A los cuatro años de matrimonio, Kiara Pascual descubrió que su esposo, Agustín Galindo, tenía una hija ilegítima de cuatro años. ¿La amante? Nada menos que la propia hermana adoptiva de él. Con total frialdad, observó cómo Agustín instalaba a la intrusa en su hogar, permitiéndole usurpar su lugar paso a paso. Todos la creían la pobre e ingenua esposa engañada, pero ignoraban que, con una sonrisa en los labios, ella estaba orquestando una jugada maestra: el día en que la nueva empresa saliera a bolsa, mandaría a ese par de miserables al infierno con sus propias manos. Sin embargo, la aparición de un misterioso hombre volvió esta venganza mucho más impredecible...

Capítulo 1En la fiesta de celebración por la salida a bolsa de la nueva empresa de Agustín Galindo, Kiara Pascual le entregó los papeles del divorcio frente a todos los clientes.Tres meses antes.Kiara descubrió que su marido tenía otra familia.Fue un día antes de su cumpleaños. Agustín estaba de viaje de negocios en Costanera Alta; solía ir y venir de esa ciudad varias veces al mes.Kiara fue a buscarlo a escondidas para darle una sorpresa.Sin embargo, de camino al hotel, lo vio por casualidad en la puerta de un kínder.—Hoy Rosario se portó muy bien porque su papá vino al festival deportivo —dijo la maestra—. Sé que tiene mucho trabajo, señor, pero intente hacer un poco de tiempo para su hija. Rosario llora cada vez que viene al kínder diciendo que lo extraña, a mí hasta se me parte el corazón de verla.Sentada en su coche, Kiara vio con sus propios ojos cómo Agustín, el hombre que imponía su voluntad en la empresa, asentía con sumisión ante la maestra del kínder.Al irse, llevaba de una mano a una niña de cuatro años y, con la otra, entrelazaba su brazo con el de una mujer.Kiara conocía a esa mujer.Era la hija adoptiva de la familia, la hermana adoptiva de Agustín, Bianca Galindo.También conocía a la niña. Era la hija de Bianca y del mejor amigo de Agustín, Sergio. Se llamaba Rosario...O al menos, así se suponía que eran las cosas.Subieron al coche estacionado a un lado de la calle.Bianca acomodó a Rosario en la silla de seguridad y luego abrió la puerta del copiloto para subir.Era un Maybach negro.Kiara lo había elegido para Agustín cuando se casaron.Él le había prometido que ese asiento del copiloto siempre sería exclusivo para ella.Kiara los siguió con sumo cuidado, con las palmas sudando a mares sobre el volante.Entraron a la zona residencial de Villa del Prado.Según recordaba Kiara, esa no era la dirección donde Bianca vivía tras haberse casado.Agustín y Bianca entraron a la casa con Rosario y, poco después, salieron arreglados con ropa de gala, como si fueran a un evento especial.Kiara no tuvo el valor de meterse a escondidas a la casa. Siguió manejando tras Agustín y vio que llevaba a Bianca y a Rosario a La Cava Mayor.Era un restaurante en Costanera Alta donde conseguir mesa era casi imposible; por lo general se requería reservar con medio año de anticipación.Como Kiara no tenía reserva, no pudo entrar.Desde la entrada, vio a Agustín sentado con Bianca y Rosario. La mesa estaba llena de platillos finos y había un gran pastel.Antes de llegar a Costanera Alta, Kiara se había preguntado si Agustín le habría comprado un pastel para ella.Resultó que sí había encargado uno, pero para otra persona.—¡Feliz cumpleaños, Rosario!Parecían una familia perfecta, rebosante de felicidad.Después de soplar las velas, Agustín le preguntó a Rosario:—¿Qué deseo pediste?La vocecita tierna de la niña de cuatro años resonó claramente en el restaurante.—Pedí que mi papi pase todos mis cumpleaños conmigo de ahora en adelante, y que me acompañe todos los días.Una pizca de incomodidad cruzó el rostro de Agustín por un segundo.Ese sutil cambio de expresión no pasó desapercibido para Bianca.—Rosario, ya te he dicho que tu papá tiene mucho trabajo —dijo Bianca.—Pero yo lo extraño...Rosario hizo un puchero, se le pusieron los ojos rojos y comenzó a derramar lágrimas enormes.—Hoy es el cumpleaños de Rosario, no hablemos de cosas tristes... —intervino Agustín—. Te prometo que muy pronto los tres viviremos juntos.—¿De verdad? —preguntó la niña.Bianca tomó de inmediato la mano de Agustín.—Sí, ya pensé en lo que me dijiste antes —le dijo él a Bianca—. Rosario está creciendo y tienes razón, sería mejor que haga el preescolar en San Laureano.Agustín también le apretó la mano.—Bianca, gracias por todo tu esfuerzo estos años.Kiara apretó sus dedos helados, incapaz de seguir mirando.Si Agustín le agradecía a Bianca por su esfuerzo en todos esos años, entonces, ¿qué significaban los años de Kiara?Kiara y Agustín llevaban cuatro años casados; para todos, eran la pareja perfecta.La familia Pascual y la familia Galindo eran amigas de toda la vida.Antes de que ella naciera, sus familias ya habían acordado su compromiso.Desde que tenía uso de razón, supo que su destino era casarse con Agustín.Hacía cuatro años, cuando Kiara regresó del extranjero, Agustín la recibió en el aeropuerto y se hincó para pedirle matrimonio con un anillo de siete quilates.En aquel entonces, Kiara creyó que Agustín la amaba con locura.¿Cuándo había empezado a dudar de eso?Quizás fue por el hecho de que, en sus cuatro años de matrimonio, Agustín nunca se había acostado con ella.Kiara siempre pensó que él tenía algún problema de disfunción.Jamás imaginó que la duda que la atormentó durante cuatro años se resolvería de esta manera.Esa misma noche, mientras manejaba de regreso a San Laureano, Kiara tuvo un accidente en la autopista.Cuando recobró el conocimiento, ya estaba acostada en una cama de hospital.—Agustín, el accidente de Kiara fue en la autopista entre San Laureano y Costanera Alta. Dime... ¿crees que ya se enteró?Al escuchar la voz de Patricio, Kiara, que estaba a punto de abrir los ojos, los apretó con fuerza para seguir fingiendo.Patricio y Sergio eran los mejores amigos de Agustín.—¿Enterarse de qué? —respondió Agustín.—¡Pues de que tú y Bianca tienen una hija!A Kiara se le dio un vuelco el corazón.¿Resultaba que Patricio lo sabía desde hace tiempo?—No digas estupideces, Rosario es hija de Sergio.Al ver que Agustín intentaba justificarse, Patricio chasqueó la lengua.