En una cálida reunión familiar, Sabrina Molina pensó que estaba tomando la decisión correcta al casarse con su amor de infancia, Camilo Guerrero. Sin embargo, la noche de bodas se convirtió en una pesadilla cuando Camilo la traicionó permitiendo que sus compinches tomaran su lugar y grabaran la humillación. Sabrina, buscando justicia, fue cruelmente llevada por su suegra a una vida de penurias en un barrio marginal. Casi al borde de la muerte tras un accidente automovilístico, Camilo ni siquiera tuvo la decencia de llevarla al hospital y le dijo como si nada: "Así pagas por lo de Tania. Si no te hubieras aferrado a mí, ella seguiría viva". En su momento más oscuro, Sabrina vio con asombro a un hombre cuya presencia imponía respeto, acercándose con infinita tristeza. Al recibir una segunda oportunidad, Sabrina regresó a aquel fatídico momento en la reunión familiar y, esta vez, eligió sin vacilar a Ignacio Guerrero, un hombre en coma, como su esposo. Frente a las burlas de Tania, quien decía: "¿Te gusta la vida de viuda mientras Cami sigue brillando?", Sabrina sonreía sin miedo. Seis meses más tarde, Ignacio despertó, dejando sin palabras a toda la familia Guerrero. Aunque algunos murmuraban: "Ya no sirve para nada después de tanto tiempo", Sabrina sorprendió a todos con una noticia: estaba embarazada.

Capítulo 1—Sabri, dime cuál de mis nietos te gusta y haré que se case contigo.La voz profunda del patriarca, Felipe Guerrero, resonó en la sala. Su rostro, marcado por los años, mostraba una expresión afable, y sus ojos turbios miraban a Sabrina Molina con un cariño teñido de culpa.Sabrina estaba aturdida, con la mirada perdida en los presentes. Todos eran rostros familiares, solo que se veían mucho más jóvenes, más lozanos.Una sacudida la estremeció. ¿Acaso había… renacido?Una oleada de inmensa alegría la recorrió de pies a cabeza.Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había vuelto justo a la noche de la cena que Felipe había organizado en su honor. En ese entonces, ella solo tenía veintitrés años.El recuerdo de su vida anterior ensombreció su ánimo. Un nudo amargo se le formó en la garganta y sintió el corazón oprimido, como si una roca le aplastara el pecho.No pudo articular palabra.Felipe supuso que solo estaba nerviosa y sonrió.—Habla sin miedo. En la familia Guerrero, nadie se atreve a desobedecerme.Él y el abuelo de Sabrina habían sido grandes amigos y se habían prometido unir a sus familias. Aunque de los Molina solo quedaba ella, la promesa debía cumplirse.Sabrina esbozó una sonrisa amarga. Precisamente por la autoridad de Felipe, nadie se había atrevido a contradecirlo, y eso la había conducido a una muerte miserable en su vida pasada.Paseó la mirada por los presentes y la detuvo en Camilo Guerrero, ¡el nieto mayor de la familia Guerrero! Sus ojos se afilaron como cuchillos y apretó los puños a los costados.Camilo le sostuvo la mirada, con el rostro sombrío y los ojos centelleantes. Emanaba un aura gélida y amenazante, como si le advirtiera que, si se atrevía a pronunciar su nombre, estaría acabada.—Sabri, ¿qué te parece Camilo? —preguntó Felipe con una sonrisa.Al oír su nombre, Camilo se tensó. Un destello de furia cruzó por sus ojos y sus manos, apoyadas en los muslos, se crisparon.Abrió la boca, a punto de protestar.Pero antes de que pudiera negarse, Sabrina se le adelantó.—Aunque Camilo y yo crecimos juntos, entre nosotros solo hay un cariño de hermanos.En su vida anterior, Felipe le había hecho la misma pregunta. En ese entonces, ella estaba enamorada de Camilo, así que aceptó en cuanto él lo propuso.Camilo tampoco se había negado, y ella, en su ingenuidad, creyó que él también la quería.Pero la noche de bodas le asestó un golpe mortal. Incluso ahora, al recordar aquella noche, un escalofrío le recorría el cuerpo.Camilo había enviado a su sinvergüenza amigo, Germán Vargas, para que tomara su lugar. Grabaron todo en video desde todos los ángulos para amenazarla y obligarla a guardar silencio.Bajo las amenazas de Camilo y Germán, soportó la peor de las humillaciones.Tiempo después, tuvo un accidente de carro. Mientras agonizaba, escuchó a Camilo decir: «Es mejor que muera, así le paga a Tania lo que le hizo. Si no me hubiera obligado a casarme con ella, Tania no se habría suicidado».¿Pero cuándo lo había obligado ella? Felipe le había preguntado directamente, y él pudo haberse negado, pero eligió no hacerlo.Su propia cobardía, su deseo de complacer a su abuelo, la convirtió a ella en el sacrificio.