Capítulo 1La víspera del tercer aniversario de bodas, Federico Espinosa compró un par de aretes de zafiro de Cachemira, únicos en el mundo, en una subasta.—Son para la persona con la que siempre he estado en deuda, mi amada —dijo él.Frente a la pantalla, viendo la transmisión en vivo, Verónica Nolan se conmovió hasta las lágrimas. Mañana sería su tercer aniversario de bodas con Federico. Si él había decidido cambiar y valorarla, su espera no habría sido en vano.Belén Espinosa, la abuela, también suspiró aliviada:—Por fin le cayó el veinte a mi nieto, ya sabe consentir a su mujer.***Al día siguiente, el día del tercer aniversario.Verónica acababa de preparar una mesa llena de platillos deliciosos cuando Federico llegó a casa.Ella abrió la puerta para recibirlo, tomó su maletín, se puso en cuclillas para quitarle los zapatos de cuero y ponerle las pantuflas; Verónica hizo todo con fluidez, de un solo tirón.—¿Tanta comida? ¿Celebramos algo hoy?Federico, de figura alta y rasgos atractivos, podía arrancar gritos de miles de chicas con el simple gesto de aflojarse la corbata.Pero sus palabras siempre lograban helarle el corazón a Verónica. Ella se detuvo en seco y le preguntó:—¿Lo olvidaste?¿Cómo podría haberlo olvidado Federico?¿Acaso no fue a comprar esos aretes de zafiro de trescientos millones para recuperarla?Federico puso cara de confusión.—Verónica, ¿debería recordar algo?—¿No compraste ese par de aretes, los Lágrimas de Venus? —Verónica tenía un mal presentimiento, pero aun así insistió, negándose a perder la esperanza.—¿A poco tú sabes de esos aretes?Federico se mostró algo sorprendido. No esperaba que esta esposa tipo niñera, que solo sabía hacer los quehaceres domésticos, se preocupara por lo que pasaba afuera.De inmediato, una sonrisa de desdén se dibujó en sus labios.La base de Verónica no era mala: rostro ovalado, cejas finas y ojos almendrados. Pero el problema era que nunca se arreglaba; se veía super anticuada, como una flor marchita y amarillenta.Ni siquiera se comparaba con lo arregladas que andaban las empleadas de la Mansión Espinosa.La mirada de Verónica se tiñó de una pizca de esperanza.—Lo sé, vi la transmisión en la tele. Esos aretes realmente...Antes de que ella terminara, Federico la interrumpió:—Esos son para Irene.Al mencionar a su amor platónico, la voz de Federico se volvió suave.—Por fin aceptó regresar al país y reconciliarse conmigo, tenía que tenerle un regalo preparado.¡El corazón de Verónica sintió una punzada dolorosa, dudando de lo que acababa de escuchar!¿La persona con la que estaba en deuda era Irene Marín, su primer amor que lo abandonó años atrás?Entonces, ¿qué significaba ella, que lo había servido con tanta dedicación durante tres años y nunca había recibido ni un solo regalo?Incapaz de soportarlo más, soltó:—Federico, ¿ya se te olvidó quién fue la culpable de que tuvieras ese accidente de carro y te quedaras ciego?En aquel entonces, solo por una tontería, Irene hizo un berrinche monumental, lo que provocó que Federico se distrajera al volante y chocara.Después del accidente, al enterarse de que él estaba ciego y que las probabilidades de recuperar la vista eran mínimas, Irene inventó una excusa ese mismo día y huyó al extranjero, desapareciendo sin dejar rastro.Pero para ese momento, ambos ya estaban preparando la boda. Las invitaciones de la familia Espinosa ya se habían enviado, pero no lograban encontrar a Irene ni a su familia por ningún lado.Si no hubiera sido porque Verónica entró al quite de emergencia, la familia Espinosa se habría convertido en el hazmerreír de todo San Eladio.—¿Tú qué sabes? ¡Eso no fue culpa de Irene!Federico no toleraba que nadie hablara mal de su amada y replicó con severidad:—Mi cirugía para recuperar la vista me la hizo Irene. Si no fuera porque a alguien se le salió decirlo, hasta la fecha no sabría que ella hizo tanto por mí en secreto...Verónica se quedó atónita.—¿Qué dijiste?Después de que Federico quedó ciego, fue Belén quien le rogó a ella que le hiciera la cirugía de trasplante de nervio óptico.Verónica se desvivió, realizando tres cirugías mayores y brindándole cuidados intensivos durante innumerables días y noches tras las operaciones. Ella ocultó su identidad como doctora prodigio para dedicarse en cuerpo y alma a Federico. Solo así sus ojos pudieron recuperarse por completo.¿Cómo era posible que ahora fuera mérito de Irene?—¿Estás tan seguro? ¿Le crees todo lo que dice?—¡Claro! Irene es la última discípula de Abel Quintana y la única experta en el mundo capaz de realizar esa cirugía de recuperación visual.El rostro de Federico estaba lleno de gratitud y orgullo.Pero la última discípula del Doctor Quintana era ella, Verónica. ¿En qué momento Irene le robó la identidad?Verónica tuvo muchas ganas de desmontar la mentira de Irene, pero recordó que su maestro había fallecido hacía medio año.Con razón Irene eligió este momento para regresar.El maestro había muerto, no había testigos. Y Federico, bajo sus cuidados intensivos, había recuperado la vista y ya había tomado el control del Grupo Espinosa.Ante esto, Verónica no tenía cómo defenderse, así que solo pudo decir:—Entonces, ¿para qué regresaste esta noche? ¿No deberías estar acompañando a Irene?Se quitó el delantal con fuerza, mientras la desesperación en su corazón se extendía gradualmente.Federico puso una cara de «ya deberías saberlo».—Estoy cansado, divorciémonos. Acordamos un matrimonio de tres años, y ya te he aguantado tres años.¿La había aguantado tres años?¿Cómo tenía cara ese hombre para decir eso?Claramente fue ella quien sacrificó tres años de su juventud, desgastándose física y mentalmente, para convertir a Federico de un ciego en una persona normal.Federico ignoró por completo la tristeza en el rostro de Verónica y lanzó el acuerdo de divorcio que ya tenía preparado.—Checa esto, si no hay problema, firma. Irene y yo nos hemos perdido de mucho por tu culpa todos estos años, no quiero hacerla esperar más...Verónica leyó rápidamente, deteniendo su mirada en la compensación por el divorcio:Un departamentito en las afueras que nadie quería, el carro POLO destartalado que ella usaba para ir al súper, y tres millones en efectivo como compensación.¡Qué generoso!Le compra unos aretes de zafiro de trescientos millones a la culpable de su ceguera, y a ella, su salvadora y esposa, le da tres millones de liquidación.Esos mugres tres millones ni siquiera cubrían sus honorarios por una sola cirugía.¡Sin mencionar cuántas cirugías rechazó durante estos tres años por cuidar de él en el anonimato!