Durante tres años de matrimonio, Isabella Quintero descubre, al planear su aniversario, que su acta de matrimonio es falsa. ¡La verdadera esposa de Gabriel Ibáñez es, en realidad, su mejor amiga! Isabella había sido engañada todo ese tiempo, incluso por la familia Ibáñez. La razón: un accidente la dejó incapaz de tener hijos, a pesar de que ocurrió mientras intentaba salvar a Gabriel. Gabriel le dice: "Te amo, pero solo quiero un hijo". Con descaro, Otilia añade: "No quería arruinar lo de ustedes, solo quería ser parte". Furiosa, Isabella exclama: "¿Están locos o qué?". Decidida a darles una lección, Isabella toma acción. ¿Le arrebatan su proyecto? Entonces se casa con un magnate y se convierte en la dueña del negocio. ¿Le niegan la boda que merece? El magnate organiza una celebración que deja boquiabierta a toda la ciudad. ¿La critican por no poder tener hijos? Isabella da a luz a gemelos y disfruta viendo la envidia de todos. El rumor del matrimonio del magnate se esparce rápidamente, generando compasión por Isabella, ya que todos saben que él tiene un amor platónico del pasado. Aunque esa persona ya se casó, él no deja de pensar en ella. Incluso se comenta que el día de la boda de su amor platónico estuvo al borde del suicidio. Dicen que mira sus películas una y otra vez, llorando sin parar. Pero cuando Isabella da a luz y considera dejarlo volver a su antiguo amor, el magnate la abraza desesperado: "¿Quién inventa esas mentiras sobre mí? ¡Amor, tienes que creerme!".

Capítulo 1—Señorita Quintero, esta acta de matrimonio es falsa.Isabella Quintero vio cómo la recepcionista le devolvía el documento que acababa de entregarle. Aunque mantenía una actitud respetuosa, una sonrisa burlona ya asomaba en su rostro.Ella tomó el acta, divertida.—¿Y por qué iba yo a traerles un acta de matrimonio falsa?—Quizá por la promoción que tenemos para aniversarios de boda —dijo la recepcionista, torciendo la boca.Isabella se quedó sin palabras. ¿Qué promoción? No tenía ni idea. Había elegido ese restaurante para celebrar su tercer aniversario con Gabriel Ibáñez simplemente porque le encantaba su terraza-jardín.—No puedes acusarme así como así de que mi acta es falsa. Puedo poner una queja —dijo Isabella, con un tono más duro.La recepcionista pareció escuchar un chiste y negó con la cabeza, resignada.Al ver esa actitud, Isabella frunció el ceño.—¿Por qué estás tan segura?La recepcionista tecleó algo en la computadora y luego giró la pantalla hacia Isabella.—Cuando ingresé el número de identificación de su esposo, el sistema ya tenía su información.—¿Y?—Él también reservó nuestro paquete de aniversario de bodas.Al oír eso, Isabella se sorprendió gratamente.—¿Él también hizo una reservación?La recepcionista la miró como si fuera una tonta.—El señor Ibáñez efectivamente reservó, pero no tiene nada que ver con usted.—¿Qué quieres decir?—Quiero decir que la esposa del señor Ibáñez es otra persona. No usted.Isabella, entre desconcertada y divertida, se inclinó para verificar la pantalla. Fue entonces cuando vio el nombre que aparecía en el campo «Esposa del Sr. Ibáñez»: Otilia Soto.Su mejor amiga, Otilia.«¿Qué… qué está pasando?», pensó.—Además, el señor Ibáñez y su esposa están ahora mismo en la terraza-jardín, celebrando su tercer aniversario de bodas…Antes de que la recepcionista terminara de hablar, Isabella ya corría escaleras arriba.¿Su esposo y su mejor amiga, celebrando su tercer aniversario de bodas?Tenía que haber un malentendido. ¡Tenía que haberlo!Pero al llegar a la azotea, la imagen de la pareja abrazada la detuvo en seco.El hombre, alto y elegante con su traje y corbata de moño, se veía sereno y apuesto. La mujer, con un vestido de noche rojo, lucía preciosa y encantadora. Se miraban con una devoción profunda.Detrás de ellos, una pantalla gigante cobró vida al compás de la música, mostrando las palabras: *Nuestra historia en canciones*.Comenzaron a pasar fotografías. La primera, tomada a escondidas, mostraba a Otilia sosteniendo su celular, posando con una expresión tímida junto a un Gabriel que estaba a lo lejos.Luego, una foto de cuando se conocieron, ambos un poco rígidos.Después, una cena juntos, los dos sonriendo felices.Había otra en el carro de Gabriel, con Otilia sentada en el asiento del copiloto que Isabella siempre había creído que era exclusivamente suyo.Siguieron imágenes de un viaje de negocios, unas vacaciones e incluso una visita al pueblo natal de Otilia.Y de todo eso, ella, la esposa de Gabriel y la mejor amiga de Otilia, no sabía absolutamente nada.Se besaban bajo el atardecer, se sonreían en la cama, e incluso había una foto de después de hacer el amor: Otilia, con el rostro arrebolado, descansaba en los brazos de Gabriel. Ninguno de los dos llevaba ropa…Hasta la última foto, donde Gabriel le ponía un anillo de diamantes en el dedo a Otilia.Coincidiendo con esa imagen, el hombre tomó un enorme ramo de rosas de la mesa y se arrodilló ante la mujer.