—Entonces, ¿con quién quieres casarte? —preguntó Felipe, mirando a sus otros dos nietos, Mauricio y Leandro Guerrero.Uno era una estrella en ascenso en el mundo del espectáculo y el otro, un piloto de carreras.No estaban mal, pero en apariencia y capacidad, Camilo los superaba a ambos.Sabrina recompuso su expresión. Sabía perfectamente que aquella cena era el modo en que Felipe cumplía la promesa hecha a su abuelo. Si no elegía a alguien, él no la dejaría en paz.—Quiero casarme con Ignacio.Al oírla, todos los presentes la miraron boquiabiertos. Un murmullo de sorpresa recorrió la mesa. Incluso Camilo frunció el ceño, lanzándole una mirada cargada de sospecha.—¡Qué locura! —exclamó Felipe, con las cejas canas fruncidas—. El matrimonio no es un juego de niños, Sabri. Tú conoces la situación de Ignacio.***Ignacio Guerrero era el hijo menor de Felipe, un hombre de métodos tan implacables que hasta su propio padre le temía.Con apenas treinta años, era la cabeza del Grupo Guerrero, pero tres meses atrás había sufrido un atentado y no había despertado desde entonces. Los médicos lo habían declarado en estado vegetativo, sin posibilidad alguna de recuperarse.Por supuesto que Sabrina conocía la situación de Ignacio. También sabía que, en seis meses, despertaría para reclamar lo que era suyo, desatando una tormenta sangrienta en la familia Guerrero.Sabía que el matrimonio no era un juego, pero en su corazón estaba segura de que, en un lugar como la mansión Guerrero, donde se comían a la gente viva, Ignacio era su mejor opción. Era el único que de verdad se había preocupado por ella.En su vida anterior, al borde de la muerte, vio con sus propios ojos cómo Ignacio, aquel hombre que el mundo consideraba un demonio de hielo, la abrazaba y lloraba desconsoladamente, confesándole todo.Fue entonces cuando descubrió que la persona que la había protegido y ayudado en secreto desde niña había sido siempre Ignacio. Ella, por error, había creído que todo era obra de Camilo.Ese malentendido la llevó a idealizar a Camilo, y poco a poco, su corazón se desvió.Pero por suerte, el destino le había dado una segunda oportunidad para compensar a Ignacio y hacer que aquellos que la habían atormentado pagaran por sus actos.—Abuelo, para serle sincera, siempre he estado enamorada de Ignacio. Admiro su madurez y su capacidad. De toda la familia Guerrero, es el único con el que quiero casarme.—Sabri, tú… —Felipe se sentía en un aprieto ante la petición de Sabrina.La cena de esa noche era para cumplir la promesa a su mejor amigo, pero Sabrina, ignorando a sus tres excelentes nietos, insistía en casarse con un hombre en estado vegetativo.Si esto se sabía, la gente pensaría que la familia Guerrero la maltrataba.—Si no te gusta Camilo, ¿por qué no consideras a los otros dos? Mauricio y Leandro son buenos muchachos —dijo Felipe, tratando de disuadirla. La reputación de la familia estaba en juego.La segunda y la tercera nuera de los Guerrero, temiendo que Sabrina eligiera a sus hijos, se apresuraron a intervenir.—Suegro, es obvio que a Sabri no le interesa Mauricio. Acaba de decir que le gusta Ignacio.—Así es, Leandro tampoco está a la altura de Sabri. Yo creo que ella e Ignacio hacen una pareja perfecta.Sabrina escuchó las palabras de sus futuras cuñadas con una sonrisa burlona. Qué rápido cambiaba la gente, siempre tan interesada y veleta.Recordaba perfectamente cómo, cuando la familia Molina estaba en su apogeo, ambas se peleaban para que se casara con sus hijos.Pero ahora, una simple huérfana ya no era suficiente para ellos.—Nadie les pidió su opinión —las reprendió Felipe, lanzándoles una mirada de desaprobación.Sabrina suspiró y continuó:—En realidad, tienen razón. La única persona de la familia Guerrero con la que quiero casarme es Ignacio. Si usted no está de acuerdo, abuelo, entonces olvidemos el compromiso.Tras una larga deliberación, Felipe finalmente accedió a la petición de Sabrina. Un suspiro de alivio general se escuchó en la mesa.Solo Camilo pareció ensombrecerse. Le lanzó una mirada indescifrable a Sabrina y, cuando sus ojos se encontraron, él pudo ver en los de ella un odio y una aversión que no comprendió.Frunció el ceño. "¿Acaso está resentida porque no me ofrecí a casarme con ella?", pensó.***Al terminar la cena, los invitados comenzaron a retirarse.Felipe le dijo a Sabrina que al día siguiente enviaría a alguien para registrar su matrimonio con Ignacio y luego se retiró a descansar.La cabeza de Sabrina daba vueltas. Estaba agotada y necesitaba dormir.Subía las escaleras cuando una voz grave la detuvo, cargada de extrañeza y reproche.