Capítulo 1Del uniforme escolar al vestido de novia, Liliana Salazar acompañó a Jaime Hidalgo en su emprendimiento hasta alcanzar el éxito; él juró que su amor sería eterno.Tiempo después, en la escena del crimen, Jaime dijo: «Aitana es un talento clave para la empresa. Ve a la cárcel por ella; cuando regreses, todo seguirá igual entre nosotros».Incluso su hijo de tres años lloró diciendo que ella era la asesina.Su propia familia le dijo: «El proyecto de Aitana Leyva es vital para la supervivencia de los negocios de la familia Salazar. Paga su condena y te compensaremos cuando vuelvas».Pero más tarde, ella salió de prisión, rompió lazos familiares, ganó una fortuna de miles de millones y la donó toda.Su esposo, su hijo y su familia, ni hincándose pudieron lograr que ella volteara a verlos.***—Liliana, ya puedes salir.La reja se abrió y la celadora gritó desde la entrada. Liliana la miró con desconcierto, aturdida por un momento antes de avanzar.—¿Disculpe, aprobaron mi libertad condicional por motivos de salud? —preguntó.Había solicitado el trámite muchas veces, pero no entendía por qué siempre se lo regresaban sin abrir.—Si te dicen que salgas, sales. No hagas tantas preguntas —respondió la celadora.Liliana no obtuvo respuesta. Recogió sus pocas cosas, tomó el celular que le habían guardado al ingresar y un collar de diamantes.El diamante principal del dije tenía una mancha que parecía sangre impregnada en su interior.Ese collar se lo había regalado la abuela el día del accidente; se manchó justo cuando la señora cayó por las escaleras y se abrió la cabeza.El día de la tragedia, ella y Aitana habían discutido. Aitana forcejeó y accidentalmente empujó a la abuela, quien rodó escaleras abajo.Alguien llamó a la policía, y a Liliana la empujaron a asumir la culpa tras «evaluar los pros y los contras».En ese entonces, por puro orgullo y despecho, se fue con la policía, sin imaginar que le caerían tres años de sentencia.Han pasado dos años. Al salir de la cárcel, siente que ha pasado una eternidad.Afuera del penal había un carro sumamente común estacionado.Al verla salir, el chofer bajó de inmediato.—Señora, vengo a llevarla a casa.—César, esto…En los garajes de los Hidalgo y los Salazar sobraban los coches de lujo. ¿Por qué César conducía su carro particular?—El patrón dijo que este carro es discreto. Los coches de la casa no son adecuados para venir a la prisión y cargarse de mala vibra.¡Así que les daba asco la mala energía!¿Pero gracias a quién había sufrido ella estos dos años de encierro?Durante dos años nadie la visitó; supuso que sería por la misma razón.En el camino, Liliana escuchó a César decir que las familias Salazar e Hidalgo movieron influencias para tramitar su salida médica anticipada. Por eso salía antes de tiempo.Sus solicitudes reales, cuando estaba verdaderamente enferma, fueron bloqueadas sin razón.Pero cuando ellos tramitaron una solicitud falsa, pasó sin problemas.¡Un momento!Si tenían ese poder, ¿por qué no la sacaron antes? ¿Por qué precisamente ahora?La residencia Hidalgo.Liliana miró la casa que guardaba en su memoria, con el pecho hecho un nudo de emociones.Ese fue su hogar con Jaime, donde tuvieron a su hijo, Miguel Hidalgo.Ocupada protegiendo el negocio de Jaime, no se cuidó bien durante el embarazo. Miguel nació enfermizo, y Liliana terminó convertida en una ama de casa de tiempo completo.Al entrar, captó la situación de inmediato.Jaime, su padre Gregorio Salazar y su hermano Darío Salazar parecían estar platicando de algo, sin notar su presencia.Miguel estaba de espaldas a ella.Aunque no lo había visto en dos años y el niño había crecido, Liliana reconoció su espalda al instante.De golpe, a Liliana se le llenaron los ojos de lágrimas.Durante su encierro pidió ver a su hijo muchas veces, pero la familia se negó con la excusa de que no era lugar para un niño.Liliana se aguantó el llanto. Cuando Miguel se dio la vuelta, vio que tenía un tazón enorme de helado en las manos.Su rostro cambió drásticamente y se puso tensa.¿Acaso Jaime no sabía que el niño tenía asma y no podía comer helado?Justo cuando estaba por correr hacia él, una voz femenina y suave la detuvo:—Miki, ¿está rico el helado?Aitana salió sosteniendo una bebida preparada.La expresión de Liliana se oscureció.¿Cómo tenía el descaro de aparecerse en su casa la verdadera culpable de la muerte de la abuela?