—Señora Ibáñez, ¡qué hermosa te ves esta noche!La mujer aceptó las rosas y, en cuanto él se levantó, se lanzó a sus brazos y le besó la barbilla.Él le acarició la cabeza con ternura, la mirada llena de adoración.Isabella los observó con atención. Quizá solo se parecían, quizá no eran ellos, pero…¡Pero no estaba ciega!Los que estaban a unos metros de distancia eran Gabriel y Otilia. Uno era el hombre que amaba, ¡y la otra era la amiga en la que más confiaba!Isabella se obligó a calmarse y fue a un pasillo para hacer una llamada.Poco después, le devolvieron la llamada.—Señorita Quintero, ya lo verifiqué. El señor Ibáñez sí se casó hace tres años, el seis de junio.¿El seis de junio?Pero ella y Gabriel habían firmado el acta el dieciséis de junio.—¿Y en la sección del cónyuge?—Otilia.***A Isabella se le hizo un nudo en la garganta.—¿Estás… estás seguro de que no te equivocaste?—No hay error.El corazón de Isabella se partió en mil pedazos.Así que su esposo no era su esposo, sino el esposo de su «mejor» amiga…El sonido de un violín la sobresaltó. Aturdida, giró la cabeza para mirar hacia afuera.Bajo un cielo estrellado, rodeados de flores y con un violinista tocando para ellos, Gabriel tomó la mano de Otilia y, al ritmo de la música romántica, comenzaron a bailar.En la pantalla gigante apareció otra foto, una tomada en un crucero.Ella también tenía esa foto, solo que en la suya aparecían los tres. La habían cortado.Ja. Y pensar que fue ella quien organizó ese viaje…¡Por Dios!La rabia estuvo a punto de consumirla. Apretó los puños y caminó con decisión hacia ellos.Iba a desenmascararlos, a exigirles que le dijeran por qué le habían hecho algo así.En ese momento, Otilia sacó algo de su bolso y lo agitó frente a los ojos de Gabriel.Gabriel abrió los ojos como platos, se lo arrebató para mirarlo de cerca y una alegría desbordante iluminó su rostro.Isabella se detuvo. Lo que Otilia tenía en la mano era una prueba de embarazo. Ella la había usado varias veces, pero siempre con resultados decepcionantes.—¡Voy a ser papá! ¡Voy a ser papá! —gritó Gabriel, un hombre normalmente tan sereno y controlado, tan emocionado que parecía querer compartir la noticia con el mundo entero.Y ella… ella creyó entender por qué.***Dos horas después, Isabella siguió en su carro a Gabriel y a Otilia hasta la casa de la familia Ibáñez.Apenas Otilia bajó del carro, Diana Ibáñez salió a recibirla.—¡Oti, hija mía! Gabriel me acaba de llamar para decirme que estás embarazada. ¡Ay, qué noticia tan maravillosa! Por eso nunca quise que Gabriel se casara con Isabella. ¡Por el accidente que tuvo! Le dañó el útero, ¡no puede tener hijos!Otilia tomó la mano de Diana.—No me siento mal por eso.—Buena niña. Eso es lo que más me gusta de ti, que entiendes lo que es importante.Isabella observó cómo su suegra, que siempre le había hablado con frialdad, tomaba la mano de Otilia con un cariño infinito, llamándola «hija mía» una y otra vez mientras la guiaba hacia el interior de la casa.Así que era eso. Como su útero había quedado dañado y le costaba embarazarse, la familia Ibáñez la había desechado.¡Pero si resultó gravemente herida fue por salvar a Gabriel!La familia Ibáñez no quería cargar con la fama de malagradecidos, así que simplemente le dieron un acta falsa…Tres años. ¡La habían engañado como a una tonta durante tres años!En ese momento, sonó su celular. Era una persona a la que había considerado un loco.Isabella respiró hondo.—¿Usted sabía desde el principio que mi matrimonio con Gabriel era una farsa, verdad?La familia Domínguez era una de las dinastías más prestigiosas y ricas de Nublario. Quien la llamaba era el patriarca de la familia.Debido a una colaboración con el Grupo Triunfo, había tenido la oportunidad de conocer a este señor Domínguez.Para su sorpresa, él no quería verla para hablar del proyecto, sino para proponerle que se casara con su hijo.«Mientras la señorita Quintero esté dispuesta a casarse con mi hijo y a darle un nieto o nieta a la familia Domínguez, ¡todas las propiedades de mi familia serán suyas en el futuro!».Cuando escuchó eso por primera vez, realmente pensó que al señor Domínguez se le había ido la cabeza.¿Cómo iba ella, una mujer casada, a casarse con su hijo? ¡Era absurdo!Pero ahora que lo pensaba, era probable que el señor Domínguez la hubiera investigado antes de hacerle la propuesta y supiera que la habían engañado.—Señorita Quintero, lamento que esta verdad la haya lastimado. Pero estoy seguro de que, entre un engaño malicioso y una verdad cruel, usted elegirá lo segundo.—Si me ha investigado, debería saber que tuve un accidente de carro y que me es muy difícil quedar embarazada.