—Si se te hace poco la compensación...Federico pensó que su esposa lloraría y le rogaría que no se divorciaran, pero para su sorpresa, ella solo soltó un bufido frío y firmó con decisión.Incrédulo de que fuera tan sencillo, Federico se sintió un poco extraño. Verónica era una huérfana, ¿de dónde sacaba tanta dignidad?Verónica le aventó el acuerdo de divorcio a Federico y dijo con voz fría:—Ya está firmado. Pero Federico, ¡más te vale no arrepentirte!Federico se quedó pasmado un instante, pero enseguida contestó:—Claro que no me voy a arrepentir. Pero ya que aceptaste la compensación del divorcio, tú vas a tener que decírselo a la abuela.Federico sabía que su abuela solo reconocía a Verónica como su nieta política. Si se enteraba de que se iban a divorciar, seguro le rompía las piernas.Así que Verónica tenía que ser la villana.Verónica respondió sin siquiera levantar la cabeza:—Yo no voy a decir nada. En estos tres años de matrimonio, ya pagué la deuda de gratitud que tenía con Belén. Federico, ¿no dices que amas mucho a Irene? ¿Qué pasó? ¿A poco no tienes los pantalones para contárselo a Belén?Ella era una huérfana que creció en un hogar de acogida; gracias al apoyo de Belén durante años pudo crecer y formarse.Por eso, cuando la familia Espinosa necesitó una boda, ella se casó sin dudarlo.No le importó que Federico fuera ciego; lo atendió sin quejarse. Cumplió con su deber de nuera y cuidó de toda la familia Espinosa.El único requisito fue que el matrimonio durara tres años. Si después de tres años Federico no lograba enamorarse de ella, se divorciarían.Ahora, era momento de liberarse.—¡El amor verdadero vence todos los obstáculos, échale ganas! —Verónica sonrió levemente y se burló—. ¡Ojalá se queden juntos para siempre y no le desgracien la vida a nadie más!Cuando Verónica tomó las llaves del carro para irse, Aimar Espinosa, que acababa de entrar, le bloqueó el paso.—Verónica, escuché que mi hermano se va a divorciar de ti. ¡Este carro pertenece a la familia Espinosa, no te permito que te lo lleves!Verónica soltó una risa fría.—Aimar, el carro lo compré yo. ¡Eres igual de sinvergüenza que tu hermano!—¿Qué pasa? —Federico llegó al escuchar el alboroto.Aimar hizo un drama y gritó:—¡Fede, Verónica se quiere llevar el carro y justo yo lo quería usar!Federico frunció el ceño.—Vero, dale el carro a Aimar.—¿Por qué habría de hacerlo? —Verónica se negó rotundamente—. ¡No se lo doy!—¿Te atreves? ¡Te estás rebelando! —Aimar se lanzó directamente a arrebatarle las llaves del carro.Al segundo siguiente, una maleta vieja junto con varias tiras de petardos encendidos fueron lanzados dentro del coche.Entre el chisporroteo del fuego, las explosiones y el humo asfixiante, Aimar gritó del susto y se alejó del auto:—¡Ay!—Ya no quiero el carro, se los regalo. —Después de tirar los petardos, Verónica se dio la media vuelta y se fue.Las cosas que usó en la familia Espinosa, la ropa que vistió, debían quedarse en la familia Espinosa.Si se las llevaba, ¡qué mala vibra!Luego, Verónica le marcó a su mejor amiga y le contó brevemente sobre el divorcio.Para cuando llegó a la entrada de la zona residencial, Nayara Barcena ya había llegado en su discreto Phaeton de un millón.—¡No manches! ¿Estoy viendo a la Vero de carne y hueso?Nayara se frotó los ojos exageradamente.—Llevo tres años enteros sin verte. Cada vez que llamaba era que tenías que cuidar a tu marido.—¡Ya dudaba si a lo que fui hace tres años fue a tu boda o a tu funeral!Tras quejarse, corrió a abrazar a la delgada Verónica, sintiendo mucha lástima por ella.—Qué bueno que te divorciaste, dejar a ese ciego fue lo mejor que pudiste hacer. De ahora en adelante, nosotras a disfrutar la vida loca, comiendo y bebiendo de lo lindo.Y dándose una palmada en el muslo, agregó:—No, tengo que ir a comprar cientos de kilos de fuegos artificiales y tronarlos por tres días y tres noches. Hay que celebrar tu renacimiento.—Ya los troné. —Verónica sonrió y señaló hacia la villa de la familia Espinosa. Justo en ese momento se escuchó un estruendo enorme.El POLO explotó al contacto con el fuego.Al instante, las llamas se elevaron al cielo, iluminando la mitad de la noche.—¿A poco no suenan fuerte mis cohetes? —Verónica arqueó una ceja con picardía.Nayara no paraba de reír.—¡Parece que nuestra Vero ha revivido de verdad! Vámonos a festejar.Verónica se subió al auto y bostezó con cansancio.—Luego festejamos, ahorita solo quiero dormir.Durante esos tres años, o estaba ocupada operando o cuidando a Federico después de sus cirugías; casi no había dormido una noche completa. Estaba agotada.***En la villa.Aimar pataleaba de coraje, rechinando los dientes:—Hermano, casi me mata del susto. ¿Verónica se volvió loca? ¿Cómo se atreve a explotar el carro de la casa? Tienes que darle su merecido...—Ya basta.Federico la interrumpió con impaciencia.—Mírate, ¿dónde quedó la actitud de una dama de sociedad?Aimar de inmediato se hizo la víctima.—Hermano, ¿me estás regañando por culpa de esa gata igualada? Le voy a decir a Irene que cambiaste, que ya no me quieres.—No digas tonterías. —Comparada con esa mujer insípida de Verónica, ¿cómo podría igualarse a su propia hermana?Federico la consoló con paciencia:—¿Ya se te olvidó que en unos días Joseph Rosales va a venir a San Eladio?La familia Rosales era una de las tres familias más importantes del Valle de San Millán, dominando los ámbitos político y empresarial.Joseph Rosales no solo era excepcionalmente guapo, sino que controlaba el Grupo Rosales. Si él estornudaba, la economía nacional temblaba.Y lo más importante, era el único soltero de los cinco señores de la familia Rosales. No solo en San Eladio, sino que hasta las señoritas del Valle de San Millán soñaban con casarse con él.—Lo tengo presente. —Al mencionar al hombre de sus sueños, Aimar puso cara de timidez.Se colgó del brazo de Federico haciendo berrinche cariñoso.—Hermano, esta vez Joseph viene para que le curen la vista a su sobrina.—Si Irene logra curar a la señorita Rosales, será la benefactora de la familia Rosales y una gran heroína para nuestra familia Espinosa; la abuela ya no se opondrá a que te cases con ella.Federico asintió repetidamente.Fue justo porque Irene le curó los ojos a él que la familia Rosales se enteró y vino a buscarla a San Eladio.Esta era su gran oportunidad para relacionarse con la familia Rosales.—Entonces haré que seas la asistente de Irene. Mientras logres caerle bien a la señorita Rosales, lo de Joseph será más fácil.—Gracias, Fede. —Aimar se sumergió al instante en sus fantasías.No sabía por qué, pero ante los ojos de Federico apareció de nuevo la imagen de la espalda de Verónica yéndose con esa actitud tan fresca después de tirar los petardos.Siempre pensó que era sumisa y aburrida, no esperaba que tuviera ese lado tan genial y divertido.Quizás, debería volver a conocer a su esposa.Verónica durmió tres días seguidos en la suite presidencial de Nayara.Salvo para levantarse a comer algo una vez al día, el resto del tiempo se la pasó durmiendo; Nayara incluso le ponía las mascarillas mientras ella seguía en cama.La mañana del cuarto día, Belén llamó para pedirle a Verónica que fuera a la Mansión Espinosa.Sobraba decir que era por el asunto del divorcio con Federico.Pero Nayara le advirtió:—Creo que la razón por la que Belén te llama podría ser porque Estefanía Rosales, la nieta mayor de la familia Rosales del Valle de San Millán, sufrió una lesión accidental en la cabeza y perdió la vista. La familia Rosales ha buscado médicos por todo el mundo sin ver mejoría. Ahora andan buscando por todos lados a Serafina, la última discípula del Doctor Quintana. Joseph vino personalmente a San Eladio por su sobrina. Solo Belén sabe tu identidad, y me temo que...Verónica negó con la cabeza y la interrumpió:—Tranquila, Belén me prometió que no revelaría mi identidad como médico.—De todos modos ten cuidado, no vayas a dejar que la familia Espinosa te utilice —le recordó Nayara con buenas intenciones.—Enterado.Nayara agregó:—Pero no puedes ir así como así.Después del desayuno, Nayara llamó directamente a un equipo de estilistas a la suite.