—Bueno, bueno, digamos que es hija de Sergio. Pero lo que hay entre Bianca y tú dejó de parecerse al cariño entre hermanos desde hace mucho. Si no fuera por ella, no llevarías todos estos años de casado sin tocar a Kiara ni una sola vez.Se hizo un breve silencio en la habitación.—No, no toco a Kiara solo por Bianca... —aclaró Agustín.Acostada en la cama fingiendo dormir, Kiara contuvo la respiración. Acompañada únicamente por el latido de su corazón, escuchó a Agustín decir con total firmeza:—También me da asco. Siento que está sucia.Patricio apenas alcanzó a soltar un "¿Qué?", cuando a Agustín le entró una llamada y tuvo que salir.La habitación quedó completamente vacía.Kiara abrió los ojos, revelando una mirada muerta.Agarró su celular y le mandó un WhatsApp a alguien.Cinco minutos después, entró la llamada de Cristina.—El abogado Rivas me dijo que le pediste que preparara los papeles del divorcio. ¿A poco tu marido ya se enteró de la aventura que tuviste en el extranjero?Kiara se quedó paralizada un segundo.De no haberlo mencionado Cristina, casi habría olvidado que su excusa para irse al extranjero hace cuatro años fue supuestamente tener un amorío.—No es por mí, resulta que Agustín tiene otra familia, con esposa e hija.—¡No manches! —Cristina apenas iba a empezar a soltar maldiciones cuando la puerta del cuarto se abrió de golpe. Kiara colgó de inmediato.—¡Qué bueno que ya despertaste!Kiara vio a Agustín entrar.Llevaba un traje que ella nunca le había visto; no se lo había comprado ella.Era un traje gris oscuro, hecho a la medida, que se veía carísimo y resaltaba su porte elegante.Al ser amigos de la infancia y tener un matrimonio arreglado, Kiara siempre lo había considerado un hombre muy tierno.Como en ese mismo instante, su rostro reflejaba una preocupación genuina y la inmensa alegría de verla consciente.Si no lo hubiera visto con sus propios ojos teniendo otra familia, seguiría creyendo que su marido la amaba con devoción absoluta.Kiara no pudo evitar sonreír con amargura para sus adentros.El Óscar se quedaba corto para la actuación de Agustín.—Kiara, ¿adivina quién vino a verte? —le dijo él.Hasta ese momento, Kiara cayó en la cuenta de que, durante sus cuatro años de casados, Agustín siempre la había llamado "Kiara".Sin apodos cariñosos, sin acortar su nombre, sin un solo "mi amor".Siempre era simplemente "Kiara".—¡Bianca, Rosario, pasen!Kiara vio entrar a Bianca agarrando de la mano a Rosario.Bianca llevaba un vestido estampado color azul rey; era de la colección de alta costura más reciente de Chanel. Kiara le había comentado a Agustín anteriormente que le gustaba mucho ese diseño.Bianca tenía el cabello negro, largo y lacio, lo que le daba un aire de niña buena y sumisa. Sus ojos grandes eran sumamente expresivos.Con esa fachada de señorita decente, ¡quién iba a imaginar que se acostaba a escondidas con su hermano adoptivo, un hombre casado!Luego miró a Rosario, que traía puesto un vestido de princesa de Disney color rosa, edición limitada.Antes, Kiara nunca se había fijado bien en los rasgos de la niña.Ahora que la veía de cerca, la verdad es que no se parecía en nada a Sergio.—Hola, tía, te traje piña —dijo Rosario extendiéndole la fruta que traía en la mano.Kiara no la tomó.Porque era alérgica a la piña.—¡Kiara, mira qué educada es Rosario! —Agustín tomó la piña, la picó con un cuchillo, la acomodó en un plato y le puso unos tenedores de fruta.Kiara lo observaba en silencio.Los movimientos de Agustín eran muy hábiles.—Agustín siempre nos preparaba la fruta cuando estábamos en casa. ¡Qué suertuda eres de estar casada con él! —comentó Bianca.Al escucharla, Kiara pensó en que, durante esos cuatro años de matrimonio, era ella quien siempre preparaba la fruta en casa; Agustín jamás movió un dedo.Antes solía creer que él no se rebajaba a hacer tareas tan simples.Ahora ya lo sabía...Agustín sí hacía esas cosas.Solamente no las hacía para ella.Apretó el puño bajo las sábanas sin que lo notaran. Entonces se dio cuenta de que Bianca, al darle piña en la boca a Rosario, dejaba a la vista su muñeca a propósito.Era una pulsera antigua de esmalte, diamantes, rubíes y zafiros, la pieza estrella de la Subasta Higueres. Era única en el mundo y se había vendido por dos millones setecientos mil pesos.Kiara levantó una ceja.Con el sueldo de Bianca, era imposible que pudiera costearse una joya tan cara.Sumado a la forma tan obvia en que la presumía, Kiara dedujo al instante que Agustín se la había regalado.El ambiente en la habitación no era tenso; Agustín bromeaba y platicaba con Bianca y Rosario. Más bien, parecía que Kiara estaba sobrando ahí.—Oye, Kiara, hay algo que quiero consultarte... —empezó a decir Agustín.Aunque decía que quería hablarlo con ella, intercambió una mirada cómplice con Bianca.—Rosario es la única hija de Sergio, y ya sabes lo unidos que éramos él y yo. A Rosario ya le toca entrar al preescolar, y resulta que el Jardín Infantil Arcoíris aquí en San Laureano es famoso en todo el país. Quiero que reciba la mejor educación aquí... —Llegado a este punto, Agustín se aclaró la garganta.Así que, mientras estabas inconsciente, registré a Rosario y a Bianca en nuestro domicilio y las puse bajo nuestra tutela legal, para que las aceptaran en la escuela de esta zona.Aunque Kiara ya estaba mentalizada para lo peor, la desfachatez de Agustín le dolió en el alma.—¿Y según tú me lo estás consultando?—Kiara...—No estoy de acuerdo.Cuando Kiara soltó esa frase, el aire en la habitación se sintió pesado.Con el rabillo del ojo, notó que Bianca le hacía una señal a Rosario.Y entonces, la niña rompió a llorar, soltando lagrimones.—¿Ya no voy a poder ir a la mejor escuela? Tío, yo ya no tengo papá, ¿y ahora... ahora tú tampoco me quieres?Agustín sentía algo de culpa y nerviosismo por haber cambiado el registro domiciliario sin el permiso de Kiara, pero en cuanto vio llorar a Rosario, la levantó en brazos enseguida.—Ya, Rosario, no llores. ¡Cómo crees que tu tío no te va a querer!Mientras la abrazaba, Agustín le lanzó una mirada de reproche a Kiara.—Kiara, pensé que no te ibas a poner en un plan tan irracional... Mira lo triste que está Rosario, está chiquita. ¿No te da lástima?Antes de que Kiara pudiera responder, Bianca se puso de pie.