—Conozco a un viejo doctor. Una vez le tomó el pulso y me aseguró que podía hacer que se embarazara. Yo le creo.Isabella no sabía quién era ese viejo doctor del que hablaba el señor Domínguez ni cuándo le había tomado el pulso, pero después de todo esto, no dudaba en lo más mínimo de sus capacidades.Volvió a mirar la casa de los Ibáñez. Las luces brillantes iluminaban el lugar que una vez consideró su hogar.Pero ahora…—De acuerdo, ¡acepto casarme con su hijo!—¡Excelente!—Pero quiero una boda por todo lo alto, ¡y la quiero pronto!—Por supuesto. Si la familia Domínguez casa a su hijo, ¡naturalmente será el evento del que toda la ciudad hablará!Una boda requería tiempo para prepararse, así que la fijaron para dentro de un mes.***Ese mes sería perfecto para divertirse un poco con los Ibáñez.Isabella guardó su celular y caminó con decisión hacia la casa.Tocó el timbre y, al poco rato, la empleada, Manuela, abrió la puerta. Al verla, se quedó de piedra.—Isabella, ¿tú… no estabas de viaje de negocios? ¿Cómo es que regresaste de repente?Isabella la ignoró y pasó a su lado para entrar.—¡Señora, señora! ¡La señorita Isabella regresó del viaje! —gritó Manuela hacia adentro, al no poder detenerla.Justo cuando Isabella llegaba al pie de la escalera, Diana salió a toda prisa de la cocina con un tazón de caldo de pollo en las manos para interceptarla.—Tú, ¿cómo es que…?—Gabriel está arriba, ¿verdad?—No, no está en casa…—Voy a buscarlo.Sin prestar atención a lo que Diana decía, Isabella subió directamente las escaleras.—¡Bella, Bella, no subas! —la persiguió Diana, alarmada.Isabella subió a toda prisa, directa a la habitación que compartían. Quería ver qué explicación le darían cuando los descubriera juntos en el mismo cuarto.Entró de golpe y vio a Gabriel, que acababa de salir del vestidor.Al ver a Isabella, el pánico se reflejó en sus ojos. Instintivamente, dio un paso atrás, como si intentara ocultar algo.—Bella, tú…—¿Que cómo es que volví de repente del viaje? ¿Eso ibas a preguntar? —Isabella se acercó a Gabriel en un par de zancadas y arqueó una ceja—. ¿Por qué todos me reciben con la misma pregunta? ¿Acaso no debería haber vuelto?Gabriel frunció los labios.—Debiste haberme llamado antes.Isabella sonrió.—Quería darte una sorpresa.—…—¿Por qué parece que solo te di un susto y no una alegría?Gabriel exhaló.—Claro que no, te extrañaba mucho.Dicho esto, Gabriel intentó abrazarla.Isabella lo esquivó y se dirigió hacia el vestidor.—¡Bella!La voz de Gabriel cambió por el pánico e intentó sujetarla.Pero Isabella ya había entrado. Aunque no vio a nadie, sí notó el borde de un vestido atrapado en la puerta del clóset.¡Otilia estaba escondida en el clóset!«Ah, para engañarme son capaces de cualquier cosa», pensó con desprecio.Qué lástima que ella, Isabella, hubiera estado ciega durante tres años. Por fin había recuperado la vista.Se acercó a grandes pasos a ese clóset y agarró con fuerza la manija.—¡Bella! —Gabriel le sujetó la mano rápidamente—. Oye… Otilia me dijo que estás preparando algo para nuestro aniversario, ¿es cierto?Al oír eso, Isabella se dio la vuelta.Vaya, sí que eran un matrimonio que se lo contaba todo.Debían de sentirse muy orgullosos de jugar con los sentimientos de alguien, de engañarla hasta ese punto.Pero en ese momento, Gabriel estaba completamente aterrado.Fijó la vista en la mano de Isabella, que seguía aferrada a la manija, su respiración se aceleró y un sudor frío le perló la frente.Tenía miedo de que Isabella lo descubriera. Toda la familia Ibáñez tenía miedo.Isabella apretó a propósito la manija, como si fuera a abrir, y Gabriel, como era de esperar, se puso aún más nervioso.«Vaya, así que esto es lo que se siente ver la reacción de la persona a la que engañas. Qué interesante».Isabella soltó la manija y fingió estar molesta.—¡Se suponía que era un secreto! ¿Por qué te lo contó?—Se le escapó sin querer. Pero, la verdad, no me gusta mucho El Encuentro.Claro que no le gustaba. Si iban a El Encuentro, ¡ella descubriría que su acta de matrimonio era falsa!—Entonces cambiamos de restaurante. Pero es una sorpresa, así que no puedes preguntar más.—Está bien —dijo Gabriel, aliviado.—Por cierto, ¿dónde está mi abrigo color camello? Juraría que lo empaqué para este viaje, pero no está en la maleta. No sé si lo dejé en casa.***Capítulo 2—Señorita Quintero, esta acta de matrimonio es falsa.Isabella Quintero vio cómo la recepcionista le devolvía el documento que acababa de entregarle. Aunque mantenía una actitud respetuosa, una sonrisa burlona ya asomaba en su rostro.Ella tomó el acta, divertida.—¿Y por qué iba yo a traerles un acta de matrimonio falsa?—Quizá por la promoción que tenemos para aniversarios de boda —dijo la recepcionista, torciendo la boca.Isabella se quedó sin palabras. ¿Qué promoción? No tenía ni idea. Había elegido ese restaurante para celebrar su tercer aniversario con Gabriel Ibáñez simplemente porque le encantaba su terraza-jardín.