—Sabes perfectamente que Ignacio nunca va a despertar, ¿por qué insistes en casarte con él?***Sabrina se detuvo y se giró. Miró sin expresión a Camilo, quien fingía preocuparse por ella. Recordando todo lo que le había hecho en su vida anterior, no pudo evitar pensar en lo hipócrita que era.Apretó los puños instintivamente, y una chispa de odio brilló en sus ojos. Con una sonrisa burlona, replicó:—Si no me caso con Ignacio, ¿acaso tú te casarías conmigo?—¡Ja! Ni lo sueñes —respondió Camilo sin dudar. No entendía por qué Sabrina querría casarse con un hombre en coma—. Es como condenarse a ser viuda en vida.—Pues ahí lo tienes. Ya que ninguno de ustedes quiere casarse conmigo, elijo al único que no puede rechazarme.—Un hombre en coma no puede hablar, por supuesto que no te va a rechazar. Pero forzar este matrimonio no te hará feliz.¡Forzar!Esa palabra le trajo a la memoria las expresiones de asco y desprecio con las que Camilo y Germán la habían acusado de haber forzado el matrimonio en su vida pasada.Pero para Ignacio, quizás este sería el mejor regalo que recibiría al despertar.—Mi felicidad no es asunto tuyo —replicó Sabrina, mirando a Camilo con ironía. ¡Ahí estaba él, siempre con su fachada de hermano mayor preocupado! Esa misma actitud fue la que la hizo caer por él en su otra vida.Y pensar que ese mismo hombre era capaz de quitarle la vida en cualquier momento.Camilo frunció el ceño, molesto.—Solo me preocupo por ti.—Pues ahórratelo, no lo necesito.La frialdad de Sabrina irritó a Camilo. Él solo intentaba mostrar interés, y ella actuaba con un desdén insultante."De verdad que no se puede ser bueno", pensó con amargura.—Has cambiado. Ya no eres la de antes.—¿Ah, sí? ¿Y en qué he cambiado? —inquirió Sabrina.¿Será que ya no lo adulaba como antes? ¿O que había sorprendido a todos al rechazar al esposo que Felipe le había elegido?Camilo no sabría explicarlo, pero sentía una extraña hostilidad por parte de ella.De repente, sonó un teléfono. Camilo sacó su celular y su expresión se suavizó al instante, su mirada se llenó de una ternura infinita.—Tania —contestó, con una voz tan melosa que parecía otra persona.¿Tania Soto?El rostro de Sabrina se endureció y una sombra de odio cruzó por sus ojos. Ella era una de las personas que habían contribuido a su tragedia en la vida anterior.Una hija ilegítima, una mujer de métodos ruines, pero que tenía a Camilo completamente loco de amor.Además, en su vida pasada, Tania había muerto al ser empujada desde un edificio como venganza por todas sus fechorías, pero Camilo le había echado toda la culpa a ella.—Cami, sé que te vas a casar con Sabrina. Estoy en la azotea. Necesito verte. Si no vienes, voy a saltar —la voz amenazante de Tania se escuchó a través del teléfono.Los ojos de Camilo se abrieron de par en par.—Tania, no hagas ninguna locura. No acepté la propuesta del abuelo. ¡Ella se va a casar con Ignacio!—No te creo. Tu tío está en coma. Nadie en su sano juicio se casaría con él —dijo Tania, convencida de que era solo una excusa.—Además, acaba de mandarme un mensaje para provocarme. Me dijo que me muriera, que así nadie se interpondría entre ustedes.Al oír eso, Camilo fulminó a Sabrina con la mirada. Así que era ella la que estaba detrás de todo.Sabrina se sobresaltó al ver la mirada asesina de Camilo y frunció el ceño.Estaba lo suficientemente cerca para escuchar la conversación y se preguntó cuándo le había enviado un mensaje a Tania.¡Era una calumnia descarada!—Tania, no hagas tonterías. Voy para allá ahora mismo. No me casaré con nadie que no seas tú.—Cami, sé que solo intentas consolarme. Nuestra relación nunca será aceptada. Aunque la señorita Molina sea huérfana, el señor Guerrero la adora. Sé que terminará casándose contigo.***Capítulo 2—Sabri, dime cuál de mis nietos te gusta y haré que se case contigo.La voz profunda del patriarca, Felipe Guerrero, resonó en la sala. Su rostro, marcado por los años, mostraba una expresión afable, y sus ojos turbios miraban a Sabrina Molina con un cariño teñido de culpa.Sabrina estaba aturdida, con la mirada perdida en los presentes. Todos eran rostros familiares, solo que se veían mucho más jóvenes, más lozanos.Una sacudida la estremeció. ¿Acaso había… renacido?Una oleada de inmensa alegría la recorrió de pies a cabeza.Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había vuelto justo a la noche de la cena que Felipe había organizado en su honor. En ese entonces, ella solo tenía veintitrés años.El recuerdo de su vida anterior ensombreció su ánimo. Un nudo amargo se le formó en la garganta y sintió el corazón oprimido, como si una roca le aplastara el pecho.No pudo articular palabra.Felipe supuso que solo estaba nerviosa y sonrió.—Habla sin miedo. En la familia Guerrero, nadie se atreve a desobedecerme.Él y el abuelo de Sabrina habían sido grandes amigos y se habían prometido unir a sus familias. Aunque de los Molina solo quedaba ella, la promesa debía cumplirse.Sabrina esbozó una sonrisa amarga. Precisamente por la autoridad de Felipe, nadie se había atrevido a contradecirlo, y eso la había conducido a una muerte miserable en su vida pasada.Paseó la mirada por los presentes y la detuvo en Camilo Guerrero, ¡el nieto mayor de la familia Guerrero! Sus ojos se afilaron como cuchillos y apretó los puños a los costados.Camilo le sostuvo la mirada, con el rostro sombrío y los ojos centelleantes. Emanaba un aura gélida y amenazante, como si le advirtiera que, si se atrevía a pronunciar su nombre, estaría acabada.—Sabri, ¿qué te parece Camilo? —preguntó Felipe con una sonrisa.Al oír su nombre, Camilo se tensó. Un destello de furia cruzó por sus ojos y sus manos, apoyadas en los muslos, se crisparon.Abrió la boca, a punto de protestar.Pero antes de que pudiera negarse, Sabrina se le adelantó.—Aunque Camilo y yo crecimos juntos, entre nosotros solo hay un cariño de hermanos.En su vida anterior, Felipe le había hecho la misma pregunta. En ese entonces, ella estaba enamorada de Camilo, así que aceptó en cuanto él lo propuso.Camilo tampoco se había negado, y ella, en su ingenuidad, creyó que él también la quería.Pero la noche de bodas le asestó un golpe mortal. Incluso ahora, al recordar aquella noche, un escalofrío le recorría el cuerpo.Camilo había enviado a su sinvergüenza amigo, Germán Vargas, para que tomara su lugar. Grabaron todo en video desde todos los ángulos para amenazarla y obligarla a guardar silencio.Bajo las amenazas de Camilo y Germán, soportó la peor de las humillaciones.Tiempo después, tuvo un accidente de carro. Mientras agonizaba, escuchó a Camilo decir: «Es mejor que muera, así le paga a Tania lo que le hizo. Si no me hubiera obligado a casarme con ella, Tania no se habría suicidado».¿Pero cuándo lo había obligado ella? Felipe le había preguntado directamente, y él pudo haberse negado, pero eligió no hacerlo.Su propia cobardía, su deseo de complacer a su abuelo, la convirtió a ella en el sacrificio.—Entonces, ¿con quién quieres casarte? —preguntó Felipe, mirando a sus otros dos nietos, Mauricio y Leandro Guerrero.Uno era una estrella en ascenso en el mundo del espectáculo y el otro, un piloto de carreras.No estaban mal, pero en apariencia y capacidad, Camilo los superaba a ambos.Sabrina recompuso su expresión. Sabía perfectamente que aquella cena era el modo en que Felipe cumplía la promesa hecha a su abuelo. Si no elegía a alguien, él no la dejaría en paz.—Quiero casarme con Ignacio.Al oírla, todos los presentes la miraron boquiabiertos. Un murmullo de sorpresa recorrió la mesa. Incluso Camilo frunció el ceño, lanzándole una mirada cargada de sospecha.—¡Qué locura! —exclamó Felipe, con las cejas canas fruncidas—. El matrimonio no es un juego de niños, Sabri. Tú conoces la situación de Ignacio.***Ignacio Guerrero era el hijo menor de Felipe, un hombre de métodos tan implacables que hasta su propio padre le temía.Con apenas treinta años, era la cabeza del Grupo Guerrero, pero tres meses atrás había sufrido un atentado y no había despertado desde entonces. Los médicos lo habían declarado en estado vegetativo, sin posibilidad alguna de recuperarse.Por supuesto que Sabrina conocía la situación de Ignacio. También sabía que, en seis meses, despertaría para reclamar lo que era suyo, desatando una tormenta sangrienta en la familia Guerrero.Sabía que el matrimonio no era un juego, pero en su corazón estaba segura de que, en un lugar como la mansión Guerrero, donde se comían a la gente viva, Ignacio era su mejor opción. Era el único que de verdad se había preocupado por ella.En su vida anterior, al borde de la muerte, vio con sus propios ojos cómo Ignacio, aquel hombre que el mundo consideraba un demonio de hielo, la abrazaba y lloraba desconsoladamente, confesándole todo.Fue entonces cuando descubrió que la persona que la había protegido y ayudado en secreto desde niña había sido siempre Ignacio. Ella, por error, había creído que todo era obra de Camilo.Ese malentendido la llevó a idealizar a Camilo, y poco a poco, su corazón se desvió.Pero por suerte, el destino le había dado una segunda oportunidad para compensar a Ignacio y hacer que aquellos que la habían atormentado pagaran por sus actos.