—Agustín, no presiones a tu esposa, la culpa es mía y de Rosario. ¡Rosario, pídele perdón a tu tía ahorita mismo!Con ese regaño, la niña empezó a llorar todavía más fuerte.Agustín soltó un suspiro, mirándola con evidente cansancio y decepción.—Kiara, ya hice el trámite del registro y el domicilio, así que el asunto está decidido. Voy a acompañar a Bianca y a Rosario a la salida.Tras la partida de los tres, la habitación volvió a quedar en silencio.Kiara se llevó una mano a la mejilla y sintió sus dedos helados humedecerse.Ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento empezó a llorar.Apretó los dientes.¡No valía la pena derramar lágrimas por una basura como él!Sacó su celular y le mandó un WhatsApp al abogado Rivas para preguntarle cómo iba lo de los papeles del divorcio.Como la familia Pascual tenía muchísimos negocios, la división de bienes iba a ser compleja. El abogado le contestó que tardaría unos días más.Pero Kiara no aguantó más y le marcó directamente.—¡Quiero dejar a Agustín en la calle, sin un solo peso!Cinco días después, Cristina llegó al hospital a visitarla con los papeles del divorcio que el abogado Rivas había redactado.Era su mejor amiga y había tomado un vuelo solo para verla.—Como se nota que eres mi mejor amiga, sabes exactamente qué regalito quería recibir.Kiara sonrió mientras tomaba el grueso fajo de documentos.—Quién lo diría, el cabrón de Agustín resultó ser una tremenda porquería —soltó Cristina.Tras escuchar que él había modificado el registro domiciliario y la tutela sin permiso, Cristina se pasó cuarenta minutos seguidos soltando puras mentadas de madre.—Oye, Kiara, ¿y a poco te vas a quedar callada con eso?Kiara se encogió de hombros.—Me voy a divorciar de él. Me da igual si se registra en la misma casa que ella o quien sea, a mí me vale madres.—¿Entonces qué te importa? —preguntó Cristina.—Me importa... la pulsera que Agustín le regaló a Bianca.Al escuchar esto, Cristina por fin se fijó en la joya que llevaba su amiga en la muñeca.—¿Esa no es la pulsera antigua de la Subasta Higueres? Cuesta millones... A ti nunca te regaló nada así y resulta que con esa zorra sí es espléndido. ¡Puta madre!Cristina volvió a soltar una ráfaga de maldiciones.—¿Pero cómo lograste quitársela? Aunque Agustín quisiera dártela, dudo mucho que su hermana adoptiva haya soltado la pulsera así como si nada, ¿no?Una leve sonrisa asomó en los labios de Kiara.¡Por eso mismo se la había quitado!De solo pensar en la bronca que debieron haber tenido cuando Agustín le pidió la pulsera de regreso y cómo Bianca tuvo que tragar saliva para devolverla, sentía una satisfacción enorme.—La nueva empresa de Agustín todavía necesita el apoyo de mi papá... —explicó Kiara.Así que Bianca siempre estaría relegada al papel de la amante a escondidas.Además, legalmente, Bianca seguía siendo su hermana.La misma noche en que él le soltó lo del registro, fue a pedirle perdón y le llevó sus naranjas favoritas.Antes, cuando peleaban, Agustín siempre le compraba naranjas para contentarla y le pedía disculpas de forma voluntaria.En aquel entonces, Kiara creía que él bajaba la guardia porque la amaba.Ahora se daba cuenta de la pendejada que fue pensar así. Nunca notó que, después de calmarla, Agustín siempre terminaba pidiéndole que usara sus influencias con su padre.Agustín jamás la había querido.Solo le interesaban los contactos y los favores para sus negocios.Como en esa ocasión, que prefirió complacerla para proteger su nueva empresa, exigiéndole a Bianca que devolviera la joya.—Oye, ya tienes los papeles listos, pero el abogado me advirtió que no va a ser nada fácil dejarlo en la ruina. Aunque lo lleves a juicio, es casi imposible evitar que se quede con algo... ¿Qué vas a hacer? —preguntó Cristina.Kiara deslizó los dedos suavemente sobre las letras frías del documento.—Por eso le voy a dar un pequeño obsequio... en el momento más adecuado.—¡Te está viendo la cara de pendeja con su otra familia y tú todavía te quieres esperar!Cristina casi le escupe en la cara del coraje.Y tenía toda la razón.Pero Kiara necesitaba aguardar el momento exacto.Un momento para arruinar por completo la reputación de Agustín.—Agustín se la ha pasado súper preocupado porque no sabe si su nueva empresa saldrá a bolsa...Al escuchar eso, a Cristina se le iluminó el rostro.—¿Quieres arruinarle la salida a bolsa?—No...Kiara negó con la cabeza rotundamente y esbozó una pequeña sonrisa.—Al contrario. Haré todo lo posible para ayudarlo a que lo logre.Capítulo 2En la fiesta de celebración por la salida a bolsa de la nueva empresa de Agustín Galindo, Kiara Pascual le entregó los papeles del divorcio frente a todos los clientes.Tres meses antes.Kiara descubrió que su marido tenía otra familia.Fue un día antes de su cumpleaños. Agustín estaba de viaje de negocios en Costanera Alta; solía ir y venir de esa ciudad varias veces al mes.Kiara fue a buscarlo a escondidas para darle una sorpresa.Sin embargo, de camino al hotel, lo vio por casualidad en la puerta de un kínder.—Hoy Rosario se portó muy bien porque su papá vino al festival deportivo —dijo la maestra—. Sé que tiene mucho trabajo, señor, pero intente hacer un poco de tiempo para su hija. Rosario llora cada vez que viene al kínder diciendo que lo extraña, a mí hasta se me parte el corazón de verla.Sentada en su coche, Kiara vio con sus propios ojos cómo Agustín, el hombre que imponía su voluntad en la empresa, asentía con sumisión ante la maestra del kínder.Al irse, llevaba de una mano a una niña de cuatro años y, con la otra, entrelazaba su brazo con el de una mujer.Kiara conocía a esa mujer.Era la hija adoptiva de la familia, la hermana adoptiva de Agustín, Bianca Galindo.También conocía a la niña. Era la hija de Bianca y del mejor amigo de Agustín, Sergio. Se llamaba Rosario...O al menos, así se suponía que eran las cosas.Subieron al coche estacionado a un lado de la calle.Bianca acomodó a Rosario en la silla de seguridad y luego abrió la puerta del copiloto para subir.Era un Maybach negro.Kiara lo había elegido para Agustín cuando se casaron.