¿Y todavía se atrevía a estar cerca de su hijo?Liliana contuvo el coraje, pero justo en ese momento Miguel respondió con voz tierna:—El helado que compró mi tía está riquísimo.Liliana se quedó helada: «¿Tía?». ¿Por qué Miki llamaba tía a Aitana?Mientras Liliana trataba de procesarlo, una mujer de mediana edad salió de la cocina con un plato de fruta.Liliana la reconoció al instante.La última vez que vio a esa mujer, ella tenía diez años.Su madre la llevó a atrapar a su padre en plena infidelidad. Terminaron a golpes; su padre le rompió un jarrón en la cabeza a su madre, y desde entonces su mamá quedó mal de sus facultades mentales.Liliana recordaba su nombre con claridad: Erika Leyva.Jamás imaginó que, diecisiete años después, Erika aparecería de nuevo en su propia casa.Espera…Erika, Aitana… no podía ser coincidencia que ambas se apellidaran Leyva, ¿verdad?Efectivamente, al segundo siguiente, escuchó a Aitana decir:—Mamá…Ese «mamá» derrumbó por completo la realidad de Liliana.¿La amante de su papá y la amante de su esposo eran madre e hija?El pecho de Liliana subía y bajaba violentamente. Veía que todos en la casa actuaban como si fuera lo más normal del mundo.Parecía que todos ya lo habían aceptado.¿Cómo se atrevían sus hermanos? Su madre terminó en un psiquiátrico por culpa de esa mujer. ¿Cómo podían ignorar que su padre la hubiera metido a la casa?Liliana aún no salía del shock cuando Erika le pasó la fruta picada a Miguel y le preguntó:—Miki, tu mamá ya va a regresar, ¿la extrañas?Miguel se puso de malas al instante, agarró la mano de Aitana y dijo:—Quiero que mi tía sea mi mamá.Liliana, parada en la entrada, escuchó cada palabra con claridad.Su propio hijo quería que otra mujer fuera su madre.¡Y esa persona era la verdadera culpable de que ella hubiera estado en la cárcel!Liliana sintió un zumbido en la cabeza, mientras Gregorio decía:—Si quieres que tu tía sea tu mamá, tendrás que preguntarle a tu papá.Aitana, con las mejillas sonrojadas en el momento justo, dijo:—Señor, no haga esas bromas.Incluso su hermano Darío se unió al chiste:—Jaime y Aitana hacen una pareja muy atractiva, se ven muy bien juntos.Aitana lo reprendió de nuevo:—Darío, ¿tú también?¿Aitana ya tuteaba a su hermano?La mirada de Liliana cayó sobre Jaime. Tras dos años sin verlo, lucía más maduro y con esa aura de poder que le nacía natural.Ese rostro que la había enamorado de joven seguía siendo igual de atractivo.Pero en todo ese rato, el hombre no dijo ni una palabra. El gesto natural con el que aceptó la fruta de manos de Aitana se veía lleno de una complicidad casi íntima.Así que esa era la rutina de la casa en su ausencia.Liliana sintió como si una mano gigante le estrujara el corazón. Detrás de ella, se oyó la voz de Felipe:—¿Liliana? ¿Ya saliste?Al mismo tiempo, los que estaban adentro escucharon y se levantaron, volteando a verla.Liliana cruzó miradas con Jaime. Al verla, la expresión de él no mostró ninguna alteración.En la prisión, Liliana había imaginado muchas veces cómo sería volver a ver a Jaime, cómo correría a sus brazos a llorar todo lo que había sufrido.Pero ahora que lo tenía enfrente, se dio cuenta de lo fría y distante que era su mirada.Lo había amado en secreto desde que era una adolescente.Decían que él era el hijo ilegítimo y oculto de una familia poderosa, pero a Liliana no le importó; se lanzó por amor y lo persiguió con locura.Aunque Jaime era frío y mantenía esa actitud educada pero lejana con todos.Ella se saltó grados y estudió como loca para entrar a la misma escuela que él.Lo siguió hasta su universidad, diciendo que había entrado por mérito propio; solo entonces él la miró con un poco más de respeto.Aun así, ella siguió sus pasos durante la carrera y la maestría. Cuando estaba por aplicar al doctorado, tuvo una noche de pasión accidental con Jaime.Después, ella lo ayudó en secreto sin importarle nada, invirtiendo dinero y recursos, acompañándolo en su emprendimiento y dándolo todo para allanarle el camino.Cuando el negocio tuvo éxito, Jaime finalmente fue reconocido por los Hidalgo y lo llevaron de regreso para heredar el imperio familiar.Fue entonces cuando los Salazar y los Hidalgo unieron sus familias.Con el embarazo y el nacimiento de Miguel, Liliana se enfocó en el hogar y en el niño.Poco a poco, notó que Jaime parecía tener a alguien más.Un día, Jaime contrató a lo grande a una colega de la universidad para el núcleo del departamento de Inteligencia Artificial del Grupo Hidalgo.Liliana supo entonces que ella era la mujer que Jaime realmente quería.Fue Jaime quien llevó a esa mujer a la casa de los Salazar, diciendo que iba en representación de la empresa