—No puedes acusarme así como así de que mi acta es falsa. Puedo poner una queja —dijo Isabella, con un tono más duro.La recepcionista pareció escuchar un chiste y negó con la cabeza, resignada.Al ver esa actitud, Isabella frunció el ceño.—¿Por qué estás tan segura?La recepcionista tecleó algo en la computadora y luego giró la pantalla hacia Isabella.—Cuando ingresé el número de identificación de su esposo, el sistema ya tenía su información.—¿Y?—Él también reservó nuestro paquete de aniversario de bodas.Al oír eso, Isabella se sorprendió gratamente.—¿Él también hizo una reservación?La recepcionista la miró como si fuera una tonta.—El señor Ibáñez efectivamente reservó, pero no tiene nada que ver con usted.—¿Qué quieres decir?—Quiero decir que la esposa del señor Ibáñez es otra persona. No usted.Isabella, entre desconcertada y divertida, se inclinó para verificar la pantalla. Fue entonces cuando vio el nombre que aparecía en el campo «Esposa del Sr. Ibáñez»: Otilia Soto.Su mejor amiga, Otilia.«¿Qué… qué está pasando?», pensó.—Además, el señor Ibáñez y su esposa están ahora mismo en la terraza-jardín, celebrando su tercer aniversario de bodas…Antes de que la recepcionista terminara de hablar, Isabella ya corría escaleras arriba.¿Su esposo y su mejor amiga, celebrando su tercer aniversario de bodas?Tenía que haber un malentendido. ¡Tenía que haberlo!Pero al llegar a la azotea, la imagen de la pareja abrazada la detuvo en seco.El hombre, alto y elegante con su traje y corbata de moño, se veía sereno y apuesto. La mujer, con un vestido de noche rojo, lucía preciosa y encantadora. Se miraban con una devoción profunda.Detrás de ellos, una pantalla gigante cobró vida al compás de la música, mostrando las palabras: *Nuestra historia en canciones*.Comenzaron a pasar fotografías. La primera, tomada a escondidas, mostraba a Otilia sosteniendo su celular, posando con una expresión tímida junto a un Gabriel que estaba a lo lejos.Luego, una foto de cuando se conocieron, ambos un poco rígidos.Después, una cena juntos, los dos sonriendo felices.Había otra en el carro de Gabriel, con Otilia sentada en el asiento del copiloto que Isabella siempre había creído que era exclusivamente suyo.Siguieron imágenes de un viaje de negocios, unas vacaciones e incluso una visita al pueblo natal de Otilia.Y de todo eso, ella, la esposa de Gabriel y la mejor amiga de Otilia, no sabía absolutamente nada.Se besaban bajo el atardecer, se sonreían en la cama, e incluso había una foto de después de hacer el amor: Otilia, con el rostro arrebolado, descansaba en los brazos de Gabriel. Ninguno de los dos llevaba ropa…Hasta la última foto, donde Gabriel le ponía un anillo de diamantes en el dedo a Otilia.Coincidiendo con esa imagen, el hombre tomó un enorme ramo de rosas de la mesa y se arrodilló ante la mujer.—Señora Ibáñez, ¡qué hermosa te ves esta noche!La mujer aceptó las rosas y, en cuanto él se levantó, se lanzó a sus brazos y le besó la barbilla.Él le acarició la cabeza con ternura, la mirada llena de adoración.Isabella los observó con atención. Quizá solo se parecían, quizá no eran ellos, pero…¡Pero no estaba ciega!Los que estaban a unos metros de distancia eran Gabriel y Otilia. Uno era el hombre que amaba, ¡y la otra era la amiga en la que más confiaba!Isabella se obligó a calmarse y fue a un pasillo para hacer una llamada.Poco después, le devolvieron la llamada.—Señorita Quintero, ya lo verifiqué. El señor Ibáñez sí se casó hace tres años, el seis de junio.¿El seis de junio?Pero ella y Gabriel habían firmado el acta el dieciséis de junio.—¿Y en la sección del cónyuge?—Otilia.***A Isabella se le hizo un nudo en la garganta.—¿Estás… estás seguro de que no te equivocaste?—No hay error.El corazón de Isabella se partió en mil pedazos.Así que su esposo no era su esposo, sino el esposo de su «mejor» amiga…El sonido de un violín la sobresaltó. Aturdida, giró la cabeza para mirar hacia afuera.Bajo un cielo estrellado, rodeados de flores y con un violinista tocando para ellos, Gabriel tomó la mano de Otilia y, al ritmo de la música romántica, comenzaron a bailar.En la pantalla gigante apareció otra foto, una tomada en un crucero.Ella también tenía esa foto, solo que en la suya aparecían los tres. La habían cortado.Ja. Y pensar que fue ella quien organizó ese viaje…¡Por Dios!La rabia estuvo a punto de consumirla. Apretó los puños y caminó con decisión hacia ellos.Iba a desenmascararlos, a exigirles que le dijeran por qué le habían hecho algo así.En ese momento, Otilia sacó algo de su bolso y lo agitó frente a los ojos de Gabriel.Gabriel abrió los ojos como platos, se lo arrebató para mirarlo de cerca y una alegría desbordante iluminó su rostro.Isabella se detuvo. Lo que Otilia tenía en la mano era una prueba de embarazo. Ella la había usado varias veces, pero siempre con resultados decepcionantes.