Él le había prometido que ese asiento del copiloto siempre sería exclusivo para ella.Kiara los siguió con sumo cuidado, con las palmas sudando a mares sobre el volante.Entraron a la zona residencial de Villa del Prado.Según recordaba Kiara, esa no era la dirección donde Bianca vivía tras haberse casado.Agustín y Bianca entraron a la casa con Rosario y, poco después, salieron arreglados con ropa de gala, como si fueran a un evento especial.Kiara no tuvo el valor de meterse a escondidas a la casa. Siguió manejando tras Agustín y vio que llevaba a Bianca y a Rosario a La Cava Mayor.Era un restaurante en Costanera Alta donde conseguir mesa era casi imposible; por lo general se requería reservar con medio año de anticipación.Como Kiara no tenía reserva, no pudo entrar.Desde la entrada, vio a Agustín sentado con Bianca y Rosario. La mesa estaba llena de platillos finos y había un gran pastel.Antes de llegar a Costanera Alta, Kiara se había preguntado si Agustín le habría comprado un pastel para ella.Resultó que sí había encargado uno, pero para otra persona.—¡Feliz cumpleaños, Rosario!Parecían una familia perfecta, rebosante de felicidad.Después de soplar las velas, Agustín le preguntó a Rosario:—¿Qué deseo pediste?La vocecita tierna de la niña de cuatro años resonó claramente en el restaurante.—Pedí que mi papi pase todos mis cumpleaños conmigo de ahora en adelante, y que me acompañe todos los días.Una pizca de incomodidad cruzó el rostro de Agustín por un segundo.Ese sutil cambio de expresión no pasó desapercibido para Bianca.—Rosario, ya te he dicho que tu papá tiene mucho trabajo —dijo Bianca.—Pero yo lo extraño...Rosario hizo un puchero, se le pusieron los ojos rojos y comenzó a derramar lágrimas enormes.—Hoy es el cumpleaños de Rosario, no hablemos de cosas tristes... —intervino Agustín—. Te prometo que muy pronto los tres viviremos juntos.—¿De verdad? —preguntó la niña.Bianca tomó de inmediato la mano de Agustín.—Sí, ya pensé en lo que me dijiste antes —le dijo él a Bianca—. Rosario está creciendo y tienes razón, sería mejor que haga el preescolar en San Laureano.Agustín también le apretó la mano.—Bianca, gracias por todo tu esfuerzo estos años.Kiara apretó sus dedos helados, incapaz de seguir mirando.Si Agustín le agradecía a Bianca por su esfuerzo en todos esos años, entonces, ¿qué significaban los años de Kiara?Kiara y Agustín llevaban cuatro años casados; para todos, eran la pareja perfecta.La familia Pascual y la familia Galindo eran amigas de toda la vida.Antes de que ella naciera, sus familias ya habían acordado su compromiso.Desde que tenía uso de razón, supo que su destino era casarse con Agustín.Hacía cuatro años, cuando Kiara regresó del extranjero, Agustín la recibió en el aeropuerto y se hincó para pedirle matrimonio con un anillo de siete quilates.En aquel entonces, Kiara creyó que Agustín la amaba con locura.¿Cuándo había empezado a dudar de eso?Quizás fue por el hecho de que, en sus cuatro años de matrimonio, Agustín nunca se había acostado con ella.Kiara siempre pensó que él tenía algún problema de disfunción.Jamás imaginó que la duda que la atormentó durante cuatro años se resolvería de esta manera.Esa misma noche, mientras manejaba de regreso a San Laureano, Kiara tuvo un accidente en la autopista.Cuando recobró el conocimiento, ya estaba acostada en una cama de hospital.—Agustín, el accidente de Kiara fue en la autopista entre San Laureano y Costanera Alta. Dime... ¿crees que ya se enteró?Al escuchar la voz de Patricio, Kiara, que estaba a punto de abrir los ojos, los apretó con fuerza para seguir fingiendo.Patricio y Sergio eran los mejores amigos de Agustín.—¿Enterarse de qué? —respondió Agustín.—¡Pues de que tú y Bianca tienen una hija!A Kiara se le dio un vuelco el corazón.¿Resultaba que Patricio lo sabía desde hace tiempo?—No digas estupideces, Rosario es hija de Sergio.Al ver que Agustín intentaba justificarse, Patricio chasqueó la lengua.—Bueno, bueno, digamos que es hija de Sergio. Pero lo que hay entre Bianca y tú dejó de parecerse al cariño entre hermanos desde hace mucho. Si no fuera por ella, no llevarías todos estos años de casado sin tocar a Kiara ni una sola vez.Se hizo un breve silencio en la habitación.—No, no toco a Kiara solo por Bianca... —aclaró Agustín.Acostada en la cama fingiendo dormir, Kiara contuvo la respiración. Acompañada únicamente por el latido de su corazón, escuchó a Agustín decir con total firmeza:—También me da asco. Siento que está sucia.Patricio apenas alcanzó a soltar un "¿Qué?", cuando a Agustín le entró una llamada y tuvo que salir.La habitación quedó completamente vacía.Kiara abrió los ojos, revelando una mirada muerta.Agarró su celular y le mandó un WhatsApp a alguien.Cinco minutos después, entró la llamada de Cristina.—El abogado Rivas me dijo que le pediste que preparara los papeles del divorcio. ¿A poco tu marido ya se enteró de la aventura que tuviste en el extranjero?Kiara se quedó paralizada un segundo.De no haberlo mencionado Cristina, casi habría olvidado que su excusa para irse al extranjero hace cuatro años fue supuestamente tener un amorío.—No es por mí, resulta que Agustín tiene otra familia, con esposa e hija.—¡No manches! —Cristina apenas iba a empezar a soltar maldiciones cuando la puerta del cuarto se abrió de golpe. Kiara colgó de inmediato.—¡Qué bueno que ya despertaste!Kiara vio a Agustín entrar.Llevaba un traje que ella nunca le había visto; no se lo había comprado ella.Era un traje gris oscuro, hecho a la medida, que se veía carísimo y resaltaba su porte elegante.Al ser amigos de la infancia y tener un matrimonio arreglado, Kiara siempre lo había considerado un hombre muy tierno.Como en ese mismo instante, su rostro reflejaba una preocupación genuina y la inmensa alegría de verla consciente.Si no lo hubiera visto con sus propios ojos teniendo otra familia, seguiría creyendo que su marido la amaba con devoción absoluta.Kiara no pudo evitar sonreír con amargura para sus adentros.El Óscar se quedaba corto para la actuación de Agustín.—Kiara, ¿adivina quién vino a verte? —le dijo él.Hasta ese momento, Kiara cayó en la cuenta de que, durante sus cuatro años de casados, Agustín siempre la había llamado "Kiara".Sin apodos cariñosos, sin acortar su nombre, sin un solo "mi amor".Siempre era simplemente "Kiara".