para el cumpleaños de la abuela, y al final terminó provocando su muerte.Y fue él quien, sopesando los beneficios, la mandó a ella a la cárcel en lugar de a Aitana.Ahora, viendo a Jaime, Liliana pensó: «¿Será que mi desgracia empezó por haberme enamorado de este hombre?».Fue solo un instante en el que la mente de Liliana divagó. Los demás se pusieron de pie y Darío caminó rápido hacia ella, contento.Estiró la mano para tomar la de Liliana, pero ella la retiró como acto reflejo.Darío agarró aire y su expresión mostró sorpresa.Antes eran los hermanos más unidos.Darío miró el cabello corto de ella, resultado de la prisión; se le hacía rarísimo. Antes, cuando vivía como rica, gastaban miles de pesos solo en cuidar esa melena que parecía de sirena.Ahora la veía con ese corte estilo recluso, sencillo y tajante; incluso parecía tener menos cabello. Darío no se acostumbraba.—Qué bueno que regresaste, Lili. Fueron dos años duros. Tranquila, ahora que estás aquí, todo será como antes.¿Como antes?¿Cómo podría ser igual?Con antecedentes penales de tres años, cargando la culpa de haber lastimado a la abuela que más la quería… ante la familia, la sociedad e incluso su hijo, ¿cómo iba a ser igual?Además, con la amante de su padre, Erika, y la amante de su marido, Aitana, metidas en su casa, ya nada era lo mismo.El día del accidente, no podía creer que nadie hubiera visto la verdad, pero todos se alinearon para señalarla como la culpable.¡Todo había cambiado hacía mucho!Liliana sentía el corazón muerto. Gregorio miró a Jaime.Jaime se acercó a ella.Para su sorpresa, habló primero:—Todo lo que te prometí sigue en pie. Los dividendos de estos dos años están ahí, y agregué un extra. Ahora que saliste, puedes vivir aquí si quieres, o si prefieres ir con tus padres, puedo acompañarte.Liliana levantó la vista, desconcertada, y lo miró a los ojos.Él no era bueno mintiendo.En ese momento, sus ojos mostraban expectativa.¿Expectativa? ¿Por qué?Esa mirada descolocó a Liliana.¿No era Aitana la dueña de su corazón?Un año después de entrar a la cárcel, ella entendió todo y firmó el divorcio sin dudarlo, renunciando a todo.Aunque no recibió el acta de divorcio en prisión, debieron haber quedado divorciados oficialmente hace un año, ¿no?Ella lo había liberado. ¿Acaso no se casó con Aitana?¿Por qué le decía esas cosas, ofreciéndole vivir con los Hidalgo o irse con ella a casa de los Salazar como si fuera un marido devoto?Hace un momento estaba sentado con Aitana, pareciendo un matrimonio viejo, con una intimidad física que superaba lo normal y rozaba lo sugerente.Mientras Liliana trataba de descifrar qué quería Jaime, Aitana se acercó llevando a Miguel de la mano.Aitana sonrió con dulzura, se agachó un poco y le dijo al niño:—Miki, saluda a tu mamá.Al ver a su hijo, a Liliana le ardieron los ojos.Dio dos pasos al frente, queriendo abrazarlo.Apenas abrió los brazos, Miguel se dio la vuelta y se escondió detrás de Aitana.Le gritó directo:—¡Eres una asesina! ¡No quiero que me abraces!Capítulo 2Del uniforme escolar al vestido de novia, Liliana Salazar acompañó a Jaime Hidalgo en su emprendimiento hasta alcanzar el éxito; él juró que su amor sería eterno.Tiempo después, en la escena del crimen, Jaime dijo: «Aitana es un talento clave para la empresa. Ve a la cárcel por ella; cuando regreses, todo seguirá igual entre nosotros».Incluso su hijo de tres años lloró diciendo que ella era la asesina.Su propia familia le dijo: «El proyecto de Aitana Leyva es vital para la supervivencia de los negocios de la familia Salazar. Paga su condena y te compensaremos cuando vuelvas».Pero más tarde, ella salió de prisión, rompió lazos familiares, ganó una fortuna de miles de millones y la donó toda.Su esposo, su hijo y su familia, ni hincándose pudieron lograr que ella volteara a verlos.***—Liliana, ya puedes salir.La reja se abrió y la celadora gritó desde la entrada. Liliana la miró con desconcierto, aturdida por un momento antes de avanzar.—¿Disculpe, aprobaron mi libertad condicional por motivos de salud? —preguntó.Había solicitado el trámite muchas veces, pero no entendía por qué siempre se lo regresaban sin abrir.