—Solo hay un requisito: ¡que nuestra Vero reviva en todo su esplendor!Y vaya que sí; Verónica, ya bien descansada, parecía una flor a punto de morir que acababa de recibir agua fresca. No solo su piel se veía tersa y radiante, sino que sus ojos, que habían perdido el brillo por el maltrato de la vida diaria, lucían cristalinos como un manantial.El equipo de imagen solo le eligió un vestido de cóctel que le quedaba perfecto y le aplicó un poco de polvo traslúcido en el rostro.Verónica quedó tan hermosa que parecía un ángel.Hasta Nayara se le quedó viendo sin parpadear y tardó un rato en decir:—¿Qué tan ciego estaba Federico para dejar ir a esta belleza celestial por una hierba mala como Irene?A la hora acordada, el coche de la familia Espinosa llegó al lugar de la cita.El mayordomo Luis vino a recogerla personalmente, y de primer vistazo no la reconoció.La observó varias veces y solo hasta que Verónica lo saludó, Luis reconoció su voz y confirmó quién era, diciendo apresuradamente:—No esperaba que la señorita Nolan se hubiera puesto tan guapa, casi no la reconozco.Media hora después, al llegar a la entrada de la villa, Luis le abrió la puerta y la invitó a bajar con respeto.—¿Ah? ¿Es esta la hija de la familia Rosales? —Aimar llegó corriendo, moviendo la cola y con una sonrisa llena de adulación.Hoy era el día que Joseph visitaría a la familia Espinosa, así que ella se había levantado temprano para arreglarse y se había comprado un atuendo carísimo.Todo para causarle una buena impresión.Pensó que solo vendría Joseph, pero no esperaba encontrarse en la puerta con una joven despampanante.Con ese porte tan noble, ¿quién más podría ser sino la señorita de la familia Rosales?—Aimar, te falla mucho la vista, ¿eh?En cuanto salió la voz de Verónica, Aimar se quedó boquiabierta del susto.—¡¿Eres tú?! —La miró de arriba abajo sin poder creerlo, con los ojos llenos de envidia y odio.Justo en ese momento, Federico llegó en su auto con Irene a la residencia.Al bajar, su mirada fue capturada por Verónica y se quedó pasmado en su lugar.Solo se estaban divorciando, ¿cómo podía haberse puesto tan guapa?—Fede, esa es tu ex, ¿verdad? —Irene notó la mirada de asombro de Federico y apretó los dientes en secreto, pero mantuvo una sonrisa generosa en su bello rostro—. Ya que nos la encontramos, vamos a saludar. Después de todo, siendo huérfana, no debió ser fácil para ella perseguirte hasta aquí.¡Ese tono! ¡Como si ella fuera la esposa legítima que sale a enfrentar a la amante!Aimar reaccionó y comenzó a insultar a Verónica:—¡Verónica! ¿Cómo te atreves a usar ropa tan cara? El dinero que te dio mi hermano, ¿te lo gastaste en cirugías y ropa?Hoy, hasta Irene se había vestido de forma sencilla para servirle de contraste, así que Aimar no podía tolerar que Verónica se viera mejor que ella.Hizo una pausa y siguió insultando:—¡Puaj, sinvergüenza! ¿Para quién te vistes tan provocativa? ¿Quieres seducir a mi hermano para que vuelva contigo? ¡Ni lo sueñes!Estaba tan enojada que pataleaba y quiso lanzarse a romperle el vestido y jalarle el pelo a Verónica.Luis se apresuró a detenerla:—Señorita, hoy vienen visitas importantes, ¿qué imagen va a dar con este escándalo?Aimar, acostumbrada a ser prepotente, no le importó.—¡Le voy a rasguñar esa cara de zorra!Verónica sacó elegantemente su celular del bolso de mano y apuntó hacia Aimar.—Ándale, sigue con tu berrinche, no estaría mal que Joseph vea tu verdadera cara.Aimar se asustó y se calmó, aunque seguía fulminando a Verónica con la mirada.—¡Atrévete!Luego, se recargó en Irene haciéndose la víctima y acusó:—Irene, mi buena cuñada, tienes que defenderme.Enfatizó intencionalmente las palabras «buena cuñada» para hacer enojar a Verónica.—Está bien, no dejaré que los extraños te intimiden —dijo Irene, consintiendo a Aimar como si fuera su propia hermana menor.A Verónica le pareció ridículo.—¿Acaso Belén y la señora Espinosa ya no están? ¿Ahora resulta que la familia Espinosa la maneja la señorita Marín, que es una extraña?Irene se puso rígida y su sonrisa se congeló.¿No decían que Verónica era siempre sumisa en la familia Espinosa y fácil de mangonear?¿De dónde sacaba esa lengua tan afilada?—¿A quién le dices extraña? Tú eres la extraña. —Aimar se apresuró a acusarla con Federico—. Hermano, mira, está molestando a Irene.Irene fingió inocencia:—Déjalo, la señorita Nolan es huérfana, es normal que no sepa medir sus palabras. Fede, no la culpes, estoy bien.Verónica puso los ojos en blanco; eso era una indirecta de que no tenía madre ni padre, que no tenía educación.Pero Federico sintió que su amada, a pesar de ser agraviada, pensaba en los demás; era una belleza con buen corazón, difícil de encontrar.Se apresuró a abrazarla por los hombros, atrayéndola con cariño hacia su pecho, y volteó para regañar furioso a Verónica:—No creas que así vas a llamar mi atención, solo me das asco. ¡Discúlpate con Irene ahora mismo!Capítulo 2La víspera del tercer aniversario de bodas, Federico Espinosa compró un par de aretes de zafiro de Cachemira, únicos en el mundo, en una subasta.—Son para la persona con la que siempre he estado en deuda, mi amada —dijo él.Frente a la pantalla, viendo la transmisión en vivo, Verónica Nolan se conmovió hasta las lágrimas. Mañana sería su tercer aniversario de bodas con Federico. Si él había decidido cambiar y valorarla, su espera no habría sido en vano.Belén Espinosa, la abuela, también suspiró aliviada:—Por fin le cayó el veinte a mi nieto, ya sabe consentir a su mujer.***Al día siguiente, el día del tercer aniversario.Verónica acababa de preparar una mesa llena de platillos deliciosos cuando Federico llegó a casa.Ella abrió la puerta para recibirlo, tomó su maletín, se puso en cuclillas para quitarle los zapatos de cuero y ponerle las pantuflas; Verónica hizo todo con fluidez, de un solo tirón.—¿Tanta comida? ¿Celebramos algo hoy?Federico, de figura alta y rasgos atractivos, podía arrancar gritos de miles de chicas con el simple gesto de aflojarse la corbata.Pero sus palabras siempre lograban helarle el corazón a Verónica. Ella se detuvo en seco y le preguntó:—¿Lo olvidaste?¿Cómo podría haberlo olvidado Federico?¿Acaso no fue a comprar esos aretes de zafiro de trescientos millones para recuperarla?Federico puso cara de confusión.—Verónica, ¿debería recordar algo?—¿No compraste ese par de aretes, los Lágrimas de Venus? —Verónica tenía un mal presentimiento, pero aun así insistió, negándose a perder la esperanza.—¿A poco tú sabes de esos aretes?Federico se mostró algo sorprendido. No esperaba que esta esposa tipo niñera, que solo sabía hacer los quehaceres domésticos, se preocupara por lo que pasaba afuera.De inmediato, una sonrisa de desdén se dibujó en sus labios.La base de Verónica no era mala: rostro ovalado, cejas finas y ojos almendrados. Pero el problema era que nunca se arreglaba; se veía super anticuada, como una flor marchita y amarillenta.Ni siquiera se comparaba con lo arregladas que andaban las empleadas de la Mansión Espinosa.La mirada de Verónica se tiñó de una pizca de esperanza.—Lo sé, vi la transmisión en la tele. Esos aretes realmente...Antes de que ella terminara, Federico la interrumpió:—Esos son para Irene.Al mencionar a su amor platónico, la voz de Federico se volvió suave.—Por fin aceptó regresar al país y reconciliarse conmigo, tenía que tenerle un regalo preparado.