—Abuelo, para serle sincera, siempre he estado enamorada de Ignacio. Admiro su madurez y su capacidad. De toda la familia Guerrero, es el único con el que quiero casarme.—Sabri, tú… —Felipe se sentía en un aprieto ante la petición de Sabrina.La cena de esa noche era para cumplir la promesa a su mejor amigo, pero Sabrina, ignorando a sus tres excelentes nietos, insistía en casarse con un hombre en estado vegetativo.Si esto se sabía, la gente pensaría que la familia Guerrero la maltrataba.—Si no te gusta Camilo, ¿por qué no consideras a los otros dos? Mauricio y Leandro son buenos muchachos —dijo Felipe, tratando de disuadirla. La reputación de la familia estaba en juego.La segunda y la tercera nuera de los Guerrero, temiendo que Sabrina eligiera a sus hijos, se apresuraron a intervenir.—Suegro, es obvio que a Sabri no le interesa Mauricio. Acaba de decir que le gusta Ignacio.—Así es, Leandro tampoco está a la altura de Sabri. Yo creo que ella e Ignacio hacen una pareja perfecta.Sabrina escuchó las palabras de sus futuras cuñadas con una sonrisa burlona. Qué rápido cambiaba la gente, siempre tan interesada y veleta.Recordaba perfectamente cómo, cuando la familia Molina estaba en su apogeo, ambas se peleaban para que se casara con sus hijos.Pero ahora, una simple huérfana ya no era suficiente para ellos.—Nadie les pidió su opinión —las reprendió Felipe, lanzándoles una mirada de desaprobación.Sabrina suspiró y continuó:—En realidad, tienen razón. La única persona de la familia Guerrero con la que quiero casarme es Ignacio. Si usted no está de acuerdo, abuelo, entonces olvidemos el compromiso.Tras una larga deliberación, Felipe finalmente accedió a la petición de Sabrina. Un suspiro de alivio general se escuchó en la mesa.Solo Camilo pareció ensombrecerse. Le lanzó una mirada indescifrable a Sabrina y, cuando sus ojos se encontraron, él pudo ver en los de ella un odio y una aversión que no comprendió.Frunció el ceño. "¿Acaso está resentida porque no me ofrecí a casarme con ella?", pensó.***Al terminar la cena, los invitados comenzaron a retirarse.Felipe le dijo a Sabrina que al día siguiente enviaría a alguien para registrar su matrimonio con Ignacio y luego se retiró a descansar.La cabeza de Sabrina daba vueltas. Estaba agotada y necesitaba dormir.Subía las escaleras cuando una voz grave la detuvo, cargada de extrañeza y reproche.—Sabes perfectamente que Ignacio nunca va a despertar, ¿por qué insistes en casarte con él?***Sabrina se detuvo y se giró. Miró sin expresión a Camilo, quien fingía preocuparse por ella. Recordando todo lo que le había hecho en su vida anterior, no pudo evitar pensar en lo hipócrita que era.Apretó los puños instintivamente, y una chispa de odio brilló en sus ojos. Con una sonrisa burlona, replicó:—Si no me caso con Ignacio, ¿acaso tú te casarías conmigo?—¡Ja! Ni lo sueñes —respondió Camilo sin dudar. No entendía por qué Sabrina querría casarse con un hombre en coma—. Es como condenarse a ser viuda en vida.—Pues ahí lo tienes. Ya que ninguno de ustedes quiere casarse conmigo, elijo al único que no puede rechazarme.—Un hombre en coma no puede hablar, por supuesto que no te va a rechazar. Pero forzar este matrimonio no te hará feliz.¡Forzar!Esa palabra le trajo a la memoria las expresiones de asco y desprecio con las que Camilo y Germán la habían acusado de haber forzado el matrimonio en su vida pasada.Pero para Ignacio, quizás este sería el mejor regalo que recibiría al despertar.—Mi felicidad no es asunto tuyo —replicó Sabrina, mirando a Camilo con ironía. ¡Ahí estaba él, siempre con su fachada de hermano mayor preocupado! Esa misma actitud fue la que la hizo caer por él en su otra vida.Y pensar que ese mismo hombre era capaz de quitarle la vida en cualquier momento.Camilo frunció el ceño, molesto.—Solo me preocupo por ti.—Pues ahórratelo, no lo necesito.La frialdad de Sabrina irritó a Camilo. Él solo intentaba mostrar interés, y ella actuaba con un desdén insultante."De verdad que no se puede ser bueno", pensó con amargura.—Has cambiado. Ya no eres la de antes.—¿Ah, sí? ¿Y en qué he cambiado? —inquirió Sabrina.