—Si te dicen que salgas, sales. No hagas tantas preguntas —respondió la celadora.Liliana no obtuvo respuesta. Recogió sus pocas cosas, tomó el celular que le habían guardado al ingresar y un collar de diamantes.El diamante principal del dije tenía una mancha que parecía sangre impregnada en su interior.Ese collar se lo había regalado la abuela el día del accidente; se manchó justo cuando la señora cayó por las escaleras y se abrió la cabeza.El día de la tragedia, ella y Aitana habían discutido. Aitana forcejeó y accidentalmente empujó a la abuela, quien rodó escaleras abajo.Alguien llamó a la policía, y a Liliana la empujaron a asumir la culpa tras «evaluar los pros y los contras».En ese entonces, por puro orgullo y despecho, se fue con la policía, sin imaginar que le caerían tres años de sentencia.Han pasado dos años. Al salir de la cárcel, siente que ha pasado una eternidad.Afuera del penal había un carro sumamente común estacionado.Al verla salir, el chofer bajó de inmediato.—Señora, vengo a llevarla a casa.—César, esto…En los garajes de los Hidalgo y los Salazar sobraban los coches de lujo. ¿Por qué César conducía su carro particular?—El patrón dijo que este carro es discreto. Los coches de la casa no son adecuados para venir a la prisión y cargarse de mala vibra.¡Así que les daba asco la mala energía!¿Pero gracias a quién había sufrido ella estos dos años de encierro?Durante dos años nadie la visitó; supuso que sería por la misma razón.En el camino, Liliana escuchó a César decir que las familias Salazar e Hidalgo movieron influencias para tramitar su salida médica anticipada. Por eso salía antes de tiempo.Sus solicitudes reales, cuando estaba verdaderamente enferma, fueron bloqueadas sin razón.Pero cuando ellos tramitaron una solicitud falsa, pasó sin problemas.¡Un momento!Si tenían ese poder, ¿por qué no la sacaron antes? ¿Por qué precisamente ahora?La residencia Hidalgo.Liliana miró la casa que guardaba en su memoria, con el pecho hecho un nudo de emociones.Ese fue su hogar con Jaime, donde tuvieron a su hijo, Miguel Hidalgo.Ocupada protegiendo el negocio de Jaime, no se cuidó bien durante el embarazo. Miguel nació enfermizo, y Liliana terminó convertida en una ama de casa de tiempo completo.Al entrar, captó la situación de inmediato.Jaime, su padre Gregorio Salazar y su hermano Darío Salazar parecían estar platicando de algo, sin notar su presencia.Miguel estaba de espaldas a ella.Aunque no lo había visto en dos años y el niño había crecido, Liliana reconoció su espalda al instante.De golpe, a Liliana se le llenaron los ojos de lágrimas.Durante su encierro pidió ver a su hijo muchas veces, pero la familia se negó con la excusa de que no era lugar para un niño.Liliana se aguantó el llanto. Cuando Miguel se dio la vuelta, vio que tenía un tazón enorme de helado en las manos.Su rostro cambió drásticamente y se puso tensa.¿Acaso Jaime no sabía que el niño tenía asma y no podía comer helado?Justo cuando estaba por correr hacia él, una voz femenina y suave la detuvo:—Miki, ¿está rico el helado?Aitana salió sosteniendo una bebida preparada.La expresión de Liliana se oscureció.¿Cómo tenía el descaro de aparecerse en su casa la verdadera culpable de la muerte de la abuela?¿Y todavía se atrevía a estar cerca de su hijo?Liliana contuvo el coraje, pero justo en ese momento Miguel respondió con voz tierna:—El helado que compró mi tía está riquísimo.Liliana se quedó helada: «¿Tía?». ¿Por qué Miki llamaba tía a Aitana?Mientras Liliana trataba de procesarlo, una mujer de mediana edad salió de la cocina con un plato de fruta.Liliana la reconoció al instante.La última vez que vio a esa mujer, ella tenía diez años.Su madre la llevó a atrapar a su padre en plena infidelidad. Terminaron a golpes; su padre le rompió un jarrón en la cabeza a su madre, y desde entonces su mamá quedó mal de sus facultades mentales.Liliana recordaba su nombre con claridad: Erika Leyva.Jamás imaginó que, diecisiete años después, Erika aparecería de nuevo en su propia casa.Espera…Erika, Aitana… no podía ser coincidencia que ambas se apellidaran Leyva, ¿verdad?Efectivamente, al segundo siguiente, escuchó a Aitana decir:—Mamá…Ese «mamá» derrumbó por completo la realidad de Liliana.¿La amante de su papá y la amante de su esposo eran madre e hija?El pecho de Liliana subía y bajaba violentamente. Veía que todos en la casa actuaban como si fuera lo más normal del mundo.Parecía que todos ya lo habían aceptado.¿Cómo se atrevían sus hermanos? Su madre terminó en un psiquiátrico por culpa de esa mujer. ¿Cómo podían ignorar que su padre la hubiera metido a la casa?Liliana aún no salía del shock cuando Erika le pasó la fruta picada a Miguel y le preguntó:—Miki, tu mamá ya va a regresar, ¿la extrañas?Miguel se puso de malas al instante, agarró la mano de Aitana y dijo:—Quiero que mi tía sea mi mamá.Liliana, parada en la entrada, escuchó cada palabra con claridad.Su propio hijo quería que otra mujer fuera su madre.