¡El corazón de Verónica sintió una punzada dolorosa, dudando de lo que acababa de escuchar!¿La persona con la que estaba en deuda era Irene Marín, su primer amor que lo abandonó años atrás?Entonces, ¿qué significaba ella, que lo había servido con tanta dedicación durante tres años y nunca había recibido ni un solo regalo?Incapaz de soportarlo más, soltó:—Federico, ¿ya se te olvidó quién fue la culpable de que tuvieras ese accidente de carro y te quedaras ciego?En aquel entonces, solo por una tontería, Irene hizo un berrinche monumental, lo que provocó que Federico se distrajera al volante y chocara.Después del accidente, al enterarse de que él estaba ciego y que las probabilidades de recuperar la vista eran mínimas, Irene inventó una excusa ese mismo día y huyó al extranjero, desapareciendo sin dejar rastro.Pero para ese momento, ambos ya estaban preparando la boda. Las invitaciones de la familia Espinosa ya se habían enviado, pero no lograban encontrar a Irene ni a su familia por ningún lado.Si no hubiera sido porque Verónica entró al quite de emergencia, la familia Espinosa se habría convertido en el hazmerreír de todo San Eladio.—¿Tú qué sabes? ¡Eso no fue culpa de Irene!Federico no toleraba que nadie hablara mal de su amada y replicó con severidad:—Mi cirugía para recuperar la vista me la hizo Irene. Si no fuera porque a alguien se le salió decirlo, hasta la fecha no sabría que ella hizo tanto por mí en secreto...Verónica se quedó atónita.—¿Qué dijiste?Después de que Federico quedó ciego, fue Belén quien le rogó a ella que le hiciera la cirugía de trasplante de nervio óptico.Verónica se desvivió, realizando tres cirugías mayores y brindándole cuidados intensivos durante innumerables días y noches tras las operaciones. Ella ocultó su identidad como doctora prodigio para dedicarse en cuerpo y alma a Federico. Solo así sus ojos pudieron recuperarse por completo.¿Cómo era posible que ahora fuera mérito de Irene?—¿Estás tan seguro? ¿Le crees todo lo que dice?—¡Claro! Irene es la última discípula de Abel Quintana y la única experta en el mundo capaz de realizar esa cirugía de recuperación visual.El rostro de Federico estaba lleno de gratitud y orgullo.Pero la última discípula del Doctor Quintana era ella, Verónica. ¿En qué momento Irene le robó la identidad?Verónica tuvo muchas ganas de desmontar la mentira de Irene, pero recordó que su maestro había fallecido hacía medio año.Con razón Irene eligió este momento para regresar.El maestro había muerto, no había testigos. Y Federico, bajo sus cuidados intensivos, había recuperado la vista y ya había tomado el control del Grupo Espinosa.Ante esto, Verónica no tenía cómo defenderse, así que solo pudo decir:—Entonces, ¿para qué regresaste esta noche? ¿No deberías estar acompañando a Irene?Se quitó el delantal con fuerza, mientras la desesperación en su corazón se extendía gradualmente.Federico puso una cara de «ya deberías saberlo».—Estoy cansado, divorciémonos. Acordamos un matrimonio de tres años, y ya te he aguantado tres años.¿La había aguantado tres años?¿Cómo tenía cara ese hombre para decir eso?Claramente fue ella quien sacrificó tres años de su juventud, desgastándose física y mentalmente, para convertir a Federico de un ciego en una persona normal.Federico ignoró por completo la tristeza en el rostro de Verónica y lanzó el acuerdo de divorcio que ya tenía preparado.—Checa esto, si no hay problema, firma. Irene y yo nos hemos perdido de mucho por tu culpa todos estos años, no quiero hacerla esperar más...Verónica leyó rápidamente, deteniendo su mirada en la compensación por el divorcio:Un departamentito en las afueras que nadie quería, el carro POLO destartalado que ella usaba para ir al súper, y tres millones en efectivo como compensación.¡Qué generoso!Le compra unos aretes de zafiro de trescientos millones a la culpable de su ceguera, y a ella, su salvadora y esposa, le da tres millones de liquidación.Esos mugres tres millones ni siquiera cubrían sus honorarios por una sola cirugía.¡Sin mencionar cuántas cirugías rechazó durante estos tres años por cuidar de él en el anonimato!—Si se te hace poco la compensación...Federico pensó que su esposa lloraría y le rogaría que no se divorciaran, pero para su sorpresa, ella solo soltó un bufido frío y firmó con decisión.Incrédulo de que fuera tan sencillo, Federico se sintió un poco extraño. Verónica era una huérfana, ¿de dónde sacaba tanta dignidad?Verónica le aventó el acuerdo de divorcio a Federico y dijo con voz fría:—Ya está firmado. Pero Federico, ¡más te vale no arrepentirte!Federico se quedó pasmado un instante, pero enseguida contestó:—Claro que no me voy a arrepentir. Pero ya que aceptaste la compensación del divorcio, tú vas a tener que decírselo a la abuela.Federico sabía que su abuela solo reconocía a Verónica como su nieta política. Si se enteraba de que se iban a divorciar, seguro le rompía las piernas.Así que Verónica tenía que ser la villana.Verónica respondió sin siquiera levantar la cabeza:—Yo no voy a decir nada. En estos tres años de matrimonio, ya pagué la deuda de gratitud que tenía con Belén. Federico, ¿no dices que amas mucho a Irene? ¿Qué pasó? ¿A poco no tienes los pantalones para contárselo a Belén?Ella era una huérfana que creció en un hogar de acogida; gracias al apoyo de Belén durante años pudo crecer y formarse.Por eso, cuando la familia Espinosa necesitó una boda, ella se casó sin dudarlo.No le importó que Federico fuera ciego; lo atendió sin quejarse. Cumplió con su deber de nuera y cuidó de toda la familia Espinosa.El único requisito fue que el matrimonio durara tres años. Si después de tres años Federico no lograba enamorarse de ella, se divorciarían.Ahora, era momento de liberarse.—¡El amor verdadero vence todos los obstáculos, échale ganas! —Verónica sonrió levemente y se burló—. ¡Ojalá se queden juntos para siempre y no le desgracien la vida a nadie más!Cuando Verónica tomó las llaves del carro para irse, Aimar Espinosa, que acababa de entrar, le bloqueó el paso.—Verónica, escuché que mi hermano se va a divorciar de ti. ¡Este carro pertenece a la familia Espinosa, no te permito que te lo lleves!Verónica soltó una risa fría.—Aimar, el carro lo compré yo. ¡Eres igual de sinvergüenza que tu hermano!—¿Qué pasa? —Federico llegó al escuchar el alboroto.Aimar hizo un drama y gritó:—¡Fede, Verónica se quiere llevar el carro y justo yo lo quería usar!Federico frunció el ceño.—Vero, dale el carro a Aimar.—¿Por qué habría de hacerlo? —Verónica se negó rotundamente—. ¡No se lo doy!—¿Te atreves? ¡Te estás rebelando! —Aimar se lanzó directamente a arrebatarle las llaves del carro.Al segundo siguiente, una maleta vieja junto con varias tiras de petardos encendidos fueron lanzados dentro del coche.Entre el chisporroteo del fuego, las explosiones y el humo asfixiante, Aimar gritó del susto y se alejó del auto:—¡Ay!—Ya no quiero el carro, se los regalo. —Después de tirar los petardos, Verónica se dio la media vuelta y se fue.Las cosas que usó en la familia Espinosa, la ropa que vistió, debían quedarse en la familia Espinosa.Si se las llevaba, ¡qué mala vibra!Luego, Verónica le marcó a su mejor amiga y le contó brevemente sobre el divorcio.Para cuando llegó a la entrada de la zona residencial, Nayara Barcena ya había llegado en su discreto Phaeton de un millón.