—¡Voy a ser papá! ¡Voy a ser papá! —gritó Gabriel, un hombre normalmente tan sereno y controlado, tan emocionado que parecía querer compartir la noticia con el mundo entero.Y ella… ella creyó entender por qué.***Dos horas después, Isabella siguió en su carro a Gabriel y a Otilia hasta la casa de la familia Ibáñez.Apenas Otilia bajó del carro, Diana Ibáñez salió a recibirla.—¡Oti, hija mía! Gabriel me acaba de llamar para decirme que estás embarazada. ¡Ay, qué noticia tan maravillosa! Por eso nunca quise que Gabriel se casara con Isabella. ¡Por el accidente que tuvo! Le dañó el útero, ¡no puede tener hijos!Otilia tomó la mano de Diana.—No me siento mal por eso.—Buena niña. Eso es lo que más me gusta de ti, que entiendes lo que es importante.Isabella observó cómo su suegra, que siempre le había hablado con frialdad, tomaba la mano de Otilia con un cariño infinito, llamándola «hija mía» una y otra vez mientras la guiaba hacia el interior de la casa.Así que era eso. Como su útero había quedado dañado y le costaba embarazarse, la familia Ibáñez la había desechado.¡Pero si resultó gravemente herida fue por salvar a Gabriel!La familia Ibáñez no quería cargar con la fama de malagradecidos, así que simplemente le dieron un acta falsa…Tres años. ¡La habían engañado como a una tonta durante tres años!En ese momento, sonó su celular. Era una persona a la que había considerado un loco.Isabella respiró hondo.—¿Usted sabía desde el principio que mi matrimonio con Gabriel era una farsa, verdad?La familia Domínguez era una de las dinastías más prestigiosas y ricas de Nublario. Quien la llamaba era el patriarca de la familia.Debido a una colaboración con el Grupo Triunfo, había tenido la oportunidad de conocer a este señor Domínguez.Para su sorpresa, él no quería verla para hablar del proyecto, sino para proponerle que se casara con su hijo.«Mientras la señorita Quintero esté dispuesta a casarse con mi hijo y a darle un nieto o nieta a la familia Domínguez, ¡todas las propiedades de mi familia serán suyas en el futuro!».Cuando escuchó eso por primera vez, realmente pensó que al señor Domínguez se le había ido la cabeza.¿Cómo iba ella, una mujer casada, a casarse con su hijo? ¡Era absurdo!Pero ahora que lo pensaba, era probable que el señor Domínguez la hubiera investigado antes de hacerle la propuesta y supiera que la habían engañado.—Señorita Quintero, lamento que esta verdad la haya lastimado. Pero estoy seguro de que, entre un engaño malicioso y una verdad cruel, usted elegirá lo segundo.—Si me ha investigado, debería saber que tuve un accidente de carro y que me es muy difícil quedar embarazada.—Conozco a un viejo doctor. Una vez le tomó el pulso y me aseguró que podía hacer que se embarazara. Yo le creo.Isabella no sabía quién era ese viejo doctor del que hablaba el señor Domínguez ni cuándo le había tomado el pulso, pero después de todo esto, no dudaba en lo más mínimo de sus capacidades.Volvió a mirar la casa de los Ibáñez. Las luces brillantes iluminaban el lugar que una vez consideró su hogar.Pero ahora…—De acuerdo, ¡acepto casarme con su hijo!—¡Excelente!—Pero quiero una boda por todo lo alto, ¡y la quiero pronto!—Por supuesto. Si la familia Domínguez casa a su hijo, ¡naturalmente será el evento del que toda la ciudad hablará!Una boda requería tiempo para prepararse, así que la fijaron para dentro de un mes.***Ese mes sería perfecto para divertirse un poco con los Ibáñez.Isabella guardó su celular y caminó con decisión hacia la casa.Tocó el timbre y, al poco rato, la empleada, Manuela, abrió la puerta. Al verla, se quedó de piedra.—Isabella, ¿tú… no estabas de viaje de negocios? ¿Cómo es que regresaste de repente?Isabella la ignoró y pasó a su lado para entrar.—¡Señora, señora! ¡La señorita Isabella regresó del viaje! —gritó Manuela hacia adentro, al no poder detenerla.Justo cuando Isabella llegaba al pie de la escalera, Diana salió a toda prisa de la cocina con un tazón de caldo de pollo en las manos para interceptarla.—Tú, ¿cómo es que…?—Gabriel está arriba, ¿verdad?—No, no está en casa…—Voy a buscarlo.Sin prestar atención a lo que Diana decía, Isabella subió directamente las escaleras.—¡Bella, Bella, no subas! —la persiguió Diana, alarmada.Isabella subió a toda prisa, directa a la habitación que compartían. Quería ver qué explicación le darían cuando los descubriera juntos en el mismo cuarto.Entró de golpe y vio a Gabriel, que acababa de salir del vestidor.Al ver a Isabella, el pánico se reflejó en sus ojos. Instintivamente, dio un paso atrás, como si intentara ocultar algo.—Bella, tú…—¿Que cómo es que volví de repente del viaje? ¿Eso ibas a preguntar? —Isabella se acercó a Gabriel en un par de zancadas y arqueó una ceja—. ¿Por qué todos me reciben con la misma pregunta? ¿Acaso no debería haber vuelto?Gabriel frunció los labios.—Debiste haberme llamado antes.Isabella sonrió.