¡Y esa persona era la verdadera culpable de que ella hubiera estado en la cárcel!Liliana sintió un zumbido en la cabeza, mientras Gregorio decía:—Si quieres que tu tía sea tu mamá, tendrás que preguntarle a tu papá.Aitana, con las mejillas sonrojadas en el momento justo, dijo:—Señor, no haga esas bromas.Incluso su hermano Darío se unió al chiste:—Jaime y Aitana hacen una pareja muy atractiva, se ven muy bien juntos.Aitana lo reprendió de nuevo:—Darío, ¿tú también?¿Aitana ya tuteaba a su hermano?La mirada de Liliana cayó sobre Jaime. Tras dos años sin verlo, lucía más maduro y con esa aura de poder que le nacía natural.Ese rostro que la había enamorado de joven seguía siendo igual de atractivo.Pero en todo ese rato, el hombre no dijo ni una palabra. El gesto natural con el que aceptó la fruta de manos de Aitana se veía lleno de una complicidad casi íntima.Así que esa era la rutina de la casa en su ausencia.Liliana sintió como si una mano gigante le estrujara el corazón. Detrás de ella, se oyó la voz de Felipe:—¿Liliana? ¿Ya saliste?Al mismo tiempo, los que estaban adentro escucharon y se levantaron, volteando a verla.Liliana cruzó miradas con Jaime. Al verla, la expresión de él no mostró ninguna alteración.En la prisión, Liliana había imaginado muchas veces cómo sería volver a ver a Jaime, cómo correría a sus brazos a llorar todo lo que había sufrido.Pero ahora que lo tenía enfrente, se dio cuenta de lo fría y distante que era su mirada.Lo había amado en secreto desde que era una adolescente.Decían que él era el hijo ilegítimo y oculto de una familia poderosa, pero a Liliana no le importó; se lanzó por amor y lo persiguió con locura.Aunque Jaime era frío y mantenía esa actitud educada pero lejana con todos.Ella se saltó grados y estudió como loca para entrar a la misma escuela que él.Lo siguió hasta su universidad, diciendo que había entrado por mérito propio; solo entonces él la miró con un poco más de respeto.Aun así, ella siguió sus pasos durante la carrera y la maestría. Cuando estaba por aplicar al doctorado, tuvo una noche de pasión accidental con Jaime.Después, ella lo ayudó en secreto sin importarle nada, invirtiendo dinero y recursos, acompañándolo en su emprendimiento y dándolo todo para allanarle el camino.Cuando el negocio tuvo éxito, Jaime finalmente fue reconocido por los Hidalgo y lo llevaron de regreso para heredar el imperio familiar.Fue entonces cuando los Salazar y los Hidalgo unieron sus familias.Con el embarazo y el nacimiento de Miguel, Liliana se enfocó en el hogar y en el niño.Poco a poco, notó que Jaime parecía tener a alguien más.Un día, Jaime contrató a lo grande a una colega de la universidad para el núcleo del departamento de Inteligencia Artificial del Grupo Hidalgo.Liliana supo entonces que ella era la mujer que Jaime realmente quería.Fue Jaime quien llevó a esa mujer a la casa de los Salazar, diciendo que iba en representación de la empresa para el cumpleaños de la abuela, y al final terminó provocando su muerte.Y fue él quien, sopesando los beneficios, la mandó a ella a la cárcel en lugar de a Aitana.Ahora, viendo a Jaime, Liliana pensó: «¿Será que mi desgracia empezó por haberme enamorado de este hombre?».Fue solo un instante en el que la mente de Liliana divagó. Los demás se pusieron de pie y Darío caminó rápido hacia ella, contento.Estiró la mano para tomar la de Liliana, pero ella la retiró como acto reflejo.Darío agarró aire y su expresión mostró sorpresa.Antes eran los hermanos más unidos.Darío miró el cabello corto de ella, resultado de la prisión; se le hacía rarísimo. Antes, cuando vivía como rica, gastaban miles de pesos solo en cuidar esa melena que parecía de sirena.Ahora la veía con ese corte estilo recluso, sencillo y tajante; incluso parecía tener menos cabello. Darío no se acostumbraba.—Qué bueno que regresaste, Lili. Fueron dos años duros. Tranquila, ahora que estás aquí, todo será como antes.¿Como antes?¿Cómo podría ser igual?Con antecedentes penales de tres años, cargando la culpa de haber lastimado a la abuela que más la quería… ante la familia, la sociedad e incluso su hijo, ¿cómo iba a ser igual?Además, con la amante de su padre, Erika, y la amante de su marido, Aitana, metidas en su casa, ya nada era lo mismo.El día del accidente, no podía creer que nadie hubiera visto la verdad, pero todos se alinearon para señalarla como la culpable.