En su vida pasada, Wendy Ledesma siempre antepuso a su familia y se sacrificó una y otra vez, solo para recibir frialdad a cambio. Sus cuatro hermanos, para proteger a una hermana adoptiva, permitieron que delincuentes la atacaran brutalmente. Además, su esposo, sin piedad, la empujó por las escaleras mientras estaba embarazada, lo que resultó en una tragedia. Renacida, Wendy tiene una nueva oportunidad. Ahora, a pesar de que su exmarido es heredero de una de esas familias a las que no les falta nada, ella no quiere saber nada de él. Sin pensarlo dos veces, le lanza los papeles del divorcio a la cara. Los cuatro hermanos, que van por el camino equivocado, ya no son su problema. Cuando el ex termina atrapado en las artimañas de otra mujer, ella no siente más que satisfacción. Con valentía y sin reservarse nada, resplandece como nunca antes. Ahora, cuenta con tres hermanos de corazón que la cuidan como si fuera su propia hermana. Un hermano siempre dice: "¡Wendita es nuestra princesita, que nadie se atreva a molestarla!". Otro hermano añade: "Wendita le tiene miedo a la oscuridad, no vayan a asustarla". Mientras que uno de los hermanos recuerda: "Wendita, una vez que te vas, no vuelvas atrás". ¿Qué decir? Todos se lo preguntan: ¿De verdad esta mujer fuerte y dulce le teme a algo? ¿A la oscuridad? ¡Quién va a ser tan tonto de meterse con ella! Finalmente, un día, el exmarido llega rogando a su puerta, con lágrimas en los ojos, y dice: "Mi amor, me equivoqué, siempre has sido tú la dueña de mi corazón".

Capítulo 1El día que Wendy Ledesma murió coincidió con una noche de celebraciones, cuando el cielo ardía en fuegos artificiales y el aire helado parecía burlarse de su destino.Ese mismo día, la secuestraron junto a Camelia Serrano, la amante de su esposo.Sus cuatro hermanos y su esposo eligieron salvar a Camelia.A ella, en cambio, la empujó desde lo alto de un edificio el hombre que más amaba, matándola junto con el hijo que llevaba en el vientre.Cuando su alma se desprendió del cuerpo y vio la masacre en que la habían convertido, sonrió. La misma familia a la que había dedicado su vida a proteger, deseaba su muerte.El primer día de su cautiverio, para salvar a Camelia, su hermano Salvador Serrano permitió que los secuestradores le desfiguraran el rostro.El segundo día, otro de sus hermanos dejó que le rompieran las manos para que Camelia pudiera vivir.El tercer día, su hermano dejó que le inyectaran el veneno más doloroso para que Camelia continuara con vida.El cuarto día, uno de sus hermanos permitió que le quebraran las piernas, todo para que Camelia sobreviviera.Justo cuando el dolor era insoportable, ellos llegaron. Y el hombre al que más amaba, para salvar a Camelia, la empujó al vacío.Murió hecha pedazos, pero sintió un profundo alivio. Por fin era libre.Sin embargo, su alma no pudo marcharse. Vagó durante décadas entre sus seres queridos, presenciando el destino de cada uno de ellos.No fue hasta el día en que murió Bruno Ojeda que encontró la paz. Por fin podía irse tranquila.Su alma había estado errante por décadas, sin poder reencarnar, y nunca supo por qué.Quería explorar otros lugares. Con la muerte de Bruno, el rencor en su corazón se había disipado.Wendy le dio un último vistazo a la foto de Bruno y caminó hacia la puerta de la mansión sin el menor asomo de nostalgia.Justo al llegar a la entrada, una luz blanca la deslumbró. Sintió una punzada de alegría; Bruno había sido la atadura de su alma y ahora, finalmente, podía liberarse.Pero, al segundo siguiente, una fuerza la arrastró de vuelta.—¡Ah! —gritó Wendy.Intentó aferrarse a algo, pero no encontró nada.—Wendy, deja de hacerte la muerta y levántate. ¿Cómo te atreves a usar una trampa tan ruin como un secuestro en contra de Camelia? De verdad que estás buscando acabar mal —resonó una voz gélida sobre su cabeza.Wendy abrió los ojos de golpe y miró, desconcertada, al hombre apuesto que tenía enfrente.«Bruno, ¿qué hace él aquí?».Maldita sea, estaba furiosa. Acababa de verlo morir, ¿y ahora su alma la perseguía?—Wendy, mujer tóxica, ¿cómo te atreviste a mandar a secuestrar a Camelia? ¿Cómo pude casarme con una mujer tan ruin como tú? Deja de fingir que estás inconsciente y levántate a firmar este acuerdo de divorcio.—En consideración a los dos años que me cuidaste, no tomaré acciones legales, ¿pero el divorcio es definitivo?—¿Divorcio? —Wendy, todavía aturdida, miró a un Bruno furioso.Luego observó a su alrededor. El lugar le resultaba familiar.De repente, comprendió.