—¡No manches! ¿Estoy viendo a la Vero de carne y hueso?Nayara se frotó los ojos exageradamente.—Llevo tres años enteros sin verte. Cada vez que llamaba era que tenías que cuidar a tu marido.—¡Ya dudaba si a lo que fui hace tres años fue a tu boda o a tu funeral!Tras quejarse, corrió a abrazar a la delgada Verónica, sintiendo mucha lástima por ella.—Qué bueno que te divorciaste, dejar a ese ciego fue lo mejor que pudiste hacer. De ahora en adelante, nosotras a disfrutar la vida loca, comiendo y bebiendo de lo lindo.Y dándose una palmada en el muslo, agregó:—No, tengo que ir a comprar cientos de kilos de fuegos artificiales y tronarlos por tres días y tres noches. Hay que celebrar tu renacimiento.—Ya los troné. —Verónica sonrió y señaló hacia la villa de la familia Espinosa. Justo en ese momento se escuchó un estruendo enorme.El POLO explotó al contacto con el fuego.Al instante, las llamas se elevaron al cielo, iluminando la mitad de la noche.—¿A poco no suenan fuerte mis cohetes? —Verónica arqueó una ceja con picardía.Nayara no paraba de reír.—¡Parece que nuestra Vero ha revivido de verdad! Vámonos a festejar.Verónica se subió al auto y bostezó con cansancio.—Luego festejamos, ahorita solo quiero dormir.Durante esos tres años, o estaba ocupada operando o cuidando a Federico después de sus cirugías; casi no había dormido una noche completa. Estaba agotada.***En la villa.Aimar pataleaba de coraje, rechinando los dientes:—Hermano, casi me mata del susto. ¿Verónica se volvió loca? ¿Cómo se atreve a explotar el carro de la casa? Tienes que darle su merecido...—Ya basta.Federico la interrumpió con impaciencia.—Mírate, ¿dónde quedó la actitud de una dama de sociedad?Aimar de inmediato se hizo la víctima.—Hermano, ¿me estás regañando por culpa de esa gata igualada? Le voy a decir a Irene que cambiaste, que ya no me quieres.—No digas tonterías. —Comparada con esa mujer insípida de Verónica, ¿cómo podría igualarse a su propia hermana?Federico la consoló con paciencia:—¿Ya se te olvidó que en unos días Joseph Rosales va a venir a San Eladio?La familia Rosales era una de las tres familias más importantes del Valle de San Millán, dominando los ámbitos político y empresarial.Joseph Rosales no solo era excepcionalmente guapo, sino que controlaba el Grupo Rosales. Si él estornudaba, la economía nacional temblaba.Y lo más importante, era el único soltero de los cinco señores de la familia Rosales. No solo en San Eladio, sino que hasta las señoritas del Valle de San Millán soñaban con casarse con él.—Lo tengo presente. —Al mencionar al hombre de sus sueños, Aimar puso cara de timidez.Se colgó del brazo de Federico haciendo berrinche cariñoso.—Hermano, esta vez Joseph viene para que le curen la vista a su sobrina.—Si Irene logra curar a la señorita Rosales, será la benefactora de la familia Rosales y una gran heroína para nuestra familia Espinosa; la abuela ya no se opondrá a que te cases con ella.Federico asintió repetidamente.Fue justo porque Irene le curó los ojos a él que la familia Rosales se enteró y vino a buscarla a San Eladio.Esta era su gran oportunidad para relacionarse con la familia Rosales.—Entonces haré que seas la asistente de Irene. Mientras logres caerle bien a la señorita Rosales, lo de Joseph será más fácil.—Gracias, Fede. —Aimar se sumergió al instante en sus fantasías.No sabía por qué, pero ante los ojos de Federico apareció de nuevo la imagen de la espalda de Verónica yéndose con esa actitud tan fresca después de tirar los petardos.Siempre pensó que era sumisa y aburrida, no esperaba que tuviera ese lado tan genial y divertido.Quizás, debería volver a conocer a su esposa.Verónica durmió tres días seguidos en la suite presidencial de Nayara.Salvo para levantarse a comer algo una vez al día, el resto del tiempo se la pasó durmiendo; Nayara incluso le ponía las mascarillas mientras ella seguía en cama.La mañana del cuarto día, Belén llamó para pedirle a Verónica que fuera a la Mansión Espinosa.Sobraba decir que era por el asunto del divorcio con Federico.Pero Nayara le advirtió:—Creo que la razón por la que Belén te llama podría ser porque Estefanía Rosales, la nieta mayor de la familia Rosales del Valle de San Millán, sufrió una lesión accidental en la cabeza y perdió la vista. La familia Rosales ha buscado médicos por todo el mundo sin ver mejoría. Ahora andan buscando por todos lados a Serafina, la última discípula del Doctor Quintana. Joseph vino personalmente a San Eladio por su sobrina. Solo Belén sabe tu identidad, y me temo que...Verónica negó con la cabeza y la interrumpió:—Tranquila, Belén me prometió que no revelaría mi identidad como médico.—De todos modos ten cuidado, no vayas a dejar que la familia Espinosa te utilice —le recordó Nayara con buenas intenciones.—Enterado.Nayara agregó:—Pero no puedes ir así como así.Después del desayuno, Nayara llamó directamente a un equipo de estilistas a la suite.—Solo hay un requisito: ¡que nuestra Vero reviva en todo su esplendor!Y vaya que sí; Verónica, ya bien descansada, parecía una flor a punto de morir que acababa de recibir agua fresca. No solo su piel se veía tersa y radiante, sino que sus ojos, que habían perdido el brillo por el maltrato de la vida diaria, lucían cristalinos como un manantial.El equipo de imagen solo le eligió un vestido de cóctel que le quedaba perfecto y le aplicó un poco de polvo traslúcido en el rostro.Verónica quedó tan hermosa que parecía un ángel.Hasta Nayara se le quedó viendo sin parpadear y tardó un rato en decir:—¿Qué tan ciego estaba Federico para dejar ir a esta belleza celestial por una hierba mala como Irene?A la hora acordada, el coche de la familia Espinosa llegó al lugar de la cita.El mayordomo Luis vino a recogerla personalmente, y de primer vistazo no la reconoció.La observó varias veces y solo hasta que Verónica lo saludó, Luis reconoció su voz y confirmó quién era, diciendo apresuradamente:—No esperaba que la señorita Nolan se hubiera puesto tan guapa, casi no la reconozco.Media hora después, al llegar a la entrada de la villa, Luis le abrió la puerta y la invitó a bajar con respeto.—¿Ah? ¿Es esta la hija de la familia Rosales? —Aimar llegó corriendo, moviendo la cola y con una sonrisa llena de adulación.Hoy era el día que Joseph visitaría a la familia Espinosa, así que ella se había levantado temprano para arreglarse y se había comprado un atuendo carísimo.Todo para causarle una buena impresión.Pensó que solo vendría Joseph, pero no esperaba encontrarse en la puerta con una joven despampanante.Con ese porte tan noble, ¿quién más podría ser sino la señorita de la familia Rosales?—Aimar, te falla mucho la vista, ¿eh?En cuanto salió la voz de Verónica, Aimar se quedó boquiabierta del susto.—¡¿Eres tú?! —La miró de arriba abajo sin poder creerlo, con los ojos llenos de envidia y odio.Justo en ese momento, Federico llegó en su auto con Irene a la residencia.Al bajar, su mirada fue capturada por Verónica y se quedó pasmado en su lugar.Solo se estaban divorciando, ¿cómo podía haberse puesto tan guapa?—Fede, esa es tu ex, ¿verdad? —Irene notó la mirada de asombro de Federico y apretó los dientes en secreto, pero mantuvo una sonrisa generosa en su bello rostro—. Ya que nos la encontramos, vamos a saludar. Después de todo, siendo huérfana, no debió ser fácil para ella perseguirte hasta aquí.