¡Todo había cambiado hacía mucho!Liliana sentía el corazón muerto. Gregorio miró a Jaime.Jaime se acercó a ella.Para su sorpresa, habló primero:—Todo lo que te prometí sigue en pie. Los dividendos de estos dos años están ahí, y agregué un extra. Ahora que saliste, puedes vivir aquí si quieres, o si prefieres ir con tus padres, puedo acompañarte.Liliana levantó la vista, desconcertada, y lo miró a los ojos.Él no era bueno mintiendo.En ese momento, sus ojos mostraban expectativa.¿Expectativa? ¿Por qué?Esa mirada descolocó a Liliana.¿No era Aitana la dueña de su corazón?Un año después de entrar a la cárcel, ella entendió todo y firmó el divorcio sin dudarlo, renunciando a todo.Aunque no recibió el acta de divorcio en prisión, debieron haber quedado divorciados oficialmente hace un año, ¿no?Ella lo había liberado. ¿Acaso no se casó con Aitana?¿Por qué le decía esas cosas, ofreciéndole vivir con los Hidalgo o irse con ella a casa de los Salazar como si fuera un marido devoto?Hace un momento estaba sentado con Aitana, pareciendo un matrimonio viejo, con una intimidad física que superaba lo normal y rozaba lo sugerente.Mientras Liliana trataba de descifrar qué quería Jaime, Aitana se acercó llevando a Miguel de la mano.Aitana sonrió con dulzura, se agachó un poco y le dijo al niño:—Miki, saluda a tu mamá.Al ver a su hijo, a Liliana le ardieron los ojos.Dio dos pasos al frente, queriendo abrazarlo.Apenas abrió los brazos, Miguel se dio la vuelta y se escondió detrás de Aitana.Le gritó directo:—¡Eres una asesina! ¡No quiero que me abraces!Capítulo 3Del uniforme escolar al vestido de novia, Liliana Salazar acompañó a Jaime Hidalgo en su emprendimiento hasta alcanzar el éxito; él juró que su amor sería eterno.Tiempo después, en la escena del crimen, Jaime dijo: «Aitana es un talento clave para la empresa. Ve a la cárcel por ella; cuando regreses, todo seguirá igual entre nosotros».Incluso su hijo de tres años lloró diciendo que ella era la asesina.Su propia familia le dijo: «El proyecto de Aitana Leyva es vital para la supervivencia de los negocios de la familia Salazar. Paga su condena y te compensaremos cuando vuelvas».Pero más tarde, ella salió de prisión, rompió lazos familiares, ganó una fortuna de miles de millones y la donó toda.Su esposo, su hijo y su familia, ni hincándose pudieron lograr que ella volteara a verlos.***—Liliana, ya puedes salir.La reja se abrió y la celadora gritó desde la entrada. Liliana la miró con desconcierto, aturdida por un momento antes de avanzar.—¿Disculpe, aprobaron mi libertad condicional por motivos de salud? —preguntó.Había solicitado el trámite muchas veces, pero no entendía por qué siempre se lo regresaban sin abrir.—Si te dicen que salgas, sales. No hagas tantas preguntas —respondió la celadora.Liliana no obtuvo respuesta. Recogió sus pocas cosas, tomó el celular que le habían guardado al ingresar y un collar de diamantes.El diamante principal del dije tenía una mancha que parecía sangre impregnada en su interior.Ese collar se lo había regalado la abuela el día del accidente; se manchó justo cuando la señora cayó por las escaleras y se abrió la cabeza.El día de la tragedia, ella y Aitana habían discutido. Aitana forcejeó y accidentalmente empujó a la abuela, quien rodó escaleras abajo.Alguien llamó a la policía, y a Liliana la empujaron a asumir la culpa tras «evaluar los pros y los contras».En ese entonces, por puro orgullo y despecho, se fue con la policía, sin imaginar que le caerían tres años de sentencia.Han pasado dos años. Al salir de la cárcel, siente que ha pasado una eternidad.Afuera del penal había un carro sumamente común estacionado.Al verla salir, el chofer bajó de inmediato.—Señora, vengo a llevarla a casa.—César, esto…En los garajes de los Hidalgo y los Salazar sobraban los coches de lujo. ¿Por qué César conducía su carro particular?—El patrón dijo que este carro es discreto. Los coches de la casa no son adecuados para venir a la prisión y cargarse de mala vibra.¡Así que les daba asco la mala energía!¿Pero gracias a quién había sufrido ella estos dos años de encierro?Durante dos años nadie la visitó; supuso que sería por la misma razón.En el camino, Liliana escuchó a César decir que las familias Salazar e Hidalgo movieron influencias para tramitar su salida médica anticipada. Por eso salía antes de tiempo.Sus solicitudes reales, cuando estaba verdaderamente enferma, fueron bloqueadas sin razón.Pero cuando ellos tramitaron una solicitud falsa, pasó sin problemas.