—Quería darte una sorpresa.—…—¿Por qué parece que solo te di un susto y no una alegría?Gabriel exhaló.—Claro que no, te extrañaba mucho.Dicho esto, Gabriel intentó abrazarla.Isabella lo esquivó y se dirigió hacia el vestidor.—¡Bella!La voz de Gabriel cambió por el pánico e intentó sujetarla.Pero Isabella ya había entrado. Aunque no vio a nadie, sí notó el borde de un vestido atrapado en la puerta del clóset.¡Otilia estaba escondida en el clóset!«Ah, para engañarme son capaces de cualquier cosa», pensó con desprecio.Qué lástima que ella, Isabella, hubiera estado ciega durante tres años. Por fin había recuperado la vista.Se acercó a grandes pasos a ese clóset y agarró con fuerza la manija.—¡Bella! —Gabriel le sujetó la mano rápidamente—. Oye… Otilia me dijo que estás preparando algo para nuestro aniversario, ¿es cierto?Al oír eso, Isabella se dio la vuelta.Vaya, sí que eran un matrimonio que se lo contaba todo.Debían de sentirse muy orgullosos de jugar con los sentimientos de alguien, de engañarla hasta ese punto.Pero en ese momento, Gabriel estaba completamente aterrado.Fijó la vista en la mano de Isabella, que seguía aferrada a la manija, su respiración se aceleró y un sudor frío le perló la frente.Tenía miedo de que Isabella lo descubriera. Toda la familia Ibáñez tenía miedo.Isabella apretó a propósito la manija, como si fuera a abrir, y Gabriel, como era de esperar, se puso aún más nervioso.«Vaya, así que esto es lo que se siente ver la reacción de la persona a la que engañas. Qué interesante».Isabella soltó la manija y fingió estar molesta.—¡Se suponía que era un secreto! ¿Por qué te lo contó?—Se le escapó sin querer. Pero, la verdad, no me gusta mucho El Encuentro.Claro que no le gustaba. Si iban a El Encuentro, ¡ella descubriría que su acta de matrimonio era falsa!—Entonces cambiamos de restaurante. Pero es una sorpresa, así que no puedes preguntar más.—Está bien —dijo Gabriel, aliviado.—Por cierto, ¿dónde está mi abrigo color camello? Juraría que lo empaqué para este viaje, pero no está en la maleta. No sé si lo dejé en casa.***Capítulo 3—Señorita Quintero, esta acta de matrimonio es falsa.Isabella Quintero vio cómo la recepcionista le devolvía el documento que acababa de entregarle. Aunque mantenía una actitud respetuosa, una sonrisa burlona ya asomaba en su rostro.Ella tomó el acta, divertida.—¿Y por qué iba yo a traerles un acta de matrimonio falsa?—Quizá por la promoción que tenemos para aniversarios de boda —dijo la recepcionista, torciendo la boca.Isabella se quedó sin palabras. ¿Qué promoción? No tenía ni idea. Había elegido ese restaurante para celebrar su tercer aniversario con Gabriel Ibáñez simplemente porque le encantaba su terraza-jardín.—No puedes acusarme así como así de que mi acta es falsa. Puedo poner una queja —dijo Isabella, con un tono más duro.La recepcionista pareció escuchar un chiste y negó con la cabeza, resignada.Al ver esa actitud, Isabella frunció el ceño.—¿Por qué estás tan segura?La recepcionista tecleó algo en la computadora y luego giró la pantalla hacia Isabella.—Cuando ingresé el número de identificación de su esposo, el sistema ya tenía su información.—¿Y?—Él también reservó nuestro paquete de aniversario de bodas.Al oír eso, Isabella se sorprendió gratamente.—¿Él también hizo una reservación?La recepcionista la miró como si fuera una tonta.—El señor Ibáñez efectivamente reservó, pero no tiene nada que ver con usted.—¿Qué quieres decir?—Quiero decir que la esposa del señor Ibáñez es otra persona. No usted.Isabella, entre desconcertada y divertida, se inclinó para verificar la pantalla. Fue entonces cuando vio el nombre que aparecía en el campo «Esposa del Sr. Ibáñez»: Otilia Soto.Su mejor amiga, Otilia.«¿Qué… qué está pasando?», pensó.—Además, el señor Ibáñez y su esposa están ahora mismo en la terraza-jardín, celebrando su tercer aniversario de bodas…Antes de que la recepcionista terminara de hablar, Isabella ya corría escaleras arriba.¿Su esposo y su mejor amiga, celebrando su tercer aniversario de bodas?Tenía que haber un malentendido. ¡Tenía que haberlo!Pero al llegar a la azotea, la imagen de la pareja abrazada la detuvo en seco.El hombre, alto y elegante con su traje y corbata de moño, se veía sereno y apuesto. La mujer, con un vestido de noche rojo, lucía preciosa y encantadora. Se miraban con una devoción profunda.Detrás de ellos, una pantalla gigante cobró vida al compás de la música, mostrando las palabras: *Nuestra historia en canciones*.Comenzaron a pasar fotografías. La primera, tomada a escondidas, mostraba a Otilia sosteniendo su celular, posando con una expresión tímida junto a un Gabriel que estaba a lo lejos.Luego, una foto de cuando se conocieron, ambos un poco rígidos.Después, una cena juntos, los dos sonriendo felices.Había otra en el carro de Gabriel, con Otilia sentada en el asiento del copiloto que Isabella siempre había creído que era exclusivamente suyo.Siguieron imágenes de un viaje de negocios, unas vacaciones e incluso una visita al pueblo natal de Otilia.Y de todo eso, ella, la esposa de Gabriel y la mejor amiga de Otilia, no sabía absolutamente nada.Se besaban bajo el atardecer, se sonreían en la cama, e incluso había una foto de después de hacer el amor: Otilia, con el rostro arrebolado, descansaba en los brazos de Gabriel. Ninguno de los dos llevaba ropa…Hasta la última foto, donde Gabriel le ponía un anillo de diamantes en el dedo a Otilia.Coincidiendo con esa imagen, el hombre tomó un enorme ramo de rosas de la mesa y se arrodilló ante la mujer.