—¡Bianca, Rosario, pasen!Kiara vio entrar a Bianca agarrando de la mano a Rosario.Bianca llevaba un vestido estampado color azul rey; era de la colección de alta costura más reciente de Chanel. Kiara le había comentado a Agustín anteriormente que le gustaba mucho ese diseño.Bianca tenía el cabello negro, largo y lacio, lo que le daba un aire de niña buena y sumisa. Sus ojos grandes eran sumamente expresivos.Con esa fachada de señorita decente, ¡quién iba a imaginar que se acostaba a escondidas con su hermano adoptivo, un hombre casado!Luego miró a Rosario, que traía puesto un vestido de princesa de Disney color rosa, edición limitada.Antes, Kiara nunca se había fijado bien en los rasgos de la niña.Ahora que la veía de cerca, la verdad es que no se parecía en nada a Sergio.—Hola, tía, te traje piña —dijo Rosario extendiéndole la fruta que traía en la mano.Kiara no la tomó.Porque era alérgica a la piña.—¡Kiara, mira qué educada es Rosario! —Agustín tomó la piña, la picó con un cuchillo, la acomodó en un plato y le puso unos tenedores de fruta.Kiara lo observaba en silencio.Los movimientos de Agustín eran muy hábiles.—Agustín siempre nos preparaba la fruta cuando estábamos en casa. ¡Qué suertuda eres de estar casada con él! —comentó Bianca.Al escucharla, Kiara pensó en que, durante esos cuatro años de matrimonio, era ella quien siempre preparaba la fruta en casa; Agustín jamás movió un dedo.Antes solía creer que él no se rebajaba a hacer tareas tan simples.Ahora ya lo sabía...Agustín sí hacía esas cosas.Solamente no las hacía para ella.Apretó el puño bajo las sábanas sin que lo notaran. Entonces se dio cuenta de que Bianca, al darle piña en la boca a Rosario, dejaba a la vista su muñeca a propósito.Era una pulsera antigua de esmalte, diamantes, rubíes y zafiros, la pieza estrella de la Subasta Higueres. Era única en el mundo y se había vendido por dos millones setecientos mil pesos.Kiara levantó una ceja.Con el sueldo de Bianca, era imposible que pudiera costearse una joya tan cara.Sumado a la forma tan obvia en que la presumía, Kiara dedujo al instante que Agustín se la había regalado.El ambiente en la habitación no era tenso; Agustín bromeaba y platicaba con Bianca y Rosario. Más bien, parecía que Kiara estaba sobrando ahí.—Oye, Kiara, hay algo que quiero consultarte... —empezó a decir Agustín.Aunque decía que quería hablarlo con ella, intercambió una mirada cómplice con Bianca.—Rosario es la única hija de Sergio, y ya sabes lo unidos que éramos él y yo. A Rosario ya le toca entrar al preescolar, y resulta que el Jardín Infantil Arcoíris aquí en San Laureano es famoso en todo el país. Quiero que reciba la mejor educación aquí... —Llegado a este punto, Agustín se aclaró la garganta.Así que, mientras estabas inconsciente, registré a Rosario y a Bianca en nuestro domicilio y las puse bajo nuestra tutela legal, para que las aceptaran en la escuela de esta zona.Aunque Kiara ya estaba mentalizada para lo peor, la desfachatez de Agustín le dolió en el alma.—¿Y según tú me lo estás consultando?—Kiara...—No estoy de acuerdo.Cuando Kiara soltó esa frase, el aire en la habitación se sintió pesado.Con el rabillo del ojo, notó que Bianca le hacía una señal a Rosario.Y entonces, la niña rompió a llorar, soltando lagrimones.—¿Ya no voy a poder ir a la mejor escuela? Tío, yo ya no tengo papá, ¿y ahora... ahora tú tampoco me quieres?Agustín sentía algo de culpa y nerviosismo por haber cambiado el registro domiciliario sin el permiso de Kiara, pero en cuanto vio llorar a Rosario, la levantó en brazos enseguida.—Ya, Rosario, no llores. ¡Cómo crees que tu tío no te va a querer!Mientras la abrazaba, Agustín le lanzó una mirada de reproche a Kiara.—Kiara, pensé que no te ibas a poner en un plan tan irracional... Mira lo triste que está Rosario, está chiquita. ¿No te da lástima?Antes de que Kiara pudiera responder, Bianca se puso de pie.—Agustín, no presiones a tu esposa, la culpa es mía y de Rosario. ¡Rosario, pídele perdón a tu tía ahorita mismo!Con ese regaño, la niña empezó a llorar todavía más fuerte.Agustín soltó un suspiro, mirándola con evidente cansancio y decepción.—Kiara, ya hice el trámite del registro y el domicilio, así que el asunto está decidido. Voy a acompañar a Bianca y a Rosario a la salida.Tras la partida de los tres, la habitación volvió a quedar en silencio.Kiara se llevó una mano a la mejilla y sintió sus dedos helados humedecerse.Ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento empezó a llorar.Apretó los dientes.¡No valía la pena derramar lágrimas por una basura como él!Sacó su celular y le mandó un WhatsApp al abogado Rivas para preguntarle cómo iba lo de los papeles del divorcio.Como la familia Pascual tenía muchísimos negocios, la división de bienes iba a ser compleja. El abogado le contestó que tardaría unos días más.Pero Kiara no aguantó más y le marcó directamente.—¡Quiero dejar a Agustín en la calle, sin un solo peso!Cinco días después, Cristina llegó al hospital a visitarla con los papeles del divorcio que el abogado Rivas había redactado.Era su mejor amiga y había tomado un vuelo solo para verla.—Como se nota que eres mi mejor amiga, sabes exactamente qué regalito quería recibir.Kiara sonrió mientras tomaba el grueso fajo de documentos.—Quién lo diría, el cabrón de Agustín resultó ser una tremenda porquería —soltó Cristina.Tras escuchar que él había modificado el registro domiciliario y la tutela sin permiso, Cristina se pasó cuarenta minutos seguidos soltando puras mentadas de madre.—Oye, Kiara, ¿y a poco te vas a quedar callada con eso?Kiara se encogió de hombros.—Me voy a divorciar de él. Me da igual si se registra en la misma casa que ella o quien sea, a mí me vale madres.—¿Entonces qué te importa? —preguntó Cristina.—Me importa... la pulsera que Agustín le regaló a Bianca.Al escuchar esto, Cristina por fin se fijó en la joya que llevaba su amiga en la muñeca.—¿Esa no es la pulsera antigua de la Subasta Higueres? Cuesta millones... A ti nunca te regaló nada así y resulta que con esa zorra sí es espléndido. ¡Puta madre!Cristina volvió a soltar una ráfaga de maldiciones.