirarlo ahora, sintió un ligero atisbo de asco."¿Cómo puede una persona ser tan cruel?", pensó.El desamor, la infidelidad, la indiferencia… todo eso podía pasarlo por alto. Pero, ¿cómo podía ser tan malvado como para usarla como un simple instrumento de procreación?Y encima, ignorando el riesgo que corría por la embolia de líquido amniótico que sufrió en el primer parto, insistía en tener un segundo hijo. ¿Acaso no era eso sentenciarla a muerte?Al pensar en todo esto, Belén sintió una oleada de náuseas.Justo cuando iba a decir algo, Fabián la apartó bruscamente, soltando su mano con fuerza. Con voz grave, dijo: —Hoy no estoy de humor. Lo del segundo hijo lo dejamos para el mes que viene.Dicho esto, tomó a Mariana del brazo y se dirigió hacia la salida.Mariana se giró y le lanzó a Belén una mirada triunfante, como si dijera: «El hijo que parí, obviamente, está de mi lado. Tú no eres más que una extraña. ¿Acaso no te das cuenta de cuál es tu lugar?».

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