¿Había renacido?Había vuelto a la fiesta de cumpleaños de Camelia.El día en que Camelia la acusó falsamente de haberla mandado a secuestrar.El día en que Bruno le entregó los papeles del divorcio.Y la familia Serrano, sus padres biológicos y sus cuatro hermanos, un acta para romper sus lazos familiares.En aquel entonces, con la cabeza llena de amor y nada más, no podía dejar ir a Bruno, a quien había salvado de una muerte segura.Se negó a firmar el acuerdo de divorcio y terminó muerta junto a su hijo.El recuerdo de cómo Bruno la había empujado al vacío, embarazada de seis meses, la llenó de dolor y amargura.Era la nieta adoptiva del señor Nicolás Ledesma. Recordó el momento en que su abuelo, quien la adoraba, vio su cadáver y la llamó inútil. Él, que nunca le había dicho una palabra dura, la maldijo con tal decepción y desesperación.Al vivir de nuevo, por fin entendió: ¡cuando alguien no te ama, no importa cuánto te sacrifiques, jamás lo verá!En esta vida, no volvería a enamorarse de Bruno. Se concentraría en ser una mujer rica y poderosa.Lo primero al renacer: se acabaron los dramas internos. Si la buscaban, la encontraban.A todos los que alguna vez la humillaron, les devolvería el favor.Apenas Wendy terminó de procesar la situación, una voz furiosa resonó en sus oídos: —Wendy, la familia Serrano no tiene una hija tan malvada como tú. Frente a todos los invitados, desde este momento, rompemos todo lazo contigo. Aquí está el acta, fírmala.Wendy miró a su padre biológico, furioso, sosteniendo el documento.Luego, su vista recorrió a Camelia, que sollozaba como si se fuera a quedar sin aire, a su madre, que la miraba con odio, y a sus cuatro hermanos, cuyas miradas parecían querer devorarla.El cariño de la familia Serrano era algo que no podía permitirse. Con una sonrisa desolada, miró a Romeo Serrano. —De acuerdo. ¡La firmo!***Romeo se quedó perplejo; no esperaba que aceptara con tanta facilidad.Camelia también se sorprendió. En el pasado, Wendy siempre suplicaba, lo que solo conseguía que su padre la odiara más. Esta vez, sin embargo, había accedido sin dudar.—Hermana, por favor, no lo firmes. Todo es mi culpa, yo ocupé tu identidad y tu lugar, y por eso estás molesta y te desquitaste conmigo.—Hermana, de verdad que no voy a tomar acciones legales, te perdono. Por favor, no te vayas, ¿sí?Wendy la observó, con el rostro bañado en lágrimas. Era la escena más hipócrita y repugnante que había visto en su vida.Sonrió con serenidad. —Camelia, ¿no es esto lo que querías? Acepto el divorcio y acepto irme de la familia Serrano. ¿No es exactamente lo que esperabas?—Dices que ocupaste mi lugar, ¿entonces por qué no te largas de una buena vez?—Siempre dices lo mismo, pero nunca te vas. ¿Para quién es todo este teatro?Camelia se quedó sin palabras. Wendy había cambiado.¿Cuándo se había vuelto tan serena?Al ver que Camelia no podía responder, Wendy se dirigió a Romeo. —Señor Serrano, cuando Bruno tuvo el accidente de carro y quedó ciego, Camelia huyó al extranjero. Ustedes me trajeron de vuelta para que me casara con él en su lugar. La deuda por haberme criado queda saldada con esto.Romeo suspiró aliviado al oírla; por un momento, pensó que revelaría aquel otro secreto.Casi se muere del susto.Camelia también respiró tranquila.Se suponía que Wendy no debía saberlo.Wendy tomó el acta de sus manos. Ni siquiera la leyó; ya la había visto en su vida anterior.Sin dudarlo, firmó con su nombre.Ella era la hija biológica de los Serrano, pero ellos nunca lo habían reconocido.Como había crecido en la Santa Serena, la consideraban una muchacha de pueblo, impresentable.Públicamente, la familia Serrano decía que era su hija adoptiva.El acta tenía dos copias. Guardó una para ella y la otra, después de recoger su bolso del suelo, la metió dentro. De paso, le envió un mensaje a su hermano.[Hermano, quiero volver a casa. Camelia, de la familia Serrano, me tendió una trampa. Necesito pruebas, en veinte minutos.]Podía irse, pero antes de hacerlo, le dejaría un gran regalo a Camelia.Los invitados sentados no muy lejos seguían cuchicheando sobre lo malvada que era.Wendy solo sentía que su corazón ya estaba insensible al dolor.Le entregó el acta firmada a Romeo. —Señor Serrano, guárdela bien.Romeo tomó el documento. Al ver su expresión fría, como si no le importara en lo más mínimo, sintió una extraña inquietud.Wendy miró a Bruno y vio que aún sostenía el acuerdo de divorcio.Se había desmayado antes porque Bruno, para defender a Camelia, le había dado dos bofetadas que la dejaron inconsciente.Habían pasado tres años y se le había olvidado que sus habilidades en artes marciales eran más que suficientes para acabar con la vida de ese perro.«Ay, Wendy, Wendy, de verdad que tenías la cabeza llena de puro amor».Tomó el acuerdo de divorcio de las manos de Bruno. Observó sus facciones bien definidas; era de la élite de Clarosol, con una familia de primera y una apariencia impecable. No era de extrañar que Camelia lo persiguiera con tanta insistencia.Esbozó una sonrisa desolada. Esta sería la última vez que sentiría dolor por este hombre.—Bruno, durante estos dos años, te he cuidado con esmero. Nunca he hecho nada para traicionarte. He sido fiel a este matrimonio.Bruno se sorprendió, recordando los dos años de cuidados incondicionales.Al ver su sonrisa desolada, sintió una inexplicable irritación en el corazón.Pero ella era demasiado ruin, hiriendo a Camelia una y otra vez. Una mujer así le provocaba náuseas con solo mirarla.—¡Ja! Wendy, más te vale cumplir tu palabra y no intentar ninguna treta. Las veces anteriores que quise divorciarme, siempre te negaste con cualquier excusa. Esta vez, tus acciones han ido demasiado lejos. En consideración a los dos años que me cuidaste y por respeto a Camelia, te perdonaré esta vez.Wendy soltó una risa fría, y las lágrimas brotaron al instante. Le dolía el corazón. ¿Cómo podía seguir llorando por un patán como él?