—¿Pero cómo lograste quitársela? Aunque Agustín quisiera dártela, dudo mucho que su hermana adoptiva haya soltado la pulsera así como si nada, ¿no?Una leve sonrisa asomó en los labios de Kiara.¡Por eso mismo se la había quitado!De solo pensar en la bronca que debieron haber tenido cuando Agustín le pidió la pulsera de regreso y cómo Bianca tuvo que tragar saliva para devolverla, sentía una satisfacción enorme.—La nueva empresa de Agustín todavía necesita el apoyo de mi papá... —explicó Kiara.Así que Bianca siempre estaría relegada al papel de la amante a escondidas.Además, legalmente, Bianca seguía siendo su hermana.La misma noche en que él le soltó lo del registro, fue a pedirle perdón y le llevó sus naranjas favoritas.Antes, cuando peleaban, Agustín siempre le compraba naranjas para contentarla y le pedía disculpas de forma voluntaria.En aquel entonces, Kiara creía que él bajaba la guardia porque la amaba.Ahora se daba cuenta de la pendejada que fue pensar así. Nunca notó que, después de calmarla, Agustín siempre terminaba pidiéndole que usara sus influencias con su padre.Agustín jamás la había querido.Solo le interesaban los contactos y los favores para sus negocios.Como en esa ocasión, que prefirió complacerla para proteger su nueva empresa, exigiéndole a Bianca que devolviera la joya.—Oye, ya tienes los papeles listos, pero el abogado me advirtió que no va a ser nada fácil dejarlo en la ruina. Aunque lo lleves a juicio, es casi imposible evitar que se quede con algo... ¿Qué vas a hacer? —preguntó Cristina.Kiara deslizó los dedos suavemente sobre las letras frías del documento.—Por eso le voy a dar un pequeño obsequio... en el momento más adecuado.—¡Te está viendo la cara de pendeja con su otra familia y tú todavía te quieres esperar!Cristina casi le escupe en la cara del coraje.Y tenía toda la razón.Pero Kiara necesitaba aguardar el momento exacto.Un momento para arruinar por completo la reputación de Agustín.—Agustín se la ha pasado súper preocupado porque no sabe si su nueva empresa saldrá a bolsa...Al escuchar eso, a Cristina se le iluminó el rostro.—¿Quieres arruinarle la salida a bolsa?—No...Kiara negó con la cabeza rotundamente y esbozó una pequeña sonrisa.—Al contrario. Haré todo lo posible para ayudarlo a que lo logre.Capítulo 3En la fiesta de celebración por la salida a bolsa de la nueva empresa de Agustín Galindo, Kiara Pascual le entregó los papeles del divorcio frente a todos los clientes.Tres meses antes.Kiara descubrió que su marido tenía otra familia.Fue un día antes de su cumpleaños. Agustín estaba de viaje de negocios en Costanera Alta; solía ir y venir de esa ciudad varias veces al mes.Kiara fue a buscarlo a escondidas para darle una sorpresa.Sin embargo, de camino al hotel, lo vio por casualidad en la puerta de un kínder.—Hoy Rosario se portó muy bien porque su papá vino al festival deportivo —dijo la maestra—. Sé que tiene mucho trabajo, señor, pero intente hacer un poco de tiempo para su hija. Rosario llora cada vez que viene al kínder diciendo que lo extraña, a mí hasta se me parte el corazón de verla.Sentada en su coche, Kiara vio con sus propios ojos cómo Agustín, el hombre que imponía su voluntad en la empresa, asentía con sumisión ante la maestra del kínder.Al irse, llevaba de una mano a una niña de cuatro años y, con la otra, entrelazaba su brazo con el de una mujer.Kiara conocía a esa mujer.Era la hija adoptiva de la familia, la hermana adoptiva de Agustín, Bianca Galindo.También conocía a la niña. Era la hija de Bianca y del mejor amigo de Agustín, Sergio. Se llamaba Rosario...O al menos, así se suponía que eran las cosas.Subieron al coche estacionado a un lado de la calle.Bianca acomodó a Rosario en la silla de seguridad y luego abrió la puerta del copiloto para subir.Era un Maybach negro.Kiara lo había elegido para Agustín cuando se casaron.Él le había prometido que ese asiento del copiloto siempre sería exclusivo para ella.Kiara los siguió con sumo cuidado, con las palmas sudando a mares sobre el volante.Entraron a la zona residencial de Villa del Prado.Según recordaba Kiara, esa no era la dirección donde Bianca vivía tras haberse casado.Agustín y Bianca entraron a la casa con Rosario y, poco después, salieron arreglados con ropa de gala, como si fueran a un evento especial.Kiara no tuvo el valor de meterse a escondidas a la casa. Siguió manejando tras Agustín y vio que llevaba a Bianca y a Rosario a La Cava Mayor.Era un restaurante en Costanera Alta donde conseguir mesa era casi imposible; por lo general se requería reservar con medio año de anticipación.Como Kiara no tenía reserva, no pudo entrar.Desde la entrada, vio a Agustín sentado con Bianca y Rosario. La mesa estaba llena de platillos finos y había un gran pastel.Antes de llegar a Costanera Alta, Kiara se había preguntado si Agustín le habría comprado un pastel para ella.Resultó que sí había encargado uno, pero para otra persona.—¡Feliz cumpleaños, Rosario!Parecían una familia perfecta, rebosante de felicidad.Después de soplar las velas, Agustín le preguntó a Rosario:—¿Qué deseo pediste?La vocecita tierna de la niña de cuatro años resonó claramente en el restaurante.—Pedí que mi papi pase todos mis cumpleaños conmigo de ahora en adelante, y que me acompañe todos los días.Una pizca de incomodidad cruzó el rostro de Agustín por un segundo.Ese sutil cambio de expresión no pasó desapercibido para Bianca.—Rosario, ya te he dicho que tu papá tiene mucho trabajo —dijo Bianca.—Pero yo lo extraño...Rosario hizo un puchero, se le pusieron los ojos rojos y comenzó a derramar lágrimas enormes.—Hoy es el cumpleaños de Rosario, no hablemos de cosas tristes... —intervino Agustín—. Te prometo que muy pronto los tres viviremos juntos.—¿De verdad? —preguntó la niña.Bianca tomó de inmediato la mano de Agustín.—Sí, ya pensé en lo que me dijiste antes —le dijo él a Bianca—. Rosario está creciendo y tienes razón, sería mejor que haga el preescolar en San Laureano.Agustín también le apretó la mano.