—Señora Ibáñez, ¡qué hermosa te ves esta noche!La mujer aceptó las rosas y, en cuanto él se levantó, se lanzó a sus brazos y le besó la barbilla.Él le acarició la cabeza con ternura, la mirada llena de adoración.Isabella los observó con atención. Quizá solo se parecían, quizá no eran ellos, pero…¡Pero no estaba ciega!Los que estaban a unos metros de distancia eran Gabriel y Otilia. Uno era el hombre que amaba, ¡y la otra era la amiga en la que más confiaba!Isabella se obligó a calmarse y fue a un pasillo para hacer una llamada.Poco después, le devolvieron la llamada.—Señorita Quintero, ya lo verifiqué. El señor Ibáñez sí se casó hace tres años, el seis de junio.¿El seis de junio?Pero ella y Gabriel habían firmado el acta el dieciséis de junio.—¿Y en la sección del cónyuge?—Otilia.***A Isabella se le hizo un nudo en la garganta.—¿Estás… estás seguro de que no te equivocaste?—No hay error.El corazón de Isabella se partió en mil pedazos.Así que su esposo no era su esposo, sino el esposo de su «mejor» amiga…El sonido de un violín la sobresaltó. Aturdida, giró la cabeza para mirar hacia afuera.Bajo un cielo estrellado, rodeados de flores y con un violinista tocando para ellos, Gabriel tomó la mano de Otilia y, al ritmo de la música romántica, comenzaron a bailar.En la pantalla gigante apareció otra foto, una tomada en un crucero.Ella también tenía esa foto, solo que en la suya aparecían los tres. La habían cortado.Ja. Y pensar que fue ella quien organizó ese viaje…¡Por Dios!La rabia estuvo a punto de consumirla. Apretó los puños y caminó con decisión hacia ellos.Iba a desenmascararlos, a exigirles que le dijeran por qué le habían hecho algo así.En ese momento, Otilia sacó algo de su bolso y lo agitó frente a los ojos de Gabriel.Gabriel abrió los ojos como platos, se lo arrebató para mirarlo de cerca y una alegría desbordante iluminó su rostro.Isabella se detuvo. Lo que Otilia tenía en la mano era una prueba de embarazo. Ella la había usado varias veces, pero siempre con resultados decepcionantes.—¡Voy a ser papá! ¡Voy a ser papá! —gritó Gabriel, un hombre normalmente tan sereno y controlado, tan emocionado que parecía querer compartir la noticia con el mundo entero.Y ella… ella creyó entender por qué.***Dos horas después, Isabella siguió en su carro a Gabriel y a Otilia hasta la casa de la familia Ibáñez.Apenas Otilia bajó del carro, Diana Ibáñez salió a recibirla.—¡Oti, hija mía! Gabriel me acaba de llamar para decirme que estás embarazada. ¡Ay, qué noticia tan maravillosa! Por eso nunca quise que Gabriel se casara con Isabella. ¡Por el accidente que tuvo! Le dañó el útero, ¡no puede tener hijos!Otilia tomó la mano de Diana.—No me siento mal por eso.—Buena niña. Eso es lo que más me gusta de ti, que entiendes lo que es importante.Isabella observó cómo su suegra, que siempre le había hablado con frialdad, tomaba la mano de Otilia con un cariño infinito, llamándola «hija mía» una y otra vez mientras la guiaba hacia el interior de la casa.Así que era eso. Como su útero había quedado dañado y le costaba embarazarse, la familia Ibáñez la había desechado.¡Pero si resultó gravemente herida fue por salvar a Gabriel!La familia Ibáñez no quería cargar con la fama de malagradecidos, así que simplemente le dieron un acta falsa…Tres años. ¡La habían engañado como a una tonta durante tres años!En ese momento, sonó su celular. Era una persona a la que había considerado un loco.Isabella respiró hondo.—¿Usted sabía desde el principio que mi matrimonio con Gabriel era una farsa, verdad?La familia Domínguez era una de las dinastías más prestigiosas y ricas de Nublario. Quien la llamaba era el patriarca de la familia.Debido a una colaboración con el Grupo Triunfo, había tenido la oportunidad de conocer a este señor Domínguez.Para su sorpresa, él no quería verla para hablar del proyecto, sino para proponerle que se casara con su hijo.«Mientras la señorita Quintero esté dispuesta a casarse con mi hijo y a darle un nieto o nieta a la familia Domínguez, ¡todas las propiedades de mi familia serán suyas en el futuro!».Cuando escuchó eso por primera vez, realmente pensó que al señor Domínguez se le había ido la cabeza.