—No necesito tu lástima. Nunca he existido en tu corazón, ni una sola vez has creído en mí. Un perro como tú es perfecto para ser el perro de Camelia. Ya que ambos se aman tanto, les concedo su deseo.Bruno, furioso, estaba a punto de reprenderla cuando la vio firmar el acuerdo de divorcio sin la menor vacilación.***Al ver que Wendy firmaba, Camelia apenas pudo contener la emoción en sus ojos.Por fin, Wendy se divorciaba. Bruno sería solo suyo.Wendy vio que Bruno ya había firmado; una vez que ella lo hiciera, el acuerdo sería legalmente válido.Se irguió y le entregó el documento a Bruno.Bruno estaba muy cerca de ella. En dos años de matrimonio, era la primera vez que la miraba tan de cerca.Tenía la piel blanquísima, los ojos claros, y vestía un elegante vestido negro que le daba un aire de lánguida sofisticación. En su mirada, antes fría y ahora vivaz, había un poder hipnótico.En aquellos ojos que solían mirarlo con tanto amor, ya no quedaba ni rastro de afecto.El corazón de Bruno se encogió de repente, como si algo se le estuviera escapando del cuerpo.Su mano, que sostenía el acuerdo de divorcio, se apretó con fuerza.Wendy se volvió hacia Camelia. —¿Señorita Serrano, está satisfecha?Camelia estaba satisfecha, enormemente satisfecha.¿Acaso el propósito de tenderle una trampa a Wendy no era precisamente echarla frente a todos sus amigos y familiares?Su objetivo finalmente se había cumplido.—Hermana, por favor, no digas eso. Nunca he querido culparte de nada…—Claro, nunca me has culpado, solo te has encargado de que mis seres queridos se alejen de mí. ¡Felicidades, ganaste!Wendy miró a sus padres y a sus cuatro fríos hermanos, y sonrió con resignación.Calculó mentalmente el tiempo que quedaba y se marchó con pasos elegantes y serenos.Mientras caminaba, repasaba el plan en su mente.La familia Serrano había organizado una fiesta de cumpleaños para Camelia, y ese mismo día, ella fue supuestamente secuestrada y agredida.Marta, la sirvienta de Camelia, testificó que Wendy había sido la autora intelectual, lo que provocó la ira de Bruno y que la dejara inconsciente de un golpe.Después de todo, ellos dos habían crecido juntos como amigos de la infancia.Contó en silencio: cinco, cuatro, tres, dos, uno.En la pantalla electrónica detrás de ella, apareció un video.—Señorita, si quiere que Wendy se largue para siempre de la familia Serrano y que el señor Ojeda se divorcie de ella, solo hay una manera: tiene que sufrir un poco. Organice un secuestro y acuse a Wendy.—Todos la adoran y la consienten. Con una sola palabra suya, todos le creerán a usted y no a esa mujer que viene del pueblo.—Marta, ¿y si nos descubren?—¿Qué importa, señorita? No olvide las veces anteriores. Aunque Wendy se desvivió explicando, Bruno nunca le creyó. Él no la ama, a quien ama es a usted. Siempre ha sido usted.—Usted es su ángel, ¿cómo no iba a creerle?—Marta, yo…—Ya está, señorita. Yo me encargo de todo. Solo tenemos que encontrar una excusa para que Wendy salga de casa ese día y hacer que la familia testifique en su contra. Así la sacaremos de aquí para siempre.La multitud exclamó: —¡¡¡!!!—¡Dios mío! Después de tanto drama, resulta que la señorita Serrano montó todo este teatro.—Esta mujer es terrible. Para deshacerse de Wendy y quedarse con el marido de su hermana, fue capaz de hacer algo así.Los invitados no paraban de cuchichear.Las pupilas de Bruno se contrajeron violentamente. Miró el rostro sereno de Wendy; parecía otra, como si nada en el mundo le importara.Camelia, por su parte, palideció de pánico. La pantalla electrónica, que su hermano mayor iba a usar para mostrar sus mejores pasos de baile, ahora exhibía las pruebas de su conspiración contra Wendy.—¡Ah, ah, ah! ¡Eso no es verdad, esa no soy yo! Wendy, ¿por qué tienes que incriminarme así? ¿Incluso al irte tienes que dejarme mal parada? —Camelia, reaccionando al instante, se adelantó a todos con un grito desgarrador.Wendy sonrió con frialdad. —Aunque yo te incriminara, toda esta gente que te quiere a tu alrededor te seguiría creyendo, ¿no es así? Incluso si dijeras que mataste a alguien, no te creerían y te defenderían sin dudarlo.Camelia bajó la mirada, incapaz de creer que su secreto hubiera salido a la luz.Bruno también intervino para defenderla: —Wendy, no digas mentiras. Camelia es demasiado buena para hacer algo así. Wendy, ¿no serás tú quien la está incriminando?