¿Será que ya no lo adulaba como antes? ¿O que había sorprendido a todos al rechazar al esposo que Felipe le había elegido?Camilo no sabría explicarlo, pero sentía una extraña hostilidad por parte de ella.De repente, sonó un teléfono. Camilo sacó su celular y su expresión se suavizó al instante, su mirada se llenó de una ternura infinita.—Tania —contestó, con una voz tan melosa que parecía otra persona.¿Tania Soto?El rostro de Sabrina se endureció y una sombra de odio cruzó por sus ojos. Ella era una de las personas que habían contribuido a su tragedia en la vida anterior.Una hija ilegítima, una mujer de métodos ruines, pero que tenía a Camilo completamente loco de amor.Además, en su vida pasada, Tania había muerto al ser empujada desde un edificio como venganza por todas sus fechorías, pero Camilo le había echado toda la culpa a ella.—Cami, sé que te vas a casar con Sabrina. Estoy en la azotea. Necesito verte. Si no vienes, voy a saltar —la voz amenazante de Tania se escuchó a través del teléfono.Los ojos de Camilo se abrieron de par en par.—Tania, no hagas ninguna locura. No acepté la propuesta del abuelo. ¡Ella se va a casar con Ignacio!—No te creo. Tu tío está en coma. Nadie en su sano juicio se casaría con él —dijo Tania, convencida de que era solo una excusa.—Además, acaba de mandarme un mensaje para provocarme. Me dijo que me muriera, que así nadie se interpondría entre ustedes.Al oír eso, Camilo fulminó a Sabrina con la mirada. Así que era ella la que estaba detrás de todo.Sabrina se sobresaltó al ver la mirada asesina de Camilo y frunció el ceño.Estaba lo suficientemente cerca para escuchar la conversación y se preguntó cuándo le había enviado un mensaje a Tania.¡Era una calumnia descarada!—Tania, no hagas tonterías. Voy para allá ahora mismo. No me casaré con nadie que no seas tú.—Cami, sé que solo intentas consolarme. Nuestra relación nunca será aceptada. Aunque la señorita Molina sea huérfana, el señor Guerrero la adora. Sé que terminará casándose contigo.***Capítulo 3—Sabri, dime cuál de mis nietos te gusta y haré que se case contigo.La voz profunda del patriarca, Felipe Guerrero, resonó en la sala. Su rostro, marcado por los años, mostraba una expresión afable, y sus ojos turbios miraban a Sabrina Molina con un cariño teñido de culpa.Sabrina estaba aturdida, con la mirada perdida en los presentes. Todos eran rostros familiares, solo que se veían mucho más jóvenes, más lozanos.Una sacudida la estremeció. ¿Acaso había… renacido?Una oleada de inmensa alegría la recorrió de pies a cabeza.Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había vuelto justo a la noche de la cena que Felipe había organizado en su honor. En ese entonces, ella solo tenía veintitrés años.El recuerdo de su vida anterior ensombreció su ánimo. Un nudo amargo se le formó en la garganta y sintió el corazón oprimido, como si una roca le aplastara el pecho.No pudo articular palabra.Felipe supuso que solo estaba nerviosa y sonrió.—Habla sin miedo. En la familia Guerrero, nadie se atreve a desobedecerme.Él y el abuelo de Sabrina habían sido grandes amigos y se habían prometido unir a sus familias. Aunque de los Molina solo quedaba ella, la promesa debía cumplirse.Sabrina esbozó una sonrisa amarga. Precisamente por la autoridad de Felipe, nadie se había atrevido a contradecirlo, y eso la había conducido a una muerte miserable en su vida pasada.Paseó la mirada por los presentes y la detuvo en Camilo Guerrero, ¡el nieto mayor de la familia Guerrero! Sus ojos se afilaron como cuchillos y apretó los puños a los costados.Camilo le sostuvo la mirada, con el rostro sombrío y los ojos centelleantes. Emanaba un aura gélida y amenazante, como si le advirtiera que, si se atrevía a pronunciar su nombre, estaría acabada.—Sabri, ¿qué te parece Camilo? —preguntó Felipe con una sonrisa.Al oír su nombre, Camilo se tensó. Un destello de furia cruzó por sus ojos y sus manos, apoyadas en los muslos, se crisparon.Abrió la boca, a punto de protestar.Pero antes de que pudiera negarse, Sabrina se le adelantó.—Aunque Camilo y yo crecimos juntos, entre nosotros solo hay un cariño de hermanos.En su vida anterior, Felipe le había hecho la misma pregunta. En ese entonces, ella estaba enamorada de Camilo, así que aceptó en cuanto él lo propuso.Camilo tampoco se había negado, y ella, en su ingenuidad, creyó que él también la quería.Pero la noche de bodas le asestó un golpe mortal. Incluso ahora, al recordar aquella noche, un escalofrío le recorría el cuerpo.Camilo había enviado a su sinvergüenza amigo, Germán Vargas, para que tomara su lugar. Grabaron todo en video desde todos los ángulos para amenazarla y obligarla a guardar silencio.Bajo las amenazas de Camilo y Germán, soportó la peor de las humillaciones.Tiempo después, tuvo un accidente de carro. Mientras agonizaba, escuchó a Camilo decir: «Es mejor que muera, así le paga a Tania lo que le hizo. Si no me hubiera obligado a casarme con ella, Tania no se habría suicidado».