¡Ese tono! ¡Como si ella fuera la esposa legítima que sale a enfrentar a la amante!Aimar reaccionó y comenzó a insultar a Verónica:—¡Verónica! ¿Cómo te atreves a usar ropa tan cara? El dinero que te dio mi hermano, ¿te lo gastaste en cirugías y ropa?Hoy, hasta Irene se había vestido de forma sencilla para servirle de contraste, así que Aimar no podía tolerar que Verónica se viera mejor que ella.Hizo una pausa y siguió insultando:—¡Puaj, sinvergüenza! ¿Para quién te vistes tan provocativa? ¿Quieres seducir a mi hermano para que vuelva contigo? ¡Ni lo sueñes!Estaba tan enojada que pataleaba y quiso lanzarse a romperle el vestido y jalarle el pelo a Verónica.Luis se apresuró a detenerla:—Señorita, hoy vienen visitas importantes, ¿qué imagen va a dar con este escándalo?Aimar, acostumbrada a ser prepotente, no le importó.—¡Le voy a rasguñar esa cara de zorra!Verónica sacó elegantemente su celular del bolso de mano y apuntó hacia Aimar.—Ándale, sigue con tu berrinche, no estaría mal que Joseph vea tu verdadera cara.Aimar se asustó y se calmó, aunque seguía fulminando a Verónica con la mirada.—¡Atrévete!Luego, se recargó en Irene haciéndose la víctima y acusó:—Irene, mi buena cuñada, tienes que defenderme.Enfatizó intencionalmente las palabras «buena cuñada» para hacer enojar a Verónica.—Está bien, no dejaré que los extraños te intimiden —dijo Irene, consintiendo a Aimar como si fuera su propia hermana menor.A Verónica le pareció ridículo.—¿Acaso Belén y la señora Espinosa ya no están? ¿Ahora resulta que la familia Espinosa la maneja la señorita Marín, que es una extraña?Irene se puso rígida y su sonrisa se congeló.¿No decían que Verónica era siempre sumisa en la familia Espinosa y fácil de mangonear?¿De dónde sacaba esa lengua tan afilada?—¿A quién le dices extraña? Tú eres la extraña. —Aimar se apresuró a acusarla con Federico—. Hermano, mira, está molestando a Irene.Irene fingió inocencia:—Déjalo, la señorita Nolan es huérfana, es normal que no sepa medir sus palabras. Fede, no la culpes, estoy bien.Verónica puso los ojos en blanco; eso era una indirecta de que no tenía madre ni padre, que no tenía educación.Pero Federico sintió que su amada, a pesar de ser agraviada, pensaba en los demás; era una belleza con buen corazón, difícil de encontrar.Se apresuró a abrazarla por los hombros, atrayéndola con cariño hacia su pecho, y volteó para regañar furioso a Verónica:—No creas que así vas a llamar mi atención, solo me das asco. ¡Discúlpate con Irene ahora mismo!Capítulo 3La víspera del tercer aniversario de bodas, Federico Espinosa compró un par de aretes de zafiro de Cachemira, únicos en el mundo, en una subasta.—Son para la persona con la que siempre he estado en deuda, mi amada —dijo él.Frente a la pantalla, viendo la transmisión en vivo, Verónica Nolan se conmovió hasta las lágrimas. Mañana sería su tercer aniversario de bodas con Federico. Si él había decidido cambiar y valorarla, su espera no habría sido en vano.Belén Espinosa, la abuela, también suspiró aliviada:—Por fin le cayó el veinte a mi nieto, ya sabe consentir a su mujer.***Al día siguiente, el día del tercer aniversario.Verónica acababa de preparar una mesa llena de platillos deliciosos cuando Federico llegó a casa.Ella abrió la puerta para recibirlo, tomó su maletín, se puso en cuclillas para quitarle los zapatos de cuero y ponerle las pantuflas; Verónica hizo todo con fluidez, de un solo tirón.—¿Tanta comida? ¿Celebramos algo hoy?Federico, de figura alta y rasgos atractivos, podía arrancar gritos de miles de chicas con el simple gesto de aflojarse la corbata.Pero sus palabras siempre lograban helarle el corazón a Verónica. Ella se detuvo en seco y le preguntó:—¿Lo olvidaste?¿Cómo podría haberlo olvidado Federico?¿Acaso no fue a comprar esos aretes de zafiro de trescientos millones para recuperarla?Federico puso cara de confusión.—Verónica, ¿debería recordar algo?—¿No compraste ese par de aretes, los Lágrimas de Venus? —Verónica tenía un mal presentimiento, pero aun así insistió, negándose a perder la esperanza.—¿A poco tú sabes de esos aretes?Federico se mostró algo sorprendido. No esperaba que esta esposa tipo niñera, que solo sabía hacer los quehaceres domésticos, se preocupara por lo que pasaba afuera.De inmediato, una sonrisa de desdén se dibujó en sus labios.La base de Verónica no era mala: rostro ovalado, cejas finas y ojos almendrados. Pero el problema era que nunca se arreglaba; se veía super anticuada, como una flor marchita y amarillenta.Ni siquiera se comparaba con lo arregladas que andaban las empleadas de la Mansión Espinosa.La mirada de Verónica se tiñó de una pizca de esperanza.—Lo sé, vi la transmisión en la tele. Esos aretes realmente...Antes de que ella terminara, Federico la interrumpió:—Esos son para Irene.Al mencionar a su amor platónico, la voz de Federico se volvió suave.—Por fin aceptó regresar al país y reconciliarse conmigo, tenía que tenerle un regalo preparado.¡El corazón de Verónica sintió una punzada dolorosa, dudando de lo que acababa de escuchar!¿La persona con la que estaba en deuda era Irene Marín, su primer amor que lo abandonó años atrás?Entonces, ¿qué significaba ella, que lo había servido con tanta dedicación durante tres años y nunca había recibido ni un solo regalo?Incapaz de soportarlo más, soltó:—Federico, ¿ya se te olvidó quién fue la culpable de que tuvieras ese accidente de carro y te quedaras ciego?En aquel entonces, solo por una tontería, Irene hizo un berrinche monumental, lo que provocó que Federico se distrajera al volante y chocara.Después del accidente, al enterarse de que él estaba ciego y que las probabilidades de recuperar la vista eran mínimas, Irene inventó una excusa ese mismo día y huyó al extranjero, desapareciendo sin dejar rastro.Pero para ese momento, ambos ya estaban preparando la boda. Las invitaciones de la familia Espinosa ya se habían enviado, pero no lograban encontrar a Irene ni a su familia por ningún lado.Si no hubiera sido porque Verónica entró al quite de emergencia, la familia Espinosa se habría convertido en el hazmerreír de todo San Eladio.—¿Tú qué sabes? ¡Eso no fue culpa de Irene!Federico no toleraba que nadie hablara mal de su amada y replicó con severidad:—Mi cirugía para recuperar la vista me la hizo Irene. Si no fuera porque a alguien se le salió decirlo, hasta la fecha no sabría que ella hizo tanto por mí en secreto...Verónica se quedó atónita.—¿Qué dijiste?Después de que Federico quedó ciego, fue Belén quien le rogó a ella que le hiciera la cirugía de trasplante de nervio óptico.Verónica se desvivió, realizando tres cirugías mayores y brindándole cuidados intensivos durante innumerables días y noches tras las operaciones. Ella ocultó su identidad como doctora prodigio para dedicarse en cuerpo y alma a Federico. Solo así sus ojos pudieron recuperarse por completo.¿Cómo era posible que ahora fuera mérito de Irene?—¿Estás tan seguro? ¿Le crees todo lo que dice?