***Capítulo 2El día que Wendy Ledesma murió coincidió con una noche de celebraciones, cuando el cielo ardía en fuegos artificiales y el aire helado parecía burlarse de su destino.Ese mismo día, la secuestraron junto a Camelia Serrano, la amante de su esposo.Sus cuatro hermanos y su esposo eligieron salvar a Camelia.A ella, en cambio, la empujó desde lo alto de un edificio el hombre que más amaba, matándola junto con el hijo que llevaba en el vientre.Cuando su alma se desprendió del cuerpo y vio la masacre en que la habían convertido, sonrió. La misma familia a la que había dedicado su vida a proteger, deseaba su muerte.El primer día de su cautiverio, para salvar a Camelia, su hermano Salvador Serrano permitió que los secuestradores le desfiguraran el rostro.El segundo día, otro de sus hermanos dejó que le rompieran las manos para que Camelia pudiera vivir.El tercer día, su hermano dejó que le inyectaran el veneno más doloroso para que Camelia continuara con vida.El cuarto día, uno de sus hermanos permitió que le quebraran las piernas, todo para que Camelia sobreviviera.Justo cuando el dolor era insoportable, ellos llegaron. Y el hombre al que más amaba, para salvar a Camelia, la empujó al vacío.Murió hecha pedazos, pero sintió un profundo alivio. Por fin era libre.Sin embargo, su alma no pudo marcharse. Vagó durante décadas entre sus seres queridos, presenciando el destino de cada uno de ellos.No fue hasta el día en que murió Bruno Ojeda que encontró la paz. Por fin podía irse tranquila.Su alma había estado errante por décadas, sin poder reencarnar, y nunca supo por qué.Quería explorar otros lugares. Con la muerte de Bruno, el rencor en su corazón se había disipado.Wendy le dio un último vistazo a la foto de Bruno y caminó hacia la puerta de la mansión sin el menor asomo de nostalgia.Justo al llegar a la entrada, una luz blanca la deslumbró. Sintió una punzada de alegría; Bruno había sido la atadura de su alma y ahora, finalmente, podía liberarse.Pero, al segundo siguiente, una fuerza la arrastró de vuelta.—¡Ah! —gritó Wendy.Intentó aferrarse a algo, pero no encontró nada.—Wendy, deja de hacerte la muerta y levántate. ¿Cómo te atreves a usar una trampa tan ruin como un secuestro en contra de Camelia? De verdad que estás buscando acabar mal —resonó una voz gélida sobre su cabeza.Wendy abrió los ojos de golpe y miró, desconcertada, al hombre apuesto que tenía enfrente.«Bruno, ¿qué hace él aquí?».Maldita sea, estaba furiosa. Acababa de verlo morir, ¿y ahora su alma la perseguía?—Wendy, mujer tóxica, ¿cómo te atreviste a mandar a secuestrar a Camelia? ¿Cómo pude casarme con una mujer tan ruin como tú? Deja de fingir que estás inconsciente y levántate a firmar este acuerdo de divorcio.—En consideración a los dos años que me cuidaste, no tomaré acciones legales, ¿pero el divorcio es definitivo?—¿Divorcio? —Wendy, todavía aturdida, miró a un Bruno furioso.Luego observó a su alrededor. El lugar le resultaba familiar.De repente, comprendió.¿Había renacido?Había vuelto a la fiesta de cumpleaños de Camelia.El día en que Camelia la acusó falsamente de haberla mandado a secuestrar.El día en que Bruno le entregó los papeles del divorcio.Y la familia Serrano, sus padres biológicos y sus cuatro hermanos, un acta para romper sus lazos familiares.En aquel entonces, con la cabeza llena de amor y nada más, no podía dejar ir a Bruno, a quien había salvado de una muerte segura.Se negó a firmar el acuerdo de divorcio y terminó muerta junto a su hijo.El recuerdo de cómo Bruno la había empujado al vacío, embarazada de seis meses, la llenó de dolor y amargura.Era la nieta adoptiva del señor Nicolás Ledesma. Recordó el momento en que su abuelo, quien la adoraba, vio su cadáver y la llamó inútil. Él, que nunca le había dicho una palabra dura, la maldijo con tal decepción y desesperación.Al vivir de nuevo, por fin entendió: ¡cuando alguien no te ama, no importa cuánto te sacrifiques, jamás lo verá!En esta vida, no volvería a enamorarse de Bruno. Se concentraría en ser una mujer rica y poderosa.Lo primero al renacer: se acabaron los dramas internos. Si la buscaban, la encontraban.A todos los que alguna vez la humillaron, les devolvería el favor.Apenas Wendy terminó de procesar la situación, una voz furiosa resonó en sus oídos: —Wendy, la familia Serrano no tiene una hija tan malvada como tú. Frente a todos los invitados, desde este momento, rompemos todo lazo contigo. Aquí está el acta, fírmala.Wendy miró a su padre biológico, furioso, sosteniendo el documento.Luego, su vista recorrió a Camelia, que sollozaba como si se fuera a quedar sin aire, a su madre, que la miraba con odio, y a sus cuatro hermanos, cuyas miradas parecían querer devorarla.El cariño de la familia Serrano era algo que no podía permitirse. Con una sonrisa desolada, miró a Romeo Serrano. —De acuerdo. ¡La firmo!***Romeo se quedó perplejo; no esperaba que aceptara con tanta facilidad.Camelia también se sorprendió. En el pasado, Wendy siempre suplicaba, lo que solo conseguía que su padre la odiara más. Esta vez, sin embargo, había accedido sin dudar.—Hermana, por favor, no lo firmes. Todo es mi culpa, yo ocupé tu identidad y tu lugar, y por eso estás molesta y te desquitaste conmigo.—Hermana, de verdad que no voy a tomar acciones legales, te perdono. Por favor, no te vayas, ¿sí?Wendy la observó, con el rostro bañado en lágrimas. Era la escena más hipócrita y repugnante que había visto en su vida.Sonrió con serenidad. —Camelia, ¿no es esto lo que querías? Acepto el divorcio y acepto irme de la familia Serrano. ¿No es exactamente lo que esperabas?—Dices que ocupaste mi lugar, ¿entonces por qué no te largas de una buena vez?—Siempre dices lo mismo, pero nunca te vas. ¿Para quién es todo este teatro?Camelia se quedó sin palabras. Wendy había cambiado.