¿Pero cuándo lo había obligado ella? Felipe le había preguntado directamente, y él pudo haberse negado, pero eligió no hacerlo.Su propia cobardía, su deseo de complacer a su abuelo, la convirtió a ella en el sacrificio.—Entonces, ¿con quién quieres casarte? —preguntó Felipe, mirando a sus otros dos nietos, Mauricio y Leandro Guerrero.Uno era una estrella en ascenso en el mundo del espectáculo y el otro, un piloto de carreras.No estaban mal, pero en apariencia y capacidad, Camilo los superaba a ambos.Sabrina recompuso su expresión. Sabía perfectamente que aquella cena era el modo en que Felipe cumplía la promesa hecha a su abuelo. Si no elegía a alguien, él no la dejaría en paz.—Quiero casarme con Ignacio.Al oírla, todos los presentes la miraron boquiabiertos. Un murmullo de sorpresa recorrió la mesa. Incluso Camilo frunció el ceño, lanzándole una mirada cargada de sospecha.—¡Qué locura! —exclamó Felipe, con las cejas canas fruncidas—. El matrimonio no es un juego de niños, Sabri. Tú conoces la situación de Ignacio.***Ignacio Guerrero era el hijo menor de Felipe, un hombre de métodos tan implacables que hasta su propio padre le temía.Con apenas treinta años, era la cabeza del Grupo Guerrero, pero tres meses atrás había sufrido un atentado y no había despertado desde entonces. Los médicos lo habían declarado en estado vegetativo, sin posibilidad alguna de recuperarse.Por supuesto que Sabrina conocía la situación de Ignacio. También sabía que, en seis meses, despertaría para reclamar lo que era suyo, desatando una tormenta sangrienta en la familia Guerrero.Sabía que el matrimonio no era un juego, pero en su corazón estaba segura de que, en un lugar como la mansión Guerrero, donde se comían a la gente viva, Ignacio era su mejor opción. Era el único que de verdad se había preocupado por ella.En su vida anterior, al borde de la muerte, vio con sus propios ojos cómo Ignacio, aquel hombre que el mundo consideraba un demonio de hielo, la abrazaba y lloraba desconsoladamente, confesándole todo.Fue entonces cuando descubrió que la persona que la había protegido y ayudado en secreto desde niña había sido siempre Ignacio. Ella, por error, había creído que todo era obra de Camilo.Ese malentendido la llevó a idealizar a Camilo, y poco a poco, su corazón se desvió.Pero por suerte, el destino le había dado una segunda oportunidad para compensar a Ignacio y hacer que aquellos que la habían atormentado pagaran por sus actos.—Abuelo, para serle sincera, siempre he estado enamorada de Ignacio. Admiro su madurez y su capacidad. De toda la familia Guerrero, es el único con el que quiero casarme.—Sabri, tú… —Felipe se sentía en un aprieto ante la petición de Sabrina.La cena de esa noche era para cumplir la promesa a su mejor amigo, pero Sabrina, ignorando a sus tres excelentes nietos, insistía en casarse con un hombre en estado vegetativo.Si esto se sabía, la gente pensaría que la familia Guerrero la maltrataba.—Si no te gusta Camilo, ¿por qué no consideras a los otros dos? Mauricio y Leandro son buenos muchachos —dijo Felipe, tratando de disuadirla. La reputación de la familia estaba en juego.La segunda y la tercera nuera de los Guerrero, temiendo que Sabrina eligiera a sus hijos, se apresuraron a intervenir.—Suegro, es obvio que a Sabri no le interesa Mauricio. Acaba de decir que le gusta Ignacio.—Así es, Leandro tampoco está a la altura de Sabri. Yo creo que ella e Ignacio hacen una pareja perfecta.Sabrina escuchó las palabras de sus futuras cuñadas con una sonrisa burlona. Qué rápido cambiaba la gente, siempre tan interesada y veleta.Recordaba perfectamente cómo, cuando la familia Molina estaba en su apogeo, ambas se peleaban para que se casara con sus hijos.Pero ahora, una simple huérfana ya no era suficiente para ellos.—Nadie les pidió su opinión —las reprendió Felipe, lanzándoles una mirada de desaprobación.Sabrina suspiró y continuó:—En realidad, tienen razón. La única persona de la familia Guerrero con la que quiero casarme es Ignacio. Si usted no está de acuerdo, abuelo, entonces olvidemos el compromiso.Tras una larga deliberación, Felipe finalmente accedió a la petición de Sabrina. Un suspiro de alivio general se escuchó en la mesa.Solo Camilo pareció ensombrecerse. Le lanzó una mirada indescifrable a Sabrina y, cuando sus ojos se encontraron, él pudo ver en los de ella un odio y una aversión que no comprendió.Frunció el ceño. "¿Acaso está resentida porque no me ofrecí a casarme con ella?", pensó.