¡Un momento!Si tenían ese poder, ¿por qué no la sacaron antes? ¿Por qué precisamente ahora?La residencia Hidalgo.Liliana miró la casa que guardaba en su memoria, con el pecho hecho un nudo de emociones.Ese fue su hogar con Jaime, donde tuvieron a su hijo, Miguel Hidalgo.Ocupada protegiendo el negocio de Jaime, no se cuidó bien durante el embarazo. Miguel nació enfermizo, y Liliana terminó convertida en una ama de casa de tiempo completo.Al entrar, captó la situación de inmediato.Jaime, su padre Gregorio Salazar y su hermano Darío Salazar parecían estar platicando de algo, sin notar su presencia.Miguel estaba de espaldas a ella.Aunque no lo había visto en dos años y el niño había crecido, Liliana reconoció su espalda al instante.De golpe, a Liliana se le llenaron los ojos de lágrimas.Durante su encierro pidió ver a su hijo muchas veces, pero la familia se negó con la excusa de que no era lugar para un niño.Liliana se aguantó el llanto. Cuando Miguel se dio la vuelta, vio que tenía un tazón enorme de helado en las manos.Su rostro cambió drásticamente y se puso tensa.¿Acaso Jaime no sabía que el niño tenía asma y no podía comer helado?Justo cuando estaba por correr hacia él, una voz femenina y suave la detuvo:—Miki, ¿está rico el helado?Aitana salió sosteniendo una bebida preparada.La expresión de Liliana se oscureció.¿Cómo tenía el descaro de aparecerse en su casa la verdadera culpable de la muerte de la abuela?¿Y todavía se atrevía a estar cerca de su hijo?Liliana contuvo el coraje, pero justo en ese momento Miguel respondió con voz tierna:—El helado que compró mi tía está riquísimo.Liliana se quedó helada: «¿Tía?». ¿Por qué Miki llamaba tía a Aitana?Mientras Liliana trataba de procesarlo, una mujer de mediana edad salió de la cocina con un plato de fruta.Liliana la reconoció al instante.La última vez que vio a esa mujer, ella tenía diez años.Su madre la llevó a atrapar a su padre en plena infidelidad. Terminaron a golpes; su padre le rompió un jarrón en la cabeza a su madre, y desde entonces su mamá quedó mal de sus facultades mentales.Liliana recordaba su nombre con claridad: Erika Leyva.Jamás imaginó que, diecisiete años después, Erika aparecería de nuevo en su propia casa.Espera…Erika, Aitana… no podía ser coincidencia que ambas se apellidaran Leyva, ¿verdad?Efectivamente, al segundo siguiente, escuchó a Aitana decir:—Mamá…Ese «mamá» derrumbó por completo la realidad de Liliana.¿La amante de su papá y la amante de su esposo eran madre e hija?El pecho de Liliana subía y bajaba violentamente. Veía que todos en la casa actuaban como si fuera lo más normal del mundo.Parecía que todos ya lo habían aceptado.¿Cómo se atrevían sus hermanos? Su madre terminó en un psiquiátrico por culpa de esa mujer. ¿Cómo podían ignorar que su padre la hubiera metido a la casa?Liliana aún no salía del shock cuando Erika le pasó la fruta picada a Miguel y le preguntó:—Miki, tu mamá ya va a regresar, ¿la extrañas?Miguel se puso de malas al instante, agarró la mano de Aitana y dijo:—Quiero que mi tía sea mi mamá.Liliana, parada en la entrada, escuchó cada palabra con claridad.Su propio hijo quería que otra mujer fuera su madre.¡Y esa persona era la verdadera culpable de que ella hubiera estado en la cárcel!Liliana sintió un zumbido en la cabeza, mientras Gregorio decía:—Si quieres que tu tía sea tu mamá, tendrás que preguntarle a tu papá.Aitana, con las mejillas sonrojadas en el momento justo, dijo:—Señor, no haga esas bromas.Incluso su hermano Darío se unió al chiste:—Jaime y Aitana hacen una pareja muy atractiva, se ven muy bien juntos.Aitana lo reprendió de nuevo:—Darío, ¿tú también?¿Aitana ya tuteaba a su hermano?La mirada de Liliana cayó sobre Jaime. Tras dos años sin verlo, lucía más maduro y con esa aura de poder que le nacía natural.Ese rostro que la había enamorado de joven seguía siendo igual de atractivo.Pero en todo ese rato, el hombre no dijo ni una palabra. El gesto natural con el que aceptó la fruta de manos de Aitana se veía lleno de una complicidad casi íntima.Así que esa era la rutina de la casa en su ausencia.Liliana sintió como si una mano gigante le estrujara el corazón. Detrás de ella, se oyó la voz de Felipe:—¿Liliana? ¿Ya saliste?Al mismo tiempo, los que estaban adentro escucharon y se levantaron, volteando a verla.Liliana cruzó miradas con Jaime. Al verla, la expresión de él no mostró ninguna alteración.En la prisión, Liliana había imaginado muchas veces cómo sería volver a ver a Jaime, cómo correría a sus brazos a llorar todo lo que había sufrido.Pero ahora que lo tenía enfrente, se dio cuenta