—Bianca, gracias por todo tu esfuerzo estos años.Kiara apretó sus dedos helados, incapaz de seguir mirando.Si Agustín le agradecía a Bianca por su esfuerzo en todos esos años, entonces, ¿qué significaban los años de Kiara?Kiara y Agustín llevaban cuatro años casados; para todos, eran la pareja perfecta.La familia Pascual y la familia Galindo eran amigas de toda la vida.Antes de que ella naciera, sus familias ya habían acordado su compromiso.Desde que tenía uso de razón, supo que su destino era casarse con Agustín.Hacía cuatro años, cuando Kiara regresó del extranjero, Agustín la recibió en el aeropuerto y se hincó para pedirle matrimonio con un anillo de siete quilates.En aquel entonces, Kiara creyó que Agustín la amaba con locura.¿Cuándo había empezado a dudar de eso?Quizás fue por el hecho de que, en sus cuatro años de matrimonio, Agustín nunca se había acostado con ella.Kiara siempre pensó que él tenía algún problema de disfunción.Jamás imaginó que la duda que la atormentó durante cuatro años se resolvería de esta manera.Esa misma noche, mientras manejaba de regreso a San Laureano, Kiara tuvo un accidente en la autopista.Cuando recobró el conocimiento, ya estaba acostada en una cama de hospital.—Agustín, el accidente de Kiara fue en la autopista entre San Laureano y Costanera Alta. Dime... ¿crees que ya se enteró?Al escuchar la voz de Patricio, Kiara, que estaba a punto de abrir los ojos, los apretó con fuerza para seguir fingiendo.Patricio y Sergio eran los mejores amigos de Agustín.—¿Enterarse de qué? —respondió Agustín.—¡Pues de que tú y Bianca tienen una hija!A Kiara se le dio un vuelco el corazón.¿Resultaba que Patricio lo sabía desde hace tiempo?—No digas estupideces, Rosario es hija de Sergio.Al ver que Agustín intentaba justificarse, Patricio chasqueó la lengua.—Bueno, bueno, digamos que es hija de Sergio. Pero lo que hay entre Bianca y tú dejó de parecerse al cariño entre hermanos desde hace mucho. Si no fuera por ella, no llevarías todos estos años de casado sin tocar a Kiara ni una sola vez.Se hizo un breve silencio en la habitación.—No, no toco a Kiara solo por Bianca... —aclaró Agustín.Acostada en la cama fingiendo dormir, Kiara contuvo la respiración. Acompañada únicamente por el latido de su corazón, escuchó a Agustín decir con total firmeza:—También me da asco. Siento que está sucia.Patricio apenas alcanzó a soltar un "¿Qué?", cuando a Agustín le entró una llamada y tuvo que salir.La habitación quedó completamente vacía.Kiara abrió los ojos, revelando una mirada muerta.Agarró su celular y le mandó un WhatsApp a alguien.Cinco minutos después, entró la llamada de Cristina.—El abogado Rivas me dijo que le pediste que preparara los papeles del divorcio. ¿A poco tu marido ya se enteró de la aventura que tuviste en el extranjero?Kiara se quedó paralizada un segundo.De no haberlo mencionado Cristina, casi habría olvidado que su excusa para irse al extranjero hace cuatro años fue supuestamente tener un amorío.—No es por mí, resulta que Agustín tiene otra familia, con esposa e hija.—¡No manches! —Cristina apenas iba a empezar a soltar maldiciones cuando la puerta del cuarto se abrió de golpe. Kiara colgó de inmediato.—¡Qué bueno que ya despertaste!Kiara vio a Agustín entrar.Llevaba un traje que ella nunca le había visto; no se lo había comprado ella.Era un traje gris oscuro, hecho a la medida, que se veía carísimo y resaltaba su porte elegante.Al ser amigos de la infancia y tener un matrimonio arreglado, Kiara siempre lo había considerado un hombre muy tierno.Como en ese mismo instante, su rostro reflejaba una preocupación genuina y la inmensa alegría de verla consciente.Si no lo hubiera visto con sus propios ojos teniendo otra familia, seguiría creyendo que su marido la amaba con devoción absoluta.Kiara no pudo evitar sonreír con amargura para sus adentros.El Óscar se quedaba corto para la actuación de Agustín.—Kiara, ¿adivina quién vino a verte? —le dijo él.Hasta ese momento, Kiara cayó en la cuenta de que, durante sus cuatro años de casados, Agustín siempre la había llamado "Kiara".Sin apodos cariñosos, sin acortar su nombre, sin un solo "mi amor".Siempre era simplemente "Kiara".—¡Bianca, Rosario, pasen!Kiara vio entrar a Bianca agarrando de la mano a Rosario.Bianca llevaba un vestido estampado color azul rey; era de la colección de alta costura más reciente de Chanel. Kiara le había comentado a Agustín anteriormente que le gustaba mucho ese diseño.Bianca tenía el cabello negro, largo y lacio, lo que le daba un aire de niña buena y sumisa. Sus ojos grandes eran sumamente expresivos.Con esa fachada de señorita decente, ¡quién iba a imaginar que se acostaba a escondidas con su hermano adoptivo, un hombre casado!Luego miró a Rosario, que traía puesto un vestido de princesa de Disney color rosa, edición limitada.Antes, Kiara nunca se había fijado bien en los rasgos de la niña.Ahora que la veía de cerca, la verdad es que no se parecía en nada a Sergio.—Hola, tía, te traje piña —dijo Rosario extendiéndole la fruta que traía en la mano.Kiara no la tomó.Porque era alérgica a la piña.—¡Kiara, mira qué educada es Rosario! —Agustín tomó la piña, la picó con un cuchillo, la acomodó en un plato y le puso unos tenedores de fruta.Kiara lo observaba en silencio.Los movimientos de Agustín eran muy hábiles.—Agustín siempre nos preparaba la fruta cuando estábamos en casa. ¡Qué suertuda eres de estar casada con él! —comentó Bianca.Al escucharla, Kiara pensó en que, durante esos cuatro años de matrimonio, era ella quien siempre preparaba la fruta en casa; Agustín jamás movió un dedo.Antes solía creer que él no se rebajaba a hacer tareas tan simples.Ahora ya lo sabía...Agustín sí hacía esas cosas.Solamente no las hacía para ella.Apretó el puño bajo las sábanas sin que lo notaran. Entonces se dio cuenta de que Bianca, al darle piña en la boca a Rosario, dejaba a la vista su muñeca a propósito.Era una pulsera antigua de esmalte, diamantes, rubíes y zafiros, la pieza estrella de la Subasta Higueres. Era única en el mundo y se había vendido por dos millones setecientos mil pesos.Kiara levantó una ceja.Con el sueldo de Bianca, era imposible que pudiera costearse una joya tan cara.Sumado a la forma tan obvia en que la presumía, Kiara dedujo al instante que Agustín se la había regalado.El ambiente en la habitación no era tenso; Agustín bromeaba y platicaba con Bianca y Rosario. Más bien, parecía que Kiara estaba sobrando ahí.