¿Cuándo se había vuelto tan serena?Al ver que Camelia no podía responder, Wendy se dirigió a Romeo. —Señor Serrano, cuando Bruno tuvo el accidente de carro y quedó ciego, Camelia huyó al extranjero. Ustedes me trajeron de vuelta para que me casara con él en su lugar. La deuda por haberme criado queda saldada con esto.Romeo suspiró aliviado al oírla; por un momento, pensó que revelaría aquel otro secreto.Casi se muere del susto.Camelia también respiró tranquila.Se suponía que Wendy no debía saberlo.Wendy tomó el acta de sus manos. Ni siquiera la leyó; ya la había visto en su vida anterior.Sin dudarlo, firmó con su nombre.Ella era la hija biológica de los Serrano, pero ellos nunca lo habían reconocido.Como había crecido en la Santa Serena, la consideraban una muchacha de pueblo, impresentable.Públicamente, la familia Serrano decía que era su hija adoptiva.El acta tenía dos copias. Guardó una para ella y la otra, después de recoger su bolso del suelo, la metió dentro. De paso, le envió un mensaje a su hermano.[Hermano, quiero volver a casa. Camelia, de la familia Serrano, me tendió una trampa. Necesito pruebas, en veinte minutos.]Podía irse, pero antes de hacerlo, le dejaría un gran regalo a Camelia.Los invitados sentados no muy lejos seguían cuchicheando sobre lo malvada que era.Wendy solo sentía que su corazón ya estaba insensible al dolor.Le entregó el acta firmada a Romeo. —Señor Serrano, guárdela bien.Romeo tomó el documento. Al ver su expresión fría, como si no le importara en lo más mínimo, sintió una extraña inquietud.Wendy miró a Bruno y vio que aún sostenía el acuerdo de divorcio.Se había desmayado antes porque Bruno, para defender a Camelia, le había dado dos bofetadas que la dejaron inconsciente.Habían pasado tres años y se le había olvidado que sus habilidades en artes marciales eran más que suficientes para acabar con la vida de ese perro.«Ay, Wendy, Wendy, de verdad que tenías la cabeza llena de puro amor».Tomó el acuerdo de divorcio de las manos de Bruno. Observó sus facciones bien definidas; era de la élite de Clarosol, con una familia de primera y una apariencia impecable. No era de extrañar que Camelia lo persiguiera con tanta insistencia.Esbozó una sonrisa desolada. Esta sería la última vez que sentiría dolor por este hombre.—Bruno, durante estos dos años, te he cuidado con esmero. Nunca he hecho nada para traicionarte. He sido fiel a este matrimonio.Bruno se sorprendió, recordando los dos años de cuidados incondicionales.Al ver su sonrisa desolada, sintió una inexplicable irritación en el corazón.Pero ella era demasiado ruin, hiriendo a Camelia una y otra vez. Una mujer así le provocaba náuseas con solo mirarla.—¡Ja! Wendy, más te vale cumplir tu palabra y no intentar ninguna treta. Las veces anteriores que quise divorciarme, siempre te negaste con cualquier excusa. Esta vez, tus acciones han ido demasiado lejos. En consideración a los dos años que me cuidaste y por respeto a Camelia, te perdonaré esta vez.Wendy soltó una risa fría, y las lágrimas brotaron al instante. Le dolía el corazón. ¿Cómo podía seguir llorando por un patán como él?—No necesito tu lástima. Nunca he existido en tu corazón, ni una sola vez has creído en mí. Un perro como tú es perfecto para ser el perro de Camelia. Ya que ambos se aman tanto, les concedo su deseo.Bruno, furioso, estaba a punto de reprenderla cuando la vio firmar el acuerdo de divorcio sin la menor vacilación.***Al ver que Wendy firmaba, Camelia apenas pudo contener la emoción en sus ojos.Por fin, Wendy se divorciaba. Bruno sería solo suyo.Wendy vio que Bruno ya había firmado; una vez que ella lo hiciera, el acuerdo sería legalmente válido.Se irguió y le entregó el documento a Bruno.Bruno estaba muy cerca de ella. En dos años de matrimonio, era la primera vez que la miraba tan de cerca.Tenía la piel blanquísima, los ojos claros, y vestía un elegante vestido negro que le daba un aire de lánguida sofisticación. En su mirada, antes fría y ahora vivaz, había un poder hipnótico.En aquellos ojos que solían mirarlo con tanto amor, ya no quedaba ni rastro de afecto.El corazón de Bruno se encogió de repente, como si algo se le estuviera escapando del cuerpo.Su mano, que sostenía el acuerdo de divorcio, se apretó con fuerza.Wendy se volvió hacia Camelia. —¿Señorita Serrano, está satisfecha?Camelia estaba satisfecha, enormemente satisfecha.¿Acaso el propósito de tenderle una trampa a Wendy no era precisamente echarla frente a todos sus amigos y familiares?Su objetivo finalmente se había cumplido.—Hermana, por favor, no digas eso. Nunca he querido culparte de nada…—Claro, nunca me has culpado, solo te has encargado de que mis seres queridos se alejen de mí. ¡Felicidades, ganaste!Wendy miró a sus padres y a sus cuatro fríos hermanos, y sonrió con resignación.Calculó mentalmente el tiempo que quedaba y se marchó con pasos elegantes y serenos.Mientras caminaba, repasaba el plan en su mente.La familia Serrano había organizado una fiesta de cumpleaños para Camelia, y ese mismo día, ella fue supuestamente secuestrada y agredida.Marta, la sirvienta de Camelia, testificó que Wendy había sido la autora intelectual, lo que provocó la ira de Bruno y que la dejara inconsciente de un golpe.Después de todo, ellos dos habían crecido juntos como amigos de la infancia.Contó en silencio: cinco, cuatro, tres, dos, uno.En la pantalla electrónica detrás de ella, apareció un video.