de lo fría y distante que era su mirada.Lo había amado en secreto desde que era una adolescente.Decían que él era el hijo ilegítimo y oculto de una familia poderosa, pero a Liliana no le importó; se lanzó por amor y lo persiguió con locura.Aunque Jaime era frío y mantenía esa actitud educada pero lejana con todos.Ella se saltó grados y estudió como loca para entrar a la misma escuela que él.Lo siguió hasta su universidad, diciendo que había entrado por mérito propio; solo entonces él la miró con un poco más de respeto.Aun así, ella siguió sus pasos durante la carrera y la maestría. Cuando estaba por aplicar al doctorado, tuvo una noche de pasión accidental con Jaime.Después, ella lo ayudó en secreto sin importarle nada, invirtiendo dinero y recursos, acompañándolo en su emprendimiento y dándolo todo para allanarle el camino.Cuando el negocio tuvo éxito, Jaime finalmente fue reconocido por los Hidalgo y lo llevaron de regreso para heredar el imperio familiar.Fue entonces cuando los Salazar y los Hidalgo unieron sus familias.Con el embarazo y el nacimiento de Miguel, Liliana se enfocó en el hogar y en el niño.Poco a poco, notó que Jaime parecía tener a alguien más.Un día, Jaime contrató a lo grande a una colega de la universidad para el núcleo del departamento de Inteligencia Artificial del Grupo Hidalgo.Liliana supo entonces que ella era la mujer que Jaime realmente quería.Fue Jaime quien llevó a esa mujer a la casa de los Salazar, diciendo que iba en representación de la empresa para el cumpleaños de la abuela, y al final terminó provocando su muerte.Y fue él quien, sopesando los beneficios, la mandó a ella a la cárcel en lugar de a Aitana.Ahora, viendo a Jaime, Liliana pensó: «¿Será que mi desgracia empezó por haberme enamorado de este hombre?».Fue solo un instante en el que la mente de Liliana divagó. Los demás se pusieron de pie y Darío caminó rápido hacia ella, contento.Estiró la mano para tomar la de Liliana, pero ella la retiró como acto reflejo.Darío agarró aire y su expresión mostró sorpresa.Antes eran los hermanos más unidos.Darío miró el cabello corto de ella, resultado de la prisión; se le hacía rarísimo. Antes, cuando vivía como rica, gastaban miles de pesos solo en cuidar esa melena que parecía de sirena.Ahora la veía con ese corte estilo recluso, sencillo y tajante; incluso parecía tener menos cabello. Darío no se acostumbraba.—Qué bueno que regresaste, Lili. Fueron dos años duros. Tranquila, ahora que estás aquí, todo será como antes.¿Como antes?¿Cómo podría ser igual?Con antecedentes penales de tres años, cargando la culpa de haber lastimado a la abuela que más la quería… ante la familia, la sociedad e incluso su hijo, ¿cómo iba a ser igual?Además, con la amante de su padre, Erika, y la amante de su marido, Aitana, metidas en su casa, ya nada era lo mismo.El día del accidente, no podía creer que nadie hubiera visto la verdad, pero todos se alinearon para señalarla como la culpable.¡Todo había cambiado hacía mucho!Liliana sentía el corazón muerto. Gregorio miró a Jaime.Jaime se acercó a ella.Para su sorpresa, habló primero:—Todo lo que te prometí sigue en pie. Los dividendos de estos dos años están ahí, y agregué un extra. Ahora que saliste, puedes vivir aquí si quieres, o si prefieres ir con tus padres, puedo acompañarte.Liliana levantó la vista, desconcertada, y lo miró a los ojos.Él no era bueno mintiendo.En ese momento, sus ojos mostraban expectativa.¿Expectativa? ¿Por qué?Esa mirada descolocó a Liliana.¿No era Aitana la dueña de su corazón?Un año después de entrar a la cárcel, ella entendió todo y firmó el divorcio sin dudarlo, renunciando a todo.Aunque no recibió el acta de divorcio en prisión, debieron haber quedado divorciados oficialmente hace un año, ¿no?Ella lo había liberado. ¿Acaso no se casó con Aitana?¿Por qué le decía esas cosas, ofreciéndole vivir con los Hidalgo o irse con ella a casa de los Salazar como si fuera un marido devoto?Hace un momento estaba sentado con Aitana, pareciendo un matrimonio viejo, con una intimidad física que superaba lo normal y rozaba lo sugerente.Mientras Liliana trataba de descifrar qué quería Jaime, Aitana se acercó llevando a Miguel de la mano.Aitana sonrió con dulzura, se agachó un poco y le dijo al niño:—Miki, saluda a tu mamá.Al ver a su hijo, a Liliana le ardieron los ojos.Dio dos pasos al frente, queriendo abrazarlo.Apenas abrió los brazos, Miguel se dio la vuelta y se escondió detrás de Aitana.Le gritó directo:—¡Eres una asesina! ¡No quiero que me abraces!