—Oye, Kiara, hay algo que quiero consultarte... —empezó a decir Agustín.Aunque decía que quería hablarlo con ella, intercambió una mirada cómplice con Bianca.—Rosario es la única hija de Sergio, y ya sabes lo unidos que éramos él y yo. A Rosario ya le toca entrar al preescolar, y resulta que el Jardín Infantil Arcoíris aquí en San Laureano es famoso en todo el país. Quiero que reciba la mejor educación aquí... —Llegado a este punto, Agustín se aclaró la garganta.Así que, mientras estabas inconsciente, registré a Rosario y a Bianca en nuestro domicilio y las puse bajo nuestra tutela legal, para que las aceptaran en la escuela de esta zona.Aunque Kiara ya estaba mentalizada para lo peor, la desfachatez de Agustín le dolió en el alma.—¿Y según tú me lo estás consultando?—Kiara...—No estoy de acuerdo.Cuando Kiara soltó esa frase, el aire en la habitación se sintió pesado.Con el rabillo del ojo, notó que Bianca le hacía una señal a Rosario.Y entonces, la niña rompió a llorar, soltando lagrimones.—¿Ya no voy a poder ir a la mejor escuela? Tío, yo ya no tengo papá, ¿y ahora... ahora tú tampoco me quieres?Agustín sentía algo de culpa y nerviosismo por haber cambiado el registro domiciliario sin el permiso de Kiara, pero en cuanto vio llorar a Rosario, la levantó en brazos enseguida.—Ya, Rosario, no llores. ¡Cómo crees que tu tío no te va a querer!Mientras la abrazaba, Agustín le lanzó una mirada de reproche a Kiara.—Kiara, pensé que no te ibas a poner en un plan tan irracional... Mira lo triste que está Rosario, está chiquita. ¿No te da lástima?Antes de que Kiara pudiera responder, Bianca se puso de pie.—Agustín, no presiones a tu esposa, la culpa es mía y de Rosario. ¡Rosario, pídele perdón a tu tía ahorita mismo!Con ese regaño, la niña empezó a llorar todavía más fuerte.Agustín soltó un suspiro, mirándola con evidente cansancio y decepción.—Kiara, ya hice el trámite del registro y el domicilio, así que el asunto está decidido. Voy a acompañar a Bianca y a Rosario a la salida.Tras la partida de los tres, la habitación volvió a quedar en silencio.Kiara se llevó una mano a la mejilla y sintió sus dedos helados humedecerse.Ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento empezó a llorar.Apretó los dientes.¡No valía la pena derramar lágrimas por una basura como él!Sacó su celular y le mandó un WhatsApp al abogado Rivas para preguntarle cómo iba lo de los papeles del divorcio.Como la familia Pascual tenía muchísimos negocios, la división de bienes iba a ser compleja. El abogado le contestó que tardaría unos días más.Pero Kiara no aguantó más y le marcó directamente.—¡Quiero dejar a Agustín en la calle, sin un solo peso!Cinco días después, Cristina llegó al hospital a visitarla con los papeles del divorcio que el abogado Rivas había redactado.Era su mejor amiga y había tomado un vuelo solo para verla.—Como se nota que eres mi mejor amiga, sabes exactamente qué regalito quería recibir.Kiara sonrió mientras tomaba el grueso fajo de documentos.—Quién lo diría, el cabrón de Agustín resultó ser una tremenda porquería —soltó Cristina.Tras escuchar que él había modificado el registro domiciliario y la tutela sin permiso, Cristina se pasó cuarenta minutos seguidos soltando puras mentadas de madre.—Oye, Kiara, ¿y a poco te vas a quedar callada con eso?Kiara se encogió de hombros.—Me voy a divorciar de él. Me da igual si se registra en la misma casa que ella o quien sea, a mí me vale madres.—¿Entonces qué te importa? —preguntó Cristina.—Me importa... la pulsera que Agustín le regaló a Bianca.Al escuchar esto, Cristina por fin se fijó en la joya que llevaba su amiga en la muñeca.—¿Esa no es la pulsera antigua de la Subasta Higueres? Cuesta millones... A ti nunca te regaló nada así y resulta que con esa zorra sí es espléndido. ¡Puta madre!Cristina volvió a soltar una ráfaga de maldiciones.—¿Pero cómo lograste quitársela? Aunque Agustín quisiera dártela, dudo mucho que su hermana adoptiva haya soltado la pulsera así como si nada, ¿no?Una leve sonrisa asomó en los labios de Kiara.¡Por eso mismo se la había quitado!De solo pensar en la bronca que debieron haber tenido cuando Agustín le pidió la pulsera de regreso y cómo Bianca tuvo que tragar saliva para devolverla, sentía una satisfacción enorme.—La nueva empresa de Agustín todavía necesita el apoyo de mi papá... —explicó Kiara.Así que Bianca siempre estaría relegada al papel de la amante a escondidas.Además, legalmente, Bianca seguía siendo su hermana.La misma noche en que él le soltó lo del registro, fue a pedirle perdón y le llevó sus naranjas favoritas.Antes, cuando peleaban, Agustín siempre le compraba naranjas para contentarla y le pedía disculpas de forma voluntaria.En aquel entonces, Kiara creía que él bajaba la guardia porque la amaba.Ahora se daba cuenta de la pendejada que fue pensar así. Nunca notó que, después de calmarla, Agustín siempre terminaba pidiéndole que usara sus influencias con su padre.Agustín jamás la había querido.Solo le interesaban los contactos y los favores para sus negocios.Como en esa ocasión, que prefirió complacerla para proteger su nueva empresa, exigiéndole a Bianca que devolviera la joya.—Oye, ya tienes los papeles listos, pero el abogado me advirtió que no va a ser nada fácil dejarlo en la ruina. Aunque lo lleves a juicio, es casi imposible evitar que se quede con algo... ¿Qué vas a hacer? —preguntó Cristina.Kiara deslizó los dedos suavemente sobre las letras frías del documento.—Por eso le voy a dar un pequeño obsequio... en el momento más adecuado.—¡Te está viendo la cara de pendeja con su otra familia y tú todavía te quieres esperar!Cristina casi le escupe en la cara del coraje.Y tenía toda la razón.Pero Kiara necesitaba aguardar el momento exacto.Un momento para arruinar por completo la reputación de Agustín.—Agustín se la ha pasado súper preocupado porque no sabe si su nueva empresa saldrá a bolsa...Al escuchar eso, a Cristina se le iluminó el rostro.—¿Quieres arruinarle la salida a bolsa?—No...Kiara negó con la cabeza rotundamente y esbozó una pequeña sonrisa.—Al contrario. Haré todo lo posible para ayudarlo a que lo logre.

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