—Señorita, si quiere que Wendy se largue para siempre de la familia Serrano y que el señor Ojeda se divorcie de ella, solo hay una manera: tiene que sufrir un poco. Organice un secuestro y acuse a Wendy.—Todos la adoran y la consienten. Con una sola palabra suya, todos le creerán a usted y no a esa mujer que viene del pueblo.—Marta, ¿y si nos descubren?—¿Qué importa, señorita? No olvide las veces anteriores. Aunque Wendy se desvivió explicando, Bruno nunca le creyó. Él no la ama, a quien ama es a usted. Siempre ha sido usted.—Usted es su ángel, ¿cómo no iba a creerle?—Marta, yo…—Ya está, señorita. Yo me encargo de todo. Solo tenemos que encontrar una excusa para que Wendy salga de casa ese día y hacer que la familia testifique en su contra. Así la sacaremos de aquí para siempre.La multitud exclamó: —¡¡¡!!!—¡Dios mío! Después de tanto drama, resulta que la señorita Serrano montó todo este teatro.—Esta mujer es terrible. Para deshacerse de Wendy y quedarse con el marido de su hermana, fue capaz de hacer algo así.Los invitados no paraban de cuchichear.Las pupilas de Bruno se contrajeron violentamente. Miró el rostro sereno de Wendy; parecía otra, como si nada en el mundo le importara.Camelia, por su parte, palideció de pánico. La pantalla electrónica, que su hermano mayor iba a usar para mostrar sus mejores pasos de baile, ahora exhibía las pruebas de su conspiración contra Wendy.—¡Ah, ah, ah! ¡Eso no es verdad, esa no soy yo! Wendy, ¿por qué tienes que incriminarme así? ¿Incluso al irte tienes que dejarme mal parada? —Camelia, reaccionando al instante, se adelantó a todos con un grito desgarrador.Wendy sonrió con frialdad. —Aunque yo te incriminara, toda esta gente que te quiere a tu alrededor te seguiría creyendo, ¿no es así? Incluso si dijeras que mataste a alguien, no te creerían y te defenderían sin dudarlo.Camelia bajó la mirada, incapaz de creer que su secreto hubiera salido a la luz.Bruno también intervino para defenderla: —Wendy, no digas mentiras. Camelia es demasiado buena para hacer algo así. Wendy, ¿no serás tú quien la está incriminando?***Capítulo 3El día que Wendy Ledesma murió coincidió con una noche de celebraciones, cuando el cielo ardía en fuegos artificiales y el aire helado parecía burlarse de su destino.Ese mismo día, la secuestraron junto a Camelia Serrano, la amante de su esposo.Sus cuatro hermanos y su esposo eligieron salvar a Camelia.A ella, en cambio, la empujó desde lo alto de un edificio el hombre que más amaba, matándola junto con el hijo que llevaba en el vientre.Cuando su alma se desprendió del cuerpo y vio la masacre en que la habían convertido, sonrió. La misma familia a la que había dedicado su vida a proteger, deseaba su muerte.El primer día de su cautiverio, para salvar a Camelia, su hermano Salvador Serrano permitió que los secuestradores le desfiguraran el rostro.El segundo día, otro de sus hermanos dejó que le rompieran las manos para que Camelia pudiera vivir.El tercer día, su hermano dejó que le inyectaran el veneno más doloroso para que Camelia continuara con vida.El cuarto día, uno de sus hermanos permitió que le quebraran las piernas, todo para que Camelia sobreviviera.Justo cuando el dolor era insoportable, ellos llegaron. Y el hombre al que más amaba, para salvar a Camelia, la empujó al vacío.Murió hecha pedazos, pero sintió un profundo alivio. Por fin era libre.Sin embargo, su alma no pudo marcharse. Vagó durante décadas entre sus seres queridos, presenciando el destino de cada uno de ellos.No fue hasta el día en que murió Bruno Ojeda que encontró la paz. Por fin podía irse tranquila.Su alma había estado errante por décadas, sin poder reencarnar, y nunca supo por qué.Quería explorar otros lugares. Con la muerte de Bruno, el rencor en su corazón se había disipado.Wendy le dio un último vistazo a la foto de Bruno y caminó hacia la puerta de la mansión sin el menor asomo de nostalgia.Justo al llegar a la entrada, una luz blanca la deslumbró. Sintió una punzada de alegría; Bruno había sido la atadura de su alma y ahora, finalmente, podía liberarse.Pero, al segundo siguiente, una fuerza la arrastró de vuelta.—¡Ah! —gritó Wendy.Intentó aferrarse a algo, pero no encontró nada.—Wendy, deja de hacerte la muerta y levántate. ¿Cómo te atreves a usar una trampa tan ruin como un secuestro en contra de Camelia? De verdad que estás buscando acabar mal —resonó una voz gélida sobre su cabeza.Wendy abrió los ojos de golpe y miró, desconcertada, al hombre apuesto que tenía enfrente.«Bruno, ¿qué hace él aquí?».Maldita sea, estaba furiosa. Acababa de verlo morir, ¿y ahora su alma la perseguía?—Wendy, mujer tóxica, ¿cómo te atreviste a mandar a secuestrar a Camelia? ¿Cómo pude casarme con una mujer tan ruin como tú? Deja de fingir que estás inconsciente y levántate a firmar este acuerdo de divorcio.—En consideración a los dos años que me cuidaste, no tomaré acciones legales, ¿pero el divorcio es definitivo?—¿Divorcio? —Wendy, todavía aturdida, miró a un Bruno furioso.Luego observó a su alrededor. El lugar le resultaba familiar.De repente, comprendió.