—¡Claro! Irene es la última discípula de Abel Quintana y la única experta en el mundo capaz de realizar esa cirugía de recuperación visual.El rostro de Federico estaba lleno de gratitud y orgullo.Pero la última discípula del Doctor Quintana era ella, Verónica. ¿En qué momento Irene le robó la identidad?Verónica tuvo muchas ganas de desmontar la mentira de Irene, pero recordó que su maestro había fallecido hacía medio año.Con razón Irene eligió este momento para regresar.El maestro había muerto, no había testigos. Y Federico, bajo sus cuidados intensivos, había recuperado la vista y ya había tomado el control del Grupo Espinosa.Ante esto, Verónica no tenía cómo defenderse, así que solo pudo decir:—Entonces, ¿para qué regresaste esta noche? ¿No deberías estar acompañando a Irene?Se quitó el delantal con fuerza, mientras la desesperación en su corazón se extendía gradualmente.Federico puso una cara de «ya deberías saberlo».—Estoy cansado, divorciémonos. Acordamos un matrimonio de tres años, y ya te he aguantado tres años.¿La había aguantado tres años?¿Cómo tenía cara ese hombre para decir eso?Claramente fue ella quien sacrificó tres años de su juventud, desgastándose física y mentalmente, para convertir a Federico de un ciego en una persona normal.Federico ignoró por completo la tristeza en el rostro de Verónica y lanzó el acuerdo de divorcio que ya tenía preparado.—Checa esto, si no hay problema, firma. Irene y yo nos hemos perdido de mucho por tu culpa todos estos años, no quiero hacerla esperar más...Verónica leyó rápidamente, deteniendo su mirada en la compensación por el divorcio:Un departamentito en las afueras que nadie quería, el carro POLO destartalado que ella usaba para ir al súper, y tres millones en efectivo como compensación.¡Qué generoso!Le compra unos aretes de zafiro de trescientos millones a la culpable de su ceguera, y a ella, su salvadora y esposa, le da tres millones de liquidación.Esos mugres tres millones ni siquiera cubrían sus honorarios por una sola cirugía.¡Sin mencionar cuántas cirugías rechazó durante estos tres años por cuidar de él en el anonimato!—Si se te hace poco la compensación...Federico pensó que su esposa lloraría y le rogaría que no se divorciaran, pero para su sorpresa, ella solo soltó un bufido frío y firmó con decisión.Incrédulo de que fuera tan sencillo, Federico se sintió un poco extraño. Verónica era una huérfana, ¿de dónde sacaba tanta dignidad?Verónica le aventó el acuerdo de divorcio a Federico y dijo con voz fría:—Ya está firmado. Pero Federico, ¡más te vale no arrepentirte!Federico se quedó pasmado un instante, pero enseguida contestó:—Claro que no me voy a arrepentir. Pero ya que aceptaste la compensación del divorcio, tú vas a tener que decírselo a la abuela.Federico sabía que su abuela solo reconocía a Verónica como su nieta política. Si se enteraba de que se iban a divorciar, seguro le rompía las piernas.Así que Verónica tenía que ser la villana.Verónica respondió sin siquiera levantar la cabeza:—Yo no voy a decir nada. En estos tres años de matrimonio, ya pagué la deuda de gratitud que tenía con Belén. Federico, ¿no dices que amas mucho a Irene? ¿Qué pasó? ¿A poco no tienes los pantalones para contárselo a Belén?Ella era una huérfana que creció en un hogar de acogida; gracias al apoyo de Belén durante años pudo crecer y formarse.Por eso, cuando la familia Espinosa necesitó una boda, ella se casó sin dudarlo.No le importó que Federico fuera ciego; lo atendió sin quejarse. Cumplió con su deber de nuera y cuidó de toda la familia Espinosa.El único requisito fue que el matrimonio durara tres años. Si después de tres años Federico no lograba enamorarse de ella, se divorciarían.Ahora, era momento de liberarse.—¡El amor verdadero vence todos los obstáculos, échale ganas! —Verónica sonrió levemente y se burló—. ¡Ojalá se queden juntos para siempre y no le desgracien la vida a nadie más!Cuando Verónica tomó las llaves del carro para irse, Aimar Espinosa, que acababa de entrar, le bloqueó el paso.—Verónica, escuché que mi hermano se va a divorciar de ti. ¡Este carro pertenece a la familia Espinosa, no te permito que te lo lleves!Verónica soltó una risa fría.—Aimar, el carro lo compré yo. ¡Eres igual de sinvergüenza que tu hermano!—¿Qué pasa? —Federico llegó al escuchar el alboroto.Aimar hizo un drama y gritó:—¡Fede, Verónica se quiere llevar el carro y justo yo lo quería usar!Federico frunció el ceño.—Vero, dale el carro a Aimar.—¿Por qué habría de hacerlo? —Verónica se negó rotundamente—. ¡No se lo doy!—¿Te atreves? ¡Te estás rebelando! —Aimar se lanzó directamente a arrebatarle las llaves del carro.Al segundo siguiente, una maleta vieja junto con varias tiras de petardos encendidos fueron lanzados dentro del coche.Entre el chisporroteo del fuego, las explosiones y el humo asfixiante, Aimar gritó del susto y se alejó del auto:—¡Ay!—Ya no quiero el carro, se los regalo. —Después de tirar los petardos, Verónica se dio la media vuelta y se fue.Las cosas que usó en la familia Espinosa, la ropa que vistió, debían quedarse en la familia Espinosa.Si se las llevaba, ¡qué mala vibra!Luego, Verónica le marcó a su mejor amiga y le contó brevemente sobre el divorcio.Para cuando llegó a la entrada de la zona residencial, Nayara Barcena ya había llegado en su discreto Phaeton de un millón.—¡No manches! ¿Estoy viendo a la Vero de carne y hueso?Nayara se frotó los ojos exageradamente.—Llevo tres años enteros sin verte. Cada vez que llamaba era que tenías que cuidar a tu marido.—¡Ya dudaba si a lo que fui hace tres años fue a tu boda o a tu funeral!Tras quejarse, corrió a abrazar a la delgada Verónica, sintiendo mucha lástima por ella.—Qué bueno que te divorciaste, dejar a ese ciego fue lo mejor que pudiste hacer. De ahora en adelante, nosotras a disfrutar la vida loca, comiendo y bebiendo de lo lindo.Y dándose una palmada en el muslo, agregó:—No, tengo que ir a comprar cientos de kilos de fuegos artificiales y tronarlos por tres días y tres noches. Hay que celebrar tu renacimiento.—Ya los troné. —Verónica sonrió y señaló hacia la villa de la familia Espinosa. Justo en ese momento se escuchó un estruendo enorme.El POLO explotó al contacto con el fuego.Al instante, las llamas se elevaron al cielo, iluminando la mitad de la noche.—¿A poco no suenan fuerte mis cohetes? —Verónica arqueó una ceja con picardía.Nayara no paraba de reír.—¡Parece que nuestra Vero ha revivido de verdad! Vámonos a festejar.Verónica se subió al auto y bostezó con cansancio.—Luego festejamos, ahorita solo quiero dormir.Durante esos tres años, o estaba ocupada operando o cuidando a Federico después de sus cirugías; casi no había dormido una noche completa. Estaba agotada.***En la villa.Aimar pataleaba de coraje, rechinando los dientes:—Hermano, casi me mata del susto. ¿Verónica se volvió loca? ¿Cómo se atreve a explotar el carro de la casa? Tienes que darle su merecido...—Ya basta.Federico la interrumpió con impaciencia.—Mírate, ¿dónde quedó la actitud de una dama de sociedad?Aimar de inmediato se hizo la víctima.—Hermano, ¿me estás regañando por culpa de esa gata igualada? Le voy a decir a Irene que cambiaste, que ya no me quieres.—No digas tonterías. —Comparada con esa mujer insípida de Verónica, ¿cómo podría igualarse a su propia hermana?Federico la consoló con paciencia:—¿Ya se te olvidó que en unos días Joseph Rosales va a venir a San Eladio?La familia Rosales era una de las tres familias más importantes del Valle de San Millán, dominando los ámbitos político y empresarial.Joseph Rosales no solo era excepcionalmente guapo, sino que controlaba el Grupo Rosales. Si él estornudaba, la economía nacional temblaba.Y lo más importante, era el único soltero de los cinco señores de la familia Rosales. No solo en San Eladio, sino que hasta las señoritas del Valle de San Millán soñaban con casarse con él.