***Al terminar la cena, los invitados comenzaron a retirarse.Felipe le dijo a Sabrina que al día siguiente enviaría a alguien para registrar su matrimonio con Ignacio y luego se retiró a descansar.La cabeza de Sabrina daba vueltas. Estaba agotada y necesitaba dormir.Subía las escaleras cuando una voz grave la detuvo, cargada de extrañeza y reproche.—Sabes perfectamente que Ignacio nunca va a despertar, ¿por qué insistes en casarte con él?***Sabrina se detuvo y se giró. Miró sin expresión a Camilo, quien fingía preocuparse por ella. Recordando todo lo que le había hecho en su vida anterior, no pudo evitar pensar en lo hipócrita que era.Apretó los puños instintivamente, y una chispa de odio brilló en sus ojos. Con una sonrisa burlona, replicó:—Si no me caso con Ignacio, ¿acaso tú te casarías conmigo?—¡Ja! Ni lo sueñes —respondió Camilo sin dudar. No entendía por qué Sabrina querría casarse con un hombre en coma—. Es como condenarse a ser viuda en vida.—Pues ahí lo tienes. Ya que ninguno de ustedes quiere casarse conmigo, elijo al único que no puede rechazarme.—Un hombre en coma no puede hablar, por supuesto que no te va a rechazar. Pero forzar este matrimonio no te hará feliz.¡Forzar!Esa palabra le trajo a la memoria las expresiones de asco y desprecio con las que Camilo y Germán la habían acusado de haber forzado el matrimonio en su vida pasada.Pero para Ignacio, quizás este sería el mejor regalo que recibiría al despertar.—Mi felicidad no es asunto tuyo —replicó Sabrina, mirando a Camilo con ironía. ¡Ahí estaba él, siempre con su fachada de hermano mayor preocupado! Esa misma actitud fue la que la hizo caer por él en su otra vida.Y pensar que ese mismo hombre era capaz de quitarle la vida en cualquier momento.Camilo frunció el ceño, molesto.—Solo me preocupo por ti.—Pues ahórratelo, no lo necesito.La frialdad de Sabrina irritó a Camilo. Él solo intentaba mostrar interés, y ella actuaba con un desdén insultante."De verdad que no se puede ser bueno", pensó con amargura.—Has cambiado. Ya no eres la de antes.—¿Ah, sí? ¿Y en qué he cambiado? —inquirió Sabrina.¿Será que ya no lo adulaba como antes? ¿O que había sorprendido a todos al rechazar al esposo que Felipe le había elegido?Camilo no sabría explicarlo, pero sentía una extraña hostilidad por parte de ella.De repente, sonó un teléfono. Camilo sacó su celular y su expresión se suavizó al instante, su mirada se llenó de una ternura infinita.—Tania —contestó, con una voz tan melosa que parecía otra persona.¿Tania Soto?El rostro de Sabrina se endureció y una sombra de odio cruzó por sus ojos. Ella era una de las personas que habían contribuido a su tragedia en la vida anterior.Una hija ilegítima, una mujer de métodos ruines, pero que tenía a Camilo completamente loco de amor.Además, en su vida pasada, Tania había muerto al ser empujada desde un edificio como venganza por todas sus fechorías, pero Camilo le había echado toda la culpa a ella.—Cami, sé que te vas a casar con Sabrina. Estoy en la azotea. Necesito verte. Si no vienes, voy a saltar —la voz amenazante de Tania se escuchó a través del teléfono.Los ojos de Camilo se abrieron de par en par.—Tania, no hagas ninguna locura. No acepté la propuesta del abuelo. ¡Ella se va a casar con Ignacio!—No te creo. Tu tío está en coma. Nadie en su sano juicio se casaría con él —dijo Tania, convencida de que era solo una excusa.—Además, acaba de mandarme un mensaje para provocarme. Me dijo que me muriera, que así nadie se interpondría entre ustedes.Al oír eso, Camilo fulminó a Sabrina con la mirada. Así que era ella la que estaba detrás de todo.Sabrina se sobresaltó al ver la mirada asesina de Camilo y frunció el ceño.Estaba lo suficientemente cerca para escuchar la conversación y se preguntó cuándo le había enviado un mensaje a Tania.¡Era una calumnia descarada!—Tania, no hagas tonterías. Voy para allá ahora mismo. No me casaré con nadie que no seas tú.—Cami, sé que solo intentas consolarme. Nuestra relación nunca será aceptada. Aunque la señorita Molina sea huérfana, el señor Guerrero la adora. Sé que terminará casándose contigo.***

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