¿Había renacido?Había vuelto a la fiesta de cumpleaños de Camelia.El día en que Camelia la acusó falsamente de haberla mandado a secuestrar.El día en que Bruno le entregó los papeles del divorcio.Y la familia Serrano, sus padres biológicos y sus cuatro hermanos, un acta para romper sus lazos familiares.En aquel entonces, con la cabeza llena de amor y nada más, no podía dejar ir a Bruno, a quien había salvado de una muerte segura.Se negó a firmar el acuerdo de divorcio y terminó muerta junto a su hijo.El recuerdo de cómo Bruno la había empujado al vacío, embarazada de seis meses, la llenó de dolor y amargura.Era la nieta adoptiva del señor Nicolás Ledesma. Recordó el momento en que su abuelo, quien la adoraba, vio su cadáver y la llamó inútil. Él, que nunca le había dicho una palabra dura, la maldijo con tal decepción y desesperación.Al vivir de nuevo, por fin entendió: ¡cuando alguien no te ama, no importa cuánto te sacrifiques, jamás lo verá!En esta vida, no volvería a enamorarse de Bruno. Se concentraría en ser una mujer rica y poderosa.Lo primero al renacer: se acabaron los dramas internos. Si la buscaban, la encontraban.A todos los que alguna vez la humillaron, les devolvería el favor.Apenas Wendy terminó de procesar la situación, una voz furiosa resonó en sus oídos: —Wendy, la familia Serrano no tiene una hija tan malvada como tú. Frente a todos los invitados, desde este momento, rompemos todo lazo contigo. Aquí está el acta, fírmala.Wendy miró a su padre biológico, furioso, sosteniendo el documento.Luego, su vista recorrió a Camelia, que sollozaba como si se fuera a quedar sin aire, a su madre, que la miraba con odio, y a sus cuatro hermanos, cuyas miradas parecían querer devorarla.El cariño de la familia Serrano era algo que no podía permitirse. Con una sonrisa desolada, miró a Romeo Serrano. —De acuerdo. ¡La firmo!***Romeo se quedó perplejo; no esperaba que aceptara con tanta facilidad.Camelia también se sorprendió. En el pasado, Wendy siempre suplicaba, lo que solo conseguía que su padre la odiara más. Esta vez, sin embargo, había accedido sin dudar.—Hermana, por favor, no lo firmes. Todo es mi culpa, yo ocupé tu identidad y tu lugar, y por eso estás molesta y te desquitaste conmigo.—Hermana, de verdad que no voy a tomar acciones legales, te perdono. Por favor, no te vayas, ¿sí?Wendy la observó, con el rostro bañado en lágrimas. Era la escena más hipócrita y repugnante que había visto en su vida.Sonrió con serenidad. —Camelia, ¿no es esto lo que querías? Acepto el divorcio y acepto irme de la familia Serrano. ¿No es exactamente lo que esperabas?—Dices que ocupaste mi lugar, ¿entonces por qué no te largas de una buena vez?—Siempre dices lo mismo, pero nunca te vas. ¿Para quién es todo este teatro?Camelia se quedó sin palabras. Wendy había cambiado.¿Cuándo se había vuelto tan serena?Al ver que Camelia no podía responder, Wendy se dirigió a Romeo. —Señor Serrano, cuando Bruno tuvo el accidente de carro y quedó ciego, Camelia huyó al extranjero. Ustedes me trajeron de vuelta para que me casara con él en su lugar. La deuda por haberme criado queda saldada con esto.Romeo suspiró aliviado al oírla; por un momento, pensó que revelaría aquel otro secreto.Casi se muere del susto.Camelia también respiró tranquila.Se suponía que Wendy no debía saberlo.Wendy tomó el acta de sus manos. Ni siquiera la leyó; ya la había visto en su vida anterior.Sin dudarlo, firmó con su nombre.Ella era la hija biológica de los Serrano, pero ellos nunca lo habían reconocido.Como había crecido en la Santa Serena, la consideraban una muchacha de pueblo, impresentable.Públicamente, la familia Serrano decía que era su hija adoptiva.El acta tenía dos copias. Guardó una para ella y la otra, después de recoger su bolso del suelo, la metió dentro. De paso, le envió un mensaje a su hermano.[Hermano, quiero volver a casa. Camelia, de la familia Serrano, me tendió una trampa. Necesito pruebas, en veinte minutos.]Podía irse, pero antes de hacerlo, le dejaría un gran regalo a Camelia.Los invitados sentados no muy lejos seguían cuchicheando sobre lo malvada que era.Wendy solo sentía que su corazón ya estaba insensible al dolor.Le entregó el acta firmada a Romeo. —Señor Serrano, guárdela bien.Romeo tomó el documento. Al ver su expresión fría, como si no le importara en lo más mínimo, sintió una extraña inquietud.Wendy miró a Bruno y vio que aún sostenía el acuerdo de divorcio.Se había desmayado antes porque Bruno, para defender a Camelia, le había dado dos bofetadas que la dejaron inconsciente.Habían pasado tres años y se le había olvidado que sus habilidades en artes marciales eran más que suficientes para acabar con la vida de ese perro.«Ay, Wendy, Wendy, de verdad que tenías la cabeza llena de puro amor».Tomó el acuerdo de divorcio de las manos de Bruno. Observó sus facciones bien definidas; era de la élite de Clarosol, con una familia de primera y una apariencia impecable. No era de extrañar que Camelia lo persiguiera con tanta insistencia.Esbozó una sonrisa desolada. Esta sería la última vez que sentiría dolor por este hombre.