—Lo tengo presente. —Al mencionar al hombre de sus sueños, Aimar puso cara de timidez.Se colgó del brazo de Federico haciendo berrinche cariñoso.—Hermano, esta vez Joseph viene para que le curen la vista a su sobrina.—Si Irene logra curar a la señorita Rosales, será la benefactora de la familia Rosales y una gran heroína para nuestra familia Espinosa; la abuela ya no se opondrá a que te cases con ella.Federico asintió repetidamente.Fue justo porque Irene le curó los ojos a él que la familia Rosales se enteró y vino a buscarla a San Eladio.Esta era su gran oportunidad para relacionarse con la familia Rosales.—Entonces haré que seas la asistente de Irene. Mientras logres caerle bien a la señorita Rosales, lo de Joseph será más fácil.—Gracias, Fede. —Aimar se sumergió al instante en sus fantasías.No sabía por qué, pero ante los ojos de Federico apareció de nuevo la imagen de la espalda de Verónica yéndose con esa actitud tan fresca después de tirar los petardos.Siempre pensó que era sumisa y aburrida, no esperaba que tuviera ese lado tan genial y divertido.Quizás, debería volver a conocer a su esposa.Verónica durmió tres días seguidos en la suite presidencial de Nayara.Salvo para levantarse a comer algo una vez al día, el resto del tiempo se la pasó durmiendo; Nayara incluso le ponía las mascarillas mientras ella seguía en cama.La mañana del cuarto día, Belén llamó para pedirle a Verónica que fuera a la Mansión Espinosa.Sobraba decir que era por el asunto del divorcio con Federico.Pero Nayara le advirtió:—Creo que la razón por la que Belén te llama podría ser porque Estefanía Rosales, la nieta mayor de la familia Rosales del Valle de San Millán, sufrió una lesión accidental en la cabeza y perdió la vista. La familia Rosales ha buscado médicos por todo el mundo sin ver mejoría. Ahora andan buscando por todos lados a Serafina, la última discípula del Doctor Quintana. Joseph vino personalmente a San Eladio por su sobrina. Solo Belén sabe tu identidad, y me temo que...Verónica negó con la cabeza y la interrumpió:—Tranquila, Belén me prometió que no revelaría mi identidad como médico.—De todos modos ten cuidado, no vayas a dejar que la familia Espinosa te utilice —le recordó Nayara con buenas intenciones.—Enterado.Nayara agregó:—Pero no puedes ir así como así.Después del desayuno, Nayara llamó directamente a un equipo de estilistas a la suite.—Solo hay un requisito: ¡que nuestra Vero reviva en todo su esplendor!Y vaya que sí; Verónica, ya bien descansada, parecía una flor a punto de morir que acababa de recibir agua fresca. No solo su piel se veía tersa y radiante, sino que sus ojos, que habían perdido el brillo por el maltrato de la vida diaria, lucían cristalinos como un manantial.El equipo de imagen solo le eligió un vestido de cóctel que le quedaba perfecto y le aplicó un poco de polvo traslúcido en el rostro.Verónica quedó tan hermosa que parecía un ángel.Hasta Nayara se le quedó viendo sin parpadear y tardó un rato en decir:—¿Qué tan ciego estaba Federico para dejar ir a esta belleza celestial por una hierba mala como Irene?A la hora acordada, el coche de la familia Espinosa llegó al lugar de la cita.El mayordomo Luis vino a recogerla personalmente, y de primer vistazo no la reconoció.La observó varias veces y solo hasta que Verónica lo saludó, Luis reconoció su voz y confirmó quién era, diciendo apresuradamente:—No esperaba que la señorita Nolan se hubiera puesto tan guapa, casi no la reconozco.Media hora después, al llegar a la entrada de la villa, Luis le abrió la puerta y la invitó a bajar con respeto.—¿Ah? ¿Es esta la hija de la familia Rosales? —Aimar llegó corriendo, moviendo la cola y con una sonrisa llena de adulación.Hoy era el día que Joseph visitaría a la familia Espinosa, así que ella se había levantado temprano para arreglarse y se había comprado un atuendo carísimo.Todo para causarle una buena impresión.Pensó que solo vendría Joseph, pero no esperaba encontrarse en la puerta con una joven despampanante.Con ese porte tan noble, ¿quién más podría ser sino la señorita de la familia Rosales?—Aimar, te falla mucho la vista, ¿eh?En cuanto salió la voz de Verónica, Aimar se quedó boquiabierta del susto.—¡¿Eres tú?! —La miró de arriba abajo sin poder creerlo, con los ojos llenos de envidia y odio.Justo en ese momento, Federico llegó en su auto con Irene a la residencia.Al bajar, su mirada fue capturada por Verónica y se quedó pasmado en su lugar.Solo se estaban divorciando, ¿cómo podía haberse puesto tan guapa?—Fede, esa es tu ex, ¿verdad? —Irene notó la mirada de asombro de Federico y apretó los dientes en secreto, pero mantuvo una sonrisa generosa en su bello rostro—. Ya que nos la encontramos, vamos a saludar. Después de todo, siendo huérfana, no debió ser fácil para ella perseguirte hasta aquí.¡Ese tono! ¡Como si ella fuera la esposa legítima que sale a enfrentar a la amante!Aimar reaccionó y comenzó a insultar a Verónica:—¡Verónica! ¿Cómo te atreves a usar ropa tan cara? El dinero que te dio mi hermano, ¿te lo gastaste en cirugías y ropa?Hoy, hasta Irene se había vestido de forma sencilla para servirle de contraste, así que Aimar no podía tolerar que Verónica se viera mejor que ella.Hizo una pausa y siguió insultando:—¡Puaj, sinvergüenza! ¿Para quién te vistes tan provocativa? ¿Quieres seducir a mi hermano para que vuelva contigo? ¡Ni lo sueñes!Estaba tan enojada que pataleaba y quiso lanzarse a romperle el vestido y jalarle el pelo a Verónica.Luis se apresuró a detenerla:—Señorita, hoy vienen visitas importantes, ¿qué imagen va a dar con este escándalo?Aimar, acostumbrada a ser prepotente, no le importó.—¡Le voy a rasguñar esa cara de zorra!Verónica sacó elegantemente su celular del bolso de mano y apuntó hacia Aimar.—Ándale, sigue con tu berrinche, no estaría mal que Joseph vea tu verdadera cara.Aimar se asustó y se calmó, aunque seguía fulminando a Verónica con la mirada.—¡Atrévete!Luego, se recargó en Irene haciéndose la víctima y acusó:—Irene, mi buena cuñada, tienes que defenderme.Enfatizó intencionalmente las palabras «buena cuñada» para hacer enojar a Verónica.—Está bien, no dejaré que los extraños te intimiden —dijo Irene, consintiendo a Aimar como si fuera su propia hermana menor.A Verónica le pareció ridículo.—¿Acaso Belén y la señora Espinosa ya no están? ¿Ahora resulta que la familia Espinosa la maneja la señorita Marín, que es una extraña?Irene se puso rígida y su sonrisa se congeló.¿No decían que Verónica era siempre sumisa en la familia Espinosa y fácil de mangonear?¿De dónde sacaba esa lengua tan afilada?—¿A quién le dices extraña? Tú eres la extraña. —Aimar se apresuró a acusarla con Federico—. Hermano, mira, está molestando a Irene.Irene fingió inocencia:—Déjalo, la señorita Nolan es huérfana, es normal que no sepa medir sus palabras. Fede, no la culpes, estoy bien.Verónica puso los ojos en blanco; eso era una indirecta de que no tenía madre ni padre, que no tenía educación.Pero Federico sintió que su amada, a pesar de ser agraviada, pensaba en los demás; era una belleza con buen corazón, difícil de encontrar.Se apresuró a abrazarla por los hombros, atrayéndola con cariño hacia su pecho, y volteó para regañar furioso a Verónica:—No creas que así vas a llamar mi atención, solo me das asco. ¡Discúlpate con Irene ahora mismo!