¿Cómo iba ella, una mujer casada, a casarse con su hijo? ¡Era absurdo!Pero ahora que lo pensaba, era probable que el señor Domínguez la hubiera investigado antes de hacerle la propuesta y supiera que la habían engañado.—Señorita Quintero, lamento que esta verdad la haya lastimado. Pero estoy seguro de que, entre un engaño malicioso y una verdad cruel, usted elegirá lo segundo.—Si me ha investigado, debería saber que tuve un accidente de carro y que me es muy difícil quedar embarazada.—Conozco a un viejo doctor. Una vez le tomó el pulso y me aseguró que podía hacer que se embarazara. Yo le creo.Isabella no sabía quién era ese viejo doctor del que hablaba el señor Domínguez ni cuándo le había tomado el pulso, pero después de todo esto, no dudaba en lo más mínimo de sus capacidades.Volvió a mirar la casa de los Ibáñez. Las luces brillantes iluminaban el lugar que una vez consideró su hogar.Pero ahora…—De acuerdo, ¡acepto casarme con su hijo!—¡Excelente!—Pero quiero una boda por todo lo alto, ¡y la quiero pronto!—Por supuesto. Si la familia Domínguez casa a su hijo, ¡naturalmente será el evento del que toda la ciudad hablará!Una boda requería tiempo para prepararse, así que la fijaron para dentro de un mes.***Ese mes sería perfecto para divertirse un poco con los Ibáñez.Isabella guardó su celular y caminó con decisión hacia la casa.Tocó el timbre y, al poco rato, la empleada, Manuela, abrió la puerta. Al verla, se quedó de piedra.—Isabella, ¿tú… no estabas de viaje de negocios? ¿Cómo es que regresaste de repente?Isabella la ignoró y pasó a su lado para entrar.—¡Señora, señora! ¡La señorita Isabella regresó del viaje! —gritó Manuela hacia adentro, al no poder detenerla.Justo cuando Isabella llegaba al pie de la escalera, Diana salió a toda prisa de la cocina con un tazón de caldo de pollo en las manos para interceptarla.—Tú, ¿cómo es que…?—Gabriel está arriba, ¿verdad?—No, no está en casa…—Voy a buscarlo.Sin prestar atención a lo que Diana decía, Isabella subió directamente las escaleras.—¡Bella, Bella, no subas! —la persiguió Diana, alarmada.Isabella subió a toda prisa, directa a la habitación que compartían. Quería ver qué explicación le darían cuando los descubriera juntos en el mismo cuarto.Entró de golpe y vio a Gabriel, que acababa de salir del vestidor.Al ver a Isabella, el pánico se reflejó en sus ojos. Instintivamente, dio un paso atrás, como si intentara ocultar algo.—Bella, tú…—¿Que cómo es que volví de repente del viaje? ¿Eso ibas a preguntar? —Isabella se acercó a Gabriel en un par de zancadas y arqueó una ceja—. ¿Por qué todos me reciben con la misma pregunta? ¿Acaso no debería haber vuelto?Gabriel frunció los labios.—Debiste haberme llamado antes.Isabella sonrió.—Quería darte una sorpresa.—…—¿Por qué parece que solo te di un susto y no una alegría?Gabriel exhaló.—Claro que no, te extrañaba mucho.Dicho esto, Gabriel intentó abrazarla.Isabella lo esquivó y se dirigió hacia el vestidor.—¡Bella!La voz de Gabriel cambió por el pánico e intentó sujetarla.Pero Isabella ya había entrado. Aunque no vio a nadie, sí notó el borde de un vestido atrapado en la puerta del clóset.¡Otilia estaba escondida en el clóset!«Ah, para engañarme son capaces de cualquier cosa», pensó con desprecio.Qué lástima que ella, Isabella, hubiera estado ciega durante tres años. Por fin había recuperado la vista.Se acercó a grandes pasos a ese clóset y agarró con fuerza la manija.—¡Bella! —Gabriel le sujetó la mano rápidamente—. Oye… Otilia me dijo que estás preparando algo para nuestro aniversario, ¿es cierto?Al oír eso, Isabella se dio la vuelta.Vaya, sí que eran un matrimonio que se lo contaba todo.Debían de sentirse muy orgullosos de jugar con los sentimientos de alguien, de engañarla hasta ese punto.Pero en ese momento, Gabriel estaba completamente aterrado.Fijó la vista en la mano de Isabella, que seguía aferrada a la manija, su respiración se aceleró y un sudor frío le perló la frente.Tenía miedo de que Isabella lo descubriera. Toda la familia Ibáñez tenía miedo.Isabella apretó a propósito la manija, como si fuera a abrir, y Gabriel, como era de esperar, se puso aún más nervioso.«Vaya, así que esto es lo que se siente ver la reacción de la persona a la que engañas. Qué interesante».Isabella soltó la manija y fingió estar molesta.—¡Se suponía que era un secreto! ¿Por qué te lo contó?—Se le escapó sin querer. Pero, la verdad, no me gusta mucho El Encuentro.Claro que no le gustaba. Si iban a El Encuentro, ¡ella descubriría que su acta de matrimonio era falsa!—Entonces cambiamos de restaurante. Pero es una sorpresa, así que no puedes preguntar más.—Está bien —dijo Gabriel, aliviado.—Por cierto, ¿dónde está mi abrigo color camello? Juraría que lo empaqué para este viaje, pero no está en la maleta. No sé si lo dejé en casa.***

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