—Bruno, durante estos dos años, te he cuidado con esmero. Nunca he hecho nada para traicionarte. He sido fiel a este matrimonio.Bruno se sorprendió, recordando los dos años de cuidados incondicionales.Al ver su sonrisa desolada, sintió una inexplicable irritación en el corazón.Pero ella era demasiado ruin, hiriendo a Camelia una y otra vez. Una mujer así le provocaba náuseas con solo mirarla.—¡Ja! Wendy, más te vale cumplir tu palabra y no intentar ninguna treta. Las veces anteriores que quise divorciarme, siempre te negaste con cualquier excusa. Esta vez, tus acciones han ido demasiado lejos. En consideración a los dos años que me cuidaste y por respeto a Camelia, te perdonaré esta vez.Wendy soltó una risa fría, y las lágrimas brotaron al instante. Le dolía el corazón. ¿Cómo podía seguir llorando por un patán como él?—No necesito tu lástima. Nunca he existido en tu corazón, ni una sola vez has creído en mí. Un perro como tú es perfecto para ser el perro de Camelia. Ya que ambos se aman tanto, les concedo su deseo.Bruno, furioso, estaba a punto de reprenderla cuando la vio firmar el acuerdo de divorcio sin la menor vacilación.***Al ver que Wendy firmaba, Camelia apenas pudo contener la emoción en sus ojos.Por fin, Wendy se divorciaba. Bruno sería solo suyo.Wendy vio que Bruno ya había firmado; una vez que ella lo hiciera, el acuerdo sería legalmente válido.Se irguió y le entregó el documento a Bruno.Bruno estaba muy cerca de ella. En dos años de matrimonio, era la primera vez que la miraba tan de cerca.Tenía la piel blanquísima, los ojos claros, y vestía un elegante vestido negro que le daba un aire de lánguida sofisticación. En su mirada, antes fría y ahora vivaz, había un poder hipnótico.En aquellos ojos que solían mirarlo con tanto amor, ya no quedaba ni rastro de afecto.El corazón de Bruno se encogió de repente, como si algo se le estuviera escapando del cuerpo.Su mano, que sostenía el acuerdo de divorcio, se apretó con fuerza.Wendy se volvió hacia Camelia. —¿Señorita Serrano, está satisfecha?Camelia estaba satisfecha, enormemente satisfecha.¿Acaso el propósito de tenderle una trampa a Wendy no era precisamente echarla frente a todos sus amigos y familiares?Su objetivo finalmente se había cumplido.—Hermana, por favor, no digas eso. Nunca he querido culparte de nada…—Claro, nunca me has culpado, solo te has encargado de que mis seres queridos se alejen de mí. ¡Felicidades, ganaste!Wendy miró a sus padres y a sus cuatro fríos hermanos, y sonrió con resignación.Calculó mentalmente el tiempo que quedaba y se marchó con pasos elegantes y serenos.Mientras caminaba, repasaba el plan en su mente.La familia Serrano había organizado una fiesta de cumpleaños para Camelia, y ese mismo día, ella fue supuestamente secuestrada y agredida.Marta, la sirvienta de Camelia, testificó que Wendy había sido la autora intelectual, lo que provocó la ira de Bruno y que la dejara inconsciente de un golpe.Después de todo, ellos dos habían crecido juntos como amigos de la infancia.Contó en silencio: cinco, cuatro, tres, dos, uno.En la pantalla electrónica detrás de ella, apareció un video.—Señorita, si quiere que Wendy se largue para siempre de la familia Serrano y que el señor Ojeda se divorcie de ella, solo hay una manera: tiene que sufrir un poco. Organice un secuestro y acuse a Wendy.—Todos la adoran y la consienten. Con una sola palabra suya, todos le creerán a usted y no a esa mujer que viene del pueblo.—Marta, ¿y si nos descubren?—¿Qué importa, señorita? No olvide las veces anteriores. Aunque Wendy se desvivió explicando, Bruno nunca le creyó. Él no la ama, a quien ama es a usted. Siempre ha sido usted.—Usted es su ángel, ¿cómo no iba a creerle?—Marta, yo…—Ya está, señorita. Yo me encargo de todo. Solo tenemos que encontrar una excusa para que Wendy salga de casa ese día y hacer que la familia testifique en su contra. Así la sacaremos de aquí para siempre.La multitud exclamó: —¡¡¡!!!—¡Dios mío! Después de tanto drama, resulta que la señorita Serrano montó todo este teatro.—Esta mujer es terrible. Para deshacerse de Wendy y quedarse con el marido de su hermana, fue capaz de hacer algo así.Los invitados no paraban de cuchichear.Las pupilas de Bruno se contrajeron violentamente. Miró el rostro sereno de Wendy; parecía otra, como si nada en el mundo le importara.Camelia, por su parte, palideció de pánico. La pantalla electrónica, que su hermano mayor iba a usar para mostrar sus mejores pasos de baile, ahora exhibía las pruebas de su conspiración contra Wendy.—¡Ah, ah, ah! ¡Eso no es verdad, esa no soy yo! Wendy, ¿por qué tienes que incriminarme así? ¿Incluso al irte tienes que dejarme mal parada? —Camelia, reaccionando al instante, se adelantó a todos con un grito desgarrador.Wendy sonrió con frialdad. —Aunque yo te incriminara, toda esta gente que te quiere a tu alrededor te seguiría creyendo, ¿no es así? Incluso si dijeras que mataste a alguien, no te creerían y te defenderían sin dudarlo.Camelia bajó la mirada, incapaz de creer que su secreto hubiera salido a la luz.Bruno también intervino para defenderla: —Wendy, no digas mentiras. Camelia es demasiado buena para hacer algo así. Wendy, ¿no serás tú quien la está incriminando?***

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